¿Bizkaia vs. Vizcaya?

No acabo de ver esto de los nombres de los territorios vascos. Reconozco que no sé que argumentos se han esgrimido en el Congreso y el Senado para defender que los nombres oficiales sean los nombres en vasco. Por eso, es posible que patine en este asunto. Pero hay algo que no me gusta en todo esto.

Entiendo que los elementos simbólico-identitarios son importantes. Pero por eso mismo no me ha hecho mucha gracia lo que se ha hecho. En la CAV conviven dos comunidades de diferente adscripción identitaria. Si es preciso podemos sustituir lo de identitaria por cultural o nacional, da igual. Una se expresa en español y se siente parte de la nación española. La otra se expresa en español o en vasco, dependiendo de las circunstancias, y se siente integrante de la nación vasca. Sí, ya sé que hay gentes en las que esto es un poco más difuso o incluso confuso, pero en todo caso, no cabe asignarles automáticamente una identidad únicamente vasca. Pues bien, con la decisión tomada, la denominación de los territorios vascos se hace de acuerdo con los sentimientos de la parte vasca o, si se quiere, “no española” de la población de la CAV. O sea, lo que había antes, pero al contrario.

No sé por qué no se ha decidido que el nombre que se utilice de forma oficial sea el vasco cuando el texto o el contexto hablado es vasco, y el español cuando esa es la lengua utilizada. De ese modo se mantiene la coherencia lingüística y no se menoscaban los sentimientos de nadie. Quizás es que estoy equivocado y nombre oficial solo puede ser uno, pero no veo por qué habría de ser así. Llevamos lustros oyendo que el pueblo vasco (de este lado de los Pirineos) tiene dos lenguas; pues bien, si eso es así y nos lo creemos, ambas han de tener la misma presencia en el nomenclator oficial. ¿No?

Y luego está lo de la lengua que individuos o entidades privadas utilizan o utilizamos para denominar a los territorios en cuestión. Porque en el uso privado, particular, no oficial, entiendo que cada uno hará lo que le venga en gana o su criterio le dicte.

Yo, desde luego, pienso escribir los nombres en castellano cuando escriba en castellano y los escribiré en vasco cuando utilizo esa lengua. A mí me resulta cómodo y estéticamente más adecuado proceder de esa forma que trufar el castellano de nombres y grafías que le son extraños. Me ocurre lo mismo con la lengua vasca. No sé por qué razón no escribimos Guecho en romance y Getxo en vascuence, por ejemplo. Dudo que, hablando o escribiendo en castellano, nadie vaya a escribir London haciéndolo en castellano para nombrar a esa extraordinaria capital británica, por muy oficial que ese nombre sea (si es que lo es). Como nadie va a utilizar España en vasco, por muy oficial que sea ese nombre. En inglés se escribe Spain y en vasco Espainia.
 Y ejemplos como ese hay decenas por toda Europa.

Utilizar la forma o la grafía de una lengua cuando se utiliza otra es actuar en contra de lo que para mí forma parte de la idiosincrasia de las lenguas. Es cosa de cada cual, por supuesto, pero me resulta antinatural, y no veo que los vascohablantes ganemos espacios de uso para el vascuence de esa forma. Que es lo que, para mí al menos, verdaderamente importa.

Papanatas

En su día, cuando con ocasión de la puesta en marcha de su nueva sede, se tomó la decisión de llamar BEC (Bilbao Exhibition Center) a la que siempre había sido Feria de Muestras de Bilbao, no me hizo mucha gracia. Pero pensé que quizás yo era un rancio (de hecho lo soy) y que puede que fuera normal utilizar un nombre inglés por aquello de que así los extranjeros que vengan a ver la Feria no se perderán y acabarán en Castro Urdiales sin querer.

Más tarde tampoco me pareció buena idea llamar BERC (Basque Excellence Research Centre) a los centros de investigación que creaba el departamento del ramo del Gobierno Vasco. Tanto en un caso como en el otro me parecía que se pretende proyectar una imagen de cosmopolitismo recurriendo a denominaciones con la lengua considerada cosmopolita. Y nada más.

Estos días, paseando por Ereaga, me he encontrado con unos letreros en los que pone “Getxo Sea Week” (o sea, semana del mar de Guecho). Y la verdad es que no lo entiendo. No veo qué problema hay en utilizar nuestras lenguas. Es como si no tuviésemos suficiente con dos lenguas y necesitásemos una tercera que, de entrada, no es nuestra, y de salida, entienden pocos de entre nosotros.

Hace unas semanas participé en una reunión en la que, con absoluta naturalidad, se utilizaban expresiones tales como “basque encounter point” (o algo así) y “open innovation”. Me extrañó, porque en ambos casos es evidente que utilizar el español (la reunión se desarrolló en español) no hubiera sido ningún problema

Hoy, por casualidad, he caído en la página de una empresa de consultoría y servicios empresariales en la red social “Facebook”. Era de una empresa en particular pero podría haber sido de cualquier otra, me temo. Utiliza expresiones que desconozco. Algunas de ellas están (es un suponer) en castellano, aunque dudo que signifiquen realmente algo; “propuesta de valor”, por ejemplo, no sé lo que significa pero estoy seguro de que, sea lo que sea, se puede expresar de otra forma, correcta claro. Y algo parecido me ha ocurrido con “contingencia de centros”. Me ha traído a la cabeza aquel pasaje memorable de “Amanece que no es poco” en la que alguien dice al alcalde: “Alcalde, todos somos contingentes pero tú eres necesario”. Alguien me dirá que se trata de jerga profesional especializada, y que en el sector todo el mundo la entiende. Pero en realidad eso es lo de menos, porque en niguna parte está escrito que la jerga profesional tenga por qué estar reñida con la corrección y elegancia lingüística.

Y en esa misma página me he encontrado con palabros como outsourcing, backup, help desk, expertise, hosting o upgrades. Estoy seguro de que todo eso se puede decir en romance (y si fuese el caso, en vascuence) sin merma ninguna en su corrección semántica. Pero claro, ya no sería lo mismo.

No, no es ningún colonialismo cultural lo que me preocupa. No vayan a pensar. Lo que me desagrada es el papanatismo que denota todo eso. Vivimos en una sociedad papanatas, en un país papanatas. Esa es la conclusión que extraigo de tanta palabra ridícula. Nada más (y nada menos).