Los vencejos, su vuelo y ese poder sanador de la naturaleza

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

Dos fechas después del Día Mundial del Medio Ambiente, 5 de junio, llega el Día Mundial de los Vencejos, el domingo, 7 de junio, aves que, ahora mismo, y junto a golondrinas y aviones, ejemplifican como pocos ese poder sanador de la naturaleza que muchas veces lo olvidamos. En este sentido, es necesario insistir en la importancia de los pájaros insectívoros a la hora de regular las poblaciones de insectos voladores, en este caso mosquitos, y de evitar la formación de plagas. Los vencejos figuran entre los más importantes consumidores de pequeños dípteros, y se desplazan en altura siguiendo la localización de sus bandadas a lo largo del día.

Las notas que permiten el allegro vivace de junio son que los cereales hayan culminado su granear. Que las hojas de los árboles escondan millones de nidos. Que miles de generaciones nuevas de anfibios y peces se apoderen de las aguas. Y que los cachorros de casi todos los mamíferos estén creciendo.

Lo natural no renuncia a dejar estelas de su renovación en todas partes. Una de las más frecuentes, conspicuas y urbanas son las hordas de negros vencejos que chirrían sobre nuestras cabezas por todas partes. No hay azul sobre las ciudades y los pueblos que a partir de estas fechas no sea patrullado por bandadas de estas aves.

Tanto su silueta en uve como los chillidos que conforman su canto son muy familiares durante los meses del verano. Los vencejos comunes, Apus apus, representan la más perfecta adaptación al vuelo que pueda imaginarse en el mundo de las aves. En pueblos y ciudades de la península Ibérica, y en nuestra Euskadi, estos portentosos viajeros, que de Siberia a África pueden recorrer 30.000 kilómetros al año, ceban a sus crías a base de insectos capturados en su planeo.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

Fáciles de reconocer, no sólo por sus gritos, sino también por la silueta con alas muy largas y curvadas hacia atrás, como guadañas. Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población peninsular de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

En este sentido, no hace falta insistir en la importancia de los pájaros insectívoros a la hora de regular las poblaciones de insectos voladores, en este caso mosquitos, y de evitar la formación de plagas. Los vencejos figuran entre los más importantes consumidores de pequeños dípteros, y se desplazan en altura siguiendo la localización de sus bandadas a lo largo del día.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

El vencejo se trata de un ave que viene a nuestras tierras en primavera y anuncia la llegada del calor. Es bien conocido por todos, ya que vuelan en grupos de una manera ágil, inquieta, con cientos de quiebros, planeos, cambios de direcciones y cabriolas, emite una serie de chillidos muy estridentes y llamativos fáciles de oír.

Algunos amantes de la ornitología construyen nidos artificiales para estos pájaros maravillosos en sus terrazas o en los tejados: una costumbre muy eficaz para la reproducción de la especie.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 05.06.17.

Aquí pasarán el verano y desaparecerán a finales de esa estación para volver año tras año de la misma manera y a los mismos lugares. Esperemos que lo sigan haciendo.

El apagón mundial por el clima la ‘Hora del Planeta’, en casa por el Covid-19

La edición de este sábado 28 de marzo va acompañada del lema “Apaga la luz. Todo irá bien”, en referencia a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus.

A diferencia de muchos otros eventos, el apagón mundial de la Hora del Planeta, una iniciativa de WWF que busca combatir la crisis climática reduciendo el gasto energético, no se suspenderá este año como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19, sino que se seguirá celebrando, pero desde casa.

En esta edición la campaña, va acompañada del lema “Apaga la luz. Todo irá bien”. Durante el clásico apagón de luces, que este año tendrá lugar hoy, sábado 28 de marzo, entre las 20:30 y las 21:30h, los participantes podrán lanzar este mensaje en código morse desde sus ventanas usando sus móviles o linternas para “llenar de esperanza” los hogares.

La Hora del Planeta nació hace 13 años en Sidney (Australia) (Foto: EFE) y se empezó a celebrar hace 11 en el Estado español. Empezó como un gesto simbólico y se ha convertido en uno de los mayores eventos de movilización ambiental de la historia. De hecho, durante este tiempo se han unido a la campaña más de 180 países y millones de ciudadanos, ayuntamientos e instituciones………

En el actual contexto de emergencia planetaria, con la crisis climática y la acelerada pérdida de biodiversidad, se hace aún más necesaria la llamada a la acción urgente por parte de la sociedad. La crisis climática y la pandemia actual del Covid-19 no son tan distintas entre sí. Hay demasiadas similitudes y pocas diferencias. Sin embargo, mientras la respuesta al coronavirus está siendo contundente, con medidas drásticas que afectan a toda la sociedad, la respuesta a la crisis climática, aunque también es urgente, se sigue postergando o condicionando a intereses económicos o políticos cortoplacistas.

