Los nidos del avión común, auténticas obras de arte

El Avión Común es un pájaro estival que inverna en territorios africanos. Desaparece de sus territorios de cría entre finales de septiembre y la primera quincena de octubre. En jornadas previas a su marcha se van concentrando en grupos cada vez más numerosos, y no pocas veces constituidos por otras especies afines tales como Aviones Roqueros y Golondrinas Comunes.

Pero en esta ocasión, me voy a centrar en sus nidos, que se pueden calificar de auténticas obras de arte.

El Avión Común no comienza directamente la construcción del nido, sino que somete a un  sondeo previo del lugar escogido: coloca bolas de barro, mezcladas con su propia saliva, en diferentes puntos, y las deja secar; con ello pretende comprobar el grado de adherencia del barro sobre la superficie con el objeto de evitar una futura y desagradable caída del nido. Cuando el pájaro regresa comprueba el estado del barro, y si el resultado le satisface entonces iniciará realmente la construcción.

El resultado es un nido cerrado en forma de bola, a excepción de la diminuta entrada, que puede ser frontal o lateral; el interior está recubierto de pequeñas ramitas, hierbas secas y tapizado con plumas, como se puede ver en las fotos. Por regla general los nidos se ubican bajo los aleros de las casas, aunque también se encuentran nidos en cantiles. Con asiduidad estos nidos sufren incursiones por parte de gorriones (Passer ssp.) y vencejos comunes (Apus apus), en estos casos los aviones comunes suelen optar por reducir aún más el tamaño de la entrada.

Las primeras puestas se llevan a cabo hacia la 2ª quincena de mayo, siendo frecuentes los nidos con huevos en junio. Nidos con pollos se observan en la segunda quincena de junio y a lo largo de todo el mes de julio. Muchos jóvenes aviones prolongan su estancia en el nido hasta cerca de su primer mes de vida; y cuando lo abandonan no pierden el contacto con él, pues durante una temporada regresan todas las tardes para pernoctar junto a sus progenitores.

Avión común. Delichon urbicum. Enara azpizuri.

Fotos sacadas en el pueblo de Bujedo (Burgos), a 7 km de Miranda de Ebro. 10.07.17

Especies exóticas invasoras: ¿Qué daño producen?

Su introducción en nuevos ecosistemas es lo más parecido a abrir la caja de Pandora. Atacan a otras especies, se reproducen sin control destrozando las cosechas, provocan pérdidas multimillonarias y son una grave amenaza para la biodiversidad. Detrás de las plagas de las especies exóticas invasoras está la mano del ser humano.

Están ahí, por todas partes. Sigilosamente se han introducido en nuestras casas, nuestros bosques, nuestros ecosistemas, nuestros ríos, nuestras vidas…. Poco a poco se han hecho comunes y actúan de una manera muy negativa.

Una especie exótica es aquella que se establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural que no forma parte de su área de distribución natural. Pero su carácter de ‘invasora’ proviene de su proliferación, lo que causa daños al medio ambiente, a otras especies o a las actividades humanas y económicas.

La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) tiene establecido que una especie exótica invasora es aquella que causa daños y perjuicios en el ecosistema huésped. Esta es la definición aceptada en la actualidad, y por ello podemos equiparar el término `invasor´ con perjudicial o dañino”.

“¿Son todas las especies de origen exótico invasoras? No. Muchas especies introducidas por el ser humano no tiene efectos negativos reconocidos sobre los ecosistemas. Este sería el caso de buena parte de plantas ornamentales o de los cultivos de plantas originarias de América que hoy se encuentran muy extendidos en todos los continentes, como el maíz, la patata o el tomate. Sólo algunas especies introducidas han demostrado ser perjudiciales, al desplazar o incluso llevar a la extinción a especies autóctonas.

El continente europeo no permanece ajeno a las plagas. Está infestado por más de 14.000 especies foráneas. Algunas de ellas se convierten en invasoras. Ocasionan pérdidas de 12.500 millones de euros anuales. Pero, no solo se trata de dinero. Estos invasores son “la segunda causa de la destrucción de la biodiversidad”, pudiendo a ser en el futuro próximo el factor más importante de desintegración ecológica.

Las vías de entrada de una especie invasora son múltiples. Así, este movimiento de especies a menudo es accidental y llevamos con nosotros, sin querer, aquellas especies que desde antiguo viven con nosotros. Así hemos poblado el mundo de moscas y mosquitos, de ratas y ratones, de gorriones y palomas, y muchas más. Pero, y, también muy a menudo, el transporte de especies se ha hecho con nosotros por el mundo con intención y por diversas razones, como las estéticas y para adornar nuestros estanques, caso del cisne; por razones económicas como el visón americano o el castor, que han llegado a Europa por el valor de la piel; por razones cinegéticas; o también como mascotas.

