La migración otoñal de aves

Paloma torcaz (Columba palumbus. Pagauso). Montoria (Alava). 31.10.17.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales. ¿De dónde venían todas esas aves que aparecían en ciertas épocas del año y a dónde se iban cuando desaparecían? Algunas de las respuestas que se dieron antaño pueden resultarnos hoy cómicas, pero hubo un tiempo en el que se creyó firmemente que las aves se escondían para hibernar, que ciertas especies se convertían en otras e incluso que algunas migraban a la luna. Varias de estas ideas erróneas perduraron sorprendentemente durante muchos siglos entre la comunidad científica. Por ejemplo, en sus Migrationes Avium de 1757 Linneo seguía defendiendo las teorías de Aristóteles y aseguraba que las golondrinas se enterraban en los fangos de lagos y bahías de manera similar a los anfibios para pasar el invierno y emerger de su entierro llegada la primavera.

No fue hasta principios del siglo XIX cuando empezaron a realizarse de manera sistemática los primeros estudios sobre la migración de las aves con el propósito de averiguar a dónde iban y de dónde venían ciertas especies. Se comenzó de la manera más simple posible: observando. La lenta pero incesante acumulación de información acerca de cuándo y dónde llegaban, pasaban o se iban, dio sus frutos y a mediados del XIX ya se conocía el calendario de estancia de muchas especies.

Las numerosas expediciones naturalistas a África también fueron trascendentales al observar y recolectar en invierno ejemplares pertenecientes a las mismas especies que se encontraban en Europa sólo durante la primavera y el verano. No en vano, dos siglos antes el naturalista francés Pierre Belon ya decía que las planicies egipcias se tornaban blancas de tantas cigüeñas como allí se concentraban en septiembre y octubre, y no iba desencaminado al decir que se marchaban a África porque allí no hacía tanto frío en invierno como en Europa, mientras que regresaban aquí para huir del calor tórrido del desierto en verano.

Precisamente fue una cigüeña, cazada en 1822 en Alemania, el ave que proporcionó la primera prueba material de que había estado en África, al encontrársele clavada una flecha que por sus características pertenecía a alguna de las tribus que por aquel entonces poblaban la región occidental subsahariana. Pero hasta la introducción del anillamiento a finales del siglo XIX no se pudieron establecer vínculos inequívocos entre sus lugares de origen y destino. Esto permitió trazar con precisión las zonas de paso e invernada de muchas especies y poblaciones. No obstante, después de un siglo y con decenas de millones de individuos marcados, el anillamiento sigue resultando infructuoso para muchas especies debido a las bajísimas tasas de recuperación, lo que genera, aún hoy, importantes lagunas sobre aspectos básicos de la migración de algunas aves.

Cada anilla lleva un número a modo de DNI y una dirección o remite de contacto. El anillamiento es el método más barato y general, pero las últimas tecnologías permiten hoy emplear sistemas de geolocalización y seguimiento remoto como emisores satélite-GPS, geolocalizadores y datalogger. Estos nuevos sistemas de marcaje aportan información mucho más detallada sobre el pájaro. Establecen la localización del ave varias veces al día durante años, por lo que permiten conocer matices como cuánto tiempo permanecen en sus áreas de cría e invernada, cuándo inician su migración, por dónde la realizan, en qué puntos paran para descansar, su velocidad de migración y numerosos aspectos hasta ahora desconocidos.

Estamos en unas fechas y todavía lo serán más en las próximas semanas, en que nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, mil millones de alas. Tengamos en cuenta que los expertos ornitólogos estiman que la población de aves invernantes en la península Ibérica puede alcanzar la cifra de unos 500 millones. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte de Europa, se instalan en nuestro derredor.

Una buena parte son pequeños pájaros, dispersos y bastante silenciosos. Pero a su lado podremos contemplar uno de los acontecimientos más rotundos de lo espontáneo en estas latitudes. Miles de bandos azotarán a los aires, llenando los ojos del clamor que siempre mana de lo múltiple, agregado y casi nunca silencioso. Porque los alados, además de conspicuos para los ojos, son también los animales que más veces y con mayor acierto llaman a las puertas de nuestros oídos.

Algunas de estas agregaciones infinitas se desplazan con notable orden. Caso de gaviotas, cormoranes, patos, grullas y garcillas, que dibujan en el cielo triángulos sin base, la letra uve, líneas oblicuas, a veces un rombo casi perfecto.

Grulla común (Grus grus. Kurrilo arrunt). Laguna de la Nava (Palencia). 18.11.17.

Otras bandadas, como las de estorninos, grajillas, palomas, avefrías, rapaces, alondras, pardillos, jilgueros, verdecillos, trigueros… son el mejor ejemplo de que el caos es sólo el primer paso de la armonía. De que el revoltijo es regocijo para la mirada. Esa que encontrará, en los cielos más limpios del año, una capacidad infinita para convertir lo compuesto por incontables partes en un todo de prodigiosas sincronías.

Euskal Herria es un lugar privilegiado para admirar el fascinante viaje de las aves, ya que nuestra comunidad se encuentra en plena ruta migratoria occidental europea. Todos los años son millones de aves las que utilizan este territorio en sus desplazamientos. El pasillo situado entre el Pirineo navarro y el mar Cantábrico concentra en las épocas migratorias una gran cantidad de aves.

Varios ornitólogos observando aves migratorias en el collado de Lindus, Pirineo navarro. (Heda Comunicación). 08.10.18.

Las cigüeñas blancas ya no migran

Nido de cigüeña blanca en el Humedal de Salburua. 28.01.18.

Numerosos estudios y observaciones confirman que la cigüeña blanca (Ciconia ciconia, Zikoina zuri) ha dejado de hacer sus migraciones en otoño, fecha en la que antiguamente emprendía sus vuelos para invernar al sur del Sahara (Senegal, Malí, sur de Mauritania y Chad…). Ha decidido quedarse en la península Ibérica. ¿Por qué? La presencia de numerosos vertederos en la Península, donde encuentran abundante comida y unos inviernos frecuentemente suaves hacen que estas aves hayan optado por no atravesar el Estrecho y reducir vuelos migratorios y gasto de energías.

Es un comportamiento que están adoptando otras aves también: el águila calzada, el milano negro, la golondrina común o el avión común han empezado a adoptar el mismo patrón.

Tradicionalmente, las cigüeñas blancas llegaban a la Península en febrero y ocupaban el nido del año anterior en campanarios, torreones u otros puntos elevados. Empezaba entonces su ciclo de celo y de cría, y regresaban a sus cuarteles de invierno en África en el otoño.

Pero todo esto ha cambiado en los últimos años. Los animales prefieren evitar este trayecto, según ponen de manifiesto los censos de aves invernantes elaborados por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) y los marcajes con estas aves.

Los datos son clarificadores. En 1995, el censo de cigüeñas invernantes en el Estado español lo componían unos 7.000 ejemplares. En el 2004, la cifra ascendió a unos 32.000 ejemplares, y el último invierno en España se quedaron unas 65.000 cigüeñas, según las estimaciones de Juan Carlos del Moral, responsable de estos censos de SEO/BirdLife.

Los vertederos de residuos domésticos se han convertido en una fuente segura de comida. La comida abundante hace innecesario para estas aves emprender lejanos y arriesgados vuelos. Es un cambio aprendido, y eso explica el diferente comportamiento que muestra adultos y jóvenes: “El 80% de las cigüeñas que hemos marcado con transmisores optan por quedarse en el Península, mientras que, en sentido contrario, hemos comprobado que el 80% de las aves que fueron marcadas cuando eran polluelos en el nido hacen esa migración”, dice Juan Carlos del Moral.

Cigüeñas en el vertedero de Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). 18.02.18.

El factor climático está siendo decisivo. Antiguamente, la mayor parte de la Península, o, al menos, gran parte de ella, estaba helada o cubierta de nieve, lo que dejaba a las cigüeñas sin alimento. Pero, ahora, no sólo tienen vertederos, sino que los suelos y las charcas no están heladas, con lo que encuentran fuentes de alimentación en el campo durante todo el invierno. En la dieta de las cigüeñas destacan todo tipo de pequeños vertebrados, como lagartijas, sapos o ratones, así como crustáceos, langostas o gusanos. De la misma manera, el cangrejo rojo americano, introducido hace unas décadas en España, es ahora un habitual en la dieta en arrozales y humedales.

Mientras tanto, la dependencia alimentaria de los vertederos está teniendo efectos indeseados sobre las cigüeñas. Tener garantizada la comida de manera tan artificial es un arma de doble filo. Las cigüeñas no se contentan con aprovechar los detritus orgánicos, sino que encuentran en los depósitos de basura todo tipo de residuos para fabricar los nidos, como los plásticos. No solo pueden ingerir aguas y líquidos contaminados y moverse entre basura donde resultan atrapadas o lesionadas. Por desgracia, se repiten sucesos en los que las aves ingieren gomas de plásticos que confunden con gusanos.

El éxito biológico y la recuperación de las cigüeñas se asienta, pues, sobre pilares muy endebles: una gestión de los residuos bastante deficiente y que, en cualquier caso, evidencia la necesidad de aumentar los niveles de aprovechamiento. ¿Qué pasaría, pues, si estos vertederos desaparecieran? Hay que tener en cuenta que las nuevas políticas de la UE en materia de residuos tienen como objetivo que los desechos orgánicos solo sean un 10% de los que se produzcan en el 2035. El día que se aborde seriamente la reducción de la basura de los vertederos las cigüeñas tendrán un problema. Entonces, deberán buscar otros recursos alimentarios, y las cigüeñas tendrán que buscar otras zonas. Pero en la dispersión ya no criarán tanto y la población descenderá, posiblemente. Entonces, ¿volverán a tener que recuperar su instinto migrador?

