Las mariposas diurnas: bellos indicadores de la calidad ambiental de nuestro entorno

La ortiguera o mariposa de la ortiga (Aglais urticae). Foto. Asociación Zerynthia.

Desde mediados de los años setenta se vienen recogiendo datos sobre el estado de las poblaciones de mariposas diurnas (Ropalóceros), primero en el Reino Unido -se comenzó en 1976- y poco a poco en otros países europeos.

Miles de aficionados y profesionales han intervenido en el acopio de datos sobre la abundancia de mariposas. Los trabajos de este gran colectivo son coordinados por la organización Butterfly Conservation Europe (BCE), en la que el Estado español participa gracias a un programa que se inició en Cataluña en 1994. En la actualidad, estos programas contribuyen con sus datos al European Grassland Butterfly Indicator que tiene en cuenta especies propias de hábitats de praderas, pastizales y campiñas desarboladas y que representan bellos indicadores de la calidad ambiental del entorno. Estos datos publicados por la Agencia Europea del Medio Ambiente, nos orientan sobre la situación y las tendencias de las poblaciones de mariposas a lo largo del tiempo.

Todo comienza contando mariposas. ¿Qué puede resultar más agradable que salir con tiempo soleado y agradable a observar mariposas? Es algo parecido a un placentero paseo, pues cada transecto (1.5-2 km) viene a cubrirse en alrededor de una hora. Deben identificarse y contarse todas las mariposas que se detecten a 2’5 metros a izquierda y derecha del observador, así como a 5 metros por delante y a otros 5 por encima. En otras palabras, el espacio que cabría en un cubo imaginario de cinco metros de lado. Los recuentos tienen lugar desde marzo-abril hasta septiembre, según el clima de cada región.

En 2008 el entonces Departamento de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio del Gobierno Vasco impulsó un estudio piloto con el fin de diseñar protocolos viables para el seguimiento de mariposas diurnas en Euskadi. El proyecto nació con la finalidad de obtener uno o varios índices explicativos sobre la evolución de la biodiversidad, usando para ello los cambios interanuales de las poblaciones de mariposas.

A la vista de los resultados del estudio piloto, en 2009 se decidió comenzar formalmente el programa. Se fijaron definitivamente los protocolos en cuanto a metodología, diseño y periodicidad de los transectos de muestreo, codificación de datos en fichas y tipos de análisis a realizar. A este respecto, se orientó el programa hacia especies «comunes» y habitantes de «prados o ambientes desarbolados». El programa ha venido funcionando desde entonces liderado por la Dirección de Patrimonio Natural y Cambio Climático del Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda del Gobierno Vasco, con la colaboración técnica de Hazi Fundazioa y el soporte de entidades especializadas, como la Asociación Zerynthia y la Sociedad Aranzadi. El concurso de estas últimas ha sido fundamental, ya que validan y otorgan la credibilidad científica requerida en las iniciativas de ciencia ciudadana.

El aumento del número de participantes refleja la consolidación paulatina del programa. Tras siete años de funcionamiento, el número de transectos muestreados se ha incrementado de 6 en 2009 a 27 en 2018. El progreso del programa se ha beneficiado de diversas circunstancias. En primer lugar, no se requiere ser experto en identificación de mariposas para participar, si bien es necesario un cierto nivel de capacitación. Para alcanzarlo, todos los años el programa organiza un taller abierto a la participación de naturalistas interesados. En segundo lugar, gracias a su colorido y vistosidad, las mariposas suelen gozar de las simpatías del público, lo que nuevamente facilita la participación social y la aplicación del concepto ciencia ciudadana, estimulando la colaboración en la recolección de datos de campo que puedan ser posteriormente objeto de análisis científico-técnico.

Este programa de seguimiento de mariposas es el segundo con mayor número de participantes en el Estado español, tras Cataluña. En 2018, el programa recogió datos de 12 transectos en Álava, 10 en Bizkaia y 5 en Gipuzkoa, y se obtuvieron 15.409 registros de 125 especies, que corresponden al 80% de la riqueza específica de ropalóceros conocidas en el País Vasco.

Los índices y modelos confeccionados a partir de los datos, para el periodo 2010-2018, sugieren una tendencia positiva para las poblaciones de mariposas ligadas a ambientes forestales, y una mayor estabilidad relativa para las poblaciones de pastizales y para las especies generalistas. En el conjunto de Europa, durante los años 1990-2010 se anotó un empeoramiento muy notable de la biodiversidad de mariposas ligadas a prados y pastos, que al parecer se ha mitigado en la última década.

En 2018, en el programa del País Vasco siete especies han superado los 500 ejemplares contabilizados, de forma que serían las más abundantes en los tipos de hábitats muestreados: Maniola jurtina, Pyronia tithonus, Colias croceus, Melanargia galathea, Pararge aegeria, Pieris rapae y Pieris brassicae. Dadas las restricciones estadísticas que se aplican para garantizar la fiabilidad de los análisis, sólo se obtienen tendencias para algunas de las especies con registros. Así, hay poblaciones que durante el periodo de estudio han mostrado aumento, como las forestales Argynnis paphia y Pararge aegeria, estabilidad, como Maniola jurtina y Melanargia galathea, y declives, como Pyronia tithonus.

La mariposa Colias croceus. Autor: Asociación Zerynthia.

El programa de seguimiento de mariposas diurnas de la CAPV es un instrumento relevante para apoyar el cumplimiento de las obligaciones de vigilancia derivadas de la Directiva 92/43/CEE. Diecinueve transectos se sitúan dentro de doce lugares Natura 2000. En 2018, la mayor riqueza de especies (112 taxones) y la mayor diversidad (4,79 bits/individuo) se han detectado en dos espacios naturales protegidos de Álava, Izki y Valderejo. En cuanto a especies de interés comunitario, las cuatro presentes en la CAPV (Euphydryas aurinia, Parnassius apollo, Lopinga achine y Phengaris arion) se detectan en los transectos del programa, aunque por ahora sólo se ha podido analizar la tendencia de Euphydryas aurinia, que muestra un fuerte descenso. Además, desde 2015 los datos se incorporan al indicador europeo de biodiversidad, promovido por la Agencia Europea del Medio Ambiente, lo que les otorga mayor valor añadido ya que contribuyen a monitorizar el estado del medio natural en la UE.

Curso para el programa de seguimiento de las mariposas diurnas. Autor: Hazi Fundazioa

Nota. Para escribir este artículo debo agradecer las informaciones que me han proporcionado desde el equipo técnico de Hazi Fundazioa; el Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda del Gobierno vasco; y la Asociación Zerynthia.

La compleja belleza de las mariposas

Macaón (Papilio machaon). Es una de las mariposas más conocidas y bellas de Europa. Participación en el Programa de Seguimiento de Mariposas Diurnas en el País Vasco: transecto de Menoio (Ayala). Foto publicada en http://naturayala.blogspot.com/2016/10/.

Las mariposas son la vanguardia de la primavera y en los últimos días de febrero emprenden sus rutilantes y acelerados vuelos. Todavía quedan unos cuantos días.

La primavera, como todo lo que pretende alcanzar el esplendor, se comporta con precauciones, con sondeos. A ráfagas, en suma… Lanza tentaciones de ella misma para indagar cómo de receptivo se muestra el paisaje. También se repliega hasta casi desaparecer y le deja la totalidad del derredor al frío, a esos blancos absolutos de la nevada.

Las misivas, en realidad anticipos o prólogos, resultan esencialmente cromáticas. Será el color, mucho más que el olor o el calor, lo que abra rendijas para la novedad en las puertas del calendario. Ya han amanecido tonos en unas pocas flores, comenzando con los narcisos. A los que se suman suspiros, necesariamente aéreos, en los primeros escalones del cielo. Ya estarán volando unas pocas especies de mariposas.

Pocas invenciones de la vida alcanzan la compleja belleza de estos insectos. En ellos concurren una de las manifestaciones más veces evocadas de la fragilidad, algo que en absoluto se corresponde con la realidad. Porque las mariposas son tenaces, austeras, recias y hasta poderosas. Baten sus alas varias veces por segundo, alcanzan los 35 kilómetros por hora, resisten heladas si consiguen esconderse, y desafían al viento y a los pájaros que suelen perseguirlas.

Su suave cromatismo responde al papel de ilusionados reclamos que interpretan, a esa coquetería que la vida misma pone en marcha para lograr la atracción de los sexos. Una mariposa es un deseo a punto de cumplirse.

