Tiempo de bellotas

La convivencia con la Naturaleza ha sido en Euskal Herria uno de los ejes de su existencia desde tiempos inmemoriales. El caserío como centro de la vida familiar y social es sin duda el más claro ejemplo de ello. Y dentro de esa Naturaleza, los bosques y quienes lo forman, los árboles.

Y es tiempo de bellotas, cuya cáscara se ha rasgado y surge un tentáculo blanco que si logra clavarse en el suelo se convertirá en la raíz de un futuro árbol. Basta con mirar al suelo de la foresta en estos días.

Acontece ahora y en las próximas semanas, todavía en pleno invierno, algo que la mayoría adjudicará a la primavera. Pero, como tantas otras facetas de lo espontáneo, la eclosión de las bellotas no sigue pautas convencionales. De hecho, nuestros árboles más frecuentes y representativos, las frondosas, echan a andar cuando el frío todavía congela la mayor parte de los procesos y propósitos con los que la vida, en nuestras latitudes, pretende recomenzar.

Basta con fijarse un poco en el suelo del bosque. Acompañar con la mirada a lo que acoge nuestros pasos. Que notarán bien mullido al humus, saturado de humedad.

Roble (roble híbrido de roble pedunculado y marojo). Artzentales (Bizkaia). Foto: Enkarterri.

Pues bien, allí, los miles de bellotas han iniciado una de las más largas y azarosas peripecias. La ebúrnea cáscara del fruto se ha rasgado por su polo obtuso. De la seca herida mana lo que nos parecerá un gusano blanco. Es la raíz principal, pivotante y zapadora del futuro árbol. Un tentáculo blando pero que puede horadar rápidamente el suelo y clavar, ya para siempre en ese mismo lugar, a un brinzal que pronto lanzará en dirección contraria, por tanto, hacia la luz y el aire, un par de minúsculas hojas.


Encina de Urkieta (Quercus ilex ilex). Muxika (Bizkaia). Foto: Dpto. Medio Ambiente Gobierno Vasco.

Cuando hayamos descubierto el discreto y silencioso nacimiento de uno de nuestros árboles más frecuentes, acaso se nos escape la mirada hacia su progenitor. Ese que abre sus brazos y despliega su sombra sobre nuestra cabeza.

Negacionismo climático- ambiental

Desde hace más de cincuenta años, las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la industria, la producción de energía, el transporte y la actividad humana, no han dejado de crecer.

Los cambios climáticos han sido frecuentes a lo largo de la historia. Sin embargo, el que está teniendo lugar en la actualidad se desarrolla a una velocidad muy superior a los que han ocurrido por causas naturales en el pasado. La alteración del clima ya ha provocado una importante regresión en los glaciares de montaña; ha afectado a la disponibilidad de agua dulce en numerosas regiones, como la África subsahariana y Oriente Medio; ha causado un importante incremento de eventos extremos, como olas de calor, sequías, huracanes, incendios, etc.; ha aumentado el nivel del mar, etcétera. Estos impactos están relacionados con un incremento de la temperatura media de la atmósfera de 1,02ºC respecto a los tiempos preindustriales.

La comunidad científica comenzó a alertar sobre los riesgos del cambio climático hace ya unos 55 años. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC en sus siglas en inglés), ha sentado loa bases científicas de comprensión del problema, desde que elaboró su primer informe en 1990.

Las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan la crisis climática han estado correlacionadas con el crecimiento demográfico y el desarrollo económico, ya que el sistema energético que ha soportado ambos procesos se ha basado en los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural).

Más de 11.000 científicos de todo el mundo han advertido a principios de este año que, es inevitable “un sufrimiento humano sin par” a menos que haya cambios radicales en la actividad humana para reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros factores que contribuyen al cambio climático. “Los científicos tienen una obligación moral de advertir a la humanidad acerca de cualquier gran amenaza. Sobre la base de la información que tenemos, es claro que encaramos una emergencia climática”, dijo Thomas Newsome, de la Universidad de Sydney, en Australia, en un artículo que publica la revista BioScience.

