El Día Mundial del Agua (22 de marzo) y el coronavirus

Foto: EFE.

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el 22 de diciembre de 1993 celebrar cada 22 de marzo el Día Mundial del Agua. El tema elegido para 2020, es el agua y el cambio climático. Sin duda, el agua es un buen indicador para conocer los efectos de nuestra relación con el planeta, porque acaba reflejando en ella todo lo que opera sobre la biosfera.

El agua es la base de la vida y es un recurso crucial para la humanidad, que genera y sostiene la prosperidad económica, social, cultural y medioambiental. Desgraciadamente, hoy en día, 2,1 billones de personas viven sin acceso seguro al agua en su casa, lo que afecta a su salud, educación y forma de vida.

Uno de los primeros impactos que está teniendo la crisis climática -el mayor desafío ambiental que tiene actualmente la humanidad-, es la menor disponibilidad del agua. Otro de nuestros desmanes, reflejado en ríos y acuíferos, es la contaminación. Pervive una idea de los ríos presidida por su función de arrastre, que los convierte en vertedero de todo aquello que no queremos ver ni oler.

Inundaciones en la India. Foto: DEIA.

Por otra parte, la crisis climática está también detrás de la mayor frecuencia con que estamos sufriendo fenómenos meteorológicos extremos que dan lugar a desastres mal llamados “naturales”. En el V Informe de Evaluación del Cambio Climático del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, conocido por el acrónimo en inglés IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), se recuerda que el “90% de los desastres naturales de los últimos 18 años han sido avenidas, sequías y tormentas, desastres que han afectado a 4.200 millones de personas desde 1992”. Tras ello, como han certificado diversos estudios científicos, emerge de nuevo el cambio climático.

Según se plantea en el Perfil Ambiental 2018, referido exclusivamente al cambio climático, y elaborado por la Sociedad Pública de Gestión Ambiental (Ihobe), dependiente del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, algunos de los impactos en nuestro país serán el cambio progresivo de variables climáticas (temperatura media, precipitaciones, etcétera); mayor frecuencia y severidad de eventos extremos (inundaciones, olas de calor); subida del nivel del mar (ascenso de entre 29 y 49 cm para finales de siglo, retroceso de playas y aumento del riesgo de inundaciones); y disminución del aporte de agua en invierno y primavera (6-13%).

El agua contaminada por plásticos

Sin duda, en estos días y los próximos, esperemos que sean los menos, nuestra máxima preocupación y es lógico que lo sea, es el COVID19. Aunque ahora parece algo apocalíptico, se puede quedar en nada en comparación con lo que puede ocurrir en unos años con los efectos de la crisis climática, como es incremento de enfermedades, clima extremo, aumento del nivel del mar, variación en los regímenes de lluvias, pérdida de cosechas, etcétera.

Partiendo de que la superación del coronavirus sea lo antes posible, es imprescindible que esta pandemia nos sirva para acometer en mejores condiciones la crisis climática. Para evitar un cambio climático de graves consecuencias, se necesita actuar con decisión y urgencia, antes de que sea tarde. Las medidas que se necesitan contra el cambio climático no deberían levantarse sobre medidas de contención y defensivas, como es el caso del coronavirus, sino sobre medidas de precaución y cambios radicales en el modelo de producción y consumo, contribuyendo a la construcción de una sociedad mejor, más equitativa y en paz con la naturaleza.

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