Y si delicada nos parece su locomoción zozobrante, todavía más suave resulta su alimentación básica. Porque estos insectos, que durante su fase de orugas son capaces de devorar ingentes cantidades de verde, cambian por completo al llegar a la madurez. Entonces buscan, con la lengua en espiral, el néctar. Un nutriente altamente energético destinado a permitir los tremendos esfuerzos que asegurar la descendencia exige.

En otro artículo escribiremos sobre las mariposas en Euskadi, con ocasión de los trabajos realizados con el Programa de Seguimiento de las mariposas diurnas del País Vasco, que está amparado por la Dirección de Patrimonio Natural y Cambio Climático del Gobierno Vasco, con la coordinación técnica de Hazi Fundazioa, y el soporte de entidades especializadas, como la Asociación Zerynthia.

Querquera serrana (Satyrium ilicis). Campiña de Menoio (Alava). Son pequeñas, de casi 3 a 3,5 cm de envergadura, alas anteriores entre 14 y 16 mm, más grandes las hembras que los machos. Foto publicada en http://naturayala.blogspot.com/2016/10/.

 

 

 

 

¿Por San Blas, la cigüeña verás?

Nido de cigüeña blanca (Ciconia ciconia. Amiamoko zuria) en el Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 28.01.18.

El próximo 3 de febrero se celebra la festividad de San Blas, y con ella el refranero dice que “Por San Blas, la cigüeña verás”. Pero eran otros tiempos.

Según datos de SEO/BirdLife cada vez son más las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia. Amiamoko zuria) que permanecen todo el año en la Península, sobre todo por el fácil acceso a comida en los vertederos. Este hecho, que ha permitido la recuperación de la especie, puede tener otra cara: los elementos tóxicos de la basura inciden en la salud de las aves.

Antes de la concentración de residuos humanos en los grandes vertederos urbanos, apenas el 2% de la dieta de las cigüeñas provenía de basura. En la actualidad, supera el 75%.

Cigüeñas blancas en el vertedero de Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). 18.02.18.

Sin embargo, y tal y como se dice en una publicación de SEO/BirdLife, no es la única intervención del ser humano sobre la especie. “Antiguamente, se recibía a las cigüeñas como auténticas deidades o símbolos de buenaventura, con capazo de bebé incluido. En la actualidad, es cada vez más fácil ver todo tipo de sofisticados dispositivos para evitar que aniden en los tejados de iglesias y edificios: empalizadas de pinchos afilados, dispositivos antiposado o cables electrificados que, en algunos casos, son de dudosa legalidad. A ello se unen las retiradas de nidos dentro del periodo de cría”.

Este tipo de soluciones no siempre se ajustan a Derecho. “Las cigüeñas están protegidas por la legislación nacional y europea, al igual que sus nidos, pollos y huevos. Darles muerte, molestarlas o destruir sus nidos puede llegar a ser delito”, explica el responsable de Especies Amenazadas de SEO/BirdLife, Nicolás López. “A través de todo tipo de dispositivos, se trata de impedir la llegada y nidificación de las aves en los tejados, un gesto que puede llegar a ser delito. La cigüeña blanca, una especie protegida, forma parte de nuestro patrimonio natural que debe y merece convivir con el patrimonio histórico”.

Pero, también se puede producir un nuevo contexto, producido por el cumplimiento de la normativa europea, por la que los vertederos se van adaptando y sellando paulatinamente. La desaparición de basura al aire libre puede impactar, a corto plazo, en el número de ejemplares, pero, a la larga, puede ser su propio seguro de vida y devolver a la población de cigüeñas a estado más natural, esto es, a las migraciones que las hacen volver por San Blas, o unas semanas antes.

Concretamente, el cambio climático y la facilidad para obtener comida en los vertederos como se ha comentado anteriormente, han cambiado también su rutina, y en algunos lugares, y, por ejemplo, en el País Vasco, han llegado a venir a finales de noviembre y primeros de diciembre.  Es decir, con un adelanto de unos dos meses, con respecto a la fecha de San Blas.

Cigüeñas copulando en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 25.04.17.

 

Humedales, tesoros de vida

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus. Murgil handia). Humedal de Salburua. (Vitoria-Gasteiz). 25.04.18.

El día 2 de febrero se conmemora la firma del conocido como “Convenio relativo a humedales de importancia internacional” firmado en Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971. Un recordatorio de la importancia de los humedales costeros e interiores como ecosistemas de gran valor por los procesos que en ellos se dan cita, claves para la conservación de la biodiversidad, el mantenimiento de redes tróficas o reciclado de nutrientes, por señalar los más destacables; además de desempeñar otras funciones hidrológicas como la recarga de acuíferos, o la mitigación de inundaciones en algunos casos.

