Las castañas, uno de los regalos que nos trae el otoño

Castaño. Castanea sativa. Gaztainondo.

Algunas especies, o alguna de sus partes, que, si bien en un primer momento poco o nada tienen de atractivo, al florecer o madurar sus frutos, tornan la distancia que repelía en algo cercano y bello. Tales metamorfosis quedan justificadas por la necesidad de pasar lo más inadvertido posible o de protegerse férreamente ante los posibles enemigos naturales. Las semillas de las plantas a menudo se acorazan en el seno de cápsulas duras, feas o pinchudas, y en su interior van incrementándose a resguardo de amenazas. Así, los frutos consiguen emerger sin daños ni pérdidas en el momento oportuno, es decir, el de que pueda iniciarse la nueva fase de un ciclo de renovación.

Es el caso de las castañas, que en estos días y hasta finales de noviembre, los erizos se rajan por la sazón de los frutos, y se asoman resplandecientes y consistentes y se pueden recolectar hasta finales de noviembre. Estos espléndidos frutos han pasado los últimos cinco meses en el seno de una esfera muy similar a la de los erizos marinos, es decir, por completo hirsuta e inabordable por estar recubierta de muchos centenares de espinas, en este caso finísimas y en consecuencia muy disuasorias.

Bolas primero diminutas y verdes que engordaron y amarillearon muy lentamente a lo largo del verano para reventar, tras rajarse por el impulso de la sazón de los tres frutos que contienen. Las castañas son uno de los regalos que nos trae el otoño. Beneficiadas por las lluvias de septiembre, ya caen al suelo o son vareadas en los mejores castañares de la península Ibérica, que nos acompañan en buena parte del norte peninsular.

“Gaztaina eguna-Día de la castaña” que se celebra todos los años en el municipio vizcaíno de Orozko, donde se rememora su estrecho vínculo con los castaños.

Pero, si agradable resulta recolectar y comer castañas, el otoño de los castañares merece la pena un paseo entre ellos. En primer lugar, porque sus hojas, antes de tomar un tono beis oscuro, adquieren todas las gamas del amarillo y del ocre. Es decir, de espléndidos dorados.

El castaño es uno de los árboles más hermosos. Forma frondosa copa con sus hojas de borde aserrado. Sus troncos transmiten la seguridad de lo tenaz y longevo. De hecho, no son raros los ejemplares enormes, por ser varias veces centenarios. Algunos de ellos son capaces de producir hasta 400 kilos de castañas. Eso cuando está solo, porque si alcanza a ser bosque, el resultado es soberbio.

Los castañares convierten nuestros pasos en crujientes. Porque estaremos apoyándonos en uno de los suelos más orgánicos, como corresponde a árboles que todos los años aportan a sus raíces varios miles de kilos de sus propias hojas por hectárea. El castaño, conocido científicamente con el nombre de castanea savia, perteneciente a la familia de los fagaceae y nativo de climas templados del hemisferio norte, es un árbol autóctono en la Península Ibérica, como muestran análisis polínicos del Cuaternario.

En la Sierra de O Courel (Galicia), uno de sus huéspedes más insignes es el imponente castaño, que comparte hábitat con robles, tejos, hayas, fresnos, alisos, avellanos y acebos.

 

La migración otoñal de aves

Paloma torcaz (Columba palumbus. Pagauso). Montoria (Alava). 31.10.17.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales. ¿De dónde venían todas esas aves que aparecían en ciertas épocas del año y a dónde se iban cuando desaparecían? Algunas de las respuestas que se dieron antaño pueden resultarnos hoy cómicas, pero hubo un tiempo en el que se creyó firmemente que las aves se escondían para hibernar, que ciertas especies se convertían en otras e incluso que algunas migraban a la luna. Varias de estas ideas erróneas perduraron sorprendentemente durante muchos siglos entre la comunidad científica. Por ejemplo, en sus Migrationes Avium de 1757 Linneo seguía defendiendo las teorías de Aristóteles y aseguraba que las golondrinas se enterraban en los fangos de lagos y bahías de manera similar a los anfibios para pasar el invierno y emerger de su entierro llegada la primavera.

No fue hasta principios del siglo XIX cuando empezaron a realizarse de manera sistemática los primeros estudios sobre la migración de las aves con el propósito de averiguar a dónde iban y de dónde venían ciertas especies. Se comenzó de la manera más simple posible: observando. La lenta pero incesante acumulación de información acerca de cuándo y dónde llegaban, pasaban o se iban, dio sus frutos y a mediados del XIX ya se conocía el calendario de estancia de muchas especies.

Las numerosas expediciones naturalistas a África también fueron trascendentales al observar y recolectar en invierno ejemplares pertenecientes a las mismas especies que se encontraban en Europa sólo durante la primavera y el verano. No en vano, dos siglos antes el naturalista francés Pierre Belon ya decía que las planicies egipcias se tornaban blancas de tantas cigüeñas como allí se concentraban en septiembre y octubre, y no iba desencaminado al decir que se marchaban a África porque allí no hacía tanto frío en invierno como en Europa, mientras que regresaban aquí para huir del calor tórrido del desierto en verano.

