El `tamborileo´ del pico picapinos

Pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia). Parque Natural de Izki (Alava). 08.06.18.

Uno de nuestros más extendidos y habituales pájaros carpinteros, el pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia), es un ave dotada de un poderoso pico, que posee una prodigiosa capacidad para taladrar las maderas más resistentes. Estas cualidades le permiten instalarse en una gran variedad de hábitats forestales.  Este pájaro, además, da muestras de una gran elasticidad a la hora de alimentarse, ya que consume tanto insectos como todo tipo de frutos.

Es un pájaro carpintero blanco y negro con cloaca de color rojo brillante, y es el que posee un plumaje más llamativo. Su identificación no ofrece dudas cuando se le distingue posado contra el tronco de un árbol, como cuando vuela.

Pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia). Parque Natural de Izki (Alava). 08.06.18.

Es sedentario, pero cada pocos años se producen irrupciones a gran escala a fines del verano y las aves recorren distancias más amplias.

El tamborileo fuerte y de largo alcance es una de las características más conocidas de este pájaro. El pico picapinos golpea con extraordinaria rapidez y en cortos intervalos 12 veces seguidas la superficie sin corteza de un árbol seco o hueco con preferencia. Es curioso observar la querencia que este pájaro tiene por determinado árbol y a él acude a “tamborilear”.

Al pico picapinos y otros pájaros carpinteros, como el pico mediano, entre otros, se le puede encontrar en el Parque Natural de Izki. Este parque alavés cuenta con uno de los bosques de roble marojo más grandes de Europa. La diversidad vegetal y paisajística y el aislamiento de la zona propician la existencia de una abundante y rica fauna. El bosque, asentado en la cuenca del río Izki, alberga grandes mamíferos como el jabalí, el corzo o el gato montés, así como una buena representación de aves forestales. Junto a los distintos pájaros carpinteros, conviven el abejero europeo, el alimoche, el buitre leonado, el águila real, el halcón peregrino, el azor, el mirlo acuático o el carbonero, entre otros.

Pico mediano (Leiopicos medius. Okil ertain). Autor: Mikel Arrazola. Parque Natural de Izki (Alava). 12.03.14.

El único núcleo de población ubicado en el corazón del Parque es Corres, que, con su tipología arquitectónica medieval, está enclavado en la parte alta de un espectacular desfiladero. Desde Corres, se pueden iniciar dos rutas que atraviesan el parque, igual de bellas.

Aves y calidad de vida

Avefría europea. Vanellus vanellus. Hegabera. Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 15.01.18.

El índice de calidad de vida va incluyendo cada vez más aspectos culturales, biológicos y ambientales. Y en ellos, las aves son un verdadero termómetro para medir la calidad de los ecosistemas, del medio ambiente, y, en definitiva, de la calidad de vida. La oficina estadística europea Eurostat incluye el seguimiento de las poblaciones de aves entre los índices más importantes para evaluar la sostenibilidad y el bienestar social.

Esa es la tendencia que se registra sobre todo en algunos países europeos como Gran Bretaña, Holanda, Dinamarca, Alemania…, de forma mucho más acusada que en el Estado Español. En dichos países se ha dado hace años un paso realmente espectacular y de horizontes muy crecederos. Las administraciones de esos países han incluido entre los aspectos para medir el bienestar nada menos que la variedad y la cantidad de aves avecindadas en un lugar. Medida que no puede resultar más coherente. Porque no hace falta ser un experto ecólogo para reconocer que la presencia de animales tan conspicuos, visual y acústicamente, como las aves, delatan las características de la totalidad del derredor que usan. Una de las leyes más sólidas de la ciencia que estudia los nexos entre todas las formas de vida y entre éstas y los ámbitos que posibilitan su existencia es precisamente que todo tiene una enorme trastienda. Lo que no vemos sostiene a lo que vemos. Tras cada pájaro cantando hay siempre un complejo sistema que debe mantener muchas vidas y mucha salud para que hasta nuestros tímpanos llegue esa música sin partituras.

Las aves son signos externos de esas otras riquezas que son las aguas limpias, los suelos fértiles, los bosques, y una cierta alianza entre los usos humanos y espontáneos de ese mismo paisaje.

Cuando se usa con tintes despectivos el término “pajarero”’, ciertamente se ignora que nadie detecta mejor la creciente degradación ambiental que los ornitólogos. Sus conocimientos sobre el paisaje equivalen a los que el médico de cabecera tiene sobre nuestra salud física.