De ahí que la propia Directiva Marco del Agua (DMA) establezca como objetivo la prevención de todo deterioro y la protección y mejora del estado de los ecosistemas acuáticos; así como el de los ecosistemas terrestres directamente dependientes de los ecosistemas acuáticos.

Sin embargo, durante siglos, se las relegó a la desconsideración desde la creencia que debían ser drenadas para allanar al avance de la agricultura o la expansión de pueblos y ciudades o para evitar riesgos de insalubridad. Afortunadamente, la percepción de su importancia ha variado drásticamente en las últimas décadas.  Reflejo de ese cambio de percepción, ahora se conmemora la firma del “Convenio relativo a humedales de importancia internacional” firmado en Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971.

Dicho convenio creó una lista de humedales con valores relevantes a nivel internacional. Euskadi cuenta con seis humedales a la Lista Ramsar. Urdaibai, Lagunas de Laguardia y Txingudi, Colas del embalse de Ullibarri-Ganboa, Salinas de Añana, Lago Arreo-Caicedo Yuso y Salburua.

Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Pero, además de estos espacios singulares, las zonas húmedas son relativamente abundantes en el País Vasco gracias, por un lado, a la presencia de la franja costera donde se forman estuarios más o menos desarrollados y, por otro, al régimen climático principalmente lluvioso y al tipo de sustrato y orografía, que favorecen la acumulación de masas de agua formándose lagos, lagunas, balsas y charcas de diversa índole distribuidas por todo el territorio. A estas zonas húmedas naturales hay que añadir la presencia de numerosas balsas artificiales, unas ubicadas en antiguas explotaciones mineras (fundamentalmente en la zona minera de Bizkaia) y otras construidas para regadío en la Llanada Alavesa, así como los embalses, que ocupan una importante extensión sobre todo en Araba.

Todo este conjunto de humedales da lugar a una amplia variedad de hábitats distribuidos por nuestra comunidad, que constituyen sistemas naturales con diferentes grados de conservación, pero que poseen como elemento común el gran valor ecológico en su fauna y flora unido a un singular paisaje y a una dinámica de funcionamiento característica y de gran interés.

Tanto las zonas húmedas costeras como las interiores o continentales han sufrido y están sufriendo graves deterioros debidos fundamentalmente a la presión de actividades humanas. Las zonas húmedas costeras están sometidas a una importante presión de la actividad  humanas por la presencia de núcleos urbanos cercanos, la artificialización y ocupación de sus perímetros, la construcción de puertos  y las canalizaciones de defensa,… son presiones que  a lo largo de los años han perjudicado su potencial ecológico; en algunos casos hasta el punto de  desaparecer (como es el caso de las marismas que fueron lo que hoy es buena parte del ensanche Donostiarra o el Arenal bilbaíno).  Y lo mismo cabría decir de las zonas húmedas de los interiores (naturales y/o artificiales) también afectadas por la presión de actividades humanas como las agrarias.

Sin duda, es necesario seguir trabajando en prevenir nuevas afecciones a nuestros humedales y promover acciones de mejora ambiental, ya que son verdaderos tesoros de vida, por los beneficios que proporcionan y su contribución al mantenimiento de la diversidad biológica, entre otras muchas cuestiones.

Reserva de la Biosfera de Urdaibai

El ayer y el hoy del haya trasmocha

La magnífica haya trasmocha de Altzo (Gipuzkoa)

Su origen está en una práctica que se inició desde antiguo en Bizkaia y Gipuzkoa para evitar las ventas forzosas de arbolado a la Marina en el siglo XVI, ya que, ante la necesidad de construcción de barcos de guerra para la Armada, la Corona practicaba la expropiación del arbolado, fijando el precio que consideraba oportuno.

Los trasmochos son árboles que se cortaban a unos 2 metros el primer corte, a partir del cual se formaba una cruz; éste se realizaba en los estadios jóvenes antes de los 50 años aproximadamente dependiendo de la especie y los usos, siendo en esta etapa de desarrollo los individuos muy vigorosos por lo que respondían brotando con fuerza, no produciéndose apenas fracasos. Las ramas laterales hacia los lados adoptando forma de T en esta cruz, desarrollándose a poca altura del suelo por lo que se podían cortar fácilmente, se aprovechaban en turnos que van desde los 7 hasta los 20 años; diámetros idóneos para ser cortados a hacha. Se usaban generalmente tanto para carbón como para la industria naval de la época principalmente.

La presencia de hayedos trasmochos se ha entendido generalmente como un resultado de la actividad del carboneo, extendiéndose esta práctica rápidamente por toda la Cornisa Cantábrica.

La situación actual es la pérdida de estas prácticas culturales, el turno de aprovechamiento y los propios usos de esa madera se han abandonado y nos encontramos con los árboles que todos conocemos. Árboles con forma de candelabros con ramas de grandes dimensiones, y que son los llamados “trasmochos interrumpidos”. Esta peculiar configuración de las hayas dota al bosque de una singular personalidad y belleza, siendo los árboles verdaderos monumentos.

Sin embargo, la situación ha cambiado, y en la actualidad la poda de las hayas ya no es necesaria, al igual que la leña que de ellas se extraía. Y de esta manera, existe el peligro de que desaparezcan, si se deja de intervenir, tras la desaparición de leñadores y carboneros. Debido a ello se han llevado diversas iniciativas para conservar estos árboles tan viejos y tan valiosos desde el punto de vista del paisaje y de la biodiversidad, como el proyecto LIFE “Biodiversidad y trasmochos”, con la ayuda de la UE, y promovido por la Diputación Foral de Gipuzkoa, Hazi Fundazioa, diversos ayuntamientos u otros organismos. En Gipuzkoa se contabilizan 14.000 hayas trasmochas. Conviene destacar, que las numerosas cavidades y pudriciones que presentan estos árboles constituyen un nicho adecuado para encontrar especies protegidas por su rareza y singularidad.

Músicos de la orquesta Et Incarnatus en un precioso bosque de hayas trasmochas de Urkizu (Gipuzkoa)

Es obligado destacar en este artículo, la magnífica haya trasmocha de Altzo (Gipuzkoa), que se ve en la foto de portada, que la plantó hace 183 años un bertsolari, que se llamaba Manuel Antonio de Imaz como recuerdo del día de su boda con Paula Jauregi, y que hoy los niños del pueblo le dedican rimas.

Otro espacio a destacar, entre otros, es el hayedo de Otzarreta, situado en el límite de Bizkaia y Araba, en el emblemático puerto de Barazar (606 metros de altitud). Un pequeño trozo de tierra en el que los árboles alzan sus ramas con extrema verticalidad en un intento fallido de alcanzar el cielo.

Hayedo de Otzarreta

Los primeros narcisos en el País Vasco

Narciso. Narcissus. Nartziso.

En estos días ya se han visto los primeros narcisos (Narcissus. Nartziso) en el País Vasco. Esas flores blancas y amarillas, con nombre de mito griego, de forma lenta, desde ahora -quizá la eclosión es algo temprana, porque suele ser más bien en febrero-, hasta mayo, las encontraremos en miles y miles de puntos por cualquier paisaje. No en vano, se cuentan unas 50 especies de narcisos en la península Ibérica, casi la mitad endémicas, adaptadas prácticamente a todos los hábitats. Seis de las variedades peninsulares están consideradas como escasas y en peligro.

El aliado de estas flores es más bien el mes de febrero, que con la humedad y el lento incremento de la duración del día y el leve calor les concede la oportunidad de que las podamos admirar. Y también nuestro olfato, porque a veces llenan el aire de uno de los mejores aromas conocidos.

Estas flores con forma de trompeta resultan especialmente abundantes en las comarcas de media montaña de toda la península Ibérica. La variedad de tonos blancos, por muchos llamados junquillos, puede ser vista entre los matorrales de la mitad sur de la Península. El narciso Trompeta de Medusa, grande y amarillo, prefiere los prados de la mitad norte. Los hay también que nacen en las rocas, como el narciso del Cantábrico.

Pero el narciso del Cantábrico no tiene nada que ver con el mar Cantábrico. Su distribución está en el sur de la Península Ibérica y noroeste de África (Marruecos y Argelia).

Narcissus cantabricus. Autor: Javier Martin Vide.

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan. Por eso se llaman como se llaman.

Narcisos en la Peña Azkueta (Entzia). Autor: Zazpi oreitia

Las poblaciones de salmón atlántico en peligro crítico por el cambio climático

Salmón atlántico, ‘Salmo salar’, en aguas noruegas. Foto: Hans-Peter Fjeld.

