Las libélulas son prodigios aerodinámicos que vuelan a gran velocidad

Pinzada de arroyo (Onychogomphus uncatus). Foto: Atlas de las libélulas de Álava. Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN)

Las libélulas son una de las especies más antiguas sobre el planeta y son prodigios aerodinámicos que vuelan en todas direcciones, a gran velocidad y durante largos trayectos.

Las libélulas llevan sobre el planeta la friolera de 300 millones de años. Acreditada y larga trayectoria que se plasma en que no existe otro grupo zoológico más espléndido y eficaz en el campo de la locomoción aérea. Las libélulas vuelan no sólo a una sorprendente velocidad para un insecto -hasta 50 kilómetros por hora-, sino que también consiguen todo tipo de maniobras en el aire. Suben y bajan en línea recta, retroceden marcha atrás, giran en ángulos rectos, se frenan en décimas de segundo… Son capaces incluso de escapar a la persecución de algunos pájaros ciertamente veloces. Cuentan además con dos pares de alas enormes que, al ser transparentes y delicadas, recuerdan que muchas estructuras vivas consiguen convertir lo frágil en poderosísimo.

Veremos libélulas sorprendentemente grandes, con hasta 10 centímetros de envergadura, aunque eso sea un tamaño siete veces más pequeño que el logrado por algunos antecesores que vivieron en la era secundaria. Más que el tamaño, en estos animales destaca la coloración, las bellísimas tonalidades que se dan cita en su cuerpo. Desde verdes esmeraldas rutilantes hasta naranjas, malvas, azules y amarillos purísimos.

Las veremos precisamente ahora y hasta mediados del verano casi en cualquier parte, incluso sobre las ciudades y las carreteras. Son muy nómadas, pueden realizar desplazamientos prácticamente migratorios, a lo largo de los cuales recorren centenares y hasta miles de kilómetros.

Como su vida larvaria, de hasta cuatro años, transcurre en el seno de las aguas dulces, y como sus principales cazaderos y territorios nupciales son los cursos fluviales y encharcamientos, allí las contemplaremos mejor y más a menudo.

La Diputación Foral de Álava presentó el 2 de julio de 2018 el primer atlas de las libélulas de Álava, que, en sus 165 páginas a color, recoge con detalle las 51 especies de libélulas y caballitos del diablo -odonatos (Odonata, del griego οδοντός odontos, «diente»)- que habitan en ese territorio. Dicha publicación es fruto del trabajo de diez años llevado a cabo por José Antonio Gainzarain, del Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN), que incluye fotografías de alta calidad, fichas, mapas y citas actualizadas.

Tal como se dice en la citada publicación, los odonatos son unos insectos de enorme atractivo, que constituyen excelentes bioindicadores tanto del estado de conservación de los ecosistemas acuáticos como de los efectos del calentamiento global. En esta época de acelerados cambios ambientales, el estudio y seguimiento de sus poblaciones presenta un indudable interés y, de hecho, en los últimos años se ha incrementado notablemente el número de publicaciones que abordan diferentes aspectos de su biología.

Entre las 51 especies de odonatos de Álava, destaca la Aeshna isoceles, también conocida como libélula de ojos verdes, que vive sólo en el lago Arreo, espacio natural protegido de la Red Natura 2000; o la Brachytron pratense (libélula de primavera), que sorprendió incluso a los expertos cuando la localizaron en la Sierra de Entzia -también espacio Red Natura 2000- por hallarse a 1.000 metros de altitud y a 65 kilómetros de Urdaibai, pese a que se trata de una libélula que suele vivir siempre cerca del mar.

Destaca también la libélula de kirbyi (Trithemis kirby) que apareció en Álava hace dos años. Es una pequeña libélula procedente de África de color rojo escarlata, muy común en el continente africano y que, en agosto de 2016, fue observada en el río Ebro, a su paso por la localidad de Baños de Ebro.