Cigüeñas copulando en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 25.04.17.

Lechuza común, la reina de la noche

Una de las principales causas de su declive es la radical transformación del medio agrario. Foto: Pixabay.

El término lechuza se emplea para nombrar las especies de aves de la familia Tytonidae (orden Strigiformes), que son unas 15 especies clasificadas en dos géneros: Tyto y Phodilus. La mayoría de los tipos de lechuzas se encuentran en peligro de extinción. La lechuza común o luétiga, Tyto alba (Scopoli, 1769) es una especie que habita los cinco continentes, y que se encuentra en el Estado español en declive.

Son pequeñas rapaces nocturnas que pesan unos 350 gramos, miden hasta 35 cm. de longitud y hasta 95 cm. de envergadura, todo su cuerpo está cubierto de plumas, incluso sus dedos.  Sedentaria, sin hábitos migratorios, viven en soledad o en parejas. No construye nidos y pone de 4 a 7 huevos en huecos de árboles, graneros, campanarios, etcétera, y le gusta vivir en zonas rurales.

Su dieta alimenticia se basa preferentemente en pequeños mamíferos, aunque también consume otras aves, insectos o reptiles. Cazan con gran sigilo gracias a una vista adaptada a la oscuridad y un oído excepcional.

Cuando, paseando de noche por el pueblo, una lechuza grande sobrevuela nuestras cabezas deja una extraña sensación en el cuerpo, porque no se la oye volar debido a un plumaje diferente al del resto de aves. Luego están los lúgubres sonidos que emite por las noches, esto unido a la capacidad de fabular de los humanos ha asociado este animal con mitos que la relacionan con la muerte, las desgracias, y otras creencias injustificadas que en otros tiempos las ha llevado a ser perseguidas.

Por el declive de sus poblaciones, que en algunos puntos del Estado Español alcanza el 50% en la última década, la lechuza común ha sido elegida Ave del Año 2018. Como cada año, la organización SEO/BirdLife ha elegido por votación popular a un ave característica de los paisajes españoles que pasa por un mal momento. “La ciudadanía ha decidido que pongamos el foco en la lechuza común. En silencio, como cuando vuela, esta especie nos avisa, desde hace años, sobre la paulatina pérdida de vida en el campo. Se la ve menos, se la oye menos. Ocurre lo mismo con los insectos, los roedores, los paisajes y el paisanaje”, señala la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz.

Lechuza común (Tyto alba. Hontz zuri). Foto: Pixabay

Lo sorprendente de la situación de la lechuza es que es un ave protegida a escala nacional, incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Por ejemplo, se prohíbe cualquier actuación hecha con el propósito de darles muerte, capturarlas, perseguirlas o molestarlas, además de la destrucción o deterioro de sus nidos. A pesar de ello la especie se enfrenta a una serie de amenazas.

Una de las principales causas de su declive es la radical transformación del medio agrario, cada vez más alejado de los paisajes que mostraban un mosaico de cultivos adaptados a la realidad hídrica de cada zona. En la actualidad, este medio está más centrado en grandes extensiones de monocultivo, a menudo basadas en regadío.

Por otra parte, las lechuzas pierden lugares tradicionales de nidificación como campanarios, caseríos o granjas. Una excepción, que conozco, aunque habrá más, lógicamente, es que el pasado julio tuvo lugar la feliz noticia de que la torre de la iglesia de San Martin de Tours, en el municipio guipuzcoana de Urretxu, de contar con inquilinos muy especiales. Una pareja de Lechuza Común eligió lo más alto de la torre para anidar y criar sus polluelos. El hecho no pasó desapercibido. Esta noticia fue recibida con ilusión.

Dos lechuzas comunes en el campanario de la iglesia de San Martin de Tours, en el municipio guipuzcoana de Urretxu. Instantánea tomada por personal de la parroquia.

Más información: https://www.seo.org/2018/01/02/la-lechuza-comun-es-el-ave-del-ano-2018/

 

Las libélulas, especie de las más viajeras del planeta

Las libélulas, al igual que las mariposas, son importantes para entender si el medio natural padece fiebre. Sólo viven en aguas limpias, en sistemas de cristal. Las libélulas es una de las especies más antiguas sobre el planeta y son prodigios aerodinámicos que vuelan en todas direcciones, a gran velocidad y durante largos trayectos.

Las libélulas llevan sobre el planeta la friolera de 300 millones de años; es decir, unas 150 veces más edad que nuestra estirpe y, de acuerdo con los últimos datos, unas 2.000 veces más tiempo que la especie a la que pertenecemos.

Acreditada y larga trayectoria que se plasma en que no existe otro grupo zoológico más espléndido y eficaz en el campo de la locomoción aérea. Las libélulas vuelan no sólo a una sorprendente velocidad para un insecto (hasta 50 kilómetros por hora), sino que también consiguen todo tipo de maniobras en el aire. Suben y bajan en línea recta, retroceden marcha atrás, giran en ángulos rectos, se frenan en décimas de segundo… Son capaces incluso de escapar a la persecución de algunos pájaros ciertamente veloces. Cuentan además con dos pares de alas enormes que, al ser transparentes y delicadas, recuerdan que muchas estructuras vivas consiguen convertir lo frágil en poderosísimo.

Las libélulas, más que por su tamaño, destacan por la coloración, las bellísimas tonalidades que se dan cita en su cuerpo. Desde verdes esmeraldas rutilantes hasta naranjas, malvas, azules y amarillos purísimos.

Son muy nómadas, pueden realizar desplazamientos prácticamente migratorios, a lo largo de los cuales recorren centenares y hasta miles de kilómetros.

Como su vida larvaria, de hasta cuatro años, transcurre en el seno de las aguas dulces, y como sus principales cazaderos y territorios nupciales son los cursos fluviales y encharcamientos, allí las contemplaremos mejor y más a menudo.

Imagen de una libélula

La Diputación Foral de Álava presentó el pasado 2 de julio el primer atlas de los odonatos de Álava, que, en sus 165 páginas a color, recoge con detalle las 51 especies de libélulas y caballitos del diablo que habitan en el territorio. Esta publicación es fruto del trabajo de diez años llevado a cabo por José Antonio Gainzarain, del Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN), que incluye fotografías de alta calidad, fichas, mapas y citas actualizadas.

Entre las 51 especies de odonatos de Álava, destaca la Aeshna isoceles, también conocida como libélula de ojos verdes, que vive sólo en el lago Arreo, espacio natural protegido de la Red Natura 2000; o la Brachytron pratense (libélula de primavera), que sorprendió incluso a los expertos cuando la localizaron en la Sierra de Entzia -también espacio Red Natura 2000- por hallarse a 1.000 metros de altitud y a 65 kilómetros de Urdaibai, pese a que se trata de una libélula que suele vivir siempre cerca del mar.

También se ha detectado la presencia de la libélula de kirbyi (Trithemis kirby) que apareció en Álava hace dos años. Es una pequeña libélula procedente de África de color rojo escarlata, muy común en el continente africano y que, en agosto de 2016, fue observada en el río Ebro, a su paso por la localidad de Baños de Ebro.

 

 

Las luciérnagas, luces en la naturaleza

Lampyridae, vista desde cerca, sobre el césped. (D.N) En el bosque Santa Clara del estado mexicano de Tlaxcala se esconde el único santuario de luciérnagas del país.

Las luciérnagas son unos de los pocos animales que producen luz. En el Estado español sólo se encuentra una especie de estos insectos, parientes del escarabajo, que se pueden ver brillar en verano. Los lampíridos (Lampyridae) son una familia de coleópteros polífagos que incluye los insectos conocidos como luciérnagas, bichos de luz, isondúes, cucuyos y gusanos de luz, caracterizados por su capacidad de emitir luz: bioluminiscencia (*).

Algunos animales tienen la capacidad de proporcionarse luz a sí mismos. Una incandescencia que casi nunca usan para alumbrar su propio camino, sino para guiar al otro sexo. Son candiles para el amor.

La bioluminiscencia resulta fascinante por muchos motivos. Uno de ellos es su proceso fisiológico y su control con precisión, es decir, que estos animales se encienden y se apagan a voluntad. Se trata además de la más eficaz. Incluso más que la del sol, pues éste sólo convierte en fotones el 35% de su energía, mientras que los animales luminiscentes consiguen convertir el 95% de la energía empleada en el proceso en radiaciones lumínicas. Todo ello se debe a unas moléculas, de luciferina, que, al ponerse en contacto con el oxígeno atmosférico, con agua metabólica y la enzima luciferasa, se oxida a toda velocidad para originar destellos.

La bioluminiscencia se puede contemplar fácilmente en los mares donde abundan las pequeñas algas unicelulares que, al contacto con algo que se mueve en superficie, se encienden fugazmente.

El brillo del mar lo producen seres vivos (Brett Chatwin). Foto: La Vanguardia.

La otra forma de acercamiento a la bioluminiscencia son las luciérnagas. En la península Ibérica existe únicamente una especie, algo que contrasta con las más de mil que viven en los bosques tropicales y ecuatoriales del planeta. Pero esta luciérnaga, que se encuentra sobre todo en el norte peninsular en regiones de bosques y matorrales, en el tramo final del verano, muy conspicuas, es, como la mayoría de sus parientes, un escarabajo. Sólo emite luz la hembra, que tiene apariencia de gusano y no vuela. Los machos, destinatarios del código de señales luminosas, tienen el aspecto de todos los coleópteros.

Según las filólogas Esther Hernández e Isabel Molina, que publicaron hace ya dos décadas el estudio ‘Los nombres de la luciérnaga en la geografía lingüística de España y América’, las denominaciones aluden, por un lado, a la luminiscencia: lucero, lucerico, lucete o luciente en zonas de Navarra, Aragón y Andalucía oriental. En Cataluña, o en zonas limítrofes, también se usa cuca de llum, y en País Vasco, ipurtargi.

Tienen caparazón y poseen alas para volar en busca de esa fosforescencia que, desde los arbustos o el suelo, los reclama para el amor. Un faro de señales amorosas fosforescentes que desgraciadamente, por la devastadora acción de los insecticidas, también se va apagando.

Luciérnagas en México. Foto: La Vanguardia.

(*) Artículo publicado en “La Vanguardia”, bajo el título “¿Qué es y para qué sirve la bioluminiscencia?”. Interesante.

https://www.lavanguardia.com/natural/animaladas-videos/20180809/451176998857/que-es-para-que-sirve-bioluminiscencia.html

 

 

Las cinco especies invasoras más peligrosas en Euskadi

Visón americano.Neovison vison. Bisoi amerikar

Una especie exótica es la que vino de fuera o, mejor dicho, la que nuestra especie trajo, se quedó y se reproduce con éxito, lo que permite que su población se estabilice y mantenga. Toda especie exótica cambia, más o menos, el ecosistema en el que se establece. Si las alteraciones son graves, se dice que es una especie invasora. Este movimiento de especies a menudo es accidental y llevamos con nosotros, sin querer, aquellas especies que desde antiguo viven con nosotros. Así hemos poblado el mundo de moscas y mosquitos, de ratas y ratones, de gorriones y palomas, y muchas más. Pero, y también muy a menudo, el transporte de especies se ha hecho con nosotros por el mundo con intención y por diversas razones, como las estéticas y para adornar nuestros estanques, caso del cisne; por razones económicas como el visón americano, que han llegado a Europa por el valor de la piel; por razones cinegéticas y piscícolas; o también como mascotas, entre las que citar al mapache, las tortugas de Florida, etcétera. La incursión de especies invasoras es la segunda causa de pérdida de biodiversidad en el mundo.

Euskadi no es ajena a esta realidad. Así, según los inventarios realizados por la Sociedad Pública de Gestión Ambiental (Ihobe), dependiente del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, en nuestra comunidad existen 478 especies de flora ‘enemigas´ -supone una quinta parte de la totalidad de plantas- y otras 50 de fauna exótica.

De todas ellas, y según la Administración vasca, son cinco las especies invasoras más peligrosas y, que, por tanto, preocupan más. Dos de ellas son variedades de flora -Baccharis halimifolia y el Plumero de la Pampa- y tres, especies animales: el visón americano, la avispa asiática y el mejillón cebra.

Visón americano. Neovison vison. Bisoi amerikar. Las poblaciones actuales del visón americano se deben a las fugas y sueltas que se han producido en granjas instaladas en los tres territorios vascos desde principios de los 80 hasta finales de los 90. Está demostrado que la regresión del visón europeo comenzó antes de la introducción del visón americano en Europa, pero la presencia del invasor ha agravado su situación. Este último es algo más grande, más prolífico, más oportunista y más cazador. Las dos especies ocupan nichos ecológicos casi idénticos, por lo que su coincidencia lleva a la exclusión de uno de ellos, que es el caso del visón europeo. Al visón americano se le combate a través de la captura de la instalación de plataformas fluviales flotantes en los ríos, que, en el caso de Álava, ha permitido controlar la situación.

La avispa asiática.Vespa velutina. Liztorra asiako. Es originaria de Asia y se detectó por primera vez en el continente europeo en 2004, concretamente en Francia, desde donde entró en 2010 en Gipuzkoa. Su principal víctima es la abeja, y su intento de erradicación es muy complejo. Los planes de control pasan por atrapar los ejemplares de reinas y la destrucción de nidos.

La avispa asiática. Vespa velutina. Liztorra asiako.

Mejillón cebra. Dreissena polymorpha. Muskuilu zebra. Con un tamaño de dos a tres centímetros en su fase adulta, sus principales impactos son económicos, adhiriéndose a las redes de distribución de agua, de riego y abastecimiento, afectando a la calidad del suministro. Una vez se instala en una cuenca, su erradicación es casi imposible.