Tras la presencia de una comunidad zoológica en un espacio concreto, lo que deducimos es una reducida contaminación de los aires, los alimentos, escaso o nulo ruido, variedad vegetal y hasta escasa prisa. Esos parámetros van configurando la convencional idea del lugar idílico, ameno, agradable, delirante, encantador, etcétera; es decir, de ese ámbito al que aspiramos casi todos, al menos a la hora de relajarnos, descansar o conseguir calidad ambiental en el entorno donde se vive.

El Índice de Aves Comunes o Common Bird Index es uno de los referentes principales del Sustainable Development Indicator de Eurostat, que sitúa el estado de las poblaciones silvestres de aves junto a referentes de otro tipo, como el nivel de empleo, el consumo de energía o la esperanza de vida, para calibrar el grado de bienestar real que tiene los y las europeas.

Paloma Torcaz (Columba palumbus. Pagauso). Montoria (Álava). 12.10.18.

Eurostat acumula desde hace décadas datos para tres indicadores: aves agrarias, forestales y comunes, que permiten valorar de forma efectiva la evolución del medio ambiente a lo largo del tiempo.

Este índice revela, por ejemplo, un descenso muy acusado de las aves ligadas al medio agrario, un claro indicativo del abandono e intensificación de la producción agropecuaria en Europa, que está provocando una alteración de los paisajes rurales, una grave pérdida de la biodiversidad y un empobrecimiento de los campos y las poblaciones rurales.

Uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad es conservar y detener la pérdida de biodiversidad. Hay que ser conscientes de que la protección de los hábitats y las especies es la única garantía actual para asegurar el futuro del planeta.

Sin duda, un aspecto importante en la política ambiental a impulsar en Euskadi es preservar el medio natural para que pueda ser legado a las futuras generaciones en las mejores condiciones posibles, a pesar de la degradación de los ecosistemas que ha habido. Y en este capítulo quiero señalar la importancia que tiene la necesidad de conocer y dar a conocer la diversidad ornitológica, como una forma importantísima de proteger la naturaleza.

Observación de aves en el Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz). 18.11.19.

Y también, porque observar aves en el País Vasco, es una de las mejores formas de disfrutar de la naturaleza. Lo podemos hacer en diversas épocas del año, como en otoño, estación en la que su situación privilegiada la convierte en paso obligado de las rutas migratorias europeas más importantes.

Día Mundial de las aves migratorias: “Las aves conectan nuestro mundo”

Bando de grullas (Grus grus. Kurrillo arrunt) a su paso por Montoria (Alava). 11.11.18.

El Día Mundial de las Aves Migratorias se celebra en dos días clave cada año (los segundos sábados de mayo y octubre) para resaltar la necesidad de colaboración internacional para garantizar la conservación de las aves migratorias y sus hábitats a nivel mundial. Por tanto, esta vez toca al día 10 de octubre.

Aproximadamente 1.800 de las 11.000 especies de aves del mundo migran, y la península Ibérica es uno de los principales corredores migratorios del mundo por su ubicación geográfica.

Además de su belleza, ya sea por su canto o por el color de su plumaje, las aves también son el símbolo de la interconexión que existe entre los diversos ecosistemas del planeta. De ahí la importancia de su protección y la conservación de las áreas donde viven, ya que su presencia nos revela la salud ecológica del planeta y los daños que podríamos estar causando con nuestras actividades.

Es por ello que, para este año, el Día Mundial de las Aves Migratorias, que se lleva a cabo el 10 de octubre, tiene como lema: «Las aves conectan nuestro mundo», ya que éstas forman parte de nuestro patrimonio natural compartido. Y tanto su comportamiento como su presencia o ausencia a lo largo de sus trayectorias migratorias nos revelan la magnitud que tiene el cambio climático y sus efectos en los diversos ecosistemas.

Nido de cigüeñas (Ciconia ciconia) en Salburua (Vitoria-Gasteiz). 28.01.28.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales. ¿De dónde venían todas esas aves que aparecían en ciertas épocas del año y a dónde se iban cuando desaparecían? Algunas de las respuestas que se dieron antaño pueden resultarnos hoy cómicas, pero hubo un tiempo en el que se creyó firmemente que las aves se escondían para hibernar, que ciertas especies se convertían en otras e incluso que algunas migraban a la luna. Varias de estas ideas erróneas perduraron sorprendentemente durante muchos siglos entre la comunidad científica. Por ejemplo, en sus Migrationes Avium de 1757 Linneo seguía defendiendo las teorías de Aristóteles y aseguraba que las golondrinas se enterraban en los fangos de lagos y bahías de manera similar a los anfibios para pasar el invierno y emerger de su entierro llegada la primavera.

No fue hasta principios del siglo XIX cuando empezaron a realizarse de manera sistemática los primeros estudios sobre la migración de las aves con el propósito de averiguar a dónde iban y de dónde venían ciertas especies. Se comenzó de la manera más simple posible: observando. La lenta pero incesante acumulación de información acerca de cuándo y dónde llegaban, pasaban o se iban, dio sus frutos y a mediados del XIX ya se conocía el calendario de estancia de muchas especies. 

Las numerosas expediciones naturalistas a África también fueron trascendentales al observar y recolectar en invierno ejemplares pertenecientes a las mismas especies que se encontraban en Europa sólo durante la primavera y el verano. No en vano, dos siglos antes el naturalista francés Pierre Belon ya decía que las planicies egipcias se tornaban blancas de tantas cigüeñas como allí se concentraban en septiembre y octubre, y no iba desencaminado al decir que se marchaban a África porque allí no hacía tanto frío en invierno como en Europa, mientras que regresaban aquí para huir del calor tórrido del desierto en verano.

Precisamente fue una cigüeña, cazada en 1822 en Alemania, el ave que proporcionó la primera prueba material de que había estado en África, al encontrársele clavada una flecha que por sus características pertenecía a alguna de las tribus que por aquel entonces poblaban la región occidental subsahariana. Pero hasta la introducción del anillamiento a finales del siglo XIX no se pudieron establecer vínculos inequívocos entre sus lugares de origen y destino. Esto permitió trazar con precisión las zonas de paso e invernada de muchas especies y poblaciones. No obstante, después de un siglo y con decenas de millones de individuos marcados, el anillamiento sigue resultando infructuoso para muchas especies debido a las bajísimas tasas de recuperación, lo que genera, aún hoy, importantes lagunas sobre aspectos básicos de la migración de algunas aves.

Bando de grullas en la Cendea de Galar (Navarra). 01.11.18.

Cada anilla lleva un número a modo de DNI y una dirección o remite de contacto. El anillamiento es el método más barato y general, pero las últimas tecnologías permiten hoy emplear sistemas de geolocalización y seguimiento remoto como emisores satélite-GPS, geolocalizadores y datalogger. Estos nuevos sistemas de marcaje aportan información mucho más detallada sobre el pájaro. Establecen la localización del ave varias veces al día durante años, por lo que permiten conocer matices como cuánto tiempo permanecen en sus áreas de cría e invernada, cuándo inician su migración, por dónde la realizan, en qué puntos paran para descansar, su velocidad de migración y numerosos aspectos hasta ahora desconocidos.

Estamos en unas fechas y todavía lo serán más en las próximas semanas, en que nuestros paisajes están siendo acariciados por el batir de, al menos, mil millones de alas. Tengamos en cuenta que los expertos ornitólogos estiman que la población de aves invernantes en la península Ibérica puede alcanzar la cifra de unos 500 millones. Sobre todo, cuando olas de frío, empujadas por vientos del norte de Europa, se instalan en nuestro derredor.

“kru-kru-kru”, grullas a la vista

Dentro de unos días veremos a las grullas comunes (Grus grus.Kurrilo arrunt) haciendo el viaje de su migración hacia la península Ibérica y el norte de África. La ruta que siguen invariablemente es una ancha banda de unos cientos de kilómetros que atraviesa Europa, alcanzando la península Ibérica por el Pirineo occidental. En el mes de marzo utilizan el mismo camino para regresar a sus zonas de cría en el norte de Europa y Rusia.

Grullas en vuelo. Montoria (Alava). 01.11.17.

Una V formada por grandes aves, volando a gran altura, con el cuello estirado, con pesadas y amplias batidas de alas y con un “kru-kru-kru” incesante, denota el primer bando de grullas. A diferencia de los gansos, las grullas no conservan mucho tiempo esta disposición en V.

En el Estado Español invernan en número elevado en puntos del centro y todo el sudoeste. Sus lugares habituales de estancia en esta época son los encinares y campos cultivados de cereales, que les proporcionan alimento abundante, aunque utilizan zonas peladas como dormideros, siendo espectacular el trasiego al amanecer y anochecer.

Pero este fascinante viaje desde el Norte de Europa y cuyo destino es la península Ibérica y el norte de África, se inicia a finales de septiembre, cuando los vientos fríos del norte del Viejo Continente anuncian el otoño y las primeras nieves.

Una vez que las primeras grullas crucen los Pirineos por Navarra, se dirigirán a la laguna de Gallocanta (entre Zaragoza y Teruel). Por allí pasarán, en algún momento, casi todas las 150.000 grullas que hacen la invernada en España y Marruecos. Desde allí se irán distribuyendo en bandadas por las dehesas del suroeste peninsular.

Grullas en la Laguna de Gallocanta: la 17ª despedida 03.02.16. Foto: Aragón Documenta.

Entre el 45% y el 50% de todas las grullas de Europa Occidental eligen las dehesas extremeñas para pasar los meses de invierno. El resto de las grullas que entran en la península se reparten entre los Parques nacionales de Castilla-La Mancha de Las Tablas de Daimiel y Cabañeros, y más hacia el sur, en La Janda en Cádiz y otras prosiguen su viaje a las regiones costeras del norte de África vía Marruecos, donde una de las poblaciones invernantes más importantes se encuentra en la desembocadura del río Massa.

La invernada de la grulla común se ha convertido en uno de los grandes atractivos turísticos de las zonas citadas, que durante los meses de invierno acogen a miles de ejemplares de estas aves que llegan a la península ibérica desde el norte de Europa.

Bando de grullas a su paso por Salinas de Galar (Navarra). 12.10.18.

Durante su estancia en la Península Ibérica la grulla común se alimenta mayormente de semillas, bulbos, tubérculos y rizomas, pero también incorpora pequeños animales (invertebrados o pequeños vertebrados) a su dieta si puede capturarlos mientras se aprovisiona de vegetales.

Grulla común. Grus grus. Kurrilo arrunt.

Los vencejos, su vuelo y ese poder sanador de la naturaleza

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

Dos fechas después del Día Mundial del Medio Ambiente, 5 de junio, llega el Día Mundial de los Vencejos, el domingo, 7 de junio, aves que, ahora mismo, y junto a golondrinas y aviones, ejemplifican como pocos ese poder sanador de la naturaleza que muchas veces lo olvidamos. En este sentido, es necesario insistir en la importancia de los pájaros insectívoros a la hora de regular las poblaciones de insectos voladores, en este caso mosquitos, y de evitar la formación de plagas. Los vencejos figuran entre los más importantes consumidores de pequeños dípteros, y se desplazan en altura siguiendo la localización de sus bandadas a lo largo del día.

Las notas que permiten el allegro vivace de junio son que los cereales hayan culminado su granear. Que las hojas de los árboles escondan millones de nidos. Que miles de generaciones nuevas de anfibios y peces se apoderen de las aguas. Y que los cachorros de casi todos los mamíferos estén creciendo.

Lo natural no renuncia a dejar estelas de su renovación en todas partes. Una de las más frecuentes, conspicuas y urbanas son las hordas de negros vencejos que chirrían sobre nuestras cabezas por todas partes. No hay azul sobre las ciudades y los pueblos que a partir de estas fechas no sea patrullado por bandadas de estas aves.

Tanto su silueta en uve como los chillidos que conforman su canto son muy familiares durante los meses del verano. Los vencejos comunes, Apus apus, representan la más perfecta adaptación al vuelo que pueda imaginarse en el mundo de las aves. En pueblos y ciudades de la península Ibérica, y en nuestra Euskadi, estos portentosos viajeros, que de Siberia a África pueden recorrer 30.000 kilómetros al año, ceban a sus crías a base de insectos capturados en su planeo.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

Fáciles de reconocer, no sólo por sus gritos, sino también por la silueta con alas muy largas y curvadas hacia atrás, como guadañas. Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población peninsular de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

En este sentido, no hace falta insistir en la importancia de los pájaros insectívoros a la hora de regular las poblaciones de insectos voladores, en este caso mosquitos, y de evitar la formación de plagas. Los vencejos figuran entre los más importantes consumidores de pequeños dípteros, y se desplazan en altura siguiendo la localización de sus bandadas a lo largo del día.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 17.06.18.