Precisamente fue una cigüeña, cazada en 1822 en Alemania, el ave que proporcionó la primera prueba material de que había estado en África, al encontrársele clavada una flecha que por sus características pertenecía a alguna de las tribus que por aquel entonces poblaban la región occidental subsahariana. Pero hasta la introducción del anillamiento a finales del siglo XIX no se pudieron establecer vínculos inequívocos entre sus lugares de origen y destino. Esto permitió trazar con precisión las zonas de paso e invernada de muchas especies y poblaciones. No obstante, después de un siglo y con decenas de millones de individuos marcados, el anillamiento sigue resultando infructuoso para muchas especies debido a las bajísimas tasas de recuperación, lo que genera, aún hoy, importantes lagunas sobre aspectos básicos de la migración de algunas aves.

Cada anilla lleva un número a modo de DNI y una dirección o remite de contacto. El anillamiento es el método más barato y general, pero las últimas tecnologías permiten hoy emplear sistemas de geolocalización y seguimiento remoto como emisores satélite-GPS, geolocalizadores y datalogger. Estos nuevos sistemas de marcaje aportan información mucho más detallada sobre el pájaro. Establecen la localización del ave varias veces al día durante años, por lo que permiten conocer matices como cuánto tiempo permanecen en sus áreas de cría e invernada, cuándo inician su migración, por dónde la realizan, en qué puntos paran para descansar, su velocidad de migración y numerosos aspectos hasta ahora desconocidos.

Estamos en unas fechas y todavía lo serán más en las próximas semanas, en que nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, mil millones de alas. Tengamos en cuenta que los expertos ornitólogos estiman que la población de aves invernantes en la península Ibérica puede alcanzar la cifra de unos 500 millones. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte de Europa, se instalan en nuestro derredor.

Una buena parte son pequeños pájaros, dispersos y bastante silenciosos. Pero a su lado podremos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos.

Algunas de estas agregaciones infinitas se desplazan con notable orden. Caso de gaviotas, cormoranes, patos, grullas y garcillas, que dibujan en el cielo triángulos sin base, la letra uve, líneas oblicuas, a veces un rombo casi perfecto.

Grulla común (Grus grus. Kurrilo arrunt). Laguna de la Nava (Palencia). 18.11.17.

Otras bandadas, como las de estorninos, grajillas, palomas, avefrías, rapaces, alondras, pardillos, jilgueros, verdecillos, trigueros… son el mejor ejemplo de que el caos es sólo el primer paso de la armonía. De que el revoltijo es regocijo para la mirada. Esa que encontrará, en los cielos más limpios del año, una capacidad infinita para convertir lo compuesto por incontables partes en un todo de prodigiosas sincronías.

Euskal Herria es un lugar privilegiado para admirar el fascinante viaje de las aves, ya que nuestra comunidad se encuentra en plena ruta migratoria occidental europea. Todos los años son millones de aves las que utilizan este territorio en sus desplazamientos. El pasillo situado entre el Pirineo navarro y el mar Cantábrico concentra en las épocas migratorias una gran cantidad de aves.

Varios ornitólogos observando aves migratorias en el collado de Lindus, Pirineo navarro. (Heda Comunicación). 08.10.18.

Día Mundial de las Aves

Grulla común. Grus grus. Kurrilo arrunta. Montoria (Alava). 09.10.17

Como en años anteriores el primer fin de semana de octubre se celebra a nivel internacional el Día Mundial de las Aves. Este año tendrá lugar el 6 y 7 de octubre. En Euskadi, está previsto que se organicen diversas actividades para dar a conocer la importancia de su conservación. No en vano, nuestra comunidad, a pesar de su pequeña extensión, dispone de interesantes recursos para los amantes de la observación de aves y de la naturaleza en general. La gran variedad de paisajes y ecosistemas que alberga un área tan reducida posibilita la coexistencia de comunidades de aves diversas y bien diferenciadas.

Un 23% del territorio vasco incluido en la Red Natura 2000 (Zonas de Especial Protección para las Aves y Lugares de Importancia Comunitaria), un 10,6 % dentro de la Red de Espacios Naturales Protegidos del País Vasco y siete Humedales reconocidos de Importancia Internacional (Ramsar), son cifras que avalan el alto nivel de conservación del medio natural y la biodiversidad en nuestra comunidad.