Aunque la mayoría de los científicos no dudan del cambio climático, otros no creen en él o niegan que se deba a la acción humana. Oímos decir a los que niegan la realidad, que el cambio climático es un engaño, que no es provocado por el ser humano.

En el año 2007, Mariano Rajoy no creía en el cambio climático, porque un primo suyo, que era catedrático de Física en la Universidad de Sevilla, le había dicho que no era posible predecir «ni el tiempo que va a hacer mañana en Sevilla», y, que, cómo íbamos a poder predecir las alteraciones climáticas que desde hace tiempo vienen denunciando las organizaciones ecologistas y menos determinar que existía el cambio climático, y que este fuera causado por la acción humana.

Ahora en el Estado español, los negacionistas climáticos, son los mismos que niegan que exista violencia contra las mujeres. La llaman intrafamiliar para enfatizar el ámbito en el que se produce por encima del género de la víctima.

Este año 2020 ha empezado fuerte tras las el comentario de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, de que «nadie ha muerto» y «nadie va a morir» por la contaminación atmosférica-ambiental.  

Sin embargo, según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, en el Viejo Continente mueren hasta unas 400.000 personas al año de manera prematura como consecuencia de la contaminación, entre ellas al menos unas 10.000 en el Estado español.

La derecha española no ha conseguido despegarse de un negacionismo climático en el que sigue instalada una década después, a pesar del abrumador consenso científico que certifica que la acción humana es la causante del cambio climático.

La celebración en Madrid de la Conferencia de las Partes del Convenio contra el Cambio Climático (COP25) dejó nuevos comentarios que muestran bien a las claras ese negacionismo, ahora animado por la posición de VOX. Aunque tratan de esconderlo tras un “VOX no es negacionista”, lo cierto es que las declaraciones de sus líderes no dejan lugar a dudas, usando términos como “cameloclimático” o “milongaclimática”.  

El negacionismo derechista no se basa en la ciencia. Se trata de puro oportunismo político que busca únicamente conseguir la simpatía de personas que prefieren ignorar la grave crisis ecológica en la que estamos inmersos.

El negacionismo derechista no se basa en la ciencia, ni pretende dar argumento alguno. Se trata de puro oportunismo político que busca únicamente conseguir la simpatía de personas que prefieren ignorar la grave crisis ecológica en la que estamos inmersos. Buscan con ello el voto apelando a los instintos más individualistas y ajenos a la repetida advertencia científica. No se escuchará de los dirigentes de VOX argumento científico alguno para justificar sus posturas negacionistas; solamente descalificaciones genéricas contra los que sostenemos que la crisis climática-ambiental es una realidad y que se va recrudeciendo, aludiendo a los presuntos perjuicios que las medidas para mitigar el cambio climático causarán a las personas a las que dirigen sus discursos.

El PP pretende jugar a una cierta y moderada preocupación por el clima. Casado se autodefinió como “adaptacionista”, un término hasta ahora desconocido con el que pretende ubicarse entre el negacionismo y el compromiso climático, una cuestión totalmente absurda.  

Dicho todo esto, es necesario aclarar que muchas de estas afirmaciones realizadas desde la derecha y la ultraderecha española, no son producto de la ignorancia, desconocimiento o tonterías de quien las dice, sino responden a estrategias comunicativas orientadas a generar desinformación, vaciar de contenido el sentido de la urgencia de la situación climática-ambiental, y como tales deben ser confrontadas, con argumentos sólidos, científicos y demostrables, que siempre serán más efectivos que la descalificación, especialmente a la ultraderecha, en cuyo manual la victimización es prioritaria.    

¿Por qué son tan feroces los incendios en Australia?

Incendios forestales en Australia. Foto: Reuters.