Las poblaciones de salmón atlántico (salmo salar) del sur de Europa, entre ellas las de aquí, parecen estar críticamente en peligro por su reducida variedad genética y por vivir en las aguas más cálidas que esta especie puede tolerar.

El salmón es una especie con un rango de distribución muy amplio cuya estructura genética está fuertemente influida por su vida anádroma (viven en el mar, pero remontan los ríos para reproducirse) y por el instinto que les hace regresar a su hábitat natal. Existen, además, indicios significativos que apuntan a la temperatura de la superficie del mar como un factor fundamental que condiciona su variabilidad genética.

Un equipo internacional de científicos alerta de la necesidad de crear áreas protegidas para el salmón atlántico (Salmo salar) con el objetivo de preservar a sus poblaciones ante el aumento de la temperatura del agua que provoca el cambio climático. La investigación, que se publica en el ‘Journal of Fish Biology’, ha contado con equipos de la Universidad de Exeter (Reino Unido), la Universidad de Konstanz (Alemania), la Universidad de Oviedo y el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

José Luis Horreo, investigador del MNCN-CSIC, alerta que “es necesario un cuidadoso y coordinado control de las diferentes poblaciones para que la especie mantenga sus números y diversidad en Europa”.

“Según los datos que manejamos, lo más previsible será que la distribución de la especie se reduzca a las áreas que ocupa al norte. Por eso, estas zonas deberían ser reconocidas como refugios y recibir la protección y el estatus apropiados”, añade Horreo.

El salmón del Atlántico es una especie distribuida por Norte América, Islandia, Europa atlántica y Rusia noroccidental, con un rango de tolerancia de temperatura que va de 0ºC a 33ºC. El margen de tolerancia y su extensa distribución geográfica hacen de él un valioso modelo para comprobar los efectos que los cambios de temperatura tienen en la variabilidad genética de las distintas poblaciones.

En los próximos días se iniciará el espectáculo natural que supone el remonte del salmón atlántico (Salmo salar), aunque no es lo de hace décadas. Estos nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-.

Salmón remontando un río asturiano. Foto: Eduardo García Carmona.

En esas cuencas fluviales todavía se pueden observar a los salmones remontando, con sus potentes coletazos, cascadas de considerable altura. Estos peces, que han pasado dos o tres años en el mar, buscan los lugares donde nacieron, es decir, aquellos en los que las aguas son frías, libres, raudas y transparentes. ¡Buenos lugares para amar y nacer!

En el caso del País Vasco y de Navarra, los ríos salmoneros históricos llegaron a ser cerca de una decena – Nervión, Oka, Lea, Deba, Urola, Oiartzun, Oria, Urumea y Bidasoa-, y hoy en día se han reducido a cuatro, de los cuales, sólo el río Bidasoa está considerado en la actualidad como no vulnerable, y el único donde se puede pescar.

Hembra de salmón de 9 kilos capturada en la Nasa de Bera (Navarra), junto al río Bidasoa, para poder ser utilizada como reproductora.

Artículo científico de referencia:

‘Northern areas as refugia for temperate species under current climate warming: Atlantic salmon (Salmo salar L.) as a model in northern Europe’ Jose L. Horreo, Andrew M. Griffiths, Gonzalo Machado-Schiaffino, Jamie R. Stevens, Eva Garcia‐Vazquez. First published Journal of Fish Biology 03 October 2018 https://doi.org/10.1111/jfb.13825

Aves en busca de tierras cálidas

Avefría europea. Vanellus vanellus. Hegabera. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 30.11.17.

Estorninos, alondras, jilgueros y sin fin más de pájaros remontan en estos días el cielo, dispersos o en bandadas, a la busca de tierras cálidas donde pasar el invierno. El Estado español acoge a unos 500 millones de ellos.

Nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, mil millones de alas. Tengamos en cuenta que los expertos ornitólogos estiman que la población de aves invernantes en la Península puede alcanzar la cifra de unos 500 millones. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte, se instalan en nuestro derredor. Y en esas estamos.

El popular jilguero (Carduelis carduelis. Kardantxiloa) tiene un canto muy especial y agradable. Villafáfila (Zamora). 01.11.17.

La mayoría son pequeños pájaros, dispersos y bastante silenciosos. Pero a su lado podremos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos. Algunas de estas agregaciones infinitas se desplazan con notable orden. Caso de gaviotas, cormoranes, patos, grullas y garcillas, que dibujan en el cielo triángulos sin base, la letra uve, líneas oblicuas, a veces un rombo casi perfecto. Será a lo largo de nuestros ríos y sobre todo cerca de los embalses donde más veces nos sorprenderán. Las grullas ya empezaron a pasar por la península Ibérica todavía lo harán más en los próximos días, y muchas de ellas se dirigirán a la laguna de Gallocanta, las dehesas extremeñas, Portugal, Andalucía, y norte de África.

Cormorán grande. Phalacrocorax carbo. Ubarroi handia. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).15.11.17.

Otras bandadas, como las de estorninos, grajillas, palomas, avefrías, alondras, pardillos, jilgueros, verdecillos, trigueros… son el mejor ejemplo de que el caos es sólo el primer paso de la armonía. De que el revoltijo es regocijo para la mirada. Esa que encontrará, en los cielos más limpios del año, una turbamulta cohesionada, una capacidad infinita para convertir lo compuesto por incontables partes en un todo de prodigiosas sincronías. Para contemplar estas bandadas no hay reducto concreto. Están, un poco por doquier, dispuestas siempre a provocar una sorpresa tan grata como gratuita.

Paloma Torcaz. Columba palumbus. Pagauso. Montoria (Álava). 12.10.17.

Las castañas, uno de los regalos que nos trae el otoño

Castaño. Castanea sativa. Gaztainondo.

Algunas especies, o alguna de sus partes, que, si bien en un primer momento poco o nada tienen de atractivo, al florecer o madurar sus frutos, tornan la distancia que repelía en algo cercano y bello. Tales metamorfosis quedan justificadas por la necesidad de pasar lo más inadvertido posible o de protegerse férreamente ante los posibles enemigos naturales. Las semillas de las plantas a menudo se acorazan en el seno de cápsulas duras, feas o pinchudas, y en su interior van incrementándose a resguardo de amenazas. Así, los frutos consiguen emerger sin daños ni pérdidas en el momento oportuno, es decir, el de que pueda iniciarse la nueva fase de un ciclo de renovación.

Es el caso de las castañas, que en estos días y hasta finales de noviembre, los erizos se rajan por la sazón de los frutos, y se asoman resplandecientes y consistentes y se pueden recolectar hasta finales de noviembre. Estos espléndidos frutos han pasado los últimos cinco meses en el seno de una esfera muy similar a la de los erizos marinos, es decir, por completo hirsuta e inabordable por estar recubierta de muchos centenares de espinas, en este caso finísimas y en consecuencia muy disuasorias.

Bolas primero diminutas y verdes que engordaron y amarillearon muy lentamente a lo largo del verano para reventar, tras rajarse por el impulso de la sazón de los tres frutos que contienen. Las castañas son uno de los regalos que nos trae el otoño. Beneficiadas por las lluvias de septiembre, ya caen al suelo o son vareadas en los mejores castañares de la península Ibérica, que nos acompañan en buena parte del norte peninsular.

“Gaztaina eguna-Día de la castaña» que se celebra todos los años en el municipio vizcaíno de Orozko, donde se rememora su estrecho vínculo con los castaños.

Pero, si agradable resulta recolectar y comer castañas, el otoño de los castañares merece la pena un paseo entre ellos. En primer lugar, porque sus hojas, antes de tomar un tono beis oscuro, adquieren todas las gamas del amarillo y del ocre. Es decir, de espléndidos dorados.

El castaño es uno de los árboles más hermosos. Forma frondosa copa con sus hojas de borde aserrado. Sus troncos transmiten la seguridad de lo tenaz y longevo. De hecho, no son raros los ejemplares enormes, por ser varias veces centenarios. Algunos de ellos son capaces de producir hasta 400 kilos de castañas. Eso cuando está solo, porque si alcanza a ser bosque, el resultado es soberbio.

Los castañares convierten nuestros pasos en crujientes. Porque estaremos apoyándonos en uno de los suelos más orgánicos, como corresponde a árboles que todos los años aportan a sus raíces varios miles de kilos de sus propias hojas por hectárea. El castaño, conocido científicamente con el nombre de castanea savia, perteneciente a la familia de los fagaceae y nativo de climas templados del hemisferio norte, es un árbol autóctono en la Península Ibérica, como muestran análisis polínicos del Cuaternario.

