Se nos fue el otoño, pero el invierno también presenta hermosuras en la naturaleza

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo. Ubarroi handia). Salburua (Vitoria-Gasteiz). 15.12.18.

Un otoño hermosísimo, bello y mágico, aunque condicionado por la Covid 19 se nos fue. El año que viene podremos disfrutar más de él, que el que finaliza estos días. Es la ley de la naturaleza. Pero el invierno en que entramos el lunes 21 de diciembre también presenta bonitas escenas y actividades en el mundo animal y vegetal, en la naturaleza.

En esta estación podremos disfrutar de la auténtica fiesta de los patos. Miles de ánades pasan el invierno en el País Vasco, en aguas interiores y costeras. Silbones, cucharas, tarros, porrones, frisos, azulones, rabudos, cercetas, etcétera. Denominaciones que con la palabra pato o ánade delante designan hasta 22 especies de este tipo de aves, las que pueden llegar a verse por nuestros aguazales. A las que se suman gansos, cisnes, distintas variedades de garzas, gaviotas, cigüeñas, avefría común, somormujo lavanco, focha común, correlimos común, cormoranes…y así podríamos seguir hasta completar las 72 especies invernantes. Bandadas de miles, a veces decenas de miles, de estas aves, en efecto, se concentran en algunos de nuestros enclaves de aguas costeras e interiores.

Nos visitarán los cormoranes grandes, aunque no pocos permanecen aquí todo el año. Dos rasgos las harán inconfundibles: por una parte, son de tamaño considerable y completamente negras, al menos si están a cierta distancia. Pero todavía más conspicuas las hace el hecho de que con frecuencia los bandos de cormoranes se desplazan formando dos hileras de aves que dibujan una suerte de punta de flecha. Uves negras y muy raudas, ya que estas aves baten enérgica y continuadamente sus alas.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus. Murgil handia). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 12.02.18.

También con la llegada del frío se ha iniciado un espectáculo natural: la remonta de truchas y salmones. La trucha común no teme al frío ni al ímpetu de la corriente. Lo demuestra porque aguarda para reproducirse al incremento de los caudales que las lluvias de otoño proporcionan a nuestros ríos de montaña. La temperatura de las aguas en enero, que es cuando más puestas se realizan, raramente supera los 10 grados.

Por su parte, los salmones nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-, aunque desgraciadamente están en declive.

Y es en pleno arranque del invierno, cuando florecen varias decenas de plantas, cuando se aparean unos pocos animales y sobre todo cuando allá, en el más frío de los paisajes, el cielo, se encelan por lo menos tres de las más llamativas especies de aves, el quebrantahuesos y los dos buitres, leonado y negro.

Narciso del Cantábrico (Narcissus cantabricus). Foto: Pixabay..

Ya en febrero, la temprana eclosión de los narcisos sobre los primeros céspedes anuales recuerda en buena medida esa lenta aparición de las constelaciones en los cielos del atardecer. Porque de forma lenta, desde mediados de ese mes y hasta mayo, nos iremos encontrando con miles de puntos de luz blanca y amarilla salpicados casi por cualquier paisaje.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *