La NADA rojiblanca

Con esta cara nos quedamos tras el partido contra la Real Sociedad en el último derbi que se vivió en la Catedral. Foto: Zigor Alkorta

Hace unos meses alguien me dijo en bromas “vamos a tener el mejor campo de Segunda”. Me reí. Hoy ya no me río. Vamos, es que no me hace ni gracia el chistecito. Lo peor de todo es que ha dejado de ser un chiste y el comentario, siempre hiriente venga de donde venga, se está extendiendo entre la parroquia rojiblanca y duele por su realismo. Confieso que no puedo ponerme ni por un instante en ese hipotético escenario. Duele demasiado.

Nos quedan trece partidos por delante para acabar esta infernal e interminable Liga; trece finales como trece catedrales.  Pasan los partidos, los entrenamientos, los días y nada cambia.  Ahí siguen, unos calentando por la banda, cada vez está más llena; hacerse un hueco en el banquillo también empieza a ser tarea complicada; y están los que saltan al terreno de juego, cada vez más justitos.  Nada.  Están los que mandan sobre el campo. Nada. Están los que mandan en los despachos.  Nada. Y por último está la afición,  siempre incondicional pero que se ha quedado muda porque es la única que no puede hacer nada de nada.  ¿O sí?

Nada, que estamos muy preocupados por saber dónde vamos a ver los partidos la  próxima temporada en el nuevo San Mamés. A mí me da igual, como si me mojo, tengo a los de animación o estoy en la azotea, yo lo que quiero es ver al Athletic en Primera y no jugando contra la Ponferradina, con todo mi respeto.

Altos, rubios y «Fernandos»

El personaje de “Esti Lista” de Onda Vasca nos ha dejado hoy una canción sobre Llorente y Amorebieta impagable. Con sentido del humor y riéndose de lo propio, que es lo que toca, pero poniendo el dedo en la llaga.

Es un canción que supuestamente -hoy en día  todos son presuntos o supuestos-, le canta Llorente a Amorebieta  para aconsejarle, «de Fernando a Fernando», sobre su renovación con el Athletic. Lo mejor es que lo oigáis vosotros mismos, pero éstas son algunas de las frases de la canción con música de «Abba».

«Altos, rubios y Fernandos» ( AUDIO: Pincha aquí para oír la canción)

Ambos éramos los idolos  mimados de Bilbao

Millonarios prematuros  como Bielsa nos llamó

El momento de la firma convertí en eternidad

Así que aguanta Amorebieta y no firmes  todavía que yo ya me sé tu plan

Y por qué me llama la afición Llorente mercenario

Yo no me podía negar a tanto dineral, Fernando

No pensaba que se iba liar este fregado

Ni que me hubiera ido a la Real, qué exagerados, Fernando

Si en Turín no me va bien, siempre podre volver, Fernando

Llorentemanía

Fernando Llorente aclamado en La Catedral en una imagen de la pasada temporada (Foto: Zigor Alkorta)

Me sigue sorprendiendo los debates enfrentados que despierta Fernando Llorente.  Y va por delante mi opinión personal de que creo que lo mejor es que salga cuanto antes del Athletic, y lo digo con todo el dolor que supone perder a uno de los mejores jugadores que han salido de Lezama. Grandísimo jugador, pero él se quiere ir y ante eso… Ojalá hubiese renovado, pero esa no es la realidad y no creo que se pueda tener sentado en el banquillo a un jugador de sus características.

Con el tema Llorente aflora ese orgullo que tenemos los de Bilbao. Porque cuando se vuelve a ir  que la Juventus estaría dispuesta a pagar 7 millones en enero por sus servicios, resuenan fuertes esas voces de trueno que dicen:  “que paguen los 37 que vale su cláusula”. Muy de Bilbao, teniendo en cuenta que en junio queda libre.

