La bestia es insaciable

Tal y como relaté en mi artículo del pasado día 20, en mi anterior visita a la sede de la Hacienda Foral vizcaína tuve que abandonarla, frustrado, al no disponer de las dos monedas de cinco céntimos que me hubieran permitido hacer la fotocopia del carné de identidad que, según la administración tributaria, debía presentar para acreditar que yo era quien afirmaba ser. No le bastaba con verme con el carné en la mano. “Tranquilo, -me dijo el funcionario-, le enviaremos a su domicilio la certificación; el próximo lunes la tendrá en su buzón.” El próximo lunes es ya el pasado lunes y la certificación, como es lógico, no está en mi buzón, tampoco está fuera del mismo.

Hoy terminaba el plazo para presentar el documento ante la extensión universitaria de la bestia. He vuelto a la sede de la Hacienda Foral, y me ha atendido la funcionaria de la primera ocasión. Se acordaba de mí perfectamente. Le he explicado todo lo ocurrido en mi segunda visita y ella, como es natural, ha respaldado a su compañero. Acto seguido le he dicho que la certificación no me ha llegado. “Imposible” me ha respondido; “llegan siempre, porque siempre las enviamos” ha esgrimido como argumento definitivo. “Que no” le he replicado. Y ella: “entonces es que nos dio mal su dirección”. Al cotejarla hemos comprobado que, para su desconcierto, estaba correcta. “Pues no sé qué ha podido pasar” ha dicho con gesto circunspecto. En ese momento le he pedido que me diera allí mismo el certificado, puesto que yo, por si acaso, había hecho la fotocopia del DNI y se la he puesto encima de la mesa. La fotocopia en cuestión ha obrado el milagro y, de repente, casi sin darme cuenta, el certificado de marras se ha materializado ante mis ojos. Hemos tenido un curioso e intenso intercambio de pareceres; ha habido un momento en el que le he llegado a decir que por mucho que lo intentase no iba a conseguir volverme loco, pero creo sinceramente que no era esa su intención. “Misión cumplida”, he pensado para mis adentros y me he largado de allí con el certificado en la cartera.

La anterior ha sido la experiencia de hoy, pero en todo este asunto hay algo más, algo que todavía no he relatado y que, sin duda, supera el absurdo de la experiencia con la prolongación foral del monstruo. El caso es que todos estos trámites forman parte de los requisitos que la propia universidad me exige cumplir para poder hacerle una solicitud. Pues bien, resulta que no me había percatado (hasta que un amigo me lo hizo ver) de que la parte universitaria de la bestia, que es a la que le tengo que ofrecer estos papeles en sacrificio ritual, me pide un documento acreditativo de que trabajo para ella. Sí, como suena: esa prolongación del Leviatán para la que trabajo y a la que pertenezco me pide que acredite ANTE ELLA MISMA que soy parte de su organismo y que trabajo para ella. ¡Como si no lo supiera de sobra! (entre otras cosas porque me paga el sueldo). En este caso la expresión “rizar el rizo” adquiere todo su significado. La sensación es inenarrable.

Pero que nadie se llame a engaño; las máximas autoridades de la cosa están sometidas a la misma dictadura burocrática. Porque la bestia es insaciable.

8 comentarios en «La bestia es insaciable»

  1. Esta bestia que hemos creado entre todos es la que esta provocando entre otras cosas la crisis actual , todos somos sospechosos de todo , hasta en cualquier empresa en la que llevamos trabajando mas de 20 años tienes que certificar por escrito tu honradez y rellenar y rellenar papeles que no los puedes enviar por correo electronico sino en papel para demostrar que has rellenado las mil y una encuestas que te obligan a hacer para controlar tu trabajo , los controladores te dan más trabajo inutil que los clientes y luego se quejan de que baja la productividad. Necesitamos controlar menos la calidad, menos normas ISO , y más trabajo bien hecho y mas eficiencia, en la empresa privada y en la publica . Hemos creado una casta de Masterizados por las escuelas de Negocios en las que todos aprenden las normas capitalistas más extremas y son esas personas las que nos estan gobernando. Hay que crear un » Master del Sentido Comun » para que acudan todos estos personajes y si no son capaces de superarlo, habra que enviarles a barrer aceras que es un buen ejercicio y ademas aportarian algo a esta sociedad. Y ademas ser barrendero es un oficio con tanta nobleza como otro cualquiera

  2. Evidentemente estamos supeditados a la burocracia. Eso es innegable y pelear para mejorarla tiene sentido.

    Por eso, a pesar de su mala leche, debería haber realizado una propuesta de mejora . Como no suele existir en las administraciones documentación oficial alguna -que sí existe en muchas empresas privadas- bajo el título «propuesta de mejora», podría haber utiliziado cualquiera de las dispuestas para cualquier otro formalismo que en pocas ocasiones sirve para algo.

    Yo, al no hallar hojas oportunas que resuelvan mis inquietudes con la administración , marco la casilla que se me pone en los ovarios: he hecho un pequeño estudio en y he visto que tanto da que da lo mismo marcar la casilla «quejas» , que la casilla «reclamaciones» que la casilla «solicitudes» que la casilla «sugerencias».