Llevamos semanas viendo apocalípticas imágenes como la de la foto de arriba de los devastadores e incontrolables incendios en Australia. El país se está enfrentando a una crisis incendiaria sin precedentes y ya ha causado daños irreparables. En total, 26 personas murieron desde el inicio de esta catástrofe, 2.000 viviendas han sido consumidas por el fuego, 240.000 personas evacuadas por las amenazas del fuego, y unos 8 millones de hectáreas, un tamaño similar a Irlanda, han ardido. Se estima que casi 1.000 millones de animales han muerto, incluidos miles de koalas, que luchan por escapar y cuya población está disminuyendo drásticamente. Por otra parte, según han informado distintos medios de Australia, las autoridades de ese país han detenido a casi 200 personas por presuntamente generar fuego sin control desde que comenzaron los devastadores incendios forestales.

Siempre ha habido fuegos en verano en Australia, pero nunca han tenido esta magnitud y esta intensidad, tanta que en algunos casos los servicios de emergencia se han declarado incapaces de controlarlos. Ni siquiera la leve lluvia de los últimos días ha logrado extinguirlos. Un fenómeno conocido se convierte en imprevisible por una transformación rápida de las condiciones medioambientales: hay zonas de Australia en las que prácticamente ha desaparecido la lluvia, lo que hace que los incendios avancen a toda velocidad y devoren amplias extensiones de terreno. A eso se deben sumar las altas temperaturas: ya se han batido dos récords absolutos y eso que el verano acaba de empezar en el hemisferio sur. Los meteorólogos esperan nuevas máximas en las próximas semanas. En las últimas décadas la media de hectáreas quemadas fue de 280.000. Este año ya se habían quemado casi cuatro millones, antes de los meses más cálidos.

Foto: Reuters.

Otro ingrediente meteorológico que hay que incluir es el viento. Los grandes incendios vividos estas últimas semanas en Australia se han visto magnificados por episodios de intenso viento. Viento que en muchos casos soplaba del oeste, un viento seco procedente del gran desierto que alberga el país y que además se calienta y reseca al llegar a la costa este. Precisamente uno de los estados más afectados por el fuego y el humo, ha sido Nueva Gales del Sur, situado en el sudeste de Australia donde se encuentra la ciudad más grande, Sydney. En esa región e incluso más al norte, la orografía es más abrupta, con grande montañas y cañones que hacen aún más errático el comportamiento del fuego.

Climatólogos aseguran que los incendios son más intensos y peligrosos debido al calentamiento global. De hecho, las temperaturas por encima de los 40 grados, que llegaron a los 47° inclusive, sumado a la sequía que hay en el continente y los vientos, han formado un cóctel perfecto para la propagación.

Cada día surgen más evidencias que muestran que el cambio climático está agravando los incendios forestales, y el gobierno australiano está haciendo muy poco al respecto.

El primer ministro, el liberal Scott Morrison, se ha convertido en blanco de críticas por su pobre política medioambiental y por su defensa de los combustibles fósiles, de los que Australia es uno de los máximos exportadores mundiales. En 2019 Australia fue el segundo mayor exportador mundial de carbón, uno de los principales responsables del cambio climático. De hecho, el propio primer ministro Scott Morrison se negó durante mucho tiempo a vincular los incendios con el cambio climático diciendo que “no era creíble”.

Los mortíferos fuegos que se han abatido sobre la inmensa isla continente demuestran que ningún país puede ser ajeno a la lucha contra la crisis climática. El principal argumento de Morrison para defender la economía del carbón es que su país es responsable únicamente del 1,3% de las emisiones globales y que, por lo tanto, son otros Estados los que deben llevar a cabo políticas medioambientales más eficaces. Sin embargo, los incendios forestales demuestran que la crisis climática es global.

Foto: AFP.

Además de víctimas mortales, los fuegos han provocado evacuaciones, destrucción del patrimonio forestal y representan una amenaza para la supervivencia de especies animales protegidas, como los koalas, todo ello sin contar los daños económicos. La crisis que padece Australia debería representar un aldabonazo para todos los gobiernos que niegan el cambio climático o se quedan de brazos cruzados. Esta oleada de incendios forestales se ha convertido en otra muestra clara de que los devastadores efectos del cambio climático no son un problema del futuro, sino del presente.

