Aves en busca de tierras cálidas

Avefría europea. Vanellus vanellus. Hegabera. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 30.11.17.

Estorninos, alondras, jilgueros y sin fin más de pájaros remontan en estos días el cielo, dispersos o en bandadas, a la busca de tierras cálidas donde pasar el invierno. El Estado español acoge a unos 500 millones de ellos.

Nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, mil millones de alas. Tengamos en cuenta que los expertos ornitólogos estiman que la población de aves invernantes en la Península puede alcanzar la cifra de unos 500 millones. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte, se instalan en nuestro derredor. Y en esas estamos.

El popular jilguero (Carduelis carduelis. Kardantxiloa) tiene un canto muy especial y agradable. Villafáfila (Zamora). 01.11.17.

La mayoría son pequeños pájaros, dispersos y bastante silenciosos. Pero a su lado podremos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos. Algunas de estas agregaciones infinitas se desplazan con notable orden. Caso de gaviotas, cormoranes, patos, grullas y garcillas, que dibujan en el cielo triángulos sin base, la letra uve, líneas oblicuas, a veces un rombo casi perfecto. Será a lo largo de nuestros ríos y sobre todo cerca de los embalses donde más veces nos sorprenderán. Las grullas ya empezaron a pasar por la península Ibérica todavía lo harán más en los próximos días, y muchas de ellas se dirigirán a la laguna de Gallocanta, las dehesas extremeñas, Portugal, Andalucía, y norte de África.

Cormorán grande. Phalacrocorax carbo. Ubarroi handia. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).15.11.17.

Otras bandadas, como las de estorninos, grajillas, palomas, avefrías, alondras, pardillos, jilgueros, verdecillos, trigueros… son el mejor ejemplo de que el caos es sólo el primer paso de la armonía. De que el revoltijo es regocijo para la mirada. Esa que encontrará, en los cielos más limpios del año, una turbamulta cohesionada, una capacidad infinita para convertir lo compuesto por incontables partes en un todo de prodigiosas sincronías. Para contemplar estas bandadas no hay reducto concreto. Están, un poco por doquier, dispuestas siempre a provocar una sorpresa tan grata como gratuita.

Paloma Torcaz. Columba palumbus. Pagauso. Montoria (Álava). 12.10.17.

Las castañas, uno de los regalos que nos trae el otoño

Castaño. Castanea sativa. Gaztainondo.

Algunas especies, o alguna de sus partes, que, si bien en un primer momento poco o nada tienen de atractivo, al florecer o madurar sus frutos, tornan la distancia que repelía en algo cercano y bello. Tales metamorfosis quedan justificadas por la necesidad de pasar lo más inadvertido posible o de protegerse férreamente ante los posibles enemigos naturales. Las semillas de las plantas a menudo se acorazan en el seno de cápsulas duras, feas o pinchudas, y en su interior van incrementándose a resguardo de amenazas. Así, los frutos consiguen emerger sin daños ni pérdidas en el momento oportuno, es decir, el de que pueda iniciarse la nueva fase de un ciclo de renovación.

Es el caso de las castañas, que en estos días y hasta finales de noviembre, los erizos se rajan por la sazón de los frutos, y se asoman resplandecientes y consistentes y se pueden recolectar hasta finales de noviembre. Estos espléndidos frutos han pasado los últimos cinco meses en el seno de una esfera muy similar a la de los erizos marinos, es decir, por completo hirsuta e inabordable por estar recubierta de muchos centenares de espinas, en este caso finísimas y en consecuencia muy disuasorias.

Bolas primero diminutas y verdes que engordaron y amarillearon muy lentamente a lo largo del verano para reventar, tras rajarse por el impulso de la sazón de los tres frutos que contienen. Las castañas son uno de los regalos que nos trae el otoño. Beneficiadas por las lluvias de septiembre, ya caen al suelo o son vareadas en los mejores castañares de la península Ibérica, que nos acompañan en buena parte del norte peninsular.

“Gaztaina eguna-Día de la castaña” que se celebra todos los años en el municipio vizcaíno de Orozko, donde se rememora su estrecho vínculo con los castaños.

Pero, si agradable resulta recolectar y comer castañas, el otoño de los castañares merece la pena un paseo entre ellos. En primer lugar, porque sus hojas, antes de tomar un tono beis oscuro, adquieren todas las gamas del amarillo y del ocre. Es decir, de espléndidos dorados.

El castaño es uno de los árboles más hermosos. Forma frondosa copa con sus hojas de borde aserrado. Sus troncos transmiten la seguridad de lo tenaz y longevo. De hecho, no son raros los ejemplares enormes, por ser varias veces centenarios. Algunos de ellos son capaces de producir hasta 400 kilos de castañas. Eso cuando está solo, porque si alcanza a ser bosque, el resultado es soberbio.

Los castañares convierten nuestros pasos en crujientes. Porque estaremos apoyándonos en uno de los suelos más orgánicos, como corresponde a árboles que todos los años aportan a sus raíces varios miles de kilos de sus propias hojas por hectárea. El castaño, conocido científicamente con el nombre de castanea savia, perteneciente a la familia de los fagaceae y nativo de climas templados del hemisferio norte, es un árbol autóctono en la Península Ibérica, como muestran análisis polínicos del Cuaternario.

En la Sierra de O Courel (Galicia), uno de sus huéspedes más insignes es el imponente castaño, que comparte hábitat con robles, tejos, hayas, fresnos, alisos, avellanos y acebos.

 

Día Mundial de las Aves

Grulla común. Grus grus. Kurrilo arrunta. Montoria (Alava). 09.10.17

Como en años anteriores el primer fin de semana de octubre se celebra a nivel internacional el Día Mundial de las Aves. Este año tendrá lugar el 6 y 7 de octubre. En Euskadi, está previsto que se organicen diversas actividades para dar a conocer la importancia de su conservación. No en vano, nuestra comunidad, a pesar de su pequeña extensión, dispone de interesantes recursos para los amantes de la observación de aves y de la naturaleza en general. La gran variedad de paisajes y ecosistemas que alberga un área tan reducida posibilita la coexistencia de comunidades de aves diversas y bien diferenciadas.

Un 23% del territorio vasco incluido en la Red Natura 2000 (Zonas de Especial Protección para las Aves y Lugares de Importancia Comunitaria), un 10,6 % dentro de la Red de Espacios Naturales Protegidos del País Vasco y siete Humedales reconocidos de Importancia Internacional (Ramsar), son cifras que avalan el alto nivel de conservación del medio natural y la biodiversidad en nuestra comunidad.

Hay otros datos a tener en cuenta en relación con las aves. Así, por ejemplo, de las 563 especies que se pueden ver en la península Ibérica, 347 se han observado en Euskadi. Es decir, el 61% de todas las aves presentes en el territorio peninsular surcan nuestros cielos. De esas 563, el 45% se pueden encontrar en estuarios como Urdaibai en Bizkaia o Txingudi en Gipuzkoa. Por otra parte, el Parque Natural de Izki, en Alava, alberga una de las mejores poblaciones ibéricas tanto en número como en estado de conservación de pico mediano, un raro pájaro carpintero, verdadera joya ornitológica del parque. En el humedal de Salburua, en Vitoria-Gasteiz, su estratégica situación en plena ruta migratoria permite que miles de aves usen la zona a lo largo de sus viajes, encontrando tranquilidad y abundante alimento. El carricerín cejudo, la garza imperial, la cerceta carretona o la espátula son sólo algunas de las aves amenazadas que recalan en Salburua en sus viajes migratorios.

Otras zonas interesantes para el avistamiento de aves en el territorio vasco son el Parque Natural de Gorbeia, el Parque Natural de Aizkorri-Aratz, la Sierra de Entzia, Montes de Urdunte, las Lagunas de Laguardia y un largo etcétera.

El Día Mundial de las Aves es la fiesta grande de todas y todos los que estamos enamorados de las aves y es una inmejorable oportunidad para descubrir este mundo que puede ser apasionante para todos los que aún no lo conocen. Pero, también debe servir para advertir de las graves consecuencias que el cambio climático está produciendo sobre esos animales y sus hábitats, que puede provocar previsiblemente la extinción a medio plazo de un importante número de especies.

Uno de los efectos más notables del cambio climático es la migración, y entre ellos, está el adelantamiento en respuesta al aumento de las temperaturas. Un ejemplo, son las golondrinas, que cada primavera regresan antes de África -en medio siglo se han adelantado dos semanas-. Eso provoca que realicen la reproducción cuando la disponibilidad de alimento es escasa, lo que pone en riesgo el éxito de la época de cría. Patrones similares se dan para otras especies, como el vencejo o la abubilla.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.18.

Todos los estudios realizados al respecto apuntan a la próxima extinción de un gran número de especies de vertebrados por todo el mundo a causa del cambio climático, una parte importante de las cuales son aves. Incluso especies de aves muy comunes hasta ahora, como el gorrión común o el ánade azulón, están viendo mermadas sus poblaciones por esta suma de fenómenos agravados por el cambio climático.

Por estas razones, es fundamental reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero, para lo que es imprescindible lograr cambios en el sistema productivo, energético, de transporte, etcétera. Resulta imposible mitigar el cambio climático y adaptarnos a él manteniendo el mismo modelo de producción y consumo, considerando a la biodiversidad un mero recurso, superando los límites del planeta y agravando la vulnerabilidad y el riesgo de degradación de los ecosistemas.

Espátula común. Plateinae. Mokozabala. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 20.07.17.

 

Sobre el aire de Bilbao

Cogestión de coches en el centro de Bilbao

HACE más de cuatro décadas, la zona metropolitana de Bilbao, así como otras de Euskadi, eran lugares que presentaban un aire bastante contaminado. Sin embargo, con el paso de los años la situación ha ido cambiando. Han quedado atrás los importantes problemas de contaminación que presentaban sus cielos allá por los años 70 y 80. Recordando esos tiempos, convendría decir que Bilbao perdió en el año 2000 el título de “zona de atmósfera contaminada”, una declaración que arrastraba desde 1977 por la “degradación del aire”.

Todavía recuerdo esos años 70 en que vine a estudiar a la entonces Universidad de Bilbao (hoy Universidad del País Vasco), cuando veíamos el cielo casi siempre de color gris debido a la contaminación existente, fundamentalmente de origen industrial. Sin embargo, en los últimos diez años, la reducción de los niveles de contaminación en Bilbao y en el resto de la geografía vasca ha sido notable, con una clara tendencia positiva de los indicadores de calidad del aire, tal como se plasma en el último Perfil Ambiental de Euskadi, que elabora el departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco. Dicho Perfil muestra, por ejemplo, que el número de días calificados de “muy buenos”, “buenos” y “mejorables” son entre el 90% y el 100%.

Entre las causas que han contribuido a esa reducción de la contaminación atmosférica se encuentra la reducción de emisiones debido al cierre de empresas, pero también la mejora de los combustibles, el empleo de tecnologías más limpias, una legislación más exigente, etcétera. Así, cabe citar las Autorizaciones Ambientales Integradas, trámite previo a cualquier actividad, la regularización de focos para actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera, las licencias de actividad u otras cuestiones.

No obstante, hoy en día y pensando en el futuro, uno de los problemas más importantes de contaminación atmosférica es la generada por el tráfico de vehículos. Concretamente, el tráfico urbano es el responsable de la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, como el dióxido de nitrógeno. En una ciudad tipo, el 60% del dióxido de nitrógeno procede del tráfico y la diferencia con las emisiones de una central térmica o una industria es que los vehículos conviven con las personas.

En base a los últimos informes elaborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se apunta que la contaminación del aire en áreas urbanas continúa progresando a paso alarmante, con efectos devastadores sobre la salud humana.

Otro tema importante de la movilidad urbana es que supone alrededor del 40% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal causante del cambio climático. En los últimos tiempos se suceden fenómenos meteorológicos muy extremos y devastadores que nos vuelven a poner en primer plano lo que desde hace tiempo nos vienen advirtiendo los científicos de que una de las primeras manifestaciones del cambio climático será la intensificación de fenómenos climáticos, que son ya habituales, pero que cada vez serán más frecuentes y más devastadores.

