La familia de los gorriones

Gorrión común. Passer domesticus. Txolarre arrunt. Salinas de Galar (Navarra). 25.07.18.

En la península Ibérica existen hasta cinco especies de gorriones: el gorrión alpino, que cría en alta montaña; el gorrión moruno, que lo hace en Extremadura y Andalucía, aunque ha llegado a Madrid; el gorrión chillón, más escaso y habitante de medios forestales y roquedos; el común, ligado a las ciudades, y el molinero, presente en núcleos rurales.

Hay cada vez menos gorriones. Es una tendencia evidente en las ciudades, pero también en el campo, donde la despoblación rural está pasando factura a dos de las cinco especies que habitan en la península, según los datos del programa de seguimiento de aves comunes de SEO/BirdLife. Se trata del gorrión común, con un declive global de su población por encima del 15% desde 1998; y del gorrión molinero, que presenta una caída del 6%. También el gorrión alpino está muy afectado.

Gorrión común. Passer domesticus. Txolarre arrunt. Espejo (Alava). 25.04.17.

Tanto el gorrión común como el molinero, una especie de menor tamaño y aspecto delicado, guardan una estrecha relación con la actividad humana, hasta el punto de que anidan en edificios y otras construcciones. A menudo, cuando el ser humano abandona un espacio, estas aves siguen su camino, aunque hay otros factores que están contribuyendo a su declive. Entre ellos, la intensificación agraria, el despoblamiento rural y el uso de pesticidas. En las zonas urbanas, una amenaza importante es la limpieza de ciudades, parques y jardines, donde los gorriones se alimentaban de los desperdicios humanos, unida a una mayor competencia por el escaso alimento, fruto de la llegada de especies foráneas, como la cotorra argentina, o el aumento de la población de palomas y urracas. Otra de las causas es la ausencia de lugares de nidificación, el uso de insecticidas y la creciente población de gatos callejeros, el principal depredador del gorrión.

Gorrión molinero. Passer montanus. Txolarre landa. Lomas de Campos (Palencia). 15.05.17.

El gorrión molinero es el más rural de las cinco especies, y es el más pequeño y delicado gorrión de la fauna española. Es un habitante de las campiñas arboladas, los sotos y las dehesas, siempre que en sus proximidades cuenten con áreas abiertas en las que obtener alimento. Aunque en los años ochenta del pasado siglo la especie experimentó una cierta expansión demográfica, en la actualidad parece que la competencia con especies más prolíficas y la intensificación agraria están provocando un descenso de sus efectivos.

No corren tan mala suerte otras dos especies de gorriones -chillón y moruno-, cuyas poblaciones han aumentado desde 1998 gracias a su expansión por diferentes zonas de la península. En ambos casos, su dependencia de la actividad humana es menor. El gorrión chillón se parece a una hembra de gorrión común debido a su apagado y pálido plumaje. Su canto es parecido al del gorrión común, con un sonido más chirriante, de donde toma el nombre de “chillón”.

Gorrión chillón. Petronia petronia. Txolarre harkaitz. Pedraza de Campos. (Palencia). 23.07.17.

El gorrión moruno (Passer hispaniolensis. Txolarre ilun), es nuestra cuarta especie de gorrión, y uno de los más bonitos, especialmente los machos. Su profuso barrado negro en el pecho y vientre, permite diferenciar fácilmente a los machos de otros gorriones. Las hembras, en cambio, son muy parecidas a las del gorrión común, y a menudo es imposible diferenciarlas.

Finalmente, la quinta especie de gorrión, es el gorrión alpino, con sus inconfundibles tonos blancos en el vientre y la cola, lo que le hace ser fácilmente distinguible. Es característico del Pirineo central (Huesca, Navarra y Lleida) y de la parte oriental de la Cordillera Cantábrica (Asturias, León, Cantabria y Palencia), normalmente por encima de los 1.500 metros de altitud. Es una especie, que al vivir en un hábitat duro y difícil, podría desaparecer o disminuir drásticamente su población debido al cambio climático.

Gorrión alpino (Montifringilla. Elur-txonta). Foto: Wikipedia.

Más información: Cómo distinguir los gorriones españoles, por Gabriel Martín.

https://www.seo.org/2015/03/20/como-distinguir-los-gorriones-espanoles-por-gabriel-martin/

 

 

Aves en busca de tierras cálidas

Avefría europea. Vanellus vanellus. Hegabera. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 30.11.17.

Estorninos, alondras, jilgueros y sin fin más de pájaros remontan en estos días el cielo, dispersos o en bandadas, a la busca de tierras cálidas donde pasar el invierno. El Estado español acoge a unos 500 millones de ellos.

Nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, mil millones de alas. Tengamos en cuenta que los expertos ornitólogos estiman que la población de aves invernantes en la Península puede alcanzar la cifra de unos 500 millones. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte, se instalan en nuestro derredor. Y en esas estamos.

El popular jilguero (Carduelis carduelis. Kardantxiloa) tiene un canto muy especial y agradable. Villafáfila (Zamora). 01.11.17.

