Mercurio

En la mañana del domingo día 3 he vivido una experiencia paranormal en Onda Vasca. El pasado viernes me llamaron de la emisora, para concertar una llamada y hablar de la decisión de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria de prohibir el consumo de pez espada, tiburón y atún rojo a criaturas de corta edad, mujeres gestantes y madres lactantes. A las nueve y cuarto, minuto arriba minuto abajo, me llaman, y haciendo un esfuerzo titánico consigo retirar las telarañas que en ese momento, media hora después de haber salido de la cama, todavía quedaban adheridas a las paredes del desván de mi cerebro.

Hago lo que puedo. Procuro hilvanar un argumento para explicar que la prohibición solo afecta a los animales de gran tamaño, porque en sus tejidos el mercurio puede alcanzar elevadas concentraciones. Y ese es un metal con efectos muy dañinos sobre cerebros en formación. Insisto en que lo que se comercializa en las pescaderías vascas está analizado y cumple los estándares. Y desde luego, que ese anuncio no afecta ni al bonito ni a otras especies de pescado muy consumidas entre nosotros. Eso es porque el tamaño de esas especies es muy inferior. También me quejo, y no soy el único que lo ha hecho estos días, del modo en que  se emiten este tipo de alertas alimentarias. Tal y como se ha hecho, la gente va a dejar de consumir bonito y otros pescados azules muy recomendables, precisamente por sus efectos sobre la salud.

Unos minutos después entra en antena, también por teléfono, una señora que habla en nombre de una asociación de consumidores y usuarios, y escucho, horrorizado, cómo se vienen abajo todos mis esfuerzos por introducir un mínimo de racionalidad en el asunto.

Para empezar, afirma que la Agencia ha hecho una prohibición, y que por tanto, da igual lo que diga la ministra o la consejera del ramo, porque es la agencia en cuestión la que puede prohibir. Acusa a las autoridades gubernamentales de querer anteponer los intereses económicos de los productores a la salud pública. Luego se adentra por el proceloso mar de las causas de la alta concentración de mercurio en el pescado, así como de sus efectos. Insiste en que al mar le costará mucho recuperarse, puesto que esto es como cuando se agotan los caladeros de pesca.

Más adelante dice, cambiando de reino, que la verdura hay que lavarla bien y luego cocerla mucho. Según ella, y si es posible, todo hay que cocerlo a más de 100ºC. Nada de “al dente” ni nada por el estilo. Hace un encendido elogio de la agricultura ecológica porque afirma (para mi pasmo) que es ambientalmente sostenible [aunque ahora no recuerdo si dice sostenible o responsable, aunque en realidad da igual, porque no es ni una cosa ni la otra].

Recomienda también consumir lo que se produce en las proximidades porque, -sostiene-, al no venir de lejos ha pasado por menos manos y está, según su lógica, menos manipulado. Lo de que estén los alimentos más manipulados, sea ello lo que le sea, le parece algo muy poco saludable. Mezcla en su discurso contaminaciones bacterianas, metales pesados, nitratos, y todo ello lo pasa por su particular túrmix mental. En definitiva, un verdadero desatino. La perplejidad no me ha abandonado durante el resto de la mañana. Nada, absolutamente nada de lo que ha dicho tenía ni pies ni cabeza.

Y yo me pregunto: ¿Qué saben las asociaciones de consumidores de metales pesados, nitratos, métodos de prevención, alertas alimentarias, etc, etc.? ¿Era tan difícil haber buscado a un bromatólogo profesional? ¿O es que se trata de meter miedo a la gente? Debe de ser esto último, porque hoy he leído también [Enlace roto.], que se las trae.

¡Señor señor, pabernos matao!

5 comentarios sobre “Mercurio”

  1. Mientras un presunto «ecologista» para el que todo es malo, que apenas ha superado eso de que hacerte una foto puede robarte el alma, daba una rueda de prensa sobre lo dañinos que son los teléfonos portables, el estropicio que hacen en nuestro cerebro y todo el tralalá, tuve la mala leche de marcar el número de su móvil, que comenzó a sonar como un loco en medio de las risas de los presentes.
    Y es que ya está bien, que ese señor venía estropeado desde mucho antes de que se inventaran estas maquinitas.

  2. Toda esa gente que se cree qeu sabe y no tienen ni idea, o que por su condición de víctimas (vease Stop Accidentes, por ejemplo) se arrogan el tener la razón, son especialmente peligrosos. Se suponen incorruptibles y son mentes manipuladas, y que además gozan de todo altavoz mediático.

    1. Verá, Miren. no sé qué le saca de las casillas a usted, pero me es bien difícil entender sus dos líneas de queja con el escrito del titular de este blog.

      A mí me parece un escrito dé lo más prudente y de lo más razonable.

      Ya hay demasiada gente empeñada en inocular miedo gratuitamente, además de los que producen miedo de veras, especialmente aquí, en el País Vasco y por razones que nada tienen que ver con la alimentación.

      Usted verá.

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