El zurito, el kalimotxo y los katxis (*)

Decimosexto día de cuarentena.
#YoMeQuedoEnCasa

El zurito.

A principios de los años 60 del pasado siglo, algunos jóvenes se juntaban en peñas taurinas.  Sería uno de los amigos de Carlos Pérez Garrido el que dio con Gabriel de la Haba, «Zurito de Córdoba«, y el que decidió que se reunirían bajo el nombre de este torero. Así, «Los Zuritos«, iban de bar en bar pidiendo el tradicional txikito de vino. Todos, menos Carlos. “Yo tomaba vino, pero estaba hasta los cojones de esa mierda. Era peleón y empecé a pedir cerveza”. Mientras el resto de la cuadrilla se bebía los txikitos en dos sorbos, Carlos dejaba en cada bar media caña. “Pero de repente se empezaron a sumar otros, a no tomar vino. Pasamos a ser 5 y de repente éramos 8. Total, que empezamos a meter presión: no me pongas una caña, ponme media. ‘Un mini’, decíamos, ‘un mini de cerveza’”.

Los camareros tardaron en concederles ese medio vaso, pero sería en el bar Irutxulo, de Patxi Alkorta, donde comenzaron a tirárselas más cortas.
Poco a poco, la gente empezó a copiar la idea y a pedir ese “mini de cerveza” para poder seguir el ritmo a los txikiteros. Un día alguien dijo: «Qué pena que no tengamos un nombre para esto«. Y probablemente se le ocurriría a Patxi Alkorta: “Oye, ¿no tenemos una Peña Zurito? Pues lo llamamos así, zurito“.

El nombre se extendió con rapidez y mientras en el resto de lugares se pedía un corto de cerveza, en Euskadi se exigía un zurito. Si en un bar, un botellín normal de cerveza tiene 20 centilitros, una caña 30 cl., un «cañón» 50 cl. y un «katxi» 75 cl.; la medida de un zurito oscilaría entre 10 cl. y 15 cl. (más adelante hablaremos específicamente del «katxi«.

Como vemos en la foto, hoy en día el nombre está registrado y, en formato botellín de 18 cl., está comercializado por la empresa gipuzkoana Elkanogroup, siendo Iban Unzueta el creador de la idea.


Carlos Pérez Garrido falleció en febrero de 2018.

El kalimotxo.

No tenemos que irnos muy lejos de Bilbao para encontrar el lugar de origen del kalimotxo. La famosa mezcla de vino tinto con refresco de cola fue descubierta en el barrio de pescadores del Puerto Viejo de Algorta (Bizkaia).

 El kalimotxo es uno de los indiscutibles reyes de fiestas populares y botellones. Su origen, y la identificación de sus inventores, han dado lugar a muchas especulaciones y teorías, pero la verdad es que, esta vez, toca barrer para casa. El kalimotxo, como ya hemos dicho, se inventó en tierras bizkainas: para ser exactos, en el Puerto Viejo de Algorta. Al menos, ésta es una de las teorías que más fuerza tiene.

Todo comenzó un caluroso 12 de agosto de 1972, en las famosas fiestas del municipio de Getxo. La Comisión de Fiestas nombraba cada año a una cuadrilla que se encargaba de la única txosna que había en las fiestas. Ese año, le tocó por primera vez el turno a los jóvenes de Antzarrak. «», comentaba Agustín Martínez, «Tintxu«, miembro de la cuadrilla, que en aquella época contaba con sólo 17 años.

Para poder conseguir el dinero restante, los jóvenes encargaron a unas bodegas de Oion (Araba) 2.000 litros de vino cosechero embotellado al precio de 16,50 pesetas y botellas de plástico, estas últimas para acallar las quejas de los vecinos que, año tras año, protestaban por la cantidad de botellas rotas con las que el Puerto Viejo amanecía en fiestas.

Instalaron una barra de madera en Etxetxu, y esa mañana recibieron el encargo de las bodegas. «Ese día hacía mucho calor, y el vino terminó por picarse. Los txikiteros nos pedían vino y casi sin beberlo, pagaban y se iban, hasta que uno finalmente nos confesó que estaba picado«. Debido a que buena parte de las fiestas se financiaba con ese dinero, se vieron en una delicada situación, a la que tenían que buscar una solución rápida. «No podíamos comprar más vino; éramos unos chavales que nos vimos realmente en un apuro. A alguien se le ocurrió mezclar el vino con diferentes refrescos y, al final, triunfó la Coca-Cola«. Así, se agenciaron una bañera con barras de hielo grandes en el interior y dentro de ella mezclaron el vino con el refresco. De ahí cogieron los vasos y botellas para vender. Los que lo bebían aseguraban que esa mezcla ya existía anteriormente, que se llamaba Rioja Libre, pero que la mezcla de los jóvenes tenía un sabor un tanto diferente. Claro, es que el vino estaba picado.

Después de conseguir la cantidad de cola necesaria para que no se apreciase el sabor del vino picado en la mezcla final, comenzaron a buscar un original nombre para la novedosa bebida. Dicen que solían llegar a la txosna pronto para preparar todo, porque el almacén estaba lejos de ella y les llevaba su tiempo. Dos amigos de Erandio aparecieron tarde en el lugar. A uno de ellos le apodaban Kalimero, y el otro debía ser «algo» feo. Alguien comentó que feo en euskera se decía motxo.

Comenzaron a conjugar las dos palabras y de ahí salió el nombre. «Kalimotxo« puede que sea la palabra más famosa de procedencia de pueblo. Casi sin quererlo, el kalimotxo comenzó a hacerse famoso y a cruzar fronteras. Según contaban, «Al acabar las fiestas, a muchos de nosotros nos tocaba ir a la mili. Y ahí, nos encargamos de extender el invento, dándolo a conocer por todo el Estado«.

En 2001, la cuadrilla Antzarrak publicó un libro, «El Invento del Kalimotxo y anécdotas de las fiestas«, donde se confirmaba la teoría de que la mezcla tenía Denominación de Origen: el Puerto Viejo de Algorta. Después de 1972, muchos han intentado hacerse con el copyright de la conocida mezcla. Al parecer, la Compañía Coca-Cola se ha hizo con el copyright de la mezcla, y de las palabras relacionadas con ella, como «kalitxiki» (como un zurito pero de kalimotxo).

Fue todo una casualidad pero, como todo el mundo sabe, los grandes inventos se descubren por casualidad.

El katxi.

Esta historia versa sobre la solución de un problema acuciante que preocupaba a la sociedad bilbaína en particular, y a la vasca en general. Condicionados por la intrincada arquitectura documental de la época, cuando menos confusa, enmarañada, e incluso inundada, es necesario remitirse a las primeras fiestas de Bilbao, allá por 1978, durante las cuales se hizo patente el grave problema de las pérdidas económicas por parte de las txosnas a causa de la ingente rotura de vasos de vidrio, con el contratiempo añadido de las molestias provocadas por sus restos.

En efecto, según las leyendas, el vidrio, material harto ingrato cuando tocaba el suelo a una velocidad media de 70 km/h, se empeñaba en romperse -y no siempre contra el suelo- para el desagrado de muchos, y el engorro de la municipalidad.

He aquí que sobrevinieron etapas oscuras, tiempos de cristales rotos y de escasez de vasos en las casas de los txosneros, hasta que se hizo evidente la necesidad de una solución urgente al problema. Los vasos de plástico tradicionales -demasiado pequeños- no servían. Algunos refieren que se encargó una investigación a sendos equipos de científicos irlandeses y escoceses, para poder cotejar los resultados, pero parece ser que no se llegó a nada en concreto -excepto a alguna que otra borrachera-, y eso a pesar de que -siempre según mareadas suposiciones históricas-, se recurrió en última instancia a un grupo de bebedores de cerveza alemán que pasaba por allí.

Se murmura, sobre todo en los bares sin gente, que tras una ardua labor científica y varias resacas, los equipos de investigadores irlandeses, escoceses y alemanes -y un suizo que se había apuntado espontáneamente- todavía no habían encontrado una solución adecuada al problema cuando sólo faltaban cuatro días para las fiestas. Afortunadamente, un oportuno descubrimiento revolucionó la industria de los recipientes para beber.

