El «tiragüitos», el «olvidaó» y el tonto.

Decimoséptimo día de cuarentena.
#YoMeQuedoEnCasa

El «tiragüitos«

La última ocurrencia del paje del menor de «Los Alcántara» no ha sido otra más que, entre lanzamiento y lanzamiento de güitos de aceitunas, publicar otro de sus «brillantes» tuits: «Cada vez que España pasa por momentos complicados, el PP responde. Hemos creado un fondo común para que nuestros cargos públicos donen parte de su sueldo para ayudar a todos los que están luchando contra el coronavirus«.

Enternecedor pero, Teo, permímeteme que te lo matice: Cada vez que tu «Marca España» pasa por momentos complicados, el Partido Popular putea hasta lo indecible. Mira, Teo: Solo con devolver un mísero 5% de lo robado por tus -entonces- compañeros y cargos públicos del PP, multiplicarías exactamente por 850 ese «fondo común»
¿O no, Teo?

Y es que esta banda (componente del Trifachito) no conoce ni de lejos qué es ruborizarse, sonrojarse o avergonzarse. Plagada de casos de corrupción, de chanchullos, de mordidas y de episodios cloaqueros han debido transmutarse en sus idolatrados Borbones y, así, han acabado por hacer lo mismo: Tomar a la ciudadanía por tontos de baba.

El «olvidaó«

Otro personaje dentro del Partido Popular que «ejerce» como la viva imagen del fracaso político es el ultra, racista y xenófobo García Albiol. Otro auténtico deshecho del PP abocado a volver a sacar cabeza (cuando puede) para reivindicarse y, de paso, para que sepamos que aún anda por ahí haciendo el indio. Éste tipo ha optado por emular a otro defenestrado como lo es Rafael Hernando. Si hasta a auténticos inútiles como García Margallo o González Pons les han mandado a dormir a Estrasburgo, deberían reflexionar muy seriamente Albiol y Hernando ya que siguen anclados en la medalla de, respectivamente, bronce y plata a la inutilidad hecha verbo y hombre.

Albiol achaca a Sánchez e Iglesias la responsabilidad de las muertes por coronavirus. Como suena. Sin pestañear. Tengamos en cuenta que hablamos de un tipo con una masa gris limitada. Así, el líder del PP en nada menos que Badalona (donde comparte Oposición consigo mismo) también ha elegido Twitter para publicar dicho «mensaje» y, mencionando a los citados Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, señala al Gobierno español por los fallecidos del coronavirus: “Hoy he tenido que llamar a tres familias que han perdido en estas últimas horas a su padre/abuelo. Los tres me han comentado: no tenían respiradores para la gente mayor. Sois los responsables d no haber actuado cuando tuvisteis la información”.

En realidad, como antes he dicho, solo trata de reivindicarse. Así se suma así a la línea marcada por Pablo Casado, que ha convertido el coronavirus en una nueva arma de oposición al Gobierno. Y es que la tercera pata del la extrema derecha española (el PP), que al principio trataba de situar la gestión de la epidemia al margen de la confrontación política, ha dado un nuevo giro estratégico para cargar contra el Ejecutivo español por su situación ante la crisis sanitaria y tratar de explotar su supuesta “eficiencia” económica frente a los partidos de izquierda. Algo así, pero a la inversa, sucede por nuestras tierras vascas: EH-Bildu practica la misma política de desgaste, acoso y derribo pero, en esta ocasión, contra el Ejecutivo vasco. De hecho, muchas veces no puedo quedarme solo en el titular de una noticia y tengo que avanzar en su lectura para saber si proviene de los chicos del PP o de los de «MOMI» (Mandela Otegi & Maddalen Iriarte).

El tonto

Se lo advirtió Fernández Ordóñez a su padre y…. zas!!! Dicho y hecho. De su padre sólo lleva el nombre y el primer apellido y, pese a todo lo bueno y lo malo del Presidente Suárez, su atontado hijo no le llega ni a la altura del talón. Creo que es perceptible por casi todo el mundo. hasta por «los suyos».

