Deportes

Hay distintas formas de relacionarse con el deporte. A mí se me ocurren cinco, aunque bien podrían ser más. Algunos lo practican de forma profesional. Disfrutan haciéndolo, aunque a veces, muchas, también sufren. Buscan, además, la victoria, y no sólo lo hacen porque estén obligados a ello. Desean ganar. Unos con más ambición y otros con menos, pero todos ellos quieren ganar. También hay deportistas de competición que no son profesionales. No se ganan la vida de esa forma, pero disfrutan y, como los anteriores, a veces sufren. Y también quieren ganar. Desean la victoria.

Luego está el deporte practicado por simple disfute, casi como un juego. Son esas cuadrillas que se juntan para salir en bici o jugar un partido de fútbol, o salen a correr 10 km todos los días. En este caso hay diversas motivaciones. Son variadas, aunque las componentes lúdica, masoquista e higiénica suelen estar presentes en diferentes proporciones.

Otra forma de implicación es la del forofo. Abunda en fútbol, pero lo hay en otros deportes. El forofismo es un forma irracional y desagradable de manifestar el entusiasmo por un deportista o por un equipo. A veces tiene una fuerte base identitaria, pero no siempre. El forofo parece poner la razón de su misma existencia en los logros, -reales o supuestos-, del objeto de su veneración. Y la quinta es la simple afición o gusto por asistir a espectáculos deportivos. Normalmente se produce una cierta identificación con un deportista o con un equipo, y se desea que tenga éxito. Creo que esa identificación también es irracional.

Yo practiqué el remo durante un año. Me sentí expulsado de su práctica porque las tretas y el juego sucio que se practicaba para ganar un puesto en la tripulación de la trainera eran incompatibles con mi manera de ser y mis intereses. Aparte de eso y de algún corto periodo nadando (que abandoné porque me cansaba, me aburría y el agua estaba más fría de lo aconsejable), no he hecho gran cosa salvo andar, aunque dudo que eso, por sano que sea, pueda calificarse de deporte.

Antes me gustaba el fútbol. Ahora no soporto las retransmisiones de los partidos y he llegado a aborrecer el ambiente forofero que inunda el estadio. Además, me siento agredido por la sobrepresencia futbolístico-futbolera en los medios de comunicación. Cuanto más veo u oigo cosas que tengan que ver con el fútbol, más absurdo me parece todo ello. [Aunque confieso que me sigo alegrando cuando gana el Athletic, cosa que no entiendo.]

Admiro a los alpinistas, pero el alpinismo no se retransmite por televisión, ni parece realista instalar graderíos en el Everest. Por eso, hoy es el día en que sólo disfruto viendo ciclismo (aunque tampoco sé muy bien por qué). Y aunque mi equipo es Euskaltel, casi todos los ciclistas me parecen dignos de admiración. Bueno, el caso es que me gusta el ciclismo. He visto correr a Contador; lo he visto en la tele y también en directo en el Tour. Aunque me parece un rato raro, creo que es un crack. Y no acabo de entender la historia del clembuterol. Es una historia extraña. De ninguna forma descarto el dopaje, por supuesto, pero lo que ha hecho la UCI no tiene nombre. Y todo esto me fastidia, la verdad, porque a este paso no me va a quedar ni el ciclismo.