Iniciativas a pares

Últimamente, al PNV le salen las iniciativas a pares. En el acto del Alderdi Eguna Íñigo Urkullu se refirió a la iniciativa ADOS. En el marco de esa iniciativa enunció los cuatro principios en que se fundamenta el ideario jeltzale en este periodo: exigencia a ETA del abandono definitivo de la violencia y de cualquier pretensión de tutela, compromiso con la pluralidad y su representación política, diálogo entre partidos para concertar un nuevo estatus político para Euskadi y respeto a las decisiones de la sociedad vasca Hice alusión a esta iniciativa [Enlace roto.]).

Hoy, Joseba Egibar ha presentado otra iniciativa mediante [Enlace roto.] publicado en los diarios vascos. Esta lleva por nombre “Batu gaitezen” y es, en palabras del burukide guipuzcoano, una propuesta de compromisos. Uno es el “compromiso claro con la paz y el rechazo del uso de la violencia”. El segundo compromiso se refiere a la “apuesta por el progreso y por una Euskadi solidaria y justa”. Y el tercero alude al “reconocimiento de la existencia del Pueblo Vasco y de su derecho a decidir libre y democráticamente su propio futuro”.

Literatura al margen, los enunciados de las dos iniciativas no me han parecido demasiado diferentes, la verdad. Si uno se adentra en el texto de Egibar encuentra alusiones a la ley de partidos y otras cuestiones que, de una forma o de otra, están recogidas en los ejes principales de ADOS. Y aunque hay algún elemento que chirría, como la equiparación entre la violencia de estado y la de ETA, el texto se acomoda bastante al discurso que ha mantenido el PNV durante los últimos años.

Pero precisamente por eso, no se entiende bien cuál es el objetivo real de la iniciativa. Salvo que la clave de todo esté en el nombre que se le ha dado, “unámonos”, denominación acorde con la frase con que empieza el artículo: “Entre todos podemos alcanzar los escenarios y objetivos colectivos que nos propongamos”. ¿De qué unidad se habla? ¿Quiénes son esos “todos” a los que se alude? ¿Todos todos o algunos todos? Quizás el acto celebrado en el Teatro Victoria Eugenia ha servido para aclarar estos extremos; no lo sé. Pero la lectura del artículo me ha dejado una sensación de confusión, de barullo. Aunque seguramente es un problema mío, de mi incapacidad para entender ciertas cosas.

Deportes

Hay distintas formas de relacionarse con el deporte. A mí se me ocurren cinco, aunque bien podrían ser más. Algunos lo practican de forma profesional. Disfrutan haciéndolo, aunque a veces, muchas, también sufren. Buscan, además, la victoria, y no sólo lo hacen porque estén obligados a ello. Desean ganar. Unos con más ambición y otros con menos, pero todos ellos quieren ganar. También hay deportistas de competición que no son profesionales. No se ganan la vida de esa forma, pero disfrutan y, como los anteriores, a veces sufren. Y también quieren ganar. Desean la victoria.

Luego está el deporte practicado por simple disfute, casi como un juego. Son esas cuadrillas que se juntan para salir en bici o jugar un partido de fútbol, o salen a correr 10 km todos los días. En este caso hay diversas motivaciones. Son variadas, aunque las componentes lúdica, masoquista e higiénica suelen estar presentes en diferentes proporciones.

Otra forma de implicación es la del forofo. Abunda en fútbol, pero lo hay en otros deportes. El forofismo es un forma irracional y desagradable de manifestar el entusiasmo por un deportista o por un equipo. A veces tiene una fuerte base identitaria, pero no siempre. El forofo parece poner la razón de su misma existencia en los logros, -reales o supuestos-, del objeto de su veneración. Y la quinta es la simple afición o gusto por asistir a espectáculos deportivos. Normalmente se produce una cierta identificación con un deportista o con un equipo, y se desea que tenga éxito. Creo que esa identificación también es irracional.

Yo practiqué el remo durante un año. Me sentí expulsado de su práctica porque las tretas y el juego sucio que se practicaba para ganar un puesto en la tripulación de la trainera eran incompatibles con mi manera de ser y mis intereses. Aparte de eso y de algún corto periodo nadando (que abandoné porque me cansaba, me aburría y el agua estaba más fría de lo aconsejable), no he hecho gran cosa salvo andar, aunque dudo que eso, por sano que sea, pueda calificarse de deporte.

