El baile de otros

Confieso que soy incapaz de entender por qué hay agentes políticos, aparte de sus promotores y de la izquierda patriótica, interesados en participar en la denominada “Conferencia Internacional para promover la resolución del conflicto en el País Vasco”, que se celebrará en San Sebastián el próximo lunes. No lo entiendo, aunque puede ocurrir que haya importantes matices que se me escapan o que, por culpa de mi falta de conocimiento o de perspicacia, no tenga en cuenta todos los elementos a considerar.

Vaya por delante mi respeto a los promotores del evento. No albergo dudas acerca de la sinceridad del propósito que les anima. Estoy convencido de que todos ellos, tanto Lokarri como las organizaciones y personalidades extranjeras cuya presencia en la Conferencia se anuncia, obran con la mejor de las intenciones: conseguir el final definitivo del terrorismo y que dicho final sea lo más “limpio” y, -si se me permite la expresión-, “aséptico” posible.

Pero en estas cuestiones conviene diferenciar. Por un lado están las intenciones de los promotores: promover la Conferencia y participar en ella es acorde a su razón de ser.

Por otro lado está la izquierda patriótica: una Conferencia como esa es un magnífico señuelo. Señuelo, según la cuarta acepción que da la Real Academia Española de esa palabra, es “cosa que sirve para atraer, persuadir o inducir, con alguna falacia”. En este caso, es la propia izquierda patriótica, y muy en especial sus sectores más irredentos, -incluida su expresión armada-, la destinataria del señuelo. La falacia radica en la misma denominación del evento y en su carácter internacional. Al llamar “resolución del conflicto en el País Vasco” al cese definitivo del terrorismo pareciera, a los ojos de los destinatarios del señuelo, que medio siglo de práctica violenta no ha sido en vano, que existió alguna razón para embarcarse en dicha práctica y para hacerla durar tanto tiempo. Y pareciera, también, que la Conferencia va a permitir que los cincuenta años no tengan que terminar con la pura y simple aceptación de la derrota terrorista. Por eso, -digo-, entiendo que a la izquierda patriótica le interese el evento: es su baile.

Lo que no veo es qué se les ha perdido al resto de agentes políticos en ese asunto; no acabo de ver qué interés tiene el PNV en ese baile. El PNV sostiene que la Conferencia ha de servir para que ETA se vea obligada, tras su celebración, a anunciar su pronto final. Pero me parece que esta no es sino otra forma de aceptar pulpo como animal de compañía. Si no fuera porque lo que se pretende es que el terror desaparezca lo más limpiamente posible, daría la risa pretender que lo que renombrados personajes extranjeros demanden haya de tener más poder de convicción que lo que ha demandado la gran mayoría de los vascos durante décadas.

Y el PSE, para regocijo general, se confunde y confunde a la parroquia. Tampoco es su baile. Primero dice que no va y a la postre parece que sí, que va. No sabe uno qué pensar, si es que sufren de vértigo, si es que están peleados unos con otros o si, simplemente, no se aclaran.

Y por último está el gobierno vasco, con el Lehendakari a la cabeza. Es lógico que no ejerza de anfitrión en un baile que organizan otros.

Pulpo, animal de compañía

En Euskadi, una organización terrorista lleva más de medio siglo intentando imponer, mediante la amenza, la extorsión y el asesinato, su proyecto político al conjunto de los vascos. Tras todos esos años de sufrimiento inútil, el proyecto de ETA ha sido derrotado. Hoy no está más cerca que antes la consecución de los objetivos estratégicos de la organización terrorista. Han pasado décadas y, si acaso, esos objetivos están más lejos, al menos más lejos que en cualquier otro momento de las últimas tres décadas. Sin embargo, ETA camina, creo que de manera inexorable, hacia su disolución. O al menos, todo parece indicar que el terrorismo, de mantenerse, será en todo caso un fenómeno marginal y carecerá del respaldo de ninguna fuerza política.

Seguramente habrá razones diversas para que así haya sido. Contra lo que algunos sostienen, la actitud mayoritaria de la ciudadanía vasca ha sido muy importante, así como las alternativas políticas por las que ha optado durante todos estos años. Pero además de eso, es preciso reconocer que la ilegalización de la izquierda patriótica y la presión judicial sobre ella han jugado un papel determinante. Muchos estuvimos, -y estamos-, en contra de la ilegalización, pero eso no quita para que reconozcamos que, por muy antidemocrática que nos pareciera la medida, ha ejercido un efecto evidente. Las banderas españolas ondeando en los ayuntamientos de los municipios gobernados por Bildu no pueden resultar más expresivas.

En ese contexto, asistimos durante los últimos meses a una puesta en escena que por momentos aburre y por momentos enoja. Es comprensible que no resulte fácil rectificar; tiene que ser difícil reconocer que tantos años causando dolor no han servido para nada. A nadie agrada tomar píldoras amargas. Por eso, es normal que para facilitar su ingestión, se endulcen al máximo. A eso atribuyo yo la parafernalia internacional de mediación o verificación de tregua que se ha montado. Entiendo que esas puestas en escena facilitan el desenlace; permiten evitar lo más doloroso de la humillación que conlleva la derrota. Y por ello, debemos darlas por buenas, aunque aburran y aunque enojen.

Pero eso es una cosa, y otra muy diferente es que cada vez que ETA emite un comunicado, encima haya que hacerle la ola. Y eso es lo que creo que está ocurriendo. Lo percibí el pasado sábado en la red social twitter; en un momento, decenas de tweets llenaron mi lista anunciando o comentando el dichoso comunicado. La bola pasa después a los medios de comunicación y más tarde a los agentes políticos; conclusión: a cada anuncio de la organización terrorista sigue una secuencia de declaraciones y valoraciones, de manera que ese anuncio se acaba convirtiendo en un fenomenal acto de propaganda.

Y lo cierto es que cada vez que ETA emite uno de esos comunicados, no puedo evitar sentir que nos están perdonando la vida. Seguramente habrá que dar por buenas todas estas ceremonias, porque el objetivo último, -que bajen la persiana de una vez por todas-, sin duda lo merece. Y si para ello hemos de aceptar pulpo como animal de compañía, lo aceptaremos, pero que no se nos olvide que un pulpo es un pulpo y nunca, por hábil que sea camuflándose, dejará de serlo.

Malévola coincidencia

No hace falta ser un exégeta consumado para llegar a la conclusión de que existe una malévola coincidencia entre el texto del comunicado de ETA de hace unos días y los mensajes que, en relación con la organización terrorista y la izquierda abertzale, vienen lanzándose desde determinados círculos políticos, asociativos y mediáticos.

Con su comunicado, ETA pretende vender la moto de que los resultados que ha cosechado Bildu en las elecciones forales y municipales, constituyen una gran victoria de….(pásmense señores y señoras)…. ¡la misma ETA! Cierto es que las personas tenemos una gran capacidad de engañarnos a nosotros mismos, pero no hasta ese punto. Porque todo el mundo sabe que los resultados de Bildu indican precisamente todo lo contrario. Son, de hecho, muestra del fracaso histórico del terrorismo, la prueba inequívoca de que los crímenes han constituido un freno enorme a las posibilidades de la izquierda patriótica de incidir de manera efectiva en la marcha de las cosas. Porque han sido, precisamente, las expectativas de que el final del terror podía certificarse de conseguir Bildu unos buenos resultados, lo que llevó a mucha gente a ir a votar y escoger su papeleta. Se pongan como se pongan, los resultados de las elecciones forales y municipales han sido la gran derrota política de ETA.

Esa valoración es un verdadero esperpento, por supuesto, pero es un esperpento dañino. A buen hambre no hay pan duro, dice el refrán, y para quien necesita el espantajo terrorista para justificarlo todo, incluido lo difícilmente justificable, el pan duro de un comunicado tramposo y canalla se torna chuletón. Abundan en estos días pronunciamientos en los que las primeras frases se utilizan para dar la razón a ETA y las últimas para pedir la ilegalización de Bildu. Eso es lo que pretenden, y lo de menos es si su intención declarada de vencer al terror es genuina o si, por el contrario, no es más que retórica hueca, cuyo único propósito sería el de condicionar el devenir institucional vasco de los próximos años de modo similar a como han hecho hasta hace bien poco.

La exigencia a los terroristas de que declaren su desaparición o la renuncia definitiva al uso de la violencia es un imperativo ético para la mayoría. Para Bildu quizás no lo sea. Pero si no tienen constancia clara de que, de una forma o de otra, ETA va a declarar su pronto final, más valdría a sus dirigentes que fueran ellos los que públicamente se lo exijan. Son los más interesados. El patio español está revuelto. La situación económica ha hecho de la política un campo minado como no lo había estado en el pasado reciente. Y en el momento menos pensado puede explotar una de las muchas minas que hay sembradas por ahí. Si eso ocurre, la suerte de Bildu, de Sortu y de lo que pudiera venir detrás podría estar echada. Quizás sea eso lo que pretenden los terroristas o, al menos, algunos de ellos. Y eso es lo que, tal y como manifiestan a las claras, pretenden otros. Pero los líderes de la izquierda patriótica, sus bases, y un volumen muy importante de votantes han comprobado ya cuán lejos puede llevar el camino de la paz. Lo lógico es que actúen en consecuencia.