Es el momento de actuar. La ciencia es clara: quedan muy pocos años para evitar los peores impactos del cambio climático. Es ahora o nunca, hay que actuar antes de que sea tarde.

La naturaleza nos espera

Carbonero común (Parus major. Kaskabeltz handi). Sobron (Álava). 18.04.19.

La salud y la vida de las personas está por encima de todo, y, por tanto, no tenemos otra posibilidad que estar en nuestras casas, y esperar a la derrota del coronavirus.

Estamos en los comienzos de una nueva y mágica primavera, que siempre, encierra no pocos encantos. Y. en este sentido, es lógico que nos acordemos de ella.  Pero, por el bien común, por el bien de todos y todas, debemos seguir las instrucciones de las autoridades sanitarias hasta que todo pase.

Y, cuando pase, podremos hacer caminatas por el bosque, el campo y, en general, los entornos naturales, que suelen generar una sensación de bienestar, tanto a nivel físico como mental. Y poco a poco nos recuperaremos de tanto tiempo confinados.

Pasear por la naturaleza nos permitirá contemplar árboles, aves, nubes, una puesta de sol, y un sinfín de cosas más.   

Poco a poco la primavera, pasa por diversos escenarios. Y hablando de flores, el mes de marzo que va a finalizar en unos días, es el de las flores rosáceas y malvas de lavandas, brezos y romeros.  Durante buena parte del mes de marzo, las laderas de las montañas de la península Ibérica se han teñido de rosáceos, malvas y azulencos. Los responsables son principalmente tres especies de la comunidad arbustiva: los brezos rubios, lavandas, y, en parte, los romeros. En las praderas jugosas del Pirineo florecen los lirios blancos y las gencianas azules.

Con los primeros atisbos de abril, el paisaje, como si estuviera un poco harto de tanto morado, da un brusco giro hacia el limón. Ya estamos abriendo el calendario de los amarillos. Que comienza con los fogonazos, siempre muy espaciados, de los mimosos, árboles que se incendian incluso en febrero, pero que sujetan su flor hasta bien entrado abril. 

Nectarino en flor. Fitero (Navarra)

Pero la primavera también es tiempo de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia. La transparencia de un día que ya ha conquistado toda su estatura anual, permite que en nuestros ojos se multiplique la serena jugosidad del prado y del bosque. Y en todas las esquinas están eclosionando nuevas proles.

Vendrán las golondrinas, aunque cada vez lo hacen antes, que son las más conocidas de las ‘aves de primavera’. Pero, además, veremos a cigüeñas, cucos, vencejos, abejaruco europeo, milano negro, y un largo etcétera.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.18.

Como dice Carlos de Hita, especialista en el paisaje sonoro del Estado español y autor del libro ‘Viaje visual y sonoro por los bosques de España’ (Anaya Touring), en el que se recopila 74 grabaciones y descripciones de un archivo que lleva haciendo desde hace más de treinta años por toda la geografía peninsular, “la naturaleza se cuenta a través de los sonidos».

Sin duda, escuchar la naturaleza es un gran placer estético. Las vibraciones de las moléculas de aire (o de agua) que llamamos sonido encierran no sólo belleza, sino también mucha información. En todo tipo de medios se escucha cómo los animales tratan de comunicarse a distancia sobre el ruido de fondo, causado tanto por otros animales (incluso los humanos y sus actividades) como por el medio físico (agua, viento). El sonido es un sistema de comunicación valioso, pues evita los obstáculos y puede alcanzar grandes distancias. Los grupos más puramente acústicos dentro de los animales son los ortópteros, las cigarras, los anuros (anfibios sin cola) y las aves. A ellos habría que añadir los murciélagos y los mamíferos marinos, que también utilizan el medio acústico para orientarse a través de la ecolocalización.

Abubilla. Upupa epops. Argi-oilarra. Hontoria (Alava). 25.04.19.

La mayoría de las señales acústicas a larga distancia tienen un mensaje único: “soy un macho de la especie X, si eres una hembra receptiva de mi especie acércate, si eres otro macho de mi especie, aléjate”. Por consiguiente, la información sobre la identidad de la especie es muy importante en estos mensajes. El canto es pues algo así como la firma de identidad de las especies, la característica que utilizan las hembras para decidir con quién aparearse.

Que la añoranza del confinamiento domiciliario nos lleve a reflexionar sobre lo mucho que necesitamos a la naturaleza.

El Día Mundial del Agua (22 de marzo) y el coronavirus

Foto: EFE.

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el 22 de diciembre de 1993 celebrar cada 22 de marzo el Día Mundial del Agua. El tema elegido para 2020, es el agua y el cambio climático. Sin duda, el agua es un buen indicador para conocer los efectos de nuestra relación con el planeta, porque acaba reflejando en ella todo lo que opera sobre la biosfera.

El agua es la base de la vida y es un recurso crucial para la humanidad, que genera y sostiene la prosperidad económica, social, cultural y medioambiental. Desgraciadamente, hoy en día, 2,1 billones de personas viven sin acceso seguro al agua en su casa, lo que afecta a su salud, educación y forma de vida.

Uno de los primeros impactos que está teniendo la crisis climática -el mayor desafío ambiental que tiene actualmente la humanidad-, es la menor disponibilidad del agua. Otro de nuestros desmanes, reflejado en ríos y acuíferos, es la contaminación. Pervive una idea de los ríos presidida por su función de arrastre, que los convierte en vertedero de todo aquello que no queremos ver ni oler.

Inundaciones en la India. Foto: DEIA.

Por otra parte, la crisis climática está también detrás de la mayor frecuencia con que estamos sufriendo fenómenos meteorológicos extremos que dan lugar a desastres mal llamados “naturales”. En el V Informe de Evaluación del Cambio Climático del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, conocido por el acrónimo en inglés IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), se recuerda que el “90% de los desastres naturales de los últimos 18 años han sido avenidas, sequías y tormentas, desastres que han afectado a 4.200 millones de personas desde 1992”. Tras ello, como han certificado diversos estudios científicos, emerge de nuevo el cambio climático.

Según se plantea en el Perfil Ambiental 2018, referido exclusivamente al cambio climático, y elaborado por la Sociedad Pública de Gestión Ambiental (Ihobe), dependiente del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, algunos de los impactos en nuestro país serán el cambio progresivo de variables climáticas (temperatura media, precipitaciones, etcétera); mayor frecuencia y severidad de eventos extremos (inundaciones, olas de calor); subida del nivel del mar (ascenso de entre 29 y 49 cm para finales de siglo, retroceso de playas y aumento del riesgo de inundaciones); y disminución del aporte de agua en invierno y primavera (6-13%).

El agua contaminada por plásticos

Sin duda, en estos días y los próximos, esperemos que sean los menos, nuestra máxima preocupación y es lógico que lo sea, es el COVID19. Aunque ahora parece algo apocalíptico, se puede quedar en nada en comparación con lo que puede ocurrir en unos años con los efectos de la crisis climática, como es incremento de enfermedades, clima extremo, aumento del nivel del mar, variación en los regímenes de lluvias, pérdida de cosechas, etcétera.

Partiendo de que la superación del coronavirus sea lo antes posible, es imprescindible que esta pandemia nos sirva para acometer en mejores condiciones la crisis climática. Para evitar un cambio climático de graves consecuencias, se necesita actuar con decisión y urgencia, antes de que sea tarde. Las medidas que se necesitan contra el cambio climático no deberían levantarse sobre medidas de contención y defensivas, como es el caso del coronavirus, sino sobre medidas de precaución y cambios radicales en el modelo de producción y consumo, contribuyendo a la construcción de una sociedad mejor, más equitativa y en paz con la naturaleza.

Disfrutar de la naturaleza con respeto y responsabilidad

Hayas en Peñacerrada (Álava). 01.04.19.

El pasado 3 de marzo, como todos los años desde 2013, se celebra el Día Mundial de la Naturaleza, jornada con la que se pretende sensibilizar sobre la necesidad de preservar la biodiversidad de nuestro planeta, aunque esta práctica hay que hacerla a lo largo de los 365 días del año. Casi una cuarta parte de las especies están en riesgo de extinguirse durante las próximas décadas. Dar a conocer el medio natural, la biodiversidad. los ecosistemas….., es una buena forma para aprender a valorarlos y conservarlos.

Un dicho popular dice que “para amar algo hay que conocerlo”. Por eso animo a la ciudadanía a que vuelva a la naturaleza y contacte con su entorno, para admirar la belleza de nuestro pequeño hogar planetario, así como también denunciar sus amenazas y tratar de frenarlas.

Somos cada vez más las personas que tenemos costumbre de acudir al medio natural lo que los naturalistas llamamos “salidas al campo”. Cualquier fin de semana y ahora que se acerca la primavera es fácil ver excursionistas, senderistas, aficionados a la observación de las aves, etcétera, entre otras muchas personas, recorrer el campo disfrutando del aire libre y de la paz interior y exterior que sólo la naturaleza nos puede regalar.

Pero también cuando estamos en plena naturaleza, no debemos pensar que uno o una puede hacer lo que le viene en gana. Tenemos que ser conscientes que nuestra forma de actuar es muy importante. Un uso inadecuado de estos lugares puede provocar notables impactos en el suelo, en la flora y la fauna. Si a esto se añade la extraña costumbre de arrojar basuras, no es de extrañar que muchos lugares estén tan degradados que casi no sirven para su fin original: el descanso y el contacto con la naturaleza.

Por eso, hay que observar unas normas de comportamiento. Al lado de montañeros y montañeras, naturalistas y familias también salen al campo personas que meten ruido, que realizan verdaderas “diabluras” como dejar señales en los árboles, y también siguen existiendo los tristemente célebres “domingueros”, que dejar la basura por todas partes.

Muchas veces se piensa que determinados residuos arrojados en el campo se degradan sin mayores problemas. Nada más lejos de la realidad. Un papel clínex puede tardar tres o cuatro meses en degradarse, los restos de comida no terminarán de pudrirlos los microorganismos del suelo antes de ocho meses, un cigarrillo con filtro requerirá de 1 a 2 años, y un papel de periódico -mucho más resistente que los papeles higiénicos-, unos cinco años, más o menos los mismos que un chicle. Pero lo peor son los envases, que supone el 40% de los residuos que se acumulan en el medio natural. Hechos para durar y con el peso mínimo para que facilite el transporte del contenido, los envases son el resultado de complejos procesos químicos que nada tienen que ver con los materiales que se encuentran en la Naturaleza. En su inmensa mayoría, los envases no tienen insectos, hongos o bacterias que los degraden y es la erosión y los agentes químicos naturales quienes harán el trabajo de retirarlos de la vista. Un bote de hojalata, no se degrada antes de una década; un tetrabrik (compuesto de cartón, plástico y aluminio) resiste a la erosión varias décadas; una bolsa de plástico, 55 años; una botella de plástico, 500 años; y así podríamos seguir.

Otro objeto insignificante para nuestra vida, pero enormemente dañino para la naturaleza son las anillas que sujetan las latas de refresco. Miles y miles de estos envases se tiran cada año de forma incontrolada en nuestra comunidad, de modo que los aros estrangulan a multitud de pequeños mamíferos y aves que introducen la cabeza en ellos para jugar y ya no pueden sacarla.

Pico picapinos. (Dentrocopos major. Okil handi). Parque Natural Izki (Araba). 02.07.18.

Finalmente, el acumulo de desperdicios degrada también el paisaje. Asimismo, otra acción del ser humano que provoca un fuerte impacto en la vegetación y la flora, es el corte de leñas para hacer fuego, corte que generalmente se produce sobre cualquier vegetal y en cualquier estado, hecho que favorece en muchos casos la implantación de parásitos en las heridas abiertas al árbol. Cuando existen plagas en bosques próximos el riesgo se incrementa considerablemente.

Macizo de Anboto (Bizkaia)

Así, en primer lugar, es necesario actuar con el sentido común, evitando los fuegos, el destrozo de la vegetación, no arrancando, talando o serrando ramas ni árboles para construir refugios o en general esas simpáticas cabañas. Además, esas prácticas están penadas por la ley.

Con respecto a la basura, hay que poner en marcha nuestro propio programa de vertido cero. Los desperdicios deben ser depositados en el contenedor más próximo o, si no lo hay, llevarse la basura a casa, dejando el lugar de forma que parezca que allí no ha estado nadie.

No dañar vallas, setos y tapias. Además de los daños inherentes a la rotura del límite, un muro de piedra puede ser, también, refugio para fauna como insectos, arácnidos, reptiles y micromamíferos, amén de ser Patrimonio Cultural.

La espeleología no debería convertir las cuevas en horribles muestrarios de estalactitas y efímeras declaraciones amorosas o de otro tipo indeleblemente grabadas en la roca.

Migraciones de aves en primavera

Golondrina común (Hirundo rustica), en Valdegobia (Alava). 29.03.18.

En pocas semanas entraremos en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. La primavera marca un nuevo ciclo, el sol que vuelve a salir nos conecta con el optimismo, con nuestra fuerza vital y nuestra disposición para comenzar de nuevo.

Si bien en los paisajes nunca nada queda terminado, al menos en algunos casos se puede dar por completos ciertos ciclos. Por ejemplo, el de las migraciones de aves en primavera. La llegada a nuestros ámbitos de todos los componentes de sus comunidades zoológicas se cierra, en efecto, a lo largo de las semanas centrales de mayo. Las aves del estío, esas que únicamente son peninsulares durante los meses cálidos, en realidad comenzaron a llegar incluso en pleno invierno.

Febrero y marzo y también enero, registran trasiegos que van llenando nuestros paisajes de nuevos colores, aleteos y cantos. Así, por ejemplo, los primeros ejemplares de la golondrina común llegan cada vez de forma más adelantada. En abril nos alcanzan especies como los vencejos comunes, abubilla, ruiseñores comunes, abejarucos europeos, oropéndolas europeas y un largo etcétera.

En abril nos alcanzan especies como los vencejos comunes (Apus apus), abubilla (Upupa epops), ruiseñores comunes (Luscinia megarhynchos), abejarucos europeos (Merops apiaster), oropéndolas europeas (Oriolus oriolus) y un largo etcétera.

Abubilla (Upupa epops), en Larraga (Navarra). 14.04.18

Y por citar a algunas de estas especies, me voy a referir a los vencejos, que son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus), en Osorno (Palencia). 15.05.17

Y cerrará la migración de primavera en mayo el abejero europeo (Pernis apivorus), una rapaz ciertamente original en cuanto a la alimentación se refiere. Y es que, a pesar de su envergadura de casi metro y medio, estas aves comen principalmente abejas, avispas y sus larvas.

Los anticipos de la primavera


Petirrojo europeo (Erithacus rubecula. Txantxangorria). Peñacerrada (Alava). 18.02.2019.

En pocas semanas entraremos en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. Porque, si cada estación climatológica supone una serie de cambios en los elementos que componen los ecosistemas, la primavera puede ser calificada como el renacer y resurgir de la vida. Alimento y agua en abundancia, apareamientos, crianza, migraciones, floración…Una época sin igual para descubrir esos mágicos mecanismos que regulan el sorprendente equilibrio de los ecosistemas.

La primavera, en sus inicios, como todo lo que pretende alcanzar el esplendor, se comporta con precauciones, con sondeos. A ráfagas, en suma… Lanza tentaciones de ella misma para indagar cómo de receptivo se muestra el paisaje. También se repliega hasta casi desaparecer y le deja la totalidad del derredor al frío, a esos blancos absolutos de la nevada, aunque de estas, cada vez menos.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.18. Cada vez se adelantan más, y tiene que ver con el cambio climático.

Las misivas, en realidad anticipos o prólogos, resultan esencialmente cromáticas. Será el color, mucho más que el olor o el calor, lo que abra rendijas para la novedad en las puertas del calendario. Ya han amanecido tonos en unas algunas flores, comenzando con los narcisos y algunas más. A los que se suman suspiros, necesariamente aéreos, en los primeros escalones del cielo. Ya están volando unas pocas especies de mariposas y en las próximas semanas serán muchas más.

Pocas invenciones de la vida alcanzan la compleja belleza de estos insectos. En ellos concurren una de las manifestaciones más veces evocadas de la fragilidad, algo que en absoluto se corresponde con la realidad. Porque las mariposas son tenaces, austeras, recias y hasta poderosas. Baten sus alas varias veces por segundo, alcanzan los 35 kilómetros por hora, resisten heladas si consiguen esconderse, y desafían al viento y a los pájaros que suelen perseguirlas.

Su suave cromatismo responde al papel de ilusionados reclamos que interpretan, a esa coquetería que la vida misma pone en marcha para lograr la atracción de los sexos. Una mariposa es un deseo a punto de cumplirse.

Las ofertas de la primavera son muchas, pero una de ellas, hermosísima, son ciertas coloraciones. Durante buena parte del mes de marzo, las laderas de las montañas de la península Ibérica se teñirán de rosáceos, malvas y azulencos. Los responsables son principalmente tres especies de la comunidad arbustiva: los brezos rubios, lavandas o cantuesos, y, en parte, los romeros.

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan. Aiako harria-Peñas de Aia (Gipuzkoa).

