El niño en la playa turca

piedras

El pasado miércoles las imágenes de un niño muerto en una playa turca nos conmovieron profundamente. La imagen de su cadáver, junto al agua, bañado por las olas del Mediterráneo antes de ser recogido, dio la vuelta al mundo. Televisiones y redes sociales de internet la difundieron el mismo miércoles, y parte de la prensa escrita la llevó a portada el jueves. Provocó reacciones múltiples, encendidas y en ocasiones, encontradas. Los sentimientos qué más afloraban en los mensajes eran de vergüenza y culpabilidad. Si hemos de hacer caso a la mayoría de las opiniones, Europa, una vez más, ha mostrado su peor cara, la cara fría, distante, insolidaria, inoperante, egoísta.

Creo que hubiera preferido no ver las imágenes. Pero, ¿es eso razonable? ¿Acaso era mejor no haberlas visto? ¿Habría sido más correcto no hacerlas públicas? No lo sé. Si no hubiera visto las imágenes, ¿me habría conmovido la pérdida de aquella vida si sólo me la hubiesen contado? Seguramente no; imágenes como aquélla obran un efecto formidable. En mí lo obraron, desde luego. Pero entonces ¿es verdad, como sugerían algunos, que si necesitaba ver las imágenes es porque mi reacción, mi angustia, no eran genuinas? En ese caso ¿es cierto que no me importa realmente el problema de los refugiados? ¿Me importa lo suficiente de verdad? ¿O mi disgusto es sólo epidérmico, superficial? ¿Y qué hay de todos esos niños que el mismo miércoles murieron en el mundo, lejos de las costas de Siria, de Turquía, de Grecia, por culpa de la vileza de sus semejantes? ¿He de dirigir mi compasión sólo hacia los muertos que veo? ¿Los demás no existen? No tengo respuestas para estas preguntas.

Las miradas y, junto a las miradas, los reproches se dirigen a las autoridades europeas, a nuestros líderes políticos. Seguramente lo podían haber hecho mejor pero, ¿tan mal lo están haciendo? ¿Es acaso evidente que podían haber reaccionado con mayor diligencia y eficacia? Europa se enfrenta, al parecer, a la mayor avalancha de refugiados extracomunitarios de su historia. ¿Tan fácil es poner de acuerdo a varias decenas de gobernantes? Y si las respuestas son afirmativas, ¿por qué lo hacen tan mal? ¿Por incapacidad? ¿Por falta de voluntad? ¿Por miedo a perder votantes?

Entonces, ¿somos los europeos el problema y no la solución para el medio millón de personas que llegarán a nuestros países este mismo año? ¿Somos realmente una civilización enferma? ¿Es Europa ese monstruo insolidario, distante, frío, egoísta, cruel? Pero Europa somos sus ciudadanos; somos usted y yo. ¿Somos, entonces, los europeos fríos, insolidarios, crueles, egoístas? ¿Lo es usted, lector o lectora? ¿Lo son sus familiares, sus vecinos, sus conciudadanos? Y si resulta que sí, que lo somos, ¿qué otra civilización, anterior o actual, ha sido solidaria, compasiva, cercana con los ajenos? ¿Han de avergonzarse nuestros gobernantes? ¿Hemos de avergonzarnos nosotros? ¿Por ser europeos y vivir en el mejor de los mundos posibles? Sigo sin respuestas.

Envidio la claridad de juicio que denotan quienes así se manifiestan. Envidio esa capacidad para delimitar, en un santiamén y bajo el impacto de una imagen brutal, el perfil del mal. Me asombra la autoridad moral de la que muchos hacen gala. Me sorprende la facilidad con la que delimitan responsabilidades. A mí todo me parece más difícil, más oscuro, más confuso. Lo único que percibí el pasado miércoles con nitidez absoluta, hiriente, brutal fue la imagen del niño, boca abajo, mientras las olas bañaban su cadáver arrojado a una playa turca. Y recuerdo que pensé: ¿hay algo que podamos hacer para mitigar, en lo posible, una tragedia tan grande?

4 comentarios sobre “El niño en la playa turca”

  1. Son terribles las imágenes en directo de la condición humana. Ahora vivimos los dramas al instante, en el móvil. Buscamos culpables, responsables. Quizás convendría echar un vistazo a la Wicki: https://es.wikipedia.org/…/Anexo:Guerras_por_n%C3%BAmero_de…
    Y recordar que ya en….
    Primera guerra púnica (264 a. C.-241 a. C.): 400.000 muertos, por ejemplo.
    No hemos cambiado.
    La pregunta es ¿qué necesita el ser humano para cambiar?

  2. Me ha gustado. Yo también soy de los que no tiene claro el asunto y después de leerte, aún me vienen más preguntas a la cabeza empezando por la de si es lícito utilizar niños para manipular más aún nuestros sentimientos. Muchas gracias Juan Ignacio.

  3. Cuando vemos imagenes como la del ninho muerto las emociones se catalizan, porque corrientemente nos abstraemos de las tragedias que ocurren en otras partes del mundo. Hambrunas, enfermedades se llevan infinidad de ninos en el tiempo que se tarda en escribir este comentario, sin embargo, nos resulta casi imposible visualizarlos y por lo tanto percibirlos como algo tristemente real que no solo figura en estadisticas. Es dificil individualizar el sufrimiento pero considero que es necesario para forzar nuestra empatia. El ninho tenia nombre Aylan Kurdi.

  4. Es cuando los sentimientos y los juicios se entremezclan. Sabemos que se ahogan ,en el mar, en camiones..lo razonamos,lo intentamos comprender ,y en nuestros juicios echamos la culpa a las mafias.. al egoísmo de los gobiernos..y hay gente que hasta les echa la culpa a los que huyen: sospechan causas oscuras por pagar sus viajes y aconsejan dar formación militar para que luchen allí(en este mismo blog). Una auténtica locura.
    Vemos las imágenes de ese niño, y nos quedamos mudos, es: el horror, como decía el coronel Kurt en Apocalypse Now.
    Pero vemos imágenes asi en Gaza, casi todos los días, las vimos en Irak..aquellas «pérdidas colaterales» y de tanto verlas, nos inmunizan del dolor ajeno.
    Acogemos a niños saharagüis, a niños rusos contaminados por radiaciones…sabemos que no es la solución,pero…
    Pero hay esperanza, ayer leyendo a Marina Garcés:»Los verdaderos cambios políticos los hace la gente anónima.La fuerza del anonimato no es la masa uniformizada.Es la de cada uno/una cuando estamos dispuestos a luchar juntos.El 15 M demostró algo que muchos defendíamos desde hacía tiempo».
    Haciéndonos preguntas, es forma de encontrar respuestas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *