Izquierda menguante

Cuando se pide a la gente que se ubique ideológicamente en el eje izquierda-derecha y, para ello, que asigne un valor numérico a dicha ubicación en una escala de 1 (muy de izquierda) a 10 (muy de derecha), un 73% de los que responden (que son el 85% de los preguntados) se consideran de izquierda o de centro izquierda. El 27% restante se consideran de derecha o de centro derecha. Afinando aún más, un 10% serían de extrema izquierda, un 31% de izquierda, otro 31% de centro, un 11% de derecha y un 3% de extrema derecha. Por su parte, según las encuestas preelectorales, el PP podría obtener algo más del 25% de los votos; el PSOE entre el 20% y el 25%; Ciudadanos alrededor de un 20%; Podemos entre el 15% y el 20%; e IU cerca del 5%. El 10% que aproximadamente falta para llegar al 100% se lo repartirían, principalmente, los partidos nacionalistas periféricos.

De la comparación de los dos grupos de datos anteriores se desprende que muchos españoles de centro izquierda, se proponen votar a partidos de derecha o de centro derecha, o sea, al PP o a Ciudadanos, según mi particular métrica política. Y eso es una anomalía en la que merece la pena reparar.

Con la crisis hubo quienes anticiparon el fin del capitalismo. El movimiento del 15M y la posterior emergencia de Podemos hicieron pensar a algunos que el Paraíso estaba a la vuelta de la esquina. A finales de 2014 Pablo Iglesias se presentaba como el Tsipras español. Podemos arrebataba apoyos al PSOE y hasta mordía en el electorado del PP. Pero un año después el panorama ha cambiado por completo.

Grecia mostró las limitaciones de la política real y acabó siendo muy mala carta de presentación para la izquierda populista española. Por otro lado, las elecciones autonómicas han dado la medida cierta de las diferentes opciones y, en algunos casos, han obligado a los nuevos partidos a tomar decisiones no siempre bien recibidas por sus electores. Podemos ha perdido fuelle pero, a la postre, esa pérdida no ha servido para que el PSOE –y menos aún IU- dispute al PP la hegemonía. Rompiendo la lógica propia de la confrontación izquierda-derecha, parece haber sido Ciudadanos el partido más beneficiado del retroceso de Podemos. No importa que los de Rivera hayan sido tachados de ser la marca blanca del PP, ni que se les acuse de estar al servicio de oscuros intereses. Lo cierto es que el PSOE no ha sido capaz de cosechar el apoyo de muchos votantes de centro izquierda y éstos se proponen votar al partido que más nítidamente puede identificarse como liberal. Quiere esto decir que esos electores no se fían de Sánchez o de su partido, y que incluso prefieren otorgar su confianza a un partido con muy escasas y dudosas credenciales.

La izquierda parece encontrarse en cuarto menguante. Pero eso entraña riesgos porque, como vemos en Francia, parte del espacio que deja la izquierda lo pueden ocupar peligrosos populismos. Y esos populismos pueden, a su vez, ser germen de nuevas o no tan nuevas formas de fascismo.

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