    Así pues he decido he decidido ver cómo se interpreta lo siguiente en una de mis últimas «intervenciones» : He puesto una cruz en la casilla de solictud y me expresado en los siguientes terminos: «reclamo por escrito».

    Si toda la gente se molestara en mejorar los servicios de la administración ésta ´funcionaría bastante mejor. Pero claro, hay que tener muchísima paciencia, muchísima conciencia, muchíiiiiismas horas .

    Uno de los mayores problemas para resolver los conflictos con la adminsitración es la falta de pruebas. Si una persona -funcionario/a- contratada para informar veraz y efectivamente al ciudadano, por ejemplo, omite información relevante es complicado poner una queja contra ella. Pero lo que no es imposible es hacerlo a modo de sugerencia general. Una, diez o cien veces si es preciso, hasta que el funcionariado funcione correctamente.

  3. Es más, por ahondar más en lo que un ciudadano puede hacer para mejorar los servicios de la administración.

    Si se analiza con objetividad, aúnque un ciudadano tenga pruebas evidentes que pueden llevar a juicio a una persona, a un cojunto de personas y/o a un departamento en concreto de una administración; hay que sentarse friamente a pensar, con perspectiva de futuro, qué se pretende conseguir y qué es más eficiente para que otros ciudadanos no tengan los mismos problemas.

    Por mi experiencia sé que una cuidadosa exposición de hechos con sus respectivas y contrastables pruebas, encajada en cualquier formato oficial de los que la administración pone al servicio del ciudadano, pesa más, pero muchísimo más, que un posible juicio.

    Y como son tan habilidosos los encargados de manejar estos servicios, le aseguro que una cuidadosa exposición orgina una cuidadosa respuesta que suele desviarse con habilidad de la argumentación. Cosa que a su vez produce que el ciudadano rebata con una nueva y más cuidadosa, si cabe, exposición.

    Y de esa manera, la primera queja causa una segunda, la segunda una tercera, y así hasta que Dios quiera. Eso siempre ayuda a mejorar el sistema y desahoga muchísimo, se lo aseguro.

  4. Lo triste es que nadie cambia esto porque no hay modo de enfrentarse a ello. Un coscorrón que se me ocurre (y perdóname, Iñako): tú tuviste mando en plaza en la institución que te pedía el absurdo de demostrar que trabajabas para ello. ¿Sabías de la existencia de normas como esa?
    Termino con un «sucedido» que va de lo mismo. No sé si sigue ocurriendo, pero antes cuando ibas a solicitar a la Administración una «fe de vida», tenías que ir con dos tesigos que acreditaran que, efectivamente, estabas vivo. Daba igual que el funcionario te viera respirar. Pues bien, un amigo mío, tras obtener el papelajo, miró al funcionario y le dijo: «Oiga, ¿y quién le garantiza a usted que mis testigos están vivos?»

    1. De esta norma en concreto no sabía nada, pero sí sabía de otras similares. Y aunque me propuse simplificar todo esto y facilitar las cosas a la gente, la verdad es que no lo conseguí. Creo que no es posible, no en esta sociedad. Lo realmente milagroso es que en la universidad se enseñe, y más milagroso aún es que se investigue.

    1. Esto no era diferente antes, por supuesto que no. No depende de equipos rectorales. Depende del tamaño de la administración, de la cantidad de licenciados en derecho que hay en ella, y del tiempo. Eso creo. Los sindicatos también ayudan. Pero volviendo a los equipos rectorales, lo más seguro es que la autoridad, en realidad, no ha decidido nada aunque formalmente sí lo haya hecho. Esto se debe a que algún letrado asesor de algún servicio o, sin más, algún funcionario con el debido celo ha emitido un informe según el cuál hay que garantizar que nadie hace trampas. Las autoridades le tienen un miedo cerval a los informes jurídicos, por aquello de la prevaricación. Y claro, son responsables, por no oponerse, del desaguisado. Sin duda. O sea: mea culpa est.

  5. Hace tres días, mi cuenta de correo habia caducado (mi bestia se llama Osakidetza, y nos creó una cuenta para «facilitarnos» las cosas) para más inri, la cuenta que había caducado me lo habían advertido por correo (correo que no pude leer ya que mi cuenta habúa caducado) .
    Para no entrar ahora en un rizo paradójico, que no puede llevar, al menos en mi caso a 25 Orfidales, les llamé para que me la «activaran».
    Tras perder más de media hora, y tras descifrar unas preguntas con mi diccionario: esquizofrenia funcionarial/humilde preguntón (en euskera y castellano) me dijo que acreditara quién era yo, si yo era yo, cosa que perfectamente comprendí porque vete a saber quién puede querer apropiarse de mi correo(!!!!) y que no me dé cuenta y tó, lo que sospechaba es lo que tienen según me dijo en su protocolo para comprobar que yo era yo: «Deme porfavor su número de Seguridad Social» (que lo puede conocer cualquiera)
    Sí, me tome 25 Orfidales y uno más en recuerdo a la condena que supone estos encontronazos, con la Bestia como muy bien dices tú.

    Un abrazo solidario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *