La fiesta de los patos

Garceta común (Egretta garzetta. Koartzatxo txikia). Humedal de Salburua (Vitoria Gasteiz. 11.01.18.

Miles de ánades pasan el invierno en Euskadi, en aguas interiores y costeras. El gran espectáculo de su presencia se puede ver en los humedales costeros que se asocian a la presencia de estuarios más o menos desarrollados, mientras que los interiores presentan características variadas en función de su regionalización: turberas, sistemas endorreicos con lagunas mineralizadas, sistemas fluviales, etc. Existe, además, un buen número de zonas húmedas de origen artificial, entre las que sobresalen embalses para el abastecimiento y producción de energía, balsas de utilidad agrícola….

Pato cuchara (Anas clypeata. Ahate mokozabala). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 05.12.18.

Entre los humedales costeros, destacan los de Urdaibai y Txingudi, con diferentes características y problemáticas. En el interior, las zonas más destacadas son el complejo lagunar de Laguardia, constituida por tres sistemas naturales endorreicos y una balsa artificial; el lago de Arreo-Caicedo Yuso y las Salinas de Añana, de peculiaridad hidrogeológica y cultural; y Salburua, en Vitoria-Gasteiz, un encharcamiento originado por el afloramiento de los niveles freáticos, que fue desecado a lo largo del siglo XX, pero que ha sido exitosamente restaurado en los últimos años. Aunque de origen artificial, el extenso embalse de Ullibarri-Gamboa constituye también un referente importante, gracias al proceso de naturalización que han experimentado sus colas meridionales. Todos estos humedales forman parte de la lista de zonas de importancia internacional, de acuerdo, con el convenio de Ramsar.

Pato rabudo. Macho y Hembra (Anas acuta. Buztandun ahatea). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 05.02.18.

Silbones, cucharas, tarros, porrones, frisos, azulones, rabudos, cercetas, etcétera. Denominaciones que con la palabra pato o ánade delante designan hasta 22 especies de este tipo de aves, las que pueden llegar a verse por nuestros aguazales. A las que se suman gansos, cisnes, distintas variedades de garzas, gaviotas, cigüeñas, avefría común, somormujo lavanco, focha común, correlimos común, cormoranes…y así podríamos seguir hasta completar las 72 especies invernantes. Todas esas especies nos regalan su tendencia al gregarismo en cuanto el otoño se despliega por completo. Un regalo para nuestros sentidos. Bandadas de miles, a veces decenas de miles, de estas aves, en efecto, se concentran en algunos de nuestros enclaves de aguas costeras e interiores.

Cortejos en las alturas

En las próximas semanas entramos en invierno y parece que la vida tanto vegetal como animal comienza su letargo. Sin embargo, dentro de unos días, en diciembre, es cuando florecen varias decenas de plantas, cuando se aparean unos pocos animales y sobre todo cuando se encelan dos buitres, el leonado y el negro, y el quebrantahuesos.

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus. Ugatz). Autor: Mikel Arrazola. Buseu (Pirineo Lleida). 20.07.18.

Los buitres, leonado (Gyps fulvus) y negro (Aegypius monachus) y el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), acuden a lo alto para exhibirse. Porque estas aves, de cierto aspecto intimidador cuando están quietas o alimentándose, son bellísimas para nuestros ojos cuando vuelan. Un cuarto buitre es el alimoche común (Neophron pernoptenus) pero es más friolero y migra a tierras africanas.

El quebrantahuesos es un ave que puede alcanzar una envergadura de 2,80 m y llegar a pesar 7 kg. Requiere grandes sistemas montañosos, abruptos y con cavidades, cuevas y cantiles donde nidificar. Las puestas son dobles, pero nunca llegan a criar con éxito dos pollos, el hermano mayor mata siempre al menor, que le sirve de comida. Son aves carroñeras, necrógafas (comen animales muertos) que se alimentan principalmente de carcasas de huesos de mamíferos.

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus. Ugatz). Autor: Mikel Arrazola. Buseu (Pirineo Lleida). 20.07.18.

Navarra cuenta con nueve territorios de quebrantahuesos, algunos de ellos compartidos con Aragón y Francia, y algunos individuos dispersos que se pueden encontrar desde Aralar hasta el Pirineo, sin que hasta la fecha se haya constatado la reproducción en los montes vascos. Estas especies y sus hábitats proporcionan importantes beneficios para el equilibrio de los ecosistemas y a los seres humanos por los servicios ecosistémicos que generan.

Buitre leonado (Gyps fulvus. Sai arre)
Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). 18.05.18.

El buitre leonado es el único que no está amenazado, ya que en el último censo de 2008 se contabilizaron más de 24.600 parejas reproductoras repartidas por la península y Baleares, lo que representa el 94 % del total europeo.

El buitre negro, que figura en el Libro Rojo de las Aves de España elaborado por la organización conservacionista SEO/BirdLife clasificado como “vulnerable”, contaba según los últimos censos con 1.845 parejas reproductoras, es decir, el 98% de la población europea.

Paisajes otoñales en la Rioja Alavesa

Viñedos en Laguardia. 30.10.19.

Las viñas nos traen fabulosos vinos, pero también unos paisajes otoñales maravillosos, como se pueden ver y admirar en la Rioja alavesa. Cuando finaliza la vendimia, el verde que inunda los campos deja paso a tonos amarillos, ocres, marrones, dorados y rojizos. Estos colores serán los protagonistas hasta que el invierno deje a la vid totalmente desnuda. A partir de aquí, la planta pasará unas semanas de letargo hasta la llegada de la primavera.

¿Por qué pasa esto? La clorofila, uno de los principales pigmentos que podemos encontrar en las hojas es el causante del color verde. Con la llegada del otoño, la planta deja de producir clorofila debido a las condiciones ambientales propias de esta estación. Es, por lo tanto, la ausencia de clorofila la que deja que otros pigmentos salgan a la luz.

Otoño en los viñedos de la Rioja Alavesa. 31.10.18.

Pasear por los viñedos en esta estación, es una experiencia que puede llegar a hacer perder el sentido, incluido el de la orientación. Y tenemos además el aliciente de poder visitar una serie de pueblos con un encanto especial, como Kripan, Laguardia, Lanciego, Viñaspre, Lapuebla de Labarca,  Leza, Oion, Paganos, Salinillas de Burandon, Samaniego, Villabuena de Alava, Iécora, etcétera, con sus bodegas y su cultura vinícola, sus gentes y un sinfín de cosas más.

Por otra parte, otro encanto de la naturaleza que encontramos en la Rioja alavesa es el Complejo Lagunar de Laguardia, que está calificado por el Gobierno vasco como Biotopo Protegido. A las lagunas se accede con facilidad desde Laguardia tomando la carretera principal, dirección Logroño, y a través de varios caminos rurales, que se adentran por los viñedos. El Biotopo Protegido de las lagunas de Laguardia engloba a cuatro pequeños humedales, de los que tres, que llevan por nombre Carralogroño, Carravalseca y Musko, son lagunas temporales endorreicas de origen natural. Por su parte, el Prao de la Paúl es de origen artificial por lo que, al contrario de las otras tres, contiene agua dulce represada procedente de un arroyo. Los humedales se hermanan a través de un itinerario de 10 kilómetros que aprovecha caminos de la Ruta del Vino y el Pescado (GR-38), por donde antiguamente discurrían las mercancías dispuestas al comercio entre estas tierras y los puertos marinos de Bizkaia.

Complejo Lagunar de Laguardia. Laguna de Carravalseca.

Lo que encontramos en las lagunas de Carralogroño, Carravalseca y Musco son unas depresiones secas, lisas y blancas, por la costra de sal que se forma en la superficie cuando se evapora el agua acumulada en la estación húmeda. Y, es que se trata de «cubetas endorreicas», sin comunicación hidrológica con ríos o arroyos, que sólo reciben agua de lluvia y de escorrentía de los cerros próximos, y que no tienen salida. Se inundan en la época de lluvias y pierden el agua por evaporación, dejando sobre la superficie la sal disuelta en el agua. De entre las lagunas endorreicas, la mayor de la península Ibérica se encuentra en Gallocanta (Aragón), a donde van llegando miles y miles de grullas.

El complejo lagunar de Laguardia es extraordinariamente interesante, tanto desde el punto de vista geológico como por la flora y fauna peculiar que acoge. Merece la pena visitarlo.

Llegan las avefrías, llega el frío

Avefría europea (Vanellus vanellus. Hegabera). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 02.02.2018.

Es un ave que viene a la península Ibérica con el frío y con él se marcha. Pronto las veremos por aquí. Es un tipo de limícola muy fácil de identificar y llamativa. Las avefrías se distinguen sobre todo por la larga y eréctil cresta que le nace en la oscura cabeza. Se han asociado siempre con la llegada de los días grises y los temporales, el frío y los hielos invernales. Así, durante la invernada recibimos un cuantioso contingente de estas aves europeas que ocupan gran diversidad de hábitats abiertos, desde marismas, estuarios y humedales a campos de cultivo y pastizales, en los que encuentran los pequeños invertebrados que componen su dieta. En las fotos, se pueden ver a las avefrías europeas en el humedal de Salburua, donde descansan en su largo periplo migratorio.

Avefría europea (Vanellus vanellus. Hegabera), se trata de un ave ruidosa, que frecuentemente emite su característica voz de alarma, un pi-uí estridente y repentino.

Avefría europea (Vanellus vanellus. Hegabera). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 02.02.2018.
Avefría europea (Vanellus vanellus. Hegabera). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 31. 01. 2017.

Es de colores vivos: vientre blanco, pecho negro y parte superior de las alas de color verdiazul. Además, tiene un característico penacho en lo alto de la cabeza, como se ha comentado anteriormente.

El `tamborileo´ del pico picapinos

Pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia). Parque Natural de Izki (Alava). 08.06.18.

Uno de nuestros más extendidos y habituales pájaros carpinteros, el pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia), es un ave dotada de un poderoso pico, que posee una prodigiosa capacidad para taladrar las maderas más resistentes. Estas cualidades le permiten instalarse en una gran variedad de hábitats forestales.  Este pájaro, además, da muestras de una gran elasticidad a la hora de alimentarse, ya que consume tanto insectos como todo tipo de frutos.

Es un pájaro carpintero blanco y negro con cloaca de color rojo brillante, y es el que posee un plumaje más llamativo. Su identificación no ofrece dudas cuando se le distingue posado contra el tronco de un árbol, como cuando vuela.

Pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia). Parque Natural de Izki (Alava). 08.06.18.

Es sedentario, pero cada pocos años se producen irrupciones a gran escala a fines del verano y las aves recorren distancias más amplias.

El tamborileo fuerte y de largo alcance es una de las características más conocidas de este pájaro. El pico picapinos golpea con extraordinaria rapidez y en cortos intervalos 12 veces seguidas la superficie sin corteza de un árbol seco o hueco con preferencia. Es curioso observar la querencia que este pájaro tiene por determinado árbol y a él acude a “tamborilear”.

Al pico picapinos y otros pájaros carpinteros, como el pico mediano, entre otros, se le puede encontrar en el Parque Natural de Izki. Este parque alavés cuenta con uno de los bosques de roble marojo más grandes de Europa. La diversidad vegetal y paisajística y el aislamiento de la zona propician la existencia de una abundante y rica fauna. El bosque, asentado en la cuenca del río Izki, alberga grandes mamíferos como el jabalí, el corzo o el gato montés, así como una buena representación de aves forestales. Junto a los distintos pájaros carpinteros, conviven el abejero europeo, el alimoche, el buitre leonado, el águila real, el halcón peregrino, el azor, el mirlo acuático o el carbonero, entre otros.

Pico mediano (Leiopicos medius. Okil ertain). Autor: Mikel Arrazola. Parque Natural de Izki (Alava). 12.03.14.

El único núcleo de población ubicado en el corazón del Parque es Corres, que, con su tipología arquitectónica medieval, está enclavado en la parte alta de un espectacular desfiladero. Desde Corres, se pueden iniciar dos rutas que atraviesan el parque, igual de bellas.

Aves y calidad de vida

Avefría europea. Vanellus vanellus. Hegabera. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 15.01.18.

El índice de calidad de vida va incluyendo cada vez más aspectos culturales, biológicos y ambientales. Y en ellos, las aves son un verdadero termómetro para medir la calidad de los ecosistemas, del medio ambiente, y, en definitiva, de la calidad de vida. La oficina estadística europea Eurostat incluye el seguimiento de las poblaciones de aves entre los índices más importantes para evaluar la sostenibilidad y el bienestar social.

