{"id":1793,"date":"2013-01-25T05:17:23","date_gmt":"2013-01-25T04:17:23","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/mas-que-palabras\/?p=1793"},"modified":"2013-01-25T02:21:34","modified_gmt":"2013-01-25T01:21:34","slug":"las-raices-del-mal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/2013\/01\/25\/las-raices-del-mal\/","title":{"rendered":"Las ra\u00edces del mal"},"content":{"rendered":"<p>Los 22 millones en una cuenta Suiza, los \u00e1ticos comprados en oscuro, la pasarela de las poltronas a los consejos de administraci\u00f3n, el enchufe de parientes hasta quinto grado de consanguinidad y todas las dem\u00e1s pr\u00e1cticas de la gama marr\u00f3n son solo la parte visible \u2014cuando llegamos a verla, claro\u2014 de la corrupci\u00f3n pol\u00edtica. De poco sirve que de tanto en tanto contemplemos a alguno de los mangantes sometidos a pena real o de telediario. Como dice el mito sobre las canas, por cada afanador que se arranca salen diez de estreno, con el <em>know-how<\/em> del trinque mejorado gracias al escarmiento en carne ajena y a que las ciencias del choriceo adelantan una barbaridad. A lo m\u00e1s que podemos aspirar es a renovar el elenco de sirleros de guante blanco. Ayer Juan Guerra, Rold\u00e1n o Urralburu; hoy, Matas, B\u00e1rcenas o Urdangar\u00edn. Sobres y maletines, complementos que nunca pasan de moda.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9, otra columna c\u00ednica y depresiva, Vizca\u00edno? No es tal la intenci\u00f3n, lo prometo. Solo pretendo que, adem\u00e1s de a la hojarasca, miremos al suelo. M\u00e1s abajo en realidad: al subsuelo, que es donde est\u00e1n profundamente enterradas las ra\u00edces del \u00e1rbol del mal. El pecado original (exprimamos la met\u00e1fora) reside exactamente ah\u00ed, en la cota en que nosotros, ilusos mortales, creemos que se asientan los cimientos de la democracia. Llam\u00e9mosle voto, eso que cada equis depositamos en una urna creyendo que es un aval para que nos solucionen los problemas y nos construyan el futuro de acuerdo con una ideolog\u00eda o unos principios que m\u00e1s o menos compartimos.<\/p>\n<p>Ocurre que, una vez contadas, las papeletas se canjean por parcelas de poder. El premio gordo es el Gobierno, pero si se saben jugar las cartas y ayuda la aritm\u00e9tica, la oposici\u00f3n tambi\u00e9n es un capitalito, como puede atestiguar Maneiro. En ese punto pasamos a ser figurantes de una versi\u00f3n edulcorada del despotismo ilustrado de toda la vida. Y entonces, la corrupci\u00f3n germina y florece.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los 22 millones en una cuenta Suiza, los \u00e1ticos comprados en oscuro, la pasarela de las poltronas a los consejos de administraci\u00f3n, el enchufe de parientes hasta quinto grado de consanguinidad y todas las dem\u00e1s pr\u00e1cticas de la gama marr\u00f3n son solo la parte visible \u2014cuando llegamos a verla, claro\u2014 de la corrupci\u00f3n pol\u00edtica. 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