Suárez Illana es otro de los ejemplos de deshechos populares. Le presentaron como un gran fichaje para, después, inmolarle al hacerle candidato a la Presidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para competir, nada menos que, contra Pepe Bono. El hostiazo fue antológico. Le pulverizó. Creo que aún debe estar retumbando en su cabeza la única neurona que parece quedarle. Pero «Fra-Casado» no podía prescindir de otro fracasado. Un tipo que a duras penas sabe expresarse más que con absurdos gestos y postureos. Evidentemente Casado necesita de su figura para decir que no son tan fachas (solo «un poco») y sigue creyendo que disponer de esta figura decorativa justifica decir eso de que el «PP es una formación de centro-derecha«.

En efecto, el hijo de un falangista «reconvertido» en demócrata centrista no hace otra cosa más que servir de adorno. No les sirve absolutamente para nada más que para «adornar» la Mesa del Congreso. Y ahí anda con sus absurdas poses e invocando a gritos a la tortícolis y a todo tipo de pinzamientos lumbares cada vez que sube a la tribuna alguien que este zote considere rojo, separatista, filoterrorista o comunista. Un auténtico «personaje» que produciría risa si no fuese por su insolente falta de respeto institucional y por su manifiesta soberbia. Aún dando la espalda a oradores (que los son electos) se permitía indicar a Valentina (la trabajadora de los servicios de limpieza el Congreso que desinfectaba y limpiaba concienzudamente el atril de la tribuna) por donde tenía que pasar el trapo (exactamente por donde había pasado Gabriel Rufián). Y es que, eso de dar ordenes al «Servicio» es algo que ha visto desde pequeño gracias a su padre, o sea, gracias al dictador genocida Franco.
¿Qué podemos esperar de un tipo que, en un debate sobre el aborto suelta que «Hay que ayudar a las mujeres que tienen que decidir si quieren ser madres de un niño vivo o muerto«? Y no se quedó ahí. Siguió con sus dislates sobre el aborto: «Eso también lo hacían los neandertales, pero ellos esperaban a que naciera para cortarles la cabeza» o «En Nueva York se acaba de aprobar una ley que permite el aborto después del nacimiento«. Ese es el nivel… ¡Maribel!

Si se rebusca un poco, uno se puede encontrar con verdaderas perlas de semejante zopenco: Tras el asesinato de Juan Carlos Beiro a manos de ETA, que colocó una bomba escondida tras una pancarta, dijo en Onda Cero: «Lo primero que hay que trasladar es nuestra condolencia y nuestro pésame a la familia del guardia civil asesinado, que ya no podrá disfrutar de las cebollas rellenas de su querida Sama de Langreo”, o su hit «La democracia se la debemos también a Franco«.

Sin más. Y es que, en realidad, quería ser torero pero dice que su padre no le dejó.

Lástima.

El zurito, el kalimotxo y los katxis (*)

Decimosexto día de cuarentena.
#YoMeQuedoEnCasa

El zurito.

A principios de los años 60 del pasado siglo, algunos jóvenes se juntaban en peñas taurinas.  Sería uno de los amigos de Carlos Pérez Garrido el que dio con Gabriel de la Haba, «Zurito de Córdoba«, y el que decidió que se reunirían bajo el nombre de este torero. Así, «Los Zuritos«, iban de bar en bar pidiendo el tradicional txikito de vino. Todos, menos Carlos. “Yo tomaba vino, pero estaba hasta los cojones de esa mierda. Era peleón y empecé a pedir cerveza”. Mientras el resto de la cuadrilla se bebía los txikitos en dos sorbos, Carlos dejaba en cada bar media caña. “Pero de repente se empezaron a sumar otros, a no tomar vino. Pasamos a ser 5 y de repente éramos 8. Total, que empezamos a meter presión: no me pongas una caña, ponme media. ‘Un mini’, decíamos, ‘un mini de cerveza’”.

