Perros en el camino, mi reseña

perrosEsta semana de Pascua me he llevado, entre otras cosas, Perros en el camino, la última novela de Pedro Ugarte, para leer en el retiro vacacional.

Conocí a Pedro hace muchos años, creo que en 1997. En 1996 había publicado Los cuerpos de las nadadoras, que fue finalista del premio Herralde de novela y por la que recibió el premio Euskadi de literatura. De hecho, fue en la ceremonia de entrega del premio cuando lo conocí, aunque la memoria quizás me falle y a lo mejor fue en la ceremonia de ese mismo premio del año siguiente. Da igual. Leí aquella novela y me gustó mucho. Y también me ha gustado todo lo que le he leído después, antes y después de que nos hiciésemos amigos.

Perros en el camino es una fábula moral. Cuenta la historia de un grupo de amigos -algunos de los cuales tienen inquietudes literarias- a partir del momento en que uno de ellos se convierte en autor de prestigio. La novela trata del amor, la muerte, la amistad, la traición, la culpa, la redención…, esos temas de que tratan las mejores narraciones, tanto en la literatura como en el cine; son, de hecho, los temas de los grandes westerns, la vida misma.

Los personajes de la novela, con la excepción del protagonista, están muy definidos; es como si fueron arquetipos, pero no lo son por la sencilla razón de que esos tipos no son generales. Digo esto porque están caracterizados destacando rasgos muy marcados, rasgos que definen unos caracteres de forma muy nítida. El único que es retratado de un modo mucho más indefinido es, precisamente, el protagonista. De esa forma, las actuaciones de los actores secundarios me resultan más previsibles o, si se quiere, más esperables que las del protagonista, que es quien, al fin y a la postre, se ve enfrentado a los principales dilemas que plantea la novela. En cierto modo es como si esos personajes fueran parte del paisaje moral en que se tiene que desenvolver el protagonista. Y ese mecanismo ha funcionado bien. Por cierto, me ha llamado la atención la diferencia de estilos que utiliza Pedro dependiendo del personaje al que se refiere o que habla. Si es, como imagino, algo buscado, es fantástico, pero no lo es menos si resulta que ha sido inintencionado.

La clave para acertar cuando se escribe de los temas que han ocupado a escritores y cineastas desde siempre es hacerlo bien o, mejor dicho, hacerlo muy bien. Eso significa escribir sin que lo que se escriba parezca superficial, manido o ñoño, y hacerlo, además, de forma brillante. Pedro Ugarte lo consigue sobradamente con esta novela. Domina como pocos los recovecos del idioma. Y la forma en que aborda los dilemas morales que proponen sus relatos es cualquier cosa menos convencional. Pues bien, en Perros en el camino eso, que en su obra ya es la norma, se vuelve a repetir con más solvencia y originalidad si cabe. El resultado es brillante. Es difícil que pase una página sin que uno se encuentre algún hallazgo expresivo, ideas complejas, nada obvias, que quedan condensadas en dos o tres líneas. Todas las páginas del libro son buena literatura. Y si, en algún momento, me ha extrañado el curso del relato, páginas más tarde –a veces muchas- adquiría pleno sentido aquello que en un principio me había desconcertado.

Pero como la perfección no existe, hay algo que no me ha acabado de convencer en la novela: el recurso al psicoanálisis. Lo juzgo innecesario y, ya puestos, hubiera preferido el confesonario: goza de una extensa tradición entre nosotros. 😉

Dicho todo lo anterior, no he aludido todavía a lo más importante: Perros en el camino me ha emocionado y muy especialmente la última parte de la novela, la que transcurre en un escenario diferente. En esa parte del libro hay un monólogo –de Ariana, el personaje femenino- que me ha parecido sublime; para mí lo mejor de toda la novela, el clímax.

