Los maravillosos colores del otoño

Comienzos del otoño en Peñacerrada (Álava). Bosque de hayedos. 28.09.17.

El otoño es el tiempo oportuno para aprender a distinguir un árbol de otro por sus frutos. En el corazón de cada semilla late un nuevo árbol. Cuando la semilla ha sido esparcida por el viento, termina la última etapa del ciclo anual de un árbol, que volverá a repetirse indefinidamente año tras año. Pero, además, el otoño en la época en que tiene lugar el extraordinario fenómeno multicolor de las hojas.

La gama multicolor que el otoño extiende sobre el paisaje, es sólo la manifestación de una serie de complicados procedimientos químico-fisiológicos, que de forma invisible se desarrollan en las hojas y en los bosques. La caída de las hojas, especialmente llamativa en otoño, no es la única: esta caída se completa con una caída de las hojas en verano. Este procedimiento se puede definir como una especie de caída de emergencia, con la cual los árboles, especialmente en los meses de sequía, se despojan de aquellas hojas que ya no les son de utilidad.

El verde es el color más abundante que hay en la naturaleza: todas las diversas tonalidades en hojas y en frutos provienen de una sustancia llamada clorofila, que normalmente se forma mediante la luz del sol. Es por ello que las plantas la necesitan para elaborarla. Todos los procesos de descomposición juntos conducen finalmente al juego multicolor del otoño. Al desintegrarse la clorofila sólo quedan las materias colorantes de color amarillo, dando así paso a las hojas de ese color.

Dentro de esta gama pueden observarse el tono amarillo-rojizo, producido por la carotina, o el amarillo-anaranjado, causado por la xantofila o jantina, sustancias éstas que previamente ya estaban presentes en las hojas. Si ésta tiene aún brillo rojizo es porque todavía conserva restos de azúcar que, con las denominadas flavonas -materias que absorben la luz, especialmente la ultravioleta- se sintetizan formando la materia colorante roja antocianina.

Este pigmento, además de producir el color intenso de las amapolas, el arándano y otras floras, también es el causante de los azules y los violetas. Este componente se encuentra igualmente en la savia de las plantas; si la antocianina es ácida, el color que produce es el rojo, mientras que, si es alcalina, genera el azul o el morado. El roble y el arce tienen sus hojas rojas en otoño, porque la antocianina es de tonos rojos o violetas.

Las tonalidades amarillas y rojizas en la hoja indican que ésta está aún viva, mientras que cuando se alcanza el marrón, significa que ya está muerta. Esto sucede porque en sus células ha entrado sin obstáculo oxígeno del aire, provocando con ello un proceso de oxidación. Todo el conjunto de este fascinante proceso natural de descomposición es lo que finalmente conlleva la paleta de colores que nos brinda la madre naturaleza en las especies de árboles caducifolios durante el mágico otoño.

Estampa otoñal en el parque natural de Izki (Alava). 15.11.17.

El haya es, sin duda -conjuntamente con el roble y el castaño-, la especie arbórea más espectacular durante los meses otoñales, porque sus hojas proporcionan, entre octubre y diciembre, toda la variedad de tonos que la pupila del ojo humano puede analizar de golpe al contemplar la maravilla de este proceso.

Sin duda, el otoño es una de las estaciones más bellas y hermosas para disfrutar de la naturaleza. Es el momento del año en el que se visten los bosques caducifolios con sus mejores galas y en el que se despliegan la infinita gama de colores que van del ocre al amarillo como si celebrasen una breve fiesta de despedida.  O una traca de fuegos artificiales que compensara la vergüenza de la desnudez con el que pasarán los meses más fríos del año. Por eso pasear por los bosques en esta estación, es una experiencia que puede llegar a hacer perder el sentido, incluido el de la orientación. Además, el otoño es la época en que se puede observar uno de los fenómenos más espectaculares que se producen, características de dos épocas del año, como es la migración de aves.

Grulla común (Grus grus. Kurrilo arrunta). Laguna de la Nava (Palencia). 15.11.16.

