Hayas trasmochas, enormes `candelabros de madera´

Músicos de la orquesta Et Incarnatus en un precioso bosque de hayas trasmochas de Urkizu (Gipuzkoa)

Un bosque de hayas trasmochas impresiona. Se asemejan a enormes candelabros de madera, con varias ramas potentes elevándose en vertical a partir de un corto y grueso tronco.

Su origen está en una práctica que se inició desde antiguo en Bizkaia y Gipuzkoa para evitar las ventas forzosas de arbolado a la Marina en el siglo XVI, ya que, ante la necesidad de construcción de barcos de guerra para la Armada, la Corona practicaba la expropiación del arbolado, fijando el precio que consideraba oportuno.

Los trasmochos son árboles que se cortaban a unos 2 metros el primer corte, a partir del cual se formaba una cruz; éste se realizaba en los estadios jóvenes antes de los 50 años aproximadamente dependiendo de la especie y los usos, siendo en esta etapa de desarrollo los individuos muy vigorosos por lo que respondían brotando con fuerza, no produciéndose penas fracasos. Las ramas laterales hacia los lados adoptando forma de T en esta cruz, desarrollándose a poca altura del suelo por lo que se podían cortar fácilmente, se aprovechaban en turnos que van desde los 7 hasta los 20 años; diámetros idóneos para ser cortados a hacha. Se usaban generalmente tanto para carbón como para la industria naval de la época principalmente.

La presencia de hayedos trasmochos se ha entendido generalmente como un resultado de la actividad del carboneo, extendiéndose esta práctica rápidamente por toda la Cornisa Cantábrica.

Hayedo de Otzarreta, en el Parque Natural de Gorbeia, en su vertiente bizkaina

La situación actual es la pérdida de estas prácticas culturales, el turno de aprovechamiento y los propios usos de esa madera se han abandonado y nos encontramos con los árboles que todos conocemos. Árboles con forma de candelabros con ramas de grandes dimensiones, y que son los llamados “trasmochos interrumpidos”. Esta peculiar configuración de las hayas dota al bosque de una singular personalidad y belleza, siendo los árboles verdaderos monumentos.

Sin embargo, la situación ha cambiado, y en la actualidad la poda de las hayas ya no es necesaria, al igual que la leña que de ellas se extraía. Y de esta manera, existe el peligro de que desaparezcan, si se deja de intervenir, tras la desaparición de leñadores y carboneros. Debido a ello se han llevado diversas iniciativas para conservar estos árboles tan viejos y tan valiosos desde el punto de vista del paisaje y de la biodiversidad, como el proyecto LIFE “Biodiversidad y trasmochos”, con la ayuda de la UE.

Es obligado destacar en este artículo, la magnífica haya trasmocha de Altzo (Gipuzkoa), que se ve en la foto de portada, que lo plantó hace 183 años un bertsolari, que se llamaba Manuel Antonio de Imaz como recuerdo del día de su boda con Paula Jauregi, y que hoy los niños del pueblo le dedican rimas.

La magnífica haya trasmocha de Altzo (Gipuzkoa)

Otro espacio a destacar, es el hayedo de Otzarreta, situado en el límite de Bizkaia y Araba, en el emblemático puerto de Barazar (606 metros de altitud). Un pequeño trozo de tierra en el que los árboles alzan sus ramas con extrema verticalidad en un intento fallido de alcanzar el cielo.

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