Los narcisos, esas flores con forma de trompeta

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan.

Los primeros narcisos (Narcissus. Nartziso), esas flores blancas y amarillas, con nombre de mito griego, de forma lenta, desde ahora, aunque quizá la eclosión es algo temprana, porque suele ser más bien en febrero, las iremos encontrando progresivamente hasta mayo, en miles y miles de puntos por cualquier paisaje. No en vano, se cuentan unas 50 especies de narcisos en la península Ibérica, casi la mitad endémicas, adaptadas prácticamente a todos los hábitats. Seis de las variedades peninsulares están consideradas como escasas y en peligro.

El aliado de estas flores es más bien el mes de febrero, que con la humedad y el lento incremento de la duración del día y el leve calor les concede la oportunidad de que las podamos admirar. Y también nuestro olfato, porque a veces llenan el aire de uno de los mejores aromas conocidos.

Estas flores con forma de trompeta resultan especialmente abundantes en las comarcas de media montaña de toda la península Ibérica. La variedad de tonos blancos, por muchos llamados junquillos, puede ser vista entre los matorrales de la mitad sur de la Península. El narciso Trompeta de Medusa, grande y amarillo, prefiere los prados de la mitad norte. Los hay también que nacen en las rocas, como el narciso del Cantábrico.

Pero el narciso del Cantábrico no tiene nada que ver con el mar Cantábrico. Su distribución está en la mitad sur de la Península Ibérica y noroeste de África (Marruecos y Argelia).

Narcissus cantabricus. Dehesa Puertollano. Foto: Wikipedia.

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan. Por eso se llaman como se llaman.

Se fue el otoño, pero el invierno también trae muchas hermosuras en la naturaleza

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus. Murgil handia). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Un otoño hermosísimo, bello y mágico se nos fue. Es la ley de la naturaleza. Pero el invierno en que entramos el 21 de diciembre también presenta bonitas escenas y actividades en el mundo animal y vegetal, en la naturaleza.

En esta estación podremos disfrutar de la auténtica fiesta de los patos. Miles de ánades pasan el invierno en el País Vasco, en aguas interiores y costeras. Silbones, cucharas, tarros, porrones, frisos, azulones, rabudos, cercetas, etcétera. Denominaciones que con la palabra pato o ánade delante designan hasta 22 especies de este tipo de aves, las que pueden llegar a verse por nuestros aguazales. A las que se suman gansos, cisnes, distintas variedades de garzas, gaviotas, cigüeñas, avefría común, somormujo lavanco, focha común, correlimos común, cormoranes…y así podríamos seguir hasta completar las 72 especies invernantes. Bandadas de miles, a veces decenas de miles, de estas aves, en efecto, se concentran en algunos de nuestros enclaves de aguas costeras e interiores.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo. Ubarroi handia). Salburua (Vitoria-Gasteiz)

Nos visitarán los cormoranes grandes, aunque no pocos permanecen aquí todo el año. Dos rasgos las harán inconfundibles: por una parte, son de tamaño considerable y completamente negras, al menos si están a cierta distancia. Pero todavía más conspicuas las hace el hecho de que con frecuencia los bandos de cormoranes se desplazan formando dos hileras de aves que dibujan una suerte de punta de flecha. Uves negras y muy raudas, ya que estas aves baten enérgica y continuadamente sus alas.

También con la llegada del frío se ha iniciado un espectáculo natural: la remonta de truchas y salmones. La trucha común no teme al frío ni al ímpetu de la corriente. Lo demuestra porque aguarda para reproducirse al incremento de los caudales que las lluvias de otoño proporcionan a nuestros ríos de montaña. La temperatura de las aguas en enero, que es cuando más puestas se realizan, raramente supera los 10 grados.

Salmón atlántico (Salmo salar) remontando un río asturiano. Foto: Eduardo García Carmona.

Por su parte, los salmones nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-.

Y es en pleno arranque del invierno, cuando florecen varias decenas de plantas, cuando se aparean unos pocos animales y sobre todo cuando allá, en el más frío de los paisajes, el cielo, se encelan por lo menos tres de las más llamativas especies de aves, el quebrantahuesos y los dos buitres, leonado y negro.

