De la «moda» de usar el diminutivo para todo, y de las muestras de amor

Escuchaba el otro día en un programa de radio un intercambio de impresiones sobre esa «moda» de usar el diminutivo y los términos afectuosos para todo.

A los niños les podemos decir coge la pelotita, vamos a tomar la papillita o el zumito, o a ponerse el vestidito y los zapatitos. ¿Es necesario hablar constantemente a los niños (y a las mascotas) con diminutivos? A mi me parece absurdo pero he de reconocer que me he visto sorprendido haciéndolo así que no me cabe otra más que entonar el mea culpa.

Pero ya no es solo a los niños… También a nuestros mayores: ¿Quién no ha oído en una residencia eso de «hace mucho frío en la calle, hay que ponerse el abriguito y el gorrito«, o eso de «es hora de la comidita, la cenita» o de tomarse la «pastillita«… Vamos a ver, que son personas mayores, no son idiotas. También se suele ver en el ambulatorio cuando a una persona mayor le deletrean las palabras y la enfermera de turno sube el volumen de su voz. Una vez presencié como un señor de unos ochenta años le dijo a la enfermera que era mayor pero que no era sordo y, además le dijo que era médico jubilado, así que no tenía que deletrearle las palabras… que lo entendía perfectamente y, posiblemente, mejor que ella.

Otra «moda» es ese trato tan afectivo en una mera transacción comercial como lo puede ser pasar por la caja de un supermercado: «¿Te pongo una bolsita, cariño?«, o «¿Has traído el carrito, mi amor«? A este paso, algún viudo jubilado lo va a malinterpretar y le va a pedir matrimonio a la cajera. Al tiempo…

En los bares pasa tres cuartos de lo mismo. Ves a cuatro señoras de ochenta años sentarse en la terraza y viene la camarera o camarero de turno con el «¿Qué os pongo, chicas?» ¿Chicas? También por la hostelería «funciona» lo de «amor» o «cariño». Como en el súper, va a haber algún lanzado que se lo crea y le pida casamiento a la camarera.

En Bilbao conozco un bar en el que, al entrar, te dicen «¡Hola amiguitos!» (yo soy el más joven y tengo 54 primaveras) y otro céntrico bar que, cuando quedo allí por Whatsapp con la cuadrilla, me escriben: «¿Quedamos en Barrio Sésamo a las ocho y media?«. De hecho a los dos del bar les llegaron a apodar Epi y Blas. La cosa es que cuando entras te dicen: «¿Una cañita y un vermucito?«, o «acaba de salir la tortillita de choricito así que le tenéis calentita«, o «si queréis tenéis libre una mesita en la terracita«. En este último caso, en honor a la verdad, tampoco es que exageren tanto ya que, si le quitas la «fruta» y las dos piedras de hielo macizo, en efecto, estamos hablando de un «vermucito» (casi un txupito de vermú). Y la «tortillita de choricito» también viene a ser un canapé. Eso sí, cuando pides el «ticketcito» cobran en eurazos, no en euritos.

Pues nada, amores. Un besito a todes.

14 comentarios en «De la «moda» de usar el diminutivo para todo, y de las muestras de amor»

  1. Pues nada, Iñigo. Apunta esta joya, muy utilizada por clientes y que la verdad, a mí me repatea: “ponme un CRIANCITA RICO, cari”. Ganas de hacer el ridiculo.

  2. Buen y ameno artículo.
    Buena parte de este lenguaje lo tienen las nuevas ciudadanas venidas de allende los mares que son muy cariñosas.

    En hostelería desde hace mucho se utilizan diminutivos :
    Zurito , marianito, txupito , pepito , pulguita , ….

    La hostia que te meten no se arregla con una tirita .

    Un saludo.

    1. «Buena parte de este lenguaje lo tienen las nuevas ciudadanas venidas de allende los mares que son muy cariñosas.»
      En fin… reléetelo.
      EllAs ( no sé porqué empleas el femenino) podrán decir lo que quieran, si nosotros, que no somos tan «cariñosos» les imitamos, los y las y les gilipollas somos nosotros/as/es.

