Lo que de verdad importa

Han sentado fatal las bromas sobre los éxitos del deporte español en los guiñoles del vecino del norte. El orgullo patrio se ha resentido y ha aflorado la vieja hostilidad hacia los “gabachos”. “Es que nos tienen envidia” decía, uno de estos días, un comentarista en una emisora de radio. En la misma semana, más o menos, en que los humoristas franceses escarnecían a la elite del deporte español, “Nature”, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, publicaba una columna que se hacía eco de los recortes habidos en la ciencia española y valoraba los riesgos que para el futuro suponían esos recortes; el título de la columna es suficientemente expresivo: “Spanish changes are scientific suicide” (Los cambios españoles son el suicidio científico). Supongo que nadie se sorprenderá del hecho de que esa columna no generase la más mínima reacción por parte de la opinión pública y, menos aún, de algún ministro.

Que buena parte de los éxitos deportivos han sido el resultado de los avances de la farmacología no lo duda casi nadie, aunque también es cierto que a casi nadie importa esa evidencia. Pero no es esa la cuestión que me interesa hoy. Allá los deportistas con su salud y los aficionados con sus principios. Me interesa la consideración de los deportistas que participan en competiciones internacionales como verdaderos representantes de la esencia patria, y de sus éxitos como heroicas conquistas nacionales. Para mí es evidente que España es una potencia deportiva porque los españoles dan a los éxitos en el deporte una importancia enorme. Si no fuera por esa razón, los medios de comunicación de masas -y muy especialmente la televisión- no le dedicarían, ni de lejos, el espacio y la relevancia que le dedican. Solo así se explican desatinos tales como el millón de euros que paga la televisión pública española a un tenista por la exclusiva de las entrevistas posteriores al partido.

Esto mismo vale, a su nivel y en el ámbito que corresponde, para las aficiones de los equipos que compiten en las ligas y, de manera singular, para el fútbol. Aquí el patriotismo deviene forofismo, teñido a veces de cierto componente nacional-futbolístico. Los resultados del club de los amores son lo más importante, y la prueba más evidente es que el aficionado medio no pone en cuestión que a ciertos futbolistas se les paguen cifras astronómicas y, lo que es más significativo, que se considere perfectamente normal que a los mejores futbolistas se les pague más que a los demás.

Si se valorase más la ciencia o, para qué ir tan lejos, la misma educación, exigiríamos que a esas actividades se les dedicasen muchos más recursos que los que les destinan y se presionaría para que, por ejemplo, científicos y educadores estuviesen mejor pagados que lo que lo están. Es más, estaría bien visto que se pagase mucho mejor a los mejores investigadores y a los mejores profesores que a los demás. Pero está claro que eso no preocupa en exceso. Y es curioso, porque si preocupase algo más quizás no estaríamos ahora tan mal como estamos. Es posible, por ejemplo, que hubiera menos fracaso escolar. Quizás muchos jóvenes que abandonaron la formación para ganar un dinero hace diez años estarían ahora trabajando o, al menos, tendrían mejores perspectivas que las que tienen.

Tras leer estas líneas habrá quien piense que todo eso es cosa de los españoles, que los vascos son diferentes. Sinceramente, creo que el hecho diferencial vasco no se manifiesta en este tipo de cuestiones.

10 comentarios sobre “Lo que de verdad importa”

  1. ¿Algún día serán considerados los científicos españoles de prestigio internacional “como verdaderos representantes de la esencia patria y sus éxitos como heroicas conquistas nacionales”?

    Buena pregunta retórica.

    ¿Son considerados así en Francia o Alemania? No me consta.

    1. Claro que no, Francis, pero que no se llegue a eso no quiere decir que la escala de preferencias no determine el modo en que la sociedad prioriza el destino que da a los recursos. Mi crítica se dirige en dos direcciones. Creo que en España hay un forofismo desmesurado, más que en otros países, y que por contraste, dejamos de lado cosas de las que depende nuestro futuro. Y por otro lado, no acepto que nos parezca normal que en deporte la remuneración sea acorde a los resultados, y en educación o ciencia, como en tantas otras áreas, no se acepte ese principio.

  2. Respecto al último párrafo, evidentemente los vascos no somos diferentes. Al menos los de Bilbao 😉
    En plena crisis, con recortes por todos lados, hay dinero público para el nuevo campo del Athletic. Proyecto prioritario para impulsar el país en tiempos de crisis!
    Y respecto al doping, tampoco ajenos. Acordémonos de Euskaltel y de Gurpegi. Claro, nos acordamos más de Euskaltel que de Gurpegi, porque el fútbol es sagrado. Pero a mi no se me olvida que en ese caso alegaron que la sustancia detectada la generaba el propio futbolista. Que, curiosamente, no ha vuelto a dar positivo. Se ve que con el susto le cambio el metabolismo

    1. Pues estoy de acuerdo, en casi todo, “untalperez”

      Lástima que ese ramalazo haciendo la distinción entre vasco y español, como si fueran necesariamente contrapuestos, enturbie el acuerdo pleno que no puedo darle.