 

 

 

Agur a las aves migratorias, hasta la próxima primavera

Avefría europea (Vanellus vanellus. Hegabera). Montoria (Álava). 10.11.17.

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus ‘vacaciones’ de invierno. El alimento es su principal motivo.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales.

La migración de aves hacia África comenzó hace ya unas semanas y se intensificará más en las próximas, en que nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, millones de alas. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte de Europa, se instalan en nuestro derredor.

Sin duda, en esta época podemos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos.

Un punto estratégico importantísimo en esta migración en Euskal Herria es el Pirineo Occidental. Navarra es un lugar privilegiado para admirar el fascinante viaje de las aves, ya que la Comunidad Foral se encuentra en plena ruta migratoria occidental europea. Todos los años son millones de aves las que utilizan este territorio en sus desplazamientos. Muchas especies prefieren volar sobre tierra que hacerlo por encima del mar, y en su camino a latitudes más al sur o hasta África, las aves se encuentran en esta ruta con una cadena montañosa transversal, los Pirineos, que generalmente atraviesan por sus zonas más favorables. Por lo tanto, el pasillo situado entre el Pirineo navarro y el mar Cantábrico concentra en las épocas migratorias una gran cantidad de aves. Sin duda, el collado de Lindus es un punto importantísimo, entre los municipios navarros, de Burguete y Valcarlos, para la observación.

Técnicos de campo en el Collado de Lindus. Foto: Noticias de Navarra.

Muchas de las más preciosas y más pequeñas de las aves europeas están a punto de abandonarnos, anticipándose ante la llegada del otoño, con la bajada de temperaturas y la ausencia de los insectos que constituyen la base de su alimentación, e iniciarán un largo viaje de miles de kilómetros.

Abejarucos, papamoscas grises y cerrojillos, oropéndolas, alcaudones comunes y dorsirrojos, aviones, golondrinas, etcétera, serán algunas de las muchas especies que se despiden en estos días de septiembre hasta la próxima primavera.

¡Suerte y hasta la próxima primavera!

Paloma Torcaz (Columba palumbus. Pagauso). Montoria (Álava). 12.10.17.

 

El cambio de hora

La Comisión Europea ha decidido que propondrá la desaparición del cambio de hora en la Unión Europea. Siempre he estado en contra del cambio de hora. En mi opinión, se ha dado un cuestionable ahorro energético, que nunca se ha demostrado que sea así.

Haciendo un poco de historia, el cambio de hora comenzó durante la 1ª Guerra Mundial en Alemania, países aliados y zonas ocupadas, al objeto de aprovechar la luz solar extra disponible en primavera y verano. Otros países secundaron la medida, incluido el Estado español, donde dejó de aplicarse en 1951 para retomarse en 1974, tras la crisis energética del 73. Y en el año 2001, una directiva europea impuso como obligatorio el salto adelante y atrás del reloj.

¿Ahorro de energía? Hasta ahora, la Comisión Europea, a través de diversos estudios, ha estimado el ahorro en el consumo eléctrico entre el 0,5 y el 2,5%. La propia Comisión ha valorado este ahorro como “relativamente modesto”. Por el contrario, diversos estudios estiman que el cambio de hora supone un gasto extra de energía.

En otras cuestiones, hay estudios que plantean que el cambio de hora afecta a la salud y a la calidad de vida, y, en esto coinciden, aunque la importancia que se le da es diferente, a los partidarios del cambio de hora y a los no partidarios. Los seres humanos ligan su ritmo con los ritmos naturales.  El cambio de hora perjudica al organismo, el cual debe de reequilibrarse, y, sobre todo, según estos estudios, afecta de manera más acusada a los más pequeños y a los mayores, más apegados a su ritmo biológico.

Es decir, algunos estudios sostienen que el cambio de hora no produce ahorro energético, otros, que es insignificante, y también algunos otros que lo aumenta. Sin embargo, sí que parece que hay unanimidad en que produce trastornos de diversa índole.

