La belleza de las mariposas y más cosas

La ortiguera o mariposa de la ortiga (Aglais urticae). Foto. Asociación Zerynthia.

Euskadi es una comunidad rica en lepidópteros, conocidos comúnmente como mariposas, siendo las más conocidas las mariposas diurnas, pero la mayoría de las especies son nocturnas (polillas, esfinges, pavones, etc.) y pasan muy inadvertidas.

La confluencia de los climas cantábrico y mediterráneo permite que sea posible observar en el País Vasco hasta 158 especies de mariposas diurnas. Esto supone el 45% de las que habitan en la península Ibérica. Es de destacar de forma importante el programa de seguimiento de mariposas diurnas del País Vasco que se inició en 2008 con el entonces Departamento de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio del Gobierno Vasco, con el impulso de un estudio piloto con el fin de diseñar protocolos viables para el seguimiento de mariposas diurnas en Euskadi. El programa ha venido funcionando desde entonces liderado actualmente por la Dirección de Patrimonio Natural y Cambio Climático del Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda del Gobierno Vasco, con la colaboración técnica de Hazi Fundazioa y el soporte de entidades especializadas, como la Asociación Zerynthia y la Sociedad Aranzadi.

Las mariposas tienen una gran importancia desde el punto de vista de la conservación. Normalmente se dedican muchísimos esfuerzos a los grandes mamíferos, a las grandes aves y no se presta tanta atención a estos insectos. Pero su valor es fundamental porque dentro de las cadenas tróficas ocupan la base. La existencia de las mariposas permite la polinización de las plantas por un lado y sirven de alimento a otra cantidad de seres, desde arañas, avispas, murciélagos y muchísimas aves.

Pero, además, de su valor intrínseco para la biodiversidad, las mariposas pueden compartir la atracción turística junto a otras especies emblemáticas existentes. Es una manera de apostar por la conservación de una especie para la que los modelos climáticos predicen una reducción drástica de las poblaciones de entre un 20% y un 70% para el año 2050.

Las mariposas son la vanguardia de la primavera y en los últimos días de febrero emprenden sus rutilantes y acelerados vuelos. Todavía quedan unos cuantos días, pero entramos ya ese mes.

Pocas invenciones de la vida alcanzan la compleja belleza de estos insectos. En ellos concurren una de las manifestaciones más veces evocadas de la fragilidad, algo que en absoluto se corresponde con la realidad. Porque las mariposas son tenaces, austeras, recias y hasta poderosas. Baten sus alas varias veces por segundo, alcanzan los 35 kilómetros por hora, resisten heladas si consiguen esconderse, y desafían al viento y a los pájaros que suelen perseguirlas.

La mariposa Colias croceus. Autor: Asociación Zerynthia.

Su suave cromatismo responde al papel de ilusionados reclamos que interpretan, a esa coquetería que la vida misma pone en marcha para lograr la atracción de los sexos. Una mariposa es un deseo a punto de cumplirse.

Y si delicada nos parece su locomoción zozobrante, todavía más suave resulta su alimentación básica. Porque estos insectos, que durante su fase de orugas son capaces de devorar ingentes cantidades de verde, cambian por completo al llegar a la madurez. Entonces buscan, con la lengua en espiral, el néctar. Un nutriente altamente energético destinado a permitir los tremendos esfuerzos que asegurar la descendencia exige.

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