Menos reciclas, más pagas

Para establecer el pago por generación, entre otras cosas, es necesaria la identificación de los usuarios. Foto: Residuos Profesional.

En la sociedad actual hay cada vez más voces que se plantean la pregunta: ¿Debe pagar más tasa de basura quién menos recicle? Existe un principio a nivel comunitario que es el de `quien contamina, paga´, que aplicado a los residuos es el “pago por generación” (PxG), y que se ha demostrado que es un sistema eficiente para incentivar la prevención de residuos y conseguir niveles altos de recogida selectiva. La clave está en optimizar la recogida de la llamada fracción resto, es decir, lo que no se recicla. La recogida puerta a puerta mediante bolsas estandarizadas o cubos con chip, y el cierre de contenedores y/o el control de acceso de usuarios son las opciones más positivas para aumentar las tasas de recogida selectiva y reciclaje, y para implantar el pago por generación.

En bastantes ocasiones he solido oír que es cuestión de tiempo. Pero, ¿de cuánto? Hoy en día, nadie concebiría pagar el agua o la electricidad mediante tarifa plana -sería muy extraño que la factura del agua fuera la misma, tanto si gastásemos 100 litros como si gastásemos 1.000-; en cambio eso es lo que hacemos con los residuos. Individualizar el pago permitiría establecer incentivos a la recogida selectiva y a la prevención de residuos, es decir, a su no generación. Si no lo hacemos ya, es simplemente por la falta de un contador.

En diversas ciudades o regiones europeas se ha extendido el sistema de pago por generación, y nos encontramos que, en Berna, Milán, Leipzig, Múnich, Viena y Dublín, o regiones como la austriaca Estiria, Flandes, Valle de Aosta, Treviso, etcétera, funcionan así. Por tanto, el pago por generación no es una utopía, y se ha interiorizado este sistema de `pagar en función a lo que tiras´. Sin embargo, en el Estado español solo hay algunas experiencias de implantación de sistemas de pago por generación para residuos domésticos y comerciales en un número reducido de Cataluña (por ahora ocho y algunos más en estudio) y de las Islas Baleares (hay ya 9 municipios y algunos más en estudio), así como en el municipio guipuzcoano de Usurbil. En esta última localidad, funciona un sistema de pago por generación (PxG) por cubo con identificación automática para la fracción resto. Y dentro de poco, Zamudio va a poner en marcha el modelo de pago por generación de residuos, concretamente los preparativos terminan el 30 de noviembre y se espera implantar la tasa el 1 de abril a más tardar de 2020.

Las y los ciudadanos del Área Metropolitana de Barcelona pagarán en función de los residuos que generen y lo que separe. Foto: Residuos Profesional.

Para establecer el pago por generación, entre otras cosas, es necesaria la identificación de los usuarios, y ello puede ayudar a conseguir un grado elevado de separación en origen y disminuir los niveles de generación de residuos. Un sistema de identificación de usuarios está basado en mecanismos mediante los cuales el usuario del servicio de recogida de basuras es identificado y su generación de residuos queda registrada. Este sistema puede ser aplicado fácilmente en contextos de baja densidad de población usando un sistema de recogida puerta a puerta, pero también se puede implementar en entornos urbanos de alta densidad donde se utilizan contenedores de uso colectivo, aunque sea más costoso técnicamente y económicamente.

Normalmente lo que se suele hacer es que el cobro se haga sobre la fracción resto, cuyos contenedores deberán ser cerrados, o, al menos, controlados. De esta forma, si un ciudadano o una ciudadana deposita cada vez menos residuos en el contenedor de la fracción resto, quiere decir que está generando menos basura y fomentando la recogida selectiva para su posterior reciclaje, y se le puede bonificar o premiar con una reducción en la tasa de factura.

Vivimos en una sociedad en la que estamos rodeados de normas que tratan de ordenarla y prevenir conductas antisociales. Por alguna razón que se me escapa se ha decidido que en los residuos esto no funcione así, sino que, en vez de hacer ordenanzas, las instituciones competentes en la materia, hacen campañas. Bienvenidas las campañas, pero, ¿alguien se imagina que la DGT solo se basara en campañas y no existiera el código de circulación, el monitoreo y las multas?

El pago por generación puede ser aplicado fácilmente en contextos de baja densidad de población usando un sistema de recogida puerta a puerta, pero también se puede implementar en entornos urbanos de alta densidad donde se utilizan contenedores de uso colectivo. En la foto, recogida puerta a puerta en la localidad de Pasaia (Gipuzkoa).

A mí me parece que deberían existir algunas normas también en el ámbito de los residuos, en particular, la de entregar los residuos selectivamente. Y que ello debería quedar explícitamente recogido en las ordenanzas municipales. Está muy bien que se reconozca “el pago por generación”, pero es absolutamente necesario que se aplique. De esta forma, hacemos honor a ese principio aceptado a nivel comunitario, estatal y autonómico de que “quien contamina, paga”. El pago por generación debe progresivamente implementarse.