¿Por qué, entonces, se ha mantenido durante tantos años el cambio de hora? En mi opinión, por inercia. De esta forma se intenta aparentar que los gobiernos se preocupan por ahorrar energía.

Ahorrar y hacer ahorrar energía debe ser una obligación de la Administración pública. Cambiar de hora no produce ahorro económico ni energético, pero sí distrae de políticas comprometidas con el ahorro y contra el despilfarro energético.

Las libélulas, especie de las más viajeras del planeta

Las libélulas, al igual que las mariposas, son importantes para entender si el medio natural padece fiebre. Sólo viven en aguas limpias, en sistemas de cristal. Las libélulas es una de las especies más antiguas sobre el planeta y son prodigios aerodinámicos que vuelan en todas direcciones, a gran velocidad y durante largos trayectos.

Las libélulas llevan sobre el planeta la friolera de 300 millones de años; es decir, unas 150 veces más edad que nuestra estirpe y, de acuerdo con los últimos datos, unas 2.000 veces más tiempo que la especie a la que pertenecemos.

Acreditada y larga trayectoria que se plasma en que no existe otro grupo zoológico más espléndido y eficaz en el campo de la locomoción aérea. Las libélulas vuelan no sólo a una sorprendente velocidad para un insecto (hasta 50 kilómetros por hora), sino que también consiguen todo tipo de maniobras en el aire. Suben y bajan en línea recta, retroceden marcha atrás, giran en ángulos rectos, se frenan en décimas de segundo… Son capaces incluso de escapar a la persecución de algunos pájaros ciertamente veloces. Cuentan además con dos pares de alas enormes que, al ser transparentes y delicadas, recuerdan que muchas estructuras vivas consiguen convertir lo frágil en poderosísimo.

Las libélulas, más que por su tamaño, destacan por la coloración, las bellísimas tonalidades que se dan cita en su cuerpo. Desde verdes esmeraldas rutilantes hasta naranjas, malvas, azules y amarillos purísimos.

Son muy nómadas, pueden realizar desplazamientos prácticamente migratorios, a lo largo de los cuales recorren centenares y hasta miles de kilómetros.

Como su vida larvaria, de hasta cuatro años, transcurre en el seno de las aguas dulces, y como sus principales cazaderos y territorios nupciales son los cursos fluviales y encharcamientos, allí las contemplaremos mejor y más a menudo.

Imagen de una libélula

La Diputación Foral de Álava presentó el pasado 2 de julio el primer atlas de los odonatos de Álava, que, en sus 165 páginas a color, recoge con detalle las 51 especies de libélulas y caballitos del diablo que habitan en el territorio. Esta publicación es fruto del trabajo de diez años llevado a cabo por José Antonio Gainzarain, del Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN), que incluye fotografías de alta calidad, fichas, mapas y citas actualizadas.

Entre las 51 especies de odonatos de Álava, destaca la Aeshna isoceles, también conocida como libélula de ojos verdes, que vive sólo en el lago Arreo, espacio natural protegido de la Red Natura 2000; o la Brachytron pratense (libélula de primavera), que sorprendió incluso a los expertos cuando la localizaron en la Sierra de Entzia -también espacio Red Natura 2000- por hallarse a 1.000 metros de altitud y a 65 kilómetros de Urdaibai, pese a que se trata de una libélula que suele vivir siempre cerca del mar.

También se ha detectado la presencia de la libélula de kirbyi (Trithemis kirby) que apareció en Álava hace dos años. Es una pequeña libélula procedente de África de color rojo escarlata, muy común en el continente africano y que, en agosto de 2016, fue observada en el río Ebro, a su paso por la localidad de Baños de Ebro.

 

 

Medusas, las ortigas del mar

La Chrysaora Quinquecirrha, en el Aquarium donostiarra. Se trata de un ejemplar de medusa localizable en aguas templadas a lo largo de las costas del océano Atlántico. Foto: Deia.

De acuerdo con la mitología griega, Medusa era una mujer con serpientes en vez de cabellos. Era temida porque con su mirada podía convertir en piedra a cualquier criatura viva. Las medusas también son objeto de temores, pero no por sus capacidades sobrenaturales sino por su molesto veneno.

Las medusas pertenecen al grupo zoológico de los cnidarios. “Cnida” significa, en latín, urticante. Los seres vivos que pertenecen a este grupo tienen unas células con forma de bolsita con un filamento lleno de púas enrollado en su interior. Las medusas poseen millones de estas células en sus tentáculos, que pueden alcanzar los cinco metros de longitud. Los extienden a modo de red y cuando una presa (o un “molesto humano”) entra en contacto con ellos, estas células lanzan como un látigo su filamento cargado de veneno. Se conocen cerca de 4.000 especies de medusas.

Las medusas suelen dejarse arrastrar por las corrientes, “son una especie de paracaídas gigante en el agua. Tienen cierta voluntad de movimiento, pero en distancias largas”. Son capaces de nadar a 55 metros por hora.

Las medusas son en un 95% agua y carecen de ojos y de cerebro. Aunque pican más como método de defensa que de ataque, utilizan sus tentáculos para atrapar comida anestesiando a pequeños peces con el veneno que desprenden.

Hasta hace poco, las medusas han sido un problema que afectaba, sobre todo, al mar Mediterráneo, pero las costas del Cantábrico, más frías y por tanto menos proclives a estas plagas, no lo eran tanto, pero en los tiempos actuales nuestras playas y aguas de baño tampoco se libran ya de estas incómodas visitas, aunque va por épocas.

Según los expertos en la materia, “aquí no llegan las mismas especies que al mar Mediterráneo, pero si se dan las condiciones idóneas como un aumento de la salinidad o un cambio de temperatura brusco -las últimas investigaciones sobre el cambio climático en el País Vasco hablan de un aumento de la temperatura del mar Cantábrico-.

Medusa en el Mediterráneo. Foto: Deia.

El Cantábrico es un mar abierto, con fuerte oleaje y muchas corrientes, lo que no favorece la acumulación de medusas. Pero pueden aparecer cada vez más a menudo según se dé una mayor subida de la temperatura y la escasez de depredadores.

El aumento de la temperatura del agua está trayendo especies cada vez más venenosas como la “Carabela portuguesa”, que proviene de Africa. También en Australia, donde ya registran más muertes por picaduras de medusa que por ataques de tiburón, existen especies altamente dañinas que ya han llegado hasta las costas de Israel y de Grecia a través del Canal de Suez y no se encuentran tan lejos de las costas mediterráneas. Esto se denomina contaminación biológica, que, en el caso de las medusas, se produce sobre todo por los canales, pero también por sueltas de medusas que se han capturado para acuarios. Al no tener en el nuevo medio un depredador natural, si las condiciones son apropiadas, la reproducción es bastante favorable. Es lo que ha pasado con la tortuga de Florida o con el mejillón cebra.

A juicio de cada vez más científicos y expertos en la materia, la aparición de plagas de medusas está en el cambio climático, que contribuye al calentamiento del agua. Otro factor de influencia puede ser la sobrepesca, que tiene como consecuencia una disminución de las especies que se alimentan de medusas, con lo que se rompe el equilibrio natural.

También se cita la presencia, cada vez mayor, de nutrientes derivados de fertilizantes agrícolas vertidos al mar que servirían de alimento a algunas medusas. Por último, la alta salinidad de las aguas, derivadas de una disminución de la lluvia que lleva agua continental al mar, ha podido contribuir a elevar el número de medusas, dado que toleran mal las aguas bajas en sal.

Foto: Pixabay

 

 

Las luciérnagas, luces en la naturaleza

Lampyridae, vista desde cerca, sobre el césped. (D.N) En el bosque Santa Clara del estado mexicano de Tlaxcala se esconde el único santuario de luciérnagas del país.

Las luciérnagas son unos de los pocos animales que producen luz. En el Estado español sólo se encuentra una especie de estos insectos, parientes del escarabajo, que se pueden ver brillar en verano. Los lampíridos (Lampyridae) son una familia de coleópteros polífagos que incluye los insectos conocidos como luciérnagas, bichos de luz, isondúes, cucuyos y gusanos de luz, caracterizados por su capacidad de emitir luz: bioluminiscencia (*).

Algunos animales tienen la capacidad de proporcionarse luz a sí mismos. Una incandescencia que casi nunca usan para alumbrar su propio camino, sino para guiar al otro sexo. Son candiles para el amor.

La bioluminiscencia resulta fascinante por muchos motivos. Uno de ellos es su proceso fisiológico y su control con precisión, es decir, que estos animales se encienden y se apagan a voluntad. Se trata además de la más eficaz. Incluso más que la del sol, pues éste sólo convierte en fotones el 35% de su energía, mientras que los animales luminiscentes consiguen convertir el 95% de la energía empleada en el proceso en radiaciones lumínicas. Todo ello se debe a unas moléculas, de luciferina, que, al ponerse en contacto con el oxígeno atmosférico, con agua metabólica y la enzima luciferasa, se oxida a toda velocidad para originar destellos.

La bioluminiscencia se puede contemplar fácilmente en los mares donde abundan las pequeñas algas unicelulares que, al contacto con algo que se mueve en superficie, se encienden fugazmente.

El brillo del mar lo producen seres vivos (Brett Chatwin). Foto: La Vanguardia.

La otra forma de acercamiento a la bioluminiscencia son las luciérnagas. En la península Ibérica existe únicamente una especie, algo que contrasta con las más de mil que viven en los bosques tropicales y ecuatoriales del planeta. Pero esta luciérnaga, que se encuentra sobre todo en el norte peninsular en regiones de bosques y matorrales, en el tramo final del verano, muy conspicuas, es, como la mayoría de sus parientes, un escarabajo. Sólo emite luz la hembra, que tiene apariencia de gusano y no vuela. Los machos, destinatarios del código de señales luminosas, tienen el aspecto de todos los coleópteros.

Según las filólogas Esther Hernández e Isabel Molina, que publicaron hace ya dos décadas el estudio ‘Los nombres de la luciérnaga en la geografía lingüística de España y América’, las denominaciones aluden, por un lado, a la luminiscencia: lucero, lucerico, lucete o luciente en zonas de Navarra, Aragón y Andalucía oriental. En Cataluña, o en zonas limítrofes, también se usa cuca de llum, y en País Vasco, ipurtargi.

Tienen caparazón y poseen alas para volar en busca de esa fosforescencia que, desde los arbustos o el suelo, los reclama para el amor. Un faro de señales amorosas fosforescentes que desgraciadamente, por la devastadora acción de los insecticidas, también se va apagando.

Luciérnagas en México. Foto: La Vanguardia.

(*) Artículo publicado en “La Vanguardia”, bajo el título “¿Qué es y para qué sirve la bioluminiscencia?”. Interesante.

https://www.lavanguardia.com/natural/animaladas-videos/20180809/451176998857/que-es-para-que-sirve-bioluminiscencia.html

 

 

Las cinco especies invasoras más peligrosas en Euskadi

Visón americano.Neovison vison. Bisoi amerikar

Una especie exótica es la que vino de fuera o, mejor dicho, la que nuestra especie trajo, se quedó y se reproduce con éxito, lo que permite que su población se estabilice y mantenga. Toda especie exótica cambia, más o menos, el ecosistema en el que se establece. Si las alteraciones son graves, se dice que es una especie invasora. Este movimiento de especies a menudo es accidental y llevamos con nosotros, sin querer, aquellas especies que desde antiguo viven con nosotros. Así hemos poblado el mundo de moscas y mosquitos, de ratas y ratones, de gorriones y palomas, y muchas más. Pero, y también muy a menudo, el transporte de especies se ha hecho con nosotros por el mundo con intención y por diversas razones, como las estéticas y para adornar nuestros estanques, caso del cisne; por razones económicas como el visón americano, que han llegado a Europa por el valor de la piel; por razones cinegéticas y piscícolas; o también como mascotas, entre las que citar al mapache, las tortugas de Florida, etcétera. La incursión de especies invasoras es la segunda causa de pérdida de biodiversidad en el mundo.

Euskadi no es ajena a esta realidad. Así, según los inventarios realizados por la Sociedad Pública de Gestión Ambiental (Ihobe), dependiente del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, en nuestra comunidad existen 478 especies de flora ‘enemigas´ -supone una quinta parte de la totalidad de plantas- y otras 50 de fauna exótica.

De todas ellas, y según la Administración vasca, son cinco las especies invasoras más peligrosas y, que, por tanto, preocupan más. Dos de ellas son variedades de flora -Baccharis halimifolia y el Plumero de la Pampa- y tres, especies animales: el visón americano, la avispa asiática y el mejillón cebra.

Visón americano. Neovison vison. Bisoi amerikar. Las poblaciones actuales del visón americano se deben a las fugas y sueltas que se han producido en granjas instaladas en los tres territorios vascos desde principios de los 80 hasta finales de los 90. Está demostrado que la regresión del visón europeo comenzó antes de la introducción del visón americano en Europa, pero la presencia del invasor ha agravado su situación. Este último es algo más grande, más prolífico, más oportunista y más cazador. Las dos especies ocupan nichos ecológicos casi idénticos, por lo que su coincidencia lleva a la exclusión de uno de ellos, que es el caso del visón europeo. Al visón americano se le combate a través de la captura de la instalación de plataformas fluviales flotantes en los ríos, que, en el caso de Álava, ha permitido controlar la situación.

La avispa asiática.Vespa velutina. Liztorra asiako. Es originaria de Asia y se detectó por primera vez en el continente europeo en 2004, concretamente en Francia, desde donde entró en 2010 en Gipuzkoa. Su principal víctima es la abeja, y su intento de erradicación es muy complejo. Los planes de control pasan por atrapar los ejemplares de reinas y la destrucción de nidos.

La avispa asiática. Vespa velutina. Liztorra asiako.

Mejillón cebra. Dreissena polymorpha. Muskuilu zebra. Con un tamaño de dos a tres centímetros en su fase adulta, sus principales impactos son económicos, adhiriéndose a las redes de distribución de agua, de riego y abastecimiento, afectando a la calidad del suministro. Una vez se instala en una cuenca, su erradicación es casi imposible.

Mejillón cebra. Dreissena polymorpha. Muskuilu zebra

Uno de los casos más llamativos de plantas invasoras es el Plumero o Hierba de la Pampa, que llegó a la península Ibérica a principios del siglo pasado, con el fin de adornar los jardines de las grandes casas y que actualmente llega camino de convertirse en una auténtica plaga. El plumero, conocido científicamente como Cortaderia selloana, que tiene un porte espectacular y esbelto, es muy fácil de distinguirla, ya que tiene como principal característica un penacho de color plateado que llega a elevarse por encima de los dos metros de altura.

Se ha ido adueñando de los márgenes de las carreteras o vías de ferrocarril, los campos de siega o la orilla de los ríos, pero también de humedales, marismas y arenales costeros, debido a que tiene una capacidad de reproducción asombrosa. Hoy en día, numerosas localidades vascas, con el apoyo de la Agencia Vasca del Agua, Diputaciones y Gobierno Vasco hacen grandes esfuerzos para erradicarla.

Plumero o Hierba de la Pampa. Cortaderia selloana

No menos llamativa que el Plumero ha sido la expansión de la especie Chilca Baccharis halimifolia, un arbusto leñoso procedente de la costa atlántica de América del Norte, que a mediados del siglo XX se extendió por la costa atlántica del sureste de Francia y la costa cantábrica de la Península Ibérica, a partir de ejemplares cultivados con fines ornamentales, y que está colonizando desde hace unos años zonas importantes de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, y de la Bahía de Txingudi y Lea. Gracias a un proyecto LIFE para la recuperación de estuarios, se han realizado tratamientos de eliminación en más de 750.000 hectáreas de las citadas zonas. En total, se han tratado 570.000 arbustos.

