…donde la muerte es casi un juego…

(AP Photo/Eraldo Peres)

 

Mientras en Europa seguimos intentando que los menores de edad no pasen muchas horas delante de la videoconsola, no accedan en la red a imágenes de contenido sexual o no puedan ver en televisión imágenes violentas, en otros lugares los menores de edad ven ese tipo de imágenes a diario y, por desgracia, no en videojuegos, libros o televisión, si no en la propia calle en la que juegan. En vivo y en directo.

La fotografía de Eraldo Peres, galardonada en el World Press Photo 2009, fue tomada el 22 de Enero de 2008 en el barrio chabolista de Coque en Recife, al nordeste de Brasil y muestra a Thiago Franklino de Lima, de 21 años de edad, yaciendo frente a una docena de personas, la mayoría de ellos menores de edad. Unos hablan, otros observan el cadáver, y los hay que posan para la cámara o incluso ríen. Para la mayoría, indiferencia. Están habituados a esta clase de imágenes. Imágenes que nosotros, los adultos, solo vemos en periódicos, internet o televisión. Mientras aquí luchamos, con más o menos fuerza, para que nuestros menores de edad ni siquieran puedan verlas por estos medios, allí, algunos luchan con más o menos fuerza para que no sucedan.

Recife, la población en la que nacieron personajes como el escritor Nelson Rodrigues o el poeta Joao Cabral de Melo y vió dar sus primeros toques al balón a futbolistas como Juninho Pernambucano o Rivaldo, es una de las ciudades con mayor criminalidad de Brasil con 90,9 homicidios al año por cada 100.000 habitantes, más del doble que Río de Janeiro, según el Mapa de Violencia de la Red Tecnológica Latinoamericana. Quizás este dato, así en frío, no muestre de los valores de los que estamos hablando, pero si hacemos una rápida regla de tres teniendo en cuenta el millón y medio de personas que viven en Recife, obtenemos que mueren por homicidio al año unas 1400 personas, o lo que es lo mismo casi cuatro personas al día. Datos demoledores, aunque a menudo esta ciudad costera reciba más atención por los ataques de tiburones en sus playas que por los homicidios.

Hay casos realmente dantescos, como el de Inés María da Silva quién perdió a sus cinco hijos por la violencia que ha convertido a Recife en la ciudad más mortífera de Brasil. Su primer hijo murió en una pelea por una chica, otro por pedir a una multitud que no lincharan a un pedófilo frente a su casa, el tercero fue apuñalado en una discusión con un amigo, el cuarto abatido a tiros por un error al ser confundido con un ladrón y el quinto muerto por una bala perdida en plena celebración del carnaval. «Hay gente que sólo mata como diversión», explica da Silva.

Casos que no salen en los periódicos pero que imágenes como las de Eraldo Peres nos recuerdan con toda su crudeza que se trata de la realidad con la que conviven día a día muchos mayores y, por desgracia, muchos niños.

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Muga

"Era un autor cuyas obras eran tan poco conocidas que casi eran confidenciales" (Stanley Walker)

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