Buen ambiente rural

Parque Natural de Sierra de Urbasa y Andía (Navarra)

Mientras en verano encontraremos progresivamente multitudes de personas que van a las playas, que más parecen aglomeraciones sin poder casi colocar la toalla en la arena que espacios de asueto, miles de personas están descubriendo los parajes campestres. Es la apoteosis del turismo rural, donde hay paisaje austero y paisanaje cabal y sabio. Propicia el contacto con la madre naturaleza y el duro bregar del ser humano con la tierra nutricia, que Virgilio describió con belleza sublime en sus Bucólicas.

Golondrina común (Hirundo rustica. Enara arrunta). Cendea de Galar (Navarra).

A algunos y a algunas quizás esto le suene a nostalgia decadente o a ensoñación. No es más que una incitación a recobrar el origen de las cosas naturales, para que el ambientalismo no se quede en mera pose o en palabrería. Unas cuantas cosas se puede mejorar en contacto con el campo, con la naturaleza. Porque, ¿qué decir de quien no distingue un mulo de un burro, un buey de un toro, un tordo de un gorrión, un gallo de una gallina, un mochuelo de una urraca, un vencejo de una golondrina, una espiga de cebada de una de trigo, un campo de remolacha de un patatal? Se sabe mucho de nuevas tecnologías, de Internet, y fotografía digital, pero se ignoran cosas elementales.

Vaca pirenaica en Zolina (Navarra). Foto: Aspina.
Asociación de Criadores de Ganado Vacuno Pirenaico de Navarra.

Sin duda, el paso de una sociedad rural a otra urbana supone ventajas evidentes para sus miembros. Por ejemplo, el acceso a la educación y la sanidad es más fácil, al tiempo que aumentan la libertad y las oportunidades de emprender una nueva vida. No hay duda de que la alternativa urbana ha resultado muy atractiva para cientos de millones de personas y que en el siglo XX el éxodo de gentes del campo a las capitales y sus alrededores ha sido masivo.

Pero, junto a las ventajas, hay también inconvenientes. La ciudad nos aleja de la diversidad que forman los demás seres vivos y nos hace perder nociones ambientales intuitivas que sí tiene la gente del campo. Los amantes de la naturaleza y los conservacionistas, entre los que me incluyo, nos hemos lamentado de ello muy a menudo. Son precisamente los habitantes del mundo rural los primeros en percibir los cambios negativos, la disminución de las poblaciones silvestres, la degradación de las aguas y el medio, y así podríamos seguir con más cuestiones. Aunque tampoco debemos caer en tópicos simplistas. El habitante rural siente próxima la naturaleza, pero no necesariamente aprecia todos sus componentes, como bien sabemos. Durante siglos, el hacha excesiva, el fuego fácil o el veneno cruel han sido manejados por agricultores y ganaderos. Como en botica, de todo hay: quien intuye, aprecia y respeta los valores de la naturaleza, y quien abusa de ellos y los destruye; quien observa, reflexiona y aprende, cerca de quien ignora y desprecia.

Campo de girasol en la Cendea de Galar (Navarra).

De todas formas, bienvenido sea el turismo rural, en que Euskal Herria tiene una amplia oferta.  El reencuentro con la naturaleza nos devuelve a nuestros orígenes, seamos o no oriundos del campo, porque el ser humano fue primero cazador y después labrador, antes de diluirse en Babeles de asfalto y soledad. El estrés y otras enfermedades modernas son la hecatombe que sobreviene al ser humano tras la ruptura del equilibrio con la naturaleza. Estamos aún a tiempo de reconciliarnos con ella y con nosotros mismos.

Gusanos de luz, candiles para el amor

Luciérnagas volando en su hábitat natural (fergregory / Getty Images/iStockphoto).

Algunos animales tienen la capacidad de proporcionarse luz a sí mismos. Una incandescencia que casi nunca usan para alumbrar su propio camino, sino para guiar al otro sexo. Son candiles para el amor.

La bioluminiscencia resulta fascinante por muchos motivos. Uno de ellos es su proceso fisiológico y su control con precisión, es decir, que estos animales se encienden y se apagan a voluntad. Se trata además de la más eficaz. Incluso más que la del sol, pues éste sólo convierte en fotones el 35% de su energía, mientras que los animales luminiscentes consiguen convertir el 95% de la energía empleada en el proceso en radiaciones lumínicas. Todo ello se debe a unas moléculas, de luciferina, que, al ponerse en contacto con el oxígeno atmosférico, con agua metabólica y la enzima luciferasa, se oxida a toda velocidad para originar destellos.

La bioluminiscencia se puede contemplar fácilmente en los mares donde abundan las pequeñas algas unicelulares que, al contacto con algo que se mueve en superficie, se encienden fugazmente.

