{"id":219,"date":"2010-11-24T09:57:40","date_gmt":"2010-11-24T08:57:40","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/mas-que-palabras\/?p=219"},"modified":"2010-11-24T09:57:40","modified_gmt":"2010-11-24T08:57:40","slug":"habra-periodicos-manana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/mas-que-palabras\/2010\/11\/24\/habra-periodicos-manana\/","title":{"rendered":"\u00bfHabr\u00e1 peri\u00f3dicos ma\u00f1ana?"},"content":{"rendered":"<p>Un peri\u00f3dico es un libro cada d\u00eda. Sumen noticias, columnas, sueltos, esquelas, anuncios&#8230; y ver\u00e1n c\u00f3mo les salen las cuentas que hace ya mucho tiempo me calcul\u00f3 un veterano de este oficio de tinieblas que hab\u00eda pasado tres cuartos de su vida esprintando contra la hora de cierre. Una \u00falcera salvaje, dos pulmones abrasados a fuerza de trujas y una hernia fueron todas las medallas que hab\u00eda cosechado en esa imp\u00eda competici\u00f3n de la que m\u00e1s de un mi\u00e9rcoles sali\u00f3 perdedor. Es curioso que me acuerde de su relato y que, sin embargo, no guarde memoria ni de su nombre ni del diario -\u00bf<em>Hierro<\/em>, <em>La Gaceta del Norte<\/em>?- en el que se dej\u00f3 la piel por un sueldo que se le acababa la pen\u00faltima semana del mes. As\u00ed, an\u00f3nimo pero v\u00edvido en sus ense\u00f1anzas, ha vuelto a mi mente hoy, que <em>Noticias de Gipuzkoa<\/em>, una de las cabeceras del Grupo que acoge mis trinos desafinados, cumple cinco a\u00f1os en los kioscos. Todo un lustro de libros que comienzan la jornada como novedades y la acaban en el mont\u00f3n de papel para reciclar o aguardando turno como fondo en el caj\u00f3n de arena del gato.<\/p>\n<p><strong>Lo nuevo es casi viejo<\/strong><\/p>\n<p>Me gusta tener presente ese destino, en absoluto innoble, de las nubes de palabras que a veces nos ha costado tanto poner en fila india con cierto sentido y alguna intenci\u00f3n. Convertidas en tinta sobre pulpa y, m\u00e1s que probablemente, sin que nadie se haya tomado el trabajo de pasar sus ojos sobre ellas, nos desvelan el secreto de nuestra profesi\u00f3n: lo \u00faltimo que hayamos contado se empieza a marchitar en cuanto sale de nuestros labios o de nuestros dedos y tarda dos parpadeos en ser definitivamente viejo. Y si te lamentas, como estoy haciendo yo ahora, vendr\u00e1 Tagore a recordarte que las l\u00e1grimas no te dejar\u00e1n ver que, en el fondo, est\u00e1s siendo part\u00edcipe de algo muy parecido a un milagro. Se llama comunicaci\u00f3n, y desde hace m\u00e1s de un siglo, varios ej\u00e9rcitos de sabios han tratado de explicarlo sin gran \u00e9xito, como prueba que unas teor\u00edas hayan ido sucesivamente echando por tierra las anteriores.<\/p>\n<p>La \u00faltima de las profec\u00edas de los nigromantes, y siento citarla en medio de un cumplea\u00f1os, da por hecho que a los diarios de papel les quedan tres alientos mal contados. Es cierto que lo llevo escuchando desde hace diez a\u00f1os, pero en esta ocasi\u00f3n tiene mucha pinta de ir en serio. Deber\u00eda escribirlo con alarma y un nudo en la garganta, pero me puede m\u00e1s la curiosidad por saber qu\u00e9 vendr\u00e1 despu\u00e9s. Internet es la respuesta obvia. Tal vez demasiado obvia. A lo peor muere antes el periodismo que los peri\u00f3dicos de papel. O est\u00e1 muerto ya.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un peri\u00f3dico es un libro cada d\u00eda. Sumen noticias, columnas, sueltos, esquelas, anuncios&#8230; y ver\u00e1n c\u00f3mo les salen las cuentas que hace ya mucho tiempo me calcul\u00f3 un veterano de este oficio de tinieblas que hab\u00eda pasado tres cuartos de su vida esprintando contra la hora de cierre. 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