No valen más excusas ante la crisis climática

Simulación de la playa de la Concha devastada (Greenpeace).

La semana pasada hemos conocido que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deberían bajar un 7,6% cada año entre 2020 y 2030 para que la humanidad estuviera en camino de contener el aumento de temperaturas en 1,5°C, tal y como fijó como objetivo más ambicioso el Acuerdo de París, en diciembre de 2015.

La comunidad científica ha advertido que aumentos de temperaturas por encima de los 1,5°C intensificarán los impactos climáticos: olas de calor, deshielos, subida del nivel del mar y otros fenómenos climáticos extremos.

En este sentido, el 2020 será el año clave, puesto que los países deberán presentar sus planes o actualizar los existentes y aumentar significativamente sus compromisos.

Hay soluciones disponibles para cumplir lo acordado en París; el problema es que no se están llevando a cabo de forma lo suficientemente rápida y en una escala amplia.

El fracaso colectivo que supone no haber actuado a tiempo, y de manera decidida, contra el cambio climático comporta que ahora se deba efectuar recortes drásticos en las emisiones, de más del 7% al año si se desglosan de manera uniforme durante la próxima década.

Recuperar el tiempo perdido, debe ser la consigna. Si no lo hacemos el objetivo de 1,5°C estará fuera de alcance antes de 2030. Hay algunas cuestiones positivas. Se ha dado otra fuerte caída en el precio de la energía renovable. Incluso sin subvenciones, la energía eólica terrestre y la solar deberían de ser más baratas que la del carbón, el petróleo o el gas natural para 2020 en gran parte del mundo.

Campo solar

Existe un enorme potencial. Una transformación viable del sector energético que implique un mayor uso de energías renovables, una mayor eficiencia energética y otras medidas podrían reducir las emisiones de CO2 en el sector en un 78% para 2050.

Sin duda, la Unión Europea podría dejar de invertir en infraestructura de combustibles fósiles, incluidos nuevos gasoductos de gas natural. La reciente decisión del brazo financiero del bloque -el Banco Europeo de Inversiones- de poner fin a las inversiones en combustibles fósiles es un paso en la dirección correcta. En toda Europa, más países deberían también prohibir nuevas centrales eléctricas de carbón y cerrar las ya existentes. Estas medidas no solo beneficiarían en gran medida a nuestro clima, también limpiarían el aire que respiramos.

Parque eólico

En esta lucha contra la crisis climática, Europa no puede dormirse. La Cumbre del Clima del pasado septiembre celebrada en Nueva York tenía la meta de renovar la ambición para luchar contra el cambio climático. Sin embargo, a pesar de la retórica política, las políticas anunciadas hasta ahora se quedan muy cortas. Los compromisos sobre el clima deben multiplicar su ambición por cinco si queremos alcanzar el objetivo de 1,5 grados, y eso incluye a los estados europeos.

Se ha iniciado la Cumbre del Clima (COP25) en Madrid y ya no vale retrasar más la acción en defensa del clima. No valen más excusas. ¿Cuáles son nuestros deberes climáticos? Asumir, en la enorme reducción de emisiones que hay que hacer, nuestra cuota parte, la misma cuota que tuvimos y estamos teniendo en la generación del enorme problema de la crisis climática.

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