Muchos insisten en que el hallazgo tuvo lugar después del parón de la Aste Nagusia del año 80 -que no se celebró a causa del conflicto entre el alcalde Jon Castañares y las txosnas-, aunque hay quien afirma que el invento es muy anterior. Lo cierto es que, según se cuenta, un tal Pillo Fernández -de Portugalete– tuvo la feliz idea de fabricar un vaso de plástico grande. Había nacido el katxi.

La empresa de Pillo Fernández se aplicó en la fabricación de vasos de gran capacidad, con la boca amplia, ideales para ser compartidos en buena camaradería, sin los problemas propios del pesado y rompible vidrio. En poco tiempo, el katxi comenzó a hacerse enormemente popular en fiestas y celebraciones, hasta el punto de que el nuevo recipiente se convirtió en seña de identidad y elemento tradicional de la cultura vasca.

La capacidad del katxi es de 750 ml. Siendo la palabra casi, apócope de «casi un litro» = katxi. Nada tiene que ver con otros nombres que se le da por ahí, como «cuba«, «maceta«, «cubalitro» o «megavaso«.

Y nada tiene que ver porque esos recipientes son de un litro y no de katxi un litro.

(*) FUENTES: Enrique MochalesEl País (02/10/2003), I.O.-DEIA-Diario de Noticias de Bizkaia (24/08/2009), Blog de Iñigo Landa (25/08/2009) y Loreto Sánchez Seoane (23/03/2018)

Publicado por

Iñigo Landa

Iñigo Landa Larrazabal (Bilbao, 1967) Destinado en la Agencia Espacial Vasca. Estudió Austronáutica en euskera y cursó el mismo máster que Pablo Casado en Universidad Rey Juan Carlos, el fugado. Vive en Bilbao

9 comentarios en «El zurito, el kalimotxo y los katxis (*)»

  1. Yo recalé en Donosti a mediados del año 80, por aquello de la mili que se llevaba entonces (me tocó en los cuarteles de Loyola y gobierno militar, sito en la misma concha), y recuerdo que un lugar de culto en el viejo para los que queríamos saciar el hambre sin demasiado coste era la «meji». Una ración de bravas o unos tigres y un medio katxi en mi caso, me solventaban la papeleta. Los habían que se atrevían con el katxi o incluso el katxi-katxi.

  2. Buenos días.

    Respecto al origen del Katxi.
    Antes del año 1980, uno que ya es mayorcito, ya tomaba con la cuadrilla los «cachi» y «cachi-cachi» en el bar La Mejillonera, situado en la calle Iturribide.

    A finales de los años 70 las cuadrillas de la zona compartíamos en ese establecimiento los vasos grandes de cerveza que tenían ese nombre.

    Cierto que en este caso, los recipientes eran de vidrio, por lo que quizás sea correcto la introducción del recipiente de plástico para fiestas populares, pero la denominación (aunque castellanizada) ya venía de atrás.

    Un saludo y gracias por estas pequeñas historias que nos hacen recordar otras épocas.

  3. La famosa mezcla de vino tinto con refresco de cola no fue descubierta en el barrio de pescadores del Puerto Viejo de Algorta, el nombre si.
    A la mezcla de tinto y cola antes de 1972 tuvo otras denominaciones, Rioja Libre, Tinticola,..

  4. No pongo en duda esa historia, Íñigo, pero recuerdo que en un bar de Bakio cuando poco después de que se «inventara» el kalimotxo pedí uno, el del bar me dijo que a eso le habían llamado allí siempre «rioja libre».

    1. Sí. Ya cito el término «rioja libre» y no eres el primero que me lo dice, aunque no lo encuentro documentado.

  5. Procedo a administrarme un katxi de orujo peleón para contener el asco causado por la lectura del artículo de «el hijo de puta, en virtud de la libertad de expresión» en el órgano bilbaino del Trifachito.
    Recomendable estar tan borracho como él para leerlo.
    Sé que el comentario está agarrado por los pelos pero o escribo o me bajan las defensas.

  6. El kalimotxo, como otros grandes inventos de la humanidad, no tiene un solo origen, sino que ha surgido por generación espontánea o inspiración divina en diversas regiones del mundo, pues es conocido en el Oeste de Alemania («Kolarot» en Coblenza), y en otras varias.

  7. Gracias por la recopilación. Son nombres que hemos heredado de nuestros padres pero que no queda claro de donde salían.

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