La belleza de las mariposas y más cosas

La ortiguera o mariposa de la ortiga (Aglais urticae). Foto. Asociación Zerynthia.

Euskadi es una comunidad rica en lepidópteros, conocidos comúnmente como mariposas, siendo las más conocidas las mariposas diurnas, pero la mayoría de las especies son nocturnas (polillas, esfinges, pavones, etc.) y pasan muy inadvertidas.

La confluencia de los climas cantábrico y mediterráneo permite que sea posible observar en el País Vasco hasta 158 especies de mariposas diurnas. Esto supone el 45% de las que habitan en la península Ibérica. Es de destacar de forma importante el programa de seguimiento de mariposas diurnas del País Vasco que se inició en 2008 con el entonces Departamento de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio del Gobierno Vasco, con el impulso de un estudio piloto con el fin de diseñar protocolos viables para el seguimiento de mariposas diurnas en Euskadi. El programa ha venido funcionando desde entonces liderado actualmente por la Dirección de Patrimonio Natural y Cambio Climático del Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda del Gobierno Vasco, con la colaboración técnica de Hazi Fundazioa y el soporte de entidades especializadas, como la Asociación Zerynthia y la Sociedad Aranzadi.

Las mariposas tienen una gran importancia desde el punto de vista de la conservación. Normalmente se dedican muchísimos esfuerzos a los grandes mamíferos, a las grandes aves y no se presta tanta atención a estos insectos. Pero su valor es fundamental porque dentro de las cadenas tróficas ocupan la base. La existencia de las mariposas permite la polinización de las plantas por un lado y sirven de alimento a otra cantidad de seres, desde arañas, avispas, murciélagos y muchísimas aves.

Pero, además, de su valor intrínseco para la biodiversidad, las mariposas pueden compartir la atracción turística junto a otras especies emblemáticas existentes. Es una manera de apostar por la conservación de una especie para la que los modelos climáticos predicen una reducción drástica de las poblaciones de entre un 20% y un 70% para el año 2050.

Las mariposas son la vanguardia de la primavera y en los últimos días de febrero emprenden sus rutilantes y acelerados vuelos. Todavía quedan unos cuantos días, pero entramos ya ese mes.

Pocas invenciones de la vida alcanzan la compleja belleza de estos insectos. En ellos concurren una de las manifestaciones más veces evocadas de la fragilidad, algo que en absoluto se corresponde con la realidad. Porque las mariposas son tenaces, austeras, recias y hasta poderosas. Baten sus alas varias veces por segundo, alcanzan los 35 kilómetros por hora, resisten heladas si consiguen esconderse, y desafían al viento y a los pájaros que suelen perseguirlas.

La mariposa Colias croceus. Autor: Asociación Zerynthia.

Su suave cromatismo responde al papel de ilusionados reclamos que interpretan, a esa coquetería que la vida misma pone en marcha para lograr la atracción de los sexos. Una mariposa es un deseo a punto de cumplirse.

Y si delicada nos parece su locomoción zozobrante, todavía más suave resulta su alimentación básica. Porque estos insectos, que durante su fase de orugas son capaces de devorar ingentes cantidades de verde, cambian por completo al llegar a la madurez. Entonces buscan, con la lengua en espiral, el néctar. Un nutriente altamente energético destinado a permitir los tremendos esfuerzos que asegurar la descendencia exige.

2 de febrero: Día Mundial de los Humedales

Complejo Lagunar de Laguardia. Laguna de Carravalseca (Alava).

El día 2 de febrero se conmemora la firma del conocido como “Convenio relativo a humedales de importancia internacional” firmado en Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971. Un recordatorio de la importancia de los humedales costeros e interiores como ecosistemas de gran valor por los procesos que en ellos se dan cita, claves para la conservación de la biodiversidad, el mantenimiento de redes tróficas o reciclado de nutrientes, por señalar los más destacables; además de desempeñar otras funciones hidrológicas como la recarga de acuíferos, o la mitigación de inundaciones en algunos casos.

De ahí que la propia Directiva Marco del Agua (DMA) establezca como objetivo la prevención de todo deterioro y la protección y mejora del estado de los ecosistemas acuáticos; así como el de los ecosistemas terrestres directamente dependientes de los ecosistemas acuáticos.

Sin embargo, durante siglos, se las relegó a la desconsideración desde la creencia que debían ser drenadas para allanar al avance de la agricultura o la expansión de pueblos y ciudades o para evitar riesgos de insalubridad. Afortunadamente, la percepción de su importancia ha variado drásticamente en las últimas décadas.  Reflejo de ese cambio de percepción, hoy se conmemora la firma del conocido como “Convenio relativo a humedales de importancia internacional” firmado en Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971.

