Desperdicio de alimentos

Desperidicio de comida. Zanahorias feas

Zanahorias feas y otras no tanto, pero ambas para ser consumidas

El despilfarro es un problema característico de las sociedades desarrolladas, que cada año provoca la pérdida de miles de toneladas de alimentos. Ni más ni menos, cada habitante de la Unión Europea desperdicia de media unos 179 kg de alimentos en buen estado al año, es decir medio kilo de comida diario. Si hablamos de porcentajes en las fuentes de los residuos alimentarios nos encontramos con un 42% correspondiente a los hogares, un 39% que proviene de la industria manufacturera, un 14% de los servicios alimentarios y un 5% de la venta.

Las cifras hablan por sí solas. Pero todavía son más impactantes, cuando conocemos que en la UE viven 80 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza y que en el mundo hay 800 millones de personas que sufren hambre.

Son muchas las iniciativas públicas y privadas que han puesto en marcha para reducir tal despilfarro alimentario, aunque son, y a pesar de la enorme voluntariedad, generosidad y solidaridad de las que están impregnadas no pocas de ellas, todavía insuficientes.

En los últimos años, la Unión Europea contempla esta problemática como uno de los puntos a abordar en la llamada Economía circular. Así, la Comisión de Medio Ambiente de la Eurocámara votó el pasado 24 de enero cuatro enmiendas al proyecto legislativo de residuos de la CE. Concretamente, la citada Comisión quiere que para el año 2030 la tasa de reciclaje de residuos alcance el 70% en la UE, frente al actual 44%, y que al mismo tiempo se limite el vertido al 5%. Igualmente, la Comisión de Medio Ambiente aboga por una reducción de los residuos alimentarios del 30% en 2025 y del 50% en 2030, tomando 2014 como año de referencia. Estas cuatro propuestas al “paquete de residuos” se llevarán el próximo mes de marzo a la sesión plenaria de la Eurocámara de Estrasburgo para ser votadas.

Hasta aquí muy bien, y bienvenidas sean estas propuestas si son aprobadas, como parece ser. Ahora bien, y aunque ello no sea objeto de ser legislado, no vendría nada mal que al presentar estas propuestas y argumentarlas el por qué, se hiciera una recopilación de diversas iniciativas exitosas que ya se vienen haciendo en la misma Europa en la lucha contra el despilfarro alimentario.

Algunas de ellas, quizá, ya las sabemos, y me refiero a las medidas individuales que podemos poner en práctica como la compra responsable, la buena conservación de los alimentos, el aprovechamiento de las sobras del día anterior para elaborar un nuevo plato, etc. Sin embargo, hay que ir más allá. Y me refiero, desde medidas que impliquen normativas obligatorias hasta otras, públicas y privadas, que por su interés merece la pena difundirlas e impulsarlas.

Entre las primeras, es bueno recordar la aprobación por parte del Parlamento francés en febrero de 2016 que prohibía que los supermercados tirasen la comida, obligando a los establecimientos con una superficie superior a 400 metros cuadrados a firmar contratos, antes de junio de 2016, con organizaciones humanitarias para la donación de alimentos. Pero, además, de esta iniciativa que sería importante que se extendiera al Parlamento Europeo, y es la donación de alimentos por ley, está también el hecho de que muchas de estas organizaciones como los Bancos de Alimentos u otras, se les dotase, ya se hace en algunos casos, aunque se debería de incrementar el apoyo, de los medios necesarios para almacenar un determinado volumen de alimentos, a lo que habría que añadir los gastos resultantes de locales más grandes, camiones para el transporte, cámaras frigoríficas para la conservación de alimentos, etc. Porque este paquete de ayudas no figuró cuando se aprobó la ley francesa.

También hay otras iniciativas interesantes que deberían ser conocidas y que, en el caso de Dinamarca, ha permitido la reducción de un 25% del despilfarro alimentario en los últimos cinco años gracias a activistas, como el movimiento Stop Spild Af Mad (freno al desperdicio de comida, en danés), que a través de diversos medios han sacudido las conciencias, y a la que han secundado con diversas iniciativas algunas cadenas de supermercados, y empresas.

Así, tenemos a los establecimientos de Rema 1000 (cadena de supermercados) en donde se venden hortalizas por unidad, en lugar de manojos o bolsas. Eso ayuda, sin duda, a comprar sólo lo que se necesita. O, también, por otro lado, en las cámaras de paquetes de carne, las chuletas y pechugas con una fecha de caducidad muy corta portan una pegatina llamativa y un precio reducido. Otro dato a destacar es que no hay ofertas de 3×2, que tanto inundan las estanterías de nuestros supermercados e hipermercados. Y podríamos seguir con más ejemplos.

Finalmente, otro aspecto a reseñar, es que el pasado 2016 se abrieron en Copenhague los dos primeros locales de la cadena de supermercados WeFood, que se caracteriza por vender los alimentos que otros supermercados han desechado, o productos que tienen la fecha de caducidad próxima o la han sobrepasado, con un descuento de entre el 30% y el 70%. La iniciativa ha tenido gran éxito, pero la concienciación de la ciudadanía sobre el consumo puede dejar a esta cadena sin suficientes provisiones para llenar sus estanterías.

 

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