El vencejo se trata de un ave que viene a nuestras tierras en primavera y anuncia la llegada del calor. Es bien conocido por todos, ya que vuelan en grupos de una manera ágil, inquieta, con cientos de quiebros, planeos, cambios de direcciones y cabriolas, emite una serie de chillidos muy estridentes y llamativos fáciles de oír.

Algunos amantes de la ornitología construyen nidos artificiales para estos pájaros maravillosos en sus terrazas o en los tejados: una costumbre muy eficaz para la reproducción de la especie.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt. Espejo (Alava). 05.06.17.

Aquí pasarán el verano y desaparecerán a finales de esa estación para volver año tras año de la misma manera y a los mismos lugares. Esperemos que lo sigan haciendo.

El apagón mundial por el clima la ‘Hora del Planeta’, en casa por el Covid-19

La edición de este sábado 28 de marzo va acompañada del lema “Apaga la luz. Todo irá bien”, en referencia a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus.

A diferencia de muchos otros eventos, el apagón mundial de la Hora del Planeta, una iniciativa de WWF que busca combatir la crisis climática reduciendo el gasto energético, no se suspenderá este año como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19, sino que se seguirá celebrando, pero desde casa.

En esta edición la campaña, va acompañada del lema “Apaga la luz. Todo irá bien”. Durante el clásico apagón de luces, que este año tendrá lugar hoy, sábado 28 de marzo, entre las 20:30 y las 21:30h, los participantes podrán lanzar este mensaje en código morse desde sus ventanas usando sus móviles o linternas para “llenar de esperanza” los hogares.

La Hora del Planeta nació hace 13 años en Sidney (Australia) (Foto: EFE) y se empezó a celebrar hace 11 en el Estado español. Empezó como un gesto simbólico y se ha convertido en uno de los mayores eventos de movilización ambiental de la historia. De hecho, durante este tiempo se han unido a la campaña más de 180 países y millones de ciudadanos, ayuntamientos e instituciones………

En el actual contexto de emergencia planetaria, con la crisis climática y la acelerada pérdida de biodiversidad, se hace aún más necesaria la llamada a la acción urgente por parte de la sociedad. La crisis climática y la pandemia actual del Covid-19 no son tan distintas entre sí. Hay demasiadas similitudes y pocas diferencias. Sin embargo, mientras la respuesta al coronavirus está siendo contundente, con medidas drásticas que afectan a toda la sociedad, la respuesta a la crisis climática, aunque también es urgente, se sigue postergando o condicionando a intereses económicos o políticos cortoplacistas.

Es el momento de actuar. La ciencia es clara: quedan muy pocos años para evitar los peores impactos del cambio climático. Es ahora o nunca, hay que actuar antes de que sea tarde.

La naturaleza nos espera

Carbonero común (Parus major. Kaskabeltz handi). Sobron (Álava). 18.04.19.

La salud y la vida de las personas está por encima de todo, y, por tanto, no tenemos otra posibilidad que estar en nuestras casas, y esperar a la derrota del coronavirus.

Estamos en los comienzos de una nueva y mágica primavera, que siempre, encierra no pocos encantos. Y. en este sentido, es lógico que nos acordemos de ella.  Pero, por el bien común, por el bien de todos y todas, debemos seguir las instrucciones de las autoridades sanitarias hasta que todo pase.

Y, cuando pase, podremos hacer caminatas por el bosque, el campo y, en general, los entornos naturales, que suelen generar una sensación de bienestar, tanto a nivel físico como mental. Y poco a poco nos recuperaremos de tanto tiempo confinados.

Pasear por la naturaleza nos permitirá contemplar árboles, aves, nubes, una puesta de sol, y un sinfín de cosas más.   

Poco a poco la primavera, pasa por diversos escenarios. Y hablando de flores, el mes de marzo que va a finalizar en unos días, es el de las flores rosáceas y malvas de lavandas, brezos y romeros.  Durante buena parte del mes de marzo, las laderas de las montañas de la península Ibérica se han teñido de rosáceos, malvas y azulencos. Los responsables son principalmente tres especies de la comunidad arbustiva: los brezos rubios, lavandas, y, en parte, los romeros. En las praderas jugosas del Pirineo florecen los lirios blancos y las gencianas azules.