Jane Goodall y la comunicación animal

Jane Goodall. National Geographic. Foto: Steward Volland

La etóloga Jane Goodall nació en Londres el 3 de abril de 1934. A los 23 años Goodall cumplió su sueño de viajar a África donde trabajó junto al antropólogo británico Louis S. B. Leakey (el mismo que incentivara a Dian Fossey en el estudio de los gorilas) quien le animó a instalarse en la reserva de chimpancés de Gombe, en el lago Tanganika en el año 1960.

Y a pesar de que tuvo que vivir allí en condiciones nada envidiables, Jane siempre ha dicho que fue y es feliz porque su pasión por los animales que albergaba desde pequeña, se había convertido en su trabajo. Poco a poco, las anotaciones de Goodall y sus vivencias con los primates fueron dando sus frutos hasta el punto de que alguno de sus trabajos pasará a la historia como un referente para todos los estudiosos del origen de nuestra especie. Sin ir más lejos, en los setenta, la famosa etóloga fue la espectadora de lujo de una guerra entre dos grupos vecinos de chimpancés que duró cuatro años y que acabó hacia 1978 con la extinción de uno de los grupos.

Con esta investigación Jane Goodall demostraba plenamente que los chimpancés eran unos animales sociales y políticos y que mantenían luchas por el territorio, al igual que el ser humano. O lo que es lo mismo, según Jane Goodall, los chimpancés son seres altamente evolucionados, sensibles y capaces de realizar cualquier tipo de actividad mental que hasta hace poco se consideraba exclusiva de los humanos. La única frontera que nos separa a nosotros de ellos es la capacidad que tenemos para hablar y comunicarnos.

Pero sus estudios han ido más allá, y no se ha cansado de mostrar al mundo algunos datos que son verdaderamente asombrosos. De esta manera aprendemos que los chimpancés son capaces de reconocer todo aquello que ven, pueden aprender el lenguaje de los sordomudos y de comunicarse con nosotros a través de él, se reconocen en un espejo e incluso, retienen ideas durante algunos días hasta el punto de ser capaces de realizar funciones simples con el ordenador.

Jane Goodall, investida doctora «Honoris causa» por la Universidad Complutense de Madrid. Foto: Efe.

Pero, sin embargo, hoy en día el chimpancé es un animal en peligro de extinción y ésta se ha convertido en su nueva lucha. Hay dos especies distintas de chimpancés, el común y el pigmeo o bonobo. Se estima que hay menos de 300.000 chimpancés comunes (con cuatro subespecies distintas) y menos de 50.000 bonobos. El chimpancé central es el más numeroso de las subespecies de chimpancé común, con una población de unos 130.000 individuos, mayormente en Gabón, Camerún y el Congo


El chimpancé central (Pan troglodytes troglodytes). Foto: WWF

Las diferencias entre el chimpancé común y el bonobo son muy ligeras. Los bonobos tienen las piernas más largas, los brazos más cortos y el tronco más estrecho. Son generalmente más bajitos, con un cráneo más redondeado y una cara más plana. Además, los bonobos exhiben un comportamiento social diferente a los chimpancés, siendo más conciliadores y pacíficos.

Pero por suerte, esta primatóloga de trato agradable y de mirada tranquila todavía lucha por salvar al chimpancé de su extinción y por conocer más detalles de su comportamiento. Sabe que el futuro pasa por mantener a estos primates en reservas o zonas protegidas.  


Bonobo. Foto: WWF.

Pero su apuesta es mucho más ambiciosa. Sabe que lo que está en juego es la propia naturaleza y para ello, Jane Goodall nos propone que hagamos el boicot a las empresas que no tienen una ética con respecto al medio ambiente, y nos advierte que en nuestras manos y en nuestros bolsillos está, entre otras cosas, no comprar muebles hechos con madera de bosques talados.

Nadie se atreverá a vender lo que nadie quiere comprar, pero para ello es necesaria una firme conciencia ecológica y educar a nuestros hijos e hijas en el respeto a la naturaleza y al medio ambiente. Como puede comprobarse, detrás de ese rostro cansado y de ese pelo cano emerge la figura de una mujer venerable y vital, optimista ante todo y que cree con todas sus fuerzas en la sociedad.