El año 2017 figura, junto a 2014 y 2015, como el año más cálido de la historia desde que se tienen registros y la temperatura media de la tierra sigue elevándose. De no cumplir con el Acuerdo de París -último tratado internacional legalmente vinculante, establecido en esa ciudad en diciembre de 2015- podemos superar un aumento de dos grados centígrados al finalizar el presente siglo, respecto a los niveles preindustriales (1880), que es el límite acordado en la capital francesa.

Un tercer impacto es que el actual modelo de movilidad urbana no solo causa muertes, sino también mucho dinero. La Comisión Europea estima que la congestión del tráfico en nuestras ciudades, contabilizando diversas variables como el tiempo perdido, el combustible desperdiciado, etc., asciende a 100.000 millones de euros, lo que representa un 1% del PIB cada año en la Unión Europea.

Pues bien. El pasado 25 de septiembre, este diario daba la noticia de que en la estación de la Red de Calidad del Aire de la calle María Díaz de Haro de Bilbao, según el último informe del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, se habían vuelto a superar en 2017 los índices legales anuales de un tipo de contaminante, el dióxido de nitrógeno. Concretamente, la citada estación registró una media de 43 microgramos por metro cúbico, cuando el máximo es de 40. Esta fue la única de las 53 estaciones de control de la calidad del aire del Gobierno vasco en las que se superó el valor límite anual (43 µg/m3 sobre 40 µg/m3) de este contaminante (NO2). Se da la circunstancia de que los valores medios anuales de esta sustancia contabilizados en 2016 por esta estación, cuando se registró otro pico, fueron menores: de 41,7.

En lo referente a Bilbao, actualmente la red de vigilancia, cuya competencia es del Gobierno vasco, cuenta con cuatro estaciones -Parque Europa de Txurdinaga, monte Arraiz (controlada por la planta de incineración de residuos, Zabalgarbi), calles Mazarredo y María Díaz de Haro (estas dos últimas centradas en examinar los humos de los tubos de escape- en la que se miden los índices de contaminantes como dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, partículas u ozono (O3).

Sin duda, los datos registrados en la calle María Díaz de Haro señalan la necesidad de mejora, para lo cual hay que adoptar medidas. Hay que tener en cuenta que Bilbao soporta a diario la entrada de 95.000 vehículos a través de sus ocho accesos principales, aunque un dato muy positivo es que sus residentes -la ciudad tiene 342.000 habitantes- apenas recurren al coche privado para la circulación interna. Solo lo hace el 11%. Más de la mitad se mueve a pie, mientras que el 23% va en transporte público.

Hay que apostar de forma decidida por el uso de la bicicleta. Foto: Deia.

Las soluciones puestas en marcha en algunas capitales europeas donde se han tomado más en serio el peligro -es el caso de ciudades como París, Berlín, Hamburgo, Helsinki, Oslo y otras- que supone la contaminación atmosférica proveniente de los vehículos motorizados pasan por un cambio progresivo del modelo de transporte existente en la actualidad. Se trata de impulsar los desplazamientos a pie, en bicicleta o en transporte público, para lo cual hace falta más concienciación y sensibilización en el conjunto de la sociedad. Pero también es necesario arbitrar medidas que reduzcan el tráfico, aunque en un primer momento sean antipopulares. El primer deber de los poderes públicos es garantizar la salud de las ciudadanas y los ciudadanos y es evidente que el grado de suciedad del aire, causado principalmente en las ciudades por las emisiones de los motores de combustión, atacan la salubridad general de la población.

Hoy en día, para conseguir una movilidad sostenible es necesaria la modernización del parque automovilístico y sustituirlo progresivamente, pero de forma firme, por uno totalmente eléctrico basado en las energías renovables; apostar de forma decidida por las alternativas más sostenibles como el uso de la bicicleta o caminar para nuestros desplazamientos urbanos, y hacer realidad la inevitable reducción del tráfico en la ciudad.

Parada del Metro.

Los maravillosos colores del otoño

Comienzos del otoño en Peñacerrada (Álava). Bosque de hayedos. 28.09.17.

El otoño es el tiempo oportuno para aprender a distinguir un árbol de otro por sus frutos. En el corazón de cada semilla late un nuevo árbol. Cuando la semilla ha sido esparcida por el viento, termina la última etapa del ciclo anual de un árbol, que volverá a repetirse indefinidamente año tras año. Pero, además, el otoño en la época en que tiene lugar el extraordinario fenómeno multicolor de las hojas.

