Naturaleza en el País Vasco

Agachadiza común. Gallinago gallinago. Istingor arrunta. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 23.03.18.

En 2013, durante su sexagésimo octavo período de sesiones, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió proclamar el 3 de marzo, día de la aprobación de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), Día Mundial de la Naturaleza, para celebrar la fauna y flora y para sensibilizar al público sobre su importancia.

En el caso de Euskadi, y a pesar de ser un territorio pequeño, densamente poblado y con un alto grado de intervención, acoge a más de 700 especies de animales vertebrados, 1.780 invertebrados y unas 7.600 especies de plantas. De ellas, 46 especies faunísticas vertebradas se encuentran amenazadas y 21 especies en peligro de extinción. Se trata de aquellas cuya supervivencia es poco probable si los factores que causan su situación actual siguen actuando. Entre ellas, se encuentran el quebrantahuesos, el visón europeo, nutria común, águila perdicera, buscarla unicolor, cangrejo autóctono, desmán ibérico, avetoro común, milano real, cinco especies de murciélagos, anguila, pez espinoso, entre otros.

Por otra parte, Gorbeia, Urkiola, Valderejo, Aitzkorri, Urdaibai, Haiko Harria, Aralar, humedal de Salburua y un largo etcétera, son algunos de esos 55 espacios que forman parte de la Red Natura 2000 en Euskadi. Ello supone formar parte de las referencias principales de la biodiversidad de la Unión Europea. Es una distinción a la cual Euskadi responde por encima de la media europea, ya que el 23% de nuestro territorio forma parte de dicha red. Pero también es una apuesta a futuro y un claro compromiso de la sociedad vasca con la biodiversidad y con el reto europeo.

La ciudadanía vasca disfruta de una relación ancestral con la Naturaleza. Durante siglos han perdurado costumbres y usos que, integrados en la cultura vasca, han dado sentido a muchas de nuestras tradiciones. Numerosas leyendas y mitos asociados con la Naturaleza y sus elementos como Mari, Basajaun o las lamiak son parte de las llamadas Zonas Especiales de Conservación en nuestros barrancos, ríos y fuentes. Veneramos árboles e incluso algunos animales del mundo rural como los murciélagos o las abejas cuentan con un espiritual significado. Todavía perduran costumbres asociadas a los elementos, como las relacionadas con las cosechas o los solsticios y ahí están los levantamientos del mayo para contarlo. Hasta hace poco más de un siglo nuestro pueblo ha sido rural y marinero.

Bosque de hayas en Peñacerrada (Alava). 20.06.18.

Los paisajes que ahora asociamos como nuestros son fruto de siglos de convivencia de la naturaleza con esos usos y tradiciones. Somos herederos del legado que nos dejaron nuestros ancestros y es nuestra responsabilidad mantenerlo para las generaciones futuras. Tal vez, con la llegada del progreso insostenible, en las últimas décadas hemos relegado a un segundo plano ese patrimonio dando la espalda al mundo rural y a la biodiversidad, y se han producido no pocos desastres medioambientales. Hay quien ha confrontando progreso con conservación del medio y ello ha podido desligar la conexión secular del pueblo vasco con la naturaleza y su entorno.

Un dicho popular dice que “para amar algo hay que conocerlo”. Por eso animo a la ciudadanía a que vuelva a la naturaleza y contacte con su entorno y con las tradiciones asociadas al mismo, conociendo los espacios de la Red europea Natura 2000 de Euskadi. Son territorios vivos, en los que el ser humano cohabita sin romper los equilibrios. Ahora es un buen momento, muy cerca de la primavera.

Ranita meridional es el único anfibio en peligro de extinción en Euskadi. Foto: Wikipedia.

 

La compleja belleza de las mariposas

Macaón (Papilio machaon). Es una de las mariposas más conocidas y bellas de Europa. Participación en el Programa de Seguimiento de Mariposas Diurnas en el País Vasco: transecto de Menoio (Ayala). Foto publicada en http://naturayala.blogspot.com/2016/10/.

Las mariposas son la vanguardia de la primavera y en los últimos días de febrero emprenden sus rutilantes y acelerados vuelos. Todavía quedan unos cuantos días.

