El cambio de hora

La Comisión Europea ha decidido que propondrá la desaparición del cambio de hora en la Unión Europea. Siempre he estado en contra del cambio de hora. En mi opinión, se ha dado un cuestionable ahorro energético, que nunca se ha demostrado que sea así.

Haciendo un poco de historia, el cambio de hora comenzó durante la 1ª Guerra Mundial en Alemania, países aliados y zonas ocupadas, al objeto de aprovechar la luz solar extra disponible en primavera y verano. Otros países secundaron la medida, incluido el Estado español, donde dejó de aplicarse en 1951 para retomarse en 1974, tras la crisis energética del 73. Y en el año 2001, una directiva europea impuso como obligatorio el salto adelante y atrás del reloj.

¿Ahorro de energía? Hasta ahora, la Comisión Europea, a través de diversos estudios, ha estimado el ahorro en el consumo eléctrico entre el 0,5 y el 2,5%. La propia Comisión ha valorado este ahorro como “relativamente modesto”. Por el contrario, diversos estudios estiman que el cambio de hora supone un gasto extra de energía.

En otras cuestiones, hay estudios que plantean que el cambio de hora afecta a la salud y a la calidad de vida, y, en esto coinciden, aunque la importancia que se le da es diferente, a los partidarios del cambio de hora y a los no partidarios. Los seres humanos ligan su ritmo con los ritmos naturales.  El cambio de hora perjudica al organismo, el cual debe de reequilibrarse, y, sobre todo, según estos estudios, afecta de manera más acusada a los más pequeños y a los mayores, más apegados a su ritmo biológico.

Es decir, algunos estudios sostienen que el cambio de hora no produce ahorro energético, otros, que es insignificante, y también algunos otros que lo aumenta. Sin embargo, sí que parece que hay unanimidad en que produce trastornos de diversa índole.

¿Por qué, entonces, se ha mantenido durante tantos años el cambio de hora? En mi opinión, por inercia. De esta forma se intenta aparentar que los gobiernos se preocupan por ahorrar energía.

Ahorrar y hacer ahorrar energía debe ser una obligación de la Administración pública. Cambiar de hora no produce ahorro económico ni energético, pero sí distrae de políticas comprometidas con el ahorro y contra el despilfarro energético.

Medusas, las ortigas del mar

La Chrysaora Quinquecirrha, en el Aquarium donostiarra. Se trata de un ejemplar de medusa localizable en aguas templadas a lo largo de las costas del océano Atlántico. Foto: Deia.

De acuerdo con la mitología griega, Medusa era una mujer con serpientes en vez de cabellos. Era temida porque con su mirada podía convertir en piedra a cualquier criatura viva. Las medusas también son objeto de temores, pero no por sus capacidades sobrenaturales sino por su molesto veneno.

Las medusas pertenecen al grupo zoológico de los cnidarios. “Cnida” significa, en latín, urticante. Los seres vivos que pertenecen a este grupo tienen unas células con forma de bolsita con un filamento lleno de púas enrollado en su interior. Las medusas poseen millones de estas células en sus tentáculos, que pueden alcanzar los cinco metros de longitud. Los extienden a modo de red y cuando una presa (o un “molesto humano”) entra en contacto con ellos, estas células lanzan como un látigo su filamento cargado de veneno. Se conocen cerca de 4.000 especies de medusas.

Las medusas suelen dejarse arrastrar por las corrientes, “son una especie de paracaídas gigante en el agua. Tienen cierta voluntad de movimiento, pero en distancias largas”. Son capaces de nadar a 55 metros por hora.

Las medusas son en un 95% agua y carecen de ojos y de cerebro. Aunque pican más como método de defensa que de ataque, utilizan sus tentáculos para atrapar comida anestesiando a pequeños peces con el veneno que desprenden.

Hasta hace poco, las medusas han sido un problema que afectaba, sobre todo, al mar Mediterráneo, pero las costas del Cantábrico, más frías y por tanto menos proclives a estas plagas, no lo eran tanto, pero en los tiempos actuales nuestras playas y aguas de baño tampoco se libran ya de estas incómodas visitas, aunque va por épocas.

Según los expertos en la materia, “aquí no llegan las mismas especies que al mar Mediterráneo, pero si se dan las condiciones idóneas como un aumento de la salinidad o un cambio de temperatura brusco -las últimas investigaciones sobre el cambio climático en el País Vasco hablan de un aumento de la temperatura del mar Cantábrico-.

Medusa en el Mediterráneo. Foto: Deia.