Urdaibai Bird Center es un observatorio abierto al público para el conocimiento del mundo de las aves y sus migraciones, y que se encuentra ubicado en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Foto: Urdaibai Bird Center.  

Dicho convenio creó una lista de humedales con valores relevantes a nivel internacional. Euskadi cuenta con seis humedales a la Lista Ramsar. Urdaibai, Lagunas de Laguardia y Txingudi, Colas del embalse de Ullibarri-Ganboa, Salinas de Añana, Lago Arreo-Caicedo Yuso y Salburua.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus. Murgil handia). Humedal de Salburua. (Vitoria-Gasteiz). 25.04.18.

Pero, además de estos espacios singulares, las zonas húmedas son relativamente abundantes en el País Vasco gracias, por un lado, a la presencia de la franja costera donde se forman estuarios más o menos desarrollados y, por otro, al régimen climático principalmente lluvioso y al tipo de sustrato y orografía, que favorecen la acumulación de masas de agua formándose lagos, lagunas, balsas y charcas de diversa índole distribuidas por todo el territorio. A estas zonas húmedas naturales hay que añadir la presencia de numerosas balsas artificiales, unas ubicadas en antiguas explotaciones mineras (fundamentalmente en la zona minera de Bizkaia) y otras construidas para regadío en la Llanada Alavesa, así como los embalses, que ocupan una importante extensión sobre todo en Araba.

Todo este conjunto de humedales da lugar a una amplia variedad de hábitats distribuidos por nuestra comunidad, que constituyen sistemas naturales con diferentes grados de conservación, pero que poseen como elemento común el gran valor ecológico en su fauna y flora unido a un singular paisaje y a una dinámica de funcionamiento característica y de gran interés.  

Tanto las zonas húmedas costeras como las interiores o continentales han sufrido y están sufriendo graves deterioros debidos fundamentalmente a la presión de actividades humanas. Las zonas húmedas costeras están sometidas a una importante presión de la actividad  humanas por la presencia de núcleos urbanos cercanos, la artificialización y ocupación de sus perímetros, la construcción de puertos  y las canalizaciones de defensa,… son presiones que  a lo largo de los años han perjudicado su potencial ecológico; en algunos casos hasta el punto de  desaparecer (como es el caso de las marismas que fueron lo que hoy es buena parte del ensanche Donostiarra o el Arenal bilbaíno).  Y lo mismo cabría decir de las zonas húmedas de los interiores (naturales y/o artificiales) también afectadas por la presión de actividades humanas como las agrarias.

Sin duda, es necesario seguir trabajando en prevenir nuevas afecciones a nuestros humedales y promover acciones de mejora ambiental, ya que son verdaderos tesoros de vida, por los beneficios que proporcionan y su contribución al mantenimiento de la diversidad biológica, entre otras muchas cuestiones.

26 de enero: Día Mundial de la Educación Ambiental

Este día tuvo su origen en 1975, año en que se celebró en Belgrado, el Seminario Internacional de Educación Ambiental. En este evento se establecieron los principios de la educación ambiental en el marco de los programas de las Naciones Unidas. Como resultado se publicó la Carta de Belgrado, en la cual se plasman las reivindicaciones fundamentales de la Educación Ambiental.

La cultura medio ambientalista surgió en la década de los 80, para llamar la atención de los daños que empezó a sufrir el planeta y desarrollar acciones para poder frenar y revertir el cambio climático y otros fenómenos que están acabando con los ecosistemas.

La Educación Ambiental es un proceso dinámico y participativo, que busca despertar en la población una conciencia que le permita identificarse con la problemática ambiental tanto a nivel general (mundial), como a nivel específico (medio donde vive). También busca identificar las relaciones de interacción e independencia que se dan entre el entorno (medio ambiental) y el ser humano, así como también se preocupa por promover una relación armónica entre el medio natural y las actividades humanas, todo esto con el fin de garantizar el sostenimiento y calidad de las generaciones actuales y futuras.

La educación ambiental no es un programa o proyecto en particular, sino que es más bien un paradigma que engloba las muchas formas de educación que ya existen y las que quedan por crear. La Educación Ambiental promueve esfuerzos para repensar programas y sistemas educativos (tanto métodos como contenidos) que actualmente sirven de apoyo para las sociedades insostenibles.