Torturas

Los últimos presuntos militantes de ETA detenidos que, por orden judicial, han sido encarcelados (prisión preventiva) han denunciado haber sufrido torturas. Como suele ser habitual, el gobierno y la mayoría de los medios de comunicación desdeñan este tipo de denuncias, al argumentar que obedecen a consignas de las personas que son detenidas en el marco de algún procedimiento “antiterrorista”. Las últimas denuncias, sin embargo, se producen en un momento especial.

Como ha recordado Gesto por la Paz (ver [Enlace roto.]),  la Corte Europea de Derechos Humanos acaba de condenar a España por no haber investigado las presuntas torturas cometidas contra Mikel San Argimiro y que habían sido denunciadas por éste. Haciéndose eco de la citada condena, Gesto por la Paz ha pedido que no quede sin investigar ninguna denuncia de tortura. La propia organización pacifista afirma que el hecho de que se sospeche que puedan realizarse denuncias falsas no es motivo suficiente para que no se investiguen.

La declaración de Gesto me ha parecido absolutamente oportuna. Porque por mucho que se insista en lo de las falsas denuncias, somos muchos los que tenemos la convicción de que en España se siguen practicando torturas. Y eso es algo que, por razones a las que he aludido en otras ocasiones aquí, no puede permitirse un estado que pretenda ser considerado “de derecho”. Yo tampoco descarto que se puedan producir falsas denuncias de torturas, pero eso tiene que tener un tratamiento que de ninguna manera pasa por mirar para otro lado.

Habrá quien diga que es muy difícil demostrar tanto si ha habido como si no ha habido torturas. Y es cierto, seguramente no será fácil, pero eso no es razón para no investigar. Y por supuesto, muchas de las dudas desaparecerían si todos los centros de detención fuesen dotados de sistemas de video para grabar las intervenciones que las fuerzas de seguridad practican en ellos y si se contara con más o mejores mecanismos de control médico. Se trata de eliminar cualquier “espacio de impunidad”, esa noción que tanto gusta a alguno de utilizar en un sentido muy diferente.

La tortura es un delito repugnante. Lo es porque atenta directamente contra la dignidad y la integridad de las personas. Estas cosas son muy subjetivas, seguramente, pero es, a mi juicio, uno de los delitos que más se acercan, por su gravedad, al asesinato. Con el agravante de que los casos a los que me refiero lo serían por parte de las instituciones del estado. No se puede aceptar la pervivencia de esas prácticas. Y creo que todos los partidos democráticos debieran hacer esfuerzos especiales para acabar con ellas.

Medio llena

Hubiera preferido que [Enlace roto.] suscrito ayer por la izquierda abertzale heredera de Batasuna, Aralar, EA, Abertzaleen Batasuna y Alternatiba se hubiese limitado a pedir a ETA su abandono definitivo. No me gusta que se dirijan al gobierno español en demanda de nada en el contexto de ese acuerdo. En fin, me hubiera gustado que las cosas de ETA hubieran ido por un lado y todo lo demás por otro. Porque aunque todos esos elementos sean ingredientes de un mismo sistema político creo que es conveniente no mezclar los planos. Porque no deben equipararse las actuaciones del estado, por inicuas que nos parezcan, con las de una organización terrorista.

Pero dicho lo anterior, y en la línea que apuntaba en un apunte anterior (“¿Emancipación?”), parece que la izquierda abertzale heredera de Batasuna ha tomado la decisión firme de dedicarse a la política sin tutelas armadas. El acuerdo de ayer, aunque hubiese preferido que estuviese redactado en otros términos, es un hito más en esa direción. Así lo creo. Por eso, me he sentido identificado con lo que ha escrito Javier Vizcaíno en su “Mínimos” de “Más que palabras” y en cierta medida también conlo que ha escrito Pablo Muñoz ( “[Enlace roto.]“).

Aprovecho estas líneas para comentar, muy brevemente y sin ánimo de dar continuidad a la discusión previa, el último comentario de Mikel a mi entrada anterior. Dice Mikel que hoy hay dos razones más para creer que ETA va a acompañar a Batasuna en ese trayecto. Es posible, pero así como creo que la firma del documento de marras es un paso significativo, no lo veo tan claro en el caso de ETA. Sigue habiendo, a mi juicio, demasiado circunloquio. El circunloquio es una forma de sugerir, de afirmar algo sin hacerlo del todo, de dejar puertas abiertas, y de evitar la ruptura, sí, pero también puede ser la cortina tras la que esconder otras intenciones. Por eso, aunque no tengo elementos suficientes como para pensar con alguna seguridad que vaya a ser de una forma o de otra, no lo veo tan claro. El tiempo lo dirá.

Hoy, a pesar de todo, soy más optimista que ayer; empiezo a ver la botella medio llena.

Post scriptum: Recomiendo vivamente el artículo “[Enlace roto.]”, de Txema Montero en Deia.