El `Nitrato de Chile´, un cartel para la historia

En Estepar (Burgos)

Quién no recuerda, o al menos algunas gentes que tenemos ya unos cuantos años, la imagen de los carteles de Nitrato de Chile. Todavía se conservan en algunos lugares, en algunos de ellos se han restaurado y en otros, desgraciadamente, han desaparecido. En estas dos fotos aparece el `Nitrato de Chile´, el de la portada, existente todavía en el pueblo de Estépar, en la provincia de Burgos.

Son carteles que muestran otra época, una España que ya no existe. Estaban pegados en bares, casinos, ayuntamientos, dispensarios médicos, en las carreteras y en las tiendas de ultramarinos de los pueblos. En un mundo sin televisión -en muchos casos ni siquiera luz eléctrica- eran la única forma de transmitir a una población, con alto número de analfabetos, los grandes cambios que estaban modernizando un mundo arcaico.

El famoso Nitrato de Chile, cuyo dibujo es un icono, fue el rey de los abonos, ese producto que se esparcía en los campos para aumentar la producción. La silueta negra de un jinete sobre su caballo se perfila sobre un fondo amarillo en un mosaico cerámico.

Como se describe en el blog “arte torre” (http://artetorre.blogspot.com.es/2016/07/nitrato-de-chile-un-cartel-para-la.html), el Nitrato de Chile era un fertilizante natural compuesto por nitrato de sodio muy comercializado durante la primera mitad del siglo XX en España procedente de Chile, lugar en el que existían importantes depósitos de este material.

La decadencia de la exportación de nitrato de Chile a otros países comenzó cuando Noruega decidió fabricar nitrato artificial, mucho más barato que el chileno dado que se empleaban medios electroquímicos para su fabricación, lo cual redujo notablemente el coste de la producción.

Otro anuncio del «Nitrato de Chile»

Sin lugar a duda, tal como se afirma en el citado blog, estamos ante uno de esos carteles publicitarios que han evolucionado hasta convertirse hoy en un auténtico símbolo de la sociedad del pasado y que conviene conservar como testimonio antropológico y cultural.

Los vencejos y su vuelo

Vencejo común (Apus apus. Sorbeltz arrunt), en Osorno (Palencia). 15.06.18.

Las notas que permiten el allegro vivace de junio son que los cereales hayan culminado su granear. Que las hojas de los árboles escondan millones de nidos. Que miles de generaciones nuevas de anfibios y peces se apoderen de las aguas. Y que los cachorros de casi todos los mamíferos estén creciendo.

Lo natural no renuncia a dejar estelas de su renovación en todas partes. Una de las más frecuentes, conspicuas y urbanas son las hordas de negros vencejos que chirrían sobre nuestras cabezas por todas partes. No hay azul sobre las ciudades y los pueblos que a partir de estas fechas no sea patrullado por bandadas de estas aves.

Tanto su silueta en uve como los chillidos que conforman su canto son muy familiares durante los meses del verano. Los vencejos comunes, Apus apus, representan la más perfecta adaptación al vuelo que pueda imaginarse en el mundo de las aves. En pueblos y ciudades de la península Ibérica, estos portentosos viajeros, que de Siberia a África pueden recorrer 30.000 kilómetros al año, ceban a sus crías a base de insectos capturados en su planeo.

El pasado 7 de junio se celebró por primera vez el Día Mundial del Vencejo, una iniciativa internacional a la que se ha unido SeoBirdLife en el marco de su campaña ‘Aves de Barrio’. Foto: SeoBirdlife.

Fáciles de reconocer, no sólo por sus gritos, sino también por la silueta con alas muy largas y curvadas hacia atrás, como guadañas. Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población peninsular de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

En este sentido, no hace falta insistir en la importancia de los pájaros insectívoros a la hora de regular las poblaciones de insectos voladores, en este caso mosquitos, y de evitar la formación de plagas. Los vencejos figuran entre los más importantes consumidores de pequeños dípteros, y se desplazan en altura siguiendo la localización de sus bandadas a lo largo del día.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus. Sorbeltz arrunt), en Osorno (Palencia). 15.06.18.