La gama multicolor que el otoño extiende sobre el paisaje, es sólo la manifestación de una serie de complicados procedimientos químico-fisiológicos, que de forma invisible se desarrollan en las hojas y en los bosques. La caída de las hojas, especialmente llamativa en otoño, no es la única: esta caída se completa con una caída de las hojas en verano. Este procedimiento se puede definir como una especie de caída de emergencia, con la cual los árboles, especialmente en los meses de sequía, se despojan de aquellas hojas que ya no les son de utilidad.

El verde es el color más abundante que hay en la naturaleza: todas las diversas tonalidades en hojas y en frutos provienen de una sustancia llamada clorofila, que normalmente se forma mediante la luz del sol. Es por ello que las plantas la necesitan para elaborarla. Todos los procesos de descomposición juntos conducen finalmente al juego multicolor del otoño. Al desintegrarse la clorofila sólo quedan las materias colorantes de color amarillo, dando así paso a las hojas de ese color.

Dentro de esta gama pueden observarse el tono amarillo-rojizo, producido por la carotina, o el amarillo-anaranjado, causado por la xantofila o jantina, sustancias éstas que previamente ya estaban presentes en las hojas. Si ésta tiene aún brillo rojizo es porque todavía conserva restos de azúcar que, con las denominadas flavonas -materias que absorben la luz, especialmente la ultravioleta- se sintetizan formando la materia colorante roja antocianina.

Este pigmento, además de producir el color intenso de las amapolas, el arándano y otras floras, también es el causante de los azules y los violetas. Este componente se encuentra igualmente en la savia de las plantas; si la antocianina es ácida, el color que produce es el rojo, mientras que, si es alcalina, genera el azul o el morado. El roble y el arce tienen sus hojas rojas en otoño, porque la antocianina es de tonos rojos o violetas.

Las tonalidades amarillas y rojizas en la hoja indican que ésta está aún viva, mientras que cuando se alcanza el marrón, significa que ya está muerta. Esto sucede porque en sus células ha entrado sin obstáculo oxígeno del aire, provocando con ello un proceso de oxidación. Todo el conjunto de este fascinante proceso natural de descomposición es lo que finalmente conlleva la paleta de colores que nos brinda la madre naturaleza en las especies de árboles caducifolios durante el mágico otoño.

Estampa otoñal en el parque natural de Izki (Alava). 15.11.17.

El haya es, sin duda -conjuntamente con el roble y el castaño-, la especie arbórea más espectacular durante los meses otoñales, porque sus hojas proporcionan, entre octubre y diciembre, toda la variedad de tonos que la pupila del ojo humano puede analizar de golpe al contemplar la maravilla de este proceso.

Sin duda, el otoño es una de las estaciones más bellas y hermosas para disfrutar de la naturaleza. Es el momento del año en el que se visten los bosques caducifolios con sus mejores galas y en el que se despliegan la infinita gama de colores que van del ocre al amarillo como si celebrasen una breve fiesta de despedida.  O una traca de fuegos artificiales que compensara la vergüenza de la desnudez con el que pasarán los meses más fríos del año. Por eso pasear por los bosques en esta estación, es una experiencia que puede llegar a hacer perder el sentido, incluido el de la orientación. Además, el otoño es la época en que se puede observar uno de los fenómenos más espectaculares que se producen, características de dos épocas del año, como es la migración de aves.

Grulla común (Grus grus. Kurrilo arrunta). Laguna de la Nava (Palencia). 15.11.16.

 

 

 

Agur a las aves migratorias, hasta la próxima primavera

Avefría europea (Vanellus vanellus. Hegabera). Montoria (Álava). 10.11.17.

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus ‘vacaciones’ de invierno. El alimento es su principal motivo.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales.

La migración de aves hacia África comenzó hace ya unas semanas y se intensificará más en las próximas, en que nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, millones de alas. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte de Europa, se instalan en nuestro derredor.

Sin duda, en esta época podemos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos.

