26 de enero: Día Mundial de la Educación Ambiental

Este día tuvo su origen en 1975, año en que se celebró en Belgrado, el Seminario Internacional de Educación Ambiental. En este evento se establecieron los principios de la educación ambiental en el marco de los programas de las Naciones Unidas. Como resultado se publicó la Carta de Belgrado, en la cual se plasman las reivindicaciones fundamentales de la Educación Ambiental.

La cultura medio ambientalista surgió en la década de los 80, para llamar la atención de los daños que empezó a sufrir el planeta y desarrollar acciones para poder frenar y revertir el cambio climático y otros fenómenos que están acabando con los ecosistemas.

La Educación Ambiental es un proceso dinámico y participativo, que busca despertar en la población una conciencia que le permita identificarse con la problemática ambiental tanto a nivel general (mundial), como a nivel específico (medio donde vive). También busca identificar las relaciones de interacción e independencia que se dan entre el entorno (medio ambiental) y el ser humano, así como también se preocupa por promover una relación armónica entre el medio natural y las actividades humanas, todo esto con el fin de garantizar el sostenimiento y calidad de las generaciones actuales y futuras.

La educación ambiental no es un programa o proyecto en particular, sino que es más bien un paradigma que engloba las muchas formas de educación que ya existen y las que quedan por crear. La Educación Ambiental promueve esfuerzos para repensar programas y sistemas educativos (tanto métodos como contenidos) que actualmente sirven de apoyo para las sociedades insostenibles.

Es necesario enseñar a los y las jóvenes en muchas cuestiones como hacer un uso más eficiente de la energía; el ahorro de ese precioso recurso que es el agua; explicarles que el mejor residuo es el que no se genera y que si practicamos la recogida selectiva en nuestras casas y en la escuela favorecemos su reciclaje; educarles en el respeto a la naturaleza, y un sinfín de cosas más.

Contenedor para la recogida de los biorresiduos (fracción orgánica), con identificación del usuario, establecido el pago por generación.

También hay que decir que diversas comunidades, como Euskadi, han implementado lo que se llama la Agenda Escolar 21, que se trata de un programa de vocación y carácter planetario, y que promueve su implantación en los centros escolares, para construir un futuro en el que una nueva relación entre el ser humano y el medio ambiente supere las crisis ambientales, además de generar innovación pedagógica y calidad educativa en dichos centros.

La Agenda 21 Escolar en Euskadi se basa en la colaboración entre los centros educativos, los Departamentos de Educación y de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda del Gobierno vasco, y los ayuntamientos, y cuenta con significativas ayudas (recursos económicos, asesoramiento, formación…). Es un eficaz instrumento para formar ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI responsables y comprometidos.

Pero la labor de educar a la sociedad en el respeto al medio ambiente no debe ser una responsabilidad exclusiva de nuestro sistema de enseñanza. Muy al contrario, este importante aspecto de la educación ciudadana debería llevarse a cabo desde todos los ámbitos de la sociedad, y dirigirla a su conjunto. Y es en este campo al que me voy a referir a continuación, que en no pocas cuestiones está resultando ser poco efectiva, poco provechosa y en la que estamos fallando. Y voy a citar algunos ejemplos.

Urdaibai Bird Center: Observatorio de aves en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai (Bizkaia). Foto: Urdaibai Bird Center

¿Falta de Información? Cuando decimos que hay falta de información pensamos que lo idóneo sería invadir a la gente con información, con estadísticas, datos y gráficos. Pero no reparamos que eso puede servir a los que ya están convencidos, pero no para los demás, que es el sector más importante de la ciudadanía. La clave del éxito no es la cantidad de información, sino saber dar con el modelo mental que emplean las personas a las que nos dirigimos.

¿Meter miedo? Quizá se ha abusado en no pocas ocasiones de mensajes negativos y exagerados, aunque en realidad sean así, y solo en ello: plantas y animales que se extinguen, impactos irreversibles en la salud, especies exóticas invasoras que van a acabar con todo, etcétera. Esta estrategia genera rechazo social, pues la gente siente que ya no tiene que hacer para mejorar las cosas y simplemente tira la toalla. Es más efectivo mirar las cosas desde otra vertiente, de manera que el receptor sienta la posibilidad de hacer algo positivo. La cuestión es generar esperanza, el motor de lucha del ser humano, en lugar de hundir a la gente en la depresión. Insistir en aspectos positivos no es mentir ni ocultar información, sólo conocer cómo funciona el cerebro humano.

Muchas veces el error en educación ambiental viene de la mano de la distancia geográfica o psicológica al problema en cuestión. Por ejemplo, lo que pasa en el Ártico o en la Amazonia, con ser muy importante, queda muy lejos a mucha gente. En mi opinión, es bastante mejor ir de lo cercano a lo lejano, de lo particular a lo general.

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