Esa es la tendencia que se registra sobre todo en algunos países europeos como Gran Bretaña, Holanda, Dinamarca, Alemania…, de forma mucho más acusada que en el Estado Español. En dichos países se ha dado hace años un paso realmente espectacular y de horizontes muy crecederos. Las administraciones de esos países han incluido entre los aspectos para medir el bienestar nada menos que la variedad y la cantidad de aves avecindadas en un lugar. Medida que no puede resultar más coherente. Porque no hace falta ser un experto ecólogo para reconocer que la presencia de animales tan conspicuos, visual y acústicamente, como las aves, delatan las características de la totalidad del derredor que usan. Una de las leyes más sólidas de la ciencia que estudia los nexos entre todas las formas de vida y entre éstas y los ámbitos que posibilitan su existencia es precisamente que todo tiene una enorme trastienda. Lo que no vemos sostiene a lo que vemos. Tras cada pájaro cantando hay siempre un complejo sistema que debe mantener muchas vidas y mucha salud para que hasta nuestros tímpanos llegue esa música sin partituras.

Las aves son signos externos de esas otras riquezas que son las aguas limpias, los suelos fértiles, los bosques, y una cierta alianza entre los usos humanos y espontáneos de ese mismo paisaje.

Cuando se usa con tintes despectivos el término “pajarero”’, ciertamente se ignora que nadie detecta mejor la creciente degradación ambiental que los ornitólogos. Sus conocimientos sobre el paisaje equivalen a los que el médico de cabecera tiene sobre nuestra salud física.

Tras la presencia de una comunidad zoológica en un espacio concreto, lo que deducimos es una reducida contaminación de los aires, los alimentos, escaso o nulo ruido, variedad vegetal y hasta escasa prisa. Esos parámetros van configurando la convencional idea del lugar idílico, ameno, agradable, delirante, encantador, etcétera; es decir, de ese ámbito al que aspiramos casi todos, al menos a la hora de relajarnos, descansar o conseguir calidad ambiental en el entorno donde se vive.

El Índice de Aves Comunes o Common Bird Index es uno de los referentes principales del Sustainable Development Indicator de Eurostat, que sitúa el estado de las poblaciones silvestres de aves junto a referentes de otro tipo, como el nivel de empleo, el consumo de energía o la esperanza de vida, para calibrar el grado de bienestar real que tiene los y las europeas.

Paloma Torcaz (Columba palumbus. Pagauso). Montoria (Álava). 12.10.18.

Eurostat acumula desde hace décadas datos para tres indicadores: aves agrarias, forestales y comunes, que permiten valorar de forma efectiva la evolución del medio ambiente a lo largo del tiempo.

Este índice revela, por ejemplo, un descenso muy acusado de las aves ligadas al medio agrario, un claro indicativo del abandono e intensificación de la producción agropecuaria en Europa, que está provocando una alteración de los paisajes rurales, una grave pérdida de la biodiversidad y un empobrecimiento de los campos y las poblaciones rurales.

Uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad es conservar y detener la pérdida de biodiversidad. Hay que ser conscientes de que la protección de los hábitats y las especies es la única garantía actual para asegurar el futuro del planeta.

Sin duda, un aspecto importante en la política ambiental a impulsar en Euskadi es preservar el medio natural para que pueda ser legado a las futuras generaciones en las mejores condiciones posibles, a pesar de la degradación de los ecosistemas que ha habido. Y en este capítulo quiero señalar la importancia que tiene la necesidad de conocer y dar a conocer la diversidad ornitológica, como una forma importantísima de proteger la naturaleza.

Observación de aves en el Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 18.11.19.

Y también, porque observar aves en el País Vasco, es una de las mejores formas de disfrutar de la naturaleza. Lo podemos hacer en diversas épocas del año, como en otoño, estación en la que su situación privilegiada la convierte en paso obligado de las rutas migratorias europeas más importantes.

Día Mundial de las aves migratorias: “Las aves conectan nuestro mundo”

Bando de grullas (Grus grus. Kurrillo arrunt) a su paso por Montoria (Alava). 11.11.18.

El Día Mundial de las Aves Migratorias se celebra en dos días clave cada año (los segundos sábados de mayo y octubre) para resaltar la necesidad de colaboración internacional para garantizar la conservación de las aves migratorias y sus hábitats a nivel mundial. Por tanto, esta vez toca al día 10 de octubre.

Aproximadamente 1.800 de las 11.000 especies de aves del mundo migran, y la península Ibérica es uno de los principales corredores migratorios del mundo por su ubicación geográfica.

Además de su belleza, ya sea por su canto o por el color de su plumaje, las aves también son el símbolo de la interconexión que existe entre los diversos ecosistemas del planeta. De ahí la importancia de su protección y la conservación de las áreas donde viven, ya que su presencia nos revela la salud ecológica del planeta y los daños que podríamos estar causando con nuestras actividades.

Es por ello que, para este año, el Día Mundial de las Aves Migratorias, que se lleva a cabo el 10 de octubre, tiene como lema: «Las aves conectan nuestro mundo», ya que éstas forman parte de nuestro patrimonio natural compartido. Y tanto su comportamiento como su presencia o ausencia a lo largo de sus trayectorias migratorias nos revelan la magnitud que tiene el cambio climático y sus efectos en los diversos ecosistemas.

Nido de cigüeñas (Ciconia ciconia) en Salburua (Vitoria-Gasteiz). 28.01.28.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales. ¿De dónde venían todas esas aves que aparecían en ciertas épocas del año y a dónde se iban cuando desaparecían? Algunas de las respuestas que se dieron antaño pueden resultarnos hoy cómicas, pero hubo un tiempo en el que se creyó firmemente que las aves se escondían para hibernar, que ciertas especies se convertían en otras e incluso que algunas migraban a la luna. Varias de estas ideas erróneas perduraron sorprendentemente durante muchos siglos entre la comunidad científica. Por ejemplo, en sus Migrationes Avium de 1757 Linneo seguía defendiendo las teorías de Aristóteles y aseguraba que las golondrinas se enterraban en los fangos de lagos y bahías de manera similar a los anfibios para pasar el invierno y emerger de su entierro llegada la primavera.

No fue hasta principios del siglo XIX cuando empezaron a realizarse de manera sistemática los primeros estudios sobre la migración de las aves con el propósito de averiguar a dónde iban y de dónde venían ciertas especies. Se comenzó de la manera más simple posible: observando. La lenta pero incesante acumulación de información acerca de cuándo y dónde llegaban, pasaban o se iban, dio sus frutos y a mediados del XIX ya se conocía el calendario de estancia de muchas especies. 

Las numerosas expediciones naturalistas a África también fueron trascendentales al observar y recolectar en invierno ejemplares pertenecientes a las mismas especies que se encontraban en Europa sólo durante la primavera y el verano. No en vano, dos siglos antes el naturalista francés Pierre Belon ya decía que las planicies egipcias se tornaban blancas de tantas cigüeñas como allí se concentraban en septiembre y octubre, y no iba desencaminado al decir que se marchaban a África porque allí no hacía tanto frío en invierno como en Europa, mientras que regresaban aquí para huir del calor tórrido del desierto en verano.

Precisamente fue una cigüeña, cazada en 1822 en Alemania, el ave que proporcionó la primera prueba material de que había estado en África, al encontrársele clavada una flecha que por sus características pertenecía a alguna de las tribus que por aquel entonces poblaban la región occidental subsahariana. Pero hasta la introducción del anillamiento a finales del siglo XIX no se pudieron establecer vínculos inequívocos entre sus lugares de origen y destino. Esto permitió trazar con precisión las zonas de paso e invernada de muchas especies y poblaciones. No obstante, después de un siglo y con decenas de millones de individuos marcados, el anillamiento sigue resultando infructuoso para muchas especies debido a las bajísimas tasas de recuperación, lo que genera, aún hoy, importantes lagunas sobre aspectos básicos de la migración de algunas aves.

Bando de grullas en la Cendea de Galar (Navarra). 01.11.18.

Cada anilla lleva un número a modo de DNI y una dirección o remite de contacto. El anillamiento es el método más barato y general, pero las últimas tecnologías permiten hoy emplear sistemas de geolocalización y seguimiento remoto como emisores satélite-GPS, geolocalizadores y datalogger. Estos nuevos sistemas de marcaje aportan información mucho más detallada sobre el pájaro. Establecen la localización del ave varias veces al día durante años, por lo que permiten conocer matices como cuánto tiempo permanecen en sus áreas de cría e invernada, cuándo inician su migración, por dónde la realizan, en qué puntos paran para descansar, su velocidad de migración y numerosos aspectos hasta ahora desconocidos.