En la Sierra de O Courel (Galicia), uno de sus huéspedes más insignes es el imponente castaño, que comparte hábitat con robles, tejos, hayas, fresnos, alisos, avellanos y acebos.

 

Día Mundial de las Aves

Grulla común. Grus grus. Kurrilo arrunta. Montoria (Alava). 09.10.17

Como en años anteriores el primer fin de semana de octubre se celebra a nivel internacional el Día Mundial de las Aves. Este año tendrá lugar el 6 y 7 de octubre. En Euskadi, está previsto que se organicen diversas actividades para dar a conocer la importancia de su conservación. No en vano, nuestra comunidad, a pesar de su pequeña extensión, dispone de interesantes recursos para los amantes de la observación de aves y de la naturaleza en general. La gran variedad de paisajes y ecosistemas que alberga un área tan reducida posibilita la coexistencia de comunidades de aves diversas y bien diferenciadas.

Un 23% del territorio vasco incluido en la Red Natura 2000 (Zonas de Especial Protección para las Aves y Lugares de Importancia Comunitaria), un 10,6 % dentro de la Red de Espacios Naturales Protegidos del País Vasco y siete Humedales reconocidos de Importancia Internacional (Ramsar), son cifras que avalan el alto nivel de conservación del medio natural y la biodiversidad en nuestra comunidad.

Hay otros datos a tener en cuenta en relación con las aves. Así, por ejemplo, de las 563 especies que se pueden ver en la península Ibérica, 347 se han observado en Euskadi. Es decir, el 61% de todas las aves presentes en el territorio peninsular surcan nuestros cielos. De esas 563, el 45% se pueden encontrar en estuarios como Urdaibai en Bizkaia o Txingudi en Gipuzkoa. Por otra parte, el Parque Natural de Izki, en Alava, alberga una de las mejores poblaciones ibéricas tanto en número como en estado de conservación de pico mediano, un raro pájaro carpintero, verdadera joya ornitológica del parque. En el humedal de Salburua, en Vitoria-Gasteiz, su estratégica situación en plena ruta migratoria permite que miles de aves usen la zona a lo largo de sus viajes, encontrando tranquilidad y abundante alimento. El carricerín cejudo, la garza imperial, la cerceta carretona o la espátula son sólo algunas de las aves amenazadas que recalan en Salburua en sus viajes migratorios.

Otras zonas interesantes para el avistamiento de aves en el territorio vasco son el Parque Natural de Gorbeia, el Parque Natural de Aizkorri-Aratz, la Sierra de Entzia, Montes de Urdunte, las Lagunas de Laguardia y un largo etcétera.

El Día Mundial de las Aves es la fiesta grande de todas y todos los que estamos enamorados de las aves y es una inmejorable oportunidad para descubrir este mundo que puede ser apasionante para todos los que aún no lo conocen. Pero, también debe servir para advertir de las graves consecuencias que el cambio climático está produciendo sobre esos animales y sus hábitats, que puede provocar previsiblemente la extinción a medio plazo de un importante número de especies.

Uno de los efectos más notables del cambio climático es la migración, y entre ellos, está el adelantamiento en respuesta al aumento de las temperaturas. Un ejemplo, son las golondrinas, que cada primavera regresan antes de África -en medio siglo se han adelantado dos semanas-. Eso provoca que realicen la reproducción cuando la disponibilidad de alimento es escasa, lo que pone en riesgo el éxito de la época de cría. Patrones similares se dan para otras especies, como el vencejo o la abubilla.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.18.

Todos los estudios realizados al respecto apuntan a la próxima extinción de un gran número de especies de vertebrados por todo el mundo a causa del cambio climático, una parte importante de las cuales son aves. Incluso especies de aves muy comunes hasta ahora, como el gorrión común o el ánade azulón, están viendo mermadas sus poblaciones por esta suma de fenómenos agravados por el cambio climático.

Por estas razones, es fundamental reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero, para lo que es imprescindible lograr cambios en el sistema productivo, energético, de transporte, etcétera. Resulta imposible mitigar el cambio climático y adaptarnos a él manteniendo el mismo modelo de producción y consumo, considerando a la biodiversidad un mero recurso, superando los límites del planeta y agravando la vulnerabilidad y el riesgo de degradación de los ecosistemas.

Espátula común. Plateinae. Mokozabala. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 20.07.17.