Pero los anticipos y los inicios de la primavera dan muchas más cosas. Es tiempo también de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia. Entre otros muchos pájaros, ahí tenemos al petirrojo -txantxangorri en euskera-, con su plumaje en el que destaca la amplia mancha anaranjada que se extiende por la cara, la garganta y el pecho, y lo cito porque es uno de mis preferidos, que tiene un canto muy melodioso. Reclama y canta a lo largo de todo el día, pero especialmente por la mañana muy temprano, incluso antes del amanecer. 

Luces en la naturaleza que se apagan

Luciérnaga. Las denominaciones aluden a la luminiscencia: lucero, lucerico, lucete o luciente en zonas de Aragón, Andalucía oriental, etc. Por otro lado, los nombres hacen tambi´én referencia a un insecto que alumbra: gusano de luz, sapo luciente o bichito alumbra. En País Vasco y en Navarra, Ipurargi.

Algunos animales tienen la capacidad de proporcionarse luz a sí mismos. Una incandescencia que casi nunca usan para alumbrar su propio camino, sino para guiar al otro sexo. Son candiles para el amor.

La bioluminiscencia resulta fascinante por muchos motivos. Uno de ellos es su proceso fisiológico y su control con precisión, es decir, que estos animales se encienden y se apagan a voluntad. Se trata además de la más eficaz. Incluso más que la del sol, pues éste sólo convierte en fotones el 35% de su energía, mientras que los animales luminiscentes consiguen convertir el 95% de la energía empleada en el proceso en radiaciones lumínicas. Todo ello se debe a unas moléculas, de luciferina, que, al ponerse en contacto con el oxígeno atmosférico, con agua metabólica y la enzima luciferasa, se oxida a toda velocidad para originar destellos.

La bioluminiscencia se puede contemplar fácilmente en los mares donde abundan las pequeñas algas unicelulares que, al contacto con algo que se mueve en superficie, se encienden fugazmente.

La otra forma de acercamiento a la bioluminiscencia son las luciérnagas. ¿Quién no ha visto alguna vez una luciérnaga? Al menos, todos hemos oído hablar de ellas. Son unos bichitos antaño muy familiares en el mundo rural, que se encienden de noche como si llevaran una diminuta bombilla. Ya sea por los dibujos animados o por los peluches, por las poesías o los cuentos, los gusanos de luz forman parte de nuestras vivencias.

Luciérnagas volando en su hábitat natural (fergregory / Getty Images/iStockphoto).

Según las filólogas Esther Hernández e Isabel Molina, que publicaron hace ya dos décadas el estudio ‘Los nombres de la luciérnaga en la geografía lingüística de España y América’, las denominaciones aluden, por un lado, a la luminiscencia: lucero, lucerico, lucete o luciente en zonas de Navarra, Aragón y Andalucía oriental. Por otro lado, los nombres hacen referencia a un insecto que alumbra: gusano de luz, sapo luciente o bichito alumbra. En Cataluña, o en zonas limítrofes, también se usa cuca de llum, y en País Vasco y en Navarra, Ipurargi.

La pérdida de hábitat, el uso de pesticidas y, sorprendentemente, la luz artificial son las tres amenazas más graves que ponen en peligro a las luciérnagas en todo el mundo, elevando el espectro de extinción para ciertas especies y los impactos relacionados en la biodiversidad y ecoturismo, según un equipo de biólogos liderado por la Universidad de Tufts.

Las luciérnagas pertenecen a un grupo de insectos extendido y económicamente importante, con más de 2.000 especies diferentes repartidas por todo el mundo.

Para comprender mejor qué amenazas enfrentan las luciérnagas, el equipo dirigido por Sara Lewis, profesora de biología en la Universidad de Tufts, asociada con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), encuestó a expertos en luciérnagas de todo el mundo para evaluar las amenazas más importantes para la supervivencia de sus especies locales.

Su artículo de perspectiva, publicado el pasado lunes 3 de febrero en la revista ‘Bioscience’, advierte sobre el futuro de estos insectos, destacando amenazas específicas y la vulnerabilidad de diferentes especies en las regiones geográficas.

La pérdida de hábitat es la amenaza más crítica para la supervivencia de la luciérnaga en la mayoría de las regiones geográficas, seguida de la contaminación lumínica y el uso de pesticidas. «Muchas especies de vida silvestre están disminuyendo porque su hábitat se está reduciendo -señalan los autores del estudio-, así que no fue una gran sorpresa que la pérdida de hábitat se considerara la mayor amenaza. Algunas luciérnagas son amenazadas especialmente cuando desaparece su hábitat porque necesitan condiciones especiales para completar su ciclo de vida”.