La mayoría son pequeños pájaros, dispersos y bastante silenciosos. Pero a su lado podremos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos. Algunas de estas agregaciones infinitas se desplazan con notable orden. Caso de gaviotas, cormoranes, patos, grullas y garcillas, que dibujan en el cielo triángulos sin base, la letra uve, líneas oblicuas, a veces un rombo casi perfecto. Será a lo largo de nuestros ríos y sobre todo cerca de los embalses donde más veces nos sorprenderán. Las grullas ya empezaron a pasar por la península Ibérica todavía lo harán más en los próximos días, y muchas de ellas se dirigirán a la laguna de Gallocanta, las dehesas extremeñas, Portugal, Andalucía, y norte de África.

Cormorán grande. Phalacrocorax carbo. Ubarroi handia. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).15.11.17.

Otras bandadas, como las de estorninos, grajillas, palomas, avefrías, alondras, pardillos, jilgueros, verdecillos, trigueros… son el mejor ejemplo de que el caos es sólo el primer paso de la armonía. De que el revoltijo es regocijo para la mirada. Esa que encontrará, en los cielos más limpios del año, una turbamulta cohesionada, una capacidad infinita para convertir lo compuesto por incontables partes en un todo de prodigiosas sincronías. Para contemplar estas bandadas no hay reducto concreto. Están, un poco por doquier, dispuestas siempre a provocar una sorpresa tan grata como gratuita.

Paloma Torcaz. Columba palumbus. Pagauso. Montoria (Álava). 12.10.17.

La fiesta de los patos

Cerceta común (Anas crecca), en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Miles de ánades pasan el invierno en el País Vasco, en aguas interiores y costeras. El gran espectáculo de su presencia se puede ver en los humedales costeros que se asocian a la presencia de estuarios más o menos desarrollados, mientras que los interiores presentan características variadas en función de su regionalización: turberas, sistemas endorreicos con lagunas mineralizadas, sistemas fluviales, etc. Existe, además, un buen número de zonas húmedas de origen artificial, entre las que sobresalen embalses para el abastecimiento y producción de energía, balsas de utilidad agrícola….

Cuchara común (Anas clypeata). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Entre los humedales costeros, destacan los de Urdaibai y Txingudi, con diferentes características y problemáticas. En el interior, las zonas más destacadas son el complejo lagunar de Laguardia, constituida por tres sistemas naturales endorreicos y una balsa artificial; el lago de Arreo-Caicedo Yuso y las Salinas de Añana, de peculiaridad hidrogeológica y cultural; y Salburua, en Vitoria-Gasteiz, un encharcamiento originado por el afloramiento de los niveles freáticos, que fue desecado a lo largo del siglo XX, pero que ha sido exitosamente restaurado en los últimos años. Aunque de origen artificial, el extenso embalse de Ullibarri-Gamboa constituye también un referente importante, gracias al proceso de naturalización que han experimentado sus colas meridionales. Todos estos humedales forman parte de la lista de zonas de importancia internacional, de acuerdo, con el convenio de Ramsar.

Focha común (Fulica atra). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Silbones, cucharas, tarros, porrones, frisos, azulones, rabudos, cercetas, etcétera. Denominaciones que con la palabra pato o ánade delante designan hasta 22 especies de este tipo de aves, las que pueden llegar a verse por nuestros aguazales. A las que se suman gansos, cisnes, distintas variedades de garzas, gaviotas, cigüeñas, avefría común, somormujo lavanco, focha común, cormoranes…y así podríamos seguir hasta completar las 72 especies invernantes.

Pato rabudo, macho y hembra. (Anas acuta) Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Todas esas especies nos regalan su tendencia al gregarismo en cuanto el otoño se despliega por completo. Un regalo para nuestros sentidos. Bandadas de miles, a veces decenas de miles, de estas aves, en efecto, se concentran en algunos de nuestros enclaves de aguas costeras e interiores.

Gaviota patiamarilla (Larus ridibundus). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Para más información en:

  • Censo de aves acuáticas invernantes. de Medio Ambiente del Gobierno Vasco. 06/04/2017.

http://www.ingurumena.ejgv.euskadi.eus/r49-6172/es/contenidos/documentacion/acuaticas_invernantes/es_bio/indice.html

 

 

El fascinante viaje de las grullas

Grullas en la Laguna de Gallocanta, en su retorno al norte de Europa para la temporada de cría. 03.02.16. Foto: Aragón Documenta.

Desde hace ya unas semanas hemos visto pasar bandos de grullas comunes (Grus grus. Kurrilo arrunt) por nuestras tierras y todavía lo harán más en las próximas semanas. Efectúan su migración desde el norte de Europa hacia la península Ibérica y el norte de África, y la ruta que siguen invariablemente es una ancha banda de unos cientos de kilómetros que atraviesa Europa, alcanzando la península Ibérica por el Pirineo occidental. En el mes de marzo utilizan el mismo camino para regresar a sus zonas de cría en el norte de Europa y Rusia.

Una V formada por grandes aves, volando a gran altura, con el cuello estirado, con pesadas y amplias batidas de alas y con un “kru-kru-kru” incesante, denota el primer bando de grullas.

En el Estado Español invernan en número elevado en puntos del centro y todo el sudoeste. Sus lugares habituales de estancia en esta época son los encinares y campos cultivados de cereales, que les proporcionan alimento abundante, aunque utilizan zonas peladas como dormideros, siendo espectacular el trasiego al amanecer y anochecer.

Bando de grullas a su paso por Salinas de Galar (Navarra). 12.10.18.