Con los primeros atisbos de abril, el paisaje, como si estuviera un poco harto de tanto morado, da un brusco giro hacia el limón. Ya estamos abriendo el calendario de los amarillos. Que comienza con los fogonazos, siempre muy espaciados, de los mimosos, árboles que se incendian incluso en febrero, pero que sujetan su flor hasta bien entrado abril. 

Nectarino en flor. Fitero (Navarra)

Pero la primavera también es tiempo de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia. La transparencia de un día que ya ha conquistado toda su estatura anual, permite que en nuestros ojos se multiplique la serena jugosidad del prado y del bosque. Y en todas las esquinas están eclosionando nuevas proles.

Vendrán las golondrinas, aunque cada vez lo hacen antes, que son las más conocidas de las ‘aves de primavera’. Pero, además, veremos a cigüeñas, cucos, vencejos, abejaruco europeo, milano negro, y un largo etcétera.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.18.

Como dice Carlos de Hita, especialista en el paisaje sonoro del Estado español y autor del libro ‘Viaje visual y sonoro por los bosques de España’ (Anaya Touring), en el que se recopila 74 grabaciones y descripciones de un archivo que lleva haciendo desde hace más de treinta años por toda la geografía peninsular, “la naturaleza se cuenta a través de los sonidos».

Sin duda, escuchar la naturaleza es un gran placer estético. Las vibraciones de las moléculas de aire (o de agua) que llamamos sonido encierran no sólo belleza, sino también mucha información. En todo tipo de medios se escucha cómo los animales tratan de comunicarse a distancia sobre el ruido de fondo, causado tanto por otros animales (incluso los humanos y sus actividades) como por el medio físico (agua, viento). El sonido es un sistema de comunicación valioso, pues evita los obstáculos y puede alcanzar grandes distancias. Los grupos más puramente acústicos dentro de los animales son los ortópteros, las cigarras, los anuros (anfibios sin cola) y las aves. A ellos habría que añadir los murciélagos y los mamíferos marinos, que también utilizan el medio acústico para orientarse a través de la ecolocalización.

Abubilla. Upupa epops. Argi-oilarra. Hontoria (Alava). 25.04.19.

La mayoría de las señales acústicas a larga distancia tienen un mensaje único: “soy un macho de la especie X, si eres una hembra receptiva de mi especie acércate, si eres otro macho de mi especie, aléjate”. Por consiguiente, la información sobre la identidad de la especie es muy importante en estos mensajes. El canto es pues algo así como la firma de identidad de las especies, la característica que utilizan las hembras para decidir con quién aparearse.

Que la añoranza del confinamiento domiciliario nos lleve a reflexionar sobre lo mucho que necesitamos a la naturaleza.

El Día Mundial del Agua (22 de marzo) y el coronavirus

Foto: EFE.

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el 22 de diciembre de 1993 celebrar cada 22 de marzo el Día Mundial del Agua. El tema elegido para 2020, es el agua y el cambio climático. Sin duda, el agua es un buen indicador para conocer los efectos de nuestra relación con el planeta, porque acaba reflejando en ella todo lo que opera sobre la biosfera.

El agua es la base de la vida y es un recurso crucial para la humanidad, que genera y sostiene la prosperidad económica, social, cultural y medioambiental. Desgraciadamente, hoy en día, 2,1 billones de personas viven sin acceso seguro al agua en su casa, lo que afecta a su salud, educación y forma de vida.

Uno de los primeros impactos que está teniendo la crisis climática -el mayor desafío ambiental que tiene actualmente la humanidad-, es la menor disponibilidad del agua. Otro de nuestros desmanes, reflejado en ríos y acuíferos, es la contaminación. Pervive una idea de los ríos presidida por su función de arrastre, que los convierte en vertedero de todo aquello que no queremos ver ni oler.

Inundaciones en la India. Foto: DEIA.

Por otra parte, la crisis climática está también detrás de la mayor frecuencia con que estamos sufriendo fenómenos meteorológicos extremos que dan lugar a desastres mal llamados “naturales”. En el V Informe de Evaluación del Cambio Climático del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, conocido por el acrónimo en inglés IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), se recuerda que el “90% de los desastres naturales de los últimos 18 años han sido avenidas, sequías y tormentas, desastres que han afectado a 4.200 millones de personas desde 1992”. Tras ello, como han certificado diversos estudios científicos, emerge de nuevo el cambio climático.

Según se plantea en el Perfil Ambiental 2018, referido exclusivamente al cambio climático, y elaborado por la Sociedad Pública de Gestión Ambiental (Ihobe), dependiente del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, algunos de los impactos en nuestro país serán el cambio progresivo de variables climáticas (temperatura media, precipitaciones, etcétera); mayor frecuencia y severidad de eventos extremos (inundaciones, olas de calor); subida del nivel del mar (ascenso de entre 29 y 49 cm para finales de siglo, retroceso de playas y aumento del riesgo de inundaciones); y disminución del aporte de agua en invierno y primavera (6-13%).

El agua contaminada por plásticos

Sin duda, en estos días y los próximos, esperemos que sean los menos, nuestra máxima preocupación y es lógico que lo sea, es el COVID19. Aunque ahora parece algo apocalíptico, se puede quedar en nada en comparación con lo que puede ocurrir en unos años con los efectos de la crisis climática, como es incremento de enfermedades, clima extremo, aumento del nivel del mar, variación en los regímenes de lluvias, pérdida de cosechas, etcétera.

Partiendo de que la superación del coronavirus sea lo antes posible, es imprescindible que esta pandemia nos sirva para acometer en mejores condiciones la crisis climática. Para evitar un cambio climático de graves consecuencias, se necesita actuar con decisión y urgencia, antes de que sea tarde. Las medidas que se necesitan contra el cambio climático no deberían levantarse sobre medidas de contención y defensivas, como es el caso del coronavirus, sino sobre medidas de precaución y cambios radicales en el modelo de producción y consumo, contribuyendo a la construcción de una sociedad mejor, más equitativa y en paz con la naturaleza.

Disfrutar de la naturaleza con respeto y responsabilidad

Hayas en Peñacerrada (Álava). 01.04.19.

El pasado 3 de marzo, como todos los años desde 2013, se celebra el Día Mundial de la Naturaleza, jornada con la que se pretende sensibilizar sobre la necesidad de preservar la biodiversidad de nuestro planeta, aunque esta práctica hay que hacerla a lo largo de los 365 días del año. Casi una cuarta parte de las especies están en riesgo de extinguirse durante las próximas décadas. Dar a conocer el medio natural, la biodiversidad. los ecosistemas….., es una buena forma para aprender a valorarlos y conservarlos.

Un dicho popular dice que “para amar algo hay que conocerlo”. Por eso animo a la ciudadanía a que vuelva a la naturaleza y contacte con su entorno, para admirar la belleza de nuestro pequeño hogar planetario, así como también denunciar sus amenazas y tratar de frenarlas.

Somos cada vez más las personas que tenemos costumbre de acudir al medio natural lo que los naturalistas llamamos “salidas al campo”. Cualquier fin de semana y ahora que se acerca la primavera es fácil ver excursionistas, senderistas, aficionados a la observación de las aves, etcétera, entre otras muchas personas, recorrer el campo disfrutando del aire libre y de la paz interior y exterior que sólo la naturaleza nos puede regalar.

Pero también cuando estamos en plena naturaleza, no debemos pensar que uno o una puede hacer lo que le viene en gana. Tenemos que ser conscientes que nuestra forma de actuar es muy importante. Un uso inadecuado de estos lugares puede provocar notables impactos en el suelo, en la flora y la fauna. Si a esto se añade la extraña costumbre de arrojar basuras, no es de extrañar que muchos lugares estén tan degradados que casi no sirven para su fin original: el descanso y el contacto con la naturaleza.

Por eso, hay que observar unas normas de comportamiento. Al lado de montañeros y montañeras, naturalistas y familias también salen al campo personas que meten ruido, que realizan verdaderas “diabluras” como dejar señales en los árboles, y también siguen existiendo los tristemente célebres “domingueros”, que dejar la basura por todas partes.

Muchas veces se piensa que determinados residuos arrojados en el campo se degradan sin mayores problemas. Nada más lejos de la realidad. Un papel clínex puede tardar tres o cuatro meses en degradarse, los restos de comida no terminarán de pudrirlos los microorganismos del suelo antes de ocho meses, un cigarrillo con filtro requerirá de 1 a 2 años, y un papel de periódico -mucho más resistente que los papeles higiénicos-, unos cinco años, más o menos los mismos que un chicle. Pero lo peor son los envases, que supone el 40% de los residuos que se acumulan en el medio natural. Hechos para durar y con el peso mínimo para que facilite el transporte del contenido, los envases son el resultado de complejos procesos químicos que nada tienen que ver con los materiales que se encuentran en la Naturaleza. En su inmensa mayoría, los envases no tienen insectos, hongos o bacterias que los degraden y es la erosión y los agentes químicos naturales quienes harán el trabajo de retirarlos de la vista. Un bote de hojalata, no se degrada antes de una década; un tetrabrik (compuesto de cartón, plástico y aluminio) resiste a la erosión varias décadas; una bolsa de plástico, 55 años; una botella de plástico, 500 años; y así podríamos seguir.