Euskadi no es ajena a esta realidad. Así, por ejemplo, el visón europeo se encuentra en una situación “dramática” y por ello se trabaja para extinguir del medio ambiente a su principal amenaza el visón americano, que, en el caso de Euskadi, son productos de fugas o sueltas de animales criados en las granjas peleteras. Con el objetivo de terminar con el principal competidor del visón autóctono, las diputaciones forales pusieron en marcha en 2014 un sistema de trampeo de los ejemplares de origen americano. Paralelamente, se trabaja para impulsar la población de la especie autóctona ya que en la actualidad quedan muy pocos individuos y con ese objetivo se mantiene un plan para no modificar los cauces y riberas de los ríos, principal hábitat de los visones.

Por otra parte, nos encontramos con los galápagos alóctonos, que desde hace muchos años son especies muy demandadas por la población infantil como mascotas. Existen varias especies, siendo el más común el denominado galápago americano o de Florida (Trachemys scriota), de gran difusión en los hogares por su fácil adquisición. Están catalogados entre las cien especies invasoras más peligrosas del mundo.

Y podríamos citar más especies invasoras, entre otras, el mejillón cebra, que es la especie animal que más pérdidas económicas provoca; el cangrejo rojo que casi ha acabado con el cangrejo autóctono, y el Coipú o rata nutria, que es una especie extendida en la zona del Bidasoa tras huir de granjas. O las estruendosas cotorras argentinas, que destruyen plantas y otros nidos. Como suele ocurrir en muchos casos, la gente las compró para tenerlas en jaulas, como animales de compañía, y las soltó en el momento en que fueron molestas.

¿Qué se puede hacer? Hacen falta campañas de sensibilización por parte de la Administración proporcionando información sencilla y útil sobre las especies exóticas invasoras como ya se vienen haciendo aunque hay que realizarlas con más perioricidad -muchas veces se desconoce el peligro que supone traerlas como mascotas-; hace falta también ejercer un control sobre dichas especies; y realizar campañas de erradicación lo más rápidamente, e investigando sobre los mejores métodos para ello.

Por último, una recomendación a los poseedores de animales exóticos invasores en sus domicilios para indicarles que si no desean seguir haciéndose cargo de sus mascotas en ningún caso se deshagan de ellas liberándolas en el medio natural, ya que pueden generar serios riesgos para la biodiversidad, trasmitir enfermedades, provocar accidentes de tráfico y otros daños. Es conveniente ponerse en contacto con los servicios correspondientes de las diputaciones forales.

Fotos

Cotorra argentina. Myiopsitta monachus. Papagai argentinarra.

Visón americano. Neovison vison. Bisoi amerikar.

Mejillón cebra. Dreissena polymorpha. Muskuilu zebra.

Cangrejo americano. Procambarus clarkii. Karramarro amerikar.

El pánico de todos los veranos

Con el trágico incendio ocurrido el pasado sábado en el centro de Portugal, nos viene a recordar, a las puertas del verano, la amenaza de los incendios forestales, las tragedias que ocasionan y el pánico que generan en la Península Ibérica. Parece que en esta ocasión no ha sido intencionado y se ha debido a un rayo, pero el incendio se ha propagado rápidamente por un cúmulo de causas, ocasionando lo que se ha sido calificado como el mayor incendio con víctimas mortales ocurrido en Portugal. Al menos se habla de más de 60 muertos, en una de las zonas más apreciadas por excursionistas y aficionados a los deportes acuáticos. En todo caso, que no haya sido intencionado no quiere decir que no tenga causas bien claras en la nefasta política forestal que se ha llevado a cabo en Portugal, parecida a la de muchas comunidades del Estado español, por cierto. Y en esa desastrosa política forestal tiene mucho que ver, que la zona siniestrada está cubierta de eucaliptus, a lo que no son ajenas unas cuantas comunidades del Estado, así como la falta de una política de prevención activa. Ni más ni menos, si tenemos en cuenta solo a la especie eucalyptus globulus (el eucalipto blanco, eucalipto común o eucalipto azul), en la Península Ibérica se localiza el 53% de la superficie mundial ocupada por esta especie; y el 31% se halla en Portugal y el resto, en el Estado Español. Y, por supuesto, también las adversas condiciones meteorológicas y la enorme sequía, que asimismo afecta a la mayor parte de las comunidades del Estado español, han tenido que ver con el devastador incendio del centro de Portugal.

La demanda del eucalyptus

Pero hagamos un poco de historia. Los bosques del mundo se están cortando actualmente a un ritmo muy superior al de su sustitución. A nivel mundial, como promedio, solo se planta una hectárea mientras se desmontan 10 hectáreas de bosques naturales. Hay grandes y crecientes demandas de madera para uso industrial y para atender las necesidades de combustible. Para responder a esta situación, se suele adoptar la solución de plantar especies arbóreas de crecimiento rápido y de gran uso. Un grupo de tales árboles exóticos se encuentra en las más de 600 especies del género Eucalyptus, cuya popularidad como especie de plantación puede atribuirse a que son generalmente muy adaptables, de crecimiento rápido y con una amplia variedad de usos, desde madera aserrada y productos elaborados de la madera hasta combustible de gran valor calorífico. Esta popularidad puede juzgarse a través del hecho de que más de 80 países han mostrado interés por los eucaliptos y han plantado más de 4 millones de hectáreas en todo el mundo.