Es, quizás, difícil juzgar la obra de un amigo sin que esa condición, la amistad, afecte al juicio que uno se hace de ella. Por eso no puedo descartar del todo que en mi caso haya podido influir en alguna medida, menor en todo caso. Pero si de algo no tengo ninguna duda es de que la novela me ha hecho disfrutar de verdad. Eso lo sé con toda seguridad.

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Nota: el miércoles 15 de abril Txani Rodríguez presentará Perros en el camino en una sesión en la que también intervendrá Pedro Ugarte. Será en la Biblioteca de Bidebarrieta a las 19:30h

Meros autómatas

A cuenta del homenaje que la Real Academia Española tributó a la lengua vasca la pasada semana, asistí de lejos a un curioso debate en torno a la convivencia lingüística. Una de las personas que intervinieron afirmó que quizás sería bueno que en Europa solo se utilizase una lengua. De esa forma, -argumentaba quien defendía tal idea-, nos entenderíamos mejor y, quizás, nos irían mejor las cosas. Utilizaba el ejemplo norteamericano y el idioma inglés como referencia. A quien sostenía tal opinión le parecía que la diversidad lingüística constituye un obstáculo para la comunicación.

En realidad, lo que es un obstáculo para la comunicación es no conocer más que una lengua. En la historia de la Humanidad el monolingüismo ha sido la excepción y el bilingüismo o el trilingüismo, la norma. Las ciudades, los territorios, los países han sido, por variadas razones, escenarios de encuentro de personas pertenecientes a diferentes grupos lingüísticos, y lo normal ha sido que cada uno conociese dos o tres lenguas. Han sido quizás los europeos pertenecientes a las tres grandes potencias occidentales históricas y, dentro de éstas, los hablantes de sus lenguas hegemónicas, -ingleses, franceses y castellanos/españoles-, los únicos que se han mostrado mayoritaria y pertinazmente incapaces de hablar otra lengua que no fuese la materna. Claro que no es casualidad que hayan sido esas tres naciones las que, en el periodo comprendido entre la configuración de los estados modernos y comienzos del siglo XX, han tenido vocación imperial y han llegado a erigir imperios.

La función social de una lengua es la comunicación; así es. Pero las lenguas cumplen otras funciones, también de gran importancia, que alimentan necesidades básicas de los seres humanos. Cada lengua nos ofrece una versión diferente del mundo. Se suele poner el ejemplo de la nieve y los inuit; pero los hay más sutiles y de consecuencias más imprevisibles, como por ejemplo las que se derivan de que la lengua tenga partitivo o no lo tenga. Cada lengua nos ofrece algo parecido a una cosmovisión. ¿Habría que renunciar a varias de esas visiones del mundo en aras de una hipotética mejor comunicación?

La lengua crea belleza. Es la materia prima de la literatura, y la literatura es, -para algunos, al menos-, una fuente de goce indescriptible. La literatura que se crea en una lengua y la que se crea en otra son diferentes; las obras literarias se traducen, sí, pero la traducción, por excelente que sea, modifica el original. ¿Qué razón puede haber para no tener acceso a más de una literatura? ¿Por qué, si podemos acceder a dos o tres, debemos renunciar a ello?

Y por último, la lengua alimenta la identidad; es, de hecho, una de las componentes más frecuentes e importantes de las identidades colectivas. Hay quien sostiene que las identidades son singulares y carecen de componentes compartidas. Pero esa idea simplemente denota ignorancia u obedece a un deseo. La pertenencia al grupo es un rasgo básico de la naturaleza humana. Ese grupo puede ser mayor o menor, puede ser tribu o nación, pero es el entorno humano que nos da cobijo, con el que compartimos raíces, tradiciones, vivencias, proyectos, etc. Se trata de algo tan básico, tan esencial en nuestra naturaleza, que hasta tiene un sustrato neuroendocrino; es parte de nuestra fisiología.

Las lenguas sirven para comunicarnos, sí, pero sirven para otras cosas. No sé cómo seríamos sin esas otras cosas, pero seríamos menos humanos, mucho menos; estaríamos más cerca de ser, quizás, meros autómatas.