Antes me gustaba el fútbol. Ahora no soporto las retransmisiones de los partidos y he llegado a aborrecer el ambiente forofero que inunda el estadio. Además, me siento agredido por la sobrepresencia futbolístico-futbolera en los medios de comunicación. Cuanto más veo u oigo cosas que tengan que ver con el fútbol, más absurdo me parece todo ello. [Aunque confieso que me sigo alegrando cuando gana el Athletic, cosa que no entiendo.]

Admiro a los alpinistas, pero el alpinismo no se retransmite por televisión, ni parece realista instalar graderíos en el Everest. Por eso, hoy es el día en que sólo disfruto viendo ciclismo (aunque tampoco sé muy bien por qué). Y aunque mi equipo es Euskaltel, casi todos los ciclistas me parecen dignos de admiración. Bueno, el caso es que me gusta el ciclismo. He visto correr a Contador; lo he visto en la tele y también en directo en el Tour. Aunque me parece un rato raro, creo que es un crack. Y no acabo de entender la historia del clembuterol. Es una historia extraña. De ninguna forma descarto el dopaje, por supuesto, pero lo que ha hecho la UCI no tiene nombre. Y todo esto me fastidia, la verdad, porque a este paso no me va a quedar ni el ciclismo.

Buenas preguntas

Las últimas 48 horas he estado “fuera de cobertura”. Desde el lunes a las cuatro de la tarde hasta hoy a una hora similar, he permanecido en San Sebastián, participando en el encuentro “Passion for knowledge”. Cuando he recuperado la cobertura me he encontrado con lo de casi siempre: extrañas (por “casuales”) detenciones de militantes de esa izquierda abertzale que dice una cosa y otra a la vez, detenciones de presuntos militantes de ETA, declaraciones de unos y de otros, una convocatoria de manifestación y una huelga que algunos llaman general, pero que es particular. Como esas son las cosas de las que más escribo, voy a cambiar de tema.

Tengo la pena de no haber podido asistir a las conferencias de hoy, mañana y pasado mañana, pero todo lo bueno se acaba y no me podía permitir el lujo de seguir disfrutando. En San Sebastián se han juntado algunos de los mejores del mundo en sus respectivos campos. En total son diez premios Nobel, pero los que no lo son también están en lo suyo en primera línea.

El lunes, Robert Langer, ingeniero químico, habló de nuevos materiales y de su aplicación a la medicina. Lo que más me impresionó fue ver andar a ratas y a monos después de que les hubiera implantado huesos “fabricados”. Los había “hecho” en el laboratorio, utilizando células indiferenciadas que había cultivado sobre soportes artificales. Dejó boquiabierta a la concurrencia. Ayer Juan Ignacio Cirac, físico, habló de fenómenos cuánticos, cosas que pasan en la materia cuando estudiamos partes minúsculas de ella, y en particular, se refirió a la computanción cuántica. Parece que dentro de no demasiado tiempo, ordenadores de tamaño pequeño, cuyo funcionamiento está basado en fenómenos de naturaleza cuántica, serán capaces de realizar en unos minutos operaciones que hoy un superordenador de tamaño enorme tardaría años en completar. Richard Ernst, físico y premio Nobel, habló de la resonancia magnética y de arte centroasiático. Sylvia Earle, bióloga y exploradora marina, expuso su visión del estado de los océanos y su propuesta de crear reservas marinas. Y ayer también, otro premio Nobel, Jean-Marie Lehn, disertó sobre la capacidad de autoorganización de la materia y las posibilidades que esa capacidad ofrece.

Pero lo que verdaderamente me dio que pensar fue el tema con el que Aaron Ciechanover, médico y bioquímico y premio Nobel también, acabó su charla el lunes. Después de hacer un recorrido por los últimos 100 años de las enfermedades y de la forma de combatirlas, acabó aludiendo a las posibilidades que ofrece y ofrecerá la genética en los próximos años. El puso el ejemplo que voy a poner yo ahora, pero es importante no quedarse en el ejemplo. Hoy, cuando alguien va a tomar la decisión de emarejarse con otra persona tiene en cuenta todo lo que sabe de ella, incluidas sus enfermedades conocidas o, incluso, los impedimentos físicos visibles que pueda tener. Creo recordar que él aludió a la posibilidad de que la pareja pudiera ser tuerta o ciega incluso, no lo recuerdo bien. Pues bien, ya hoy podemos saber con qué probabilidad una persona va a desarrollar determinados tipos de cáncer. La cuestión que él planteó fue: ¿Quiero que lo sepa nuestro médico? ¿Quiero saberlo yo? Y si lo sé, ¿se lo diría a mi novia? ¿Querría saberlo ella? Buenas preguntas….