Es necesario enseñar a los y las jóvenes en muchas cuestiones como hacer un uso más eficiente de la energía; el ahorro de ese precioso recurso que es el agua; explicarles que el mejor residuo es el que no se genera y que si practicamos la recogida selectiva en nuestras casas y en la escuela favorecemos su reciclaje; educarles en el respeto a la naturaleza, y un sinfín de cosas más.

Contenedor para la recogida de los biorresiduos (fracción orgánica), con identificación del usuario, establecido el pago por generación.

También hay que decir que diversas comunidades, como Euskadi, han implementado lo que se llama la Agenda Escolar 21, que se trata de un programa de vocación y carácter planetario, y que promueve su implantación en los centros escolares, para construir un futuro en el que una nueva relación entre el ser humano y el medio ambiente supere las crisis ambientales, además de generar innovación pedagógica y calidad educativa en dichos centros.

La Agenda 21 Escolar en Euskadi se basa en la colaboración entre los centros educativos, los Departamentos de Educación y de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda del Gobierno vasco, y los ayuntamientos, y cuenta con significativas ayudas (recursos económicos, asesoramiento, formación…). Es un eficaz instrumento para formar ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI responsables y comprometidos.

Pero la labor de educar a la sociedad en el respeto al medio ambiente no debe ser una responsabilidad exclusiva de nuestro sistema de enseñanza. Muy al contrario, este importante aspecto de la educación ciudadana debería llevarse a cabo desde todos los ámbitos de la sociedad, y dirigirla a su conjunto. Y es en este campo al que me voy a referir a continuación, que en no pocas cuestiones está resultando ser poco efectiva, poco provechosa y en la que estamos fallando. Y voy a citar algunos ejemplos.

Urdaibai Bird Center: Observatorio de aves en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai (Bizkaia). Foto: Urdaibai Bird Center

¿Falta de Información? Cuando decimos que hay falta de información pensamos que lo idóneo sería invadir a la gente con información, con estadísticas, datos y gráficos. Pero no reparamos que eso puede servir a los que ya están convencidos, pero no para los demás, que es el sector más importante de la ciudadanía. La clave del éxito no es la cantidad de información, sino saber dar con el modelo mental que emplean las personas a las que nos dirigimos.

¿Meter miedo? Quizá se ha abusado en no pocas ocasiones de mensajes negativos y exagerados, aunque en realidad sean así, y solo en ello: plantas y animales que se extinguen, impactos irreversibles en la salud, especies exóticas invasoras que van a acabar con todo, etcétera. Esta estrategia genera rechazo social, pues la gente siente que ya no tiene que hacer para mejorar las cosas y simplemente tira la toalla. Es más efectivo mirar las cosas desde otra vertiente, de manera que el receptor sienta la posibilidad de hacer algo positivo. La cuestión es generar esperanza, el motor de lucha del ser humano, en lugar de hundir a la gente en la depresión. Insistir en aspectos positivos no es mentir ni ocultar información, sólo conocer cómo funciona el cerebro humano.

Muchas veces el error en educación ambiental viene de la mano de la distancia geográfica o psicológica al problema en cuestión. Por ejemplo, lo que pasa en el Ártico o en la Amazonia, con ser muy importante, queda muy lejos a mucha gente. En mi opinión, es bastante mejor ir de lo cercano a lo lejano, de lo particular a lo general.

Hayas trasmochas, enormes `candelabros de madera´

Músicos de la orquesta Et Incarnatus en un precioso bosque de hayas trasmochas de Urkizu (Gipuzkoa)

Un bosque de hayas trasmochas impresiona. Se asemejan a enormes candelabros de madera, con varias ramas potentes elevándose en vertical a partir de un corto y grueso tronco.

Su origen está en una práctica que se inició desde antiguo en Bizkaia y Gipuzkoa para evitar las ventas forzosas de arbolado a la Marina en el siglo XVI, ya que, ante la necesidad de construcción de barcos de guerra para la Armada, la Corona practicaba la expropiación del arbolado, fijando el precio que consideraba oportuno.

Los trasmochos son árboles que se cortaban a unos 2 metros el primer corte, a partir del cual se formaba una cruz; éste se realizaba en los estadios jóvenes antes de los 50 años aproximadamente dependiendo de la especie y los usos, siendo en esta etapa de desarrollo los individuos muy vigorosos por lo que respondían brotando con fuerza, no produciéndose penas fracasos. Las ramas laterales hacia los lados adoptando forma de T en esta cruz, desarrollándose a poca altura del suelo por lo que se podían cortar fácilmente, se aprovechaban en turnos que van desde los 7 hasta los 20 años; diámetros idóneos para ser cortados a hacha. Se usaban generalmente tanto para carbón como para la industria naval de la época principalmente.