Narciso del Cantábrico (Narcissus cantabricus). Foto: Wikipedia.

Ya en febrero, la temprana eclosión de los narcisos sobre los primeros céspedes anuales recuerda en buena medida esa lenta aparición de las constelaciones en los cielos del atardecer. Porque de forma lenta, desde mediados de ese mes y hasta mayo, nos iremos encontrando con miles de puntos de luz blanca y amarilla salpicados casi por cualquier paisaje.

El espectáculo natural del remonte de los salmones

Salmón remontando un río asturiano. Autor: Eduardo García Carmona.

Se inició el pasado noviembre el espectáculo natural que supone el remonte del salmón atlántico (Salmo salar). Estos nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-, éste último el río salmonero por excelencia en Navarra.

En esas cuencas fluviales todavía se pueden observar a los salmones remontando, con sus potentes coletazos, cascadas de considerable altura. Estos peces, que han pasado dos o tres años en el mar, buscan los lugares donde nacieron, es decir, aquellos en los que las aguas son frías, libres, raudas y transparentes.

Las poblaciones de salmón atlántico (Salmo salar) han sufrido a lo largo de todo su rango de distribución a nivel mundial una reducción del 50% en los stocks salvajes durante los últimos veinte y cinco años. Según los datos de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), de los más de 2.600 ríos con presencia conocida de la especie, esta se ha extinguido como reproductora en más de la mitad de los cauces.  La situación en la península Ibérica no es menos dramática, ya que de los 43 ríos salmoneros de los que se tenía constancia a principios del siglo XX se ha extinguido en 24.

En el caso del País Vasco y de Navarra, los ríos salmoneros históricos llegaron a ser cerca de una decena -Nervión, Oka, Lea, Deba, Urola, Oiartzun, Oria, Urumea y Bidasoa-, y hoy en día se han reducido a cuatro, de los cuales, sólo el río Bidasoa está considerado en la actualidad como no vulnerable, y el único donde se puede pescar.

Sólo el río Bidasoa está considerado en la actualidad como no vulnerable, y el único donde se puede pescar.

El llamado “Rey del Río” es un termómetro de la calidad de los ríos. Su presencia, y una población estable, indican que la zona “es de gran calidad, tanto la calidad del agua, como el hábitat”. Por otra parte, la existencia de este salmónido también indica la franqueabilidad del río, es decir, si existen obstáculos para su migración.

Después de recorrer miles de kilómetros y pasar en el mar dos o tres años, al sur de Groenlandia, en las Islas Feroes, en las inmediaciones de la Península del Labrador o frente a las costas de Noruega, regresan a casa. El instinto reproductor del salmón, la supervivencia de la especie, les impulsa a llevar a cabo grandes migraciones hasta las desembocaduras de los ríos donde nacieron.

Como cada otoño y que se prolonga con el frío de los primeros días de invierno, los salmones remontan el Bidasoa en busca de aguas óptimas en la cabecera del río para poder desovar, haciéndolo en algunos casos en el mismo lugar donde nacieron. Anualmente se producen dos picos de entrada de salmones en el río Bidasoa, en primavera y en otoño y primeros días del invierno, y si el verano es lluvioso también se registran entradas, aunque de manera más discreta. El mayor número de ejemplares se concentra en otoño, y el remonte está muy condicionado con los picos de riada ya que después de una punta de caudal suelen producirse buenas entradas de salmones.

Es entonces cuando se llevan a cabo los censos en la Nasa de Bera, situada junto a un salto de agua, un enclave adecuado para poder realizar el conteo. Cada día, los guardas de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra izan la jaula y antes de soltarlos en la parte alta de la presa, realizan un exhaustivo control de todos ellos. Tras adormecerlos en unos tanques de agua, se pesan, se miden, se comprueba el sexo y se anota si están marcados o son salvajes.