El Cantábrico es un mar abierto, con fuerte oleaje y muchas corrientes, lo que no favorece la acumulación de medusas. Pero pueden aparecer cada vez más a menudo según se dé una mayor subida de la temperatura y la escasez de depredadores.

El aumento de la temperatura del agua está trayendo especies cada vez más venenosas como la “Carabela portuguesa”, que proviene de Africa. También en Australia, donde ya registran más muertes por picaduras de medusa que por ataques de tiburón, existen especies altamente dañinas que ya han llegado hasta las costas de Israel y de Grecia a través del Canal de Suez y no se encuentran tan lejos de las costas mediterráneas. Esto se denomina contaminación biológica, que, en el caso de las medusas, se produce sobre todo por los canales, pero también por sueltas de medusas que se han capturado para acuarios. Al no tener en el nuevo medio un depredador natural, si las condiciones son apropiadas, la reproducción es bastante favorable. Es lo que ha pasado con la tortuga de Florida o con el mejillón cebra.

A juicio de cada vez más científicos y expertos en la materia, la aparición de plagas de medusas está en el cambio climático, que contribuye al calentamiento del agua. Otro factor de influencia puede ser la sobrepesca, que tiene como consecuencia una disminución de las especies que se alimentan de medusas, con lo que se rompe el equilibrio natural.

También se cita la presencia, cada vez mayor, de nutrientes derivados de fertilizantes agrícolas vertidos al mar que servirían de alimento a algunas medusas. Por último, la alta salinidad de las aguas, derivadas de una disminución de la lluvia que lleva agua continental al mar, ha podido contribuir a elevar el número de medusas, dado que toleran mal las aguas bajas en sal.

Foto: Pixabay

 

 

Grecia se viste de luto

Foto: Deia

La peor tragedia natural en la historia reciente de Grecia ha dejado desde el lunes 84 muertos, cantidad de desaparecidos y más de 180 heridos tras el paso de una lengua de fuego por el norte y noroeste del Ática, la región que rodea la capital griega. Hasta el pasado lunes, el peor incendio en la historia reciente de Grecia era el declarado en el verano de 2007 en el Peloponeso y la isla de Evia, que se cobró entre 70 y 77 vidas.

Incendios que han provocado en el Estado español graves tragedias hemos tenido muchas, pero ni aquí ni allí se pueden decir que han sido solo «accidentes». Son producto de causas concretas más allá de la existencia de pirómanos asesinos. Vivimos en el Mediterráneo, un ecosistema maravilloso, pero muy frágil, por lo que el cuidado de las tierras y bosques es fundamental. La gestión preventiva es esencial.

En los últimos tiempos, la situación se ve agravada por el cambio climático y los riesgos crecen con un urbanismo especulativo, a lo que hay que añadir las políticas de recortes que se están imponiendo en casi todo, y por supuesto también en las inversiones necesarias en sectores estratégicos para evitar la tragedia: políticas preventivas, gestión forestal, gestión del recurso agua, políticas de emergencia y evacuación, etcétera.

Foto: Deia.

Los violentos incendios que han ocurrido en últimas horas en Grecia figuran entre los más mortíferos en Europa en lo que va de siglo, con los de Portugal en 2017, donde murieron 64 personas y más de 250 resultaron heridas en un gigantesco incendio forestal que se declaró el en Pedrogao Grande, en el centro del país.

Asimismo, el cambio climático enfrenta a los países nórdicos a un riesgo que hasta este momento desconocían. Por primera vez los bosques de Finlandia, Noruega y Suecia están sufriendo las temperaturas y el estrés hídrico que hacen posible los grandes incendios.

Los expertos en la lucha contra este tipo de siniestros que se comportan como más destructivos, más rápidos y más imprevisibles, coinciden en que la aparición de esta nueva familia de incendios, denominados de 6ª generación, es una consecuencia más del cambio climático. Suelos extremadamente secos, extenuados ante la ausencia de agua, y la inestabilidad de una meteorología que se salta los patrones estacionales habituales son el escenario idóneo para que se produzcan estas “tormentas de fuego”.

Estamos, pues, en la era de los Incendios forestales de última generación (6ª), que cuando las condiciones meteorológicas hacen pensar que el incendio va a ir perdiendo virulencia progresivamente es cuando realmente desarrolla su mayor agresividad. Esta situación hace que pierda sentido que se siga apostando en los países mediterráneos, como España, por campañas contra los incendios circunscritos al verano. Se necesita una estrategia más decidida contra el cambio climático a nivel general, y a corto plazo, hay que seguir luchando contra los incendios reforzando los aspectos más olvidados. Así, la extinción no es una solución al problema, sino únicamente la respuesta del sistema a la alarma puntual.  No, el bosque pide que se invierta en prevención. Que no se gaste el dinero público en apagar fuegos, sino en evitarlos. Una inversión a largo plazo que afecta a múltiples políticas, sobre todo a la forestal, que se resiste a abandonar sus objetivos meramente productivistas. Una inversión que, sin duda, terminará por dejarnos mayores réditos a todos. En estos momentos, cabe expresar la máxima condolencia por las víctimas y la plena solidaridad con sus familias.