La otra forma de acercamiento a la bioluminiscencia son las luciérnagas. ¿Quién no ha visto alguna vez una luciérnaga? Al menos, todos hemos oído hablar de ellas. Son unos bichitos antaño muy familiares en el mundo rural, que se encienden de noche como si llevaran una diminuta bombilla. Ya sea por los dibujos animados o por los peluches, por las poesías o los cuentos, los gusanos de luz forman parte de nuestras vivencias.

Muchos hemos tenido la experiencia de ver luciérnagas en plena naturaleza en las noches de verano, quizá en nuestro jardín, en una huerta o a la vera de un camino. De hecho, en comparación con otros muchos animalitos, son fáciles de reconocer. Cuando uno ve una lucecita brillando de noche sobre la hierba o entre la maleza, o acaso entre las oquedades de un muro de piedra, se puede estar casi seguro de que se trata de una luciérnaga.

Sólo emite luz la hembra, que tiene apariencia de gusano y no vuela, y que de este modo tan peculiar llama la atención de los machos que estarán en ruta, buscando amores. Los machos, destinatarios del código de señales luminosas, tienen el aspecto de todos los coleópteros.

Lampyridae, vista desde cerca, sobre el césped. (D.N) En el bosque Santa Clara del estado mexicano de Tlaxcala se esconde el único santuario de luciérnagas del país.

Según las filólogas Esther Hernández e Isabel Molina, que publicaron hace ya dos décadas el estudio ‘Los nombres de la luciérnaga en la geografía lingüística de España y América’, las denominaciones aluden, por un lado, a la luminiscencia: lucero, lucerico, lucete o luciente en zonas de Navarra, Aragón y Andalucía oriental. Por otro lado, los nombres hacen referencia a un insecto que alumbra: gusano de luz, sapo luciente o bichito alumbra. En Cataluña, o en zonas limítrofes, también se usa cuca de llum, y en País Vasco y en Navarra, Ipurtagi.


Luciérnagas vuelan en un bosque de México (Mario Vázquez De La Torre / AFP)

Tienen caparazón y poseen alas para volar en busca de esa fosforescencia que, desde los arbustos o el suelo, los reclama para el amor. Un faro de señales amorosas fosforescentes que desgraciadamente, también se va apagando. Quién no las ha visto hace unos cuantos años y ahora en muy poquitas ocasiones -em estos días de julio son los mejores momentos- y quedábamos absortos observándolas. Para los que hemos conocido días y noches veraniegas con campos llenos de vida es algo muy triste y un claro síntoma de que el «progreso» nos está llevando al desastre medioambiental. Como en muchos casos semejantes, un sospechoso principal: el ser humano y su avance imparable. La contaminación luminosa y el uso de herbicidas y plaguicidas parecen ser los responsables.

Vacaciones en la montaña

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus. Ugatz). Autor: Mikel Arrazola. Buseu (Pirineo Lleida). 20.07.18.

Euskadi dispone de muchas montañas y da gusto hacer excursiones por ellas. Pero, en esta ocasión, me voy a referir a otras, en una época, la del verano, en que miles y miles de personas dejarán a lo largo de esta estación su esfuerzo por las cumbres pirenaicas.

Las cuestas cuestan, pero la cosecha, a menudo, resulta inmejorable. Allá arriba nos esperan verdor arbóreo, aguas que se despeñan, brisas que refrescan y hasta unos pocos alimentos silvestres en los que se resume una buena parte de lo que los Pirineos proponen a sus visitantes. Desgraciadamente, nos encontraremos muchos glaciares que van disminuyendo o han desaparecido debido al problema medioambiental de alcance planetario que tenemos, como es el cambio climático.

No hace mucho se ha publicado que el glaciar de La Maladeta, uno de los más vigilados, parece tener fecha para su final: los expertos determinan que en un plazo de entre 20 y 30 años se habrá fundido. El cambio climático y la acción del ser humano, suman para que se agudice una tendencia de consecuencias catastróficas a largo plazo. No solo se trata de reservas de agua dulce al acumular la nieve de todo el año, sino que los glaciares también regulan el ecosistema. Los glaciares son valiosos testigos de la actividad de la nieve y el agua. Proporcionan información sobre acumulación anual y acusan las variaciones interanuales del clima con la fluctuación de sus frentes. Su estudio se convierte así en un instrumento útil para medir el sentido y magnitud de los cambios climáticos y en el caso concreto de los glaciares pirenaicos como el de La Maladeta, su posición meridional los convierte en un valor excepcional y casi único a nivel internacional.

Hay más ejemplos en estudio. El glaciar de Monte Perdido perdió en solo un año, 2017, 2,3 metros de espesor. Los glaciares del Pirineo aragonés sumaban unas 2.000 hectáreas durante la mitad del siglo XIX y hace una década eran solo 310. Quedan 242 y varios de ellos han sufrido daños irreparables. 


El circo de Gavarnie forma parte del macizo de Monte Perdido. Está situado en la comuna francesa de Gavarnie (Altos Pirineos), en la región de Occitania.

Pero no sólo vamos a fijarnos en desgracias, como es el cambio climático. Así, en las alturas maduran unas cuantas especies vegetales. En laderas y valles húmedos destacan las diminutas fresas silvestres y el tono oscuro de arándanos y endrinos.

También es tiempo de la flor `edelweiss´ o, para muchos, la flor de las nieves, muy famosa y delicada de la gran cordillera pirenaica, y bueno, también de otras -de hecho, es la flor nacional de Austria, motivo por el que se encuentra en su moneda de 2 céntimos de euro-. El edelweiss o la flor de las nieves, está protegida por ley en el Estado Español, y, por tanto, prohibida su recolección. Mejor será que la contemplemos y nada más. Siempre es mejor dejar que los seres vivos sigan viviendo. Desgraciadamente ha sido muy esquilmada.

Edelweiss (Leontopodium alpinum. Elur lore). Camino del Tozal del Mallo, en el valle de Ordesa (Pirineo aragonés).

Por el contrario, resulta aconsejable apreciar el delicado olor y probar el recio sabor de los frutos de los arándanos y endrinos. Los encontraremos en muchos lugares de los Pirineos, prácticamente en todas las comarcas entre los 1.500 y los 2.000 metros de altitud.

Y también, admirar el vuelo de unas cuantas poblaciones de aves rapaces necrófagas, como el quebrantahuesos, el alimoche, el milano real o el buitre leonado, que están descendiendo alarmantemente en el mundo, aunque afortunadamente los Pirineos todavía albergan poblaciones saludables.

¿Por qué no se reciclan más plásticos?

Botellas de plástico

Cada año se producen un total de 300 millones de toneladas de plástico. De ellas, se estima que ocho millones acaban directamente en los mares y océanos de nuestro planeta.

La inundación de plásticos de mares y océanos es uno de los principales problemas ambientales del planeta, según el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicado este 2019. De no tomarse medidas, existe un elevado riesgo de deterioro de los ecosistemas marinos y, por consiguiente, de la biodiversidad marina. Su fácil dispersión y su lento proceso de degradación convierten al plástico en uno de los peores enemigos para los mares y océanos.

Su uso es un problema asociado a los modos de consumo de usar y tirar, ya que la mayoría (39,7%) se emplean para envases de un solo uso. Un modelo insostenible del que el Estado español, como cuarto mayor productor de la UE, es partícipe.

¿Por qué es un modelo insostenible? En el mejor de los casos, tras usar y tirar los envases de plástico, terminan en un contenedor para ser reciclados. Sin embargo, su reciclaje es muy ineficiente y no logra los propósitos deseados. Casi el 80% de los envases acaban en vertederos, incinerados o arrojados al medio ambiente. Incluso las poblaciones lejos del mar contribuyen a la contaminación por plásticos de los océanos, ya que los sistemas de alcantarillado, depuradoras y cauces terminan canalizando todo el flujo de residuos plásticos hasta los mares.

Los problemas relacionados con el gran consumo de plásticos y su contaminación, están provocando en los últimos tiempos todo tipo de comentarios, y se plantean posibles soluciones. Y una de las formas de reducir los problemas, además de disminuir el consumo, es aumentar su reciclaje para transformar los residuos en nuevos productos. Pero, ¿es posible?

Los datos, aunque las fuentes difieren unas de otras, pero en general, vienen a señalar que se recicla muy poco. Así, por ejemplo, solo el 25,4% de los envases plásticos se recuperaron en España en 2017, según una media de los datos aportados por las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos, y las caracterizaciones de residuos que hacen estas administraciones. Una cifra que contrasta con los datos aportados por el Ministerio para la Transición Ecológica, que lo eleva al 38%.

Pero, cabe preguntarse, ¿por qué? En mi opinión, si no se reciclan más plásticos es porque existen barreras económicas y técnicas.

Contenedor amarillo donde se depositan botellas y envases de plásticos, tetrabriks y latas

Los plásticos en general son muy difíciles de reciclar debido a los problemas que existen en separarlos por resinas poliméricas. Estas, que son las que dan origen a los plásticos, provienen de productos derivados del petróleo o el gas natural. Es cierto que algunos plásticos, como es el caso del PET (tereftalado de polietileno), que se emplea tanto en la actualidad como envase de agua y refrescos, se recicla bastante bien. Pero con otros muchos plásticos, no ocurre lo mismo. Se pueden citar muchos ejemplos. Y ello se debe a que hay plásticos, los llamados plásticos multicapa, que contienen dos o más capas de plásticos diferentes en cada lámina para hacer de barrera y reducir la entrada de oxígeno, o la salida de grasas. Es el caso de envases de loncheados o pizzas, entre otros. O también de las botellas de kétchup, que se componen de una mezcla de plásticos que no se pueden reciclar, porque muchas veces no se sabe con certeza que tipo de resinas poliméricas contienen.

Otro ejemplo lo podemos encontrar con los tetrabriks. Este envase está fabricado en un 75% con cartón, un 20% con plástico polietileno y el 5% restante con aluminio. Tiene seis laminas (4 de plásticos, una de cartón y otra de aluminio). Pesa 32 gramos, lo que da facilidad para su compra y manejo. La mezcla de los tres materiales es lo que garantiza que la bebida pueda conservarse en buenas condiciones a lo largo del tiempo. Cuando el envase se desecha, el cartón es fácilmente separable del resto, en máquinas que, a base de agua, van desmigando las fibras del cartón. ¿Pero qué pasa con el 25% restante de polietileno y aluminio? Termina en un vertedero de residuos industriales de Zaragoza, pues hoy no existe la tecnología que permita separarlos.

También nos encontramos con plásticos diferentes, que cuando se mezclan se obtienen productos de muy bajas prestaciones, que cualquier reciclador ya no los quiere, o también que, al ser muchos diferentes hay cantidades menores de cada uno, lo que reduce las ventajas de la economía de escala. Algunos se producen en cantidades tan pequeñas que no resulta rentable recogerlos, separarlos y reciclarlos.

Pero, además, si el reciclaje es muy difícil y complicado en no pocos plásticos, nos encontramos que determinados productos como las bandejas de poliespán o poliestireno expandido, que inundan hoy en día los supermercados, su proceso de fabricación tiene un gran impacto ambiental, ya que para conseguir un kilo de poliespán se necesitan 1,6 Kg de petróleo crudo y se genera 2,13 kg de dióxido de carbono, uno de los gases que más contribuye al cambio climático. Se trata de uno de los ejemplos más disparatados del uso del plástico como material de envasado, y que no deberían de existir.

Residuos pl´ásticos en una playa.

Las y los ciudadanos, como consumidores que somos, tenemos en nuestras manos si queremos seguir o no con tantos plásticos, que encierran no pocos problemas desde el punto de vista de su fabricación, de su escasa recuperación y reciclado, y de la salud.

La nueva `Lista de las Aves´de Seo/BirdLife, una referencia importante para científicos y ornitólogos


Nido de cigüeña blanca (Ciconia ciconia. Amiamoko zuria), en el anillo verde de Vitoria-Gasteiz. 28.01.18.

Hace unos días la organización conservacionista SEO/BirdLife presentó en el Centro de Interpretación del Anillo Verde de Vitoria-Gasteiz – Ataria-, la nueva edición de la `Lista de las Aves de España´, que constituye una auténtica referencia para científicos, ornitólogos y pajareros, y, que hace una revisión del estatus de las especies y cambios en la clasificación de las familias e información de subespecies de aves (taxones).

Además de los cambios taxonómicos, que era necesario incorporar, se incluyen especies que se añaden a nuestra avifauna por cambios en su comportamiento, por escapes o sueltas de aves exóticas que se instalan en el Estado español o por aves que hasta ahora no llegaban y ahora sí (aves raras).

Hasta ahora los aficionados, expertos y estudiosos de las aves se manejaban con la edición de 2012. El recién creado “Grupo de trabajo de Taxonomía” de SEO/BirdLife ha llevado a cabo este ingente trabajo que por fin ve la luz. Tanto desde el punto de vista científico, como por las implicaciones que conlleva la taxonomía en el campo de la conservación de las especies, la renovación de la lista de aves era indispensable, según SEO/BirdLife.


Avefría europea (Vanellus vanellus. Hegabera), en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 02.12.18.

La sistemática ornitológica mundial ha experimentado un frenético desarrollo en los últimos años, propiciado sobre todo por los avances tecnológicos de los métodos de estudio, la ejecución de análisis cada vez más completos y rigurosos, y la consiguiente mejora en el conocimiento de los taxones y las relaciones filogenéticas entre ellos.

Una de las grandes dificultades que ha acarreado la actualización del listado ha sido establecer un criterio para elegir y combinar las decisiones de las diferentes escuelas taxonómicas ornitológicas que hoy en día coexisten. Cada una sigue sus propias pautas y estilo de trabajo, lo que origina desacuerdos entre ellas en cuanto al tratamiento de algunos taxones.

En la actualidad, hay varias escuelas taxonómicas mundiales y las principales ya se encuentran trabajando conjuntamente con la intención de alcanzar el consenso necesario para elaborar un listado de aves único, global y consolidado. Sin embargo, mientras esto no sucede, es necesario decantarse por clasificar las aves de España en función de una de esos grupos de taxónomos. Para ello, SEO/BirdLife ha creado un nuevo grupo de trabajo “Grupo de Taxonomía de SEO/BirdLife” que son los que analizan las distintas corrientes taxonómicas actuales y toda la información disponible en base a observaciones de los ornitólogos del Estado español para elaborar y actualizar la Lista de las Aves de España.

Anade azulón (Anas platyrhynchos. Basahatea), en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 28.01.18

El grupo está formado por miembros antiguos y actuales del Comité de Rarezas y del Grupo de Aves Exóticas de SEO/BirdLife, documentalistas de grandes enciclopedias de aves, así como por personas de reconocido prestigio en el ámbito de la taxonomía integrados en el CSIC. Miguel Rouco, José Luis Copete, Eduardo de Juana, Marcel Gil-Velasco, Juan Antonio Lorenzo, Marce Martín, Borja Milá, Blas Molina y David M. Santos son los artífices de la actualización de la lista oficial de aves SEO/BirdLife (2019).

La nueva lista incluye la traducción de los nombres de las diferentes aves a las lenguas vernáculas, como el euskera. Tras la familia y la subespecie en latín, identifica a la especie por su nombre en lengua vasca y después en castellano.


Cigüeñas blancas (Ciconia ciconia. Amiamoko zuria), copulando en el anillo verde de Vitoria-Gasteiz. 25.03.18.

La nueva edición 2019 `Lista de las Aves de España´ puede verse en www.seo.org, y tiene un alto valor educativo, y sobre todo tiene una importancia muy grande para quienes trabajan en favor de la conservación de la avifauna.

Las libélulas son prodigios aerodinámicos que vuelan a gran velocidad

Pinzada de arroyo (Onychogomphus uncatus). Foto: Atlas de las libélulas de Álava. Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN)

Las libélulas son una de las especies más antiguas sobre el planeta y son prodigios aerodinámicos que vuelan en todas direcciones, a gran velocidad y durante largos trayectos.

Las libélulas llevan sobre el planeta la friolera de 300 millones de años. Acreditada y larga trayectoria que se plasma en que no existe otro grupo zoológico más espléndido y eficaz en el campo de la locomoción aérea. Las libélulas vuelan no sólo a una sorprendente velocidad para un insecto -hasta 50 kilómetros por hora-, sino que también consiguen todo tipo de maniobras en el aire. Suben y bajan en línea recta, retroceden marcha atrás, giran en ángulos rectos, se frenan en décimas de segundo… Son capaces incluso de escapar a la persecución de algunos pájaros ciertamente veloces. Cuentan además con dos pares de alas enormes que, al ser transparentes y delicadas, recuerdan que muchas estructuras vivas consiguen convertir lo frágil en poderosísimo.

Veremos libélulas sorprendentemente grandes, con hasta 10 centímetros de envergadura, aunque eso sea un tamaño siete veces más pequeño que el logrado por algunos antecesores que vivieron en la era secundaria. Más que el tamaño, en estos animales destaca la coloración, las bellísimas tonalidades que se dan cita en su cuerpo. Desde verdes esmeraldas rutilantes hasta naranjas, malvas, azules y amarillos purísimos.

Las veremos precisamente ahora y hasta mediados del verano casi en cualquier parte, incluso sobre las ciudades y las carreteras. Son muy nómadas, pueden realizar desplazamientos prácticamente migratorios, a lo largo de los cuales recorren centenares y hasta miles de kilómetros.

Como su vida larvaria, de hasta cuatro años, transcurre en el seno de las aguas dulces, y como sus principales cazaderos y territorios nupciales son los cursos fluviales y encharcamientos, allí las contemplaremos mejor y más a menudo.

La Diputación Foral de Álava presentó el 2 de julio de 2018 el primer atlas de las libélulas de Álava, que, en sus 165 páginas a color, recoge con detalle las 51 especies de libélulas y caballitos del diablo -odonatos (Odonata, del griego οδοντός odontos, «diente»)- que habitan en ese territorio. Dicha publicación es fruto del trabajo de diez años llevado a cabo por José Antonio Gainzarain, del Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN), que incluye fotografías de alta calidad, fichas, mapas y citas actualizadas.

Tal como se dice en la citada publicación, los odonatos son unos insectos de enorme atractivo, que constituyen excelentes bioindicadores tanto del estado de conservación de los ecosistemas acuáticos como de los efectos del calentamiento global. En esta época de acelerados cambios ambientales, el estudio y seguimiento de sus poblaciones presenta un indudable interés y, de hecho, en los últimos años se ha incrementado notablemente el número de publicaciones que abordan diferentes aspectos de su biología.

