Sobre el aire de Bilbao

Cogestión de coches en el centro de Bilbao

HACE más de cuatro décadas, la zona metropolitana de Bilbao, así como otras de Euskadi, eran lugares que presentaban un aire bastante contaminado. Sin embargo, con el paso de los años la situación ha ido cambiando. Han quedado atrás los importantes problemas de contaminación que presentaban sus cielos allá por los años 70 y 80. Recordando esos tiempos, convendría decir que Bilbao perdió en el año 2000 el título de “zona de atmósfera contaminada”, una declaración que arrastraba desde 1977 por la “degradación del aire”.

Todavía recuerdo esos años 70 en que vine a estudiar a la entonces Universidad de Bilbao (hoy Universidad del País Vasco), cuando veíamos el cielo casi siempre de color gris debido a la contaminación existente, fundamentalmente de origen industrial. Sin embargo, en los últimos diez años, la reducción de los niveles de contaminación en Bilbao y en el resto de la geografía vasca ha sido notable, con una clara tendencia positiva de los indicadores de calidad del aire, tal como se plasma en el último Perfil Ambiental de Euskadi, que elabora el departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco. Dicho Perfil muestra, por ejemplo, que el número de días calificados de “muy buenos”, “buenos” y “mejorables” son entre el 90% y el 100%.

Entre las causas que han contribuido a esa reducción de la contaminación atmosférica se encuentra la reducción de emisiones debido al cierre de empresas, pero también la mejora de los combustibles, el empleo de tecnologías más limpias, una legislación más exigente, etcétera. Así, cabe citar las Autorizaciones Ambientales Integradas, trámite previo a cualquier actividad, la regularización de focos para actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera, las licencias de actividad u otras cuestiones.

No obstante, hoy en día y pensando en el futuro, uno de los problemas más importantes de contaminación atmosférica es la generada por el tráfico de vehículos. Concretamente, el tráfico urbano es el responsable de la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, como el dióxido de nitrógeno. En una ciudad tipo, el 60% del dióxido de nitrógeno procede del tráfico y la diferencia con las emisiones de una central térmica o una industria es que los vehículos conviven con las personas.

En base a los últimos informes elaborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se apunta que la contaminación del aire en áreas urbanas continúa progresando a paso alarmante, con efectos devastadores sobre la salud humana.

Otro tema importante de la movilidad urbana es que supone alrededor del 40% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal causante del cambio climático. En los últimos tiempos se suceden fenómenos meteorológicos muy extremos y devastadores que nos vuelven a poner en primer plano lo que desde hace tiempo nos vienen advirtiendo los científicos de que una de las primeras manifestaciones del cambio climático será la intensificación de fenómenos climáticos, que son ya habituales, pero que cada vez serán más frecuentes y más devastadores.

El año 2017 figura, junto a 2014 y 2015, como el año más cálido de la historia desde que se tienen registros y la temperatura media de la tierra sigue elevándose. De no cumplir con el Acuerdo de París -último tratado internacional legalmente vinculante, establecido en esa ciudad en diciembre de 2015- podemos superar un aumento de dos grados centígrados al finalizar el presente siglo, respecto a los niveles preindustriales (1880), que es el límite acordado en la capital francesa.

Un tercer impacto es que el actual modelo de movilidad urbana no solo causa muertes, sino también mucho dinero. La Comisión Europea estima que la congestión del tráfico en nuestras ciudades, contabilizando diversas variables como el tiempo perdido, el combustible desperdiciado, etc., asciende a 100.000 millones de euros, lo que representa un 1% del PIB cada año en la Unión Europea.

Pues bien. El pasado 25 de septiembre, este diario daba la noticia de que en la estación de la Red de Calidad del Aire de la calle María Díaz de Haro de Bilbao, según el último informe del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, se habían vuelto a superar en 2017 los índices legales anuales de un tipo de contaminante, el dióxido de nitrógeno. Concretamente, la citada estación registró una media de 43 microgramos por metro cúbico, cuando el máximo es de 40. Esta fue la única de las 53 estaciones de control de la calidad del aire del Gobierno vasco en las que se superó el valor límite anual (43 µg/m3 sobre 40 µg/m3) de este contaminante (NO2). Se da la circunstancia de que los valores medios anuales de esta sustancia contabilizados en 2016 por esta estación, cuando se registró otro pico, fueron menores: de 41,7.

En lo referente a Bilbao, actualmente la red de vigilancia, cuya competencia es del Gobierno vasco, cuenta con cuatro estaciones -Parque Europa de Txurdinaga, monte Arraiz (controlada por la planta de incineración de residuos, Zabalgarbi), calles Mazarredo y María Díaz de Haro (estas dos últimas centradas en examinar los humos de los tubos de escape- en la que se miden los índices de contaminantes como dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, partículas u ozono (O3).

Sin duda, los datos registrados en la calle María Díaz de Haro señalan la necesidad de mejora, para lo cual hay que adoptar medidas. Hay que tener en cuenta que Bilbao soporta a diario la entrada de 95.000 vehículos a través de sus ocho accesos principales, aunque un dato muy positivo es que sus residentes -la ciudad tiene 342.000 habitantes- apenas recurren al coche privado para la circulación interna. Solo lo hace el 11%. Más de la mitad se mueve a pie, mientras que el 23% va en transporte público.

Hay que apostar de forma decidida por el uso de la bicicleta. Foto: Deia.

Las soluciones puestas en marcha en algunas capitales europeas donde se han tomado más en serio el peligro -es el caso de ciudades como París, Berlín, Hamburgo, Helsinki, Oslo y otras- que supone la contaminación atmosférica proveniente de los vehículos motorizados pasan por un cambio progresivo del modelo de transporte existente en la actualidad. Se trata de impulsar los desplazamientos a pie, en bicicleta o en transporte público, para lo cual hace falta más concienciación y sensibilización en el conjunto de la sociedad. Pero también es necesario arbitrar medidas que reduzcan el tráfico, aunque en un primer momento sean antipopulares. El primer deber de los poderes públicos es garantizar la salud de las ciudadanas y los ciudadanos y es evidente que el grado de suciedad del aire, causado principalmente en las ciudades por las emisiones de los motores de combustión, atacan la salubridad general de la población.

Hoy en día, para conseguir una movilidad sostenible es necesaria la modernización del parque automovilístico y sustituirlo progresivamente, pero de forma firme, por uno totalmente eléctrico basado en las energías renovables; apostar de forma decidida por las alternativas más sostenibles como el uso de la bicicleta o caminar para nuestros desplazamientos urbanos, y hacer realidad la inevitable reducción del tráfico en la ciudad.

Parada del Metro.

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