      Es un despropósito, tanto lo que cobran algunas figuras destacadas de nuestro deporte como el culto a su personalidad que se fomenta desde los medios, desde las instituciones públicas y desde casi todas partes. Ya sabesmos que viene de lejos lo del «Panem et circenses», pero qué triste, que haya que reconocer que aún estamos así.

      Y además de ese demoledor artículo en “Nature”, la otra parte de la realidad que tampoco nos favorece en nada es la relativa a la práctica deportiva en nuestra sociedad, o más modestamente, al creciente sobrepeso de tantos de nuestros compatriotas. Habrá que rcordar que no pesan los años, pesan los kilos, y que ello tiene efectos sobre la salud, sobre el bolsillo de cada uno y sobre los Presupuestos Generales del Estado, sin que se vean las ventajas de esa creciente desmesura en masa corporal.

      ¿Cuánto tiene que ver la industria agroalimentaria en todo ello y no sólo la bollería industrial?
      ¿Cuánto tiene que ver el régimen de alimentación animal?
      ¿Cuanto tiene que ver el hormonado?
      ¿Cuánto tienen que ver los activadores de crecimiento?

      10 datos sobre la obesidad
      http://www.who.int/features/factfiles/obesity/facts/es/index.html

      El Día Mundial de la Salud se celebra todos los años el 7 de abril para conmemorar el nacimiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948.

      No estará de más prestarle alguna atención a esa fecha para ver qué es lo que nos proponen que hagamos en ese ámbito.

      Volviendo a la entrada, lo que de verdad importa no es lo que nos suelen presentar como “lo verdaderamente importante” en tantos medios .
      Una parte de la responsabilidad de que cambie ese modelo, está en cada uno de nosotros. Y me alegro de que haya sacado el tema, es una forma de recordarnos que también está en nuestras manos el decir, ¡No, así, no!

      Saludos y enhorabuena por su acierto.

      1. El “ramalazo” al que se refiere obedece al hecho de que hay muchas personas que tienen un sentimiento de pertenencia distinto del que tienen otras, y yo quería que ese elemento no fuera factor de diferenciación en lo que a este asunto se refiere. Cada lector sabrá dónde ubicarse.
        Yo no tengo ningún problema al respecto; mi patria es mi historia personal, una historia que se desarrolla en un triángulo que definen los siguientes tres vértices: Lisboa, Finisterre y la Mesa de los tres reyes (con un pequeño apéndice en Devon y Cornualles, Inglaterra). Los estados que nos organizan la vida son otra cosa, y al respecto, me tiene sin cuidado cuál de los posibles me la organice, siempre que no fastidie demasiado. Últimamente España me está resultando un tanto madrastrona, y como sabe, soy muy partidario de los regímenes forales; también tengo una debilidad romántica: me apenaría mucho que la lengua vasca dejase de ser vehículo de cultura y de comunicación Pero lo más importante es que no me gusta que el estado, sea éste el que sea, crea que sabe mejor que yo qué es lo que me conviene a mí y a mi familia.
        Saludos y gracias

    2. Para Manu Arregi Biziola

      Ya lamento haber clavado mi comentario como una aparente respuesta al suyo.

      No era esa mi intención.

      Le pido disculpas.

  3. Sinceramente creo que en el análisis general del artículo tienes razón pero creo que se te olvida que a los jugadores les pagan clubs privados y a los profesores y científicos generalmente es dinero público por lo que es lógico que no se les pueda pagar una cantidad enorme. Si fuera así cuanto nos gastariamos los vascos en pagar profesores, médicos, ingenieros si pagaramos lo que les pagamos a los deportistas? .-

    1. Los clubs “privados” de los deportes más populares suelen estar bien surtidos de dinero público, por las vías más variopintas: exenciones de impuestos, recalificaciones urbanísticas, cesiónes de suelo y edificios, publicidad, o sin disimulos, vía ayuda directa.

      1. Cierto, pero siguen siendo privados. Y es posible (me temo) que el dinero público se les dé por mero populismo político… y un poco por interés general, vale… aceptamos pulpo como animal de companía…

        Saludos.

    2. No he querido hacer la distinción porque para la tesis que sostengo es irrelevante. Un punto es que, como sociedad, dirigimos recursos con más “ligereza” hacia unas cosas que hacia otras. Y el otro es que aceptamos con normalidad que en deporte se debe cobrar en función de resultados y en otras cosas no; y creo que la diferencia es que una cosa importa y la otra no.

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