Hembra de salmón de 9 kilos capturada en la Nasa de Bera (Navarra) el 11 de noviembre de 2017. Foto: Gobierno de Navarra.

Esperemos, por el bien de la naturaleza y la biodiversidad, que podamos seguir viendo ese fenómeno natural indescriptible que es el remonte de los salmones.

No valen más excusas ante la crisis climática

Simulación de la playa de la Concha devastada (Greenpeace).

La semana pasada hemos conocido que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deberían bajar un 7,6% cada año entre 2020 y 2030 para que la humanidad estuviera en camino de contener el aumento de temperaturas en 1,5°C, tal y como fijó como objetivo más ambicioso el Acuerdo de París, en diciembre de 2015.

La comunidad científica ha advertido que aumentos de temperaturas por encima de los 1,5°C intensificarán los impactos climáticos: olas de calor, deshielos, subida del nivel del mar y otros fenómenos climáticos extremos.

En este sentido, el 2020 será el año clave, puesto que los países deberán presentar sus planes o actualizar los existentes y aumentar significativamente sus compromisos.

Hay soluciones disponibles para cumplir lo acordado en París; el problema es que no se están llevando a cabo de forma lo suficientemente rápida y en una escala amplia.

El fracaso colectivo que supone no haber actuado a tiempo, y de manera decidida, contra el cambio climático comporta que ahora se deba efectuar recortes drásticos en las emisiones, de más del 7% al año si se desglosan de manera uniforme durante la próxima década.

Recuperar el tiempo perdido, debe ser la consigna. Si no lo hacemos el objetivo de 1,5°C estará fuera de alcance antes de 2030. Hay algunas cuestiones positivas. Se ha dado otra fuerte caída en el precio de la energía renovable. Incluso sin subvenciones, la energía eólica terrestre y la solar deberían de ser más baratas que la del carbón, el petróleo o el gas natural para 2020 en gran parte del mundo.

Campo solar

Existe un enorme potencial. Una transformación viable del sector energético que implique un mayor uso de energías renovables, una mayor eficiencia energética y otras medidas podrían reducir las emisiones de CO2 en el sector en un 78% para 2050.

Sin duda, la Unión Europea podría dejar de invertir en infraestructura de combustibles fósiles, incluidos nuevos gasoductos de gas natural. La reciente decisión del brazo financiero del bloque -el Banco Europeo de Inversiones- de poner fin a las inversiones en combustibles fósiles es un paso en la dirección correcta. En toda Europa, más países deberían también prohibir nuevas centrales eléctricas de carbón y cerrar las ya existentes. Estas medidas no solo beneficiarían en gran medida a nuestro clima, también limpiarían el aire que respiramos.

Parque eólico

En esta lucha contra la crisis climática, Europa no puede dormirse. La Cumbre del Clima del pasado septiembre celebrada en Nueva York tenía la meta de renovar la ambición para luchar contra el cambio climático. Sin embargo, a pesar de la retórica política, las políticas anunciadas hasta ahora se quedan muy cortas. Los compromisos sobre el clima deben multiplicar su ambición por cinco si queremos alcanzar el objetivo de 1,5 grados, y eso incluye a los estados europeos.

Se ha iniciado la Cumbre del Clima (COP25) en Madrid y ya no vale retrasar más la acción en defensa del clima. No valen más excusas. ¿Cuáles son nuestros deberes climáticos? Asumir, en la enorme reducción de emisiones que hay que hacer, nuestra cuota parte, la misma cuota que tuvimos y estamos teniendo en la generación del enorme problema de la crisis climática.

La avefría y su inconfundible cresta

Avefría europea. Vanellus vanellus. Hegabera. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 11.12.18

Las avefrías europeas (Vanellus vanellus. Hegabera) que se distinguen sobre todo por la larga y eréctil cresta que le nace en la oscura cabeza, se han asociado siempre con la llegada de los días grises y los temporales, el frío y los hielos invernales. Aunque la especie se reproduce escasamente en la península Ibérica, durante la invernada recibimos un cuantioso contingente de estas aves europeas que ocupan gran diversidad de hábitats abiertos, desde marismas, estuarios y humedales a campos de cultivo y pastizales, en los que encuentran los pequeños invertebrados que componen su dieta.

En las fotos, se pueden ver a las avefrías europeas en el humedal de Salburua, donde descansan en su largo periplo migratorio.

Las avefrías se han asociado siempre con la llegada de los días grises y los temporales, el frío y los hielos invernales. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 11.12.18

Se trata de un ave ruidosa, que frecuentemente emite su característica voz de alarma, un pi-uí estridente y repentino.

Es un ave muy fácil de ver en la península Ibérica de octubre a marzo, durante los meses más fríos, de donde deriva su nombre común.

Las avefrías son inconfundibles por su cresta en la cabeza. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 11.12.18

Es de colores vivos: vientre blanco, pecho negro y parte superior de las alas de color verdiazul. Además, tiene un característico penacho en lo alto de la cabeza.

El cambio de hora, ¿ahorro energético?

Llega el otoño y los días se hacen más cortos. En esta estación también tiene lugar el cambio al horario de invierno en el Estado español. Como es habitual, se llevará a cabo el último fin de semana de octubre. Este 2019, será la madrugada del sábado 26 al domingo 27.

El cambio horario se hace dos veces al año desde los años 70. En verano tiene lugar el último fin de semana de marzo y, ahora en otoño, a finales de octubre. Desde hace unos años se debate si este cambio horario es necesario. El Parlamento Europeo aboga por terminar con el cambio horario en 2021. Antes de esto, los Estados miembros tienen que comunicar a Bruselas el huso horario que quieren tener antes de abril de 2020.

Siempre he estado en contra del cambio de hora y he escrito numerosos artículos al respecto. En mi opinión, se ha dado un cuestionable ahorro energético, que nunca se ha demostrado que fuera así.  

Haciendo un poco de historia, el cambio de hora comenzó durante la 1ª Guerra Mundial en Alemania, países aliados y zonas ocupadas, al objeto de aprovechar la luz solar extra disponible en primavera y verano. Otros países secundaron la medida, incluido el Estado español, donde dejó de aplicarse en 1951 para retomarse en 1974, tras la crisis energética del 73. Y en el año 2001, una directiva europea impuso como obligatorio el salto adelante y atrás del reloj.

Campo solar

¿Ahorro de energía? Hasta ahora, la Comisión Europea, a través de diversos estudios, ha estimado el ahorro en el consumo eléctrico entre el 0,5 y el 2,5%. La propia Comisión ha valorado este ahorro como “relativamente modesto”. Por el contrario, diversos estudios estiman que el cambio de hora supone un gasto extra de energía. 

En otras cuestiones, hay estudios que plantean que el cambio de hora afecta a la salud y a la calidad de vida, y, en esto coinciden, aunque la importancia que se le da es diferente, a los partidarios del cambio de hora y a los no partidarios. Los seres humanos ligan su ritmo con los ritmos naturales.  El cambio de hora perjudica al organismo, el cual debe de reequilibrarse, y, sobre todo, según estos estudios, afecta de manera más acusada a los más pequeños y a los mayores, más apegados a su ritmo biológico.

Es decir, algunos estudios sostienen que el cambio de hora no produce ahorro energético, otros, que es insignificante, y también algunos otros que lo aumenta. Sin embargo, sí que parece que hay unanimidad en que produce trastornos de diversa índole.

Parque eólico

¿Por qué, entonces, se ha mantenido durante tantos años el cambio de hora? En mi opinión, por inercia. De esta forma se intenta aparentar que los gobiernos se preocupan por ahorrar energía.

