…sobre Kevin Carter y otros demonios

Estos últimos días se ha vuelto a hablar en los mentideros fotográficos, una vez más, de la impactante imágen que el fotógrafo Kevin Carter tomó en Sudán del Sur en el año 1993 bautizada ya con el clarificador y poco original título de «la foto de la niña y el buitre». Los comentarios en foros y redes de índole fotográfico se han debido a la publicación en un conocido medio de tirada nacional de unas nuevas pesquisas alrededor de la fotografía. Aunque la mayoría de la gente ya conoce la historia de la fotografía y, principalmente, todas las consecuencias que trajo o pudo traer la misma, antes de nada recordemos todo ello para los más profanos en la materia.

Como decíamos, la imagen fue tomada por Kevin Carter en el año 1993 en Sudán y en la misma se muestra a un buitre y a una niña. Según nuestra imaginación, un buitre esperando a que una desnutrida niña fallezca y poder así alimentarse. Dicen que para tomarla el fotógrafo estuvo más de veinte minutos esperando a que la toma fuera más espectacular. Es decir, a que el buitre se acercara un poco más a la desnutrida niña y desplegara sus alas. Una metáfora del abrazo de la muerte. Doble salto con tirabuzón. Pero parece ser que una vez pasado ese tiempo, Carter desistió y se marchó. Hay quien dice que el fotógrafo espantó al buitre y hay quien sostiene que no, que se marchó por donde había venido dejando a la niña a su suerte. A partir de ahí, el acabose.

Desde el mismo momento en el que el New York Times publicó la fotografía pocos días después de la toma, las críticas al fotógrafo arreciaron. Se sucedieron toda clase de descalificaciones, calumnias y mentiras, llegando a comparar a Carter con el buitre que, supuestamente, esperaba a que su presa desfalleciera. Como suele pasar en estos casos, las críticas más feroces vinieron desde los paises «desarrollados», desde un despacho a muchos kilómetros de la hambruna, la pobreza y la miseria. Y, probablemente, a otros tantos kilómetros de la inteligencia y el saber. Tres meses después de la muerte en Sudáfrica de uno de sus mejores amigos -Ken Oosterbroek,  fotógrafo como él y miembro del conocido grupo Bang-Bang Club junto al propio Carter, Greg Marinovich y Joao Silva (quien acompañaba a este en el viaje a Sudán y muy recientemente ha sido gravemente herido en Irak)-, Kevin Carter recogía el prestigioso Premio Pullitzer.

A la vuelta de la ceremonia de entrega de Premios, el 27 de Julio de 1994, su furgoneta se llenaba de dióxido de carbono. «He llegado a un punto en que el sufrimiento de la vida anula la alegría… estoy perseguido por recuerdos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Estoy perseguido por la pérdida de mi amigo Ken…», decía la nota que se encontró en el vehículo. El morbo estaba montado. Desde entonces, mentiras, falsedades y medias verdades, que a menudo son más dañinas que las primeras.

Pero gracias a entrevistas e investigaciones, algunos periodistas han ido poco a poco tirando abajo las mismas. Han ido desmontando las teorías y conclusiones dañinas de las que mucha gente se ha hecho eco. Es habitual leer e incluso escuchar toda clase de incongruencias sobre la imagen de Kevin Carter. Y a menudo, de tanto repetir una mentira parece que esta se convierta en verdad. Pero no, una mentira siempre será una mentira. Y ya va siendo hora de desmontar estas teorías falsas que la gente sigue manteniendo sobre la fotografía.

En definitiva…

La criatura no murió. Una de las cuestiones que se ha descubierto recientemente es que la niña no era una niña, sino un niño.Este dato no tendría mayor relevancia si no fuera acompañado del hecho de que Kong Nyong (que era el nombre del niño de la fotografía) falleció hace apenas cuatro años debido a «unas fiebres», tal y como han comentado familiares del niño. Alguno se preguntará por qué se salvó, si fue debido a que Carter ahuyentó al buitre, si se llevó a la criatura a un lugar «seguro» o, simplemente, ésta tuvo la suerte de la que muchos otros en su misma situación carecen.

El niño, no estaba en peligro. Así es. No se encontraba en peligro, simplemente defecaba. Este hecho es algo que ya descubrió Luis Davilla hace algunos meses. Y es que el niño se encontraba a pocos metros de distancia de un campamento de Medicus Mundi. Más concretamente en el lugar que los habitantes del campamento utilizaban para  hacer sus necesidades. El buitre no se encontraba a la espera de que el niño falleciera. Los nuevos «investigadores» (Alberto Rojas y Luis Nuñez) han apoyado esta teoría debido a que han detectado que éste portaba una pulsera con el código T3, la cuál identificaba el orden de llegada al campamento e indicaba que sufría una severa malnutrición.

Carter no se suicidó a causa de los remordimientos que le provocaron las fuertes críticas. O al menos no únicamente por eso. Su adicción al white pipe, los síntomas de depresión que según dicen arrastraba desde hace tiempo y la muerte de su amigo fueron demasiadas presiones para el fotógrafo. Es más, según indica una amiga de éste, ya había tenido un intento de suicidio una década antes.

