Migraciones de primavera

Golondrina común (Hirundo rustica), en Valdegobia (Alava). 29.03.18.

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus ‘vacaciones’ de invierno. El alimento es su principal motivo.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales.

Estamos en plena migración primaveral. Febrero y marzo registraron trasiegos ingentes que fueron llenando nuestros paisajes de nuevos colores, aleteos y cantos. Así, por ejemplo, los primeros ejemplares de la golondrina común (Hirundo rustica) llegan en el mes de febrero. La península Ibérica es una zona de paso de parte de la población europea, y las golondrinas atraviesan en primavera nuestro territorio cuando se dirigen hacia las zonas de cría en el norte del continente y vuelven a pasar hacia el sur en otoño en su ruta hacia las áreas africanas donde invernan.

En abril nos alcanzan especies como los vencejos comunes (Apus apus), abubilla (Upupa epops), ruiseñores comunes (Luscinia megarhynchos), abejarucos europeos (Merops apiaster), oropéndolas europeas (Oriolus oriolus) y un largo etcétera.

Abubilla (Upupa epops), en Larraga (Navarra). 14.04.18
Abejaruco europeo (Merops apiaster), en Lomas del Campo (Palencia). 01.05.17.

Y por citar a algunas de las especies citadas, me voy a referir a los vencejos, que son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus), en Osorno (Palencia). 15.05.17

Y cerrará la migración de primavera en mayo el abejero europeo (Pernis apivorus), una rapaz ciertamente original en cuanto a la alimentación se refiere. Y es que, a pesar de su envergadura de casi metro y medio, estas aves comen principalmente abejas, avispas y sus larvas. De él hablaremos en otra ocasión.

 

2 comentarios sobre “Migraciones de primavera”

  1. Me ha sorprendido lo de “miles de millones de aves”, yo que tenía el dato (quizás erróneo) de que por Aralar pasaban 20.000 palomas al año. He mirado en Wikipedia y me he enterado que la población de golondrinas (por cierto, todavía no han llegado, por lo menos a mi casa) supera los 190 MM de ejemplares en todo el mundo, sin contar vencejos, aviones, etc. Sorprendente. Más sorprendente lo de los vencejos, las enormes distancias que vuelan a lo largo del año o en el día, que duermen al volante, y que comen beben y copulan en pleno vuelo. Claro que las aves no usan la postura del misionero.

    1. Hola Mikel. Se calcula que cada año pasan cerca de tres millones de paloma torcaz por los Pirineos. Pero se trata solo de una sola especie migratoria. La cifra de las que pasan por Aralar, en estos momentos no lo sé, pero es posible conocer la cifra. Ya lo miraré. Por otra parte, las golondrinas es una de las aves que han adelantado la migración por el cambio climático. En Navarra, ya las he visto. Tengo en mi blog, al que has entrado, un artículo específico sobre los vencejos. Parece una fantasía lo que hacen, pero es así. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.

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