“Pues entonces que juegue de titular y que cumpla su contrato hasta el último día”. Esta premisa al principio de temporada era mayoritaria, pero el debate sobre su titularidad dada la efectividad goleadora de Aduriz está empezando a perder fuerza.  Y es que Aritz está haciéndonos olvidar   la dependencia que teníamos de los goles de Llorente.  También es cierto que, por decisión técnica, Llorente suele saltar al terreno de juego sobre el minuto 65, lo que no le deja mucho margen para mostrar su potencial. Pero así están las cosas.

El caso es que tenemos a la parroquia muy dividida. En una encuesta realizada a través de la web de DEIA esta misma semana el 56% de los participantes se muestran a favor de que Llorente salga del Athletic en enero bajo dos premisas. La primera, y que gana por goleada, es que es él el que quiere irse (44%); y la segunda, es que si sale, juegue en otra liga (12%). Los detractores de su marcha se atrincheran en que “debe cumplir su contrato” (32%), y todavía los hay, pocos, pero los hay  (un 12%) que no pierden la fe y confían en que renueve.

Y por hoy ya vale de “Llorentemanía”, que todavía quedan muchos capítulos por contar en esta historia.

Primera expulsión en el Athletic, pero no para Bielsa

Me he encontrado con una joya que quiero compartir a raíz de la polémica suscitada entre Fernando Llorente y Marcelo Bielsa. No me gusta nada como pinta esto. Veo que el único y principal perjudicado es el Athletic, y por extensión la afición, que vemos como día tras día el ilusionante proyecto deportivo de la pasada temporada hace aguas. Pero hoy por hoy, creo que se debe confiar más en un entrenador que está por trabajar con el equipo que en un jugador que cuenta los días para irse del Athletic. Mi voto de confianza, aunque haya podido equivocarse, va para Bielsa. De todos modos, me parece que esta “crisis” no está bien gestionada desde hace tiempo, y ahora señalo a la Directiva. Y sin más preámbulo, os dejo con esta historia de cómo Bielsa echó de un entrenamiento a un jugador  hace ya algún tiempo. Ya me contaréis si la historia os suena de algo…

“Algo no estaba bien. El Pacha Raúl Cardozo hizo declaraciones que molestaron  a Bielsa. El lateral izquierdo, uno de los preferidos  por el entrenador y a la vez uno de los más resistentes a la hora de aceptar el nuevo orden, manifestó su simpatía hacia otros estilos de juego, dando a entender que prefería pasar a algún equipo más acorde con su filosofía. Para el técnico y su proyecto, esas palabras constituían una amenaza.

“Júntenlos allí debajo del árbol, entre las dos canchas”, le dijo el entrenador a sus  colaboradores. Los jugadores no tenían muy claro de qué se trataba el cónclave: lo común era tener contacto en el campo de juego, y no fuera de él. Si las costumbres se alteraban, debía ser algo muy importante.

Bielsa se paró delante del grupo y comenzó con un discurso en el que, fiel a su costumbre, hizo hincapié en la importancia de la igualdad y en el convencimiento acerca del sistema de juego. El comentario apuntaba claramente a los dichos de Cardozo y ratificaba, además, la idea de tener dos jugadores por puesto.

-Para mí Cardozo es igual que Federico Domínguez, Méndez es igual que Zandoná y Pellegrino es igual que Sotomayor- dijo del técnico.

-Yo no estoy de acuerdo con sus dichos. Yo gané todos los títulos y usted no puede decir que soy igual que Cavallero. Yo no me considero igual, me considero titular y ni si me ocurre la posibilidad de ser suplente- salió al cruce una voz gruesa con autoridad.

Las palabras de José Luis Chilavert sonaron fuertes y alimentaron la discusión. El arquero era uno de los líderes del equipo y aunque no todos comulgaban con su forma de ser, su sola presencia imponía respeto.

-Bueno, si usted no está de acuerdo con lo que yo digo, está de más en el grupo- entregó como ultimátum Bielsa.

-¡Perfecto! ¡Entonces quiere decir que estoy de más! – dobló la apuesta el arquero.

El plantel asistía en silencio a la puja entre dos pesos pesados y esperaba el desenlace. Bielsa miró al paraguayo y con una sola palabra le marcó al arquero el camino a seguir.