Solidaridad en Grecia. Foto: Deia.

Los sonidos de las aves

El `tamborileo del pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia.).Parque Natural de Izki (Araba). 11.07.17.

Los ornitólogos y amantes de la naturaleza en general, sabemos que a veces es más fiable la cita de una especie detectada por su canto que a través de la vista. Además, muchos animales son más patentes por sus emisiones sonoras que por otras actividades. Todo lo cual convierte a los sonidos animales y a los registros que se hacen de ellos en una herramienta valiosísima para cualquier estudio sobre presencia y abundancia, así como para detectar cambios de tendencia a lo largo del tiempo. En otras palabras, para estudiar la biodiversidad.

Escuchar la naturaleza es un gran placer estético. Las vibraciones de las moléculas de aire (o de agua) que llamamos sonido encierran no sólo belleza, sino también mucha información. En todo tipo de medios se escucha cómo los animales tratan de comunicarse a distancia sobre el ruido de fondo, causado tanto por otros animales (incluso los humanos y sus actividades) como por el medio físico (agua, viento). El sonido es un sistema de comunicación valioso, pues evita los obstáculos y puede alcanzar grandes distancias. Los grupos más puramente acústicos dentro de los animales son los ortópteros, las cigarras, los anuros (anfibios sin cola) y las aves. A ellos habría que añadir los murciélagos y los mamíferos marinos, que también utilizan el medio acústico para orientarse a través de la ecolocalización.

El popular jilguero (Carduelis carduelis. Kardantxiloa) tiene un canto muy especial y agradable. Villafáfila (Zamora). 22.11.16.

La mayoría de las señales acústicas a larga distancia tienen un mensaje único: “soy un macho de la especie X, si eres una hembra receptiva de mi especie acércate, si eres otro macho de mi especie, aléjate”. Por consiguiente, la información sobre la identidad de la especie es muy importante en estos mensajes. El canto es pues algo así como la firma de identidad de las especies, la característica que utilizan las hembras para decidir con quién aparearse.

Por otro lado, el sonido es efímero y puede ser difícil de localizar, tanto por el receptor como por potenciales depredadores, pero los sistemas de grabación de audio permiten capturar y estudiar con detenimiento estos sonidos y los registros pueden ser de gran utilidad para mejorar el conocimiento de la naturaleza. Hoy en día hay importantes estudios científicos sobre los sonidos naturales, tanto en medios terrestres como en el medio marino. Las colecciones científicas de sonidos son los depósitos de estos materiales y permiten investigar diferentes aspectos de la naturaleza.

Las colecciones de sonidos emitidos por animales recopilan, clasifican y almacenan los registros de las principales especies que usan señales acústicas, así como paisajes sonoros de los medios naturales. Todo este material se reúne en las denominadas “colecciones bioacústicas”, donde se conserva y actualiza la información garantizando su acceso y ofreciendo una herramienta sumamente útil para el estudio y la conservación de la biodiversidad. Además, por supuesto, tiene un gran interés como recurso educativo.

El Petirrojo europeo (Erithacus rubecula. Txantxangorria) tiene un canto que es un gorjeo musical, parecido al del ruiseñor. Sobrón (Araba). 15.02.17.

La belleza de la naturaleza

Macizo de Anboto

Preguntada un día la Dama de Anboto sobre el paradero de sus amigas las lamias, según parece respondió:

“- Han ido a Elgoibar en busca de la negación *”.

Y es que dicen que la negación es el sustento o medio de vida principal de las lamias: al parecer viven mayormente de lo que se otorga a la negación. Si un pastor posee cien ovejas y declara tener tan sólo noventa, las lamias le quitarán las diez que no han contabilizado. Y las amigas de la Dama de Anboto habían ido a Elgoibar precisamente a la búsqueda de la negación.

En Dima, en la cueva de Baltzola, vivían unas lamias y se afirma que tenían sábanas, toallas y pañuelos confeccionados en ricos paños que habían logrado con lo obtenido como contrapartida de todo lo negado.

