La triple maldad del anti-nacionalista

Como bien comenta Joan Verges en su libro «La nació necessària: llengua, secessió i democràcia», hoy en día el término «nacionalista» parece que suena mal. En España funciona básicamente como descalificativo. A las gentes y Medios de derecha y extrema derecha españoles (los, también, nacionalistas españoles que pululan en torno al conocido «Trifachito«) les ha dado ahora por referirse a nacionalistas vascos o catalanes como «nazionalistas«.

 Sin embargo, el concepto “nacionalismo” parece tener una capacidad explicativa muy potente para comprender el presente, al menos en España. De ahí la paradoja: el concepto que nos permite comprender mejor la conducta de los principales actores sociales y políticos es rechazado de plano por una gran mayoría de esos mismos actores.

Alguien tal vez dirá: “Pero eso tampoco es tan extraño; bien pocos partidos políticos se presentan ante la opinión pública diciendo que su motivación es la consecución del poder”. De acuerdo, pero el nacionalismo es un tipo de ideología (y, por consiguiente, entre otras cosas, una pretendida guía de comprensión de la realidad social); la persecución del poder, no.

Contra el nacionalismo suelen argüirse críticas distintas, pero destacan tres. Suelen ir juntas, pero también pueden presentarse por separado:

La primera consiste en decir que no hay naciones, tan sólo individuos o, como mucho (que ya es mucho), ciudadanos. Por consiguiente, el nacionalismo se basa en un mito, una falsedad.

La segunda es decir que el nacionalismo es algo perverso, algo profundamente inmoral. Tal vez haya naciones y el nacionalismo no sea un sinsentido. Pero, de lo que no hay duda es que se trata de un producto del demonio, lo más abyecto.

La tercera crítica puede llegar a formularla alguien tan despierto y abierto de miras que admita que puede que haya naciones y que el hecho nacional no sea intrínsecamente malo. Sin embargo, el nacionalismo es un error porque lo que pretende conseguir ya se puede conseguir por otras vías, moralmente mucho más atractivas; por ejemplo, mediante el patriotismo constitucional o el cosmopolitismo.

De todas ellas, la que más triunfa en los últimos tiempos (especialmente en los entornos ruidosos de Abascal, Casado y Albert Rivera) es la primera. Parece tan contundente…

El nacionalismo se fundamenta en el mito de la existencia de la nación. El nacionalista cree que el mundo está hecho de naciones. Pero no hay naciones deambulando por la calle; ni cenando en los restaurantes; ni trabajando en la oficina; ni pagando impuestos. El mundo social está poblado tan sólo por individuos. Si hablamos de sociedades es para referirnos a las personas que las integran. Pero nada más. Cataluña no existe. Existen los catalanes. Y si España existe es en tanto que realidad jurídica y política garantizadora de los derechos individuales de los ciudadanos con DNI español”.

El problema de esta primera crítica es su triple “maldad”: su “mala fe”, su “mala metafísica” y su concomitante “mala epistemología”. Es mala fe porque atribuye al nacionalista una afirmación que hoy en día bien pocos nacionalistas reconocerían como propia. El nacionalismo liberal, que es la corriente dominante en el nacionalismo actual, no sostiene en absoluto que por encima de los individuos exista una entidad viva llamada “nación” a la que sus integrantes deben supeditarse porque a ella deben justamente su pequeña existencia. Un catalán, por ejemplo, puede afirmar que existe tal cosa como la Nación catalana sin por ello querer decir que aparte y por encima de los ciudadanos catalanes existe una cosa llamada “la Nación catalana”. En un cierto sentido, pues, un nacionalista catalán también afirmará que tan sólo existen los catalanes. Pero es un sentido banal.

Afirmar que existe la Nación catalana significa únicamente que en Catalunya suceden ciertas cosas entre una parte substancial de la ciudadanía catalana. ¿Qué cosas? Los distintos teóricos del nacionalismo discreparán sobre qué aspecto es más relevante. Pero la mayoría de ellos coincide en señalar que las naciones se originan cuando un grupo de individuos se sienten formando parte de un mismo grupo en base a una serie de hechos y características compartidas o compartibles (una historia, una lengua, unas instituciones, unas costumbres, etcétera) y, al mismo tiempo, desean ejercer sobre sí mismos un cierto grado de autogobierno con el objeto de conservar la existencia y la prosperidad del grupo.

Así pues, las naciones no existen de cualquier modo, ni tampoco del mismo modo que se forman otras realidades humanas. No se originan en el vientre de una mujer como los bebés, ni en el huerto del abuelo como los tomates, ni en la fábrica de zapatos como los zapatos. No pertenecen a la misma categoría metafísica que los bebés, los tomates o los zapatos. Las naciones surgen cuando entre ciertas personas ocurren ciertas cosas. En virtud del tipo de actividades que se dan entre ellas y de lo que creen con respecto a ellas, aparece la nación. La nación es, como se dice en metafísica, una realidad intencional.

Pero ¿qué podría haber de misterioso en ello? El dinero también es una realidad intencional básicamente. Pero el ejemplo del dinero está ya muy manido. Pensemos en la amistad. ¿Existe la amistad? Afirmar que dos personas son amigas, ¿equivale a sostener que aparte y por encima de ellas se da una realidad supraindividual llamada “amistad”? En absoluto. Una amistad es un producto del tipo de relación que mantienen dos o más personas. Tal vez nos cueste ponernos de acuerdo sobre qué hace que dos personas sean amigas. Pero reconocer que la amistad existe no implica para nada tener que afirmar que entre ellas se da algo supraindividual, algo distinto de lo que hacen las personas en cuestión.

En un sentido banal, podemos decir que tan sólo existen los amigos. Pero para entender por qué lo son necesitamos fijarnos en qué tipo de relación mantienen. Y esa relación es bien “real”. Como lo es una relación de pareja de hecho, por poner otro ejemplo. El problema es que el anti-nacionalista hipostasía el concepto de nación de un modo que ningún nacionalista sensato haría al decir que tan sólo existen los individuos. Pero tampoco lo haría ninguna otra persona que piense seriamente la realidad social. Pues si el motivo por el que afirmamos que no existen las naciones es que tan sólo hay individuos, ¿qué motivo hay para afirmar que existe “sociedad” alguna y no simplemente un conjunto agregado de personas?

Asociada estrechamente a esta mala metafísica palpita una epistemología excesivamente positivista. Según esta epistemología tan sólo existe aquello de lo que podemos tener experiencia sensorial directa. Sabemos que los individuos existen porque los vemos, los tocamos, los fotografiamos, los curamos. Pero no podemos hacer nada de esto con las naciones. Por consiguiente, no podemos afirmar que tenemos conocimiento de su existencia. Como ya subrayó Ulises Moulines en su día, el positivismo extremo del anti-nacionalista constituye una insensatez metodológica totalmente trasnochada. Hoy en día, ningún metodólogo de la ciencia se atreve a sostener que tan sólo podemos conocer aquello de lo que tenemos experiencia sensorial directa. Las distintas ciencias están plagadas de conceptos con respecto a los cuales no existe una “experiencia sensorial directa”.

En realidad, es frecuente que algunos de los conceptos más fundamentales de una disciplina científica sean justamente conceptos sin trasunto empírico. De ahí que se los llame “conceptos teóricos”. Pero no por ello son menos importantes o necesarios. Por ejemplo,“mercado” en economía, “estado mental” en psicología, o “fuerza gravitacional” en física. No tenemos experiencia sensorial de ellos, pero juegan un papel explicativo crucial en sus áreas respectivas. Hemos llegado a ellos mediante argumentos abductivos bien contrastados. “Si existen los electrones, también deberíamos poder decir que existen las naciones”.

En resumen, el nacionalista tiene una clara ventaja epistemológica sobre el anti-nacionalista: puede poner en juego el concepto “nación” a fin de comprender ciertas conductas colectivas. Sin el concepto nación, esa conducta deviene difícil de explicar o tiene consecuencias difíciles de aceptar.

Pensemos en el caso catalán, otra vez, ahora que está de moda. ¿Qué explica el movimiento soberanista catalán? El politólogo que tiene en su caja de herramientas el concepto “nación” puede comprender la racionalidad (que es distinto de la “razonabilidad”) de la conducta de una parte muy importante de catalanas y catalanes en base a tal noción: lo que sucede en Catalunya se explica, en buena parte, por el hecho de que Catalunya es una Nación, lo cual significa que un número sustancial de catalanes afirma ser una comunidad diferenciada con derecho al autogobierno.

En cambio, el politólogo que no tiene en su haber ese concepto, para explicar lo que sucede en Catalunya, tiene que poner en juego otros conceptos. Por ejemplo, el de “manipulación de las masas”. Pero entonces tiene también que afirmar que los catalanes son, por alguna razón, más susceptibles de sufrir un adoctrinamiento irracional que otros individuos, en otros lugares, por ejemplo Sevilla, Valladolid, o Madrid. Y en esa explicación tiene que dar cuenta de cómo puede ser que una mayoría de catalanes defienda que Catalunya es una nación cuando los medios de adoctrinamiento radicados exclusivamente en el Principado (y a los que se les presupone una machacona política de adoctrinamiento) no llegan casi nunca a un 20% de Share. Es decir, tiene que explicar por qué razón el mismo Telediario anuncia noticias distintas dependiendo de quién lo escucha. Ardua tarea.

Y una última idea: Se ha de tener siempre en cuenta el concepto del nacionalista español, que lo es tanto como yo o un ciudadano catalán. En mi caso, mi Nación es Euzkadi, Euskal Herria, para un catalán Catalunya y, de idéntica manera, para un español su Nación es España.

Luego, un español llamando «nazionalistas» a vascos o catalanes no es otra cosa más que un «nazionalista» español ejerciendo como tal y no, necesariamente, un anti-nacionalista.

3 comentarios sobre “La triple maldad del anti-nacionalista”

  1. En mi opinión, el problema estriba en que se utiliza el término «nacionalismo» para dos hechos diferentes, si no opuestos:

    – Creer que tu identidad/cultura/país/estado/lengua es superior a otras y por lo tanto arrogarse el derecho a menospreciar/agredir/conquistar/exterminarlas (origen de todo colonialismo e imperialismo), que muy acertadamente llamas nazionalismo en tu artículo .

    – Reivindicar tu identidad/cultura/país/lengua y querer dotarlas de los instrumentos necesarios para preservarlas.

    Llamar nacionalismo a ambos hechos es como poner al mismo nivel al agresor y al agredido. Y esto lo utilizan muy hábilmente los primeros con su casi total dominio y manejo de los medios de comunicación y de los contenidos escolares obligatorios.

    Un saludo

    Iñaki

  2. Si algo determina el término NACIÓN es tener un idioma propio. ..No habría ESTADOS sin Naciones vernáculas, que se agrupen para constituirlo. Todos los países avanzados del mundo son Nacionalistas.
    Lo que se equivoca, son los ESTADOS NACIONALISTA, es decir (yo y nadie más, como en el futbol) que significa ULTRA-Nacionalismo…..Los nacionalistas aceptan a todos los demás nacionalistas,..Los ULTRA-Nacionalistas NO.. …..GB tiene 4 naciones con 5 selecciones mundiales de futbol y todos se unen bajo la bandera de la Union Yack…. Suiza el país más estable de Europa tiene 4 idiomas oficiales, y nadie se rasga las vestiduras, además el que utilizan como comodín, es el inglés que no es oficial, sino optativo, como ocurre en casi toda Europa y mundo avanzado.
    En la España de hace 40 años querían usar el «esperanto» como idioma comodín mundial, ya que seguían y siguen con la guerra imperial feudal.
    Creo que no hace falta tanta filosofía, para saber distinguir entre NACIÓN y ESTADO…. España es un Estado y la mayoría de las organizaciones políticas territoriales del mundo lo son… Los Estados pueden tener múltiples Naciones asociadas de hecho «Las Españas» (en plural), es el uso que se ha aplicado para definir los territorios de esta península y sus colonias desde la época imperial más ilustrada.
    EUROPA tiene muy grave problema para convertirse en ESTADO’s UNIDO’s, con Unidad POLITICA (ahora es economica con reparos)…. Solo tiene una bandera que nadie se identifica ni enfatiza con ella, ya que son Estados Antiguos IMPERIOS o Estados ULTRA-Nacionalistas enfrentados, que hace imposible tal unidad….. Las Naciones Vernáculas europeas dependiente de estos Estados imperiales, no tendrían problema de Unirse rápidamente bajo la bandera y unidad política de la UE, como es Canadá, USA , Australia, Suiza y otros más….(Ellos son la causa de este grave problema, y desvían su responsabilidad, aplicando la culpa al Nacionalismo de las Regiones vernáculas) …. Todo un desatino.
    En la Historia el orden de los acontecimientos son los que determinan el resultado posterior (en la ciencia matemático no), así que lo ocurrido en el España en 1936 con el golpe Militar que ellos mismos Cínicos e Hipócritas orgullosos herederos del «tripartito» llaman ALZAMIENTO NACIONAL, para aplastar a quienes no se sometan a ellos, amos absolutos, como Caudillos «Vencedores NACIONALES» que claramente significa Nacionalismo-ULTRA, anti todos los demás.
    Es claramente la mayor crueldad semántica y de ética política y «causa efecto» de la discordia permanente por sus abusos y malversaciones de impunidad administrativa y anti democrática, gobernante de este estado y que nos toman como idiotas, descerebrados, dada su arrogancia COLONIAL para-militar Franquista que han llevado al ESTADO a la bancarrota en todos los sentidos, y se justifican echando la culpa, a los Nacionalista más responsables y eficientes.

  3. De todas ellas, la que más triunfa en los últimos tiempos (especialmente en los entornos ruidosos de Abascal, Casado y Albert Rivera) es la primera. Parece tan contundente…:

    “El nacionalismo se fundamenta en el mito de la existencia de la nación………………»

    Pero si la CE afirma la CE se fundamenta en indisolubilidad de la nacion española…… o sea que España es un mito….según ellos mismos¡¡¡ y esa afirmación de la CE es falsa en el sentido lógico de falsa. la nación española no existe, sino que dentro del estado español, los restos de un imperio, hay diversas naciones, y otras que sin ser naciones porque no quiren serlo son regiones, pero una region tiene también su identidad y así mismo la provincia, y la comarca porque sean aglutinada porque tiene unas peculariades comunes.

    la idiotamente olvidada comarca no tratada como sujeto socioeconómico de 1er orden y a considerar en la planificación y desarrollo.

    España es un estado, y los nacionalistas vascos pretenden reconstruir su nación y conservar su identidad aspectos ambos que España y Francia pretenden históricamente socavar sino impedir, con guerras vividas de por medio a lo largo de la historia con los vascos defendiendo su identidad y sus instituciones ante los poderosos estados contiguos y mas lejanos empeñados en conquistar y destruir la identidad vasca por las armas.

    los vascos existen desde los albores de la historia, tienen una lengua mucho mas antigua que las artificiales e inexistentes naciones francés y español y si la historia ( Roma) ha hablado de vascos es porque existen y son un conjunto humano con unas características comunes y diferenciadoras de sus vecinos. Cuando los romanos hablaban de vasconum no existian ni españa ni francia, ni el francés ni el castellano o español, a ver quien es aqui el malo de la película.

    Los vascos queremos que nuestra nacion sea reconocida, ya lo fue, y que por los estados que brutalmente ( de bruto, inculto) lo estan impidiendo por las buenas y por las malas se respete nuestras señas de identidad, instituciones seculares, y además firon las vascas las primeras democracias de europa, y así reconocidas en europa y por estadounidenses.

    El reino de navarra no es un invento de los nacionalistas, ni el arbol de gernika, ni el ducado de akitania, ni los fueros, ni por supuesto el euskera propio de los vascos, que curiosamente es odiado por los antivascos españoles y franceses, porque quieren que los vascos no existan eliminando su lengua y destruyendo sus instituciones como elementos fundamentales de la nación vasca que son. Ese antivasquismo es odio enfermizo, y nazismo puro y duro.

    Son ellos los que quieren eliminar la nacion vasca, cuando la nacion española no existe, y precisamente creo, que por ello quieren eliminar la nacion vasca y otra del estado español, porque eliminadas, ya solo podría hablarse de la nación española.

    El estado español es plurinacional y plurilingue. El español es el castellano. Según la CE el euskera y catalan y gallego no son españoles, luego sus hablantes tampoco

    Los nacionalistas vasco creo( no soy portavoz) queremos nuestra nacion real con sus instituciones , que no la tenemos , reconocida así ioicialemnte en el mundo aunque a los vascos nos conozcan en tlodo el mundo, lo nacionalistas alemanes, o LA NACIONALISTA CONSTITUCION ESPAÑOLA ya tienen su estado, y es antinacionaista vasca por eso de la indisolubilidad de la nación española.

    Por cierto, para cuando las nacionalidades de la CE entre ellas la vasca? ¿no se llaman constitucionalistas?

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