La precampaña ya empezó

Tanto si se convocan para el otoño de este año, como si se celebran al final de la legislatura, la precampaña para las elecciones autonómicas ya está en marcha. Y como suele ocurrir en casi todas las elecciones, el reparto de escaños dependerá, en gran medida, del grado de movilización del electorado de cada partido.

Los socialistas parten de una cierta posición de desventaja. Durante las últimas convocatorias su electorado ha estado escasamente movilizado. Quizás por ello han sido los primeros en lanzarse a la campaña; la iniciativa “Publikoa” y las manifestaciones del lehendakari-candidato, no dejan lugar a dudas. Dicen que los resultados de las autonómicas andaluzas fueron recibidos, a pesar de ser marzo aún y del batacazo cosechado, como si de agua de mayo se tratase. De hecho, esos resultados se han tomado en círculos socialistas como muestra de que la marea, para ellos, vuelve a subir tras la debacle de las generales. Pero quizás yerran, porque la alternativa de gobierno en Andalucía se llamaba Arenas, y Arenas no es la alternativa en la CAV. Al PSE no le va a resultar fácil mejorar en unos meses el pobre balance de legislatura, y mucho menos presentar un proyecto político atractivo y realista para Euskadi.

Los populares vascos se las veían muy felices…. hasta las andaluzas. Los primeros 100 días del señor Rajoy han resultado ser de máximo desgaste. Subida de impuestos, presupuestos muy restrictivos, amnistía fiscal a delincuentes y, -lo que es peor-, negro horizonte económico y laboral a corto plazo, son pésimos avales para solicitar al electorado el apoyo, en forma de papeleta, a su proyecto. Por eso, tampoco los populares encaran estas elecciones con buenas perspectivas de participación de su electorado tradicional. La incógnita, para ellos, es si es mejor concurrir en el otoño o esperar a la próxima primavera. Y esa incógnita no tiene una solución evidente.

Batasuna y aledaños se encuentran, en lo que al calendario electoral se refiere, en una situación cómoda, pues es previsible que, con ETA fuera del escenario, consigan mantener una importante fidelidad de voto. Siguen cabalgando la ola que les llevó a triunfar en Gipuzkoa y a ser la segunda fuerza más votada en la CAV. Y luego está el factor Otegi. Si el señor Otegi es puesto en libertad contarán con un excelente cabeza de cartel para su electorado, con el mérito de haber pasado un buen periodo en la cárcel. Y si sigue en prisión, capitalizarán, como es lógico, el victimismo que tal situación propicia.

Es previsible que el PNV siga siendo la primera fuerza política en la CAV en número de votos, aunque no está tan claro que lo vaya a ser en parlamentarios. Pocas papeletas podrían, -por ejemplo en Vitoria-, dar y quitar mayorías relativas y, en ese contexto, pequeños contratiempos pueden salir muy caros. La clave, para los nacionalistas vascos, será doble. Por un lado, corren el riesgo de sufrir las consecuencias de unas tensiones internas que no acaban de remitir. Y por el otro, pueden beneficiarse de la imagen de solvencia que aún conservan, y de ser considerados claves para el desarrollo y profundización en el autogobierno. En ese contexto, el PNV necesita, como cualquier otro partido, a un buen candidato o candidata, pero ante la probable eventualidad de que sea él o ella quien lidere el próximo gobierno vasco, lo importante es que esa persona sea un buen gobernante porque, de lo contrario, el retorno a Ajuria Enea podría devenir en frustración y resultar efímero.

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