-¡Disponga!- fue la expresión que utilizó – Si considera que se tiene que ir, retírese.

El arquero abandonó el grupo y se perdió en los vestuarios, ante la mirada sorprendida de todos los jugadores.

-Si alguien más lo quiere seguir, éste es el momento para hacerlo – concluyó el técnico, sabiendo que lo que estaba en juego era mucho más que una simple pregunta.

Nadie se levantó, salvo para enfilar rumbo al campo y comenzar con la rutina del día.

Como era de esperarse, el asunto vio la luz rápidamente. Cuando Chilavert enfrentó a la prensa para desplegar el juego mediático que siempre le gustó tanto, se despachó a gusto contra el entrenador. Algunos periodistas, incluso, quisieron magnificar el episodio con una supuesta pelea a golpes de puño. La realidad era que el incidente tenía para el arquero varios motivos que excedían las cuestiones futbolísticas.

Chilavert quería ser vendido; entendía que su ciclo en el club estaba cumplido y la pelea con el técnico podía forzar su salida. Además  venía de recibir un premio como el mejor arquero del mundo, y lo que sus oídos habían escuchado de parte de su entrenador no estaba en consonancia con los elogios cosechados. Por otra parte y pensando en el Mundial de Francia, el cuerpo técnico quería motivarlo par que afinara su físico, con cierta tendencia a ensancharse, y llegara óptimo para la gran cita de selecciones, que podía consagrarlo como el mejor del momento.

El hecho alteraba el orden de la pretemporada y entorpecía el desarrollo de las tareas, ya que en los días que duró el diferendo, el arquero seguía entrenándose, pero separado del resto de sus compañeros. El técnico trataba de mantenerse fuera de cualquier polémica. Ante las preguntas de la prensa, Bielsa no negaba el incidente, pero lo mantenía dentro de la intimidad del grupo. Incluso cuando vía telefónica tuvo una conversación con el presidente Raúl Gámez, no quiso ventilar ningún detalle de lo ocurrido, a sabiendas de contar con todo su apoyo: “Mire Raúl, si yo le cuento lo que pasó le voy a dar una visión parcial de los hechos y no quiero condicionarlo. Prefiero que cuando vuelva se informe con distintas fuentes y saque sus propias conclusiones”. Una vez más los valores de Bielsa salían a la luz y esa rectitud por la que Gámez se había sentido atraído al contratarlo se ponía de manifiesto en su respuesta.

El incidente no duró más de cuatro días, pero en el medio Vélez debía viajar a Mendoza para jugar un amistoso previo al comienzo del Clausura ante River. Sin Chilavert, y también sin Cavallero (afectado a la selección) fue Ariel De la Fuente el que se hizo cargo del arco velezano. La respuesta del juvenil resultó auspiciosa y el conjunto de Liniers se impuso por dos a uno.

El triunfo sirvió para aquietar las aguas, pero mientras tanto, todos los integrantes del cuerpo técnico, así como varios de los compañeros más importantes del plantel, se comunicaban a diario con el arquero, pidiéndole que revisara su postura. Chilavert era mucho más que un arquero. Su eficacia en los penales, su carácter de cara al grupo y el respeto casi reverencial de los rivales lo transformaban en una pieza demasiado valiosa para perderla así nomás.

Los medios sensacionalistas hacían una novela del diferendo y especulaban con la salida  de uno de los dos. Decían que dos personalidades con tanto carácter no podían seguir conviviendo.

Sin embargo y antes de lo que muchos suponían, el canal de diálogo se reabrió y con la buena voluntad de las dos partes y las gestiones de todos los que buscaron acercar las posturas, el pacto de no agresión llegó a buen puerto. Chilavert se sumó nuevamente al grupo, se puso al día en lo físico y recuperó su lugar con naturalidad. El plantel sintió alivio por la resolución del conflicto y valoró la actitud de Bielsa de no utilizar su poder ante los dirigentes para salir fortalecido.

