Correlaciones electorales

Un análisis estadístico detallado de los resultados de las elecciones municipales del pasado mes de mayo en la CAV pone claramente de manifiesto que existen asociaciones entre el voto a determinadas fuerzas políticas y factores de índole identitaria. Esto no supone novedad alguna, -cierto es-, pero conviene tenerlo presente y conocer la entidad del fenómeno.

En primer lugar, existe una clara correspondencia entre el voto que recibieron las candidaturas de Bildu en las pasadas elecciones municipales y el porcentaje de vascohablantes que hay en un municipio. De manera inversa, el porcentaje de voto al PP y al PSE tiende a ser menor cuanto mayor es el porcentaje de vascohablantes en un municipio, y esa tendencia es más clara y más intensa en el caso del PP. El PNV es el único de los grandes partidos cuyo porcentaje de voto prácticamente no varía con el factor sociolingüístico. Esto es, las diferencias que se produjeron entre unos municipios y otros en el porcentaje de votos que obtuvo ese partido apenas están relacionadas con las diferencias entre los correspondientes porcentajes de vascohablantes.

Estas constataciones suscitan interesantes cuestiones. La estrecha asociación entre voto a Bildu y “vascofonidad” indica que en ese voto la componente identitaria es muy marcada, algo que ya se sabía, pero ¿dónde queda la componente “izquierdista” de ese electorado? Porque no hay razón alguna para pensar que los vascohablantes son (somos), en general, más rojos que los que no lo son.

Las tendencias apuntadas para PP y PSE dan cuenta de algo ya sabido también, la mayor aceptación de estas opciones por los electores que desconocen la lengua vasca, con lo que ello implica en términos identitarios. Por otro lado, es remarcable el hecho de que el voto al PSE es el único que varía con factores socioeconómicos, ya que se produce una cierta relación inversa entre sus porcentajes de voto y la renta per capita media de cada localidad.

Y por último tenemos al PNV. La inexistencia de variaciones consistentes de sus porcentajes de voto con respecto a ningún otro factor es, seguramente, consecuencia de tratarse del partido con más amplio apoyo en la sociedad vasca. Puede sorprender que en este caso no exista relación entre el voto recibido y el factor sociolingüístico, pero eso se debe, quizás, a dos factores. Por un lado, Bildu parece ser la fuerza que mejor refleja la incidencia de lo identitario ligado a la vascofonidad. Y por el otro, hay sectores importantes de población que, por razones generacionales, desconocen la lengua vasca, pero cuyo sentimiento de pertenencia es principalmente vasco; para ellos, mayoritariamente, su opción ha sido el PNV. A esos sectores se debe, quizás, parte de los excelentes resultados que ha obtenido el partido jeltzale en Bilbao y su entorno metropolitano.

Así pues, el PNV ocupa una posición sociológicamente central en la política vasca, con las ventajas que ello comporta. Pero también entraña riesgos. Porque un excesivo énfasis en elementos de carácter identitario puede provocar la pérdida de una parte de su electorado. Aunque lo contrario también puede ocurrir, si deja en manos de la izquierda abertzale la defensa de los elementos culturales más ligados a la adscripción nacional vasca. Esto es, para seguir ocupando la centralidad que ahora ocupa su reto principal consiste en mantener el equilibrio entre esos dos componentes. Tampoco esto es una novedad, pero conviene no perderlo de vista.

Nota técnica final: Los índices de correlación entre el porcentaje de vascohablantes de cada localidad y el de votos a las diferentes fuerzas políticas son los siguientes: +0’73 (Bildu), -0’57 (PP), -0’50 (PSE) y +0’06 (PNV). Y los de la renta per capita media de cada localidad y el porcentaje de votos a las diferentes fuerzas políticas, los siguientes: -0’08 (Bildu), +0’04 (PP), -0’23 (PSE) y +0’10 (PNV). Esos índices se obtuvieron a partir de un análisis con los 134 municipios de la CAV de más de 1000 habitantes, y en los que se han presentado las cuatro principales fuerzas políticas.

Imágenes

Enrique Maya, de UPN, consigue el bastón de mando en Pamplona; el PSN se lo ha facilitado votando en blanco. En la foto se muestra, con los dos brazos en alto, exultante. Su imagen refleja la superioridad municipal alcanzada por UPN en Navarra.

Odón Elorza entrega la makila a Juan Karlos Izagirre en San Sebastián y éste se la muestra al público congregado en el salón de plenos; pero en esa foto, el personaje es otro, es Ernesto Gasco, que desde atrás, contempla la escena con expresión circunspecta.

El haber obtenido la alcaldía de Vitoria ha sido muy importante para el PP, tanto como haber conseguido la de Sevilla; la imagen de Mariano Rajoy en ambas ciudades da buena cuenta de ello. El nuevo alcalde, Javier Maroto, juró su cargo en vasco.

La imagen de Bilbao transmite, por un lado, satisfacción, la que proporciona la mayoría absoluta lograda por Iñaki Azkuna en la capital más cosmopolita de Euskadi, y por el otro, -con los responsables de área en primera fila-, el mensaje de un nuevo modelo de gobierno municipal.

La foto de Barakaldo, paradójicamente, no es la de su alcalde, Tontxu Rodríguez, saludando a sus compañeros de corporación; es la de Jose Antonio Pastor hablando por teléfono en un salón de plenos casi vacío ¿con Lanestosa, quizás?

Una foto que no he visto pero que me hubiera gustado ver es la de Portugalete, donde su alcalde, Mikel Torres, ha sido el único candidato socialista que, en plena debacle del PSE, ha aguantado el tirón y ha conducido a su partido a una cómoda victoria. No pierdan de vista a ese hombre: cobrará un protagonismo y presencia pública crecientes.

La imagen en Lasarte Oria es la de un Jesús Zeballos, del PSE, con cara de circunstancias, dando la mano a Pablo Berrio, de Bildu, nuevo alcalde en esa localidad tras incumplir el PNV su compromiso de presentar candidato para gobernar en todas las instituciones. La presumible bondad de las razones del PNV para incumplir el compromiso anunciado, no anula el hecho del incumplimiento.

La de Jose Antonio Pastor acusando al PNV de haber mentido a la ciudadanía y de tener un pacto con Bildu para repartirse Euskadi es una imagen del pasado. Ilustra una radical incomprensión del escenario actual, y una gran dificultad para aceptar el fracaso de la política que ha desarrollado su partido desde hace dos años largos.

También es del pasado la imagen de Elorrio, en la que una cuadrilla de mafiosos increpa a la alcaldesa Ana Otadui, del PNV, y al concejal Carlos García, del PP. Veamos esa imagen en un contexto más amplio. En Lanestosa, Markina, Muxika y Orio, localidades en las que ganó el PNV, Bildu ha conseguido la alcaldía. En Elorrio y Trapagaran los candidatos jeltzales han sido elegidos alcaldesa y alcalde, respectivamente, a pesar de no haber sido el PNV la fuerza más votada. Así es la política y nada hay de malo en ello. Salvo en Elorrio, donde el grupo de energúmenos exhibe las actitudes propias de su condición, en ninguno de esos ayuntamientos ha habido ningún problema.

Hay hábitos que cuesta dejar. A quien está acostumbrado a insultar, amedrentar y atacar al que le lleva la contraria, no debe de resultarle fácil dejar de hacerlo. A algunos han sorprendido las imágenes de Elorrio; quizás pensaban que la mafia se había ido hacía tiempo. Pero no es así; se lo pueden preguntar a los hombres y mujeres de la gestora que ha gobernado Ondarroa durante estos cuatro años. Se lo pueden preguntar, muy en especial, a su presidente, Félix Aranbarri. Él, ellos, saben de sobra que no se habían ido.