La presencia de hayedos trasmochos se ha entendido generalmente como un resultado de la actividad del carboneo, extendiéndose esta práctica rápidamente por toda la Cornisa Cantábrica.

Hayedo de Otzarreta, en el Parque Natural de Gorbeia, en su vertiente bizkaina

La situación actual es la pérdida de estas prácticas culturales, el turno de aprovechamiento y los propios usos de esa madera se han abandonado y nos encontramos con los árboles que todos conocemos. Árboles con forma de candelabros con ramas de grandes dimensiones, y que son los llamados “trasmochos interrumpidos”. Esta peculiar configuración de las hayas dota al bosque de una singular personalidad y belleza, siendo los árboles verdaderos monumentos.

Sin embargo, la situación ha cambiado, y en la actualidad la poda de las hayas ya no es necesaria, al igual que la leña que de ellas se extraía. Y de esta manera, existe el peligro de que desaparezcan, si se deja de intervenir, tras la desaparición de leñadores y carboneros. Debido a ello se han llevado diversas iniciativas para conservar estos árboles tan viejos y tan valiosos desde el punto de vista del paisaje y de la biodiversidad, como el proyecto LIFE “Biodiversidad y trasmochos”, con la ayuda de la UE.

Es obligado destacar en este artículo, la magnífica haya trasmocha de Altzo (Gipuzkoa), que se ve en la foto de portada, que lo plantó hace 183 años un bertsolari, que se llamaba Manuel Antonio de Imaz como recuerdo del día de su boda con Paula Jauregi, y que hoy los niños del pueblo le dedican rimas.

La magnífica haya trasmocha de Altzo (Gipuzkoa)

Otro espacio a destacar, es el hayedo de Otzarreta, situado en el límite de Bizkaia y Araba, en el emblemático puerto de Barazar (606 metros de altitud). Un pequeño trozo de tierra en el que los árboles alzan sus ramas con extrema verticalidad en un intento fallido de alcanzar el cielo.

Tiempo de bellotas

La convivencia con la Naturaleza ha sido en Euskal Herria uno de los ejes de su existencia desde tiempos inmemoriales. El caserío como centro de la vida familiar y social es sin duda el más claro ejemplo de ello. Y dentro de esa Naturaleza, los bosques y quienes lo forman, los árboles.

Y es tiempo de bellotas, cuya cáscara se ha rasgado y surge un tentáculo blanco que si logra clavarse en el suelo se convertirá en la raíz de un futuro árbol. Basta con mirar al suelo de la foresta en estos días.

Acontece ahora y en las próximas semanas, todavía en pleno invierno, algo que la mayoría adjudicará a la primavera. Pero, como tantas otras facetas de lo espontáneo, la eclosión de las bellotas no sigue pautas convencionales. De hecho, nuestros árboles más frecuentes y representativos, las frondosas, echan a andar cuando el frío todavía congela la mayor parte de los procesos y propósitos con los que la vida, en nuestras latitudes, pretende recomenzar.

Basta con fijarse un poco en el suelo del bosque. Acompañar con la mirada a lo que acoge nuestros pasos. Que notarán bien mullido al humus, saturado de humedad.

Roble (roble híbrido de roble pedunculado y marojo). Artzentales (Bizkaia). Foto: Enkarterri.

Pues bien, allí, los miles de bellotas han iniciado una de las más largas y azarosas peripecias. La ebúrnea cáscara del fruto se ha rasgado por su polo obtuso. De la seca herida mana lo que nos parecerá un gusano blanco. Es la raíz principal, pivotante y zapadora del futuro árbol. Un tentáculo blando pero que puede horadar rápidamente el suelo y clavar, ya para siempre en ese mismo lugar, a un brinzal que pronto lanzará en dirección contraria, por tanto, hacia la luz y el aire, un par de minúsculas hojas.


Encina de Urkieta (Quercus ilex ilex). Muxika (Bizkaia). Foto: Dpto. Medio Ambiente Gobierno Vasco.

Cuando hayamos descubierto el discreto y silencioso nacimiento de uno de nuestros árboles más frecuentes, acaso se nos escape la mirada hacia su progenitor. Ese que abre sus brazos y despliega su sombra sobre nuestra cabeza.