Una vez más, nuestro gran etnólogo Joxe Migel Barandiaran tenía razón al decir que lo que se da a la “negación”, es decir el faltar a la verdad y al deber, la “negación” misma se lo lleva.

Joxe Migel de Barandiaran. Foto: Ruiz de Azua (Deia).

Lo mismo acontece en las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. Lo que hoy demos a la negación, la negación se lo cobrará mañana. Dicho de otro modo: lo que hurtemos a la naturaleza hoy, la propia naturaleza se encargará de arrebatárnoslo el día de mañana.

Sin duda, es importante que nos percatemos de esta realidad. Es preciso que percibamos la belleza de la naturaleza, del medio natural. Que tomemos conciencia de la importancia del entorno que nos hace vivir. Que comprendamos de una vez por todas, que el ser humano y la naturaleza sólo puede sobrevivir si son capaces de convivir en armonía.

Tierra. Agua. Aire. Tres elementos. Aliento de un pueblo. Alma de Euskal Herria. Un extraordinario tesoro que debemos proteger, preservar y salvaguardar. De lo contrario, lo que ahora concedamos a la negación incumpliendo de nuestros deberes, ella nos lo arrebatará mañana. O más aún, se la negará a las generaciones venideras. No cabe la menor duda: el futuro depende de todos nosotros y todas nosotras. El futuro está en nuestras manos, en manos de quienes vivimos hoy, aquí y ahora.

Por eso, no está de más recordar las palabras de Axular (**), cuando afirmaba: “Quisiera comparar el tiempo al agua. El agua corre siempre sin interrupción. El pasado es porvenir que se fue, perseguido por el futuro, porque el futuro sólo lo es un instante. Nadie bebe del agua pasada, ni de la que desaparece en la tierra: tiene que tomar de la que está por venir, que al pasar se hace presente”.

Axular. Foto: Wikipedia.

(*) En la mitología vasca, “la negación” era faltar a la verdad y a los deberes que imponía la asistencia mutua, lo que conllevaba un castigo: las lamias se hacían con parte de los bienes del culpable.

(**) Pedro de Aguerre y Azpilicueta (Urdax, Navarra,1556- Sara, Lapurdi, 1644), conocido como Axular, fue un escritor navarro en euskera, principal representante de la Escuela de Sara y considerado mejor prosista de la literatura en euskera. Texto: Wikipedia.

Turismo rural

Ovejas latxa en Montes de Vitoria

Mientras en este recién estrenado verano encontraremos progresivamente multitudes de personas que van a las playas, que más parecen aglomeraciones sin poder casi colocar la toalla en la arena que espacios de asueto, miles de personas están descubriendo los parajes campestres. Es la apoteosis del turismo rural, donde hay paisaje austero y paisanaje cabal y sabio. Propicia el contacto con la madre naturaleza y el duro bregar del ser humano con la tierra nutricia, que Virgilio describió con belleza sublime en sus Bucólicas.

A algunos y a algunas quizás esto le suene a nostalgia decadente o a ensoñación. No es más que una incitación a recobrar el origen de las cosas naturales, para que el ambientalismo no se quede en mera pose o en palabrería. Unas cuantas cosas se puede mejorar en contacto con el campo, con la naturaleza. Porque, ¿qué decir de quien no distingue un mulo de un burro, un buey de un toro, un tordo de un gorrión, un gallo de una gallina, un mochuelo de una urraca, un vencejo de una golondrina, una espiga de cebada de una de trigo, un sembrado de avena de uno de centeno, un campo de remolacha de un patatal? Se sabe mucho de nuevas tecnologías, de Internet, y fotografía digital, pero se ignoran cosas elementales.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Cendea de Galar (Navarra). 01.06.18.

Sin duda, el paso de una sociedad rural a otra urbana supone ventajas evidentes para sus miembros. Por ejemplo, el acceso a la educación y la sanidad es más fácil, al tiempo que aumentan la libertad y las oportunidades de emprender una nueva vida. No hay duda de que la alternativa urbana ha resultado muy atractiva para cientos de millones de personas y que en el siglo XX el éxodo de gentes del campo a las capitales y sus alrededores ha sido masivo.

En general, los humanos tenemos tendencia a agruparnos en función de la disponibilidad de recursos. Los grupos cazadores y recolectores eran menores que los de agricultores y, cuando los excedentes de producción y la capacidad de transporte hacen posibles aglomeraciones mayores, éstas crecen hasta extremos sorprendentes.