Una vez que las primeras grullas crucen los Pirineos, se dirigirán a la laguna de Gallocanta (entre Zaragoza y Teruel). Por allí pasarán, en algún momento, casi todas las 150.000 grullas que hacen la invernada en España y Marruecos. Desde allí se irán distribuyendo en bandadas por las dehesas del suroeste peninsular.

Entre el 45% y el 50% de todas las grullas de Europa Occidental eligen las dehesas extremeñas para pasar los meses de invierno. El resto de las grullas que entran en la península se reparten entre los Parques Nacionales de Castilla-La Mancha de Las Tablas de Daimiel y Cabañeros, y más hacia el sur, en La Janda en Cádiz, y otras prosiguen su viaje a las regiones costeras del norte de África vía Marruecos, donde una de las poblaciones invernantes más importantes se encuentra en la desembocadura del río Massa.

La invernada de la grulla común se ha convertido en uno de los grandes atractivos turísticos de las zonas citadas, que durante los meses de invierno acogen a miles de ejemplares de estas aves.

La grulla es un ave gregaria, que salvo en la época de cría, se agrupa en bandadas, que durante la migración vuelan en forma de uve. Buscan alimento, beben y duermen en grupos, que pueden consistir en parejas, grupos familiares, o bandadas invernales según la época. Sus bandadas pueden llegar hasta los 400 individuos durante la migración. En las paradas de descanso de la migración pueden verse miles de grullas reunidas en un solo lugar. Su canto, consiste en un trompeteo característico, articulado gracias a una larga tráquea varias veces curvada y alojada en la cavidad torácica, que actúa en conjunto a modo de caja de resonancia.

Durante su estancia en la Península Ibérica la grulla común se alimenta mayormente de semillas, bulbos, tubérculos y rizomas, pero también incorpora pequeños animales (invertebrados o pequeños vertebrados) a su dieta si puede capturarlos mientras se aprovisiona de vegetales.

Grullas en vuelo. Montoria (Alava). 01.11.17

 

Tiempo de hongos

La recolección de setas silvestres es una afición que cuenta en el País Vasco y en Navarra con muchos adeptos, pero es necesario adoptar unas normas de comportamiento.

Ir de excursión al monte, o a cualquier otro sitio lejos del ajetreo urbano, resulta positivo. Es como volver a nuestras raíces, para no olvidar que seguimos formando parte de la biosfera. Para algunos es casi como un acto litúrgico, una profunda comunión con la naturaleza. Otros simplemente buscan pasar un rato agradable, andar, olvidarse del estrés, recoger setas y hongos…

El adjetivo ecológico se ha convertido en una palabra mágica en nuestra sociedad urbana. Aplicado a cualquier cosa, le infunde un aura mística (y verde). Si algo es ecológico, por fuerza ha de ser bueno. Es un término del cual se abusa, aplicándolo a las cosas más peregrinas. Por ejemplo, salir al monte a comerse una tortilla de patatas o a preparar una barbacoa (con riesgo de incendio) es ecológico, por más que eso no tenga nada que ver con la ciencia de la Ecología.

Sirvan los párrafos anteriores para introducir el tema que nos ocupa. Los motivos para salir al monte pueden ser muy variados, y preñados de buenas intenciones, pero si no se va con cuidado, se puede causar un efecto devastador. Animales, plantas y hongos sólo podrán sobrevivir si se preservan sus hábitats. De nada sirve una ley proteccionista para salvar una especie determinada si se permite que el hábitat donde mora se degrade por culpa de la presión humana.

Los hongos juegan un papel muy importante en la naturaleza. Se estima que el 80% de las plantas vasculares están asociadas a hongos sin los cuales no resistirían ciertas inclemencias del tiempo, como la sequía o la falta de nutrientes en el suelo, o serían más sensibles al ataque de bacterias o insectos.

La mitad norte de la península Ibérica es una de las zonas más ricas en cuanto a las especies de árboles que componen sus bosques, en especial si los comparamos con los bosques nórdicos, casi monoespecíficos, con casi solo abetos y abedules. La misma situación se da en la cantidad de hongos que habitan nuestros ecosistemas. Aragón, Asturias, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Navarra y País Vasco son las zonas geográficas que mayor diversidad de especies de hongos y setas poseen.

La recolección de setas silvestres es una afición que cuenta en el País Vasco y en Navarra con muchos adeptos, y una profesión que da sustento a muchas personas del mundo rural en varias comunidades autónomas. Esto ha desencadenado que se recolecten de forma comercial, desigual y desordenada, en unas zonas u otras. La excesiva presión recolectora de unas especies concretas está dando lugar a abusos en la gestión de nuestros bosques y setales. Cada vez se recogen ejemplares más jóvenes e inmaduros, se remueve el terreno rompiendo el micelio de los hongos.

Poco a poco, y ante la llamada de atención de numerosos grupos y organismos observadores de estos cambios, algunas administraciones han decidido actuar. En esta línea hay normativas y reglamentos que han ido apareciendo en la península Ibérica, y en el caso de la Comunidad Autónoma Vasca, está el decreto aprobado por la Diputación Foral de Álava  en octubre de 2008 mediante el que se restringía la recogida de setas, hongos y frutos silvestres a dos kilogramos por persona y día como máximo, o la de Gipuzkoa, cuya Diputación Foral en 2011 a través de un decreto limitó la recogida a 5 kilogramos por persona y día, afectando a los parques naturales de este territorio. En los privados, se podrá exceder de esa cantidad, pero previamente el propietario deberá solicitar una autorización expresa a la Diputación. En lo que respecta a Bizkaia, no existe regulación alguna por el momento. Navarra lleva años haciéndolo. En este caso, a través de acotados donde se cobra un canon económico por utilizar el monte, pero también limitando la recogida a 8 kilos al día, como es el caso del acotado de Erro-Orreaga.

Boletus aereus (hongo negro), es conocido también en Euskal Herria por su nombre en euskera, “Onddobeltz”. Foto: Plácido Iglesias (Deia).

Tenemos el caso de nuestra vecina Francia, con mucha todavía más tradición recolectora que aquí, donde existen registros de las cantidades de setas que se recogían desde principios del siglo XX. Las gráficas arrojan datos de una disminución del 80%. Esto es debido a la gran presión recolectora.

En la actualidad, las investigaciones se están encaminando cada vez más a domesticar más especies de hongos, como los boletos y níscalos, y así minimizar el impacto de la demanda de hongos silvestres en los setales naturales. En el caso de los hongos, su cultivo lleva asociado la revalorización de materiales de desecho de la agricultura, por lo que si se realiza de forma adecuada se puede considerar como un cultivo sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Por otra parte, es muy importante si se práctica la recogida de setas y hongos, establecer normas de comportamiento como podemos encontrar en uno de los artículos de la Norma Alavesa, que dice lo siguiente:

1.- Para la localización de las setas, se prohíbe remover el suelo de forma que se altere la capa vegetal, ya sea manualmente o utilizando rastrillos, hoces u otras herramientas.

2.- En la recogida no se emplearán más útiles que un cuchillo o navaja, quedando prohibido el arranque de las setas.

3.- Los ejemplares objeto de recolección deberán presentar el sombrerillo desplegado, no estando permitida la recogida de hongos en las primeras fases de su desarrollo.

4.- Se dejarán sobre el lugar sin deteriorar los ejemplares que se vean pasados, rotos o alterados o aquellos que no sean objeto de recolección.

5.- La recogida se llevará a cabo en cestas o recipientes que permitan la aireación de las setas y la caída al exterior de las esporas, quedando expresamente prohibidas las bolsas de plástico, mochilas o similares.

6.- Queda prohibido expresamente romper o deteriorar cualquier ejemplar que no sea objeto de recolección, salvo roturas puntuales de algún ejemplar, necesarias para la adecuada identificación taxonómica del mismo.

La recogida se llevará a cabo en cestas o recipientes que permitan la aireación de las setas y la caída al exterior de las esporas.

 

Las castañas, uno de los regalos que nos trae el otoño

Castaño. Castanea sativa. Gaztainondo.

Algunas especies, o alguna de sus partes, que, si bien en un primer momento poco o nada tienen de atractivo, al florecer o madurar sus frutos, tornan la distancia que repelía en algo cercano y bello. Tales metamorfosis quedan justificadas por la necesidad de pasar lo más inadvertido posible o de protegerse férreamente ante los posibles enemigos naturales. Las semillas de las plantas a menudo se acorazan en el seno de cápsulas duras, feas o pinchudas, y en su interior van incrementándose a resguardo de amenazas. Así, los frutos consiguen emerger sin daños ni pérdidas en el momento oportuno, es decir, el de que pueda iniciarse la nueva fase de un ciclo de renovación.

Es el caso de las castañas, que en estos días y hasta finales de noviembre, los erizos se rajan por la sazón de los frutos, y se asoman resplandecientes y consistentes y se pueden recolectar hasta finales de noviembre. Estos espléndidos frutos han pasado los últimos cinco meses en el seno de una esfera muy similar a la de los erizos marinos, es decir, por completo hirsuta e inabordable por estar recubierta de muchos centenares de espinas, en este caso finísimas y en consecuencia muy disuasorias.

Bolas primero diminutas y verdes que engordaron y amarillearon muy lentamente a lo largo del verano para reventar, tras rajarse por el impulso de la sazón de los tres frutos que contienen. Las castañas son uno de los regalos que nos trae el otoño. Beneficiadas por las lluvias de septiembre, ya caen al suelo o son vareadas en los mejores castañares de la península Ibérica, que nos acompañan en buena parte del norte peninsular.

“Gaztaina eguna-Día de la castaña” que se celebra todos los años en el municipio vizcaíno de Orozko, donde se rememora su estrecho vínculo con los castaños.

Pero, si agradable resulta recolectar y comer castañas, el otoño de los castañares merece la pena un paseo entre ellos. En primer lugar, porque sus hojas, antes de tomar un tono beis oscuro, adquieren todas las gamas del amarillo y del ocre. Es decir, de espléndidos dorados.

El castaño es uno de los árboles más hermosos. Forma frondosa copa con sus hojas de borde aserrado. Sus troncos transmiten la seguridad de lo tenaz y longevo. De hecho, no son raros los ejemplares enormes, por ser varias veces centenarios. Algunos de ellos son capaces de producir hasta 400 kilos de castañas. Eso cuando está solo, porque si alcanza a ser bosque, el resultado es soberbio.