Negacionismo climático- ambiental

Desde hace más de cincuenta años, las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la industria, la producción de energía, el transporte y la actividad humana, no han dejado de crecer.

Los cambios climáticos han sido frecuentes a lo largo de la historia. Sin embargo, el que está teniendo lugar en la actualidad se desarrolla a una velocidad muy superior a los que han ocurrido por causas naturales en el pasado. La alteración del clima ya ha provocado una importante regresión en los glaciares de montaña; ha afectado a la disponibilidad de agua dulce en numerosas regiones, como la África subsahariana y Oriente Medio; ha causado un importante incremento de eventos extremos, como olas de calor, sequías, huracanes, incendios, etc.; ha aumentado el nivel del mar, etcétera. Estos impactos están relacionados con un incremento de la temperatura media de la atmósfera de 1,02ºC respecto a los tiempos preindustriales.

La comunidad científica comenzó a alertar sobre los riesgos del cambio climático hace ya unos 55 años. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC en sus siglas en inglés), ha sentado loa bases científicas de comprensión del problema, desde que elaboró su primer informe en 1990.

Las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan la crisis climática han estado correlacionadas con el crecimiento demográfico y el desarrollo económico, ya que el sistema energético que ha soportado ambos procesos se ha basado en los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural).

Más de 11.000 científicos de todo el mundo han advertido a principios de este año que, es inevitable “un sufrimiento humano sin par” a menos que haya cambios radicales en la actividad humana para reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros factores que contribuyen al cambio climático. “Los científicos tienen una obligación moral de advertir a la humanidad acerca de cualquier gran amenaza. Sobre la base de la información que tenemos, es claro que encaramos una emergencia climática”, dijo Thomas Newsome, de la Universidad de Sydney, en Australia, en un artículo que publica la revista BioScience.

Aunque la mayoría de los científicos no dudan del cambio climático, otros no creen en él o niegan que se deba a la acción humana. Oímos decir a los que niegan la realidad, que el cambio climático es un engaño, que no es provocado por el ser humano.

En el año 2007, Mariano Rajoy no creía en el cambio climático, porque un primo suyo, que era catedrático de Física en la Universidad de Sevilla, le había dicho que no era posible predecir «ni el tiempo que va a hacer mañana en Sevilla», y, que, cómo íbamos a poder predecir las alteraciones climáticas que desde hace tiempo vienen denunciando las organizaciones ecologistas y menos determinar que existía el cambio climático, y que este fuera causado por la acción humana.

Ahora en el Estado español, los negacionistas climáticos, son los mismos que niegan que exista violencia contra las mujeres. La llaman intrafamiliar para enfatizar el ámbito en el que se produce por encima del género de la víctima.

Este año 2020 ha empezado fuerte tras las el comentario de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, de que «nadie ha muerto» y «nadie va a morir» por la contaminación atmosférica-ambiental.  

Sin embargo, según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, en el Viejo Continente mueren hasta unas 400.000 personas al año de manera prematura como consecuencia de la contaminación, entre ellas al menos unas 10.000 en el Estado español.

La derecha española no ha conseguido despegarse de un negacionismo climático en el que sigue instalada una década después, a pesar del abrumador consenso científico que certifica que la acción humana es la causante del cambio climático.

La celebración en Madrid de la Conferencia de las Partes del Convenio contra el Cambio Climático (COP25) dejó nuevos comentarios que muestran bien a las claras ese negacionismo, ahora animado por la posición de VOX. Aunque tratan de esconderlo tras un “VOX no es negacionista”, lo cierto es que las declaraciones de sus líderes no dejan lugar a dudas, usando términos como “cameloclimático” o “milongaclimática”.  

El negacionismo derechista no se basa en la ciencia. Se trata de puro oportunismo político que busca únicamente conseguir la simpatía de personas que prefieren ignorar la grave crisis ecológica en la que estamos inmersos.

El negacionismo derechista no se basa en la ciencia, ni pretende dar argumento alguno. Se trata de puro oportunismo político que busca únicamente conseguir la simpatía de personas que prefieren ignorar la grave crisis ecológica en la que estamos inmersos. Buscan con ello el voto apelando a los instintos más individualistas y ajenos a la repetida advertencia científica. No se escuchará de los dirigentes de VOX argumento científico alguno para justificar sus posturas negacionistas; solamente descalificaciones genéricas contra los que sostenemos que la crisis climática-ambiental es una realidad y que se va recrudeciendo, aludiendo a los presuntos perjuicios que las medidas para mitigar el cambio climático causarán a las personas a las que dirigen sus discursos.

