{"id":1883,"date":"2013-03-12T08:32:44","date_gmt":"2013-03-12T07:32:44","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/mas-que-palabras\/?p=1883"},"modified":"2013-03-14T16:34:30","modified_gmt":"2013-03-14T15:34:30","slug":"comer-y-callar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/2013\/03\/12\/comer-y-callar\/","title":{"rendered":"Comer y callar"},"content":{"rendered":"<p>Como los pantalones de pata de elefante o la botas con flecos, las alarmas alimentarias van por modas. Cuando pensabas que eran cosa del pasado, vuelven y, adem\u00e1s, con fuerza inusitada. Ahora estamos en una de esas trombas recurrentes. No pasa un d\u00eda sin que nos cuenten que tal o cual firma han tenido que retirar del mercado unas hamburguesas, unos tortellini o una tarta de chocolate porque se ha descubierto que conten\u00edan algo que no deb\u00eda estar ah\u00ed, desde carne de caballo a, con perd\u00f3n, mierda. Y lo peor es que no suele tratarse de preparados ex\u00f3ticos de cuya existencia no ten\u00edamos conocimiento, sino de productos que m\u00e1s de una vez nos hemos llevado a la boca. Imposible reprimir una mueca de asco retrospectivo al enterarnos y preguntarnos con prevenci\u00f3n qu\u00e9 otras porquer\u00edas estaremos masticando.<\/p>\n<p>Yo estoy empezando a claudicar y a pensar que (casi) es mejor no saberlo. De hecho, creo que hace tiempo la mayor\u00eda optamos por esta suerte de ignorancia voluntaria respecto al condumio. Aplicamos el \u201cojos que no ven\u201d, o lo que es lo mismo, el \u201cojos que no quieren ver\u201d, y preferimos borrar de nuestra mente que alg\u00fan d\u00eda nos explicaron c\u00f3mo se hace el delicioso pat\u00e9 o a qu\u00e9 martirios someten a las pobres Caponatas que nos surten del socorrido par de huevos para el almuerzo. Aventurarse a la lectura de las listas de ingredientes en letra pulga de los envases es reunir boletos para pasar un mal rato. Lo m\u00e1s leve que te puede ocurrir es comprobar \u2014soy testigo\u2014 que las guindillas vascas de una marca que lleva un par de <em>Tx<\/em> <strong>(*)<\/strong> en su nombre proceden de China.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 tal recurrir a proveedores de confianza que solo trabajan con materia prima conocida? Es, desde luego, una opci\u00f3n. Pero aparte de que no es oro todo lo que reluce -\u00a1la de mermeladas artesanas que son industriales!-, nos encontramos con el peque\u00f1o problema del precio. Ese supuesto <em>poquito m\u00e1s<\/em> es un potos\u00ed para buena parte de los bolsillos.<\/p>\n<p>&#8212;-<\/p>\n<p><strong>(*) ACLARACI\u00d3N<\/strong>: La marca a la que hago alusi\u00f3n no tiene dos sino <strong>una<\/strong> <em>Tx<\/em>. Se trata de unas guindillas envasadas en La Rioja y, como digo, de procedencia china, de un sabor y una textura manifiestamente mejorables. Es importante que nadie piense que se trata de otra marca que s\u00ed lleva dos <em>Tx<\/em> en el nombre y que, adem\u00e1s de cumplir rigurosamente con las normas de Eusko Label, son exquisitas. Nada m\u00e1s lejos de mi intenci\u00f3n que perjudicar a quienes hacen las cosas bien. (J.V.)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como los pantalones de pata de elefante o la botas con flecos, las alarmas alimentarias van por modas. Cuando pensabas que eran cosa del pasado, vuelven y, adem\u00e1s, con fuerza inusitada. Ahora estamos en una de esas trombas recurrentes. No pasa un d\u00eda sin que nos cuenten que tal o cual firma han tenido que &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/2013\/03\/12\/comer-y-callar\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Comer y callar<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[155],"tags":[28867,1165,313,23515],"class_list":["post-1883","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general","tag-alerta-alimentaria","tag-alimentacion","tag-consumo","tag-ignorancia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1883","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1883"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1883\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1890,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1883\/revisions\/1890"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1883"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1883"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1883"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}