El vencejo se trata de un ave que viene a nuestras tierras en primavera y anuncia la llegada del calor. Es bien conocido por todos, ya que vuelan en grupos de una manera ágil, inquieta, con cientos de quiebros, planeos, cambios de direcciones y cabriolas, emite una serie de chillidos muy estridentes y llamativos fáciles de oír.

Algunos amantes de la ornitología construyen nidos artificiales para estos pájaros maravillosos en sus terrazas o en los tejados: una costumbre muy eficaz para la reproducción de la especie.

Aquí pasarán el verano y desaparecerán a finales de esa estación para volver año tras año de la misma manera y a los mismos lugares. Esperemos que lo sigan haciendo.

Aves y calidad de vida

Agachadiza común (Gallinago gallinago. Istingor arrunta). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 12.01.18.

El índice de calidad de vida va incluyendo cada vez más aspectos culturales, biológicos y ambientales. Y en ellos, las aves son un verdadero termómetro para medir la calidad de los ecosistemas, del medio ambiente, y, en definitiva, de la calidad de vida. La oficina estadística europea Eurostat incluye el seguimiento de las poblaciones de aves entre los índices más importantes para evaluar la sostenibilidad y el bienestar social.

Esa es la tendencia que se registra sobre todo en algunos países europeos como Gran Bretaña, Holanda, Dinamarca, Alemania…, de forma mucho más acusada que en el Estado Español. En dichos países se ha dado hace años un paso realmente espectacular y de horizontes muy crecederos. Las administraciones de esos países han incluido entre los aspectos para medir el bienestar nada menos que la variedad y la cantidad de aves avecindadas en un lugar. Medida que no puede resultar más coherente. Porque no hace falta ser un experto ecólogo para reconocer que la presencia de animales tan conspicuos, visual y acústicamente, como las aves, delatan las características de la totalidad del derredor que usan. Una de las leyes más sólidas de la ciencia que estudia los nexos entre todas las formas de vida y entre éstas y los ámbitos que posibilitan su existencia es precisamente que todo tiene una enorme trastienda. Lo que no vemos sostiene a lo que vemos. Tras cada pájaro cantando hay siempre un complejo sistema que debe mantener muchas vidas y mucha salud para que hasta nuestros tímpanos llegue esa música sin partituras.

Las aves son signos externos de esas otras riquezas que son las aguas limpias, los suelos fértiles, los bosques, y una cierta alianza entre los usos humanos y espontáneos de ese mismo paisaje.

Cuando se usa con tintes despectivos el término “pajarero”’, ciertamente se ignora que nadie detecta mejor la creciente degradación ambiental que los ornitólogos. Sus conocimientos sobre el paisaje equivalen a los que el médico de cabecera tiene sobre nuestra salud física.

Tras la presencia de una comunidad zoológica en un espacio concreto, lo que deducimos es una reducida contaminación de los aires, los alimentos, escaso o nulo ruido, variedad vegetal y hasta escasa prisa. Esos parámetros van configurando la convencional idea del lugar idílico, ameno, agradable, delirante, encantador, etcétera; es decir, de ese ámbito al que aspiramos casi todos, al menos a la hora de relajarnos, descansar o conseguir calidad ambiental en el entorno donde se vive.

Martin pescador. Alcedo atthis. Martin arrantzalea. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 01.04.18.

El Índice de Aves Comunes o Common Bird Index es uno de los referentes principales del Sustainable Development Indicator de Eurostat, que sitúa el estado de las poblaciones silvestres de aves junto a referentes de otro tipo, como el nivel de empleo, el consumo de energía o la esperanza de vida, para calibrar el grado de bienestar real que tiene los y las europeas.

Eurostat acumula desde hace décadas datos para tres indicadores: aves agrarias, forestales y comunes, que permiten valorar de forma efectiva la evolución del medio ambiente a lo largo del tiempo.

Todavía en Navarra somos unos privilegiados y nuestra comunidad posee una notable riqueza en aves, que hay que preservar. En este pequeño territorio de poco más de 10.000 km2 se han registrado más de 310 especies, 250 de ellas de forma regular y el resto de forma ocasional.

