Se nos fue el otoño, pero el invierno también nos trae muchas hermosuras

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). Foto: Julen Rekondo.

Un otoño hermosísimo, bello y mágico se nos fue. Es la ley de la naturaleza. Pero el invierno en que hemos entrado el pasado 21 de diciembre también presenta bonitas escenas y actividades en el mundo animal y vegetal, en la naturaleza.

En esta estación podremos disfrutar de la auténtica fiesta de los patos. Miles de ánades pasan el invierno en el País Vasco, en aguas interiores y costeras. Silbones, cucharas, tarros, porrones, frisos, azulones, rabudos, cercetas, etcétera. Denominaciones que con la palabra pato o ánade delante designan hasta 22 especies de este tipo de aves, las que pueden llegar a verse por nuestros aguazales. A las que se suman gansos, cisnes, distintas variedades de garzas, gaviotas, cigüeñas, avefría común, somormujo lavanco, focha común, correlimos común, cormoranes…y así podríamos seguir hasta completar las 72 especies invernantes. Un regalo para nuestros sentidos. Bandadas de miles, a veces decenas de miles, de estas aves, en efecto, se concentran en algunos de nuestros enclaves de aguas costeras e interiores.

Nos visitarán los cormoranes grandes, aunque no pocos permanecen aquí todo el año. Dos rasgos las harán inconfundibles: por una parte, son de tamaño considerable y completamente negras, al menos si están a cierta distancia. Pero todavía más conspicuas las hace el hecho de que con frecuencia los bandos de cormoranes se desplazan formando dos hileras de aves que dibujan una suerte de punta de flecha. Uves negras y muy raudas, ya que estas aves baten enérgica y continuadamente sus alas.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo). Salburua (Vitoria-Gasteiz). Foto: Julen Rekondo.

Con el frío de enero se inicia un espectáculo natural: la remonta de truchas y salmones. La trucha común no teme al frío ni al ímpetu de la corriente. Lo demuestra porque aguarda para reproducirse al incremento de los caudales que las lluvias de otoño proporcionan a nuestros ríos de montaña. La temperatura de las aguas en enero, que es cuando más puestas se realizan, raramente supera los 10 grados.

Por su parte, los salmones nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-.

Salmón atlántico (Salmo salar) remontando un río asturiano. Foto: Eduardo García Carmona.

En esas cuencas fluviales todavía se pueden observar a los salmones remontando, con sus potentes coletazos, cascadas de considerable altura. Estos peces, que han pasado dos o tres años en el mar, buscan los lugares donde nacieron, es decir, aquellos en los que las aguas son frías, libres, raudas y transparentes. ¡Buenos lugares para amar y nacer!

Y es en pleno arranque del invierno, cuando florecen varias decenas de plantas, cuando se aparean unos pocos animales y sobre todo cuando allá, en el más frío de los paisajes, el cielo, se encelan por lo menos tres de las más llamativas especies de aves. Casi todos nuestros buitres, con la excepción del alimoche, friolero que prefiere viajar a la región etiópica, andan de amores.

El quebrantahuesos y los dos buitres, leonado y negro, acuden a lo alto para exhibirse con alardes de sincronía y precisión velera. Porque estas aves, de inquietante aspecto cuando están quietas o alimentándose, son manjar para nuestros ojos cuando vuelan. Pero mucho más ahora, momento en el que celebran ceremonias basadas en la ingravidez.

Alimoche común (Neophron percnopterus). Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). Foto: Julen Rekondo.

Ya en febrero, la temprana eclosión de los narcisos sobre los primeros céspedes anuales recuerda en buena medida esa lenta aparición de las constelaciones en los cielos del atardecer. Porque de forma lenta, desde mediados de ese mes y hasta mayo, nos iremos encontrando con miles de puntos de luz blanca y amarilla salpicados casi por cualquier paisaje. No en vano se cuentan unas 50 especies de narcisos en la península Ibérica, casi la mitad endémicas, adaptadas prácticamente a todos los hábitats y más bien inclinadas a la abundancia. No es raro contemplar miles de ellos chisporroteando en los prados, sobre todo de montaña.

Narciso del Cantábrico (Narcissus cantabricus). Foto: Wikipedia.

6 comentarios sobre “Se nos fue el otoño, pero el invierno también nos trae muchas hermosuras”

  1. Realmente todo un gran espectaculo, si bien en mi humilde conocimiento siempre pensaba que eso sucedía en primavera, es de agradecer sus conocimientos y compartirlos, cada dia se aprende algo nuevo. Gracias por sus ilustraciones textuales como fotograficas.

    1. En todas las estaciones hay verdaderas escenas, actividades, etcétera, de mucha hermosura en la naturaleza.Que tienen su máximo apogeo en la primavera, que para mi, es el resurgir de la vida. Saludos, Damian.

    1. Pero los inicios de este invierno no han podido ser tan calurosos. Y en muchos lugares de la península Ibérica. El sur, el norte, etcétera. Pero todavía hay mucho invierno…

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