Por otra parte, los insecticidas como los organofosforados y los neonicotinoides están diseñados para matar las plagas, pero también tienen efectos fuera del objetivo en los insectos beneficiosos. Si bien se necesita más investigación, la evidencia muestra que muchos insecticidas de uso común son perjudiciales para las luciérnagas.

Según los autores del estudio publicado en la revista ‘Bioscience’, al mostrar estas amenazas y evaluar el estado de conservación de las especies de luciérnagas en todo el mundo, se pretende preservar las luces mágicas de las luciérnagas para el disfrute de las generaciones futuras.

Muchos hemos tenido la experiencia de ver luciérnagas en plena naturaleza en las noches de verano, quizá en nuestro jardín, en una huerta o a la vera de un camino. De hecho, en comparación con otros muchos animalitos, son fáciles de reconocer. Cuando uno ve una lucecita brillando de noche sobre la hierba o entre la maleza, o acaso entre las oquedades de un muro de piedra, se puede estar casi seguro de que se trata de una luciérnaga.

Sólo emite luz la hembra, que tiene apariencia de gusano, y que de este modo tan peculiar llama la atención de los machos que estarán en ruta, buscando amores. Los machos, destinatarios del código de señales luminosas, tienen el aspecto de todos los coleópteros.

Luciérnagas en Mexico. Foto: La Vanguardia

Tienen caparazón y poseen alas para volar en busca de esa fosforescencia que, desde los arbustos o el suelo, los reclama para el amor. Un faro de señales amorosas fosforescentes que desgraciadamente, también se va apagando. Quién no las ha visto hace unos cuantos años y ahora en muy poquitas ocasiones, y quedábamos absortos observándolas. Para los que hemos conocido días y noches veraniegas con campos llenos de vida es algo muy triste y un claro síntoma de que el «progreso» nos está llevando al desastre medioambiental. Como en muchos casos semejantes, un sospechoso principal: el ser humano y su avance imparable. La pérdida de hábitat, la contaminación luminosa y el uso de herbicidas y plaguicidas parecen ser algunos de los responsables.

Sin duda, somos muchas y muchos quienes queremos mantener a las luciérnagas iluminando nuestras noches durante mucho, mucho tiempo. Además, las luciérnagas, especie de insecto luminiscente, es considerado un indicador clave para conocer el estado de conservación de los bosques húmedos y su biodiversidad en diferentes zonas del planeta.

Las abejas y su labor polinizadora

Abeja en su labor polinizadora

Las abejas están desapareciendo. Sin dejar rastro. En ocasiones en número de varios miles de individuos -una colmena entera- a lo largo de una sola noche. El fenómeno es de suma importancia pues dependemos de ellas en mayor medida de lo que pensamos. Sin abejas desaparecerían muchas especies vegetales. Tampoco tendríamos numerosos frutos o plantas de los que habitualmente nos alimentamos, y su producción de miel, cera o jalea real.

Se estima que las abejas existen en nuestro planeta desde hace unos 80 millones de años. Su estilo de vida ha conllevado el que necesiten del néctar de las flores para su subsistencia con lo que en su diario ajetreo van transportando este último de unas plantas a otras. De esta manera, no sólo se logra la fecundación de las plantas (reciben los granos de polen de otras flores, aportados por las abejas en sus numerosos vuelos), sino que con ello se consigue una diversificación de las características de cada vegetal algo que resultaría imposible sin la inestimable ayuda de estos insectos.

La labor polinizadora de las abejas resulta esencial para el desarrollo de árboles y plantas como manzanos, perales, albaricoqueros, pepinos, almendros, tomates, rábano, fresa, col, girasol, zanahoria, apio, cebolla, perro, romero y tomillo, por citar ejemplos bien conocidos. Todas ellas dependen, para su desarrollo habitual, de la fecundación por medio del polen que les aportan las abejas en su diaria visita, por lo que, sin la labor de estos insectos, perderíamos la posibilidad de alimentarnos con sus productos. En concreto el 80% de las plantas con flores que se cultivan en Europa depende, para su desarrollo, de la labor polinizadora de las abejas. En general, el 35% de la producción de alimentos se obtiene gracias a estos insectos.

Por todo ello, la importancia de proteger a estos insectos. Desde un punto de vista económico, se ha calculado que el valor de esta labor realizada por las abejas para la agricultura podría estar en torno a los 265.000 millones de euros anuales en todo el mundo, así que su desaparición sería devastadora para la producción alimentaria. Sólo en Europa, más de 4.000 cultivos de productos como el calabacín, el albaricoque, la almendra o el cilantro dependen de la labor de los insectos polinizadores.