Pero, junto a las ventajas, hay también inconvenientes. La ciudad nos aleja de la diversidad que forman los demás seres vivos y nos hace perder nociones ambientales intuitivas que sí tiene la gente del campo. Los amantes de la naturaleza y los conservacionistas, entre los que me incluyo, nos hemos lamentado de ello muy a menudo. Son precisamente los habitantes del mundo rural los primeros en percibir los cambios negativos, la disminución de las poblaciones silvestres, la degradación de las aguas y el medio, y así podríamos seguir con más cuestiones. Aunque tampoco debemos caer en tópicos simplistas. El habitante rural siente próxima la naturaleza, pero no necesariamente aprecia todos sus componentes, como bien sabemos. Durante siglos, el hacha excesiva, el fuego fácil o el veneno cruel han sido manejados por agricultores y ganaderos. Como en botica, de todo hay: quien intuye, aprecia y respeta los valores de la naturaleza, y quien abusa de ellos y los destruye; quien observa, reflexiona y aprende, cerca de quien ignora y desprecia.

De todas formas, bienvenido sea el turismo rural, en que Euskal Herria tiene una amplia oferta, con visión integral, innovadora y de futuro. El reencuentro con la naturaleza nos devuelve a nuestros orígenes, seamos o no oriundos del campo, porque el ser humano fue primero cazador y después labrador, antes de diluirse en Babeles de asfalto y soledad. El estrés y otras enfermedades modernas son la hecatombe que sobreviene al ser humano tras la ruptura del equilibrio con la naturaleza. Estamos aún a tiempo de reconciliarnos con ella y con nosotros mismos.

Bosque de hayas. Peñacerrada (Alava).

 

 

Naturaleza y bosques

Músicos de la orquesta Et Incarnatus en un precioso bosque de hayas trasmochas de Urkizu (Gipuzkoa).

Diversos estudios científicos han determinado que la Naturaleza es un componente fundamental para la buena salud, tanto física como mental. Frecuentar bosques, zonas verdes, jardines, caminos, senderos, observar aves, etcétera, es un ejemplo de ello.

Refiriéndonos más concretamente a los bosques, proporcionan el escenario y los actores de la búsqueda de lo básico, lo necesario y lo práctico. Son, no menos, fuente permanente de inspiración artística como se puede deducir de la variedad y cantidad de expresiones artísticas que lo tienen como referente, como la pintura, la música y un largo etcétera…. acaso porque el alma humana no olvida que el bosque es su verdadero patrimonio fundacional y, por tanto, la herencia común de la humanidad. No es ninguna casualidad, por tanto, las numerosas actividades culturales, de ocio, recreativas, etc., que se realizan en Euskal Herria en plena naturaleza y en los propios bosques.

Bosque de Orgi, un robledal milenario a 25 kilómetros de Pamplona

Pero todavía más crucial resulta el papel terapéutico de los bosques. Que en buena medida pueden ser definidos como un entramado que funciona también como sistema inmunológico de la vida del planeta. Y en estos momentos más que nunca. El bosque es una gigantesca, eficaz y gratuita medicina que, además de sanar las más graves y generalizadas enfermedades ambientales, lo hace de forma sincrónica e incesante. Recordemos que los árboles fijan los principales contaminantes. Casi nada trabaja mejor para limpiar el mundo y su envoltorio que los árboles.

Con todo, lo más destacado es que los bosques pueden desempeñar el mejor papel a la hora de enfrentarse a uno de los problemas más graves que tenemos: el incremento de la temperatura global del planeta Tierra, la amenaza medioambiental más importante a nivel planetario.  Porque todo bosque es su propio clima. Un clima siempre mucho mejor que el de cualquier área deforestada.

Bosque de hayas en Altube (Álava), a principios del otoño

Visita al yacimiento minero de Arditurri

Galería interior. Foto: Arditurri.

Las minas de Arditurri, situadas en pleno corazón del Parque Natural de Aiako Harria al final de la Vía Verde del mismo nombre en Oiartzun (Gipuzkoa), que comenzaron a explotarse antes de la época romana, son de las pocas en la península Ibérica que han sido explotadas durante más de dos mil años, de manera casi ininterrumpida.

“Seiscientos hombres trabajando durante doscientos años no hubiesen sido suficientes para horadar todas estas galerías”. Esta frase que el ingeniero Juan Guillermo Thalacker escribió en 1803 tras visitar las minas de Arditurri en Oiartzun permite hacerse a la idea de la magnitud y singularidad del coto minero.

Tras el fin en 1984 de la explotación minera del coto de Arditurri, el Ayuntamiento de Oiartzun, localidad en la que se encuentran las minas, procedió en 1989 a la compra de los terrenos a la última empresa que los explotó, la Asturiana de Zinc S.A.