Sin embargo, en medio de esta popularidad, se ha producido un estado creciente de opinión que sostiene que los eucaliptos ocasionan una serie de males a corto o largo plazo, empobreciendo el medio ambiente, en cuanto a los suelos, la disponibilidad de agua y la vida silvestre, incluso cuando las plantaciones se han establecido en tierras baldías, desprovistas de cubierta arbolada. Otro problema importante es que las plantaciones de eucalipto suelen ser muy vulnerables al fuego, lo que sería una de las razones de la gran capacidad de propagación del incendio que ha tenido lugar en el centro de Portugal.

Lo cierto es que es que, al menos en la Península Ibérica, durante los últimos cuarenta años este árbol ha dado lugar a encendidas polémicas sobre su impacto ambiental, incluso sobre su rentabilidad o sobre la capacidad del territorio para acoger más eucaliptus. De todas maneras, los males del eucalipto no son solo imputables a este árbol, sino a unas deficientes técnicas de ordenación territorial, repoblación, selvicultura y explotación, es decir, al ser humano, y a unas afirmaciones de la industria sobre su alta rentabilidad que, con el tiempo, han demostrado en parte su falsedad. Sin duda, es necesaria una ordenación racional del sector, en la que se abogue por la mejora de las prácticas forestales en estas plantaciones, pero también por fijar un límite de ocupación del territorio basado en criterios científicos y técnicos, por el respeto a la planificación forestal, las estrategias y planes de ordenación del territorio y la legislación ambiental.

En el caso de Euskadi, al menos en Bizkaia, Gipuzkoa y norte de Araba, la época de mayor riesgo de incendios forestales no es el verano, sino el otoño y el invierno. En estas estaciones, debido al frío, buena parte de la vegetación herbácea que se encuentra en los montes de Gipuzkoa, Bizkaia y la parte norte de Araba se seca y también los matorrales tienen menos humedad interna al disminuir el movimiento de la savia. Si a esta situación se le unen periodos prolongados de viento sur sin lluvias, situaciones habituales en el invierno, el peligro de incendio se incrementa considerablemente. Por el contrario, durante el verano, al no ser las temperaturas extremas, la vegetación mantiene la actividad por lo que la humedad interna de las plantas es alta y el peligro de combustión es bajo. También hay que señalar que en las últimas décadas la superficie afectada por los incendios forestales en Euskadi ha sido pequeña, y que el año pasado, 2016, fue la menor de la última década.

El 80%, provocados

No obstante, no hay que “echar las campanas al vuelo”. Existe mucha sequedad en la actualidad y está habiendo unas temperaturas altísimas, aunque les siguen intervalos con bajadas. Pero los problemas existen y entre ellos quiero destacar la negligencia humana y la intencionalidad de algunos de los incendios que ocurren. Las estadísticas señalan que el 80% de los incendios forestales son provocados por la mano del ser humano, unos por negligencia o imprudencia, otros intencionados, obra de pirómanos. Los datos son contundentes y plantean que solo un 14% de los incendios forestales son producidos por causa natural, y el 6% es por causas desconocidas. Quien le pega fuego al monte y a nuestros campos es producto del incivismo y de la negligencia… o de la maldad.

Los efectos de los incendios forestales, además de la evidente pérdida dramática por el fallecimiento de personas, van mucho más allá de la destrucción de árboles. Por un lado, es evidente que los fuegos provocan una pérdida económica directa para los propietarios del monte, también para la población cuyas propiedades (casas, pastos, infraestructuras agrícolas, etc.) son devoradas por las llamas. Pero el efecto económico es muy superior. Leña, setas, frutos silvestres, etcétera, son algunos de los productos obtenidos directamente de los ecosistemas forestales.

Finalmente, en estos momentos, nos cabe expresar las máximas condolencias por las personas fallecidas y la plena solidaridad con sus familias, así como el apoyo a todas las personas que están trabajando y luchando por la extinción de los incendios en Portugal.

La primera foto corresponde al incendio producido en el centro de Portugal. La segunda a un incendio producido en 2016 en la localidad vizcaína de Sopela. Y la tercera, a un incendio producido en Galicia en agosto de 2016.

Disfrutar de la naturaleza con respeto

Estamos en vísperas del verano, y una buena parte de la población urbana de Euskadi tiene costumbre de acudir al medio rural y natural los fines de semana. Allí realizan distintas actividades: montañismo, escalada, pasear, recreo con barbacoas, actividades acuáticas y playeras, etcétera.

En general, se acude a zonas muy concretas cerca de la ciudad, a los espacios naturales protegidos, a zonas costeras o a zonas recreativas en montes públicos, concentrándose en poco espacio muchas personas con sus equipamientos de fin de semana.

Sin embargo, tenemos que ser conscientes que nuestra forma de actuar en el campo, en el monte… es muy importante. Un uso inadecuado de estos lugares puede provocar notables impactos en el suelo, en la flora y la fauna. Los parajes sobrecargados de visitantes sufren de una degradación importante del paisaje, por el aplastamiento de la vegetación, pisoteo y destrucción del suelo, ahuyentamiento de la fauna, y otras acciones por el estilo. Si a esto se añade la extraña costumbre de arrojar basuras, aunque cada vez se hace menos, no es de extrañar que muchos lugares estén tan degradados que casi no sirven para su fin original: el descanso y el contacto con la naturaleza.