Chilca Baccharis halimifolia. Foto: Oficina Técnica de Urdaibai.

 

 

Las aves migratorias, héroes del aire

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (Navarra). 24.06.18.

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus ‘vacaciones’ de invierno.

Sobre nuestras cabezas vuelan auténticos héroes que son protagonistas de proezas inimaginables. Dos veces al año nos ofrecen la oportunidad de ser testigos de excepción de sus hazañas. Miles y miles de aves emigran en busca de un clima más benigno y el lugar idóneo para reproducirse.

Millones de ellas pasan por puntos muy concretos de la Península Ibérica, como los Pirineos y por el Estrecho de Gibraltar, siendo las protagonistas de un viaje prodigioso que puede llegar a durar semanas, hasta meses, recorriendo miles y miles de kilómetros. En pocas semanas, nuestros héroes emprenderán el segundo gran viaje del año, desde Europa a África, donde pasarán el invierno tras terminar el período de reproducción.

Así, por ejemplo, el halcón abejero (Pernis apivorus, Zapelatz liztorjale), no toma alimento alguno en los cerca de 5.000 kilómetros que recorre desde sus zonas de cría en Europa y las de invernada en África.

Otro de nuestros héroes, es el vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población de la península Ibérica de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (navarra). 24.06.18.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (Navarra). 24.06.18.

Grecia se viste de luto

Foto: Deia

La peor tragedia natural en la historia reciente de Grecia ha dejado desde el lunes 84 muertos, cantidad de desaparecidos y más de 180 heridos tras el paso de una lengua de fuego por el norte y noroeste del Ática, la región que rodea la capital griega. Hasta el pasado lunes, el peor incendio en la historia reciente de Grecia era el declarado en el verano de 2007 en el Peloponeso y la isla de Evia, que se cobró entre 70 y 77 vidas.

Incendios que han provocado en el Estado español graves tragedias hemos tenido muchas, pero ni aquí ni allí se pueden decir que han sido solo “accidentes”. Son producto de causas concretas más allá de la existencia de pirómanos asesinos. Vivimos en el Mediterráneo, un ecosistema maravilloso, pero muy frágil, por lo que el cuidado de las tierras y bosques es fundamental. La gestión preventiva es esencial.

En los últimos tiempos, la situación se ve agravada por el cambio climático y los riesgos crecen con un urbanismo especulativo, a lo que hay que añadir las políticas de recortes que se están imponiendo en casi todo, y por supuesto también en las inversiones necesarias en sectores estratégicos para evitar la tragedia: políticas preventivas, gestión forestal, gestión del recurso agua, políticas de emergencia y evacuación, etcétera.

Foto: Deia.

Los violentos incendios que han ocurrido en últimas horas en Grecia figuran entre los más mortíferos en Europa en lo que va de siglo, con los de Portugal en 2017, donde murieron 64 personas y más de 250 resultaron heridas en un gigantesco incendio forestal que se declaró el en Pedrogao Grande, en el centro del país.

Asimismo, el cambio climático enfrenta a los países nórdicos a un riesgo que hasta este momento desconocían. Por primera vez los bosques de Finlandia, Noruega y Suecia están sufriendo las temperaturas y el estrés hídrico que hacen posible los grandes incendios.

Los expertos en la lucha contra este tipo de siniestros que se comportan como más destructivos, más rápidos y más imprevisibles, coinciden en que la aparición de esta nueva familia de incendios, denominados de 6ª generación, es una consecuencia más del cambio climático. Suelos extremadamente secos, extenuados ante la ausencia de agua, y la inestabilidad de una meteorología que se salta los patrones estacionales habituales son el escenario idóneo para que se produzcan estas “tormentas de fuego”.

