{"id":177,"date":"2010-11-04T09:35:59","date_gmt":"2010-11-04T07:35:59","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/mas-que-palabras\/?p=177"},"modified":"2010-11-04T09:35:59","modified_gmt":"2010-11-04T07:35:59","slug":"tantas-estrellas-que-alcanzar-aun","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/2010\/11\/04\/tantas-estrellas-que-alcanzar-aun\/","title":{"rendered":"Tantas estrellas que alcanzar a\u00fan"},"content":{"rendered":"<p>Han pasado ya cuatro d\u00edas desde que vi <em>Izarren Argia<\/em> y no soy capaz de quit\u00e1rmela de la cabeza. No recuerdo muchas pel\u00edculas que me hayan hecho tanto da\u00f1o y tanto bien al mismo tiempo. Como todos y cada uno de los que me acompa\u00f1aban en la sala, tard\u00e9 tres o cuatro segundos en reparar en que la pantalla se hab\u00eda quedado en blanco y las luces se hab\u00edan encendido. Creo que a\u00fan esper\u00e1bamos ese \u00faltimo minuto milagroso en que la trama se da la vuelta y manda al espectador a casa con la reconfortante sensaci\u00f3n de haber visto triunfar al bien sobre el mal. Daba igual que la inmensa mayor\u00eda de los que est\u00e1bamos all\u00ed supi\u00e9ramos antes de comprar la entrada que nos iban a contar una historia aut\u00e9ntica que acab\u00f3 fatal. En ese instante de negaci\u00f3n de la realidad hubi\u00e9ramos necesitado un final feliz. Pero no lleg\u00f3, claro.<\/p>\n<p>Sal\u00ed del cine con los ojos enrojecidos, pensando que era imposible seguir la primera parte de lo que nos ped\u00eda Anita Morales, una de las v\u00edctimas reales del infierno que fue la prisi\u00f3n de Saturraran. \u201cNo llor\u00e9is, lo que ten\u00e9is que hacer es no olvidarnos\u201d, nos dice la nonagenaria en lo que se ha convertido en lema de la pel\u00edcula, el libro y toda la campa\u00f1a de agitaci\u00f3n de mentes que hay alrededor. Por descontado que nadie con alma olvidar\u00e1 a las mujeres que pasaron por esa experiencia casi imposible de imaginar. Pero es inevitable llorar de rabia, de impotencia, de puro vac\u00edo, al asistir a la recreaci\u00f3n de lo que padecieron. Las l\u00e1grimas no me abandonaron en los 96 minutos de proyecci\u00f3n, y hubo momentos en los que me fue muy dif\u00edcil reprimir las ganas de gritar en la semioscuridad.<\/p>\n<p><strong>Esperanza<\/strong><\/p>\n<p>Me consta que la intenci\u00f3n del director, Mikel Rueda, y del productor e ideol\u00f3go, Edu Barinaga, ha sido contrapesar el dolor con un mensaje de esperanza. \u201cLo peor no es no poder alcanzar las estrellas, sino no tener estrellas que alcanzar\u201d, es el resumen de ese brindis a la importancia de contar siempre con un objetivo por el que luchar. Confieso que me est\u00e1 costando agarrarme a esa tabla de salvaci\u00f3n que nos dejan los autores de la pel\u00edcula a los espectadores que hemos naufragado emocionalmente en la tormenta de sus im\u00e1genes y sus di\u00e1logos.<\/p>\n<p>No s\u00e9, de hecho, si realmente quiero refugiarme en esa esperanza que tan generosamente se nos ofrece. Si dec\u00eda que, adem\u00e1s de da\u00f1o, <em>Izarren Argia<\/em> me ha hecho mucho bien, es porque ha espabilado un trozo de mi que empezaba a amodorrarse. Se llama conciencia, y sirve, entre otras cosas, para estar cerca de quienes sufren o han sufrido. Aunque duela.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Han pasado ya cuatro d\u00edas desde que vi Izarren Argia y no soy capaz de quit\u00e1rmela de la cabeza. 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