Observar aves en Navarra, es una de las mejores formas de disfrutar de la naturaleza. Lo podemos hacer en diversas épocas del año. A esto se suma la multitud de espacios naturales que podemos recorrer. No en vano, es una tierra llena de contrastes donde casi sin darnos pasaremos de una árida estepa a un bosque frondoso.

Observatorio de Lindus. Pirineo navarro. 10.09.18.

Esta gran variedad de hábitat hace que aniden aquí un gran número de especies: desde las esteparias a las rapaces, forestales o acuáticas… unos 330 tipos diferentes de aves están esperándonos en Navarra.

Para más información sobre la observación de aves en Navarra se puede consultar la página www.birding.navarra.es, creada desde el Departamento de Cultura y Turismo del Gobierno de Navarra para promocionar y desarrollar el turismo ornitológico en nuestra Comunidad Foral.

El avión común y sus nidos de barro

Nido de avión común. (Delichon urbicum. Enara azpizuri). Ayuntamiento de Valdegobia (Álava). 20.06.18.

El avión común es de la familia de la golondrina común y muchas veces se confunde con ella. Aunque es de origen rupícola, hoy en día, tiene sus colonias en los edificios de las ciudades y pueblos. Es un ave de pequeño tamaño, muy cantarina, negra por arriba y blanca por debajo, de obispillo blanco, de alas largas y puntiagudas, cola ahorquillada y patas cortas cubiertas de finas plumas blancas.

El avión común está dentro del grupo de las tres insectívoras estivales que cubren nuestros cielos en primavera y verano; es el grupo de los vencejos, los aviones y las golondrinas. Las tres aves son migradoras que pasan el invierno en África.

El avión común elije para anidar los aleros de los edificios que se sitúan en las ciudades y pueblos.  En ellos construye afanosamente un nido de barro completamente cerrado excepto por un agujerito por el cual entra y sale para alimentar a las crías. Vive en colonias en las que se sienten seguros, ya que en grupo pueden plantar cara a los depredadores que asedian sus nidos, principalmente el cernícalo común y la grajilla.

Pero también los aviones tienen que hacer frente a otros problemas, como la falta de barro en las ciudades y pueblos para construir sus nidos, además de su destrucción, desgraciadamente, por el ser humano, e incluso por parte de algunos ayuntamientos para “limpiar” algunas fachadas. A pesar de que la ley protege a estas aves.

Avión común. (Delichon urbicum. Enara azpizuri). Ayuntamiento de Valdegobia (Álava). 20.06.18.

La península Ibérica es el lugar de Europa con mayor número de parejas de aviones. Los aviones funcionan como insecticidas biológicos comiendo toneladas de insectos voladores (principalmente moscas y mosquitos) al año. Por lo tanto, les tenemos que estar muy agradecidos.

Contaminación por plásticos

Envases de plástico en la costa. Foto: Efe.

Las bolsas de plástico tienen los días contados. Para 2021 estarán prohibidas. Pero, surge la siguiente pregunta: ¿qué debemos hacer con el resto de los plásticos? Desde su expansión a principios del siglo pasado, el plástico se ha convertido en un material que puede utilizarse de maneras muy diferentes. Actualmente, se usa en gran cantidad para fabricar y envolver muchos de los productos que compramos y consumimos. Se ha hablado en muchas ocasiones de sus grandes ventajas, por sus características (flexibilidad, resistente, durabilidad, ligereza, bajo precio, etc.), pero no de sus grandes inconvenientes. Y, sin embargo, es el reflejo de la cultura de usar y tirar, ya que gran parte del plástico se emplea para fabricar una gran variedad de envases que tienen una vida muy corta (bolsas de plástico, envolturas de alimentos y envases, botellas o vasos de plásticos, cubiertos y cucharillas de plástico, pajitas, etc.).

Su bajo precio hace que uno se deshaga rápidamente de él, y su larga existencia hace que perdure en el medio ambiente durante largos períodos de tiempo, en los que puede causar grandes daños. Ya que no puede degradarse, la cantidad de plástico que se desperdicia en los océanos está aumentando considerablemente. Pero, igualmente, pasa en nuestros campos, donde los envases de plástico, sean botellas u otros envases pueden permanecer muchos años en descomponerse.  

Cada año se producen un total de 300 millones de toneladas de plástico. De ellas, se estima que ocho millones acaban directamente en los mares y océanos de nuestro planeta.

La inundación de plásticos de mares y océanos es uno de los principales impactos ambientales del planeta, según los diversos informes científicos recientemente. De no adoptarse medidas que lo impidan, se producirá grandes riesgos de degradación de los ecosistemas marinos y, por ende, de la biodiversidad marina.

El impacto de las basuras plásticas en la fauna es evidente. Es frecuente encontrar animales, como las tortugas, que han quedado enganchados con redes o cuerdas, quedando estrangulados en sus extremidades y sufriendo falta de riego sanguíneo.

Además, muchas especies marinas han incorporado plásticos en su organismo, incluyendo cetáceos, aves, tortugas, peces y plancton. Muchos mueren por la ingestión de plástico que les ha bloqueado el sistema digestivo. Se calcula que más del 60% de todas las especies de aves marinas tienen rastros de plásticos en sus intestinos y se han encontrado plásticos en los estómagos de casi 700 especies de vertebrados marinos.

Troy Mayne, Oceanic Imagery

Existen más de 3.000 sustancias químicas diferentes asociadas a los plásticos y más de 60 caracterizadas como sustancias de alto riesgo para la salud, siendo algunas de ellas persistentes, bioacumulables y tóxicas. Existen cientos de estudios científicos que demuestran que aditivos comunes del plástico, como los bisfenoles, los ftalatos y los metales pesados, son muy peligrosos para la salud.

Los seres humanos no estamos libres de peligro. Las vías de exposición humana a los aditivos químicos de los plásticos son básicamente dos: la ingesta y la inhalación.

El mayor aporte corresponde a la dieta. Cuando ingerimos un pescado, estamos incorporando a nuestro organismo todos los contaminantes que ha acumulado a lo largo de su vida. Es importante destacar que el problema no viene por el plástico que el animal tenga en el tracto gastrointestinal, ya que esta parte no es comestible. El problema viene de los aditivos químicos del plástico, que sí se acumulan en los tejidos grasos, como el músculo, una parte que sí es comestible.

La otra vía de exposición humana es a través del aire. Estos químicos se hallan en las partículas del aire que respiramos, sobre todo en interiores (casas, oficinas, …), ya que dichos ambientes están llenos de materiales plásticos. Normalmente, esta exposición es inferior a la de la dieta, ya que solemos comer hasta 2 kilogramos de alimentos por día, mientras que la inhalación de partículas a través de la respiración suele ser de 20 miligramos por día.

Envases de plástico «alfombrando» la plaza del Castillo en los sanfermines de Pamplona

Así pues, la contaminación por plástico supone un grave problema ambiental y una potencial amenaza para la salud humana, por lo que son necesarias medidas para intentar reducir el uso de material plástico en la sociedad.  

El gorrión “chillón” y su sonido tan chirriante

Gorrión chillón (Petronia petronia. Harkaitz-txolarrea). Pedraza de Campos. (Palencia). 23.07.18.

Hay cada vez menos gorriones. Es una tendencia evidente en las ciudades, pero también en el campo, donde la despoblación rural está pasando factura a dos de las cinco especies que habitan en la península, según los datos del programa de seguimiento de aves comunes de SEO/BirdLife. Se trata del gorrión común, con un declive global de su población por encima del 15% desde 1998; y del gorrión molinero, que presenta una caída del 6%.

Gorrión común (Passer domesticus. Etxe txolarre). Lumbier (Navarra). 14.04.18.

Tanto el gorrión común como el molinero, una especie de menor tamaño y aspecto delicado, guardan una estrecha relación con la actividad humana, hasta el punto de que anidan en edificios y otras construcciones. A menudo, cuando el ser humano abandona un espacio, estas aves siguen su camino, aunque hay otros factores que están contribuyendo a su declive. Entre ellos, la intensificación agraria, y el uso de pesticidas. En la ciudad, se suman cuestiones como la escasez de alimento, la contaminación atmosférica o la ausencia de lugares de nidificación.

No corren tan mala suerte otras dos especies de gorriones -chillón y moruno-, cuyas poblaciones han aumentado desde 1998 gracias a su expansión por diferentes zonas de la península. En ambos casos, su dependencia de la actividad humana es menor.

Gorrión chillón. Petronia petronia. Harkaitz-txolarrea. Pedraza de Campos. (Palencia). 23.07.18.

El gorrión chillón se parece a una hembra de gorrión común debido a su apagado y pálido plumaje. Tiene una mancha amarilla en la garganta que en ocasiones pasa desapercibida. Encima de cada ojo tiene una lista de color crema y otra oscura justo encima. El pico es grande y adaptado a su dieta granívora.

El gorrión chillón es una especie netamente mediterránea que está presente en la península Ibérica, en la que su densidad es muy variable. Escasea o falta completamente en la zona cantábrica en bajos niveles, como es el caso del País Vasco, y lo mismo en Galicia. La especie tiende a frecuentar parajes donde hay presencia de piedras, terrenos abruptos y pedregosos, con algunos acantilados, donde poder construir su nido. También frecuentan las construcciones en ruinas, puentes y muros de piedra.

Su canto es parecido al del gorrión común, con un sonido más chirriante, de donde toma el nombre de “chillón”.

Al ser una especie que vive alejada del ser humano y que tiene un actitud especialmente recelosa y huidiza, se convierte en una especie menos conocida.

El molinero, el más pequeño y delicado gorrión de la fauna peninsular

Gorrión molinero. Passer montanus. Landa-txolarre.
Lomas de Campos (Palencia). 18.04.18.

En la península Ibérica existen hasta cinco especies: el gorrión alpino, que cría en alta montaña; el gorrión moruno, que lo hace en Extremadura y Andalucía; el gorrión chillón, más escaso y habitante de medios forestales y roquedos; el común, ligado a las ciudades, y el molinero, presente en núcleos rurales, el de más de pueblo.

El más frecuente es el gorrión común y que vive acompañándonos en las ciudades. Los gorriones sufren un preocupante retroceso generalizado, y el 63% de esta ave de Europa ha desaparecido. Este declive responde a causas como el cambio climático, la contaminación, la falta de espacios verdes, la invasión de especies exóticas invasoras, las nuevas construcciones de cemento o cristal, que no favorecen la nidificación, los insecticidas, etc.

En el medio rural el declive es menor, aunque también se da y está asociado a la intensificación agraria, al empleo abusivo de plaguicidas o al despoblamiento generalizado. Uno de los gorriones que habita en las zonas rurales, es el gorrión molinero, el de más de pueblo, para entendernos. No se trata, por tanto, de una especie urbana sino rural, de pueblo pequeño, que raramente coincide con el gorrión común. Su plumaje es parecido y el canto también, aunque más agudo. Le gusta mucho el canto coral en grupo.


Gorrión molinero. Passer montanus. Landa-txolarre.
Lomas de Campos (Palencia). 18.04.18.

El molinero es el más pequeño y delicado gorrión de la fauna peninsular y es un habitante de las campiñas arboladas, los sotos y las dehesas, siempre que en sus proximidades cuenten con áreas abiertas en las que obtener alimento. Aunque en los años ochenta del pasado siglo la especie experimentó una cierta expansión demográfica, en la actualidad parece que la competencia con especies más prolíficas y la intensificación agraria están provocando un descenso de sus efectivos.

Gorrión común (Passer domesticus. Etxe txolarre). Espejo (Alava). 20.05.18.

Se puede decir que el gorrión molinero es la versión campestre del gorrión común. Destaca una mancha negra de forma cuadrada en las mejillas blancas, así como un collar de color blanco. En el cuello tiene un babero de color negro, así como una máscara alrededor de los ojos. Las alas y la cola son de color pardo con listas negras y el vientre es de color gris liso. Su hábitat preferido son los huertos de frutales cercanos a granjas y caseríos, procurando mantenerse algo alejado de las viviendas y del ser humano.

Invasores de río con escamas


Black-blass o perca americana.

En los últimos años, la introducción de especies exóticas invasoras en nuestros ríos se ha convertido en un verdadero problema para la biodiversidad. Hay distintos motivos de la llegada de estos invasores a nuestros ríos, como las necesidades económicas, su pesca o la cría en cautividad como alimento.

Una especie exótica es la que vino de fuera o, mejor dicho, la que nuestra especie trajo, se quedó y se reproduce con éxito. Toda especie exótica cambia, más o menos, el ecosistema en el que se establece. Si las alteraciones son graves, se dice que es una especie invasora. En Europa, en 2017 ya se habían detectado unas 13.000, incluyendo microorganismos, plantas y animales, de las que el 10% son dañinas para el ecosistema y, en último término, para la economía, que deja de recibir los usos y servicios que proporcionan los ecosistemas, y, además, también pueden perjudicar a la salud humana.

En lo que respecta a los ríos de la península Ibérica, hay quién afirma, como el profesor de Zoología de la Universidad de Córdoba Carlos Fernández Delgado que “en los ríos españoles hay ya más especies invasoras que autóctonas”.  

Según Ramiro Asensio y Javier Pinedo, en un artículo titulado “Invasores con escamas” y publicado en la revista Sustrai del Gobierno Vasco, es difícil concretar cuándo se introdujo la primera especie no autóctona en un río de la península Ibérica. Para unos, la carpa (Cyprinus carpio) y el carpín o pez-rojo (Carassius auratus) fueron traídos por los romanos, que los utilizaban con fines decorativos en estanques, y quizás también como un elemento gastronómico más.

Hubo de transcurrir un largo espacio de tiempo, casi 2.000 años, hasta que volviera a hablarse de introducciones, que inició un período de experimentación encaminado a aclimatar a especies foráneas. De esta forma, a finales del siglo XIX y procedentes de Norteamérica, se volcaron de manera intencionada tres especies: la trucha arcoíris (Onchorhynchus mykiss), el salvelino (Salvelinus fontinalis) y el gobio (Gobio).


Trucha arco-iris. Autor: Marcoski-Flickr

En el caso de la trucha arcoiris y el salvelino, su destino inicial era el cultivo en piscifactorías con el único fin del consumo humano, que hoy en día sigue vigente. El de la carpa, en cambio, era adornar, en los estanques. Pero había otro propósito que ya en el siglo XX llevaría a traer otros peces desde muy lejos, y era incrementar las posibilidades de pesca. Es el caso del lucio (Esox lucius) y el black-bass (Micropterus salmoides) o perca americana, dos de los peces más conocidos en la actualidad, que se convirtieron en el recurso para llenar el nicho de especies pescables que había en los tramos fluviales medios y bajos.

Una de las especies exóticas más llamativas en la península Ibérica es el siluro (Siluro glanis), un pez que puede llegar a medir dos metros y medio y pesar más de cien kilos. El siluro apareció en el Estado Español en el embalse de Mequinenza (Zaragoza), desde donde se ha extendido a todo el río Ebro. Es terrible y poco selectivo con su comida.

En cuanto a la presencia del siluro en ríos vascos, se pescó en 2015 un ejemplar de siluro de en el barrio de La Peña, en Bilbao, en el límite de influencia de marea, y donde al parecer se han reproducido. De ser así, nos encontramos ante un hecho importante en la escalada de introducción de especies alóctonas invasoras en los ríos vascos.


Siluro, pescado en el río Ebro, en Tudela (Navarra).

Es muy difícil predecir las consecuencias de una introducción, ya que cada caso concreto es diferente, pero lo que es seguro es que, si la especie introducida es capaz de vivir y proliferar en el nuevo hábitat, lo hará a costa de romper el equilibrio dinámico preexistente y, de camino hacia el nuevo equilibrio que se establecerá ya con su presencia, es muy posible que deje fuera alguna o algunas otras especies. Esta es la razón por la cual son indeseables las introducciones de peces exóticos invasoras en ecosistemas de aguas dulces.