La presencia de basuras se ha convertido en muchos casos en algo consustancial a nuestros campos y, salvo en lugares que por su valor ecológico se han declarado como espacios protegidos y disponen de una cierta vigilancia, ningún espacio próximo a un merendero, a un río o un embalse, se libra del rastro sucio de la civilización.

Muchas veces se piensa que determinados residuos arrojados en el campo se degradan sin mayores problemas. Nada más lejos de la realidad. Un papel clínex puede tardar tres o cuatro meses en degradarse, los restos de comida no terminarán de pudrirlos los microorganismos del suelo antes de ocho meses, un cigarrillo con filtro requerirá de 1 a 2 años, y un papel de periódico -mucho más resistente que los papeles higiénicos-, unos cinco años, más o menos los mismos que un chicle. Pero lo peor son los envases, que supone el 40% de los residuos que se acumulan en los espacios naturales. Hechos para durar y con el peso mínimo para que facilite el transporte del contenido, los envases son el resultado de complejos procesos químicos que nada tienen que ver con los materiales que se encuentran en la Naturaleza. En su inmensa mayoría, los envases no tienen insectos, hongos o bacterias que los degraden y es la erosión y los agentes químicos naturales quienes harán el trabajo de retirarlos de la vista. Un bote de hojalata, no se degrada antes de una década; un tetra brik (compuesto de cartón, plástico y aluminio) resiste a la erosión varias décadas; una bolsa de plástico, entre 10 y 20 años; un vidrio, entre 3.000 y 4.000 años. Además, las botellas de vidrio pueden ser causa de incendio forestal.

Otro objeto insignificante para nuestra vida, pero enormemente dañino para la naturaleza son las anillas que sujetan las latas de refresco. Miles y miles de estos envases se tiran cada año de forma incontrolada en nuestra comunidad, de modo que los aros estrangulan a multitud de pequeños mamíferos y aves que introducen la cabeza en ellos para jugar y ya no pueden sacarla.

Finalmente, el acumulo de desperdicios degrada también el paisaje. Asimismo, otra acción del ser humano que provoca un fuerte impacto en la vegetación y la flora, es el corte de leñas para hacer fuego, corte que generalmente se produce sobre cualquier vegetal y en cualquier estado, hecho que favorece en muchos casos la implantación de parásitos en las heridas abiertas al árbol. Cuando existen plagas en bosques próximos el riesgo se incrementa considerablemente.

Pero no siempre hay cosas negativas. Así, cada vez más, debido a las campañas institucionales y de ciertos grupos u organismos como los clubs de montaña y asociaciones medioambientalistas, o la campaña promovida para el 17 de junio por Ecoembes y la SEO (Sociedad de Ornitología) bajo el lema ‘1m2 por la naturaleza’ con el objetivo de limpiar de basuras los espacios naturales, hay una mayor sensibilización en la materia. De todas maneras, es fundamental seguir promoviendo la máxima información sobre los impactos que se pueden producir en la naturaleza si no se siguen algunas normas básicas.

Así, en primer lugar, es necesario actuar con el sentido común, evitando, por ejemplo, los fuegos, salvo en los lugares permitidos; el destrozo de la vegetación, no arrancando, talando o serrando ramas ni árboles para construir refugios o en general esas simpáticas cabañas. Además, esas prácticas están penadas por la ley.

Con respecto a la basura, hay que poner en marcha nuestro propio programa de vertido cero. Los desperdicios, pulcramente recogidos en bolsas, deben ser depositados en el contenedor más próximo o, si no lo hay, llevarse la basura a casa, dejando el lugar de forma que parezca que allí no ha estado nadie.

Por otra parte, hay que procurar no molestar a los animales que encuentres, tanto salvajes como domésticos. Si llevas perro, tenlo bien enseñado o amárralo para que no los asuste. En la medida de lo posible, hay que evitar salirse de los caminos o senderos y meterse en los lugares más sensibles desde el punto de vista de la fauna, bosques, sobre todo, porque se puede molestar a muchos animales.

La espeleología no debería convertir las cuevas en horribles muestrarios de estalactitas y efímeras declaraciones amorosas o de otro tipo indeleblemente grabadas en la roca.

Finalmente, conviene informarse previamente del lugar o paraje natural a donde se va el domingo o el fin de semana, los caminos más cercanos para andar, bosques, ríos, parques… Escuchar a los habitantes de esas zonas, a los baserritarras, conocer sus recursos y su forma de vida, y valorar por lo general lo mucho que hacen por la conservación de la naturaleza.

Ciencia y conciencia ambientales

Parque eólico 1

EN el Día Mundial del Medio Ambiente, que fue establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución del 15 de diciembre de 1972, y que desde 1973 se celebra anualmente el 5 de junio, no viene nada mal hacer algunas reflexiones acerca de esta fecha -aunque proteger el medio ambiente debería ser cosa de los 365 días- y recalcar la importancia que requiere para el planeta Tierra dicha cuestión.