Tras casi dos decenas en estado de abandono, en 2006 se aprobó el proyecto de puesta en valor del coto minero de Arditurri que supone la recuperación de unos territorios de gran valor arqueológico, histórico y cultural.

Hoy en día, las minas de Arditurri ofrecen un sinfín de posibilidades. Por una parte, un viaje a través del tiempo en el que intervendrán la mente, los sentidos y las emociones. La iluminación y el sonido juegan un papel muy importante, ya que permiten crear en el interior de la galería un ambiente mágico, que traslada a quien las visita a las diferentes épocas de la historia de estas minas.

La Mina a Fondo, paisaje subterráneo y restos romanos. Visita que se realiza en las profundidades de la mina. En esta aventura que nos transporta en el tiempo a medida que nos adentramos en la mina, recibiremos información sobre conceptos importantes que nos ayudarán a identificar los restos de época romana en el paisaje del subsuelo.

Lago interior. Foto: Arditurri.

En ambas visitas se incluye la entrada al Centro de Interpretación/Parketxe, antiguo laboratorio de las minas, para así conocer la riqueza histórica, natural y arqueológica del Parque Natural de Aiako Harria.

Una alternativa de ocio que te permitirá visitar las Minas de Arditurri junto a otros recursos naturales y culturales del municipio de Oiartzun de una manera diferente es el Tren Verde. Realiza un recorrido de ida y vuelta, partiendo de la Plaza de Done Eztebe, hasta llegar al Coto Minero de Arditurri, donde se realiza una visita guiada a las galerías mineras.

Dependiendo del día de la visita, el Tren Verde pasa también por los museos situados en el barrio de Ergoien: Luberri- Centro de Interpretación Geológica y Soinuenea-Herri Musikaren Txokoa – Centro de la Música Popular, realizando parada en el museo que cada cual elija.

Recorrido tranquilo y agradable de entre 2 y 4 horas de duración, dependiendo del tipo de visita.

Más información y reservas: 943 494 521. www.arditurri.com

La Vía Verde de Arditurri es una puerta abierta al encuentro con la naturaleza y la historia. Foto: Oarsoaldea.

 

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Día Mundial del Medio Ambiente

Atardecer en Salburua (Vitoria-Gasteiz)

El 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, instaurado en 1972 con ocasión de la celebración de la primera Conferencia Internacional que tuvo lugar en Estocolmo sobre el medio ambiente. Se trata, sin duda, de una buena ocasión para hacer algunas reflexiones en torno a esta materia y su relación con los problemas ambientales de alcance planetario y la de nuestros municipios y ciudades vascas.

Hasta hace poco, el progreso se asociaba al creciente dominio de la Naturaleza y toda la carrera de la civilización se limitaba a convertir lo salvaje o lo silvestre en territorio de lo “racional”. Hoy, sin embargo, somos conscientes de que nuestra misma supervivencia depende de la conservación o el buen tratamiento de lo natural y la interdependencia armónica que establezcamos con ello.

Sólo desde los años sesenta del siglo XX el ambientalismo vino a alumbrar la necesidad de incorporar las inquietudes de la Humanidad aquello que, no siendo humano, formaba parte de la vida planetaria. En unos momentos en que cundió la defensa de los derechos de otras culturas, la pluralidad y las vindicaciones multipolares, apareció también la demanda de la diversidad biológica o biodiversidad. De la misma manera se ganó consciencia en el respeto de las diferencias, en la sexualidad, en las religiones, en las culturas, en las razas, y surgió la sensibilidad hacia los derechos de la Naturaleza. Desde entonces, la idea que animó los derechos humanos se extendió, como una vindicación humana más, a los derechos de las aguas, de un aire limpio, de los bosques, etcétera, en definitiva, al medio ambiente.

Los últimos años han supuesto en los países más industrializados del planeta una etapa en la que la conciencia ambiental se ha impuesto como una de las prioridades futuras, al menos en las tribunas ambientales. Pero es precisamente en algunos de estos países donde el desarrollo económico y la riqueza ha despreciado habitualmente el respeto al marco natural, a su conservación; en definitiva al medio ambiente y a la calidad de vida.

No nos podemos creer hoy en día que exista una conciencia ambiental suficiente para hacer frente a los problemas actuales en esta disciplina, en los que el cambio climático es considerado como la principal amenaza a nivel planetario, y por supuesto, también en Euskadi. Un ejemplo palpable, es la última Cumbre del Clima de Paris que se celebró en diciembre de 2015, en la cual los 195 países presentes en ella firmaron un compromiso para mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2°C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5°C antes de finalizar el presente siglo, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático. Sin embargo, la implementación del citado acuerdo lleva un retraso importante y el tiempo se va agotando.

Cumbre Climática en Bonn (Alemania)

Por otra parte, y en otra escala de problemas, un gran reto en el siglo XXI es el de ciudades en las que vivirán dentro de cuatro décadas el 70% de los habitantes del planeta. Las ciudades, paradigma del esfuerzo de civilización del ser humano, se han convertido en el principal obstáculo para la sostenibilidad del planeta, y por supuesto, también en Euskadi.

Avanzar hacia unos municipios y ciudades más sostenibles requiere acometer una profunda renovación de los criterios con que éstas se han venido orientando en los últimos tiempos. Junto al imperativo central de trabajar en el marco de una visión integrada y con escenarios de medio y largo plazo, van emergiendo toda una serie de nuevos valores y referencias en torno a cada uno de los grandes campos clave de desarrollo urbano. Así, en el campo de la calidad medioambiental habría que destacar la necesidad de minimización en el consumo de recursos y generación de residuos. Se trata de impulsar medidas más drásticas encaminadas a reducir el consumo de suelo, agua, energía u otras materias, así como de las emisiones de gases de efecto invernadero, de las que se han venido haciendo hasta ahora.

La adaptación de la estructura urbanística a las condiciones espaciales y ambientales locales es otro aspecto clave del desarrollo urbano. Es necesario superar la idea del “crecimiento sin límites”, como paradigma para plantear otras bases del desarrollo urbano. Se trata de optar por un escenario alternativo que, sin ignorar las necesidades sociales, centre sus prioridades en otra forma de vivir la ciudad, aplicando el principio de la Economía circular -repensar, rediseñar, reparar, redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar…-, frente a la práctica de `crecer, usar y tirar´, todavía dominantes en nuestras ciudades y municipios. También es necesaria racionalidad en la resolución espacial de las necesidades sociales en relación al nuevo crecimiento y rehabilitación del patrimonio edificado. Se trata de evaluar, en función de las condiciones concretas de cada ciudad o municipio, las alternativas entre crecimiento y rehabilitación desde perspectivas integradas y más amplias que las estrictamente inmobiliarias, tomando en consideración los aspectos sociales y ambientales, así como su incidencia sobre el conjunto de la ciudad o el municipio.

Finalmente, en el campo de la economía local, se trata de conseguir una escala y nivel razonable de interrelación con el desarrollo local, considerando la adecuación de los equilibrios básicos entre la actividad económica y la sociedad local a nivel de actividad, sinergias y empleo. Es muy importante rentabilizar al máximo los recursos locales del conocimiento, para realizar nuevas iniciativas en la creación de actividades y empleo.  Igualmente, se trata de llevar a cabo iniciativas de minimización de impactos ambientales en los sectores-instalaciones de la economía local, estimulando por todos los medios la reducción de los efectos ambientales inducidos por las actividades económicas.

El vehículo privado invade nuestras ciudades

 

La importancia de los hongos

Boletus aereus (hongo negro), es conocido también en Euskal Herria por su nombre en euskera, «Onddobeltz». Foto: Plácido Iglesias (Deia).

Ir de excursión al monte, o a cualquier otro sitio lejos del ajetreo urbano, resulta positivo. Es como volver a nuestras raíces, para no olvidar que seguimos formando parte de la biosfera. Para algunos es casi como un acto litúrgico, una profunda comunión con la naturaleza. Otros simplemente buscan pasar un rato agradable, andar, olvidarse del estrés, recoger setas y hongos…

El adjetivo ecológico se ha convertido en una palabra mágica en nuestra sociedad urbana. Aplicado a cualquier cosa, le infunde un aura mística (y verde). Si algo es ecológico, por fuerza ha de ser bueno. Es un término del cual se abusa, aplicándolo a las cosas más peregrinas. Por ejemplo, salir al monte a comerse una tortilla de patatas o a preparar una barbacoa (con riesgo de incendio) es ecológico, por más que eso no tenga nada que ver con la ciencia de la Ecología.

Sirvan los párrafos anteriores para introducir el tema que nos ocupa. Los motivos para salir al monte pueden ser muy variados, y preñados de buenas intenciones, pero si no se va con cuidado, se puede causar un efecto devastador. Animales, plantas y hongos sólo podrán sobrevivir si se preservan sus hábitats. De nada sirve una ley proteccionista para salvar una especie determinada si se permite que el hábitat donde mora se degrade por culpa de la presión humana.