Hay otros datos a tener en cuenta en relación con las aves. Así, por ejemplo, de las 563 especies que se pueden ver en la península Ibérica, 347 se han observado en Euskadi. Es decir, el 61% de todas las aves presentes en el territorio peninsular surcan nuestros cielos. De esas 563, el 45% se pueden encontrar en estuarios como Urdaibai en Bizkaia o Txingudi en Gipuzkoa. Por otra parte, el Parque Natural de Izki, en Alava, alberga una de las mejores poblaciones ibéricas tanto en número como en estado de conservación de pico mediano, un raro pájaro carpintero, verdadera joya ornitológica del parque. En el humedal de Salburua, en Vitoria-Gasteiz, su estratégica situación en plena ruta migratoria permite que miles de aves usen la zona a lo largo de sus viajes, encontrando tranquilidad y abundante alimento. El carricerín cejudo, la garza imperial, la cerceta carretona o la espátula son sólo algunas de las aves amenazadas que recalan en Salburua en sus viajes migratorios.

Otras zonas interesantes para el avistamiento de aves en el territorio vasco son el Parque Natural de Gorbeia, el Parque Natural de Aizkorri-Aratz, la Sierra de Entzia, Montes de Urdunte, las Lagunas de Laguardia y un largo etcétera.

El Día Mundial de las Aves es la fiesta grande de todas y todos los que estamos enamorados de las aves y es una inmejorable oportunidad para descubrir este mundo que puede ser apasionante para todos los que aún no lo conocen. Pero, también debe servir para advertir de las graves consecuencias que el cambio climático está produciendo sobre esos animales y sus hábitats, que puede provocar previsiblemente la extinción a medio plazo de un importante número de especies.

Uno de los efectos más notables del cambio climático es la migración, y entre ellos, está el adelantamiento en respuesta al aumento de las temperaturas. Un ejemplo, son las golondrinas, que cada primavera regresan antes de África -en medio siglo se han adelantado dos semanas-. Eso provoca que realicen la reproducción cuando la disponibilidad de alimento es escasa, lo que pone en riesgo el éxito de la época de cría. Patrones similares se dan para otras especies, como el vencejo o la abubilla.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.18.

Todos los estudios realizados al respecto apuntan a la próxima extinción de un gran número de especies de vertebrados por todo el mundo a causa del cambio climático, una parte importante de las cuales son aves. Incluso especies de aves muy comunes hasta ahora, como el gorrión común o el ánade azulón, están viendo mermadas sus poblaciones por esta suma de fenómenos agravados por el cambio climático.

Por estas razones, es fundamental reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero, para lo que es imprescindible lograr cambios en el sistema productivo, energético, de transporte, etcétera. Resulta imposible mitigar el cambio climático y adaptarnos a él manteniendo el mismo modelo de producción y consumo, considerando a la biodiversidad un mero recurso, superando los límites del planeta y agravando la vulnerabilidad y el riesgo de degradación de los ecosistemas.

Espátula común. Plateinae. Mokozabala. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 20.07.17.

 

Sobre el aire de Bilbao

Cogestión de coches en el centro de Bilbao

HACE más de cuatro décadas, la zona metropolitana de Bilbao, así como otras de Euskadi, eran lugares que presentaban un aire bastante contaminado. Sin embargo, con el paso de los años la situación ha ido cambiando. Han quedado atrás los importantes problemas de contaminación que presentaban sus cielos allá por los años 70 y 80. Recordando esos tiempos, convendría decir que Bilbao perdió en el año 2000 el título de “zona de atmósfera contaminada”, una declaración que arrastraba desde 1977 por la “degradación del aire”.

Todavía recuerdo esos años 70 en que vine a estudiar a la entonces Universidad de Bilbao (hoy Universidad del País Vasco), cuando veíamos el cielo casi siempre de color gris debido a la contaminación existente, fundamentalmente de origen industrial. Sin embargo, en los últimos diez años, la reducción de los niveles de contaminación en Bilbao y en el resto de la geografía vasca ha sido notable, con una clara tendencia positiva de los indicadores de calidad del aire, tal como se plasma en el último Perfil Ambiental de Euskadi, que elabora el departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco. Dicho Perfil muestra, por ejemplo, que el número de días calificados de “muy buenos”, “buenos” y “mejorables” son entre el 90% y el 100%.

Entre las causas que han contribuido a esa reducción de la contaminación atmosférica se encuentra la reducción de emisiones debido al cierre de empresas, pero también la mejora de los combustibles, el empleo de tecnologías más limpias, una legislación más exigente, etcétera. Así, cabe citar las Autorizaciones Ambientales Integradas, trámite previo a cualquier actividad, la regularización de focos para actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera, las licencias de actividad u otras cuestiones.

No obstante, hoy en día y pensando en el futuro, uno de los problemas más importantes de contaminación atmosférica es la generada por el tráfico de vehículos. Concretamente, el tráfico urbano es el responsable de la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, como el dióxido de nitrógeno. En una ciudad tipo, el 60% del dióxido de nitrógeno procede del tráfico y la diferencia con las emisiones de una central térmica o una industria es que los vehículos conviven con las personas.