      Serás antitodo, pero no antixenofobia

  3. A mí me molesta tanto o más que los diminituvitos esa costumbrita (y no es nueva) del «cari» (hace un tiempo era el «amante»). El otro día en una pescadería me dijo la pescatera «¿que te pongo, cari?» y le dije a tu cari lo que quiera, a mí unas anchoas…y se enfadó.

  4. Un poco chorras sí es verdad que nos hemos hecho.
    Lo del diminutivo es bastante cursi, más cuando se emplea con personas mayores como tú dices.
    Aunque también oímos a estas personas hablar en el mismo término. (Me incluyo)
    Personalmente le suelo pedir a la médico que me hable más alto y me deletree por problemas auditivos, posiblemente causados por los ruidos en el tajo y por la edad, pero no todos los mayores están sordos.
    A los jóvenes incluidos hijas y nietos, les recuerdo que no nací viejo y también fuí adolescente después de niño, y que podemos hablar de todo exceptuando de las nuevas tecnologías, dejando aparte el anglicismo y los diminutivos para llamar las cosas por su nombre sin caer en el ridículo.
    Aunque pensándolo bien no deja de ser una chorradilla en los tiempos que corren.
    Un saludo.

  5. Con lo seriotes y seriotas que hemos sido en este paisito hemos pasado al saludo impostado y cursi. Unos preferieren que ni les miren y otros buscan una bobada así porque se sienten apreciados. Lo que más mola cuando entras en un restaurante chulo es que te saluden con tu nombre. » Buenas noches doña Juana» Ahí te sientes poderosa porque el resto de comensales te identifican como clienta habitual del local pijo, lo que no es nunca mi caso. De ahí a que te digan «hola txurri ¿qué tal pichoncita» va todo un mundo. Aunque yo me conformo con un trato mutuo educado y sin txorradas.

  6. Luego no me extraña que como colectivo seamos «gilipitxis» y mingas-frías. A mí, particularmente, me toca las pelotas que me traten así.

    Encima pienso que los que te tratan ñoñamente son los más «descendientitos de mujercitas de amorcito financiadito» que en cuanto te giras, te la clavan (ya sea por pensamiento, palabra, obra u omisión). Ni una mala palabra, ni una buena acción…

  7. Puede resultar cursi y ñoño, no te digo que no. Pero con la impersonalidad, frialdad y hostilidad que se ve a diario en muchos ámbitos, yo, a veces lo agradezco, guapo.

  8. Pues el gobiernito vasquito les soltó ayer otros veinte milloncitos de euritos a los hosteleritos, que han protestado otra vez porque es poquito. Se les ha respondido que cariñitos, tranquilitos que en unas semanitas habrá más dinerito, cielitos. Vosotros pedid por esa boquita. Dinerito para Osakidetzita no tenemos pero para los cubatitas sí.

  9. Yo me jubilé hace pocos años y me ocurre algo parecido. Digamos que por mi aspecto físico me suelen echar bastante menos edad de la que tengo (no lo digo por presumir sino para entenderlo). Así que si voy a algún sitio donde se hace descuento de algo a «los mayores», en principio me hablan «normal», pero en cuanto pido el descuento por ser jubilata, de pronto cambian el tono de voz y expresión y me empiezan a hablar como a un «viejito/niño». Me pasa igual por teléfono; por la voz y su inflexión etc. me toman por más joven (o menos viejo) pero si comento que soy de edad provecta, cambian el tono radicalmente. Y sí, también en sanidad; con esto de la «atención telefónica» una doctora me llamó al móvil y, como vería mi edad en su ordenador, me hablaba con esa típica condescendencia para viejales; le pedí ir a la consulta porque me daba consejos para casi inválidos, y en cuanto me vio físicamente (con ropa ligera de verano) cambió totalmente el tono al comprobar mi estado físico opuesto a lo que se imaginaba. En fin, que tampoco entiendo ese lenguaje «diminutivista», pero reconozco que no lo había notado tanto como ahora que me toca tragarlo a mí.

  10. A todes, a todos, y a todas, no te quedes corto, corta, corte, que alguno, alguna, o algune se ofende, ofendo, ofendi.

    Jo que lio.

    Muy buen articulo, jajajajajaja…..

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