El tiempo y el profesionalismo de ambos ayudó cicatrizar las heridas y en el presente el paraguayo no le escatima un solo elogio al entrenador.

Que como curiosidad el marco de la recomposición. Siendo dos tipos tan fuertes en sus convicciones, debía ser una situación que expusiera alguna debilidad capaz de acercarlos nuevamente. Y ambos comparten una misma y obsesiva preocupación: los aviones.

En uno de esos viajes, pasillo por medio, comenzaron a conversar de la vida, olvidando las diferencias del pasado. Cualquier excusa era buena, con tal de distraer la atención a miles de metros de pisar tierra firme”.

Extracto de “La vida por el fútbol. Marcelo Bielsa, el último romántico”

(Capítulo VI, Páginas 185 a 188)

Autor: Román Lucht

Editorial Debate

Amor por la camiseta

Matt Le Tissier permaneció en el Southampton toda su carrera, 16 temporadas

A este paso voy a tener que cambiar el nombre de mi blog, porque lo de “irme de copas” va a ser literal, pero no por celebraciones sino por los disgustos que llevo. Javi Martínez fuera, Llorente de florero, Amorebieta, ni se sabe, y los que juegan, bueno, pues finos lo que se dicen finos no están. Menudo veranito llevamos desde que Bielsa montó la de sanquintín por las dichosas obras. Entonces, aquel lejano mes de julio, casi se nos viene el mundo encima, parecía que no podía haber nada peor, por desgracia sí lo había.

Reconozco que mi estado anímico con el Athletic está pasando por fases que desconocía, pero ahora me siento triste, principalmente porque dos de los grandes baluartes del equipo nos han dado un plantón de tres pares de narices. Y lo que más miedo me da es que no serán los últimos, tampoco han sido los primeros.

Me ha dolido ver que el único interés de Javi Martínez en todo este tiempo ha sido salir del Athletic, como quedó en evidencia en su “eufórica” presentación por el Bayern de Múnich. Me duele saber que un jugador que se ha formado en la cantera del Athletic desde los 11 años no quiera llevar la camiseta del Athletic con la que tan alto ha llegado, como es el caso de Llorente. Y me atrevo a decir que Amorebieta también nos sale rana, fijo. Al tiempo.

Dicen que quieren ganar títulos. Pues yo digo que el año pasado pudieron ganar dos. Dicen que quieren jugar en grandes ligas. Pues yo creo que la Liga BBVA es la mejor del mundo. Dicen que quieren ganar más dinero. Y yo pienso que poco dinero más van a ganar que en el Athletic, que les cotiza al alza. Pero aún así están en su derecho de querer irse, lo que duele es que con sus formas minan la línea de flotación en la que se sustenta un club como el Athletic.

Voy a recordar a Matthew Le Tissier, apodado “The God”, jugador del Southampton inglés y que una vez dijo “es fácil jugar en el Manchester United o en el Liverpool. Yo prefiero jugar al borde del abismo, con presión, sacando a un equipo de bajar a Segunda’

Matt Le Tissier permaneció en el Southampton 16 temporadas, en las que jugó un total de 528 partidos, en los que anotó la friolera de 201 goles, una cifra muy buena para un jugador y un club condenado año tras año a pelear por la permanencia en la máxima categoría de la Liga Inglesa. Recibió durante años la llamada de los “grandes” de la Premier League y también de otros grandes de Europa, pero nunca se fue. Nunca devolvió esas llamadas.

Matt Le Tissier no quiso ser un “grande”. No ganó títulos, ni fama, ni demasiado dinero. Fue feliz jugando toda su vida para el equipo de su corazón, marcando un importante número de goles y teniendo a la grada de “The Dell” rendida a sus pies. Matt fue un romántico del fútbol, demostrando que el amor por la camiseta siempre estuvo en el primer lugar de su tabla de valores. A Le Tissier se le atribuye la frase “No estamos aquí por mucho tiempo, pero sí para pasar un buen rato”.  Toda una lección de principios. El reconocimiento le llegó con el paso de los años.