En base a los últimos informes elaborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se apunta que la contaminación del aire en áreas urbanas continúa progresando a paso alarmante, con efectos devastadores sobre la salud humana.

Otro tema importante de la movilidad urbana es que supone alrededor del 40% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal causante del cambio climático. En los últimos tiempos se suceden fenómenos meteorológicos muy extremos y devastadores que nos vuelven a poner en primer plano lo que desde hace tiempo nos vienen advirtiendo los científicos de que una de las primeras manifestaciones del cambio climático será la intensificación de fenómenos climáticos, que son ya habituales, pero que cada vez serán más frecuentes y más devastadores.

El año 2017 figura, junto a 2014 y 2015, como el año más cálido de la historia desde que se tienen registros y la temperatura media de la tierra sigue elevándose. De no cumplir con el Acuerdo de París -último tratado internacional legalmente vinculante, establecido en esa ciudad en diciembre de 2015- podemos superar un aumento de dos grados centígrados al finalizar el presente siglo, respecto a los niveles preindustriales (1880), que es el límite acordado en la capital francesa.

Un tercer impacto es que el actual modelo de movilidad urbana no solo causa muertes, sino también mucho dinero. La Comisión Europea estima que la congestión del tráfico en nuestras ciudades, contabilizando diversas variables como el tiempo perdido, el combustible desperdiciado, etc., asciende a 100.000 millones de euros, lo que representa un 1% del PIB cada año en la Unión Europea.

Pues bien. El pasado 25 de septiembre, este diario daba la noticia de que en la estación de la Red de Calidad del Aire de la calle María Díaz de Haro de Bilbao, según el último informe del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, se habían vuelto a superar en 2017 los índices legales anuales de un tipo de contaminante, el dióxido de nitrógeno. Concretamente, la citada estación registró una media de 43 microgramos por metro cúbico, cuando el máximo es de 40. Esta fue la única de las 53 estaciones de control de la calidad del aire del Gobierno vasco en las que se superó el valor límite anual (43 µg/m3 sobre 40 µg/m3) de este contaminante (NO2). Se da la circunstancia de que los valores medios anuales de esta sustancia contabilizados en 2016 por esta estación, cuando se registró otro pico, fueron menores: de 41,7.

En lo referente a Bilbao, actualmente la red de vigilancia, cuya competencia es del Gobierno vasco, cuenta con cuatro estaciones -Parque Europa de Txurdinaga, monte Arraiz (controlada por la planta de incineración de residuos, Zabalgarbi), calles Mazarredo y María Díaz de Haro (estas dos últimas centradas en examinar los humos de los tubos de escape- en la que se miden los índices de contaminantes como dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, partículas u ozono (O3).

Sin duda, los datos registrados en la calle María Díaz de Haro señalan la necesidad de mejora, para lo cual hay que adoptar medidas. Hay que tener en cuenta que Bilbao soporta a diario la entrada de 95.000 vehículos a través de sus ocho accesos principales, aunque un dato muy positivo es que sus residentes -la ciudad tiene 342.000 habitantes- apenas recurren al coche privado para la circulación interna. Solo lo hace el 11%. Más de la mitad se mueve a pie, mientras que el 23% va en transporte público.

Hay que apostar de forma decidida por el uso de la bicicleta. Foto: Deia.

Las soluciones puestas en marcha en algunas capitales europeas donde se han tomado más en serio el peligro -es el caso de ciudades como París, Berlín, Hamburgo, Helsinki, Oslo y otras- que supone la contaminación atmosférica proveniente de los vehículos motorizados pasan por un cambio progresivo del modelo de transporte existente en la actualidad. Se trata de impulsar los desplazamientos a pie, en bicicleta o en transporte público, para lo cual hace falta más concienciación y sensibilización en el conjunto de la sociedad. Pero también es necesario arbitrar medidas que reduzcan el tráfico, aunque en un primer momento sean antipopulares. El primer deber de los poderes públicos es garantizar la salud de las ciudadanas y los ciudadanos y es evidente que el grado de suciedad del aire, causado principalmente en las ciudades por las emisiones de los motores de combustión, atacan la salubridad general de la población.

Hoy en día, para conseguir una movilidad sostenible es necesaria la modernización del parque automovilístico y sustituirlo progresivamente, pero de forma firme, por uno totalmente eléctrico basado en las energías renovables; apostar de forma decidida por las alternativas más sostenibles como el uso de la bicicleta o caminar para nuestros desplazamientos urbanos, y hacer realidad la inevitable reducción del tráfico en la ciudad.

Parada del Metro.

Las cigüeñas blancas ya no migran

Nido de cigüeña blanca en el Humedal de Salburua. 28.01.18.