El PP pretende jugar a una cierta y moderada preocupación por el clima. Casado se autodefinió como “adaptacionista”, un término hasta ahora desconocido con el que pretende ubicarse entre el negacionismo y el compromiso climático, una cuestión totalmente absurda.  

Dicho todo esto, es necesario aclarar que muchas de estas afirmaciones realizadas desde la derecha y la ultraderecha española, no son producto de la ignorancia, desconocimiento o tonterías de quien las dice, sino responden a estrategias comunicativas orientadas a generar desinformación, vaciar de contenido el sentido de la urgencia de la situación climática-ambiental, y como tales deben ser confrontadas, con argumentos sólidos, científicos y demostrables, que siempre serán más efectivos que la descalificación, especialmente a la ultraderecha, en cuyo manual la victimización es prioritaria.    

¿Por qué son tan feroces los incendios en Australia?

Incendios forestales en Australia. Foto: Reuters.

Llevamos semanas viendo apocalípticas imágenes como la de la foto de arriba de los devastadores e incontrolables incendios en Australia. El país se está enfrentando a una crisis incendiaria sin precedentes y ya ha causado daños irreparables. En total, 26 personas murieron desde el inicio de esta catástrofe, 2.000 viviendas han sido consumidas por el fuego, 240.000 personas evacuadas por las amenazas del fuego, y unos 8 millones de hectáreas, un tamaño similar a Irlanda, han ardido. Se estima que casi 1.000 millones de animales han muerto, incluidos miles de koalas, que luchan por escapar y cuya población está disminuyendo drásticamente. Por otra parte, según han informado distintos medios de Australia, las autoridades de ese país han detenido a casi 200 personas por presuntamente generar fuego sin control desde que comenzaron los devastadores incendios forestales.

Siempre ha habido fuegos en verano en Australia, pero nunca han tenido esta magnitud y esta intensidad, tanta que en algunos casos los servicios de emergencia se han declarado incapaces de controlarlos. Ni siquiera la leve lluvia de los últimos días ha logrado extinguirlos. Un fenómeno conocido se convierte en imprevisible por una transformación rápida de las condiciones medioambientales: hay zonas de Australia en las que prácticamente ha desaparecido la lluvia, lo que hace que los incendios avancen a toda velocidad y devoren amplias extensiones de terreno. A eso se deben sumar las altas temperaturas: ya se han batido dos récords absolutos y eso que el verano acaba de empezar en el hemisferio sur. Los meteorólogos esperan nuevas máximas en las próximas semanas. En las últimas décadas la media de hectáreas quemadas fue de 280.000. Este año ya se habían quemado casi cuatro millones, antes de los meses más cálidos.

Foto: Reuters.

Otro ingrediente meteorológico que hay que incluir es el viento. Los grandes incendios vividos estas últimas semanas en Australia se han visto magnificados por episodios de intenso viento. Viento que en muchos casos soplaba del oeste, un viento seco procedente del gran desierto que alberga el país y que además se calienta y reseca al llegar a la costa este. Precisamente uno de los estados más afectados por el fuego y el humo, ha sido Nueva Gales del Sur, situado en el sudeste de Australia donde se encuentra la ciudad más grande, Sydney. En esa región e incluso más al norte, la orografía es más abrupta, con grande montañas y cañones que hacen aún más errático el comportamiento del fuego.

Climatólogos aseguran que los incendios son más intensos y peligrosos debido al calentamiento global. De hecho, las temperaturas por encima de los 40 grados, que llegaron a los 47° inclusive, sumado a la sequía que hay en el continente y los vientos, han formado un cóctel perfecto para la propagación.

Cada día surgen más evidencias que muestran que el cambio climático está agravando los incendios forestales, y el gobierno australiano está haciendo muy poco al respecto.

El primer ministro, el liberal Scott Morrison, se ha convertido en blanco de críticas por su pobre política medioambiental y por su defensa de los combustibles fósiles, de los que Australia es uno de los máximos exportadores mundiales. En 2019 Australia fue el segundo mayor exportador mundial de carbón, uno de los principales responsables del cambio climático. De hecho, el propio primer ministro Scott Morrison se negó durante mucho tiempo a vincular los incendios con el cambio climático diciendo que “no era creíble”.

Los mortíferos fuegos que se han abatido sobre la inmensa isla continente demuestran que ningún país puede ser ajeno a la lucha contra la crisis climática. El principal argumento de Morrison para defender la economía del carbón es que su país es responsable únicamente del 1,3% de las emisiones globales y que, por lo tanto, son otros Estados los que deben llevar a cabo políticas medioambientales más eficaces. Sin embargo, los incendios forestales demuestran que la crisis climática es global.