Mejillón cebra. Dreissena polymorpha. Muskuilu zebra

Uno de los casos más llamativos de plantas invasoras es el Plumero o Hierba de la Pampa, que llegó a la península Ibérica a principios del siglo pasado, con el fin de adornar los jardines de las grandes casas y que actualmente llega camino de convertirse en una auténtica plaga. El plumero, conocido científicamente como Cortaderia selloana, que tiene un porte espectacular y esbelto, es muy fácil de distinguirla, ya que tiene como principal característica un penacho de color plateado que llega a elevarse por encima de los dos metros de altura.

Se ha ido adueñando de los márgenes de las carreteras o vías de ferrocarril, los campos de siega o la orilla de los ríos, pero también de humedales, marismas y arenales costeros, debido a que tiene una capacidad de reproducción asombrosa. Hoy en día, numerosas localidades vascas, con el apoyo de la Agencia Vasca del Agua, Diputaciones y Gobierno Vasco hacen grandes esfuerzos para erradicarla.

Plumero o Hierba de la Pampa. Cortaderia selloana

No menos llamativa que el Plumero ha sido la expansión de la especie Chilca Baccharis halimifolia, un arbusto leñoso procedente de la costa atlántica de América del Norte, que a mediados del siglo XX se extendió por la costa atlántica del sureste de Francia y la costa cantábrica de la Península Ibérica, a partir de ejemplares cultivados con fines ornamentales, y que está colonizando desde hace unos años zonas importantes de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, y de la Bahía de Txingudi y Lea. Gracias a un proyecto LIFE para la recuperación de estuarios, se han realizado tratamientos de eliminación en más de 750.000 hectáreas de las citadas zonas. En total, se han tratado 570.000 arbustos.

Chilca Baccharis halimifolia. Foto: Oficina Técnica de Urdaibai.

 

 

Naturaleza vasca

Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz)

Gorbeia, Urkiola, Valderejo, Aitzkorri, Urdaibai, Haiko Harria, Aralar, humedal de Salburua y un largo etcétera, son algunos de esos 55 espacios que forman parte de la Red Natura 2000 en Euskadi. Ello supone formar parte de las referencias principales de la biodiversidad de la Unión Europea. Es una distinción a la cual Euskadi responde por encima de la media europea, ya que el 23% de nuestro territorio forma parte de dicha red. Pero también es una apuesta a futuro y un claro compromiso de la sociedad vasca con la biodiversidad y con el reto europeo.

Además, disponemos de otros espacios naturales que albergan una variedad singular de entornos o especies. En esas Zonas Especiales de Conservación y de Protección de Aves se ubican algunas de las especies más emblemáticas de nuestro patrimonio natural: la ranita meridional; águila perdicera, quebrantahuesos o el milano real; el cangrejo de río común; la libélula; el murciélago del bosque, la nutria euroasiática o el visón europeo; la lamprea; o plantas con flores como las droseras, el pie de gato, el geranio de roca, el nenúfar blanco o el acebuche.

Ranita meridional es el único anfibio en peligro de extinción en Euskadi. Foto: Wikipedia.

Euskadi supone algo menos del 1% del territorio de la UE y alberga aproximadamente el 35% de los hábitats de interés europeo, el 21% de las especies de fauna y el 2% de las de flora.

La ciudadanía vasca disfruta de una relación ancestral con la Naturaleza. Durante siglos han perdurado costumbres y usos que, integrados en la cultura vasca, han dado sentido a muchas de nuestras tradiciones. Numerosas leyendas y mitos asociados con la Naturaleza y sus elementos como Mari, Basajaun o las lamiak son parte de esas Zonas Especiales de Conservación en nuestros barrancos, ríos y fuentes. Veneramos árboles e incluso algunos animales del mundo rural como los murciélagos o las abejas cuentan con un espiritual significado. Todavía perduran costumbres asociadas a los elementos, como las relacionadas con las cosechas o los solsticios y ahí están los levantamientos del mayo para contarlo. Hasta hace poco más de un siglo nuestro pueblo ha sido rural y marinero.

Atorrak y lamiak entonan canciones satíricas en el Carnaval de Mundaka (Bizkaia). (Foto: I. Fradua)

Los paisajes que ahora asociamos como nuestros son fruto de siglos de convivencia de la naturaleza con esos usos y tradiciones. Somos herederos del legado que nos dejaron nuestros ancestros y es nuestra responsabilidad mantenerlo para las generaciones futuras. Tal vez, con la llegada del progreso insostenible, en las últimas décadas hemos relegado a un segundo plano ese patrimonio dando la espalda al mundo rural y a la biodiversidad. Hay quien ha confrontando progreso con conservación del medio y ello ha podido desligar la conexión secular del pueblo vasco con la naturaleza y su entorno. Afortunadamente, el mundo rural ha seguido conviviendo con ella y manteniéndola.

Un dicho popular dice que “para amar algo hay que conocerlo”. Por eso animo a la ciudadanía a que vuelva a la naturaleza y contacte con su entorno y con las tradiciones asociadas al mismo, conociendo los espacios de la Red europea Natura 2000 de Euskadi. Son territorios vivos, en los que el ser humano cohabita sin romper los equilibrios. Ahora es un buen momento, en pleno verano.

El visón europeo mejora en Álava

El visón europeo (Mustela Lutreola) es uno de los mamíferos que corre más peligro en el continente europeo, y como tal está incluido en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas. Actualmente, su área de distribución ha quedado reducida a dos núcleos aislados: el oriental (Federación Rusa y Delta del Danubio), y el occidental (Sudoeste y norte de la península Ibérica), en el que se integra el País Vasco.

Los expertos señalan como principales causas de la recesión de esta especie en Euskadi, a las alteraciones sobre el hábitat fluvial, la competencia del visón americano (Mustela Visón), y las enfermedades.

El ciclo vital del visón europeo está íntimamente ligado al ecosistema fluvial, y uno de los factores importantes ha sido la contaminación de las aguas de los ríos y la degradación de los cauces y las márgenes, así como su modificación por canalizaciones.

En relación con su competencia con el visón americano, cabe decir que éste llegó a Europa en la década de los años 20, y en 1958 se instaló la primera granja peletera en el Estado español, mientras que en el País Vasco comenzaron a funcionar a finales de los 70. Hoy, gracias a las fugas y sueltas que se han producido en las granjas, el visón americano forma parte de la fauna silvestre. Parece que está claro que la regresión del visón europeo comenzó antes de la introducción del visón americano en Europa, pero la presencia del invasor ha agravado su situación. Este último  algo más grande, más prolífico, más oportunista y más cazador. Las dos especies ocupan nichos ecológicos casi idénticos, por lo que su coincidencia lleva a la exclusión de uno de ellos, que es el caso del visón europeo.

Las tres diputaciones forales del País Vasco cuentan con planes para la gestión y protección de las poblaciones de visón europeo en sus respectivos territorios. La pionera, que es dónde antes se detectaron ejemplares, ha sido Álava, y también donde las medidas adoptadas están dando mejores resultados.

Como he comentado anteriormente, una de las principales razones del peligro de esta especie ha sido la proliferación del visón americano, especie exótica invasora. ¿Cuáles son las soluciones para evitar la extinción del visón europeo? Con unas plataformas flotantes -como se puede ver en una de las fotos- se realiza un trampeo selectivo para atraer a estos animales; con la restauración ambiental de los ríos; y con la cría en cautividad del visón europeo para, luego, liberar ejemplares en la naturaleza.

Plataformas flotantes para capturar al visón americano.

El balance de estos años ha sido positivo. En Álava se han localizado más de 16 ejemplares de visón europeo, mientras que años atrás no se logró identificar a ninguno.

Desde que se inició el trampeo de visones americanos en Álava en 1997, se han capturado 556 visones americanos. El mayor pico se logró en 2015, con 150 capturas, gracias a la instalación de plataformas flotantes en los ríos. A partir de ese año, la presencia del visón americano ha caído de forma importante, hasta el punto de que en 2016 sólo se capturaron 11 ejemplares.

La cría en cautividad del visón europeo y su posterior liberación progresiva, junto a la captura del visón americano ha permitido que en junio de 2017 se haya logrado en el territorio alavés localizar a 16 ejemplares de visón europeo, cuando antes era imposible localizar a ninguno.

Por otra parte, en el territorio alavés se han llevado a cabo otras medidas de conservación, como la restauración ambiental del recodo de Gimileo, en el río Ebro, a su paso por Labastida, para generar un hábitat propicio para el visón europeo, y también la eliminación de puntos de atropello, en el marco del yecto proyecto europeo LIFE LUTREOLA.

Una de las amenazas principales del visón europeo es el visón americano que ocupan nichos ecológicos casi idénticos.

Visón europeo. Mustela lutreola. Bisoi europar.

 

Gracias Stephen Hawking, por tu humanidad, sencillez y tu legado científico

Hawking a punto de realizar un vuelo de gravedad cero en Estados Unidos. Foto: EFE.

El físico británico Sthephen Hawking falleció este miércoles, 14 de marzo, a los 76 años. Se le ha considerado como el científico más popular del mundo desde Albert Einstein. Stephen Hawking luchó contra una terrible enfermedad. A los 21 años le diagnosticaron una forma atípica de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que ataca a las neuronas motoras encargadas de controlar los movimientos voluntarios. Contra todo pronóstico, Hawking superó los pronósticos que le daban entre dos y tres años de vida, aunque sufrió los terribles efectos que poco a poco le dejaron paralizado y le permitieron comunicarse sólo a través de un ordenador que interpretaba sus gestos faciales. Sus fotos, siempre unido a un ordenador, dieron la vuelta al mundo en numerosas ocasiones.

Dijo en una ocasión que le interesaba al máximo la naturaleza del universo, y que su objetivo era “cómo se formó y cómo podría terminar”.

Hawking puso a prueba las teorías de Newton en 2007, cuando a los 65 años de edad realizó un vuelo de gravedad cero en Estados Unidos, en lo que esperaba fuera un primer paso antes del vuelo suborbital espacial que esperaba llegar a realizar, y que no pudo. Entonces dijo: “Pienso que la raza humana no tiene futuro si no va al espacio”.  “Creo que la vida en la Tierra está ante un riesgo cada vez mayor de ser destruida por un desastre, como una guerra nuclear repentina, un virus creado genéticamente u otros peligros”. Para cuando participó en el vuelo, Stephen Hawking era internacionalmente muy famoso y conocido como un gran divulgador científico, haciendo accesible la ciencia a un público muy amplio.

El astrofísico continuó trabajando e investigando hasta el final de sus días.

Como han afirmado sus hijos: “Su valentía y persistencia, y también su humor y brillantez, inspiraron a gente de todo el mundo”.

Muchas gracias, de todo corazón, Stephen Hawking.

Adjunto una entrevista que hicieron en 2015 en “El País”, por su gran interés.

https://elpais.com/elpais/2015/09/24/ciencia/1443106788_324837.html

 

Bienvenida, primavera

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.17.

En pocos días, el 20 de marzo, entraremos en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. La primavera marca un nuevo ciclo, el sol que vuelve a salir nos conecta con el optimismo, con nuestra fuerza vital y nuestra disposición para comenzar de nuevo.

La orografía y los componentes climatológicos existentes en Euskadi provocan variaciones incluso dentro del propio territorio. Como consecuencia, la primavera puede hacerse notar de forma más intensa en unos u otros puntos. Tanto en animales como en vegetales los cambios provocados en la primavera son básicamente hormonales y fisiológicos, y se desencadenan debido a la temperatura, fotoperíodo y disponibilidades de agua y alimento. Aunque tradicionalmente se dio a la temperatura una gran importancia como mecanismo básico, parece que su importancia no es tal, siempre y cuando se mantenga entre unos determinados límites. Contrariamente al caso de la primavera, para los procesos de largo letargo invernal, tanto en vegetales como en animales, su importancia parece que es mayor. El fotoperíodo presenta dos componentes. Por un lado, el número de horas de luz que soporta el ser vivo a lo largo del día; y por otro, la intensidad de luz que le llega. Normalmente se le considera como mecanismo regulador básico, siendo responsable de que, en un momento dado, se dispare el instinto migrador de ciertas especies de aves, viajando en una u otra dirección en busca de climas más propicios.

Abubilla. Upupa epops. Argi-oilarra. Hontoria (Alava). 25.04.17

Así, llegarán progresivamente las aves migratorias con la irrupción de la primavera, cumpliendo con un fenómeno ancestral, aunque algunas aves lo hacen antes debido al cambio climático. Millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de los llamados cuarteles de invierno, en el sur, en África, donde permanecen por disponer de un clima más benigno en la estación más fría del año a otras zonas donde se reproducen. Poco a poco estarán entre nosotros las golondrinas, la abubilla, el colirrojo tizón, el vencejo, el pardillo común, etcétera. Y más adentrada la primavera llegarán otras aves, entre ellas, el abejaruco, tan bonito por sus colores, al que tanto le gusta la miel, pero que no es ningún problema para nuestras abejas y colmenas, cuyo enemigo principal es el cambio climático.

Abejaruco europeo. Merops apiaster. Erle-txoria/Erlejalea. 10.05.17. Osorio (Palencia)

La disponibilidad de agua y alimento, más que un elemento desencadenante de toda una serie de procesos, es una consecuencia de la llegada de la primavera, que permite el desarrollo de toda una serie de mecanismos ecológicos. Por ejemplo, las aves eclosionan cuando el número de insectos es mayor, y por tanto el alimento es más abundante. Los vegetales germinan cuando, antes de los calores estivales, la disponibilidad hídrica es mayor. Los animales de sangre fría crían cuando la luz y la temperatura es tal que las crías pueden mantener la temperatura corporal sin grandes esfuerzos.

El equinoccio de primavera nos da la oportunidad también de muchas más cosas. Después del invierno, en donde muchos animales hibernan por las condiciones climáticas, en la primavera vuelven a salir, los árboles se llenan de flores y es la época del apareamiento, de la creación de la nueva vida, de las nuevas proles. Es tiempo de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia.

¡Feliz Equinoccio, buena primavera para todas y todos!