Numerosos estudios y observaciones confirman que la cigüeña blanca (Ciconia ciconia, Zikoina zuri) ha dejado de hacer sus migraciones en otoño, fecha en la que antiguamente emprendía sus vuelos para invernar al sur del Sahara (Senegal, Malí, sur de Mauritania y Chad…). Ha decidido quedarse en la península Ibérica. ¿Por qué? La presencia de numerosos vertederos en la Península, donde encuentran abundante comida y unos inviernos frecuentemente suaves hacen que estas aves hayan optado por no atravesar el Estrecho y reducir vuelos migratorios y gasto de energías.

Es un comportamiento que están adoptando otras aves también: el águila calzada, el milano negro, la golondrina común o el avión común han empezado a adoptar el mismo patrón.

Tradicionalmente, las cigüeñas blancas llegaban a la Península en febrero y ocupaban el nido del año anterior en campanarios, torreones u otros puntos elevados. Empezaba entonces su ciclo de celo y de cría, y regresaban a sus cuarteles de invierno en África en el otoño.

Pero todo esto ha cambiado en los últimos años. Los animales prefieren evitar este trayecto, según ponen de manifiesto los censos de aves invernantes elaborados por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) y los marcajes con estas aves.

Los datos son clarificadores. En 1995, el censo de cigüeñas invernantes en el Estado español lo componían unos 7.000 ejemplares. En el 2004, la cifra ascendió a unos 32.000 ejemplares, y el último invierno en España se quedaron unas 65.000 cigüeñas, según las estimaciones de Juan Carlos del Moral, responsable de estos censos de SEO/BirdLife.

Los vertederos de residuos domésticos se han convertido en una fuente segura de comida. La comida abundante hace innecesario para estas aves emprender lejanos y arriesgados vuelos. Es un cambio aprendido, y eso explica el diferente comportamiento que muestra adultos y jóvenes: “El 80% de las cigüeñas que hemos marcado con transmisores optan por quedarse en el Península, mientras que, en sentido contrario, hemos comprobado que el 80% de las aves que fueron marcadas cuando eran polluelos en el nido hacen esa migración”, dice Juan Carlos del Moral.

Cigüeñas en el vertedero de Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). 18.02.18.

El factor climático está siendo decisivo. Antiguamente, la mayor parte de la Península, o, al menos, gran parte de ella, estaba helada o cubierta de nieve, lo que dejaba a las cigüeñas sin alimento. Pero, ahora, no sólo tienen vertederos, sino que los suelos y las charcas no están heladas, con lo que encuentran fuentes de alimentación en el campo durante todo el invierno. En la dieta de las cigüeñas destacan todo tipo de pequeños vertebrados, como lagartijas, sapos o ratones, así como crustáceos, langostas o gusanos. De la misma manera, el cangrejo rojo americano, introducido hace unas décadas en España, es ahora un habitual en la dieta en arrozales y humedales.

Mientras tanto, la dependencia alimentaria de los vertederos está teniendo efectos indeseados sobre las cigüeñas. Tener garantizada la comida de manera tan artificial es un arma de doble filo. Las cigüeñas no se contentan con aprovechar los detritus orgánicos, sino que encuentran en los depósitos de basura todo tipo de residuos para fabricar los nidos, como los plásticos. No solo pueden ingerir aguas y líquidos contaminados y moverse entre basura donde resultan atrapadas o lesionadas. Por desgracia, se repiten sucesos en los que las aves ingieren gomas de plásticos que confunden con gusanos.

El éxito biológico y la recuperación de las cigüeñas se asienta, pues, sobre pilares muy endebles: una gestión de los residuos bastante deficiente y que, en cualquier caso, evidencia la necesidad de aumentar los niveles de aprovechamiento. ¿Qué pasaría, pues, si estos vertederos desaparecieran? Hay que tener en cuenta que las nuevas políticas de la UE en materia de residuos tienen como objetivo que los desechos orgánicos solo sean un 10% de los que se produzcan en el 2035. El día que se aborde seriamente la reducción de la basura de los vertederos las cigüeñas tendrán un problema. Entonces, deberán buscar otros recursos alimentarios, y las cigüeñas tendrán que buscar otras zonas. Pero en la dispersión ya no criarán tanto y la población descenderá, posiblemente. Entonces, ¿volverán a tener que recuperar su instinto migrador?

Cigüeñas copulando en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 25.04.17.

Lechuza común, la reina de la noche

Una de las principales causas de su declive es la radical transformación del medio agrario. Foto: Pixabay.

El término lechuza se emplea para nombrar las especies de aves de la familia Tytonidae (orden Strigiformes), que son unas 15 especies clasificadas en dos géneros: Tyto y Phodilus. La mayoría de los tipos de lechuzas se encuentran en peligro de extinción. La lechuza común o luétiga, Tyto alba (Scopoli, 1769) es una especie que habita los cinco continentes, y que se encuentra en el Estado español en declive.

Son pequeñas rapaces nocturnas que pesan unos 350 gramos, miden hasta 35 cm. de longitud y hasta 95 cm. de envergadura, todo su cuerpo está cubierto de plumas, incluso sus dedos.  Sedentaria, sin hábitos migratorios, viven en soledad o en parejas. No construye nidos y pone de 4 a 7 huevos en huecos de árboles, graneros, campanarios, etcétera, y le gusta vivir en zonas rurales.

