Amnistía

El pasado lunes, con las primeras horas de la mañana, unos operarios se afanaban limpiando la persiana de una sucursal de la BBK. Con letras de gran tamaño y de color rojo, habían pintado la palabra amnistía durante el fin de semana de año nuevo, y esos operarios estaban tratando de eliminarla. La pintada era una más entre los centenares de pintadas y carteles con los que se han ensuciado ventanas y paredes de bancos, cajas de ahorros, entidades públicas y mobiliario urbano desde hace aproximadamente un mes.

Todas esas pintadas y carteles han sido la principal forma de anunciar la celebración esta misma tarde en Bilbao de una manifestación en la que, -si nos atenemos a las declaraciones de los convocantes-, se quería exigir el acercamiento a las cárceles vascas de los presos condenados por pertenencia a ETA o por actos de terrorismo, así como la liberación de los presos enfermos y la suspensión de las medidas de alargamiento de las condenas.

Sin embargo, junto a esas reivindicaciones declaradas, lo que se reivindica de manera menos formal pero tan o más intensa, -mediante pintadas, lemas en redes sociales, etc.-, no son esas medidas, -que cabría calificar de “humanitarias” y cuya aplicación concita el acuerdo de amplios sectores sociales-, sino pura y simplemente, la amnistía para los terroristas. Conviene tener eso muy en cuenta, porque el número, -real o declarado-, de los asistentes a la marcha de esta tarde en Bilbao será utilizado como argumento a favor de la amnistía y de lo que tal medida realmente supondría: una interpretación interesada de la historia negra de Euskadi de las últimas décadas.

La palabra amnistía deriva del griego amnestia, que está formada por el prefijo “a” (sin), la raíz griega “mne” (del indoeuropeo “men”, que es parte de palabras tales como mente o memoria). Hay otra palabra que tiene una etimología muy similar: amnesia. Ambas significan olvido, en el sentido de pérdida de memoria, aunque hay una diferencia entre ellas, ya que amnesia se refiere a todo y amnistía solo se refiere a los delitos cometidos. Una amnistía consiste en el olvido por parte de la autoridad de los delitos, como si no se hubieran cometido, de tal forma que la responsabilidad de los autores se extingue y el castigo pierde sentido.

En ningún momento he considerado la posibilidad de acudir a la manifestación de esta tarde. Creo, sí, que ha llegado la hora de que el gobierno español tome medidas, como las que se reivindicarán hoy en Bilbao, para ir desbrozando el camino hacia una convivencia en paz. Pero no podría compartir un acto reivindicativo en tal sentido con quienes siguen pensando que la responsabilidad del dolor de tantos años es compartida y difusa; no sería capaz de caminar junto a personas para quienes las víctimas del terror no han sido sino los daños colaterales inevitables de un conflicto del que no consideran responsables directos a quienes están destinadas las medidas que se reivindican.

Pero hay más, la reivindicación “informal” o “no oficial”, aunque muy real, de la amnistía, pone las cosas mucho más difíciles (o fáciles, según se mire), porque lo que se pretende con esa reivindicación es el olvido, la amnesia selectiva, la impunidad en definitiva. Llegará, -así lo espero-, el momento de las medidas de gracia, pero debieran ser eso, de gracia y no de olvido, porque el olvido sería radicalmente injusto con quienes han sufrido las consecuencias del terror. Y además, porque sobre el olvido no se puede construir la convivencia.