Ahorrar y hacer ahorrar energía debe ser una obligación de la Administración pública. Cambiar de hora no produce ahorro económico ni energético, pero sí distrae de políticas comprometidas con el ahorro y contra el despilfarro energético. Esperemos que cuanto antes termine el cambio horario

Otoño en los viñedos de la Rioja alavesa y lagunas de Laguardia

Otoño de ensueño en los viñedos de la Rioja alavesa

Las viñas nos traen fabulosos vinos, pero también unos paisajes otoñales maravillosos, como se pueden ver y admirar en la Rioja alavesa. Cuando finaliza la vendimia, el verde que inunda los campos deja paso a tonos amarillos, ocres, marrones, dorados y rojizos. Estos colores serán los protagonistas hasta que el invierno deje a la vid totalmente desnuda. A partir de aquí, la planta pasará unas semanas de letargo hasta la llegada de la primavera.

¿Por qué pasa esto? La clorofila, uno de los principales pigmentos que podemos encontrar en las hojas es el causante del color verde. Con la llegada del otoño, la planta deja de producir clorofila debido a las condiciones ambientales propias de esta estación. Es, por lo tanto, la ausencia de clorofila la que deja que otros pigmentos salgan a la luz.

Cuando finaliza la vendimia, el verde que inunda los campos deja paso a tonos amarillos, ocres, marrones, dorados y rojizos

Pasear por los viñedos en esta estación, es una experiencia que puede llegar a hacer perder el sentido, incluido el de la orientación. Y tenemos además el aliciente de poder visitar una serie de pueblos con un encanto especial, como Kripan, Lanciego, Viñaspre, Lapuebla de Labarca,  Laguardia, Leza, Oion, Paganos, Salinillas de Burandon, Samaniego, Villabuena de Alava, Yécora, etcétera, con sus bodegas y su cultura vinícola, sus gentes y un sinfín de cosas más.

Por otra parte, otro encanto de la naturaleza que encontramos en la Rioja alavesa es el Complejo Lagunar de Laguardia, que está calificado por el Gobierno vasco como Biotopo Protegido. A las lagunas se accede con facilidad desde Laguardia tomando la carretera principal, dirección Logroño, y a través de varios caminos rurales, que se adentran por los viñedos. El Biotopo Protegido de las lagunas de Laguardia engloba a cuatro pequeños humedales, de los que tres, que llevan por nombre Carralogroño, Carravalseca y Musko, son lagunas temporales endorreicas de origen natural. Por su parte, el Prao de la Paúl es de origen artificial por lo que, al contrario de las otras tres, contiene agua dulce represada procedente de un arroyo. Los humedales se hermanan a través de un itinerario de 10 kilómetros que aprovecha caminos de la Ruta del Vino y el Pescado (GR-38), por donde antiguamente discurrían las mercancías dispuestas al comercio entre estas tierras y los puertos marinos de Bizkaia.

Complejo Lagunar de Laguardia. Laguna de Carravalseca.

Lo que encontramos en las lagunas de Carralogroño, Carravalseca y Musco son unas depresiones secas, lisas y blancas, por la costra de sal que se forma en la superficie cuando se evapora el agua acumulada en la estación húmeda. Y, es que se trata de «cubetas endorreicas», sin comunicación hidrológica con ríos o arroyos, que sólo reciben agua de lluvia y de escorrentía de los cerros próximos, y que no tienen salida. Se inundan en la época de lluvias y pierden el agua por evaporación, dejando sobre la superficie la sal disuelta en el agua. De entre las lagunas endorreicas, la mayor de la península Ibérica se encuentra en Gallocanta (Aragón), a donde llegarán en los próximos días miles y miles de grullas.

Garza imperial. Ardea purpurea. Koartza gorria. 18.04.17.

El complejo lagunar de Laguardia es extraordinariamente interesante, tanto desde el punto de vista geológico como por la flora y fauna peculiar que acoge. Cabe destacar la existencia en el complejo de, como mínimo, doce especies de aves diferentes, así como muchas otras migratorias regulares. Por otra parte, en los humedales aparecen al menos cuatro especies en peligro de extinción recogidas en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas, así como otras cuatro vulnerables, ocho raras y ocho de interés especial.

Viñedos en Laguardia

En cuanto a la flora, dentro de las lagunas crecen plantas extremadamente singulares, mientras que en el exterior conviven herbáceas y juncos que se encuentran totalmente adaptados a la salinidad de las aguas.