Foto: AFP.

Además de víctimas mortales, los fuegos han provocado evacuaciones, destrucción del patrimonio forestal y representan una amenaza para la supervivencia de especies animales protegidas, como los koalas, todo ello sin contar los daños económicos. La crisis que padece Australia debería representar un aldabonazo para todos los gobiernos que niegan el cambio climático o se quedan de brazos cruzados. Esta oleada de incendios forestales se ha convertido en otra muestra clara de que los devastadores efectos del cambio climático no son un problema del futuro, sino del presente.

Los narcisos, esas flores con forma de trompeta

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan.

Los primeros narcisos (Narcissus. Nartziso), esas flores blancas y amarillas, con nombre de mito griego, de forma lenta, desde ahora, aunque quizá la eclosión es algo temprana, porque suele ser más bien en febrero, las iremos encontrando progresivamente hasta mayo, en miles y miles de puntos por cualquier paisaje. No en vano, se cuentan unas 50 especies de narcisos en la península Ibérica, casi la mitad endémicas, adaptadas prácticamente a todos los hábitats. Seis de las variedades peninsulares están consideradas como escasas y en peligro.

El aliado de estas flores es más bien el mes de febrero, que con la humedad y el lento incremento de la duración del día y el leve calor les concede la oportunidad de que las podamos admirar. Y también nuestro olfato, porque a veces llenan el aire de uno de los mejores aromas conocidos.

Estas flores con forma de trompeta resultan especialmente abundantes en las comarcas de media montaña de toda la península Ibérica. La variedad de tonos blancos, por muchos llamados junquillos, puede ser vista entre los matorrales de la mitad sur de la Península. El narciso Trompeta de Medusa, grande y amarillo, prefiere los prados de la mitad norte. Los hay también que nacen en las rocas, como el narciso del Cantábrico.

Pero el narciso del Cantábrico no tiene nada que ver con el mar Cantábrico. Su distribución está en la mitad sur de la Península Ibérica y noroeste de África (Marruecos y Argelia).

Narcissus cantabricus. Dehesa Puertollano. Foto: Wikipedia.

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan. Por eso se llaman como se llaman.

Se fue el otoño, pero el invierno también trae muchas hermosuras en la naturaleza

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus. Murgil handia). Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).

Un otoño hermosísimo, bello y mágico se nos fue. Es la ley de la naturaleza. Pero el invierno en que entramos el 21 de diciembre también presenta bonitas escenas y actividades en el mundo animal y vegetal, en la naturaleza.

En esta estación podremos disfrutar de la auténtica fiesta de los patos. Miles de ánades pasan el invierno en el País Vasco, en aguas interiores y costeras. Silbones, cucharas, tarros, porrones, frisos, azulones, rabudos, cercetas, etcétera. Denominaciones que con la palabra pato o ánade delante designan hasta 22 especies de este tipo de aves, las que pueden llegar a verse por nuestros aguazales. A las que se suman gansos, cisnes, distintas variedades de garzas, gaviotas, cigüeñas, avefría común, somormujo lavanco, focha común, correlimos común, cormoranes…y así podríamos seguir hasta completar las 72 especies invernantes. Bandadas de miles, a veces decenas de miles, de estas aves, en efecto, se concentran en algunos de nuestros enclaves de aguas costeras e interiores.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo. Ubarroi handia). Salburua (Vitoria-Gasteiz)

Nos visitarán los cormoranes grandes, aunque no pocos permanecen aquí todo el año. Dos rasgos las harán inconfundibles: por una parte, son de tamaño considerable y completamente negras, al menos si están a cierta distancia. Pero todavía más conspicuas las hace el hecho de que con frecuencia los bandos de cormoranes se desplazan formando dos hileras de aves que dibujan una suerte de punta de flecha. Uves negras y muy raudas, ya que estas aves baten enérgica y continuadamente sus alas.

También con la llegada del frío se ha iniciado un espectáculo natural: la remonta de truchas y salmones. La trucha común no teme al frío ni al ímpetu de la corriente. Lo demuestra porque aguarda para reproducirse al incremento de los caudales que las lluvias de otoño proporcionan a nuestros ríos de montaña. La temperatura de las aguas en enero, que es cuando más puestas se realizan, raramente supera los 10 grados.

Salmón atlántico (Salmo salar) remontando un río asturiano. Foto: Eduardo García Carmona.