Los camareros tardaron en concederles ese medio vaso, pero sería en el bar Irutxulo, de Patxi Alkorta, donde comenzaron a tirárselas más cortas.
Poco a poco, la gente empezó a copiar la idea y a pedir ese “mini de cerveza” para poder seguir el ritmo a los txikiteros. Un día alguien dijo: «Qué pena que no tengamos un nombre para esto«. Y probablemente se le ocurriría a Patxi Alkorta: “Oye, ¿no tenemos una Peña Zurito? Pues lo llamamos así, zurito“.

El nombre se extendió con rapidez y mientras en el resto de lugares se pedía un corto de cerveza, en Euskadi se exigía un zurito. Si en un bar, un botellín normal de cerveza tiene 20 centilitros, una caña 30 cl., un «cañón» 50 cl. y un «katxi» 75 cl.; la medida de un zurito oscilaría entre 10 cl. y 15 cl. (más adelante hablaremos específicamente del «katxi«.

Como vemos en la foto, hoy en día el nombre está registrado y, en formato botellín de 18 cl., está comercializado por la empresa gipuzkoana Elkanogroup, siendo Iban Unzueta el creador de la idea.


Carlos Pérez Garrido falleció en febrero de 2018.

El kalimotxo.

No tenemos que irnos muy lejos de Bilbao para encontrar el lugar de origen del kalimotxo. La famosa mezcla de vino tinto con refresco de cola fue descubierta en el barrio de pescadores del Puerto Viejo de Algorta (Bizkaia).

 El kalimotxo es uno de los indiscutibles reyes de fiestas populares y botellones. Su origen, y la identificación de sus inventores, han dado lugar a muchas especulaciones y teorías, pero la verdad es que, esta vez, toca barrer para casa. El kalimotxo, como ya hemos dicho, se inventó en tierras bizkainas: para ser exactos, en el Puerto Viejo de Algorta. Al menos, ésta es una de las teorías que más fuerza tiene.

Todo comenzó un caluroso 12 de agosto de 1972, en las famosas fiestas del municipio de Getxo. La Comisión de Fiestas nombraba cada año a una cuadrilla que se encargaba de la única txosna que había en las fiestas. Ese año, le tocó por primera vez el turno a los jóvenes de Antzarrak. «», comentaba Agustín Martínez, «Tintxu«, miembro de la cuadrilla, que en aquella época contaba con sólo 17 años.

Para poder conseguir el dinero restante, los jóvenes encargaron a unas bodegas de Oion (Araba) 2.000 litros de vino cosechero embotellado al precio de 16,50 pesetas y botellas de plástico, estas últimas para acallar las quejas de los vecinos que, año tras año, protestaban por la cantidad de botellas rotas con las que el Puerto Viejo amanecía en fiestas.

Instalaron una barra de madera en Etxetxu, y esa mañana recibieron el encargo de las bodegas. «Ese día hacía mucho calor, y el vino terminó por picarse. Los txikiteros nos pedían vino y casi sin beberlo, pagaban y se iban, hasta que uno finalmente nos confesó que estaba picado«. Debido a que buena parte de las fiestas se financiaba con ese dinero, se vieron en una delicada situación, a la que tenían que buscar una solución rápida. «No podíamos comprar más vino; éramos unos chavales que nos vimos realmente en un apuro. A alguien se le ocurrió mezclar el vino con diferentes refrescos y, al final, triunfó la Coca-Cola«. Así, se agenciaron una bañera con barras de hielo grandes en el interior y dentro de ella mezclaron el vino con el refresco. De ahí cogieron los vasos y botellas para vender. Los que lo bebían aseguraban que esa mezcla ya existía anteriormente, que se llamaba Rioja Libre, pero que la mezcla de los jóvenes tenía un sabor un tanto diferente. Claro, es que el vino estaba picado.

Después de conseguir la cantidad de cola necesaria para que no se apreciase el sabor del vino picado en la mezcla final, comenzaron a buscar un original nombre para la novedosa bebida. Dicen que solían llegar a la txosna pronto para preparar todo, porque el almacén estaba lejos de ella y les llevaba su tiempo. Dos amigos de Erandio aparecieron tarde en el lugar. A uno de ellos le apodaban Kalimero, y el otro debía ser «algo» feo. Alguien comentó que feo en euskera se decía motxo.

Comenzaron a conjugar las dos palabras y de ahí salió el nombre. «Kalimotxo« puede que sea la palabra más famosa de procedencia de pueblo. Casi sin quererlo, el kalimotxo comenzó a hacerse famoso y a cruzar fronteras. Según contaban, «Al acabar las fiestas, a muchos de nosotros nos tocaba ir a la mili. Y ahí, nos encargamos de extender el invento, dándolo a conocer por todo el Estado«.

En 2001, la cuadrilla Antzarrak publicó un libro, «El Invento del Kalimotxo y anécdotas de las fiestas«, donde se confirmaba la teoría de que la mezcla tenía Denominación de Origen: el Puerto Viejo de Algorta. Después de 1972, muchos han intentado hacerse con el copyright de la conocida mezcla. Al parecer, la Compañía Coca-Cola se ha hizo con el copyright de la mezcla, y de las palabras relacionadas con ella, como «kalitxiki» (como un zurito pero de kalimotxo).

Fue todo una casualidad pero, como todo el mundo sabe, los grandes inventos se descubren por casualidad.

El katxi.

Esta historia versa sobre la solución de un problema acuciante que preocupaba a la sociedad bilbaína en particular, y a la vasca en general. Condicionados por la intrincada arquitectura documental de la época, cuando menos confusa, enmarañada, e incluso inundada, es necesario remitirse a las primeras fiestas de Bilbao, allá por 1978, durante las cuales se hizo patente el grave problema de las pérdidas económicas por parte de las txosnas a causa de la ingente rotura de vasos de vidrio, con el contratiempo añadido de las molestias provocadas por sus restos.

En efecto, según las leyendas, el vidrio, material harto ingrato cuando tocaba el suelo a una velocidad media de 70 km/h, se empeñaba en romperse -y no siempre contra el suelo- para el desagrado de muchos, y el engorro de la municipalidad.

He aquí que sobrevinieron etapas oscuras, tiempos de cristales rotos y de escasez de vasos en las casas de los txosneros, hasta que se hizo evidente la necesidad de una solución urgente al problema. Los vasos de plástico tradicionales -demasiado pequeños- no servían. Algunos refieren que se encargó una investigación a sendos equipos de científicos irlandeses y escoceses, para poder cotejar los resultados, pero parece ser que no se llegó a nada en concreto -excepto a alguna que otra borrachera-, y eso a pesar de que -siempre según mareadas suposiciones históricas-, se recurrió en última instancia a un grupo de bebedores de cerveza alemán que pasaba por allí.

Se murmura, sobre todo en los bares sin gente, que tras una ardua labor científica y varias resacas, los equipos de investigadores irlandeses, escoceses y alemanes -y un suizo que se había apuntado espontáneamente- todavía no habían encontrado una solución adecuada al problema cuando sólo faltaban cuatro días para las fiestas. Afortunadamente, un oportuno descubrimiento revolucionó la industria de los recipientes para beber.

Muchos insisten en que el hallazgo tuvo lugar después del parón de la Aste Nagusia del año 80 -que no se celebró a causa del conflicto entre el alcalde Jon Castañares y las txosnas-, aunque hay quien afirma que el invento es muy anterior. Lo cierto es que, según se cuenta, un tal Pillo Fernández -de Portugalete– tuvo la feliz idea de fabricar un vaso de plástico grande. Había nacido el katxi.

La empresa de Pillo Fernández se aplicó en la fabricación de vasos de gran capacidad, con la boca amplia, ideales para ser compartidos en buena camaradería, sin los problemas propios del pesado y rompible vidrio. En poco tiempo, el katxi comenzó a hacerse enormemente popular en fiestas y celebraciones, hasta el punto de que el nuevo recipiente se convirtió en seña de identidad y elemento tradicional de la cultura vasca.

La capacidad del katxi es de 750 ml. Siendo la palabra casi, apócope de «casi un litro» = katxi. Nada tiene que ver con otros nombres que se le da por ahí, como «cuba«, «maceta«, «cubalitro» o «megavaso«.

Y nada tiene que ver porque esos recipientes son de un litro y no de katxi un litro.

(*) FUENTES: Enrique MochalesEl País (02/10/2003), I.O.-DEIA-Diario de Noticias de Bizkaia (24/08/2009), Blog de Iñigo Landa (25/08/2009) y Loreto Sánchez Seoane (23/03/2018)

Estrategias de desgaste y gilipolladas varias

Decimosexto día de cuarentena. #YoMeQuedoEnCasa

La última gilipollada del menor de «Los Alcántara«, Pablo Casado, ha sido acusar a los medios de comunicación, especialmente a las televisiones, de «poner el foco en lo positivo» en la crisis del coronavirus.

Y digo gilipollada porque, en realidad, lo que ha dicho no tiene otro nombre. A esta banda de las tres extremas derechas españolas les ha dado por llevar a la práctica el famoso dicho del Universo Rajoniano del «cuanto peor para todos, mejor…«. De entrada, el chico de Aznar poco debe ver a «La Plagios» Ana Rosa en Tele Circo y a todo el plantel de semejante telebasura («Robacremas» Cifuentes incluida). Lo cierto es que, vea o deje de ver dicha cadena (del WC), tampoco se pierde nada.

Y, ojo, que también a la Izquierda Abertzale está en las mismas. Idéntico fin pero variando el objetivo: Mientras el del PP, Ciudadanos y Vox es desgastar hasta derrocar el Gobierno «fascio-comunista» de Pedro Sánchez y Los rojos de Galapagar, el de EH-Bildu (Sortu en especial) es desgastar al Gobierno «vendido al kapital y la patronal» del Lehendakari Urkullu.

Quizás Casado, si fuese algo con cierto poder en «Marca España«, habría ordenado a la televisión Pública emitir en estos momentos un ciclo de películas como «Contagio«, «Guerra Mundial Z«, «Estallido«, «Soy Leyenda» o «El último hombre vivo». Y es que gusta lo negativo. Todos los palitos les sirven para poner en la rueda.

En efecto, lo de este tipo roza el ridículo. Daría un brazo por ser él quién gestionase todo esto. Así, al terminar, se mostraría como el salvador de la patria contra el «coronavirus chino-rojo«… Lo estoy viendo: «El Capitán A Posteriori«, junto con el «Capitán España a caballo» y «Montapollos Woman«, luchando con viento fuerte de Levante contra los males que acechan su una, grande y libre. Bestial .. The Trifachito´s Heroes.

Mientras tanto, sus escuderos (el campeón de lanzamiento de güitos y la Marquesa de Groelandia y de las Finas Hierbas), compiten en declaraciones incendiarias contra el Gobierno español durante la crisis. Pero… ¿A que les falta el tonto que siempre sale saludando detrás de los entrevistados en televisión? Pues no. Tampoco falta, mientras Egea y «La Caye» hablan, el que sale saltando detrás diciendo chorradas es el clown Rafael Hernando. Y es que lleva fatalín eso de que le hayan apartado del foco.

No quiero imaginar ni tan siquiera por medio segundo qué sería de nosotros con todos los citados al frente de La Moncloa o de Ajuria Enea. Cuando todo esto pase, a todos ellos les va a pasar factura esa estrategia de desgaste. Y les va a salir mal aquí y allá porque, sencillamente, ahora no es el momento de andar poniendo piedras en el camino. La gente, aún confinada, se está dando cuenta de esas carroñeras tretas.

Al tiempo.

El idioma de Bilbao

Decimoquinto día de cuarentena
#YoMeQuedoEnCasa

«Perdonen, ¿en qué idioma hablan?«. La pregunta la hizo, hace unos años, la camarera de un restaurante del Village de Nueva York. Las dos parejas de bilbainos que compartían viaje y mesa se miraron sorprendidos.