La primavera, como todo lo que pretende alcanzar el esplendor, se comporta con precauciones, con sondeos. A ráfagas, en suma… Lanza tentaciones de ella misma para indagar cómo de receptivo se muestra el paisaje. También se repliega hasta casi desaparecer y le deja la totalidad del derredor al frío, a esos blancos absolutos de la nevada.

Las misivas, en realidad anticipos o prólogos, resultan esencialmente cromáticas. Será el color, mucho más que el olor o el calor, lo que abra rendijas para la novedad en las puertas del calendario. Ya han amanecido tonos en unas pocas flores, comenzando con los narcisos. A los que se suman suspiros, necesariamente aéreos, en los primeros escalones del cielo. Ya estarán volando unas pocas especies de mariposas.

Pocas invenciones de la vida alcanzan la compleja belleza de estos insectos. En ellos concurren una de las manifestaciones más veces evocadas de la fragilidad, algo que en absoluto se corresponde con la realidad. Porque las mariposas son tenaces, austeras, recias y hasta poderosas. Baten sus alas varias veces por segundo, alcanzan los 35 kilómetros por hora, resisten heladas si consiguen esconderse, y desafían al viento y a los pájaros que suelen perseguirlas.

Su suave cromatismo responde al papel de ilusionados reclamos que interpretan, a esa coquetería que la vida misma pone en marcha para lograr la atracción de los sexos. Una mariposa es un deseo a punto de cumplirse.

Y si delicada nos parece su locomoción zozobrante, todavía más suave resulta su alimentación básica. Porque estos insectos, que durante su fase de orugas son capaces de devorar ingentes cantidades de verde, cambian por completo al llegar a la madurez. Entonces buscan, con la lengua en espiral, el néctar. Un nutriente altamente energético destinado a permitir los tremendos esfuerzos que asegurar la descendencia exige.

En otro artículo escribiremos sobre las mariposas en Euskadi, con ocasión de los trabajos realizados con el Programa de Seguimiento de las mariposas diurnas del País Vasco, que está amparado por la Dirección de Patrimonio Natural y Cambio Climático del Gobierno Vasco, con la coordinación técnica de Hazi Fundazioa, y el soporte de entidades especializadas, como la Asociación Zerynthia.

Querquera serrana (Satyrium ilicis). Campiña de Menoio (Alava). Son pequeñas, de casi 3 a 3,5 cm de envergadura, alas anteriores entre 14 y 16 mm, más grandes las hembras que los machos. Foto publicada en http://naturayala.blogspot.com/2016/10/.

 

 

 

 

Cetáceos en el Cantábrico

La ballena muerta en Sopela. Foto: Oskar M. Bernal.

En los últimos tiempos cada vez a menudo recibimos desgraciadas noticias con ballenas muertas en playas, por diferentes motivos, aunque parece ser que muchas de ellas son debido a la contaminación por plásticos. El mar Cantábrico no es una excepción, y ahí tenemos un rorcual común de unos 16 metros de longitud y de al menos 20 toneladas que ha muerto estos días en una playa de Sopela. Habrá que ver si en este caso se debe al plástico.

Hay que destacar también que, en el caso de las costas gallegas, desde el pasado mes de diciembre hasta estos días ha habido hasta siete ejemplares de ballena que han aparecido varadas, que según los expertos es probable que se deba a que las ballenas comunes “cambiasen de ruta y no bajen tanto al sur”, lo que aumenta su frecuencia en estas costas de Galicia. Estos cambios de rutas podrían venir motivados por el calentamiento del océano o los cambios en los animales de los que se alimentan, además de los demostrados por la contaminación del plástico.

Y es que el mar no está para bromas. Las historias que cuenta suelen ser dramáticas. Lo hemos convertido en un gran estercolero. Vomita y vomita plásticos. Hay ya continentes flotantes que son basureros. El más extenso se encuentra en el Pacífico Norte, y se extiende entre California y Hawai. Su geología está formada por alrededor de 100.000 toneladas de desperdicios plásticos, en gran parte redes abandonadas, botellas y depósitos, cacharrería electrónica, juguetes infantiles, mobiliario, un infierno pavimentado por una masa de caucho y cajones y bolsas de plástico, todo generando la gran sopa de microplásticos que llegan hasta el último rincón del planeta. La extensión de la gran mancha equivale en superficie a cuatro veces la Península Ibérica. Pero se están formando ya otros continentes de basura en el Atlántico Norte y el Pacífico Sur. Y el Mediterráneo está amenazado por el envenenamiento plástico.

