{"id":1000,"date":"2012-01-04T08:53:41","date_gmt":"2012-01-04T07:53:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/mas-que-palabras\/?p=1000"},"modified":"2012-01-04T08:53:41","modified_gmt":"2012-01-04T07:53:41","slug":"apocalipsis-2012","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/2012\/01\/04\/apocalipsis-2012\/","title":{"rendered":"Apocalipsis 2012"},"content":{"rendered":"<p>Las profec\u00edas, especialmente las catastrofistas, tienen la extra\u00f1a habilidad de cumplirse. Si al abrir los ojos por la ma\u00f1ana pensamos que va a ser un mal d\u00eda, ya podemos darnos por jodidos. Ocurra lo que ocurra, lo ser\u00e1. Invadidos por la negatividad, cualquier minucia cotidiana \u2014esa cafetera que siempre gotea, el termostato de la ducha que pasa en un segundo del punto de ebullici\u00f3n al de congelaci\u00f3n\u2014 nos parecer\u00e1 un signo confirmatorio del desastre anunciado y a partir de ah\u00ed todo rodar\u00e1 por la cuesta abajo que nosotros mismos hemos trazado. Nuestro trocito racional mirar\u00e1 hacia otro lado y no querr\u00e1 contarnos que lo que nos disponemos a vivir como una epopeya contra un destino cruel s\u00f3lo es una jornada m\u00e1s.<br \/>\nSi s\u00f3lo se trata de 24 horas, la cosa es medianamente llevadera. Basta una noche de sue\u00f1o y un primer pensamiento menos cabr\u00f3n al despertar para que la fatalidad se vaya por donde ha venido. Lo malo es cuando la premonici\u00f3n nefasta alcanza un periodo m\u00e1s largo. Pongamos un a\u00f1o. Pongamos&#8230; este a\u00f1o. Apenas lo hemos sacado de su envoltorio y ya hemos decidido sin dejar un cuarto de resquicio a la duda que nos procurar\u00e1 una sucesi\u00f3n de calamidades sin pausa para respirar. Cada desgracia que nos traiga ser\u00e1 el anticipo de una mayor que, a su vez, lucir\u00e1 como una broma comparada con la siguiente, que encadenar\u00e1 otra y otra y otra.<br \/>\nPara que el infortunio resulte a\u00fan m\u00e1s devastador, el negr\u00edsimo augurio no ha salido de nuestras temerosas mentes de simples mortales. Las trompetas del apocalipsis suenan desde Berl\u00edn, Par\u00eds o Bruselas y las tocan quienes, como no tienen ni pajolera idea de por d\u00f3nde sopla el aire, se dedican a prepararnos para que asumamos como inevitable lo que ellos ni quieren ni saben c\u00f3mo evitar. Abandonada toda esperanza de cambiar las cosas, desechada por in\u00fatil la menor intenci\u00f3n de pelear, seremos un pasto mucho m\u00e1s f\u00e1cil para lo que se les vaya ocurriendo.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las profec\u00edas, especialmente las catastrofistas, tienen la extra\u00f1a habilidad de cumplirse. Si al abrir los ojos por la ma\u00f1ana pensamos que va a ser un mal d\u00eda, ya podemos darnos por jodidos. Ocurra lo que ocurra, lo ser\u00e1. Invadidos por la negatividad, cualquier minucia cotidiana \u2014esa cafetera que siempre gotea, el termostato de la ducha &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/2012\/01\/04\/apocalipsis-2012\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Apocalipsis 2012<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[155],"tags":[5112,5114,4400,5113],"class_list":["post-1000","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general","tag-5112","tag-apocalipsis","tag-crisis","tag-profecias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1000","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1000"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1000\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1001,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1000\/revisions\/1001"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1000"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1000"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1000"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}