Su dieta alimenticia se basa preferentemente en pequeños mamíferos, aunque también consume otras aves, insectos o reptiles. Cazan con gran sigilo gracias a una vista adaptada a la oscuridad y un oído excepcional.

Cuando, paseando de noche por el pueblo, una lechuza grande sobrevuela nuestras cabezas deja una extraña sensación en el cuerpo, porque no se la oye volar debido a un plumaje diferente al del resto de aves. Luego están los lúgubres sonidos que emite por las noches, esto unido a la capacidad de fabular de los humanos ha asociado este animal con mitos que la relacionan con la muerte, las desgracias, y otras creencias injustificadas que en otros tiempos las ha llevado a ser perseguidas.

Por el declive de sus poblaciones, que en algunos puntos del Estado Español alcanza el 50% en la última década, la lechuza común ha sido elegida Ave del Año 2018. Como cada año, la organización SEO/BirdLife ha elegido por votación popular a un ave característica de los paisajes españoles que pasa por un mal momento. “La ciudadanía ha decidido que pongamos el foco en la lechuza común. En silencio, como cuando vuela, esta especie nos avisa, desde hace años, sobre la paulatina pérdida de vida en el campo. Se la ve menos, se la oye menos. Ocurre lo mismo con los insectos, los roedores, los paisajes y el paisanaje”, señala la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz.

Lechuza común (Tyto alba. Hontz zuri). Foto: Pixabay

Lo sorprendente de la situación de la lechuza es que es un ave protegida a escala nacional, incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Por ejemplo, se prohíbe cualquier actuación hecha con el propósito de darles muerte, capturarlas, perseguirlas o molestarlas, además de la destrucción o deterioro de sus nidos. A pesar de ello la especie se enfrenta a una serie de amenazas.

Una de las principales causas de su declive es la radical transformación del medio agrario, cada vez más alejado de los paisajes que mostraban un mosaico de cultivos adaptados a la realidad hídrica de cada zona. En la actualidad, este medio está más centrado en grandes extensiones de monocultivo, a menudo basadas en regadío.

Por otra parte, las lechuzas pierden lugares tradicionales de nidificación como campanarios, caseríos o granjas. Una excepción, que conozco, aunque habrá más, lógicamente, es que el pasado julio tuvo lugar la feliz noticia de que la torre de la iglesia de San Martin de Tours, en el municipio guipuzcoana de Urretxu, de contar con inquilinos muy especiales. Una pareja de Lechuza Común eligió lo más alto de la torre para anidar y criar sus polluelos. El hecho no pasó desapercibido. Esta noticia fue recibida con ilusión.

Dos lechuzas comunes en el campanario de la iglesia de San Martin de Tours, en el municipio guipuzcoana de Urretxu. Instantánea tomada por personal de la parroquia.

Más información: https://www.seo.org/2018/01/02/la-lechuza-comun-es-el-ave-del-ano-2018/

 

Los maravillosos colores del otoño

Comienzos del otoño en Peñacerrada (Álava). Bosque de hayedos. 28.09.17.

El otoño es el tiempo oportuno para aprender a distinguir un árbol de otro por sus frutos. En el corazón de cada semilla late un nuevo árbol. Cuando la semilla ha sido esparcida por el viento, termina la última etapa del ciclo anual de un árbol, que volverá a repetirse indefinidamente año tras año. Pero, además, el otoño en la época en que tiene lugar el extraordinario fenómeno multicolor de las hojas.

La gama multicolor que el otoño extiende sobre el paisaje, es sólo la manifestación de una serie de complicados procedimientos químico-fisiológicos, que de forma invisible se desarrollan en las hojas y en los bosques. La caída de las hojas, especialmente llamativa en otoño, no es la única: esta caída se completa con una caída de las hojas en verano. Este procedimiento se puede definir como una especie de caída de emergencia, con la cual los árboles, especialmente en los meses de sequía, se despojan de aquellas hojas que ya no les son de utilidad.

El verde es el color más abundante que hay en la naturaleza: todas las diversas tonalidades en hojas y en frutos provienen de una sustancia llamada clorofila, que normalmente se forma mediante la luz del sol. Es por ello que las plantas la necesitan para elaborarla. Todos los procesos de descomposición juntos conducen finalmente al juego multicolor del otoño. Al desintegrarse la clorofila sólo quedan las materias colorantes de color amarillo, dando así paso a las hojas de ese color.

Dentro de esta gama pueden observarse el tono amarillo-rojizo, producido por la carotina, o el amarillo-anaranjado, causado por la xantofila o jantina, sustancias éstas que previamente ya estaban presentes en las hojas. Si ésta tiene aún brillo rojizo es porque todavía conserva restos de azúcar que, con las denominadas flavonas -materias que absorben la luz, especialmente la ultravioleta- se sintetizan formando la materia colorante roja antocianina.

Este pigmento, además de producir el color intenso de las amapolas, el arándano y otras floras, también es el causante de los azules y los violetas. Este componente se encuentra igualmente en la savia de las plantas; si la antocianina es ácida, el color que produce es el rojo, mientras que, si es alcalina, genera el azul o el morado. El roble y el arce tienen sus hojas rojas en otoño, porque la antocianina es de tonos rojos o violetas.

Las tonalidades amarillas y rojizas en la hoja indican que ésta está aún viva, mientras que cuando se alcanza el marrón, significa que ya está muerta. Esto sucede porque en sus células ha entrado sin obstáculo oxígeno del aire, provocando con ello un proceso de oxidación. Todo el conjunto de este fascinante proceso natural de descomposición es lo que finalmente conlleva la paleta de colores que nos brinda la madre naturaleza en las especies de árboles caducifolios durante el mágico otoño.

Estampa otoñal en el parque natural de Izki (Alava). 15.11.17.

El haya es, sin duda -conjuntamente con el roble y el castaño-, la especie arbórea más espectacular durante los meses otoñales, porque sus hojas proporcionan, entre octubre y diciembre, toda la variedad de tonos que la pupila del ojo humano puede analizar de golpe al contemplar la maravilla de este proceso.

Sin duda, el otoño es una de las estaciones más bellas y hermosas para disfrutar de la naturaleza. Es el momento del año en el que se visten los bosques caducifolios con sus mejores galas y en el que se despliegan la infinita gama de colores que van del ocre al amarillo como si celebrasen una breve fiesta de despedida.  O una traca de fuegos artificiales que compensara la vergüenza de la desnudez con el que pasarán los meses más fríos del año. Por eso pasear por los bosques en esta estación, es una experiencia que puede llegar a hacer perder el sentido, incluido el de la orientación. Además, el otoño es la época en que se puede observar uno de los fenómenos más espectaculares que se producen, características de dos épocas del año, como es la migración de aves.

Grulla común (Grus grus. Kurrilo arrunta). Laguna de la Nava (Palencia). 15.11.16.

 

 

 

Agur a las aves migratorias, hasta la próxima primavera

Avefría europea (Vanellus vanellus. Hegabera). Montoria (Álava). 10.11.17.

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus ‘vacaciones’ de invierno. El alimento es su principal motivo.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales.

La migración de aves hacia África comenzó hace ya unas semanas y se intensificará más en las próximas, en que nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, millones de alas. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte de Europa, se instalan en nuestro derredor.

Sin duda, en esta época podemos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos.

Un punto estratégico importantísimo en esta migración en Euskal Herria es el Pirineo Occidental. Navarra es un lugar privilegiado para admirar el fascinante viaje de las aves, ya que la Comunidad Foral se encuentra en plena ruta migratoria occidental europea. Todos los años son millones de aves las que utilizan este territorio en sus desplazamientos. Muchas especies prefieren volar sobre tierra que hacerlo por encima del mar, y en su camino a latitudes más al sur o hasta África, las aves se encuentran en esta ruta con una cadena montañosa transversal, los Pirineos, que generalmente atraviesan por sus zonas más favorables. Por lo tanto, el pasillo situado entre el Pirineo navarro y el mar Cantábrico concentra en las épocas migratorias una gran cantidad de aves. Sin duda, el collado de Lindus es un punto importantísimo, entre los municipios navarros, de Burguete y Valcarlos, para la observación.

Técnicos de campo en el Collado de Lindus. Foto: Noticias de Navarra.

Muchas de las más preciosas y más pequeñas de las aves europeas están a punto de abandonarnos, anticipándose ante la llegada del otoño, con la bajada de temperaturas y la ausencia de los insectos que constituyen la base de su alimentación, e iniciarán un largo viaje de miles de kilómetros.

Abejarucos, papamoscas grises y cerrojillos, oropéndolas, alcaudones comunes y dorsirrojos, aviones, golondrinas, etcétera, serán algunas de las muchas especies que se despiden en estos días de septiembre hasta la próxima primavera.

¡Suerte y hasta la próxima primavera!

Paloma Torcaz (Columba palumbus. Pagauso). Montoria (Álava). 12.10.17.

 

El cambio de hora

La Comisión Europea ha decidido que propondrá la desaparición del cambio de hora en la Unión Europea. Siempre he estado en contra del cambio de hora. En mi opinión, se ha dado un cuestionable ahorro energético, que nunca se ha demostrado que sea así.

Haciendo un poco de historia, el cambio de hora comenzó durante la 1ª Guerra Mundial en Alemania, países aliados y zonas ocupadas, al objeto de aprovechar la luz solar extra disponible en primavera y verano. Otros países secundaron la medida, incluido el Estado español, donde dejó de aplicarse en 1951 para retomarse en 1974, tras la crisis energética del 73. Y en el año 2001, una directiva europea impuso como obligatorio el salto adelante y atrás del reloj.

¿Ahorro de energía? Hasta ahora, la Comisión Europea, a través de diversos estudios, ha estimado el ahorro en el consumo eléctrico entre el 0,5 y el 2,5%. La propia Comisión ha valorado este ahorro como “relativamente modesto”. Por el contrario, diversos estudios estiman que el cambio de hora supone un gasto extra de energía.

En otras cuestiones, hay estudios que plantean que el cambio de hora afecta a la salud y a la calidad de vida, y, en esto coinciden, aunque la importancia que se le da es diferente, a los partidarios del cambio de hora y a los no partidarios. Los seres humanos ligan su ritmo con los ritmos naturales.  El cambio de hora perjudica al organismo, el cual debe de reequilibrarse, y, sobre todo, según estos estudios, afecta de manera más acusada a los más pequeños y a los mayores, más apegados a su ritmo biológico.

Es decir, algunos estudios sostienen que el cambio de hora no produce ahorro energético, otros, que es insignificante, y también algunos otros que lo aumenta. Sin embargo, sí que parece que hay unanimidad en que produce trastornos de diversa índole.

¿Por qué, entonces, se ha mantenido durante tantos años el cambio de hora? En mi opinión, por inercia. De esta forma se intenta aparentar que los gobiernos se preocupan por ahorrar energía.

Ahorrar y hacer ahorrar energía debe ser una obligación de la Administración pública. Cambiar de hora no produce ahorro económico ni energético, pero sí distrae de políticas comprometidas con el ahorro y contra el despilfarro energético.

Las libélulas, especie de las más viajeras del planeta

Las libélulas, al igual que las mariposas, son importantes para entender si el medio natural padece fiebre. Sólo viven en aguas limpias, en sistemas de cristal. Las libélulas es una de las especies más antiguas sobre el planeta y son prodigios aerodinámicos que vuelan en todas direcciones, a gran velocidad y durante largos trayectos.

Las libélulas llevan sobre el planeta la friolera de 300 millones de años; es decir, unas 150 veces más edad que nuestra estirpe y, de acuerdo con los últimos datos, unas 2.000 veces más tiempo que la especie a la que pertenecemos.

Acreditada y larga trayectoria que se plasma en que no existe otro grupo zoológico más espléndido y eficaz en el campo de la locomoción aérea. Las libélulas vuelan no sólo a una sorprendente velocidad para un insecto (hasta 50 kilómetros por hora), sino que también consiguen todo tipo de maniobras en el aire. Suben y bajan en línea recta, retroceden marcha atrás, giran en ángulos rectos, se frenan en décimas de segundo… Son capaces incluso de escapar a la persecución de algunos pájaros ciertamente veloces. Cuentan además con dos pares de alas enormes que, al ser transparentes y delicadas, recuerdan que muchas estructuras vivas consiguen convertir lo frágil en poderosísimo.

Las libélulas, más que por su tamaño, destacan por la coloración, las bellísimas tonalidades que se dan cita en su cuerpo. Desde verdes esmeraldas rutilantes hasta naranjas, malvas, azules y amarillos purísimos.

Son muy nómadas, pueden realizar desplazamientos prácticamente migratorios, a lo largo de los cuales recorren centenares y hasta miles de kilómetros.

Como su vida larvaria, de hasta cuatro años, transcurre en el seno de las aguas dulces, y como sus principales cazaderos y territorios nupciales son los cursos fluviales y encharcamientos, allí las contemplaremos mejor y más a menudo.

Imagen de una libélula

La Diputación Foral de Álava presentó el pasado 2 de julio el primer atlas de los odonatos de Álava, que, en sus 165 páginas a color, recoge con detalle las 51 especies de libélulas y caballitos del diablo que habitan en el territorio. Esta publicación es fruto del trabajo de diez años llevado a cabo por José Antonio Gainzarain, del Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN), que incluye fotografías de alta calidad, fichas, mapas y citas actualizadas.

Entre las 51 especies de odonatos de Álava, destaca la Aeshna isoceles, también conocida como libélula de ojos verdes, que vive sólo en el lago Arreo, espacio natural protegido de la Red Natura 2000; o la Brachytron pratense (libélula de primavera), que sorprendió incluso a los expertos cuando la localizaron en la Sierra de Entzia -también espacio Red Natura 2000- por hallarse a 1.000 metros de altitud y a 65 kilómetros de Urdaibai, pese a que se trata de una libélula que suele vivir siempre cerca del mar.

También se ha detectado la presencia de la libélula de kirbyi (Trithemis kirby) que apareció en Álava hace dos años. Es una pequeña libélula procedente de África de color rojo escarlata, muy común en el continente africano y que, en agosto de 2016, fue observada en el río Ebro, a su paso por la localidad de Baños de Ebro.