Pero la Costa Vasca no es una excepción. Aunque la contaminación marina sea mayor en otros lugares, no se puede obviar que esta plaga mundial también ha llegado al litoral cantábrico y que la mayor fuente de la contaminación, un 70%, viene siempre de tierra; es decir, de los humanos.

Una veintena de especies de delfines y ballenas diferentes son los que, cada año, transitan por aguas del mar Cantábrico. por lo que esta zona del mundo es perfecta para su avistamiento, y también desgraciadamente para que ocurran varamientos y muertes de cetáceos.

Cachalote. Foto: Gorka Ocio.

Según Ambar Elkartea, la Sociedad para el Estudio y la Conservación de la Fauna Marina, de la cual miembros de esta asociación han intervenido en el varamiento sufrido por el rorcual de Sopela, los cetáceos más comunes en nuestras costas son tres especies de delfines: delfín común, el delfín listado y el delfín mular. Pero, además se pueden avistar en nuestras costas, el rorcual común, el Cachalote, la Ballena azul, el Calderón común, los Zífidos, el Calderón gris, la Orca, la Marsopa, etcétera.

En los últimos tiempos, diversas empresas se han creado para observar cetáceos y aves marinas en la mar. De esta manera, los avistamientos de cetáceos, son ya una realidad en nuestras costas. Una de ellas es Verballenas, con la que de la mano del naturalista y experto en cetáceos Gorka Ocio, se puede vivir una experiencia inigualable.

 

¿Por San Blas, la cigüeña verás?

Nido de cigüeña blanca (Ciconia ciconia. Amiamoko zuria) en el Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 28.01.18.

El próximo 3 de febrero se celebra la festividad de San Blas, y con ella el refranero dice que “Por San Blas, la cigüeña verás”. Pero eran otros tiempos.

Según datos de SEO/BirdLife cada vez son más las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia. Amiamoko zuria) que permanecen todo el año en la Península, sobre todo por el fácil acceso a comida en los vertederos. Este hecho, que ha permitido la recuperación de la especie, puede tener otra cara: los elementos tóxicos de la basura inciden en la salud de las aves.

Antes de la concentración de residuos humanos en los grandes vertederos urbanos, apenas el 2% de la dieta de las cigüeñas provenía de basura. En la actualidad, supera el 75%.

Cigüeñas blancas en el vertedero de Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). 18.02.18.

Sin embargo, y tal y como se dice en una publicación de SEO/BirdLife, no es la única intervención del ser humano sobre la especie. “Antiguamente, se recibía a las cigüeñas como auténticas deidades o símbolos de buenaventura, con capazo de bebé incluido. En la actualidad, es cada vez más fácil ver todo tipo de sofisticados dispositivos para evitar que aniden en los tejados de iglesias y edificios: empalizadas de pinchos afilados, dispositivos antiposado o cables electrificados que, en algunos casos, son de dudosa legalidad. A ello se unen las retiradas de nidos dentro del periodo de cría”.

Este tipo de soluciones no siempre se ajustan a Derecho. “Las cigüeñas están protegidas por la legislación nacional y europea, al igual que sus nidos, pollos y huevos. Darles muerte, molestarlas o destruir sus nidos puede llegar a ser delito”, explica el responsable de Especies Amenazadas de SEO/BirdLife, Nicolás López. “A través de todo tipo de dispositivos, se trata de impedir la llegada y nidificación de las aves en los tejados, un gesto que puede llegar a ser delito. La cigüeña blanca, una especie protegida, forma parte de nuestro patrimonio natural que debe y merece convivir con el patrimonio histórico”.

Pero, también se puede producir un nuevo contexto, producido por el cumplimiento de la normativa europea, por la que los vertederos se van adaptando y sellando paulatinamente. La desaparición de basura al aire libre puede impactar, a corto plazo, en el número de ejemplares, pero, a la larga, puede ser su propio seguro de vida y devolver a la población de cigüeñas a estado más natural, esto es, a las migraciones que las hacen volver por San Blas, o unas semanas antes.

