Buenas preguntas

Las últimas 48 horas he estado “fuera de cobertura”. Desde el lunes a las cuatro de la tarde hasta hoy a una hora similar, he permanecido en San Sebastián, participando en el encuentro “Passion for knowledge”. Cuando he recuperado la cobertura me he encontrado con lo de casi siempre: extrañas (por “casuales”) detenciones de militantes de esa izquierda abertzale que dice una cosa y otra a la vez, detenciones de presuntos militantes de ETA, declaraciones de unos y de otros, una convocatoria de manifestación y una huelga que algunos llaman general, pero que es particular. Como esas son las cosas de las que más escribo, voy a cambiar de tema.

Tengo la pena de no haber podido asistir a las conferencias de hoy, mañana y pasado mañana, pero todo lo bueno se acaba y no me podía permitir el lujo de seguir disfrutando. En San Sebastián se han juntado algunos de los mejores del mundo en sus respectivos campos. En total son diez premios Nobel, pero los que no lo son también están en lo suyo en primera línea.

El lunes, Robert Langer, ingeniero químico, habló de nuevos materiales y de su aplicación a la medicina. Lo que más me impresionó fue ver andar a ratas y a monos después de que les hubiera implantado huesos “fabricados”. Los había “hecho” en el laboratorio, utilizando células indiferenciadas que había cultivado sobre soportes artificales. Dejó boquiabierta a la concurrencia. Ayer Juan Ignacio Cirac, físico, habló de fenómenos cuánticos, cosas que pasan en la materia cuando estudiamos partes minúsculas de ella, y en particular, se refirió a la computanción cuántica. Parece que dentro de no demasiado tiempo, ordenadores de tamaño pequeño, cuyo funcionamiento está basado en fenómenos de naturaleza cuántica, serán capaces de realizar en unos minutos operaciones que hoy un superordenador de tamaño enorme tardaría años en completar. Richard Ernst, físico y premio Nobel, habló de la resonancia magnética y de arte centroasiático. Sylvia Earle, bióloga y exploradora marina, expuso su visión del estado de los océanos y su propuesta de crear reservas marinas. Y ayer también, otro premio Nobel, Jean-Marie Lehn, disertó sobre la capacidad de autoorganización de la materia y las posibilidades que esa capacidad ofrece.

Pero lo que verdaderamente me dio que pensar fue el tema con el que Aaron Ciechanover, médico y bioquímico y premio Nobel también, acabó su charla el lunes. Después de hacer un recorrido por los últimos 100 años de las enfermedades y de la forma de combatirlas, acabó aludiendo a las posibilidades que ofrece y ofrecerá la genética en los próximos años. El puso el ejemplo que voy a poner yo ahora, pero es importante no quedarse en el ejemplo. Hoy, cuando alguien va a tomar la decisión de emarejarse con otra persona tiene en cuenta todo lo que sabe de ella, incluidas sus enfermedades conocidas o, incluso, los impedimentos físicos visibles que pueda tener. Creo recordar que él aludió a la posibilidad de que la pareja pudiera ser tuerta o ciega incluso, no lo recuerdo bien. Pues bien, ya hoy podemos saber con qué probabilidad una persona va a desarrollar determinados tipos de cáncer. La cuestión que él planteó fue: ¿Quiero que lo sepa nuestro médico? ¿Quiero saberlo yo? Y si lo sé, ¿se lo diría a mi novia? ¿Querría saberlo ella? Buenas preguntas….