Un punto estratégico importantísimo en esta migración en Euskal Herria es el Pirineo Occidental. Navarra es un lugar privilegiado para admirar el fascinante viaje de las aves, ya que la Comunidad Foral se encuentra en plena ruta migratoria occidental europea. Todos los años son millones de aves las que utilizan este territorio en sus desplazamientos. Muchas especies prefieren volar sobre tierra que hacerlo por encima del mar, y en su camino a latitudes más al sur o hasta África, las aves se encuentran en esta ruta con una cadena montañosa transversal, los Pirineos, que generalmente atraviesan por sus zonas más favorables. Por lo tanto, el pasillo situado entre el Pirineo navarro y el mar Cantábrico concentra en las épocas migratorias una gran cantidad de aves. Sin duda, el collado de Lindus es un punto importantísimo, entre los municipios navarros, de Burguete y Valcarlos, para la observación.

Técnicos de campo en el Collado de Lindus. Foto: Noticias de Navarra.

Muchas de las más preciosas y más pequeñas de las aves europeas están a punto de abandonarnos, anticipándose ante la llegada del otoño, con la bajada de temperaturas y la ausencia de los insectos que constituyen la base de su alimentación, e iniciarán un largo viaje de miles de kilómetros.

Abejarucos, papamoscas grises y cerrojillos, oropéndolas, alcaudones comunes y dorsirrojos, aviones, golondrinas, etcétera, serán algunas de las muchas especies que se despiden en estos días de septiembre hasta la próxima primavera.

¡Suerte y hasta la próxima primavera!

Paloma Torcaz (Columba palumbus. Pagauso). Montoria (Álava). 12.10.17.

 

El cambio de hora

La Comisión Europea ha decidido que propondrá la desaparición del cambio de hora en la Unión Europea. Siempre he estado en contra del cambio de hora. En mi opinión, se ha dado un cuestionable ahorro energético, que nunca se ha demostrado que sea así.

Haciendo un poco de historia, el cambio de hora comenzó durante la 1ª Guerra Mundial en Alemania, países aliados y zonas ocupadas, al objeto de aprovechar la luz solar extra disponible en primavera y verano. Otros países secundaron la medida, incluido el Estado español, donde dejó de aplicarse en 1951 para retomarse en 1974, tras la crisis energética del 73. Y en el año 2001, una directiva europea impuso como obligatorio el salto adelante y atrás del reloj.

¿Ahorro de energía? Hasta ahora, la Comisión Europea, a través de diversos estudios, ha estimado el ahorro en el consumo eléctrico entre el 0,5 y el 2,5%. La propia Comisión ha valorado este ahorro como “relativamente modesto”. Por el contrario, diversos estudios estiman que el cambio de hora supone un gasto extra de energía.

En otras cuestiones, hay estudios que plantean que el cambio de hora afecta a la salud y a la calidad de vida, y, en esto coinciden, aunque la importancia que se le da es diferente, a los partidarios del cambio de hora y a los no partidarios. Los seres humanos ligan su ritmo con los ritmos naturales.  El cambio de hora perjudica al organismo, el cual debe de reequilibrarse, y, sobre todo, según estos estudios, afecta de manera más acusada a los más pequeños y a los mayores, más apegados a su ritmo biológico.

Es decir, algunos estudios sostienen que el cambio de hora no produce ahorro energético, otros, que es insignificante, y también algunos otros que lo aumenta. Sin embargo, sí que parece que hay unanimidad en que produce trastornos de diversa índole.

¿Por qué, entonces, se ha mantenido durante tantos años el cambio de hora? En mi opinión, por inercia. De esta forma se intenta aparentar que los gobiernos se preocupan por ahorrar energía.

Ahorrar y hacer ahorrar energía debe ser una obligación de la Administración pública. Cambiar de hora no produce ahorro económico ni energético, pero sí distrae de políticas comprometidas con el ahorro y contra el despilfarro energético.

Medusas, las ortigas del mar

La Chrysaora Quinquecirrha, en el Aquarium donostiarra. Se trata de un ejemplar de medusa localizable en aguas templadas a lo largo de las costas del océano Atlántico. Foto: Deia.