Estamos en unas fechas y todavía lo serán más en las próximas semanas, en que nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, mil millones de alas. Tengamos en cuenta que los expertos ornitólogos estiman que la población de aves invernantes en la península Ibérica puede alcanzar la cifra de unos 500 millones. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte de Europa, se instalan en nuestro derredor.

“kru-kru-kru”, grullas a la vista

Dentro de unos días veremos a las grullas comunes (Grus grus.Kurrilo arrunt) haciendo el viaje de su migración hacia la península Ibérica y el norte de África. La ruta que siguen invariablemente es una ancha banda de unos cientos de kilómetros que atraviesa Europa, alcanzando la península Ibérica por el Pirineo occidental. En el mes de marzo utilizan el mismo camino para regresar a sus zonas de cría en el norte de Europa y Rusia.

Grullas en vuelo. Montoria (Alava). 01.11.17.

Una V formada por grandes aves, volando a gran altura, con el cuello estirado, con pesadas y amplias batidas de alas y con un “kru-kru-kru” incesante, denota el primer bando de grullas. A diferencia de los gansos, las grullas no conservan mucho tiempo esta disposición en V.

En el Estado Español invernan en número elevado en puntos del centro y todo el sudoeste. Sus lugares habituales de estancia en esta época son los encinares y campos cultivados de cereales, que les proporcionan alimento abundante, aunque utilizan zonas peladas como dormideros, siendo espectacular el trasiego al amanecer y anochecer.

Pero este fascinante viaje desde el Norte de Europa y cuyo destino es la península Ibérica y el norte de África, se inicia a finales de septiembre, cuando los vientos fríos del norte del Viejo Continente anuncian el otoño y las primeras nieves.

Una vez que las primeras grullas crucen los Pirineos por Navarra, se dirigirán a la laguna de Gallocanta (entre Zaragoza y Teruel). Por allí pasarán, en algún momento, casi todas las 150.000 grullas que hacen la invernada en España y Marruecos. Desde allí se irán distribuyendo en bandadas por las dehesas del suroeste peninsular.

Grullas en la Laguna de Gallocanta: la 17ª despedida 03.02.16. Foto: Aragón Documenta.

Entre el 45% y el 50% de todas las grullas de Europa Occidental eligen las dehesas extremeñas para pasar los meses de invierno. El resto de las grullas que entran en la península se reparten entre los Parques nacionales de Castilla-La Mancha de Las Tablas de Daimiel y Cabañeros, y más hacia el sur, en La Janda en Cádiz y otras prosiguen su viaje a las regiones costeras del norte de África vía Marruecos, donde una de las poblaciones invernantes más importantes se encuentra en la desembocadura del río Massa.

La invernada de la grulla común se ha convertido en uno de los grandes atractivos turísticos de las zonas citadas, que durante los meses de invierno acogen a miles de ejemplares de estas aves que llegan a la península ibérica desde el norte de Europa.

Bando de grullas a su paso por Salinas de Galar (Navarra). 12.10.18.

Durante su estancia en la Península Ibérica la grulla común se alimenta mayormente de semillas, bulbos, tubérculos y rizomas, pero también incorpora pequeños animales (invertebrados o pequeños vertebrados) a su dieta si puede capturarlos mientras se aprovisiona de vegetales.

Grulla común. Grus grus. Kurrilo arrunt.

Los vencejos, su vuelo y ese poder sanador de la naturaleza

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

Dos fechas después del Día Mundial del Medio Ambiente, 5 de junio, llega el Día Mundial de los Vencejos, el domingo, 7 de junio, aves que, ahora mismo, y junto a golondrinas y aviones, ejemplifican como pocos ese poder sanador de la naturaleza que muchas veces lo olvidamos. En este sentido, es necesario insistir en la importancia de los pájaros insectívoros a la hora de regular las poblaciones de insectos voladores, en este caso mosquitos, y de evitar la formación de plagas. Los vencejos figuran entre los más importantes consumidores de pequeños dípteros, y se desplazan en altura siguiendo la localización de sus bandadas a lo largo del día.

Las notas que permiten el allegro vivace de junio son que los cereales hayan culminado su granear. Que las hojas de los árboles escondan millones de nidos. Que miles de generaciones nuevas de anfibios y peces se apoderen de las aguas. Y que los cachorros de casi todos los mamíferos estén creciendo.

Lo natural no renuncia a dejar estelas de su renovación en todas partes. Una de las más frecuentes, conspicuas y urbanas son las hordas de negros vencejos que chirrían sobre nuestras cabezas por todas partes. No hay azul sobre las ciudades y los pueblos que a partir de estas fechas no sea patrullado por bandadas de estas aves.

Tanto su silueta en uve como los chillidos que conforman su canto son muy familiares durante los meses del verano. Los vencejos comunes, Apus apus, representan la más perfecta adaptación al vuelo que pueda imaginarse en el mundo de las aves. En pueblos y ciudades de la península Ibérica, y en nuestra Euskadi, estos portentosos viajeros, que de Siberia a África pueden recorrer 30.000 kilómetros al año, ceban a sus crías a base de insectos capturados en su planeo.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

Fáciles de reconocer, no sólo por sus gritos, sino también por la silueta con alas muy largas y curvadas hacia atrás, como guadañas. Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población peninsular de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

En este sentido, no hace falta insistir en la importancia de los pájaros insectívoros a la hora de regular las poblaciones de insectos voladores, en este caso mosquitos, y de evitar la formación de plagas. Los vencejos figuran entre los más importantes consumidores de pequeños dípteros, y se desplazan en altura siguiendo la localización de sus bandadas a lo largo del día.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

El vencejo se trata de un ave que viene a nuestras tierras en primavera y anuncia la llegada del calor. Es bien conocido por todos, ya que vuelan en grupos de una manera ágil, inquieta, con cientos de quiebros, planeos, cambios de direcciones y cabriolas, emite una serie de chillidos muy estridentes y llamativos fáciles de oír.

Algunos amantes de la ornitología construyen nidos artificiales para estos pájaros maravillosos en sus terrazas o en los tejados: una costumbre muy eficaz para la reproducción de la especie.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 05.06.17.

Aquí pasarán el verano y desaparecerán a finales de esa estación para volver año tras año de la misma manera y a los mismos lugares. Esperemos que lo sigan haciendo.

El apagón mundial por el clima la ‘Hora del Planeta’, en casa por el Covid-19

La edición de este sábado 28 de marzo va acompañada del lema “Apaga la luz. Todo irá bien”, en referencia a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus.

A diferencia de muchos otros eventos, el apagón mundial de la Hora del Planeta, una iniciativa de WWF que busca combatir la crisis climática reduciendo el gasto energético, no se suspenderá este año como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19, sino que se seguirá celebrando, pero desde casa.

En esta edición la campaña, va acompañada del lema “Apaga la luz. Todo irá bien”. Durante el clásico apagón de luces, que este año tendrá lugar hoy, sábado 28 de marzo, entre las 20:30 y las 21:30h, los participantes podrán lanzar este mensaje en código morse desde sus ventanas usando sus móviles o linternas para “llenar de esperanza” los hogares.

La Hora del Planeta nació hace 13 años en Sidney (Australia) (Foto: EFE) y se empezó a celebrar hace 11 en el Estado español. Empezó como un gesto simbólico y se ha convertido en uno de los mayores eventos de movilización ambiental de la historia. De hecho, durante este tiempo se han unido a la campaña más de 180 países y millones de ciudadanos, ayuntamientos e instituciones………

En el actual contexto de emergencia planetaria, con la crisis climática y la acelerada pérdida de biodiversidad, se hace aún más necesaria la llamada a la acción urgente por parte de la sociedad. La crisis climática y la pandemia actual del Covid-19 no son tan distintas entre sí. Hay demasiadas similitudes y pocas diferencias. Sin embargo, mientras la respuesta al coronavirus está siendo contundente, con medidas drásticas que afectan a toda la sociedad, la respuesta a la crisis climática, aunque también es urgente, se sigue postergando o condicionando a intereses económicos o políticos cortoplacistas.

Es el momento de actuar. La ciencia es clara: quedan muy pocos años para evitar los peores impactos del cambio climático. Es ahora o nunca, hay que actuar antes de que sea tarde.