Disfrutar de la naturaleza con respeto y responsabilidad

Hayas en Peñacerrada (Álava). 01.04.19.

El pasado 3 de marzo, como todos los años desde 2013, se celebra el Día Mundial de la Naturaleza, jornada con la que se pretende sensibilizar sobre la necesidad de preservar la biodiversidad de nuestro planeta, aunque esta práctica hay que hacerla a lo largo de los 365 días del año. Casi una cuarta parte de las especies están en riesgo de extinguirse durante las próximas décadas. Dar a conocer el medio natural, la biodiversidad. los ecosistemas….., es una buena forma para aprender a valorarlos y conservarlos.

Un dicho popular dice que “para amar algo hay que conocerlo”. Por eso animo a la ciudadanía a que vuelva a la naturaleza y contacte con su entorno, para admirar la belleza de nuestro pequeño hogar planetario, así como también denunciar sus amenazas y tratar de frenarlas.

Somos cada vez más las personas que tenemos costumbre de acudir al medio natural lo que los naturalistas llamamos “salidas al campo”. Cualquier fin de semana y ahora que se acerca la primavera es fácil ver excursionistas, senderistas, aficionados a la observación de las aves, etcétera, entre otras muchas personas, recorrer el campo disfrutando del aire libre y de la paz interior y exterior que sólo la naturaleza nos puede regalar.

Pero también cuando estamos en plena naturaleza, no debemos pensar que uno o una puede hacer lo que le viene en gana. Tenemos que ser conscientes que nuestra forma de actuar es muy importante. Un uso inadecuado de estos lugares puede provocar notables impactos en el suelo, en la flora y la fauna. Si a esto se añade la extraña costumbre de arrojar basuras, no es de extrañar que muchos lugares estén tan degradados que casi no sirven para su fin original: el descanso y el contacto con la naturaleza.

Por eso, hay que observar unas normas de comportamiento. Al lado de montañeros y montañeras, naturalistas y familias también salen al campo personas que meten ruido, que realizan verdaderas “diabluras” como dejar señales en los árboles, y también siguen existiendo los tristemente célebres “domingueros”, que dejar la basura por todas partes.

Muchas veces se piensa que determinados residuos arrojados en el campo se degradan sin mayores problemas. Nada más lejos de la realidad. Un papel clínex puede tardar tres o cuatro meses en degradarse, los restos de comida no terminarán de pudrirlos los microorganismos del suelo antes de ocho meses, un cigarrillo con filtro requerirá de 1 a 2 años, y un papel de periódico -mucho más resistente que los papeles higiénicos-, unos cinco años, más o menos los mismos que un chicle. Pero lo peor son los envases, que supone el 40% de los residuos que se acumulan en el medio natural. Hechos para durar y con el peso mínimo para que facilite el transporte del contenido, los envases son el resultado de complejos procesos químicos que nada tienen que ver con los materiales que se encuentran en la Naturaleza. En su inmensa mayoría, los envases no tienen insectos, hongos o bacterias que los degraden y es la erosión y los agentes químicos naturales quienes harán el trabajo de retirarlos de la vista. Un bote de hojalata, no se degrada antes de una década; un tetrabrik (compuesto de cartón, plástico y aluminio) resiste a la erosión varias décadas; una bolsa de plástico, 55 años; una botella de plástico, 500 años; y así podríamos seguir.

Otro objeto insignificante para nuestra vida, pero enormemente dañino para la naturaleza son las anillas que sujetan las latas de refresco. Miles y miles de estos envases se tiran cada año de forma incontrolada en nuestra comunidad, de modo que los aros estrangulan a multitud de pequeños mamíferos y aves que introducen la cabeza en ellos para jugar y ya no pueden sacarla.

Pico picapinos. (Dentrocopos major. Okil handi). Parque Natural Izki (Araba). 02.07.18.

Finalmente, el acumulo de desperdicios degrada también el paisaje. Asimismo, otra acción del ser humano que provoca un fuerte impacto en la vegetación y la flora, es el corte de leñas para hacer fuego, corte que generalmente se produce sobre cualquier vegetal y en cualquier estado, hecho que favorece en muchos casos la implantación de parásitos en las heridas abiertas al árbol. Cuando existen plagas en bosques próximos el riesgo se incrementa considerablemente.

Macizo de Anboto (Bizkaia)

Así, en primer lugar, es necesario actuar con el sentido común, evitando los fuegos, el destrozo de la vegetación, no arrancando, talando o serrando ramas ni árboles para construir refugios o en general esas simpáticas cabañas. Además, esas prácticas están penadas por la ley.

Con respecto a la basura, hay que poner en marcha nuestro propio programa de vertido cero. Los desperdicios deben ser depositados en el contenedor más próximo o, si no lo hay, llevarse la basura a casa, dejando el lugar de forma que parezca que allí no ha estado nadie.

No dañar vallas, setos y tapias. Además de los daños inherentes a la rotura del límite, un muro de piedra puede ser, también, refugio para fauna como insectos, arácnidos, reptiles y micromamíferos, amén de ser Patrimonio Cultural.

La espeleología no debería convertir las cuevas en horribles muestrarios de estalactitas y efímeras declaraciones amorosas o de otro tipo indeleblemente grabadas en la roca.

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