Estamos, pues, en la era de los Incendios forestales de última generación (6ª), que cuando las condiciones meteorológicas hacen pensar que el incendio va a ir perdiendo virulencia progresivamente es cuando realmente desarrolla su mayor agresividad. Esta situación hace que pierda sentido que se siga apostando en los países mediterráneos, como España, por campañas contra los incendios circunscritos al verano. Se necesita una estrategia más decidida contra el cambio climático a nivel general, y a corto plazo, hay que seguir luchando contra los incendios reforzando los aspectos más olvidados. Así, la extinción no es una solución al problema, sino únicamente la respuesta del sistema a la alarma puntual.  No, el bosque pide que se invierta en prevención. Que no se gaste el dinero público en apagar fuegos, sino en evitarlos. Una inversión a largo plazo que afecta a múltiples políticas, sobre todo a la forestal, que se resiste a abandonar sus objetivos meramente productivistas. Una inversión que, sin duda, terminará por dejarnos mayores réditos a todos. En estos momentos, cabe expresar la máxima condolencia por las víctimas y la plena solidaridad con sus familias.

Solidaridad en Grecia. Foto: Deia.

Los sonidos de las aves

El `tamborileo del pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia.).Parque Natural de Izki (Araba). 11.07.17.

Los ornitólogos y amantes de la naturaleza en general, sabemos que a veces es más fiable la cita de una especie detectada por su canto que a través de la vista. Además, muchos animales son más patentes por sus emisiones sonoras que por otras actividades. Todo lo cual convierte a los sonidos animales y a los registros que se hacen de ellos en una herramienta valiosísima para cualquier estudio sobre presencia y abundancia, así como para detectar cambios de tendencia a lo largo del tiempo. En otras palabras, para estudiar la biodiversidad.

Escuchar la naturaleza es un gran placer estético. Las vibraciones de las moléculas de aire (o de agua) que llamamos sonido encierran no sólo belleza, sino también mucha información. En todo tipo de medios se escucha cómo los animales tratan de comunicarse a distancia sobre el ruido de fondo, causado tanto por otros animales (incluso los humanos y sus actividades) como por el medio físico (agua, viento). El sonido es un sistema de comunicación valioso, pues evita los obstáculos y puede alcanzar grandes distancias. Los grupos más puramente acústicos dentro de los animales son los ortópteros, las cigarras, los anuros (anfibios sin cola) y las aves. A ellos habría que añadir los murciélagos y los mamíferos marinos, que también utilizan el medio acústico para orientarse a través de la ecolocalización.

El popular jilguero (Carduelis carduelis. Kardantxiloa) tiene un canto muy especial y agradable. Villafáfila (Zamora). 22.11.16.

La mayoría de las señales acústicas a larga distancia tienen un mensaje único: “soy un macho de la especie X, si eres una hembra receptiva de mi especie acércate, si eres otro macho de mi especie, aléjate”. Por consiguiente, la información sobre la identidad de la especie es muy importante en estos mensajes. El canto es pues algo así como la firma de identidad de las especies, la característica que utilizan las hembras para decidir con quién aparearse.

Por otro lado, el sonido es efímero y puede ser difícil de localizar, tanto por el receptor como por potenciales depredadores, pero los sistemas de grabación de audio permiten capturar y estudiar con detenimiento estos sonidos y los registros pueden ser de gran utilidad para mejorar el conocimiento de la naturaleza. Hoy en día hay importantes estudios científicos sobre los sonidos naturales, tanto en medios terrestres como en el medio marino. Las colecciones científicas de sonidos son los depósitos de estos materiales y permiten investigar diferentes aspectos de la naturaleza.

Las colecciones de sonidos emitidos por animales recopilan, clasifican y almacenan los registros de las principales especies que usan señales acústicas, así como paisajes sonoros de los medios naturales. Todo este material se reúne en las denominadas “colecciones bioacústicas”, donde se conserva y actualiza la información garantizando su acceso y ofreciendo una herramienta sumamente útil para el estudio y la conservación de la biodiversidad. Además, por supuesto, tiene un gran interés como recurso educativo.

El Petirrojo europeo (Erithacus rubecula. Txantxangorria) tiene un canto que es un gorjeo musical, parecido al del ruiseñor. Sobrón (Araba). 15.02.17.