La misión de un fotoperiodista no es salvar al mundo de las injusticias. Aunque para algunos, según parece, los fotógrafos de prensa deberían operar a corazón abierto, ser ayudantes sociales, constructores de escuelas, porteadores de ayuda humanitaria y quién sabe si deberían ir vestidos con una especie de pijama azul con unos calzoncillos rojos por encima acompañados de su correspondiente capa a juego, los fotoperiodistas se dedican a eso: a sacar fotografías. Que no es poco. Fotografías que ayuden a documentar gráficamente la situación. Que muestren la realidad de otras situaciones diferentes a las nuestras. Que muestren la guerra, la alegría, el hambre, la opulencia, la miseria, la riqueza, la pobreza, la desidia o la diversión. Que muestren la realidad. Lo que sucede en ese preciso instante. Pero hay algunos que no se enteran o, lo que es peor, no se quieren enterar.

En definitiva, que espero que poco a poco se vayan diluyendo las mentiras que giran alrededor de esta fotografía y de su autor. Es muy fácil manchar la imagen de alguien. Más aún si ese alguien no se puede defender. Tengamos todos un poco de criterio y no nos creamos todo lo que cualquiera escribe en internet u otros medios. Ni siquiera os creais este escrito, podría estar mintiendo. O no. Lo mejor será que lo comprobeis por vosotros mismos.

Publicado por

Muga

"Era un autor cuyas obras eran tan poco conocidas que casi eran confidenciales" (Stanley Walker)

8 comentarios sobre “…sobre Kevin Carter y otros demonios”

  1. La misión de un fotoperiodista no es salvar al mundo de las injusticias…. Efectivamente, esa es labor de las personas, y si no lo haces, es que no eres persona!!!!

    1. Gracias por entrar en el blog y dejar el comentario, Jon.

      Solamente indicar que hay que tener en cuenta las condiciones de trabajo en las que se encuentran los fotógrafos de prensa y que, precisamente, el trabajo de estos es denunciar la situación mediante fotografías. No obstante, estoy seguro de que ningún fotoperiodista es capaz de dejar morir a alguien si tiene la posibilidad de salvarle. Y es que a menudo se piensa que el fotoperiodista tiene que estar continuamente salvando vidas y ese no es su cometido.

      Sin más. Un saludo y gracias por pasarte

      😉

    2. Jon, definitivamente Carter no era el tipo de persona con las características esperadas para dicho escenario… Evidentemente era una persona atormentada (como cualquier otro ser humano en su posición) entre otras cosas, por estar constantemente expuesto a situaciones para nada fáciles y creemos que no las manejó como muchos de nosotros esperaríamos… Pero de ahí a decir cuáles eran sus deberes desde la comodidad de un teclado, me parece bárbaro… Practicamente estás diciendo que ya que se encontraba en el lugar, debió haber hecho algo por ayudar a todos los que fotografió… Y te digo que ese algo que esperas que haga él o cualquier otro en esa posición, nadie te está impidiendo que lo hagas tú mismo… Sal del teclado y vete a cualquiera de las guerras a ver qué tal te va… Luego vienes y sigues escribiendo…

  2. Pingback: Anónimo
  3. Interesante! llevaba años creyendo por una presentación de powerpoint que el tipo abandono a la niña, se fue, le pegó depresión por lo que hizo y se suicido!, gracias por aclararlo!!

  4. Mi veredicto: !culpable!, los periodistas piensan que el hecho de estar detrás de un micrófono, una cámara o una grabadora son inmunes a los eventos que se desarrollan a su alrededor, y ahora vienen con excusas, !ya basta!; odio a esta gente!,

  5. Nadie sabe a ciencia cierta que ocurrió exactamente con los sujetos en cuestión fotografiados por Carter. Lamentablemente cuando uno está detras de la lente, se activa instintivamente una conducta un tanto egoísta pero comprensible de alguien que se apasiona por lo que hace. Hace algunos años me enviaron a cubrir un accidente de tránsito. Una mujer había sido atropellada por un bus. No era tan notorio en su cuerpo, pero los traumatismos que sufrió tuvieron que ser severos, ya que ella estaba allí inconsiente y sangrando. La política del medio en el que laboraba era de no caer en el sensacionalismo. Fue extraño que me pidieran que cubra eso. No fue agradable para mí. No lo había hecho antes. Pero una ves allí, se activo algo en mí y comencé a fotografiar y a moverme constantemente buscando un buen ángulo. Pero luego volví en mi mismo, dejé de fotografiar e intente colaborar con aquellos que la estaban asistiendo. Si debo dejar claro que ya estaba recibiendo atención cuando yo llegue. Volviendo al tema de la fotografía de Carter, nadie realmente está en la capacidad de juzgar algo que na ha vivido. En el estado emocional y mental por el que pasaba Carter en aquella época, sus ideas no tuvieron que ser del todo claras. Parece fácil criticar desde la comodidad de un sillón, pero salir allí al mundo real, eso es de valientes. Estar en una manifestación violenta, recibiendo humo, piedras e intentando evitar que te disparen, estoy seguro que no lo quisiera hacer nadie. Lo entiendo porque lo he vivido. Aunque uno intente ayudar realmente no se puede ayudar a todos. Somos tan humanos como el resto. No habría salario para poder cubrir con las necesidades de todos aquellos a quienes fotografiamos. Pero considero que debemos participar activamente en ayudar a quienes podamos y no caer en el error de ser un mero observador. Eso creo yo muy personalmente…

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