Por su parte, los salmones nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-.

Y es en pleno arranque del invierno, cuando florecen varias decenas de plantas, cuando se aparean unos pocos animales y sobre todo cuando allá, en el más frío de los paisajes, el cielo, se encelan por lo menos tres de las más llamativas especies de aves, el quebrantahuesos y los dos buitres, leonado y negro.

Narciso del Cantábrico (Narcissus cantabricus). Foto: Wikipedia.

Ya en febrero, la temprana eclosión de los narcisos sobre los primeros céspedes anuales recuerda en buena medida esa lenta aparición de las constelaciones en los cielos del atardecer. Porque de forma lenta, desde mediados de ese mes y hasta mayo, nos iremos encontrando con miles de puntos de luz blanca y amarilla salpicados casi por cualquier paisaje.

El espectáculo natural del remonte de los salmones

Salmón remontando un río asturiano. Autor: Eduardo García Carmona.

Se inició el pasado noviembre el espectáculo natural que supone el remonte del salmón atlántico (Salmo salar). Estos nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-, éste último el río salmonero por excelencia en Navarra.

En esas cuencas fluviales todavía se pueden observar a los salmones remontando, con sus potentes coletazos, cascadas de considerable altura. Estos peces, que han pasado dos o tres años en el mar, buscan los lugares donde nacieron, es decir, aquellos en los que las aguas son frías, libres, raudas y transparentes.

Las poblaciones de salmón atlántico (Salmo salar) han sufrido a lo largo de todo su rango de distribución a nivel mundial una reducción del 50% en los stocks salvajes durante los últimos veinte y cinco años. Según los datos de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), de los más de 2.600 ríos con presencia conocida de la especie, esta se ha extinguido como reproductora en más de la mitad de los cauces.  La situación en la península Ibérica no es menos dramática, ya que de los 43 ríos salmoneros de los que se tenía constancia a principios del siglo XX se ha extinguido en 24.

En el caso del País Vasco y de Navarra, los ríos salmoneros históricos llegaron a ser cerca de una decena -Nervión, Oka, Lea, Deba, Urola, Oiartzun, Oria, Urumea y Bidasoa-, y hoy en día se han reducido a cuatro, de los cuales, sólo el río Bidasoa está considerado en la actualidad como no vulnerable, y el único donde se puede pescar.

Sólo el río Bidasoa está considerado en la actualidad como no vulnerable, y el único donde se puede pescar.

El llamado “Rey del Río” es un termómetro de la calidad de los ríos. Su presencia, y una población estable, indican que la zona “es de gran calidad, tanto la calidad del agua, como el hábitat”. Por otra parte, la existencia de este salmónido también indica la franqueabilidad del río, es decir, si existen obstáculos para su migración.

Después de recorrer miles de kilómetros y pasar en el mar dos o tres años, al sur de Groenlandia, en las Islas Feroes, en las inmediaciones de la Península del Labrador o frente a las costas de Noruega, regresan a casa. El instinto reproductor del salmón, la supervivencia de la especie, les impulsa a llevar a cabo grandes migraciones hasta las desembocaduras de los ríos donde nacieron.

Como cada otoño y que se prolonga con el frío de los primeros días de invierno, los salmones remontan el Bidasoa en busca de aguas óptimas en la cabecera del río para poder desovar, haciéndolo en algunos casos en el mismo lugar donde nacieron. Anualmente se producen dos picos de entrada de salmones en el río Bidasoa, en primavera y en otoño y primeros días del invierno, y si el verano es lluvioso también se registran entradas, aunque de manera más discreta. El mayor número de ejemplares se concentra en otoño, y el remonte está muy condicionado con los picos de riada ya que después de una punta de caudal suelen producirse buenas entradas de salmones.

Es entonces cuando se llevan a cabo los censos en la Nasa de Bera, situada junto a un salto de agua, un enclave adecuado para poder realizar el conteo. Cada día, los guardas de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra izan la jaula y antes de soltarlos en la parte alta de la presa, realizan un exhaustivo control de todos ellos. Tras adormecerlos en unos tanques de agua, se pesan, se miden, se comprueba el sexo y se anota si están marcados o son salvajes.

Hembra de salmón de 9 kilos capturada en la Nasa de Bera (Navarra) el 11 de noviembre de 2017. Foto: Gobierno de Navarra.

Esperemos, por el bien de la naturaleza y la biodiversidad, que podamos seguir viendo ese fenómeno natural indescriptible que es el remonte de los salmones.