Calidad de vida y caridad para vivir

Anteayer por la mañana escuchaba la tertulia radiofónica matinal de Onda Vasca dónde, entre otras cosas, hablaban del contraste que supone el encarecimiento de hipotecas y el impacto del mismo en la economía de muchos hogares con el hecho de que la gente haya salido en masa a gastar pasta en el Black Friday durante el pasado fin de semana. Los restaurantes hayan estado llenos, las reservas para diciembre están completas en casi todos, y se esté planificando la salida durante el «acueducto» de La Inmaculada Constitución como si fuera el Desembarco de Normandía.

La inconclusa conclusión, valga la contradicción, de los tertulianos fue la de que (dejando a un lado lo de los huevos al vacío y, de momento, a los ricos muy ricos) hay personas o unidades familiares con alto poder adquisitivo que se lo puede permitir sin esfuerzo alguno, que la clase media menos dotada tiene la necesidad de expansionar sus ansias consumistas para que no le explote la cabeza, y que hay otra parte de la sociedad (dejando, también de momento, a un lado a los pobres muy pobres) que tiene que mirar hasta el último euro. Y así, se convierten en «rastreators» de ofertas, simplemente, para los productos más básicos.

Resumiendo: Que hay gente que se está quedando descolgada, mientras que hay sectores que ganan cada vez más dinero y en medio quienes (de momento) se las apañan con mejor o peor soltura. Quienes se quedan descolgados se convierten, al menos temporalmente, en meros perceptores de ayudas públicas, o sea de caridad en su nueva denominación de solidaridad con los más vulnerables. Este difícil equilibrio es una adaptación de la Sociedad a los nuevos tiempos pos pandemia, aunque la cosa viene de lejos, tiempos en los que el fruto de la economía productiva pierde peso frente a la financiera o especulativa.

Lo que ya no sé es por cuánto tiempo se podrá mantener estable este complicado chiringuito. También leía en la Prensa escrita un reportaje realizado a una pareja de emigrantes latinos que se quejaban de que llevaban ya tres años en la CAV y aún tenían problemas para llegar a final de mes. Sin ánimo alguno de crítica, sería bueno “ponerles en valor” (como dicen los políticos), que hay muchas personas nacidas aquí y que, tras muchos más años, aún se las pasan putas para conseguirlo pero que, al menos, tanto unos como otros están amparados por una enseñanza y una Sanidad pública que (con sus defectos y virtudes) no están disponibles en muchos otros países. Y si, en el reparto social esbozado, uno se encuentra preocupado o angustiado, siempre puede leer discursos políticos que puede que despejen sus dudas existenciales y que le confortarán el ánimo de inmediato: “El Lehendakari Iñigo Urkullu ha llamado este lunes a convertir las transiciones verde, digital y demográfico-social en oportunidad y ha instado a seguir construyendo futuro a través del trabajo en común”.

¿Quién puede oponerse a ello? ¿Quién sabe transformar esas palabras sensatas en hechos reales? ¿Son, realmente, motivadores este tipo de discursos para la gente de a pie? Traduzcamos el mensaje en palabras más asequibles: “La cosa está muy complicada y a ver cómo salimos entre todos de esto”. La clave está en saber quiénes somos «TODOS”.

Y, simplemente, tomemos como hecho real el la «Transición Verde«, donde cada cual tira para un lado, tal y como pudimos ver en la pasada Cumbre Internacional sobre El Cambio Climático celebrada en Egipto. Todo el tráfico aéreo originado entre diversos puntos del planeta y El Cairo para acudir a la misma (y en 72 horas), fue el equivalente a la contaminación producida por el tráfico rodado en la Ciudad de París durante 6 meses (o la producida en la Villa de Bilbao en casi año y medio). El caso es que, allí, gastaron la hostia de pasta en queroseno para la reunión y, al final, en semejante «Cumbre» sólo se decidió hacer caridad con los más vulnerables.

No es que sea el ejemplo muy motivador pero, de momento, es lo que hay.

Todo es business y, desgraciadamente, no parece existir ninguna buena voluntad.

Publicado por

Iñigo Landa Larrazabal

Iñigo Landa Larrazabal (Bilbao, 1967) Destinado en la Agencia Espacial Vasca. Estudió Astronáutica en euskera y cursó el mismo máster que Pablo Casado en Universidad Rey Juan Carlos, el fugado. Vive en Bilbao

5 comentarios en «Calidad de vida y caridad para vivir»

  1. ¡Hala! Detienen a un presunto terrorista islámico con planes para atentados y pasan dos cosas raras:
    1.-Le trinca la Policía Nacional española y no la Policía Autonómica vasca.
    2.-No se monta ningún revuelo mediático.
    No entiendo nada. O mejor, prefiero no entender nada porque está claro el ninguneo permanente y que el terrorismo islamista no se presta a la bronca política. Constatado queda una vez más.

  2. Hoy queda suspendido el reparto de hostias callejeras gratuitas a los huelguistas vulnerables debido a la huelga de la brigada móvil de la policía vasca a cuenta de las dietas, por lo que los sindicalistas del metal podrán manifestarse tranquilamente en defensa de su convenio ya que la poli se ha negado a vigilar dichas manifas. Las brigadas móviles chinas en cambio prosiguen con sus golpizas y eso que cobran menos.
    Mientras tanto la benemérita sale todos los días en Vocento capturando narcos dentro el marco competencial vasco de la policía vasca mismamente. Para mí que hay problemas de protagonismo pero no estoy segura.
    También hay huelga en la enseñanza pública pero eso no tiene mayor trascendencia porque tampoco se trata de un servicio esencial al estar garantizado el servicio mínimo de aitites y amamas para así justificar de algún modo las exageradas pensiones que cobran y que derrochan comiendo todos los dias y viajando con el Imserso. Todo fluye según lo previsto.

  3. Supongo que no hacemos más que seguir la estela de otros estados más adelantados que ya han pasado por ello. La sociedad estadounidense es una muestra evidente de diferencias sociales enormes pasando por todas las escalas mencionadas y con el problema añadido de la deficiencia de la sanidad pública que en Marca España corre peligro de privatización más o menos rápida en cuanto los fascistas sean masivamente votados y colocados en La Moncloa para alegría de los ricos que quieren seguir siendo muy ricos y de los casi ricos que se quieren hacer ricos de cojones, o sea de los patriotas de verdad.
    Si les hemos copiado la hamburguesa, la barbacoa o el Halloween pronto les copiaremos el día de Acción de Gracias ( O sea cuando ganen los abascálidos con los Feijotarras) y la sanidad privatizada. Y si no, al tiempo.

  4. hay que celebrar la crisis economica viajando en vion primer clas, yendo a paises exoticos, comiendo en buenos restaurantes, y dandole a la larrua jo hasta desnatar.
    a la vuelta unas manifas, se le dan unas cuantas vueltas mas a la multicopista de los diñeros y a vivir que son dos dias, pues como la jefa del banco ese que nos dice lo que dice y se lleva lo que se lleva.

  5. La polaridad de la sociedad capitalista es su caracteristica principal; donde los pobres son cada dia mas y cada vez mas pobres y los ricos son cada dia menos y pero cada vez mas ricos.
    El que la gente salga a consumir buscando falsas ofertas solo reflejan el poder de la publicidad consumista del sistema y que cada dia la clase media se empobrece mas y tiene que buscar ofertas donde no se ahorra ni 10€

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