Otro objeto insignificante para nuestra vida, pero enormemente dañino para la naturaleza son las anillas que sujetan las latas de refresco. Miles y miles de estos envases se tiran cada año de forma incontrolada en nuestra comunidad, de modo que los aros estrangulan a multitud de pequeños mamíferos y aves que introducen la cabeza en ellos para jugar y ya no pueden sacarla.

Pico picapinos. (Dentrocopos major. Okil handi). Parque Natural Izki (Araba). 02.07.18.

Finalmente, el acumulo de desperdicios degrada también el paisaje. Asimismo, otra acción del ser humano que provoca un fuerte impacto en la vegetación y la flora, es el corte de leñas para hacer fuego, corte que generalmente se produce sobre cualquier vegetal y en cualquier estado, hecho que favorece en muchos casos la implantación de parásitos en las heridas abiertas al árbol. Cuando existen plagas en bosques próximos el riesgo se incrementa considerablemente.

Macizo de Anboto (Bizkaia)

Así, en primer lugar, es necesario actuar con el sentido común, evitando los fuegos, el destrozo de la vegetación, no arrancando, talando o serrando ramas ni árboles para construir refugios o en general esas simpáticas cabañas. Además, esas prácticas están penadas por la ley.

Con respecto a la basura, hay que poner en marcha nuestro propio programa de vertido cero. Los desperdicios deben ser depositados en el contenedor más próximo o, si no lo hay, llevarse la basura a casa, dejando el lugar de forma que parezca que allí no ha estado nadie.

No dañar vallas, setos y tapias. Además de los daños inherentes a la rotura del límite, un muro de piedra puede ser, también, refugio para fauna como insectos, arácnidos, reptiles y micromamíferos, amén de ser Patrimonio Cultural.

La espeleología no debería convertir las cuevas en horribles muestrarios de estalactitas y efímeras declaraciones amorosas o de otro tipo indeleblemente grabadas en la roca.

Migraciones de aves en primavera

Golondrina común (Hirundo rustica), en Valdegobia (Alava). 29.03.18.

En pocas semanas entraremos en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. La primavera marca un nuevo ciclo, el sol que vuelve a salir nos conecta con el optimismo, con nuestra fuerza vital y nuestra disposición para comenzar de nuevo.

Si bien en los paisajes nunca nada queda terminado, al menos en algunos casos se puede dar por completos ciertos ciclos. Por ejemplo, el de las migraciones de aves en primavera. La llegada a nuestros ámbitos de todos los componentes de sus comunidades zoológicas se cierra, en efecto, a lo largo de las semanas centrales de mayo. Las aves del estío, esas que únicamente son peninsulares durante los meses cálidos, en realidad comenzaron a llegar incluso en pleno invierno.

Febrero y marzo y también enero, registran trasiegos que van llenando nuestros paisajes de nuevos colores, aleteos y cantos. Así, por ejemplo, los primeros ejemplares de la golondrina común llegan cada vez de forma más adelantada. En abril nos alcanzan especies como los vencejos comunes, abubilla, ruiseñores comunes, abejarucos europeos, oropéndolas europeas y un largo etcétera.

En abril nos alcanzan especies como los vencejos comunes (Apus apus), abubilla (Upupa epops), ruiseñores comunes (Luscinia megarhynchos), abejarucos europeos (Merops apiaster), oropéndolas europeas (Oriolus oriolus) y un largo etcétera.

Abubilla (Upupa epops), en Larraga (Navarra). 14.04.18

Y por citar a algunas de estas especies, me voy a referir a los vencejos, que son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus), en Osorno (Palencia). 15.05.17

Y cerrará la migración de primavera en mayo el abejero europeo (Pernis apivorus), una rapaz ciertamente original en cuanto a la alimentación se refiere. Y es que, a pesar de su envergadura de casi metro y medio, estas aves comen principalmente abejas, avispas y sus larvas.