Entre las 51 especies de odonatos de Álava, destaca la Aeshna isoceles, también conocida como libélula de ojos verdes, que vive sólo en el lago Arreo, espacio natural protegido de la Red Natura 2000; o la Brachytron pratense (libélula de primavera), que sorprendió incluso a los expertos cuando la localizaron en la Sierra de Entzia -también espacio Red Natura 2000- por hallarse a 1.000 metros de altitud y a 65 kilómetros de Urdaibai, pese a que se trata de una libélula que suele vivir siempre cerca del mar.

Destaca también la libélula de kirbyi (Trithemis kirby) que apareció en Álava hace dos años. Es una pequeña libélula procedente de África de color rojo escarlata, muy común en el continente africano y que, en agosto de 2016, fue observada en el río Ebro, a su paso por la localidad de Baños de Ebro.

Jane Goodall y la comunicación animal

Jane Goodall. National Geographic. Foto: Steward Volland

La etóloga Jane Goodall nació en Londres el 3 de abril de 1934. A los 23 años Goodall cumplió su sueño de viajar a África donde trabajó junto al antropólogo británico Louis S. B. Leakey (el mismo que incentivara a Dian Fossey en el estudio de los gorilas) quien le animó a instalarse en la reserva de chimpancés de Gombe, en el lago Tanganika en el año 1960.

Y a pesar de que tuvo que vivir allí en condiciones nada envidiables, Jane siempre ha dicho que fue y es feliz porque su pasión por los animales que albergaba desde pequeña, se había convertido en su trabajo. Poco a poco, las anotaciones de Goodall y sus vivencias con los primates fueron dando sus frutos hasta el punto de que alguno de sus trabajos pasará a la historia como un referente para todos los estudiosos del origen de nuestra especie. Sin ir más lejos, en los setenta, la famosa etóloga fue la espectadora de lujo de una guerra entre dos grupos vecinos de chimpancés que duró cuatro años y que acabó hacia 1978 con la extinción de uno de los grupos.

Con esta investigación Jane Goodall demostraba plenamente que los chimpancés eran unos animales sociales y políticos y que mantenían luchas por el territorio, al igual que el ser humano. O lo que es lo mismo, según Jane Goodall, los chimpancés son seres altamente evolucionados, sensibles y capaces de realizar cualquier tipo de actividad mental que hasta hace poco se consideraba exclusiva de los humanos. La única frontera que nos separa a nosotros de ellos es la capacidad que tenemos para hablar y comunicarnos.

Pero sus estudios han ido más allá, y no se ha cansado de mostrar al mundo algunos datos que son verdaderamente asombrosos. De esta manera aprendemos que los chimpancés son capaces de reconocer todo aquello que ven, pueden aprender el lenguaje de los sordomudos y de comunicarse con nosotros a través de él, se reconocen en un espejo e incluso, retienen ideas durante algunos días hasta el punto de ser capaces de realizar funciones simples con el ordenador.

Jane Goodall, investida doctora «Honoris causa» por la Universidad Complutense de Madrid. Foto: Efe.

Pero, sin embargo, hoy en día el chimpancé es un animal en peligro de extinción y ésta se ha convertido en su nueva lucha. Hay dos especies distintas de chimpancés, el común y el pigmeo o bonobo. Se estima que hay menos de 300.000 chimpancés comunes (con cuatro subespecies distintas) y menos de 50.000 bonobos. El chimpancé central es el más numeroso de las subespecies de chimpancé común, con una población de unos 130.000 individuos, mayormente en Gabón, Camerún y el Congo


El chimpancé central (Pan troglodytes troglodytes). Foto: WWF

Las diferencias entre el chimpancé común y el bonobo son muy ligeras. Los bonobos tienen las piernas más largas, los brazos más cortos y el tronco más estrecho. Son generalmente más bajitos, con un cráneo más redondeado y una cara más plana. Además, los bonobos exhiben un comportamiento social diferente a los chimpancés, siendo más conciliadores y pacíficos.

Pero por suerte, esta primatóloga de trato agradable y de mirada tranquila todavía lucha por salvar al chimpancé de su extinción y por conocer más detalles de su comportamiento. Sabe que el futuro pasa por mantener a estos primates en reservas o zonas protegidas.  


Bonobo. Foto: WWF.

Pero su apuesta es mucho más ambiciosa. Sabe que lo que está en juego es la propia naturaleza y para ello, Jane Goodall nos propone que hagamos el boicot a las empresas que no tienen una ética con respecto al medio ambiente, y nos advierte que en nuestras manos y en nuestros bolsillos está, entre otras cosas, no comprar muebles hechos con madera de bosques talados.

Nadie se atreverá a vender lo que nadie quiere comprar, pero para ello es necesaria una firme conciencia ecológica y educar a nuestros hijos e hijas en el respeto a la naturaleza y al medio ambiente. Como puede comprobarse, detrás de ese rostro cansado y de ese pelo cano emerge la figura de una mujer venerable y vital, optimista ante todo y que cree con todas sus fuerzas en la sociedad.