De cómo Iñaki Uriarte se convirtió en un terrorista fugado y otras cosas de twitter

Iñaki Uriarte, a quien acaban de conceder el Premio Euskadi de Literatura en su modalidad de ensayo en castellano, ha tenido mala suerte. Le han ido a dar el premio en la misma edición en que se le concede a Joseba Sarrionandia. A estas alturas, todo el mundo sabe que Sarrionaindia se fugó de la cárcel hace muchos años, introduciéndose en un equipo de sonido que se sacó de la prisión tras un concierto de Imanol, cantautor vasco ya fallecido.

Sarrionandia ha sido, durante todos estos años, una referencia mítica para buena parte de la comunidad cultural que se expresa en vasco. Sus libros han sido grandes éxitos de ventas, y aunque ha obtenido algunos galardones (premio de la Crítica en más de una ocasión si no recuerdo mal), nunca había recibido el premio más importante que se otorga en Euskadi.

A mí, de su producción literaria, lo que más me ha gustado ha sido “Lagun izoztua”. Me gustó mucho.

Pero no voy a hablar de literatura aquí, sino de otra cosa. Como he dicho al principio, Iñaki Uriarte ha tenido mala suerte. No hay más que echar un vistazo a los medios en Internet para comprobar que casi solo hablan de Sarrionandia. Se da la circunstancia de que el pasado martes tuve la oportunidad, -gracias a mi amigo Pedro Ugarte-, de coincidir en una cena con Uriarte, cena en la que celebramos la reciente aparición del último libro de cuentos de Pedro. Lo pasamos muy bien.

El caso es que hoy he querido reivindicar el premio concedido a Iñaki Uriarte y, a la vez, por qué no decirlo, fardar de haber cenado con el escritor. Y para ello he puesto un mensaje en twitter con el texto que verán más adelante. La cosa no ha quedado ahí. Alguien ha interpretado que era Sarrionandia la persona con la que yo había cenado, y ello ha generado un curioso malentendido, que se hubiera quedado en una simple gracia si no fuera porque el tuitero que ha malinterpretado mi mensaje ha denunciado, mediante el mismo procedimiento, a la policía nacional mi encuentro con el “escritor terrorista”. La verdad es que no me ha hecho gracia, porque uno nunca sabe cómo acaban estas “gracias”.

Para quien no me conozca en twitter, mi sobrenombre en esa red social es Uhandrea, y el de la persona que ha malinterpretado mi mensaje, es Pepeluibiza. En la secuencia que sigue, unos nombres no van precedidos de @; esos son los de quien envía el mensaje; cuando la @ precede al nombre, esa es la persona (o entidad) a quien va dirigido el mensaje; y las letras RT indican que el mensaje ha sido redifundido, aunque con alguna modificación en el texto.

Ahí va la secuencia de tweets en twitter:

Uhandrea Juan Ignacio Pérez

Premio Euskadi de literartura (ensayo en castellano) a Iñaki Uriarte, x sus diarios [el martes cené con él] (no todo es Sarri en el paisito)

Pepeluibiza Pepelu Saliquet

@Uhandrea el martes cenastes con el Etarra en fuga y captura? Y no avisastes a la policia?

Pepeluibiza Pepelu Saliquet

RT @Uhandrea: Premio Euskadi de literartura (ensayo en castellano) a Iñaki Uriarte, x sus diarios [el martes cené con él] @policianacional

Uhandrea Juan Ignacio Pérez

@Pepeluibiza ¿usted sabe quién es Iñaki Uriarte? ¿o está usted gravemente enfermo?

Pepeluibiza Pepelu Saliquet

@Uhandrea me va usted a perdonar, he cometido lamentable error

Uhandrea Juan Ignacio Pérez

@Pepeluibiza se dice cenaste, no cenastes; y sí cené con él, con Iñaki Uriarte

Pepeluibiza Pepelu Saliquet

@Uhandrea errores de la tecnologia, los iphones y sus teclados tactiles a veces juegan malas pasadas

Uhandrea Juan Ignacio Pérez

@Pepeluibiza y por supuesto no se lo dije a la @policianacional; no creo que mi cena con ese señor fuera asunto de su incumbencia

Pepeluibiza Pepelu Saliquet

@Uhandrea como ya habra ud. Supuesto me referia al tal Josdba Sarrionandia, lamento el error

Pepeluibiza Pepelu Saliquet

@Uhandrea @policianacional evidentemente no, puede ud cenar con quien quiera, y mas con ese ilustre escritor, una vez mas mi disculpa

Uhandrea Juan Ignacio Pérez

@Pepeluibiza y qué hago yo ahora si la @policianacional decide hacerme unas preguntas?

Pepeluibiza Pepelu Saliquet

@Uhandrea @policianacional si yo estuviese en su posicion hablar en libertad, y si fuese poli, no haria caso al tweet, pues es de Uriarte..

Uhandrea Juan Ignacio Pérez

@Pepeluibiza disculpas aceptadas @policianacional

Pepeluibiza Pepelu Saliquet

@Uhandrea @policianacional una vez mas reitero mi error y le envio mis disculpas señor Perez

Hasta aquí la historia.

Estrambote: Mi contertulio en twitter en este intercambio de tweets me ha hecho notar mediante un comentario que se puede leer en la sección de comentarios que no había mantenido la secuencia real de tweets. Es posible que así sea, porque en conversaciones como esta a veces se entrecruzan comentarios y entran en la línea temporal en momentos diferentes al de su emisión. Por esa razón me ha parecido bien modificar la secuencia siguiendo su comentario. Y le agradezco la observación, por supuesto.

Impostura

Una amiga me ha pasado por correo electrónico este texto:

El pasado 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentarse a la realidad. Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y en esta ocasión se representó en Roma la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti. Nabucco evoca el episodio de  la esclavitud de los judíos en Babilonia, y el famoso canto «Va pensiero» es el canto del coro de esclavos oprimidos. En Italia, este canto es un símbolo de la búsqueda de la libertad (en los años en que se escribió la ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo).

Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso en el que denunciaba los recortes del presupuesto de cultura que estaba haciendo el Gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y había sido ministro de Berlusconi. Esta intervención del alcalde, en presencia de Berlusconi que asistía a la representación, produjo un efecto inesperado.

Ricardo Muti, director de la orquesta, declaró al «Times»: «La ópera se desarrolló normalmente hasta que llegamos al famoso canto «Va pensiero». Inmediatamente sentí que el público se ponía en tensión. Hay cosas que no se pueden describir, pero que uno las siente. Era el silencio del público el que se hacía sentir hasta entonces, pero cuando empezó el «Va Pensiero», el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción del público ante el lamento de los esclavos que cantan: «Oh patria mía, tan bella y tan perdida.» Cuando el coro llegaba a su fin, el público empezó a pedir un bis, mientras gritaba «Viva Italia» y «Viva Verdi». A Muti no le suele gustar hacer un bis en mitad de una representación. Sólo en una ocasión, en la Scala de Milan, en 1986, había aceptado hacer un bis del «Va pensiero». «Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo» – dijo Muti -.

En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, y se oyó que alguien entre el público gritó: «Larga vida a Italia!». Muti dijo entonces: «Sí, estoy de acuerdo: «Larga vida a Italia», pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo. Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del «Va Pensiero».  No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó «Ay mi país, bello y perdido» , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad «bella y perdida». Muchos aplausos, incluidos los de los artistas en escena. Muti prosiguió. «Yo he callado durante muchos años. Ahora deberíamos darle sentido a este canto. Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el «Va pensiero» Toda la ópera de Roma se levantó. Y el coro también. Fue un momento mágico. Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos.

El momento se puede presenciar en este vídeo:

La verdad, a mí todo esto me parece una gigantesca impostura. Esos que vemos, en la penumbra, aplaudir, emocionarse, declarar de ese modo su amor a la patria, son los mismos que elección tras elección han permitido que les gobierne quien les gobierna. Son esos los que han hecho la vista gorda a las gracietas y disparates de uno de los políticos más impresentables de Europa. Son los que hasta ahora nunca levantaron su voz para oponerse a unas políticas que han llevado a su país al borde del desastre.

Post scriptum: por aquí tampoco nos falta impostura, por cierto.

¿Bizkaia vs. Vizcaya?

No acabo de ver esto de los nombres de los territorios vascos. Reconozco que no sé que argumentos se han esgrimido en el Congreso y el Senado para defender que los nombres oficiales sean los nombres en vasco. Por eso, es posible que patine en este asunto. Pero hay algo que no me gusta en todo esto.

Entiendo que los elementos simbólico-identitarios son importantes. Pero por eso mismo no me ha hecho mucha gracia lo que se ha hecho. En la CAV conviven dos comunidades de diferente adscripción identitaria. Si es preciso podemos sustituir lo de identitaria por cultural o nacional, da igual. Una se expresa en español y se siente parte de la nación española. La otra se expresa en español o en vasco, dependiendo de las circunstancias, y se siente integrante de la nación vasca. Sí, ya sé que hay gentes en las que esto es un poco más difuso o incluso confuso, pero en todo caso, no cabe asignarles automáticamente una identidad únicamente vasca. Pues bien, con la decisión tomada, la denominación de los territorios vascos se hace de acuerdo con los sentimientos de la parte vasca o, si se quiere, “no española” de la población de la CAV. O sea, lo que había antes, pero al contrario.

No sé por qué no se ha decidido que el nombre que se utilice de forma oficial sea el vasco cuando el texto o el contexto hablado es vasco, y el español cuando esa es la lengua utilizada. De ese modo se mantiene la coherencia lingüística y no se menoscaban los sentimientos de nadie. Quizás es que estoy equivocado y nombre oficial solo puede ser uno, pero no veo por qué habría de ser así. Llevamos lustros oyendo que el pueblo vasco (de este lado de los Pirineos) tiene dos lenguas; pues bien, si eso es así y nos lo creemos, ambas han de tener la misma presencia en el nomenclator oficial. ¿No?

Y luego está lo de la lengua que individuos o entidades privadas utilizan o utilizamos para denominar a los territorios en cuestión. Porque en el uso privado, particular, no oficial, entiendo que cada uno hará lo que le venga en gana o su criterio le dicte.

Yo, desde luego, pienso escribir los nombres en castellano cuando escriba en castellano y los escribiré en vasco cuando utilizo esa lengua. A mí me resulta cómodo y estéticamente más adecuado proceder de esa forma que trufar el castellano de nombres y grafías que le son extraños. Me ocurre lo mismo con la lengua vasca. No sé por qué razón no escribimos Guecho en romance y Getxo en vascuence, por ejemplo. Dudo que, hablando o escribiendo en castellano, nadie vaya a escribir London haciéndolo en castellano para nombrar a esa extraordinaria capital británica, por muy oficial que ese nombre sea (si es que lo es). Como nadie va a utilizar España en vasco, por muy oficial que sea ese nombre. En inglés se escribe Spain y en vasco Espainia.
 Y ejemplos como ese hay decenas por toda Europa.

Utilizar la forma o la grafía de una lengua cuando se utiliza otra es actuar en contra de lo que para mí forma parte de la idiosincrasia de las lenguas. Es cosa de cada cual, por supuesto, pero me resulta antinatural, y no veo que los vascohablantes ganemos espacios de uso para el vascuence de esa forma. Que es lo que, para mí al menos, verdaderamente importa.