Pensiones

Si tenemos que hacer caso a las informaciones publicadas estos días, las movilizaciones contra la reforma de las pensiones han puesto a Francia al borde del colapso. En España las cosas no llegaron tan lejos, ni mucho menos, pero el descontento entre la población es palpable. La gente no quiere atarasar su edad de jubilación. Muchas personas, que se habían hecho ya sus planes para el retiro, lo viven como una auténtica tragedia. Y otras ni siquiera se ven en condiciones de prolongar dos años más el trabajo que hacen ahora.

Soy de los que piensa que la reforma no tiene alternativa. Y me refiero, en general, al conjunto de Europa, porque nos aproximamos a la época de pagar la factura de dos eventos demográficos de gran impacto. Uno es el “baby boom” que afectó a los países europeos entre 1945 y 1965 (aunque entre nosotros habría que hablar de entre 1950 y 1970) [En Europa la tasa de natalidad cayó de 2’65 en 1950-55 a 1’42 en 1995-2000, y ahora está en 1’5]. Y el otro es la prolongación de la esperanza de vida, que ha aumentado en 10 años desde 1950; a lo que habría que añadir que cada vez empezamos a trabajar más tarde, porque nos formamos durante más tiempo.

Los hijos del “baby boom” nos jubilaremos a lo largo de las dos próximas décadas y, además de jubilarnos, necesitaremos de más cuidados, que cuestan dinero, y gastaremos más en el sistema de salud. Si las cosas no cambian, dentro de 40 años habrá seis países europeos que deberán destinar más del 30% de su producto bruto al gasto en personas mayores. Los paises avanzados, en conjunto, deberán destinar un 27% de su PIB a ese gasto, y en algunos paises el gasto público a que ello conducirá representará el 70% del PIB. Como resultado de todo ello, esos países habrán generado un deficit que representará el 24’5% del PIB, y en doce de ellos será superior al 30%. La deuda pública se elevaría así en esos paises a varias veces el PIB (lo triplicaría o cuatriplicaría).

Hay quienes discuten la validez de las estimaciones. Aducen que no se puede predecir el curso de la economía o que las tendencias demográficas pueden cambiar. Es cierto. Pero no es esperable que las tasas de crecimiento económico en Occidente vayan a ser más altas que en el pasado inmediato y, en todo caso, no sería prudente fiar nuestro futuro a ello. Y qué decir de la demografía. No es realista pensar que la natalidad se vaya a disparar a corto plazo como para resolver el problema. Tampoco sería bueno para el futuro de la Humanidad (aunque ese es otro asunto). La inmigración podría venir a resolver el problema, claro, pero tampoco parece razonable pensar que las sociedades occidentales vayan a aceptar una entrada tal de inmigrantes como para que su aportación y sus tasas de natalidad eleven a hasta el punto necesario los ingresos de los sistemas de pensiones y de salud. También habrá quien diga que aún queda mucho para 2050; y eso es cierto. Pero mucho antes de 2050 el peso del gasto público en salud y pensiones para los jubilados se habrá convertido en insostenible si no se reforma desde ahora. Esto es, Europa no se puede permitir ir más lejos sin actuar. Es curioso, son aplicables a este problema similares argumentos a los que se utilizan para defender la supresión de emisiones de gases de efecto invernadero, aunque no haya coincidencia en los que los emiten.

También hay quien sostiene que en el fondo es un problema de “voluntad política”, esa expresión mágica según la cual todo se podría resolver si se quisiese resolver. Porque, -dicen-, si se eleva la recaudación fiscal se pueden dirigir los recursos así obtenidos a pagar la factura de la gente mayor. Pero eso es una falacia. Por un lado es muy discutible que la gente esté dispuesta a que le suban los impuestos para pagar pensiones y más gasto sanitario. De hecho las encuestas dicen que no lo está, que le parece suficiente lo que pagan ahora. Y por otro lado, estamos hablando de unas necesidades de magnitud tal, que si se detraen esos recursos del sistema, éste colapsaría. Tenganse presentes las cifras: en 2050 el gasto público absorbería hasta un ¡70% del PIB!

Hay otras posibilidades. Habrá paises que quizás no devuelvan la deuda que han acumulado. Otros quizás opten por fabricar dinero; al fin y al cabo, el recurso a la inflacción siempre ha sido una tentación, pero es un mecanismo inmoral: quitan por un lado lo que no se atreven a quitar por el otro.

Los milagros no existen, como no existen las máquinas de movimiento contínuo. Tampoco es inagotable la bolsa para pagar las pensiones. Porque al final, los límites están en el volumen de recursos que una sociedad puede generar, y ese volumen tiene un límite. Lo más sensato y justo es retrasar la edad de jubilación de manera que se empiece más tarde a percibir los rendimientos de las contribuciones hechas al sistema y se prolongue el tiempo de contribución. Pero eso sí, debería complementarse con un mecansimo de flexibilidad, para que en determinadas tareas especialmente gravosas, física o anímicamente, se permitan alternativas con contrapartidas económicas.