Paseos por la naturaleza y sus beneficios físicos y mentales

Hayedos en la Sierra de Aralar (Navarra). Otoño 2017.

Las caminatas por el bosque, el campo y, en general, los entornos naturales suelen generar una sensación de bienestar, tanto a nivel físico como mental. Es algo que han experimentado infinidad de personas a través de los siglos. Pero en los últimos años algunos investigadores se han propuesto describir de manera científica las características de ese bienestar: en qué consiste, cuáles son exactamente los beneficios de dar paseos en la naturaleza.

En un trabajo de 2015, un equipo dirigido por Gregory Bratman, experto de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), partió del concepto conocido como «rumiación mórbida», es decir, los pensamientos que vuelven una y otra vez a la mente, que pueden tornarse obsesivos y que son a menudo causa de estrés, ansiedad, angustia y depresión. Diversos estudios han demostrado que esta rumiación es mucho más común en la gente que vive en la ciudad que entre quienes viven en entornos naturales.

De acuerdo con la llamada teoría de la restauración de la atención, la mente se fatiga cuando alguien tiene que estar concentrado durante mucho tiempo debido a los estímulos que recibe del exterior. Esto es lo que ocurre durante buena parte de la vida en la ciudad, donde esos estímulos son constantes y hay que estar atentos para, por ejemplo, no ser arrollados por un coche al cruzar la calle.

Pasear por la naturaleza posibilita justo lo contrario: contemplar árboles, aves, nubes o una puesta de sol no exige una alta concentración, y por lo tanto supone una restauración de la atención a unos niveles más naturales. Este descanso -que reduce el estrés y propicia el bienestar- es otro de sus beneficios, tal como lo señalan diversos trabajos.

Pico dorsiblanco (Dendrocopos leucotos). Quinto Real (Navarra). 19.03.17.

En Japón han desarrollado una práctica llamada Shinrin-yoku, que significa literalmente «absorber la atmósfera del bosque» y que en castellano se ha extendido con una fórmula más simple: «baño de bosque». Consiste, en esencia, en acudir al bosque no solo para dar un paseo o contemplar sus vistas, sino para tratar de «absorberlo» a través de los cinco sentidos: respirar hondo, entrar en contacto con los aromas de la naturaleza, sentir las texturas del suelo, de las hojas de las plantas, oír el canto de los pájaros, los cursos de agua, el viento entre los árboles.

En el caso de Navarra, los pioneros de los Baños de Bosque-Oihan Bainua fueron los japoneses, tal como señala Iosu Cabodevilla, psicólogo clínico, en un artículo publicado en “Noticias de Navarra”, que desde 1982 promueven esta actividad, shinrin-yoku.

Navarra, con su enorme extensión forestal, que contiene la tercera parte de hayedos de la península ibérica, no podía quedar al margen de esta tendencia de aprovechar los efectos benéficos en la salud que nos proporcionan los bosques y en la actividad social y económica generada en torno a los mismos.

El valle pirenaico de Erro/Erroibar, con una gran parte de su superficie cubierta de bosque autóctono, hayedos y robledales bien conservados, es el lugar elegido para la ubicación y desarrollo de este proyecto de implantar el primer bosque terapéutico de Navarra. Estos montes cuentan con proximidad a la capital navarra y un alto valor paisajístico y natural, ya que parte de la zona está incluida en la Zona Especial de Conservación (ZEC) denominada Monte Alduide, y son parte de la Red Natura 2000 de Navarra. Además, la zona está catalogada como Área de Importancia para Aves (IBAS), es decir una zona crítica para la conservación de las aves y la biodiversidad.

Bosque de hayas (Fagus sylvatica). Peñacerrada (Álava). 30.09.17.

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