Medio llena

Hubiera preferido que [Enlace roto.] suscrito ayer por la izquierda abertzale heredera de Batasuna, Aralar, EA, Abertzaleen Batasuna y Alternatiba se hubiese limitado a pedir a ETA su abandono definitivo. No me gusta que se dirijan al gobierno español en demanda de nada en el contexto de ese acuerdo. En fin, me hubiera gustado que las cosas de ETA hubieran ido por un lado y todo lo demás por otro. Porque aunque todos esos elementos sean ingredientes de un mismo sistema político creo que es conveniente no mezclar los planos. Porque no deben equipararse las actuaciones del estado, por inicuas que nos parezcan, con las de una organización terrorista.

Pero dicho lo anterior, y en la línea que apuntaba en un apunte anterior (“¿Emancipación?”), parece que la izquierda abertzale heredera de Batasuna ha tomado la decisión firme de dedicarse a la política sin tutelas armadas. El acuerdo de ayer, aunque hubiese preferido que estuviese redactado en otros términos, es un hito más en esa direción. Así lo creo. Por eso, me he sentido identificado con lo que ha escrito Javier Vizcaíno en su “Mínimos” de “Más que palabras” y en cierta medida también conlo que ha escrito Pablo Muñoz ( «[Enlace roto.]«).

Aprovecho estas líneas para comentar, muy brevemente y sin ánimo de dar continuidad a la discusión previa, el último comentario de Mikel a mi entrada anterior. Dice Mikel que hoy hay dos razones más para creer que ETA va a acompañar a Batasuna en ese trayecto. Es posible, pero así como creo que la firma del documento de marras es un paso significativo, no lo veo tan claro en el caso de ETA. Sigue habiendo, a mi juicio, demasiado circunloquio. El circunloquio es una forma de sugerir, de afirmar algo sin hacerlo del todo, de dejar puertas abiertas, y de evitar la ruptura, sí, pero también puede ser la cortina tras la que esconder otras intenciones. Por eso, aunque no tengo elementos suficientes como para pensar con alguna seguridad que vaya a ser de una forma o de otra, no lo veo tan claro. El tiempo lo dirá.

Hoy, a pesar de todo, soy más optimista que ayer; empiezo a ver la botella medio llena.

Post scriptum: Recomiendo vivamente el artículo “[Enlace roto.]”, de Txema Montero en Deia.

Malsonante

El debate de ayer fue, creo, como casi todos los debates de política general. No suelen tener demasiado interés salvo que se hagan anuncios de próximas actuaciones fuera de lo habitual. Los propios están a favor y los demás en contra. ¡Sólo faltaría que fuera de otra manera! La prensa ilumina unos u otros ángulos dependiendo de si es afín al régimen o si no lo es. En ese sentido, no me pareció nada especial.

Sin embargo, las palabras malsonantes que pronunció el lehendakari desde la tribuna sí me parecieron algo especial. He oído, en cortes de radio, dos veces la palabra “coño” y una vez “acojonan”. Y sigo sin salir de mi asombro.

Es evidente que el idioma cuenta con variados registros y que cada registro es adecuado a un entorno o auna situación. No me dirijo al pescatero del mismo modo como lo hago a mis alumnos en clase, por ejemplo. Y no se les habla igual a los hijos o al funcionario de tráfico. Tenemos bastante claro en qué circunstancias pueden utilizarse tacos. El más iletrado sabe que las palabras malsonantes sólo deben utilizarse en entornos de máxima confianza y haciendo uso de determinados registros. Quien se dirige a otras personas utilizando palabras malsonantes, si no son de su entorno próximo, les falta al respeto.

Por eso, lo que hizo ayer el lehendakari fue una falta de respeto. Faltó al respeto a todas las personas que representa, sean o no sus votantes y a dos instituciones, al Parlamento y a la del propio cargo que ostenta.

¿Hubiera hecho algo parecido en las Cortes, en Madrid, desde la tribuna? Estoy seguro de que no. Quizás lo que subyace a un comportamiento tan poco digno es que el señor López sigue sin otorgar al cargo que ostenta la naturaleza que verdaderamente le corresponde. Quizás no se cree que es lehendakari o quizás no ha interiorizado aún que el lehendakari es la más alta institución de Euskadi. En realidad da igual que la razón sea una o la otra; lo que no da igual es la merma que de esa forma sufre la dignidad de nuestras instituciones.