Concretamente, el cambio climático y la facilidad para obtener comida en los vertederos como se ha comentado anteriormente, han cambiado también su rutina, y en algunos lugares, y, por ejemplo, en el País Vasco, han llegado a venir a finales de noviembre y primeros de diciembre.  Es decir, con un adelanto de unos dos meses, con respecto a la fecha de San Blas.

Cigüeñas copulando en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 25.04.17.

 

Humedales, tesoros de vida

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus. Murgil handia). Humedal de Salburua. (Vitoria-Gasteiz). 25.04.18.

El día 2 de febrero se conmemora la firma del conocido como “Convenio relativo a humedales de importancia internacional” firmado en Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971. Un recordatorio de la importancia de los humedales costeros e interiores como ecosistemas de gran valor por los procesos que en ellos se dan cita, claves para la conservación de la biodiversidad, el mantenimiento de redes tróficas o reciclado de nutrientes, por señalar los más destacables; además de desempeñar otras funciones hidrológicas como la recarga de acuíferos, o la mitigación de inundaciones en algunos casos.

De ahí que la propia Directiva Marco del Agua (DMA) establezca como objetivo la prevención de todo deterioro y la protección y mejora del estado de los ecosistemas acuáticos; así como el de los ecosistemas terrestres directamente dependientes de los ecosistemas acuáticos.

Sin embargo, durante siglos, se las relegó a la desconsideración desde la creencia que debían ser drenadas para allanar al avance de la agricultura o la expansión de pueblos y ciudades o para evitar riesgos de insalubridad. Afortunadamente, la percepción de su importancia ha variado drásticamente en las últimas décadas.  Reflejo de ese cambio de percepción, ahora se conmemora la firma del “Convenio relativo a humedales de importancia internacional” firmado en Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971.

Dicho convenio creó una lista de humedales con valores relevantes a nivel internacional. Euskadi cuenta con seis humedales a la Lista Ramsar. Urdaibai, Lagunas de Laguardia y Txingudi, Colas del embalse de Ullibarri-Ganboa, Salinas de Añana, Lago Arreo-Caicedo Yuso y Salburua.

Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Pero, además de estos espacios singulares, las zonas húmedas son relativamente abundantes en el País Vasco gracias, por un lado, a la presencia de la franja costera donde se forman estuarios más o menos desarrollados y, por otro, al régimen climático principalmente lluvioso y al tipo de sustrato y orografía, que favorecen la acumulación de masas de agua formándose lagos, lagunas, balsas y charcas de diversa índole distribuidas por todo el territorio. A estas zonas húmedas naturales hay que añadir la presencia de numerosas balsas artificiales, unas ubicadas en antiguas explotaciones mineras (fundamentalmente en la zona minera de Bizkaia) y otras construidas para regadío en la Llanada Alavesa, así como los embalses, que ocupan una importante extensión sobre todo en Araba.

Todo este conjunto de humedales da lugar a una amplia variedad de hábitats distribuidos por nuestra comunidad, que constituyen sistemas naturales con diferentes grados de conservación, pero que poseen como elemento común el gran valor ecológico en su fauna y flora unido a un singular paisaje y a una dinámica de funcionamiento característica y de gran interés.

Tanto las zonas húmedas costeras como las interiores o continentales han sufrido y están sufriendo graves deterioros debidos fundamentalmente a la presión de actividades humanas. Las zonas húmedas costeras están sometidas a una importante presión de la actividad  humanas por la presencia de núcleos urbanos cercanos, la artificialización y ocupación de sus perímetros, la construcción de puertos  y las canalizaciones de defensa,… son presiones que  a lo largo de los años han perjudicado su potencial ecológico; en algunos casos hasta el punto de  desaparecer (como es el caso de las marismas que fueron lo que hoy es buena parte del ensanche Donostiarra o el Arenal bilbaíno).  Y lo mismo cabría decir de las zonas húmedas de los interiores (naturales y/o artificiales) también afectadas por la presión de actividades humanas como las agrarias.

Sin duda, es necesario seguir trabajando en prevenir nuevas afecciones a nuestros humedales y promover acciones de mejora ambiental, ya que son verdaderos tesoros de vida, por los beneficios que proporcionan y su contribución al mantenimiento de la diversidad biológica, entre otras muchas cuestiones.

Reserva de la Biosfera de Urdaibai

El ayer y el hoy del haya trasmocha

La magnífica haya trasmocha de Altzo (Gipuzkoa)

Su origen está en una práctica que se inició desde antiguo en Bizkaia y Gipuzkoa para evitar las ventas forzosas de arbolado a la Marina en el siglo XVI, ya que, ante la necesidad de construcción de barcos de guerra para la Armada, la Corona practicaba la expropiación del arbolado, fijando el precio que consideraba oportuno.

Los trasmochos son árboles que se cortaban a unos 2 metros el primer corte, a partir del cual se formaba una cruz; éste se realizaba en los estadios jóvenes antes de los 50 años aproximadamente dependiendo de la especie y los usos, siendo en esta etapa de desarrollo los individuos muy vigorosos por lo que respondían brotando con fuerza, no produciéndose apenas fracasos. Las ramas laterales hacia los lados adoptando forma de T en esta cruz, desarrollándose a poca altura del suelo por lo que se podían cortar fácilmente, se aprovechaban en turnos que van desde los 7 hasta los 20 años; diámetros idóneos para ser cortados a hacha. Se usaban generalmente tanto para carbón como para la industria naval de la época principalmente.

La presencia de hayedos trasmochos se ha entendido generalmente como un resultado de la actividad del carboneo, extendiéndose esta práctica rápidamente por toda la Cornisa Cantábrica.

La situación actual es la pérdida de estas prácticas culturales, el turno de aprovechamiento y los propios usos de esa madera se han abandonado y nos encontramos con los árboles que todos conocemos. Árboles con forma de candelabros con ramas de grandes dimensiones, y que son los llamados “trasmochos interrumpidos”. Esta peculiar configuración de las hayas dota al bosque de una singular personalidad y belleza, siendo los árboles verdaderos monumentos.

Sin embargo, la situación ha cambiado, y en la actualidad la poda de las hayas ya no es necesaria, al igual que la leña que de ellas se extraía. Y de esta manera, existe el peligro de que desaparezcan, si se deja de intervenir, tras la desaparición de leñadores y carboneros. Debido a ello se han llevado diversas iniciativas para conservar estos árboles tan viejos y tan valiosos desde el punto de vista del paisaje y de la biodiversidad, como el proyecto LIFE “Biodiversidad y trasmochos”, con la ayuda de la UE, y promovido por la Diputación Foral de Gipuzkoa, Hazi Fundazioa, diversos ayuntamientos u otros organismos. En Gipuzkoa se contabilizan 14.000 hayas trasmochas. Conviene destacar, que las numerosas cavidades y pudriciones que presentan estos árboles constituyen un nicho adecuado para encontrar especies protegidas por su rareza y singularidad.

Músicos de la orquesta Et Incarnatus en un precioso bosque de hayas trasmochas de Urkizu (Gipuzkoa)

Es obligado destacar en este artículo, la magnífica haya trasmocha de Altzo (Gipuzkoa), que se ve en la foto de portada, que la plantó hace 183 años un bertsolari, que se llamaba Manuel Antonio de Imaz como recuerdo del día de su boda con Paula Jauregi, y que hoy los niños del pueblo le dedican rimas.

Otro espacio a destacar, entre otros, es el hayedo de Otzarreta, situado en el límite de Bizkaia y Araba, en el emblemático puerto de Barazar (606 metros de altitud). Un pequeño trozo de tierra en el que los árboles alzan sus ramas con extrema verticalidad en un intento fallido de alcanzar el cielo.

Hayedo de Otzarreta

Los primeros narcisos en el País Vasco

Narciso. Narcissus. Nartziso.

En estos días ya se han visto los primeros narcisos (Narcissus. Nartziso) en el País Vasco. Esas flores blancas y amarillas, con nombre de mito griego, de forma lenta, desde ahora -quizá la eclosión es algo temprana, porque suele ser más bien en febrero-, hasta mayo, las encontraremos en miles y miles de puntos por cualquier paisaje. No en vano, se cuentan unas 50 especies de narcisos en la península Ibérica, casi la mitad endémicas, adaptadas prácticamente a todos los hábitats. Seis de las variedades peninsulares están consideradas como escasas y en peligro.

El aliado de estas flores es más bien el mes de febrero, que con la humedad y el lento incremento de la duración del día y el leve calor les concede la oportunidad de que las podamos admirar. Y también nuestro olfato, porque a veces llenan el aire de uno de los mejores aromas conocidos.

Estas flores con forma de trompeta resultan especialmente abundantes en las comarcas de media montaña de toda la península Ibérica. La variedad de tonos blancos, por muchos llamados junquillos, puede ser vista entre los matorrales de la mitad sur de la Península. El narciso Trompeta de Medusa, grande y amarillo, prefiere los prados de la mitad norte. Los hay también que nacen en las rocas, como el narciso del Cantábrico.

Pero el narciso del Cantábrico no tiene nada que ver con el mar Cantábrico. Su distribución está en el sur de la Península Ibérica y noroeste de África (Marruecos y Argelia).

Narcissus cantabricus. Autor: Javier Martin Vide.

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan. Por eso se llaman como se llaman.

Narcisos en la Peña Azkueta (Entzia). Autor: Zazpi oreitia

Arboles y naturaleza

Encina (Quercus ilex ilex). Garai (Bizkaia). Foto: Victor Uriarte.

La convivencia con la Naturaleza ha sido en Euskal Herria uno de los ejes de su existencia desde tiempos inmemoriales. El caserío como centro de la vida familiar y social es sin duda el más claro ejemplo de ello. Y dentro de esa Naturaleza, los bosques y quienes lo forman, los árboles.

No obstante, el avance de los asentamientos humanos y de la explotación ganadera y agrícola de los montes produjo durante el siglo pasado un claro retroceso de las masas forestales en Euskadi, especialmente en Bizkaia y Gipuzkoa.

Y en tiempo de bellotas, cuya cáscara se rasga y surge un tentáculo blanco que si logra clavarse en el suelo se convertirá en la raíz de un futuro árbol. Basta con mirar al suelo de la foresta en estos próximos días.

Acontece en las próximas semanas, todavía en pleno invierno, algo que la mayoría adjudicará a la primavera. Pero, como tantas otras facetas de lo espontáneo, la eclosión de las bellotas no sigue pautas convencionales. De hecho, nuestros árboles más representativos, las frondosas, echan a andar cuando el frío todavía congela la mayor parte de los procesos y propósitos con los que la vida, en nuestras latitudes, pretende recomenzar.

Roble (roble híbrido de roble pedunculado y marojo). Artzentales (Bizkaia). Foto: Enkarterri.

Basta con fijarse un poco en el suelo del bosque. Acompañar con la mirada a lo que acoge nuestros pasos. Que notarán bien mullido al humus, saturado de humedad.

Pues bien, allí, los miles de bellotas han iniciado una de las más largas y azarosas peripecias. La ebúrnea cáscara del fruto se ha rasgado por su polo obtuso. De la seca herida mana lo que nos parecerá un gusano blanco. Es la raíz principal, pivotante y zapadora del futuro árbol. Un tentáculo blando pero que puede horadar rápidamente el suelo y clavar, ya para siempre en ese mismo lugar, a un brinzal que pronto lanzará en dirección contraria, por tanto, hacia la luz y el aire, un par de minúsculas hojas.

Cuando hayamos descubierto el discreto y silencioso nacimiento de uno de nuestros árboles más frecuentes, acaso se nos escape la mirada hacia su progenitor. Ese que abre sus brazos y despliega su sombra sobre nuestra cabeza.

Tal vez piensen aquello de que el tiempo huye a toda prisa, pero la vida se queda y echa raíces siempre que puede. Y, a veces, dura…

Encina de Urkieta (Quercus ilex ilex). Muxika (Bizkaia). Foto: Dpto. Medio Ambiente Gobierno Vasco.

Osos y convivencia

Imagen de una osa con sus crías en el Pirineo Central donde se están dando nacimientos. Foto: Noticias de Navarra.

Durante la mayor parte de la historia evolutiva, los seres humanos no han tenido más remedio que compartir territorio con otras muchas especies animales. Eso cambió drásticamente hace unos 8.000 años, cuando el Neolítico planteó un nuevo escenario en las relaciones con la fauna silvestre, y no ha hecho más que exacerbarse desde entonces. La convivencia ahora es con algunos competidores directos, a los que hemos erradicado, o en el mejor de los casos, arrinconado. Dos ejemplos ilustrativos de estos son el oso y el lobo. Hace unos años consideradas alimañas, pero ahora se han convertido en verdaderas joyas del mundo animal a las que hay que conservar. Lo cual plantea problemas de convivencia, sobre todo a raíz de la vuelta del oso pardo al Pirineo, tras la decisión del Gobierno francés de soltar el pasado octubre dos hembras de ejemplares eslovenos en el Pirineo occidental en el Béarn (región pirenaica francesa junto a la muga con Navarra y Aragón), en la que quedan sólo dos machos. Esta decisión del Gobierno francés responde a la firme intención de evitar la desaparición del oso en el territorio.

Ante que nada, hay que decir, que en el caso del País Vasco el oso pardo se extinguió en el siglo XVIII, rompiendo así la conexión entre los osos cantábricos y del Pirineo. El ultimo oso que habitaba en el País Vasco fue abatido en Mañaria en 1871, aunque se duda si era un ejemplar salvaje o escapado de cautividad.

En el caso de los Pirineos es diferente, y el oso pardo llegó antes que el ser humano, ya que esta especie habita esta cordillera desde hace casi un millón de años. Ellos llegaron antes, pero los intentos para su reintroducción siempre son objeto de discusión entre los partidarios y los detractores de su presencia en las montañas.

La polémica se ha acentuado aún más, después de que hayan aparecido muertas varias ovejas en el Pirineo navarro, concretamente, en Ustarroz. Por su parte, el Gobierno de Navarra al enterarse de la suelta de las dos eslovacas por parte del Gobierno francés, mostró su malestar por esta “decisión unilateral” de Francia y destacó que se les debería haber consultado antes la medida para estudiar sus posibles afecciones, especialmente en el Valle de Roncal.

Suelta de la osa eslovaca Claverina en el Béarn (región pirenaica francesa junto a la muga con Navarra y Aragón). Foto: Gobierno de Navarra.

Posteriormente, el Ejecutivo navarro trasladó a los valles pirenaicos una propuesta de plan de medidas de gestión integral ante las situaciones de riesgo provocadas por la presencia de las osas, que contempla medidas preventivas, como reforzar la vigilancia o la geolocalización de los ganados, un plan de ayudas con medidas de discriminación positiva y propuestas de coordinación con otros territorios.

Pese a ser omnívoros, los osos se alimentan en un 85% de vegetales, y no suelen cazar, sino que comen insectos, larvas, carroña, alguna cría de corzo… Ocasionalmente, pueden atacar algún rebaño de los que van sueltos por la montaña y matar a una o dos ovejas. Pero muy difícilmente se enfrentan a ganado equino o bovino.

La situación de los grandes carnívoros europeos, entre ellos el oso pardo (Ursos actos), ha cambiado mucho en los últimos tiempos. El oso pardo alcanza poblaciones muy altas en Eslovenia, los Balcanes y los Cárpatos. El abandono del medio rural, así como una mayor sensibilidad social hacia la conservación de los animales y de los ecosistemas han hecho que poblaciones de grandes carnívoros hayan logrado restablecerse. Pero la convivencia entre el ser humano y estas especies animales es un reto para la conservación. Además, con el aumento de las actividades al aire libre, y al uso de gran parte de estos territorios como zona agropecuaria, los daños al ganado, los cultivos y las colmenas pueden aumentar y para ello hay que adoptar medidas que incluyan campañas de educación ambiental, vallas eléctricas para proteger cultivos y colmenas e indemnizaciones rápidas a los ganaderos afectados.

Pero, ¿estás medidas son suficientes? En mi opinión, pueden reducir los conflictos, pero aún y todo va ser inevitable que se produzcan entre este gran carnívoro y el ser humano, al que habría que añadir el lobo ibérico. Mientras las poblaciones de osos se van recuperando, los conflictos van a ser inevitables y no se pueden ignorar, aunque habrá que adoptar medidas de gestión y conservación, las más óptimas posibles, y basadas en la evidencia científica. Los osos son grandes carnívoros de la fauna europea, y no alimañas, que es necesario conservar, aunque planteen problemas de convivencia, que, de todas formas, se pueden paliar.

