…crónica de una muerte anunciada…

 

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Decía Gabriel García Marquez en su famosa novela que Santiago Nasar, la semana anterior a que lo mataran, «había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros».

Mientras la mitad de la afición soñaba que volaba en ese avión de papel de estaño, la otra mitad soñaba que surcaba la ría en una gabarra. Metieron esos sueños en sus mochilas dejando un hueco para traer esa tan deseada Copa. Fueron en avión, en moto, en coche, autobús, bicicleta, isocarro e incluso andando, que para esos somos de donde somos. «Bienvenidos» y «bientratados» por la gran mayoría de madrileños, unos pocos prefirieron mugir ante la avalancha rojiblanca. Libertad de expresión. Brindaron, bailaron, cantaron y sumieron la ciudad en una alegría colectiva. «Que nos quiten lo bailao». Pasaron las horas y la marea zurigorri era imparable. Más cánticos, bailes, alcohol y alegría. No decaía el ánimo. Poco a poco el rojo y el blanco se acercaba al estadio. Una mezcla de esperanza y respeto al rival inundaba el caluroso ambiente. Últimos sorbos de esperanza. Tomar aire y para adentro. En el estadio, la afición bilbaina gana por goleada.  En los prolegómenos del encuentro suena la música. Los culés bailan con el DJ mientras los athleticzales animan a su equipo. La canción de Fito resulta premonitoria «No voy a sentirme mal si algo no me sale bien, he aprendido a derrapar y a chocar con la pared». Más prolegómenos. Libertad de expresión (ii). Los culés bailaban en las gradas. Y en el terreno de juego, otro baile. Las caras lo dicen todo. Los ánimos decaen, pero ello no impide que los gritos athleticzales se sigan escuchando en el campo. Ellos cantan la del elefante, nosotros animamos. Unos ríen, otros no. Como la vida misma. Dionisio Iguarán, en la novela antes citada, hubiese equiparado el sentimiento rojiblanco que poblaba las gradas a la muerte del viudo de Xius: «Estaba más sano que nosotros, pero cuando uno lo auscultaba se le sentían borboritar las lágrimas dentro del corazón». Y borboritaban, vaya si borboritaban. Finaliza la segunda decepción del mes. Si un platillo volante aterrizara en ese momento en medio del estadio, se equivocaría en la predicción del vencedor. Sin duda. Aunque debería ser al revés, los aficionados animan a los jugadores. En el cielo madrileño un solo grito. El fútbol está en deuda con este equipo. Pero la deuda que los jugadores han contraido con la afición es aún mayor. Y solo se puede pagar de una forma.

Lo mejor de la temporada, sin duda habéis sido todos vosotros.

«Una noche de buen humor se le derramó el tintero sobre la carta terminada, y en vez de romperla le agregó una posdata: En prueba de mi amor te envío mis lágrimas»

(Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Marquez)

 

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"Era un autor cuyas obras eran tan poco conocidas que casi eran confidenciales" (Stanley Walker)

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