Los hongos juegan un papel muy importante en la naturaleza. Se estima que el 80% de las plantas vasculares están asociadas a hongos sin los cuales no resistirían ciertas inclemencias del tiempo, como la sequía o la falta de nutrientes en el suelo, o serían más sensibles al ataque de bacterias o insectos.

La mitad norte de la península Ibérica es una de las zonas más ricas en cuanto a las especies de árboles que componen sus bosques, en especial si los comparamos con los bosques nórdicos, casi monoespecíficos, con casi solo abetos y abedules. La misma situación se da en la cantidad de hongos que habitan nuestros ecosistemas. Aragón, Asturias, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Navarra y País Vasco son las zonas geográficas que mayor diversidad de especies de hongos y setas poseen.

La recolección de setas silvestres es una afición que cuenta en el País Vasco y en Navarra con muchos adeptos, y una profesión que da sustento a muchas personas del mundo rural en varias comunidades autónomas. Esto ha desencadenado que se recolecten de forma comercial, desigual y desordenada, en unas zonas u otras. La excesiva presión recolectora de unas especies concretas está dando lugar a abusos en la gestión de nuestros bosques y setales. Cada vez se recogen ejemplares más jóvenes e inmaduros, se remueve el terreno rompiendo el micelio de los hongos.

Poco a poco, y ante la llamada de atención de numerosos grupos y organismos observadores de estos cambios, algunas administraciones han decidido actuar. En esta línea hay normativas y reglamentos que han ido apareciendo en la península Ibérica, y en el caso de la Comunidad Autónoma Vasca, está el decreto aprobado por la Diputación Foral de Álava  en octubre de 2008 mediante el que se restringía la recogida de setas, hongos y frutos silvestres a dos kilogramos por persona y día como máximo, o la de Gipuzkoa, cuya Diputación Foral en 2011 a través de un decreto limitó la recogida a 5 kilogramos por persona y día, afectando a los parques naturales de este territorio. En los privados, se podrá exceder de esa cantidad, pero previamente el propietario deberá solicitar una autorización expresa a la Diputación. En lo que respecta a Bizkaia, no existe regulación alguna por el momento. Navarra lleva años haciéndolo. En este caso, a través de acotados donde se cobra un canon económico por utilizar el monte, pero también limitando la recogida a 8 kilos al día, como es el caso del acotado de Erro-Orreaga.

El recolector deberá estar en posesión de un permiso de recolección con la nueva regulación. (Foto: P.C.). Acotado Erro-Orreaga. Noticias de Navarra.

Tenemos el caso de nuestra vecina Francia, con mucha todavía más tradición recolectadora que aquí, donde existen registros de las cantidades de setas que se recogían desde principios del siglo XX. Las gráficas arrojan datos de una disminución del 80%. Esto es debido a la gran presión recolectadora.

En la actualidad, las investigaciones se están encaminando cada vez más a domesticar más especies de hongos, como los boletos y níscalos, y así minimizar el impacto de la demanda de hongos silvestres en los setales naturales. En el caso de los hongos, su cultivo lleva asociado la revalorización de materiales de desecho de la agricultura, por lo que si se realiza de forma adecuada se puede considerar como un cultivo sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Por otra parte, es muy importante si se práctica la recogida de setas y hongos, establecer normas de comportamiento como podemos encontrar en uno de los artículos de la Norma Alavesa, que dice lo siguiente:

1.- Para la localización de las setas, se prohíbe remover el suelo de forma que se altere la capa vegetal, ya sea manualmente o utilizando rastrillos, hoces u otras herramientas.

2.- En la recogida no se emplearán más útiles que un cuchillo o navaja, quedando prohibido el arranque de las setas.

3.- Los ejemplares objeto de recolección deberán presentar el sombrerillo desplegado, no estando permitida la recogida de hongos en las primeras fases de su desarrollo.

4.- Se dejarán sobre el lugar sin deteriorar los ejemplares que se vean pasados, rotos o alterados o aquellos que no sean objeto de recolección.

5.- La recogida se llevará a cabo en cestas o recipientes que permitan la aireación de las setas y la caída al exterior de las esporas, quedando expresamente prohibidas las bolsas de plástico, mochilas o similares.

6.- Queda prohibido expresamente romper o deteriorar cualquier ejemplar que no sea objeto de recolección, salvo roturas puntuales de algún ejemplar, necesarias para la adecuada identificación taxonómica del mismo.

7.- Se prohíbe la recogida durante la noche, desde la puesta de sol hasta su salida.

Distintas setas y perretxikos o setas de la primavera. Dice un refrán: «El perretxiko de mayo pa mi amo y el de junio pa ninguno». Foto: Deia.