La percepción de la importancia de preservar el medio ambiente en su sentido más global es afortunadamente cada vez mayor en la sociedad vasca, aunque a veces la valoración de los problemas o la dimensión de los retos que se nos plantean no se formulen con precisión suficiente. Nada ayudará más a este avance de la conciencia ambiental como el progreso científico que permita conocer con rigor los problemas y proponer actuaciones eficaces.

No faltan quienes han visto en la utilización desviada de ciertos avances científicos una fuente de amenazas para el futuro, así como el desarrollo de la capacidad destructiva en manos del ser humano, que no tiene precedentes. Conocido este peligro, sería sin embargo suicida adoptar una actitud anticientífica, pues el ser humano no puede ni debe dar marcha atrás en su capacidad para conocer racionalmente la realidad. Ahí está también la mejor posibilidad de respetarla.

Sin caer en un cientifismo trasnochado, no cabe duda de que la ciencia es hoy el primer instrumento para analizar los retos ambientales, así como para articular la respuesta que precisen. La ciencia ambiental se nos revela en este sentido como un abordaje de conjunto, pluridisciplinar, necesitado de aportaciones de todos los campos desde la biología hasta las ciencias sociales, desde la tecnología física a la antropología cultural.

Nada más lógico que abogar por una aplicación de esa racionalidad científica al conocimiento de los problemas ambientales, así como a la propuesta de solución de los mismos. Surgirá así el mejor apoyo para una toma de decisiones por parte de una sociedad que sólo acertará si se convence de que el futuro tiene derechos y actúa bajo el imperativo de una ética consecuente.

En este sentido, resulta altamente esperanzador encontrar en la programación científico-tecnológica de nuestras universidades y centros tecnológicos en Euskadi todo un conjunto de tareas destinadas a estudios científicos de relevancia ambiental: desde el cambio climático a la calidad y gestión de las aguas, o las energías renovables, la biorremediación o la seguridad alimentaria, por señalar algunos ejemplos. Surge así todo un conjunto de actitudes nuevas que permiten fundamentar conceptos como el de desarrollo sostenible como única opción para un progreso económico que no puede ser tal si se basa en una visión estrecha, coyuntural y a corto plazo de los recursos de los que dispone el planeta.

Campo solar 1 baja

En esta línea, es muy interesante y prometedora la situación del sector medioambiental vasco, que se ha ido recuperando de la crisis económica. Concretamente, el Clúster de Empresas de Medio Ambiente de Euskadi (Aclima), según los datos aportados recientemente por la citada asociación, engloba a 96 socios (71 empresas privadas, 16 entidades e instituciones públicas, cuatro centros tecnológicos y centros de empresas, cuatro universidades y una asociación empresarial) que trabajan en el sector ambiental, sumando un total de 4.700 profesionales, con presencia en 38 países a través de delegaciones o por proyectos concretos. Desde 2012 se han incorporado 35 nuevas empresas que han reforzado algunas áreas estratégicas, como el ciclo integral del agua o empresas que trabajan por la economía circular.

En cuanto a la adaptación al cambio climático, se debe considerar no solamente cómo reducir la vulnerabilidad frente a los impactos negativos, sino también cómo beneficiarse de los efectos positivos.

Es difícil encontrar una sola parcela del estudio científico actual que no tenga unas implicaciones o consecuencias para el medio ambiente. De ahí la complejidad del estudio científico ambiental y también las dificultades para lograr que la ciencia ambiental sirva adecuadamente a la creación de una auténtica conciencia ambiental.

Se profundiza hasta niveles muy significativos en estudios de fenómenos como el cambio climático, la modificación de la biodiversidad, los efectos de determinados contaminantes o la evolución de una población de especie amenazada. Sin embargo, el esfuerzo por formular modelos predictivos que integren conocimientos y produzcan decisiones apropiadas resulta mucho más difícil. Como igualmente es difícil predecir cuánto tardarán en llegar determinados desarrollos tecnológicos que, sin duda, algún día han de permitir contrarrestar problemas y amenazas ambientales.

Dos actitudes muy negativas que surgen de todo esto son la negación de la existencia de ciertos problemas o -lo que es peor- la ignorancia de los mismos, que puede llevar a decisiones como la negativa lamentable a considerar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero como una necesidad urgente, en lo que respecta a la toma de decisiones que impliquen avanzar en la mitigación y adaptación al cambio climático.

Sin duda, a través de los años, las pruebas de la realidad del cambio climático se han ido acumulando, recogidas por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, constituido por unos 3.500 científicos, y han dado lugar a certezas científicas. Sin embargo, la lucha contra el cambio climático choca con enormes intereses económicos y con posiciones geopolíticas difíciles de modificar, así como con los usos de nuestra sociedad, tales como nuestras pautas de consumo. La aparición de Donald Trump en escena, con su defensa de los sectores petroleros de Estados Unidos, es otro problema importante. El anuncio de sacar a su país del Acuerdo de París es una prueba de ello.

Trump

Igualmente, es negativo situarse en el extremo opuesto y descalificar de pleno y sin paliativos algunas posibilidades tecnológicas, aplicables a diferentes campos; por ejemplo, las prácticas agrícolas o ganaderas, que el progreso científico puede fundamentar también en cuanto a sus posibilidades de aplicación respetuosa con el medio ambiente.

Aboguemos por tanto por una ciencia que al crear conciencia ambiental sirva de instrumento para una sociedad necesitada de referencias, en la que la opinión pública exija de los poderes públicos unas actuaciones de gobierno más allá de la coyuntura inmediata. Es difícil encontrar una vertiente de la actividad humana de valor más universal que la creación científica. Cuando constatamos que la problemática ambiental se convierte en planetaria, cuando vemos que, o la conocemos y abordamos en conjunto, o no hay posibilidad de solución, la ciencia se nos revela como un instrumento fundamental en esa escala planetaria. Un instrumento que, por importante que sea, de nada servirá sin la determinación humana de enfrentarse al reto de proteger el medio ambiente que ha de legar a las generaciones futuras.

¿Que pasa con las energías renovables?

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El Gobierno español ha perdido el primer arbitraje internacional presentado por el Fondo Eiser Infrastructure Limite contra el cambio regulatorio de 2010 que redujo la retribución garantizada en las energías renovables. La sentencia de la Corte Internacional de Arreglo de Diferencias del Banco Mundial establece que el Gobierno “privó de un trato justo” a los demandantes, propietarios de tres plantas termosolares, y condena al Estado Español al pago de 128 millones más intereses.

Pero, además, el fallo de este organismo internacional, que fue dado a conocer el pasado 4 de mayo, puede ser el primero de la treintena de demandas internacionales interpuestas contra el gobierno español por el recorte que aplicó al precio del kilovatio hora producido en instalaciones renovables. Si el resto de laudos van en la misma dirección, el Estado Español, es decir, la ciudadanía contribuyente, podría enfrentarse a indemnizaciones millonarias.

Sin duda, la resolución pone en primer plano la nefasta política energética de los diferentes gobiernos españoles, antes con el PSOE, ahora con el PP, con la excusa de acabar con el déficit de la tarifa, que ha ocasionado, que miles de ciudadanos y ciudadanas perdieran sus ahorros destinados a la generación de energías renovables, así como un auténtico hachazo en forma de paralización de las energías renovables, y en función de ello un aumento de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático.

Concretamente, según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA), los gases de efecto invernadero han vuelto a aumentar desde 2013, tras los peores años de crisis económica, a diferencia de la tendencia observada en la UE.

Pero vayamos por partes. En primer lugar, diré que mi postura ante las energías renovables es totalmente positiva, entre otras cuestiones, porque son fuentes inagotables que se renuevan constantemente, tienen un menor impacto sobre el medio ambiente que los combustibles fósiles o la energía nuclear, contribuyen a la lucha contra el cambio climático, y a crear un modelo de producción eléctrica descentralizada.

Haciendo brevemente un recorrido de lo que ha sucedido con las renovables en el Estado Español, nos deberíamos remontar al año 2007, cuando el Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero creó un sistema que garantizaba el cobro de una retribución mediante fuentes renovables. Esta retribución era variable en función del tipo de tecnología (eólica, fotovoltaica, etc.) y en función del tamaño de la instalación. De esta manera, miles de ciudadanos y ciudadanas empujados por la retribución planteada y también como forma de ayuda al medio ambiente, invirtieron en la generación de energías renovables. Alrededor de unas 55.000 familias se sumaron a esta propuesta, entre ellas unas cuantas vascas, para luego arruinarse prácticamente.

Porque, con el paso de los tiempos, los sucesivos gobiernos españoles adoptaron recortes retroactivos a esta fuente energética. Así, en 2010, el Gobierno del PSOE dictó fuertes recortes a la retribución de la eólica, fotovoltaica y termosolar mediante el establecimiento de un número máximo de horas de producción retribuida al año, fijado muy por debajo de las horas reales de producción anual. Desde enero de 2012, ya con el Gobierno de Mariano Rajoy, las nuevas instalaciones no recibirían ni un céntimo de retribución por parte del sistema eléctrico. Pero, la cosa va todavía va a más, y en 2013, el Gobierno del PP lanza una reforma eléctrica que recorta otros 1700 millones de euros la retribución a las renovables que supone el hachazo definitivo para muchos productores.

Pero las resoluciones judiciales españolas no valen para los inversores extranjeros, y ello ha motivado que se hayan producido una treintena de reclamaciones ante los tribunales internacionales, con muchas posibilidades de prosperar, como ha ocurrido con la primera de ellas.

Debido a ello, el Estado Español lleva cinco años en medio de un parón de las renovables, cuando hace una década era líder mundial. Sin duda, y también hay que decirlo, el Estado Español sufrió una enorme indigestión, mezcla de varios ingredientes: una gran instalación de renovables en un periodo en el que la tecnología no estaba madura y requería de grandes ayudas públicas, que se diseñaron mal; una crisis que redujo drásticamente la demanda de electricidad; y un sistema sobre capacitado -hay mucha más potencia instalada de lo que se demanda- basado en costosas centrales e instalaciones de combustibles fósiles.

Sin duda, una revolución limpia recorre todo el mundo, aunque como hemos podido ver, no todo. Las principales potencias han abrazado las tecnologías renovables para generar electricidad empujadas por la caída de sus costes. Entre 2013 y 2015, la potencia eólica instalada creció más de un 20% en Europa, un 36% en Asia y un 24% en Norteamérica. Mientras, el Estado Español, miraba para otro lado; en ese mismo periodo aquí creció un 0,07%. En ese mismo período, la potencia solar fotovoltaica aumentó más de un 15% en Europa, un 58% en Asia y un 52% en Norteamérica. El Estado Español, el “paraíso” del sol, en ese periodo la solar conectada a la red eléctrica creció solo un 0,3%.

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El Estado Español tiene un potencial de generación de energía eléctrica a través de una irradiación solar impresionante y, sin duda, de los más altos de Europa. A pesar de que haya diferencias en cuanto al potencial solar entre la mayor parte del territorio peninsular y la Cornisa Cantábrica y Galicia, cabe decir que en Euskadi disponemos de un 15% más de potencial solar que Alemania, uno de los países líderes en su aprovechamiento de la Unión Europea.

Las consecuencias de la desastrosa reforma energética que ha provocado que el Estado Español sea uno de los estados que más demandas de arbitraje internacional tiene abiertas, todas ellas a causa de los recortes en el campo de las energías renovables, deben de llevar a la necesidad imperiosa de adoptar una nueva política energética alternativa que conduzca a un sistema eficiente, descentralizado y 100% renovable, que permita un serio y sustancial avance en la lucha contra el cambio climático. Y, es que como sigamos así, y no haya un cambio radical, va a ser complicado que el Estado español cumpla con el objetivo de alcanzar el 20% de energías renovables en 2020, al que está obligado por la Unión Europea.

Finalmente, no nos podemos olvidar de otra de las consecuencias económicas y sociales importantes, además de otras que se han comentado anteriormente, y es que el estado lleva gastados entre 9 y 12 millones de euros para defenderse de los litigios internacionales en los que se ha metido que serán pagados por la ciudadanía, pero, además, tendrá que indemnizar a los fondos internacionales que se han visto afectados por las medidas retroactivas. Es decir, retirar las inversiones en renovables, ha supuesto que el sector de las energías renovables haya podido contribuir a frenar en parte la crisis económica y crear empleo.

Una nueva cultura del agua

Embalse Ullibarri Gamboa 1

Embalse Ullibarri Gamboa, en el concejo del mismo nombre, perteneciente al municipio de Arrazua-Ubarrundia (Álava)

El día 22 de marzo se celebra una vez más el Día Mundial del Agua. En esta ocasión, su lema es: “Aguas residuales, ¿por qué desperdiciar agua?”. Sin duda, un lema apropiado ya que globalmente, más del 80 por ciento de las aguas residuales vuelve a fluir hacia el ecosistema sin ser tratadas o reutilizadas; 1.800 millones de personas utilizan una fuente de agua potable contaminada con heces con el riesgo de contraer enfermedades como cólera, disentería, fiebre tifoidea o poliomielitis. Esta es la causa de alrededor de 842.000 muertes cada año.

Por otra parte, este año se cumplen 17 años de la entrada en vigor de la Directiva Marco del Agua (DMA), que supuso un hito fundamental para la salvaguarda de los ecosistemas acuáticos de la Unión Europea. La citada directiva define y promueve la adopción de una nueva cultura del agua basada en su consideración dual como recurso natural y como hábitat. Sus planteamientos están haciendo cambiar la gestión del agua en Europa y en Euskadi. Sigue leyendo Una nueva cultura del agua

Naturaleza y ciencia ciudadana

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Ciervos en el humedal de Salburua, en Vitoria-Gasteiz

La Ciencia Ciudadana es una práctica que está adquiriendo cada vez más protagonismo que implica la participación ciudadana en las actividades propias de una investigación científica. Lo ciudadanos y las ciudadanas contribuyen activamente a la investigación, con diversas tareas, entre ellas las observaciones de campo, pero, también, pueden ser otras funciones.

La Asociación Europea de Ciencia Ciudadana (ECSA) considera que “la ciencia ciudadana representa un tipo de investigación como cualquier otro, con sus limitaciones y carencias que hay que tener en cuenta y controlar. Sin embargo, a diferencia de las aproximaciones tradicionales de investigación, la ciencia ciudadana ofrece oportunidades para una mayor participación pública y democratización de la ciencia. La ciencia ciudadana no se puede ver como un sustituto del trabajo de la comunidad científica, sino como un complemento muy valioso que permite conocer algunos aspectos relevantes para la conservación de los seres vivos del mundo”. Sigue leyendo Naturaleza y ciencia ciudadana

Desperdicio de alimentos

Desperidicio de comida. Zanahorias feas

Zanahorias feas y otras no tanto, pero ambas para ser consumidas

El despilfarro es un problema característico de las sociedades desarrolladas, que cada año provoca la pérdida de miles de toneladas de alimentos. Ni más ni menos, cada habitante de la Unión Europea desperdicia de media unos 179 kg de alimentos en buen estado al año, es decir medio kilo de comida diario. Si hablamos de porcentajes en las fuentes de los residuos alimentarios nos encontramos con un 42% correspondiente a los hogares, un 39% que proviene de la industria manufacturera, un 14% de los servicios alimentarios y un 5% de la venta.

Las cifras hablan por sí solas. Pero todavía son más impactantes, cuando conocemos que en la UE viven 80 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza y que en el mundo hay 800 millones de personas que sufren hambre. Sigue leyendo Desperdicio de alimentos

Era Trump: ¿Qué pasará con el cambio climático?

Trump

Dos días antes de la toma de mando del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su sigla en inglés), así como la agencia espacial estadounidense NASA, divulgaron cifras idénticas que suponían que las temperaturas mundiales alcanzaron un máximo record por tercer año consecutivo en 2016, acercándose a un tope establecido para el calentamiento global con fenómenos extremos. Pero estos datos no han inmutado por lo visto a Trump. Ya dijo el nuevo presidente de Estados Unidos en la ceremonia de toma de poder en el Capitolio, que eliminará el Plan de Acción Climática y otras iniciativas medioambientales del expresidente Barack Obama.

El plan presentado por el gobierno de Obama a las Naciones Unidas con ocasión de la Cumbre del Clima de París, supone reducir las emisiones en un 28% en el año 2025 respecto a las de 2005. El 60% de esas reducciones vendrá del Plan de Acción sobre el Clima en el que se abordan los principales sectores emisores -generación eléctrica, transporte y edificios-. El mencionado objetivo implica un ritmo de descarbonización anual del 4,3%, lo que supone casi duplicar el ritmo de descarbonización que ha seguido la economía norteamericana entre 2000 y 2015, el 2,6%.

Pero, Ronald Trump, ya en 2012, vino a decir que “el concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos con el objeto de hacer la industria de EE.UU. no competitiva”.  Y prometió que “adoptará la revolución del petróleo y el gas para traer empleos y prosperidad a millones de estadounidenses” y “la reactivación de la industria petrolífera de Estados Unidos”. El dióxido de carbono resultante de la combustión de combustibles fósiles, antes mencionados, es la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero, que provocan el cambio climático.

Estas posiciones del nuevo presidente de EE.UU. chocan con la opinión de la mayor parte de la comunidad científica que considera que el cambio climático es actualmente la principal amenaza. Actualmente, Estados Unidos es el segundo mayor país emisor de gases de efecto invernadero, después de China, y bajo el liderazgo de Obama, han tenido un papel central en los avances del Acuerdo de París, el último que ha habido y que ha supuesto cierta esperanza en la lucha contra el cambio climático.

¿Qué puede pasar en adelante? Parece que nada bueno. La peor parte se la llevan los propios americanos y países pobres y muy vulnerables que confiaban en una financiación solidaria que ahora puede no llevarse a cabo. Donald Trump ya ha anunciado que va a paralizar las medidas ambientales contra el cambio climático de Obama, y facilitar la inversión en fracking, la actividad petrolera y la industria minera.

No obstante, tampoco son las cosas tan lineales. No es tan fácil una retirada de Estados Unidos del marco multilateral de clima. La denuncia del Acuerdo de París debería esperar tres años y la  de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (con la consiguiente retirada automática del Acuerdo de París, al haber sido concebido como un marco de aplicación de la Convención) entraña ciertos riesgos políticos para el propio Trump. De hecho, Bush no lo hizo cuando renunció a Kioto. Sí es probable la ausencia de posiciones constructivas como las defendidas activamente en la era Obama.

Por otra parte, en estos días de la toma de poner del nuevo presidente estadounidense, se están multiplicando las protestas desde muy diferentes ángulos. En lo que respecta a cuestiones relacionadas con el cambio climático, los sectores que han puesto en marcha el desarrollo de las energías renovables y vehículos eléctricos, así como la postura del movimiento ambientalista, de determinados medios de comunicación y de activos movimientos contrarios a abandonar la lucha contra el cambio climático, indican que no le van a poner las cosas fáciles al Gobierno de Trump, y permanecer de brazos cruzados ante el atentado en toda regla que supone la postura negacionista de la mayor amenaza ambiental planetaria.

Campo solar 4

Campo solar

Ante el posible abandono de la lucha contra el cambio climático por parte del Gobierno de Trump, está la necesidad imperiosa de la alianza estratégica de Europa con China y también con otros países, como India. En los últimos años, la Unión Europea ha estado muy timorata en la lucha contra el cambio climático debido a la existencia de problemas como la crisis económica, el terrorismo yihadista, la crisis de los refugiados de Oriente Medio, al ascenso de los partidos xenófobos antieuropeos, etc. Pero debe de recobrar el protagonismo tan importante que ha tenido en la lucha contra el cambio climático. En cuanto a China -responsable del 23% de las emisiones a nivel mundial-, en los últimos años se ha sumado a la lucha contra el cambio climático y parece que lo va a seguir haciéndolo, ya que sus gobernantes se han dado cuenta que no se puede continuar con la grave contaminación existente en sus ciudades industriales derivada de la utilización masiva del carbón, y, por otra parte, le puede permitir seguir con el despliegue de las energías renovables y la eficiencia energética, y de esta forma, fortalecer su economía.