Los castañares convierten nuestros pasos en crujientes. Porque estaremos apoyándonos en uno de los suelos más orgánicos, como corresponde a árboles que todos los años aportan a sus raíces varios miles de kilos de sus propias hojas por hectárea. El castaño, conocido científicamente con el nombre de castanea savia, perteneciente a la familia de los fagaceae y nativo de climas templados del hemisferio norte, es un árbol autóctono en la Península Ibérica, como muestran análisis polínicos del Cuaternario.

En la Sierra de O Courel (Galicia), uno de sus huéspedes más insignes es el imponente castaño, que comparte hábitat con robles, tejos, hayas, fresnos, alisos, avellanos y acebos.

 

La migración otoñal de aves

Paloma torcaz (Columba palumbus. Pagauso). Montoria (Alava). 31.10.17.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales. ¿De dónde venían todas esas aves que aparecían en ciertas épocas del año y a dónde se iban cuando desaparecían? Algunas de las respuestas que se dieron antaño pueden resultarnos hoy cómicas, pero hubo un tiempo en el que se creyó firmemente que las aves se escondían para hibernar, que ciertas especies se convertían en otras e incluso que algunas migraban a la luna. Varias de estas ideas erróneas perduraron sorprendentemente durante muchos siglos entre la comunidad científica. Por ejemplo, en sus Migrationes Avium de 1757 Linneo seguía defendiendo las teorías de Aristóteles y aseguraba que las golondrinas se enterraban en los fangos de lagos y bahías de manera similar a los anfibios para pasar el invierno y emerger de su entierro llegada la primavera.

No fue hasta principios del siglo XIX cuando empezaron a realizarse de manera sistemática los primeros estudios sobre la migración de las aves con el propósito de averiguar a dónde iban y de dónde venían ciertas especies. Se comenzó de la manera más simple posible: observando. La lenta pero incesante acumulación de información acerca de cuándo y dónde llegaban, pasaban o se iban, dio sus frutos y a mediados del XIX ya se conocía el calendario de estancia de muchas especies.

Las numerosas expediciones naturalistas a África también fueron trascendentales al observar y recolectar en invierno ejemplares pertenecientes a las mismas especies que se encontraban en Europa sólo durante la primavera y el verano. No en vano, dos siglos antes el naturalista francés Pierre Belon ya decía que las planicies egipcias se tornaban blancas de tantas cigüeñas como allí se concentraban en septiembre y octubre, y no iba desencaminado al decir que se marchaban a África porque allí no hacía tanto frío en invierno como en Europa, mientras que regresaban aquí para huir del calor tórrido del desierto en verano.

Precisamente fue una cigüeña, cazada en 1822 en Alemania, el ave que proporcionó la primera prueba material de que había estado en África, al encontrársele clavada una flecha que por sus características pertenecía a alguna de las tribus que por aquel entonces poblaban la región occidental subsahariana. Pero hasta la introducción del anillamiento a finales del siglo XIX no se pudieron establecer vínculos inequívocos entre sus lugares de origen y destino. Esto permitió trazar con precisión las zonas de paso e invernada de muchas especies y poblaciones. No obstante, después de un siglo y con decenas de millones de individuos marcados, el anillamiento sigue resultando infructuoso para muchas especies debido a las bajísimas tasas de recuperación, lo que genera, aún hoy, importantes lagunas sobre aspectos básicos de la migración de algunas aves.

Cada anilla lleva un número a modo de DNI y una dirección o remite de contacto. El anillamiento es el método más barato y general, pero las últimas tecnologías permiten hoy emplear sistemas de geolocalización y seguimiento remoto como emisores satélite-GPS, geolocalizadores y datalogger. Estos nuevos sistemas de marcaje aportan información mucho más detallada sobre el pájaro. Establecen la localización del ave varias veces al día durante años, por lo que permiten conocer matices como cuánto tiempo permanecen en sus áreas de cría e invernada, cuándo inician su migración, por dónde la realizan, en qué puntos paran para descansar, su velocidad de migración y numerosos aspectos hasta ahora desconocidos.

Estamos en unas fechas y todavía lo serán más en las próximas semanas, en que nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, mil millones de alas. Tengamos en cuenta que los expertos ornitólogos estiman que la población de aves invernantes en la península Ibérica puede alcanzar la cifra de unos 500 millones. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte de Europa, se instalan en nuestro derredor.

Una buena parte son pequeños pájaros, dispersos y bastante silenciosos. Pero a su lado podremos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos.

Algunas de estas agregaciones infinitas se desplazan con notable orden. Caso de gaviotas, cormoranes, patos, grullas y garcillas, que dibujan en el cielo triángulos sin base, la letra uve, líneas oblicuas, a veces un rombo casi perfecto.

Grulla común (Grus grus. Kurrilo arrunt). Laguna de la Nava (Palencia). 18.11.17.

Otras bandadas, como las de estorninos, grajillas, palomas, avefrías, rapaces, alondras, pardillos, jilgueros, verdecillos, trigueros… son el mejor ejemplo de que el caos es sólo el primer paso de la armonía. De que el revoltijo es regocijo para la mirada. Esa que encontrará, en los cielos más limpios del año, una capacidad infinita para convertir lo compuesto por incontables partes en un todo de prodigiosas sincronías.

Euskal Herria es un lugar privilegiado para admirar el fascinante viaje de las aves, ya que nuestra comunidad se encuentra en plena ruta migratoria occidental europea. Todos los años son millones de aves las que utilizan este territorio en sus desplazamientos. El pasillo situado entre el Pirineo navarro y el mar Cantábrico concentra en las épocas migratorias una gran cantidad de aves.

Varios ornitólogos observando aves migratorias en el collado de Lindus, Pirineo navarro. (Heda Comunicación). 08.10.18.

Día Mundial de las Aves

Grulla común. Grus grus. Kurrilo arrunta. Montoria (Alava). 09.10.17

Como en años anteriores el primer fin de semana de octubre se celebra a nivel internacional el Día Mundial de las Aves. Este año tendrá lugar el 6 y 7 de octubre. En Euskadi, está previsto que se organicen diversas actividades para dar a conocer la importancia de su conservación. No en vano, nuestra comunidad, a pesar de su pequeña extensión, dispone de interesantes recursos para los amantes de la observación de aves y de la naturaleza en general. La gran variedad de paisajes y ecosistemas que alberga un área tan reducida posibilita la coexistencia de comunidades de aves diversas y bien diferenciadas.

Un 23% del territorio vasco incluido en la Red Natura 2000 (Zonas de Especial Protección para las Aves y Lugares de Importancia Comunitaria), un 10,6 % dentro de la Red de Espacios Naturales Protegidos del País Vasco y siete Humedales reconocidos de Importancia Internacional (Ramsar), son cifras que avalan el alto nivel de conservación del medio natural y la biodiversidad en nuestra comunidad.

Hay otros datos a tener en cuenta en relación con las aves. Así, por ejemplo, de las 563 especies que se pueden ver en la península Ibérica, 347 se han observado en Euskadi. Es decir, el 61% de todas las aves presentes en el territorio peninsular surcan nuestros cielos. De esas 563, el 45% se pueden encontrar en estuarios como Urdaibai en Bizkaia o Txingudi en Gipuzkoa. Por otra parte, el Parque Natural de Izki, en Alava, alberga una de las mejores poblaciones ibéricas tanto en número como en estado de conservación de pico mediano, un raro pájaro carpintero, verdadera joya ornitológica del parque. En el humedal de Salburua, en Vitoria-Gasteiz, su estratégica situación en plena ruta migratoria permite que miles de aves usen la zona a lo largo de sus viajes, encontrando tranquilidad y abundante alimento. El carricerín cejudo, la garza imperial, la cerceta carretona o la espátula son sólo algunas de las aves amenazadas que recalan en Salburua en sus viajes migratorios.

Otras zonas interesantes para el avistamiento de aves en el territorio vasco son el Parque Natural de Gorbeia, el Parque Natural de Aizkorri-Aratz, la Sierra de Entzia, Montes de Urdunte, las Lagunas de Laguardia y un largo etcétera.

El Día Mundial de las Aves es la fiesta grande de todas y todos los que estamos enamorados de las aves y es una inmejorable oportunidad para descubrir este mundo que puede ser apasionante para todos los que aún no lo conocen. Pero, también debe servir para advertir de las graves consecuencias que el cambio climático está produciendo sobre esos animales y sus hábitats, que puede provocar previsiblemente la extinción a medio plazo de un importante número de especies.

Uno de los efectos más notables del cambio climático es la migración, y entre ellos, está el adelantamiento en respuesta al aumento de las temperaturas. Un ejemplo, son las golondrinas, que cada primavera regresan antes de África -en medio siglo se han adelantado dos semanas-. Eso provoca que realicen la reproducción cuando la disponibilidad de alimento es escasa, lo que pone en riesgo el éxito de la época de cría. Patrones similares se dan para otras especies, como el vencejo o la abubilla.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.18.

Todos los estudios realizados al respecto apuntan a la próxima extinción de un gran número de especies de vertebrados por todo el mundo a causa del cambio climático, una parte importante de las cuales son aves. Incluso especies de aves muy comunes hasta ahora, como el gorrión común o el ánade azulón, están viendo mermadas sus poblaciones por esta suma de fenómenos agravados por el cambio climático.

Por estas razones, es fundamental reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero, para lo que es imprescindible lograr cambios en el sistema productivo, energético, de transporte, etcétera. Resulta imposible mitigar el cambio climático y adaptarnos a él manteniendo el mismo modelo de producción y consumo, considerando a la biodiversidad un mero recurso, superando los límites del planeta y agravando la vulnerabilidad y el riesgo de degradación de los ecosistemas.

Espátula común. Plateinae. Mokozabala. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 20.07.17.

 

Sobre el aire de Bilbao

Cogestión de coches en el centro de Bilbao

HACE más de cuatro décadas, la zona metropolitana de Bilbao, así como otras de Euskadi, eran lugares que presentaban un aire bastante contaminado. Sin embargo, con el paso de los años la situación ha ido cambiando. Han quedado atrás los importantes problemas de contaminación que presentaban sus cielos allá por los años 70 y 80. Recordando esos tiempos, convendría decir que Bilbao perdió en el año 2000 el título de “zona de atmósfera contaminada”, una declaración que arrastraba desde 1977 por la “degradación del aire”.

Todavía recuerdo esos años 70 en que vine a estudiar a la entonces Universidad de Bilbao (hoy Universidad del País Vasco), cuando veíamos el cielo casi siempre de color gris debido a la contaminación existente, fundamentalmente de origen industrial. Sin embargo, en los últimos diez años, la reducción de los niveles de contaminación en Bilbao y en el resto de la geografía vasca ha sido notable, con una clara tendencia positiva de los indicadores de calidad del aire, tal como se plasma en el último Perfil Ambiental de Euskadi, que elabora el departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco. Dicho Perfil muestra, por ejemplo, que el número de días calificados de “muy buenos”, “buenos” y “mejorables” son entre el 90% y el 100%.

Entre las causas que han contribuido a esa reducción de la contaminación atmosférica se encuentra la reducción de emisiones debido al cierre de empresas, pero también la mejora de los combustibles, el empleo de tecnologías más limpias, una legislación más exigente, etcétera. Así, cabe citar las Autorizaciones Ambientales Integradas, trámite previo a cualquier actividad, la regularización de focos para actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera, las licencias de actividad u otras cuestiones.

No obstante, hoy en día y pensando en el futuro, uno de los problemas más importantes de contaminación atmosférica es la generada por el tráfico de vehículos. Concretamente, el tráfico urbano es el responsable de la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, como el dióxido de nitrógeno. En una ciudad tipo, el 60% del dióxido de nitrógeno procede del tráfico y la diferencia con las emisiones de una central térmica o una industria es que los vehículos conviven con las personas.

En base a los últimos informes elaborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se apunta que la contaminación del aire en áreas urbanas continúa progresando a paso alarmante, con efectos devastadores sobre la salud humana.

Otro tema importante de la movilidad urbana es que supone alrededor del 40% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal causante del cambio climático. En los últimos tiempos se suceden fenómenos meteorológicos muy extremos y devastadores que nos vuelven a poner en primer plano lo que desde hace tiempo nos vienen advirtiendo los científicos de que una de las primeras manifestaciones del cambio climático será la intensificación de fenómenos climáticos, que son ya habituales, pero que cada vez serán más frecuentes y más devastadores.

El año 2017 figura, junto a 2014 y 2015, como el año más cálido de la historia desde que se tienen registros y la temperatura media de la tierra sigue elevándose. De no cumplir con el Acuerdo de París -último tratado internacional legalmente vinculante, establecido en esa ciudad en diciembre de 2015- podemos superar un aumento de dos grados centígrados al finalizar el presente siglo, respecto a los niveles preindustriales (1880), que es el límite acordado en la capital francesa.

Un tercer impacto es que el actual modelo de movilidad urbana no solo causa muertes, sino también mucho dinero. La Comisión Europea estima que la congestión del tráfico en nuestras ciudades, contabilizando diversas variables como el tiempo perdido, el combustible desperdiciado, etc., asciende a 100.000 millones de euros, lo que representa un 1% del PIB cada año en la Unión Europea.

Pues bien. El pasado 25 de septiembre, este diario daba la noticia de que en la estación de la Red de Calidad del Aire de la calle María Díaz de Haro de Bilbao, según el último informe del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, se habían vuelto a superar en 2017 los índices legales anuales de un tipo de contaminante, el dióxido de nitrógeno. Concretamente, la citada estación registró una media de 43 microgramos por metro cúbico, cuando el máximo es de 40. Esta fue la única de las 53 estaciones de control de la calidad del aire del Gobierno vasco en las que se superó el valor límite anual (43 µg/m3 sobre 40 µg/m3) de este contaminante (NO2). Se da la circunstancia de que los valores medios anuales de esta sustancia contabilizados en 2016 por esta estación, cuando se registró otro pico, fueron menores: de 41,7.

En lo referente a Bilbao, actualmente la red de vigilancia, cuya competencia es del Gobierno vasco, cuenta con cuatro estaciones -Parque Europa de Txurdinaga, monte Arraiz (controlada por la planta de incineración de residuos, Zabalgarbi), calles Mazarredo y María Díaz de Haro (estas dos últimas centradas en examinar los humos de los tubos de escape- en la que se miden los índices de contaminantes como dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, partículas u ozono (O3).

Sin duda, los datos registrados en la calle María Díaz de Haro señalan la necesidad de mejora, para lo cual hay que adoptar medidas. Hay que tener en cuenta que Bilbao soporta a diario la entrada de 95.000 vehículos a través de sus ocho accesos principales, aunque un dato muy positivo es que sus residentes -la ciudad tiene 342.000 habitantes- apenas recurren al coche privado para la circulación interna. Solo lo hace el 11%. Más de la mitad se mueve a pie, mientras que el 23% va en transporte público.

Hay que apostar de forma decidida por el uso de la bicicleta. Foto: Deia.

Las soluciones puestas en marcha en algunas capitales europeas donde se han tomado más en serio el peligro -es el caso de ciudades como París, Berlín, Hamburgo, Helsinki, Oslo y otras- que supone la contaminación atmosférica proveniente de los vehículos motorizados pasan por un cambio progresivo del modelo de transporte existente en la actualidad. Se trata de impulsar los desplazamientos a pie, en bicicleta o en transporte público, para lo cual hace falta más concienciación y sensibilización en el conjunto de la sociedad. Pero también es necesario arbitrar medidas que reduzcan el tráfico, aunque en un primer momento sean antipopulares. El primer deber de los poderes públicos es garantizar la salud de las ciudadanas y los ciudadanos y es evidente que el grado de suciedad del aire, causado principalmente en las ciudades por las emisiones de los motores de combustión, atacan la salubridad general de la población.

Hoy en día, para conseguir una movilidad sostenible es necesaria la modernización del parque automovilístico y sustituirlo progresivamente, pero de forma firme, por uno totalmente eléctrico basado en las energías renovables; apostar de forma decidida por las alternativas más sostenibles como el uso de la bicicleta o caminar para nuestros desplazamientos urbanos, y hacer realidad la inevitable reducción del tráfico en la ciudad.

Parada del Metro.

Las cigüeñas blancas ya no migran

Nido de cigüeña blanca en el Humedal de Salburua. 28.01.18.

Numerosos estudios y observaciones confirman que la cigüeña blanca (Ciconia ciconia, Zikoina zuri) ha dejado de hacer sus migraciones en otoño, fecha en la que antiguamente emprendía sus vuelos para invernar al sur del Sahara (Senegal, Malí, sur de Mauritania y Chad…). Ha decidido quedarse en la península Ibérica. ¿Por qué? La presencia de numerosos vertederos en la Península, donde encuentran abundante comida y unos inviernos frecuentemente suaves hacen que estas aves hayan optado por no atravesar el Estrecho y reducir vuelos migratorios y gasto de energías.

Es un comportamiento que están adoptando otras aves también: el águila calzada, el milano negro, la golondrina común o el avión común han empezado a adoptar el mismo patrón.

Tradicionalmente, las cigüeñas blancas llegaban a la Península en febrero y ocupaban el nido del año anterior en campanarios, torreones u otros puntos elevados. Empezaba entonces su ciclo de celo y de cría, y regresaban a sus cuarteles de invierno en África en el otoño.

Pero todo esto ha cambiado en los últimos años. Los animales prefieren evitar este trayecto, según ponen de manifiesto los censos de aves invernantes elaborados por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) y los marcajes con estas aves.

Los datos son clarificadores. En 1995, el censo de cigüeñas invernantes en el Estado español lo componían unos 7.000 ejemplares. En el 2004, la cifra ascendió a unos 32.000 ejemplares, y el último invierno en España se quedaron unas 65.000 cigüeñas, según las estimaciones de Juan Carlos del Moral, responsable de estos censos de SEO/BirdLife.

Los vertederos de residuos domésticos se han convertido en una fuente segura de comida. La comida abundante hace innecesario para estas aves emprender lejanos y arriesgados vuelos. Es un cambio aprendido, y eso explica el diferente comportamiento que muestra adultos y jóvenes: “El 80% de las cigüeñas que hemos marcado con transmisores optan por quedarse en el Península, mientras que, en sentido contrario, hemos comprobado que el 80% de las aves que fueron marcadas cuando eran polluelos en el nido hacen esa migración”, dice Juan Carlos del Moral.

Cigüeñas en el vertedero de Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). 18.02.18.

El factor climático está siendo decisivo. Antiguamente, la mayor parte de la Península, o, al menos, gran parte de ella, estaba helada o cubierta de nieve, lo que dejaba a las cigüeñas sin alimento. Pero, ahora, no sólo tienen vertederos, sino que los suelos y las charcas no están heladas, con lo que encuentran fuentes de alimentación en el campo durante todo el invierno. En la dieta de las cigüeñas destacan todo tipo de pequeños vertebrados, como lagartijas, sapos o ratones, así como crustáceos, langostas o gusanos. De la misma manera, el cangrejo rojo americano, introducido hace unas décadas en España, es ahora un habitual en la dieta en arrozales y humedales.

Mientras tanto, la dependencia alimentaria de los vertederos está teniendo efectos indeseados sobre las cigüeñas. Tener garantizada la comida de manera tan artificial es un arma de doble filo. Las cigüeñas no se contentan con aprovechar los detritus orgánicos, sino que encuentran en los depósitos de basura todo tipo de residuos para fabricar los nidos, como los plásticos. No solo pueden ingerir aguas y líquidos contaminados y moverse entre basura donde resultan atrapadas o lesionadas. Por desgracia, se repiten sucesos en los que las aves ingieren gomas de plásticos que confunden con gusanos.

El éxito biológico y la recuperación de las cigüeñas se asienta, pues, sobre pilares muy endebles: una gestión de los residuos bastante deficiente y que, en cualquier caso, evidencia la necesidad de aumentar los niveles de aprovechamiento. ¿Qué pasaría, pues, si estos vertederos desaparecieran? Hay que tener en cuenta que las nuevas políticas de la UE en materia de residuos tienen como objetivo que los desechos orgánicos solo sean un 10% de los que se produzcan en el 2035. El día que se aborde seriamente la reducción de la basura de los vertederos las cigüeñas tendrán un problema. Entonces, deberán buscar otros recursos alimentarios, y las cigüeñas tendrán que buscar otras zonas. Pero en la dispersión ya no criarán tanto y la población descenderá, posiblemente. Entonces, ¿volverán a tener que recuperar su instinto migrador?

Cigüeñas copulando en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 25.04.17.