Colmena de abejas. Saldaña (Palencia).

La desaparición de las abejas se viene observando desde finales de los años 90, con tasas inusualmente altas de descenso en las poblaciones de las colonias de este insecto. Según los expertos, las causas de su desaparición son varias. Por un lado, una de las principales amenazas la constituyen los plaguicidas químicos tóxicos que se utilizan en la agricultura, ya que algunos de ellos tienen efectos letales sobre las abejas, que se envenenan al consumir el polen y néctar contaminados. Por otro lado, las abejas se están debilitando como consecuencia del cambio climático, los parásitos y las enfermedades.

Nido de la avispa asiática (Vespa velutina)

Pero también, está la avispa asiática (Vespa velutina), cuya presencia en Europa y en Euskadi se detectó por primera vez a finales de 2005. Estos insectos tienen una longitud de 30 milímetros, y las reinas pueden ser incluso mayores. Su corpulencia es tres veces mayor que la de la abeja europea. El alimento principal de este tipo de avispa es la abeja. Le corta la cabeza, así como la parte del aguijón y luego la devora o bien la transporta al nido para alimento de la especie. Al final del otoño, cuando las abejas se retiran, esta avispa se atreve incluso a entrar en sus colmenas. Se estima que son suficientes cuatro individuos para provocar la muerte de toda una comunidad. Atacan principalmente a aquellas que llegan cargadas de polen y cuyos movimientos resultan más torpes debido precisamente al material que transportan.

¿Por San Blas, la cigüeña verás?

Nido de cigüeña blanca (Ciconia ciconia. Amiamoko zuria) en el Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 28.01.18.

El 3 de febrero se celebra la festividad de San Blas, y con ella el refranero dice que “Por San Blas, la cigüeña verás”. Pero eran otros tiempos.

Según datos de SEO/BirdLife cada vez son más las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia. Amiamoko zuria) que permanecen todo el año en la península Ibérica, sobre todo por el fácil acceso a comida en los vertederos. Este hecho, que ha permitido la recuperación de la especie, puede tener otra cara: los elementos tóxicos de la basura inciden en la salud de las aves.

Antes de la concentración de residuos humanos en los grandes vertederos urbanos, apenas el 2% de la dieta de las cigüeñas provenía de basura. En la actualidad, supera el 75%.

Cigüeñas blancas en el vertedero de Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). 18.02.18.

Sin embargo, y tal y como se dice en una publicación de SEO/BirdLife, no es la única intervención del ser humano sobre la especie. “Antiguamente, se recibía a las cigüeñas como auténticas deidades o símbolos de buenaventura, con capazo de bebé incluido. En la actualidad, es cada vez más fácil ver todo tipo de sofisticados dispositivos para evitar que aniden en los tejados de iglesias y edificios: empalizadas de pinchos afilados, dispositivos antiposado o cables electrificados que, en algunos casos, son de dudosa legalidad. A ello se unen las retiradas de nidos dentro del periodo de cría”.

Este tipo de soluciones no siempre se ajustan a Derecho. “Las cigüeñas están protegidas por la legislación nacional y europea, al igual que sus nidos, pollos y huevos. Darles muerte, molestarlas o destruir sus nidos puede llegar a ser delito”, explica el responsable de Especies Amenazadas de SEO/BirdLife, Nicolás López. “A través de todo tipo de dispositivos, se trata de impedir la llegada y nidificación de las aves en los tejados, un gesto que puede llegar a ser delito. La cigüeña blanca, una especie protegida, forma parte de nuestro patrimonio natural que debe y merece convivir con el patrimonio histórico”.

Pero, también se puede producir un nuevo contexto, producido por el cumplimiento de la normativa europea, por la que los vertederos se van adaptando y sellando paulatinamente. La desaparición de basura al aire libre puede impactar, a corto plazo, en el número de ejemplares, pero, a la larga, puede ser su propio seguro de vida y devolver a la población de cigüeñas a estado más natural, esto es, a las migraciones que las hacen volver por San Blas, o unas semanas antes.

Cigüeñas copulando en el humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 25.03.17.
 

Concretamente, el cambio climático y la facilidad para obtener comida en los vertederos como se ha comentado anteriormente, han cambiado también su rutina, y en algunos lugares, y, por ejemplo, en el País Vasco, han llegado a venir a finales de noviembre y primeros de diciembre.  Es decir, con un adelanto de unos dos meses, con respecto a la fecha de San Blas.