De acuerdo con la mitología griega, Medusa era una mujer con serpientes en vez de cabellos. Era temida porque con su mirada podía convertir en piedra a cualquier criatura viva. Las medusas también son objeto de temores, pero no por sus capacidades sobrenaturales sino por su molesto veneno.

Las medusas pertenecen al grupo zoológico de los cnidarios. “Cnida” significa, en latín, urticante. Los seres vivos que pertenecen a este grupo tienen unas células con forma de bolsita con un filamento lleno de púas enrollado en su interior. Las medusas poseen millones de estas células en sus tentáculos, que pueden alcanzar los cinco metros de longitud. Los extienden a modo de red y cuando una presa (o un “molesto humano”) entra en contacto con ellos, estas células lanzan como un látigo su filamento cargado de veneno. Se conocen cerca de 4.000 especies de medusas.

Las medusas suelen dejarse arrastrar por las corrientes, “son una especie de paracaídas gigante en el agua. Tienen cierta voluntad de movimiento, pero en distancias largas”. Son capaces de nadar a 55 metros por hora.

Las medusas son en un 95% agua y carecen de ojos y de cerebro. Aunque pican más como método de defensa que de ataque, utilizan sus tentáculos para atrapar comida anestesiando a pequeños peces con el veneno que desprenden.

Hasta hace poco, las medusas han sido un problema que afectaba, sobre todo, al mar Mediterráneo, pero las costas del Cantábrico, más frías y por tanto menos proclives a estas plagas, no lo eran tanto, pero en los tiempos actuales nuestras playas y aguas de baño tampoco se libran ya de estas incómodas visitas, aunque va por épocas.

Según los expertos en la materia, “aquí no llegan las mismas especies que al mar Mediterráneo, pero si se dan las condiciones idóneas como un aumento de la salinidad o un cambio de temperatura brusco -las últimas investigaciones sobre el cambio climático en el País Vasco hablan de un aumento de la temperatura del mar Cantábrico-.

Medusa en el Mediterráneo. Foto: Deia.

El Cantábrico es un mar abierto, con fuerte oleaje y muchas corrientes, lo que no favorece la acumulación de medusas. Pero pueden aparecer cada vez más a menudo según se dé una mayor subida de la temperatura y la escasez de depredadores.

El aumento de la temperatura del agua está trayendo especies cada vez más venenosas como la “Carabela portuguesa”, que proviene de Africa. También en Australia, donde ya registran más muertes por picaduras de medusa que por ataques de tiburón, existen especies altamente dañinas que ya han llegado hasta las costas de Israel y de Grecia a través del Canal de Suez y no se encuentran tan lejos de las costas mediterráneas. Esto se denomina contaminación biológica, que, en el caso de las medusas, se produce sobre todo por los canales, pero también por sueltas de medusas que se han capturado para acuarios. Al no tener en el nuevo medio un depredador natural, si las condiciones son apropiadas, la reproducción es bastante favorable. Es lo que ha pasado con la tortuga de Florida o con el mejillón cebra.

A juicio de cada vez más científicos y expertos en la materia, la aparición de plagas de medusas está en el cambio climático, que contribuye al calentamiento del agua. Otro factor de influencia puede ser la sobrepesca, que tiene como consecuencia una disminución de las especies que se alimentan de medusas, con lo que se rompe el equilibrio natural.

También se cita la presencia, cada vez mayor, de nutrientes derivados de fertilizantes agrícolas vertidos al mar que servirían de alimento a algunas medusas. Por último, la alta salinidad de las aguas, derivadas de una disminución de la lluvia que lleva agua continental al mar, ha podido contribuir a elevar el número de medusas, dado que toleran mal las aguas bajas en sal.

Foto: Pixabay

 

 

Las aves migratorias, héroes del aire

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (Navarra). 24.06.18.

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus ‘vacaciones’ de invierno.

Sobre nuestras cabezas vuelan auténticos héroes que son protagonistas de proezas inimaginables. Dos veces al año nos ofrecen la oportunidad de ser testigos de excepción de sus hazañas. Miles y miles de aves emigran en busca de un clima más benigno y el lugar idóneo para reproducirse.

Millones de ellas pasan por puntos muy concretos de la Península Ibérica, como los Pirineos y por el Estrecho de Gibraltar, siendo las protagonistas de un viaje prodigioso que puede llegar a durar semanas, hasta meses, recorriendo miles y miles de kilómetros. En pocas semanas, nuestros héroes emprenderán el segundo gran viaje del año, desde Europa a África, donde pasarán el invierno tras terminar el período de reproducción.

Así, por ejemplo, el halcón abejero (Pernis apivorus, Zapelatz liztorjale), no toma alimento alguno en los cerca de 5.000 kilómetros que recorre desde sus zonas de cría en Europa y las de invernada en África.

Otro de nuestros héroes, es el vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población de la península Ibérica de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (navarra). 24.06.18.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (Navarra). 24.06.18.

Grecia se viste de luto

Foto: Deia

La peor tragedia natural en la historia reciente de Grecia ha dejado desde el lunes 84 muertos, cantidad de desaparecidos y más de 180 heridos tras el paso de una lengua de fuego por el norte y noroeste del Ática, la región que rodea la capital griega. Hasta el pasado lunes, el peor incendio en la historia reciente de Grecia era el declarado en el verano de 2007 en el Peloponeso y la isla de Evia, que se cobró entre 70 y 77 vidas.

Incendios que han provocado en el Estado español graves tragedias hemos tenido muchas, pero ni aquí ni allí se pueden decir que han sido solo “accidentes”. Son producto de causas concretas más allá de la existencia de pirómanos asesinos. Vivimos en el Mediterráneo, un ecosistema maravilloso, pero muy frágil, por lo que el cuidado de las tierras y bosques es fundamental. La gestión preventiva es esencial.

En los últimos tiempos, la situación se ve agravada por el cambio climático y los riesgos crecen con un urbanismo especulativo, a lo que hay que añadir las políticas de recortes que se están imponiendo en casi todo, y por supuesto también en las inversiones necesarias en sectores estratégicos para evitar la tragedia: políticas preventivas, gestión forestal, gestión del recurso agua, políticas de emergencia y evacuación, etcétera.

Foto: Deia.

Los violentos incendios que han ocurrido en últimas horas en Grecia figuran entre los más mortíferos en Europa en lo que va de siglo, con los de Portugal en 2017, donde murieron 64 personas y más de 250 resultaron heridas en un gigantesco incendio forestal que se declaró el en Pedrogao Grande, en el centro del país.

Asimismo, el cambio climático enfrenta a los países nórdicos a un riesgo que hasta este momento desconocían. Por primera vez los bosques de Finlandia, Noruega y Suecia están sufriendo las temperaturas y el estrés hídrico que hacen posible los grandes incendios.

Los expertos en la lucha contra este tipo de siniestros que se comportan como más destructivos, más rápidos y más imprevisibles, coinciden en que la aparición de esta nueva familia de incendios, denominados de 6ª generación, es una consecuencia más del cambio climático. Suelos extremadamente secos, extenuados ante la ausencia de agua, y la inestabilidad de una meteorología que se salta los patrones estacionales habituales son el escenario idóneo para que se produzcan estas “tormentas de fuego”.

Estamos, pues, en la era de los Incendios forestales de última generación (6ª), que cuando las condiciones meteorológicas hacen pensar que el incendio va a ir perdiendo virulencia progresivamente es cuando realmente desarrolla su mayor agresividad. Esta situación hace que pierda sentido que se siga apostando en los países mediterráneos, como España, por campañas contra los incendios circunscritos al verano. Se necesita una estrategia más decidida contra el cambio climático a nivel general, y a corto plazo, hay que seguir luchando contra los incendios reforzando los aspectos más olvidados. Así, la extinción no es una solución al problema, sino únicamente la respuesta del sistema a la alarma puntual.  No, el bosque pide que se invierta en prevención. Que no se gaste el dinero público en apagar fuegos, sino en evitarlos. Una inversión a largo plazo que afecta a múltiples políticas, sobre todo a la forestal, que se resiste a abandonar sus objetivos meramente productivistas. Una inversión que, sin duda, terminará por dejarnos mayores réditos a todos. En estos momentos, cabe expresar la máxima condolencia por las víctimas y la plena solidaridad con sus familias.

Solidaridad en Grecia. Foto: Deia.