No recordaban haber hablado en euskera y la chica que hacía la pregunta era argentina.
En castellano”, le respondieron. “No -dijo ella- eso no era
español, era…otra cosa
”.
Y tenía razón. Recapitulando la conversación concluyeron que el despiste era normal. “Estoy larri y no quiero mojojones” o “este vino, ni para kalimotxo” o “no seas borono y deja bote”, además de los muchos “pues” salpicados, ayudaban poco a la ubicación del idioma.

A eso añadan una lista de palabras, tan gruesas como prácticas, de esas que gustamos llevar en el zurrón los del botxo. Viajando en el tiempo y en el espacio podemos recordar recordar, si es que hace falta, que además del castellano y el euskera tenemos otro idioma: el bilbaíno. No aparece en el último sociómetro, ni falta que le hace. Existe. De hecho, lo guardamos como un preciado tesoro, el Diccionario de la Lengua Bilbaína. Hace unos años, su creador, Juan Echegoyen, hablaba de lo que en Madrid creen que es txirene o que al güito, por alguna extraña razón, le otorguen significado sexual. Que al balde de agua le digan cubo y al txoto, capucha. Y que si llamas trintxera a un tres cuartos impermeable o txamarra a una cazadora no te entienden más allá de Altube.

Convenimos que el ¡aupa!, fuera de lo deportivo y según tono, sirve de ánimo o de condolencia. Pero si el giro de cabeza es ligero, conlleva indiferencia. Queda claro que somos singulares en lo geográfico, lo léxico y lo ortográfico.

Cierto que en cuestiones gastronómicas no hay región o pueblo que no tenga su propia forma de catalogar verduras, pescados o carnes.

Si pides zapatero en Madrid, por ejemplo, no se imaginan que te refieras a una palometa o japuta. El zancarrón se llama morcillo. Las vainas, judías verdes y las alubias, judías rojas. Las rabas, calamares. De la antxoa y su traducción como boquerón no voy a hablar. Hasta en la RAE llevan empanada con el asunto.

Pero lo nuestro va más allá de un mero regionalismo. Basta con recorrer 99,8 km. (y cruzar el peaje) para descubrir que, en Donostia, al juego del campo quemado, ojo al dato, le llaman brilé y no saben que las bicicletas llevan catalina. Explica tú ahora, por ahí fuera, lo que es el color azul Bilbao.

Por eso, los que pisamos otras tierras, nos reconocemos con un simple saludo, una palabra suelta o un taco arrastrado. Somos capaces, incluso, de ubicar a un paisano en una localidad concreta según llame al bígaro, caracolillo o magurio. Lo que, sumado a lo anterior, demuestra que somos un mundo.

De ello escribieron, unas veces con sorna y otras, aunque pocos lo sepan, con evidente interés, ilustres del verbo como Cervantes o Quevedo. Por algo será.

En fin… les dejo que estoy confinado en el botxo. Tengo aplazada con la cuadrilla una jamada del copón y luego parranda.

Dice Javi que iremos a su txoko (que no Sociedad), una potxolada encima de La Ría, enfrente de los del otxote, en una lonja del Kasko llamado “Los Txirene”. De piscolabis antxoas albardadas o rabas,  gambas a la gabardina (esas las hace Jon). Luego, bien sukalki de zancarrón ó alubias con sacramentos y helao de kukurutxu. Antes, unos potes. Dos rondas de txikitos y zuritos (quizá algún txisme de vermú en el Urdiña) y una espuela rápida, que el pastor del Gorbea dice que el mes que viene, tras la cuarentena, va a hacer fresco (o sea, una rasca que jode)

Absténganse los pichicomas, txotxolos y sinsorgos. Para los trompalaris, que pisan iturri en seguida, prohibido llegar perfumaus. Y el que ande kili-kolo, tranki. También podemos tener porrusalda, Agua de Bilbao y el teléfono del Igualatorio. Ah, y nada de katxis. De coger castaña, que sea con fuste.

En fin pitxines, agur sin más.