Jaiak bai,…..

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Hacía años que no bajábamos al Arenal en Semana Grande, aunque en realidad habría que decir que hacía años que evitábamos cuidadosamente las fiestas de Bilbao. Este año, sin embargo, nos ha picado la curiosidad y decidimos que las primeras horas de la tarde, después de comer, podían ser un buen momento para, bastantes años después, volver al recinto festivo. A esas horas era previsible que hubiese poca gente y que la zona estuviese transitable. Emprendimos así lo que bien podría considerarse una expedición antropológica.

Las choznas se parecen a las de antes, salvo por el tamaño. Ahora son enormes estructuras de mecanotubo. Muchas tienen, además, una buena porción de espacio cubierto, al abrigo de la lluvia. Sabido es que el verano de la villa gasta malas pasadas y conviene dar protección a la parroquia. La decoración es, a la vez, diversa y homogénea. Diversa porque dependiendo de la modalidad reivindicativa de la comparsa, los tonos y motivos son diferentes. Y homogénea porque las choznas comparten elementos gráficos y simbología combativa. Al transitar por el pasillo central se percibe coherencia en el universo festivo, aunque ese universo contenga, a su vez, diferentes ecosistemas: aquí antimilitaristas, allí feministas, en medio proaministías, etc.. No obstante, esa particular, alcohólica y efímera Christiania bilbaína resulta, en conjunto, estéticamente coherente: es agresiva y fea con avaricia.

Por lo demás, la estética de la gente –miembros, principalmente, de las comparsas en tiempo de asueto- que puebla la zona a esas primeras horas vespertinas es del todo acorde a la de las choznas. Es esa estética que, con sus variantes, han exhibido durante décadas muchos militantes del antaño denominado movimiento de liberación nacional vasco, esa que predomina en Bilbao los días de las grandes ocasiones de la izquierda patriótica. Abundan las perforaciones en la anatomía facial. Proliferan las camisetas de rayas horizontales en tonos oscuros. Pantalones los hay de varias modalidades: simples y desastrados vaqueros, de estética montañera con petachos de perfectos ángulos rectos, cortos (por aquello de la estación del año en que nos encontramos), o de gran holgura y tonos florales. Si faldas, amplias también y de motivos coloristas. Las sandalias, si es el caso, de confección artesanal. Ellos lucen microperilla sublabial y ellas flequillo de implacable linealidad.

Hace cuatro décadas surgió en el Reino Unido el movimiento punk. Con sus chupas, sus adornos metálicos, sus crestas, sus imperdibles atravesando mejillas y orejas, sus botas militares y sus cadenas, quisieron mostrar a la sociedad británica su rechazo. Abominaban de la sociedad y de sus valores, y utilizaron una estética desagradable para expresar ese rechazo. Muchos militantes de la izquierda patriótica, jóvenes sobre todo, así como de la no tan patriótica izquierda extrema vasca han cultivado una estética también feísta, y lo han hecho con idéntico propósito que los punk británicos. Es más rústica, montañera y, en definitiva, agreste, porque concuerda mejor con la naturaleza bucólica del ideario patrio. Pero con ella también han querido expresar su rechazo a la acomodada sociedad vasca, tan normal ella, tan bien vestida e igualmente bien planchada.

La mezcla de estructuras king size de mecanotubo, estética patriótico-izquierdista-alternativa, y lemas y simbología combatientes configuran un espacio bien diferenciado y de nítido perfil político. Se trata de poner en práctica los lemas de antaño –jaiak bai, borroka ere bai o martxa eta borroka-, solo que sin las batallas campales de entonces. En otras palabras, se trata de identificar la fiesta con una determinada comunidad socio-política y de ponerla al servicio de su aparato de propaganda. Y yo me pregunto: ¿es eso lo que quieren las gentes de la villa?

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Nota: esta anotación reproduce la [Enlace roto.] que un tal Pérez publicó en el diario Deia el 23 de agosto de 2014. Un año después quizás ha quedado desfasada, pero lo dudo.

Un comentario en «Jaiak bai,…..»

  1. Acertada descripción de la estética «borrokista»…
    Fueron jóvenes, pero los que han llegado hasta aquí ya peinan canas, si queda algo que peinar. Y sus cachorros no han cambiado mucho sus gustos estéticos, hasta donde recuerdo.

    Corresponde a una sociedad en evolución pese a su resistencia a cambiar. Paradoja: la verborrea dialéctica patriótica distanciada y distanciandose de la composición demográfica y de las expectativas del «pueblo» al que pretenden liberar.

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