Cling, cling, cling, cling, cling…

Quinto día de cuarentena.
#YoMeQuedoEnCasa

Cree esta gente de Palacio que todo les va a salir bien. Están convencidos que la gente es tonta de baba. Se creen en un nivel superior (entre Dios y la tierra). Les han educado en la arrogancia, la prepotencia, la soberbia, la superioridad y les han contado (lo han visto desde pequeños) que pueden hacer todo lo que se les ponga en sus reales cojones sin posteriores consecuencias.

Miden todo… Como salir «a la carta» en la Radio-Televisión pública de su «reino» a decir lo que todos sabemos y a no decir lo que, también, todos sabemos. Lo creían medido hasta el punto de elegir un momento para andar entre escandalosos comunicados y absurdos mensajes televisados sabedores que la gente no podía protestar en la calle. Han elegido (de forma cobarde) una situación de confinamiento para llevar a la práctica sus argucias relacionadas con la corrupción.

Pero con algo no contaba esta banda organizada (o les han explicado mal lo que es un Estado de Alarma) y es que la población puede estar confinada (como lo está) pero puede ejercer libremente su legítimo Derecho a la libertad de expresión. Y eso es exactamente lo que hemos hecho cacerola en ristre. Y el resultado ha sido inapelable… espectacular, ni tan siquiera camuflable por la rancia prensa española (esa que conocemos como la Brunete o Caverna Mediática). Un éxito rotundo y un brutal contraste: Por un lado, una sociedad que se cuida en común y ejerce ya una solidaridad republicana. Por otro, un tipo (llamado rey) en soledad que interpreta un discurso vacío, bajo sospecha y contestado desde los balcones. Y es que el debate no se puede ni se va a aplazar: ¿Para qué sirve esta corrupta monarquía heredada del Franquismo?

Como era de esperar «de los suyo» no dijo nada. Máxime cuando hoy mismo ha vuelto a aparecer Corinna para afirmar que el sátrapa Juan Carlos la visitó en Londres hace un año donde ella «intentó buscar un diálogo de buena fe«. Pero bueno… de ese culebrón ya volveremos a hablar mañana.

Hoy vamos a desgranar el discurso hueco de «El Preparado«: Habló a los súbditos y cortesanos de una crisis sin precedentes… «Estamos haciendo frente a una crisis nueva y distinta, sin precedentes, muy seria y grave […] una crisis que estamos combatiendo y que vamos a vencer«. Es cierto: Tanto en su palacio con sus chanchullos como con la del coronavirus. O sea, estamos haciendo frente a DOS crisis, a dos desgracias: Una, mundial, sobrevenida, como lo es una pandemia y otra impuesta: Los Borbones.

Dice que «Lo primero que quiero hacer es enviar todo mi cariño y afecto, junto a la Reina y nuestras hijas, a tantas familias en toda España que desgraciadamente han sufrido la pérdida de alguno de sus seres queridos, Gracias a los sanitarios […] Sabíamos que tenemos un gran sistema sanitario y unos profesionales extraordinarios; a ellos quiero dirigirme ahora: tenéis nuestra mayor admiración y respeto, nuestro total apoyo […] Nunca os podremos agradecer bastante lo que estás haciendo por vuestro país«. Y esto lo dice una persona que, mientras no hay kits de test para ésas personas, familias e, incluso, sanitarios que lo necesitan; él y su familia ya se han hecho tres pruebas. Lo de las loas a la Sanidad pública ya suena a pitorreo ya que tanto él como los suyos no han pisado un hospital público en su vida salvo para ir a cortar alguna cinta de inauguración a dichos centros sanitarios que, en ocasiones y de forma absurda, llevan su nombre o el de algún miembro de su familia.

Mientras el Pueblo le dedicaba una sonora cacerolada, el decía que «No os puede sorprender que desde las casas de toda España se oiga un aplauso emocionante y sentido. Un aplauso sincero y justo, que estoy seguro que os reconforta y anima«. Eso sí, el aplauso a quiénes se lo merecen fue a las 20,00 horas y, una hora después, al tipo éste le teníamos «reservado» un estruendoso y sonoro «homenaje»: Cling, cling, cling, cling, cling…

Como no, utilizó la palabra-comodín «Unidad». Bajo ese patriótico término se puede englobar desde «unirnos en torno a un mismo objetivo: superar esta grave situación. Y tenemos que hacerlo juntos; entre todos; con serenidad y confianza, pero también con decisión«, hasta que nos vuelvan a presentar a las Fuerzas Armadas como garante de la indivisible «Unidad de la Patria«… de su reino. No es baladí: El segundo máximo uniformado utilizó idéntico término para justificar la presencia de militares en toda España «En Cataluña y el País Vasco como parte del territorio español que son«, dijo.

Luego pasó al eslógan… Al «quédate en casa»: «Ahora tenemos que resistir, que aguantar y tenemos que adaptar nuestros modos de vida […] Todos debemos contribuir a ese esfuerzo colectivo con nuestras actitudes y nuestras acciones, por pequeñas que sean«. Por eso mismo el se fue con su mujer a París a un viaje perfectamente prescindible y que, posiblemente, haya sido otra de las razones de hacerse tres test.

Y terminó con la milonga del «gran pueblo» ejerciendo como lo debería haber hecho hace, por lo menos, una semana aunque, imagino, estaría «ocupado» contando billetes de los chiringuitos de su padre disfrazados como «Fundaciones» cuando, en realidad, a un vividor putero, le pegaría más llamarles PEC’s (Private Escort Clubs).

Posiblemente durante su intervención, Felipe estaba sufriendo la pesadilla de todo orador: decir una cosa y sospechar que quien escucha está pensando en otra. Así, quizá pensando en el coronavirus o en él mismo, terminó diciendo que «Esta es una crisis temporal, un paréntesis en nuestras vidas. Volveremos a la normalidad […] Recuperaremos la normalidad de nuestra convivencia, la vida en nuestras calles, en nuestros pueblos y ciudades; la economía, los puestos de trabajo, nuestras empresas… España recuperará su pulso, su vitalidad, su fuerza […] Hemos pasado por situaciones muy difíciles, muy graves; pero, como las anteriores, esta también la superaremos. Porque España es un gran país. Un gran pueblo que no se rinde. Venceremos«.

En eso le doy la razón. Ya volveremos a la normalidad y verá en primera persona (esta vez ya en las calles) cómo recuperamos la normalidad. Precisamente, debido a «anteriores situaciones muy difíciles y graves» a su padre un dictador le puso la misma corona que ahora pasea él. Mucho me temo que todo esto no le va a salir gratis aunque esté acostumbrado a caer siempre de pie. Ya lo creo que venceremos pero que Felipe tenga bien en cuenta que esa «victoria» no es otra cosa más que su derrota.

¿O piensa que la gente, una vez terminado el confinamiento, se va a olvidar de toda esa mierda que intenta esconder debajo de su real alfombra?

Por último, espero que el hijo de puta de Iturgaiz contenga el verbo aunque la veo venir: Si nos llamó hijos de puta a los que silbamos en una Final de Copa al que él llama «Su Majestad el Rey» (y el otro día declaró que nos lo volvería a llamar) pues, porque ahora necesita sacar cabeza, este mequetrefe sería capaz de volver a llamarnos lo mismo a los que hemos hecho la cacerolada. Al tiempo.

5 comentarios en «Cling, cling, cling, cling, cling…»

  1. Como dice en uno de sus siempre acertados comentarios Iñaki Anasagasti, de un tipo que se presentó el día de apertura del Congreso montado en el Rolls del asesino y vestido de militar ¿qué se puede esperar?
    El discursito de ayer es digno de desprecio y repulsa por parte de cualquiera que tenga un poco de autoestima y que entienda lo que es una democracia y lo que no.
    Mientras cientos de miles de trabajadores hacen equilibrios entre el posible cierre temporal o definitivo de empresas y otros miles se juegan el tipo como sanitarios, policías, cuidadores o simplemente en sus trabajos de cara al público, este personaje sigue disfrutando tan ricamente de sus privilegios insolidarios y tiene a bien encima descojonarse de sus súbditos, lúgubre, estirado y artificial.
    Los que fueron franquistas se transmutaron en juancarlistas y luego en felipistas.
    Esa es su base social. La otra base es el ejército.

  2. El quid de los grandes problemas de ciertos estados es, tal como explicó Bakunin, la educación de los militares, desde el soldado más raso hasta las más altas jerarquías…porque es dirigida a convertirles en enemigos de la sociedad civil. Su único objetivo es entrenarles para las matanzas y destrucciones, sin importarles pierdan el sentimiento de la dignidad humana. La obediencia pasiva es su mayor virtud. Sometidos a una disciplina despótica, acaban sintiendo horror de cualquiera que se mueve libremente… de ahí su actitud siempre amenazante hacia el pueblo. Quieren imponer a la fuerza la disciplina brutal, el orden estúpido del que ellos mismos son víctimas.

  3. Mi escepticismo de ayer con respecto a la cacerolada (estuve yo solo en la función de las 12h), se convirtió en agradable sorpresa cuando en la función de las 21h el ruido era bastante ensordecedor en mi entorno. No obstante, observé que mientras algunos de mis vecinos (pperos de manual) se partían las manos en la convocatoria de las 20h (lo cual no critico), desaparecieron en la de las 21h cuando curiosamente ambas convocatorias tenían un nexo común. A saber, la primera para mostrar agradecimiento a los sanitarios, entre otros, y la segunda para “recabar fondos para la sanidad pública”.

    Puede que sea el momento para hacer que se tambalee esta “sasi demokrazia” y se mande al paro a los Borbones. Ahí va una idea: montar una plataforma cívica para recoger firmas con el lema “POR UNA DEMOCRACIA DE VERDAD – REFERENDUM MONARQUÍA VS REPÚBLICA”. Es solo una opción que cualquiera puede mejorar. Por cierto, sería interesante que las primeras firmas fuesen las de Urkullu (simplemente como ciudadano y dado su simbolismo), Garaikoetxea (Karlos, nunca es tarde para medio arreglar tu borrón de febrero del 81), Ardanza e Ibarretxe (a López no le incluyo por razones obvias).

    Iñigo, respecto a Iturgaiz, suscribo hasta la última como de tu comentario.

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