Primer video de las osas, concretamente de Sorita: 

 

 

Se nos fue el otoño, pero el invierno también nos trae muchas hermosuras

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). Foto: Julen Rekondo.

Un otoño hermosísimo, bello y mágico se nos fue. Es la ley de la naturaleza. Pero el invierno en que hemos entrado el pasado 21 de diciembre también presenta bonitas escenas y actividades en el mundo animal y vegetal, en la naturaleza.

En esta estación podremos disfrutar de la auténtica fiesta de los patos. Miles de ánades pasan el invierno en el País Vasco, en aguas interiores y costeras. Silbones, cucharas, tarros, porrones, frisos, azulones, rabudos, cercetas, etcétera. Denominaciones que con la palabra pato o ánade delante designan hasta 22 especies de este tipo de aves, las que pueden llegar a verse por nuestros aguazales. A las que se suman gansos, cisnes, distintas variedades de garzas, gaviotas, cigüeñas, avefría común, somormujo lavanco, focha común, correlimos común, cormoranes…y así podríamos seguir hasta completar las 72 especies invernantes. Un regalo para nuestros sentidos. Bandadas de miles, a veces decenas de miles, de estas aves, en efecto, se concentran en algunos de nuestros enclaves de aguas costeras e interiores.

Nos visitarán los cormoranes grandes, aunque no pocos permanecen aquí todo el año. Dos rasgos las harán inconfundibles: por una parte, son de tamaño considerable y completamente negras, al menos si están a cierta distancia. Pero todavía más conspicuas las hace el hecho de que con frecuencia los bandos de cormoranes se desplazan formando dos hileras de aves que dibujan una suerte de punta de flecha. Uves negras y muy raudas, ya que estas aves baten enérgica y continuadamente sus alas.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo). Salburua (Vitoria-Gasteiz). Foto: Julen Rekondo.

Con el frío de enero se inicia un espectáculo natural: la remonta de truchas y salmones. La trucha común no teme al frío ni al ímpetu de la corriente. Lo demuestra porque aguarda para reproducirse al incremento de los caudales que las lluvias de otoño proporcionan a nuestros ríos de montaña. La temperatura de las aguas en enero, que es cuando más puestas se realizan, raramente supera los 10 grados.

Por su parte, los salmones nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-.

Salmón atlántico (Salmo salar) remontando un río asturiano. Foto: Eduardo García Carmona.

En esas cuencas fluviales todavía se pueden observar a los salmones remontando, con sus potentes coletazos, cascadas de considerable altura. Estos peces, que han pasado dos o tres años en el mar, buscan los lugares donde nacieron, es decir, aquellos en los que las aguas son frías, libres, raudas y transparentes. ¡Buenos lugares para amar y nacer!

Y es en pleno arranque del invierno, cuando florecen varias decenas de plantas, cuando se aparean unos pocos animales y sobre todo cuando allá, en el más frío de los paisajes, el cielo, se encelan por lo menos tres de las más llamativas especies de aves. Casi todos nuestros buitres, con la excepción del alimoche, friolero que prefiere viajar a la región etiópica, andan de amores.

El quebrantahuesos y los dos buitres, leonado y negro, acuden a lo alto para exhibirse con alardes de sincronía y precisión velera. Porque estas aves, de inquietante aspecto cuando están quietas o alimentándose, son manjar para nuestros ojos cuando vuelan. Pero mucho más ahora, momento en el que celebran ceremonias basadas en la ingravidez.

Alimoche común (Neophron percnopterus). Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). Foto: Julen Rekondo.

Ya en febrero, la temprana eclosión de los narcisos sobre los primeros céspedes anuales recuerda en buena medida esa lenta aparición de las constelaciones en los cielos del atardecer. Porque de forma lenta, desde mediados de ese mes y hasta mayo, nos iremos encontrando con miles de puntos de luz blanca y amarilla salpicados casi por cualquier paisaje. No en vano se cuentan unas 50 especies de narcisos en la península Ibérica, casi la mitad endémicas, adaptadas prácticamente a todos los hábitats y más bien inclinadas a la abundancia. No es raro contemplar miles de ellos chisporroteando en los prados, sobre todo de montaña.

Narciso del Cantábrico (Narcissus cantabricus). Foto: Wikipedia.