El `Nitrato de Chile´, un cartel para la historia

En Estepar (Burgos)

Quién no recuerda, o al menos algunas gentes que tenemos ya unos cuantos años, la imagen de los carteles de Nitrato de Chile. Todavía se conservan en algunos lugares, en algunos de ellos se han restaurado y en otros, desgraciadamente, han desaparecido. En estas dos fotos aparece el `Nitrato de Chile´, el de la portada, existente todavía en el pueblo de Estépar, en la provincia de Burgos.

Son carteles que muestran otra época, una España que ya no existe. Estaban pegados en bares, casinos, ayuntamientos, dispensarios médicos, en las carreteras y en las tiendas de ultramarinos de los pueblos. En un mundo sin televisión -en muchos casos ni siquiera luz eléctrica- eran la única forma de transmitir a una población, con alto número de analfabetos, los grandes cambios que estaban modernizando un mundo arcaico.

El famoso Nitrato de Chile, cuyo dibujo es un icono, fue el rey de los abonos, ese producto que se esparcía en los campos para aumentar la producción. La silueta negra de un jinete sobre su caballo se perfila sobre un fondo amarillo en un mosaico cerámico.

Como se describe en el blog “arte torre” (http://artetorre.blogspot.com.es/2016/07/nitrato-de-chile-un-cartel-para-la.html), el Nitrato de Chile era un fertilizante natural compuesto por nitrato de sodio muy comercializado durante la primera mitad del siglo XX en España procedente de Chile, lugar en el que existían importantes depósitos de este material.

La decadencia de la exportación de nitrato de Chile a otros países comenzó cuando Noruega decidió fabricar nitrato artificial, mucho más barato que el chileno dado que se empleaban medios electroquímicos para su fabricación, lo cual redujo notablemente el coste de la producción.

Otro anuncio del «Nitrato de Chile»

Sin lugar a duda, tal como se afirma en el citado blog, estamos ante uno de esos carteles publicitarios que han evolucionado hasta convertirse hoy en un auténtico símbolo de la sociedad del pasado y que conviene conservar como testimonio antropológico y cultural.

Los vencejos y su vuelo

Vencejo común (Apus apus. Sorbeltz arrunt), en Osorno (Palencia). 15.06.18.

Las notas que permiten el allegro vivace de junio son que los cereales hayan culminado su granear. Que las hojas de los árboles escondan millones de nidos. Que miles de generaciones nuevas de anfibios y peces se apoderen de las aguas. Y que los cachorros de casi todos los mamíferos estén creciendo.

Lo natural no renuncia a dejar estelas de su renovación en todas partes. Una de las más frecuentes, conspicuas y urbanas son las hordas de negros vencejos que chirrían sobre nuestras cabezas por todas partes. No hay azul sobre las ciudades y los pueblos que a partir de estas fechas no sea patrullado por bandadas de estas aves.

Tanto su silueta en uve como los chillidos que conforman su canto son muy familiares durante los meses del verano. Los vencejos comunes, Apus apus, representan la más perfecta adaptación al vuelo que pueda imaginarse en el mundo de las aves. En pueblos y ciudades de la península Ibérica, estos portentosos viajeros, que de Siberia a África pueden recorrer 30.000 kilómetros al año, ceban a sus crías a base de insectos capturados en su planeo.

El pasado 7 de junio se celebró por primera vez el Día Mundial del Vencejo, una iniciativa internacional a la que se ha unido SeoBirdLife en el marco de su campaña ‘Aves de Barrio’. Foto: SeoBirdlife.

Fáciles de reconocer, no sólo por sus gritos, sino también por la silueta con alas muy largas y curvadas hacia atrás, como guadañas. Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población peninsular de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

En este sentido, no hace falta insistir en la importancia de los pájaros insectívoros a la hora de regular las poblaciones de insectos voladores, en este caso mosquitos, y de evitar la formación de plagas. Los vencejos figuran entre los más importantes consumidores de pequeños dípteros, y se desplazan en altura siguiendo la localización de sus bandadas a lo largo del día.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus. Sorbeltz arrunt), en Osorno (Palencia). 15.06.18.

El vencejo se trata de un ave que viene a nuestras tierras en primavera y anuncia la llegada del calor. Es bien conocido por todos, ya que vuelan en grupos de una manera ágil, inquieta, con cientos de quiebros, planeos, cambios de direcciones y cabriolas, emite una serie de chillidos muy estridentes y llamativos fáciles de oír.

Algunos amantes de la ornitología construyen nidos artificiales para estos pájaros maravillosos en sus terrazas o en los tejados: una costumbre muy eficaz para la reproducción de la especie.

Aquí pasarán el verano y desaparecerán a finales de esa estación para volver año tras año de la misma manera y a los mismos lugares. Esperemos que lo sigan haciendo.